Cornelio Urtasun: Enamorado de la Eucaristía

Por: José María Lorenzo Amelibia

Cuando ingresé en el Seminario de Pamplona, en el año 1946, terminaba su mandato de educador Don Cornelio Urtasun joven y carismático sacerdote. No llegué a tratarlo, pero recibí el impacto de su persona de una forma indirecta.

Se hablaba en corrillos del tan Don Cornelio y su obra: Un grupo de seminaristas mayores, dirigidos suyos, eran modelo de buen comportamiento.

Se reunían algunos días por la noche para adorar juntos a Jesús en la Eucaristía; todos ellos guiados por aquel santo educador estaban enamorados del divino prisionero del Sagrario y difundían por doquier aquella gran amistad.

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Cuando habla el corazón

Cuando habla el corazón – Fabiola Torrero

CD: Cuando habla el corazón.
Autora: Hna. Fabiola Torrero

 NUESTRAS VOCES POR LA PAZ

Levantemos nuestras manos por la vida.
Que se escuchen nuestras voces por la paz.
Y que nuestro corazón hoy cante libertad,
porque el mundo vuelva a ser, de nuevo,
como Dios soñó.

 

SOY LA PAZ

Soy la paz que añoras, viejo mundo,
tozudo viejo mundo, empeñado en luchar.
Empeñado en la lucha,
y apagando mi sed de paz y libertad,
Soy la Paz, soy la Paz.

EMAÚS

Emaús, camino feliz de encuentro con Jesús de Nazaret,
Emaús, ya no puedo callar, ya no puedo callar.
La vida es para vivir,
y hacer que otros tengan Vida.

El Casal de la Pau

Por: Marina, Emi y Tere VP – Valencia

El Casal de la Paz es una ONG sin ánimo de lucro dedicada a la rehabilitación y reinserción de personas ex-reclusas y reclusas que proceden de Centros penitenciarios. En el Casal reciben alojamiento y acompañamiento temporal según su situación. La mayoría padecen enfermedades, algunas terminales. También acoge a los que tienen permiso de salida, libertad condicional, provisional o definitiva y se ven rechazados de sus familias.

El ambiente en el Casal es como el de una familia numerosa, muy variado, pues hay de todas las razas, edades, religión… Todos se respetan. En cuanto llegan reflejan tristeza, desconfianza, pero poco a poco, cada día, se va apreciando el cambio y descubrimos que sí, que saben sonreír, pero para ello deben percibir el cariño, que alguien les quiere. Es que la alimentación, el cariño, la higiene, la medicación… hacen milagros. Al llegar a este punto ya es más fácil ayudarles a recuperar la confianza en sí mismos.

Ahí se ve el resultado de la labor del personal empleado y del voluntariado. El trabajo de voluntariado es precioso: acompañar, siempre acompañar, tanto al médico como a alguna excursión, como a poner al día su documentación. También celebramos los cumpleaños con una merienda. Con mucho respeto a su pasado, no preguntamos. Escuchar, escuchar cuando ellos necesitan compartir.

También es importante el acompañamiento cuando están en la fase terminal para que no se sientan solos. Hacemos turnos entre voluntarios, residentes y personal para que en los últimos momentos se sientan queridos y acompañados por alguien.

Ahí, en esta tarea de voluntariado aportamos nuestro granito de arena tres personas de Vita et Pax: Marina, Emy y Tere. Estamos muy contentas y tenemos anécdotas y muchas vivencias para compartir… pero otro día más.

Casal de la Pau

En actitud de conversión

Por: José Antonio Pagola

Jesús habla con indignación profética. Su discurso dirigido a la gente y a sus discípulos es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Nuestro ejemplo de vida más evangélica cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

«Cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente… pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar». Es cierto. Con frecuencia, somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del evangelio. No somos como Jesús que se preocupaba de hacer ligera su carga pues era sencillo y humilde de corazón.

«Todo lo que hacen es para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre “quedar bien” ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

«Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor… y que les hagan reverencias por la calle». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

«No os dejéis llamar maestros… ni guías… porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes sólo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

«No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre del cielo». Para Jesús el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?

31 Tiempo ordinario (A)
Mateo 23,1-12

Sororidad nº22 – octubre 2011

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Otro mundo es posible y necesario

Otro mundo es posible… y necesario ¡Reorientemos nuestras vidas!

Por: Sagrario Olza

“Una de las causas del abismo humano y del agotamiento medioambiental que padecemos es la forma de vida intensamente consumista de las sociedades desarrolladas.  Se impone por tanto un cambio en nuestro estilo de vida occidental…”  (1)

Se habla mucho de la necesidad de cambiar: nuestros hábitos, costumbres, estilos… pero nos cuesta concretarlo y ponerlo en práctica. Sin duda que, convencidas personalmente, vamos realizando pequeños gestos que colaboran al cambio y sensibilizan y animan a otros a mirar la vida de modo diferente. Consideremos también la importancia y posibilidad de sumar fuerzas y favorecer sinergias, entre nosotras y en nuestros ambientes: hay grupos, organizaciones, plataformas, redes… abiertos a nuestra participación.

Son muchas las dimensiones en las que podemos fijarnos y en las que podemos emplear nuestras fuerzas. Ante todo, tengamos los ojos abiertos para mirar al mundo en el que vivimos y abramos nuestros oídos para escuchar los mensajes que nos llegan desde el  80% de sus habitantes.  Contemplemos la realidad, hagamos balance con el Proyecto de Dios para todos sus hijos… y ¡actuemos!  Podemos… Podemos hacer algunas cosas… y no sólo algunas… ¡Podemos….!

  • …estudiar y profundizar en el funcionamiento del sistema predominante, que nos ha llevado a la situación que estamos viviendo, estando atentas/os a escritos, documentos, charlas  y/o cursillos de especialistas: analizando causas y efectos y poniendo en práctica sus propuestas.
  • … interesarnos por el ”fenómeno de los recortes” y su incidencia en los colectivos más vulnerables: discapacitados y dependientes, parados –jóvenes, no tan jóvenes, familias enteras-, inmigrantes, mujeres y menores en situaciones de riesgo, familias “atrapadas” por las hipotecas, etc. así como el incumplimiento de los Pactos contra la Pobreza y los que afectan a la Cooperación Internacional, sin olvidar a los sectores de Educación y Sanidad  Públicas, etc.… y poner en práctica nuestra solidaridad, en la medida de nuestras posibilidades…
  • … denunciar situaciones de pobreza, marginación, violación de derechos humanos, etc. participando en manifestaciones, aportando firmas, “apareciendo” en los medios de comunicación social…
  • … emplear nuestro tiempo libre –si lo tenemos- en la acogida y acompañamiento a inmigrantes y personas solas;  apoyo a los “sin papeles”, marginados o excluidos, personas y familias en paro; apoyo a mujeres: maltratadas, analfabetas, con cargas familiares, prostitutas, etc.… preferiblemente colaborando en organizaciones creadas para esos fines.
  • … preocuparnos de los aspectos referentes a la ecología;  del cuidado de la Naturaleza; de evitar o reducir la contaminación del medio ambiente, poniendo en práctica tantos medios que ya conocemos… Interesarnos también por conocer nuestra “Huella ecológica” –personal y colectiva- y actuar en consecuencia.
  • … llevar una vida más austera, menos exigente, más abierta hacia los demás, fijándonos en los muchos –muchísimos- que tienen menos que nosotros, en los que ni cubren sus necesidades básicas, en los que no tienen acceso a la enseñanza, a servicios de salud, a vivienda… Pensando en los que no tienen garantizada el agua potable ni la comida diaria; pensando en los niños que mueren de hambre…  Podemos vivir bien con mucho menos de lo que hoy consideramos “necesario”.

Podemos… podemos… reorientar nuestra vida.  Es necesario. Es de justicia.  Es urgente.  Podemos hacerlo de manera individual y colectiva. Podemos ayudar a que otras/os lo hagan. Nuestro testimonio puede ser un estímulo para otros.

                  Y si podemos… ¿no lo vamos a hacer?

(1) “Una vida sobria, honrada y religiosa”. José Eizaguirre. Ed. Narcea. 2010

Encuentro grupo Vida y Paz en Ciudad Real

Como estaba previsto el día 13 de octubre inició el curso el Grupo Vida y Paz de Ciudad Real con un retiro; el tema: “La espiritualidad, ese motor que nos hace vivir”.

Asistimos diez personas: tres miembros del Instituto y siete que anhelan vivir el Carisma y la Misión de Vita et Pax desde su propia condición laical; quieren vivir de la Vida de Jesucristo teniendo sus mismos pensamientos, sus mismos sentimientos, sus mismos gestos misericordiosos… y lo quieren hacer siendo y dando la Vida y la Paz de Jesucristo en sus trabajos, con sus familias, amigos… Qué duda cabe que para ello necesitamos la fuerza del Espíritu.

Nos comprometidos a ser testigos de la vida y testigos de la paz con el fin de conseguir una sociedad más justa y solidaria, donde se respete la vida y la dignidad de cada persona y de la naturaleza. No estamos solas, contamos con ese motor que nos hace vivir, el Espíritu, la Ruah de Dios que alienta en nosotras, que nos habita en lo hondo y que nos hermana con toda la humanidad.

Fue un encuentro alegre, rico y comprometido, de los que te “caldean” el corazón. Con comida estupenda, cantos alegres y deseos de acoger como don la Vida y la Paz de Jesús y, a su ve, responsabilizarnos de nuestra tarea humana. Ya quedamos citadas para el mes próximo. El encuentro será el 24 de noviembre.

Celebración del centenario de Roser Calmet

Por: Cecilia Pérez – Vita et Pax, Valencia

Reseña de la Celebración y Fiesta que vivimos el día del centenario de Roser Calmet.
Moncada, 13-10.2011

Un sol espléndido, un cielo azul y el verde de las huertas y los campos, la puerta de la casa ornada de jazmineros en flor.

Un verano perezoso, no quiere acabar de marcharse, un otoño poco impaciente se deja ver en alguna hoja amarillenta; estamos a trece de octubre.

Al entrar a nuestra casa de Moncada todo está preparado: los corrillos por el jardín y en todas partes, las “autóctonas” atareadas,  la casa de fiesta, la capilla de gala. Se respira bien, se respira alegría, se respira una tarde otoñal que, como acabo de decir, se diría veraniega, y yo veo  emoción, en los ojillos de Roser que mira y sonríe y abraza y saluda.

En Moncada, hoy, ha pasado un siglo desde aquel 13 de octubre de 1911; entonces, Roser, comenzaba su aventura de vivir; continúa aún por aquí su marcha, su caminar, su hacer, por estas tierras levantinas; la Cataluña natal sigue presente y sus palabras brotan catalanas en cuanto la ocasión se le presenta.

Ayer cantábamos “la Virgen del Pilar dice…”,  y hoy cantaremos “Pescador, que al pasar por la orilla del lago me viste secando mis redes al sol; tu mirar se cruzó con mis ojos cansados y entraste en mi vida buscando mi amor…” “Y a pesar de sentirse mi cuerpo cansado, mis pies en la arena siguieron tu voz…” (Ponedle música)

Junto a nuestra compañera acumuladora de años y experiencias, y en una misma sintonía, experimentamos gozo y agradecimiento porque cincuenta años de consagración en Vita et Pax es otro evento aquí compartido; tenemos unas cuantas representantes de Bodas de Oro que “acuerpan” a la homenajeada centenaria.

¡Pero qué bien, pero qué sorpresa! ¡Si tenemos aquí a tántas de los 50…; con nosotras también una madre, dos hermanas,  una amiga. ¡Qué gozada!

Mosén Antoni y Juanjo Martínez celebran con nosotras. Capilla llena, en el altar flores y corazones agradecidos al Señor por tanta misericordia, amor, fidelidad.

La ambientación a cargo de una “espontánea”; ¡muy bien por ella!. La homilía, glosa de la Palabra y de lo que hoy aquí se celebra. No falta de nada. Hasta alusiones al cine aunque en versión muy acorde a nuestra realidad de vida; el “al final nos queda París” de Casablanca  se convierte en gozoso “al final nos queda Jesús” .

Y suena el eco: Jesús, Jesús, Jesús…”

De momento, escuchamos palabras en catalán, del amigo, del hermano, que resueltamente se sienta junto a Roser, por aquello de la cercanía, amistad, hermandad lingüística… Es hermoso y nos hace sonreir.

Vivir así la fraternidad desde la pequeñez pero también desde un único Señor, un sólo Señor, hace de esta calurosa reunión celebrativa más acción de gracias: con  sencillez, hondura, esperanza. ¿Puede ser?

Las palabras de San Juan de la Cruz no me resisto a transcribirlas porque después de volver a oirlas hoy han hecho que mi corazón respire sosegado, tranquilo, vivo y confiado

        Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio;
ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio

¿Os imagináis después de todo esto cómo nos supieron el chocolate y acompañamientos? ¿Y los “okairís? ¿Y la tartita con el número 100 como velitas para soplar?

¡Si es que hubo de todo!

¡Ah, y gracias a quienes  prepararon y acogieron  con tanto cariño!

Orgullo de familia, acción de gracias, y vidas que quieren seguir entregadas a los cincuenta, a los cien y a los ciento cincuenta. ¿A que sí?

 Desde Valencia, un gran abrazo

No olvidar lo esencial

Por: Mari Carmen Martín

A veces, podemos caer en la tentación de enredarnos en disquisiciones y discernimientos estériles buscando la voluntad de Dios. Hoy, Jesús, con una nitidez asombrosa, nos remite a lo esencial. Y lo esencial es el amor. El amor lo es todo. Lo que se nos pide en la vida es amar. Ahí está la clave. Amar a Dios es sencillamente centrar la vida en él para vivirlo todo desde su voluntad. Podremos luego sacar toda clase de consecuencias y derivaciones, pero lo esencial es vivir ante Dios y ante la humanidad en una actitud de amor.

Por eso añade Jesús el segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir olvidado de la gente que sufre y a la que Dios ama profundamente. No hay un espacio sagrado en el que podamos entendernos a solas con Dios, de espaldas a los demás. Un amor a Dios que olvida a sus hijas e hijos es una gran mentira. Quien ama a Dios sabe que no puede vivir en una actitud de indiferencia, despreocupación y olvido de las personas. Nada hay en la vida más importante que tener claro esto.

Que nadie piense que, al hablar del amor a Dios, se está hablando de emociones o sentimientos hacia un ser imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. El amor total a Dios polariza todo nuestro ser y contagia de absoluto el encuentro con cada persona y situación. “Amar a Dios con todo el corazón” es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad; amar a Dios Padre-Madre, que es bueno y nos quiere bien; resistirnos a todo lo que traiciona su voluntad negando la vida y la dignidad de sus criaturas.

Jesús nos sitúa ante un lenguaje de totalidad: Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser. Y los seres humanos respondemos con el lenguaje del deseo, no el de la realidad ya plenamente realizada, pues, mientras peregrinamos en esta tierra, la ambigüedad profunda se esconde en la hondura de nuestra libertad y nos roba una buena parte del don de nuestra persona que intentamos entregar enteramente a Dios o al prójimo.

Por otra parte, no es difícil observar entre los cristianos rasgos del individualismo moderno, donde el ideal de la vida es “sentirse bien”. Todo lo demás viene después. Lo primero es mejorar la calidad de vida, evitar lo que nos puede molestar y asegurar, como sea, nuestro pequeño bienestar material, psicológico y afectivo. No meterse con nadie, no hacer mal, no complicarnos la vida… El resultado es una sociedad encerrada en sí misma, instalada en su propio bienestar e indiferencia y con ella nos instalamos quienes nos confesamos cristianas.

Nos hacemos conscientes de estas adherencias, de nuestras limitaciones, tomamos nota de todo ello pero no nos dejamos hundir ni acomodar en la nostalgia. Al contrario, intentamos superarlo de la única forma posible que sabemos, es decir, acercándonos más a Jesús. Jesús, el Amor encarnado en nuestra historia. Cuanto más profundicemos en él, tantos más horizontes se nos abrirán. En Jesús, Dios se nos revela como un Tú cercano y amoroso. Estamos radicalmente creadas para el encuentro con este Tú encarnado. Los primeros discípulos se fueron transformando en la cercanía con Jesús. Esa misma cercanía nos transformará a los discípulos y discípulas de hoy.

El futuro está abierto. El horizonte se nos amplía. Nuestras posibilidades de amar tienen límites, son medidas, pero están abiertas a lo imposible. Sólo podemos ser y sentirnos infinitas en la comunión con el Infinito. La confianza de la persona que sabe de quién se ha fiado es el único fundamento para superar los límites luchando contra ellos, al tiempo que nos permite aceptarnos como somos sin quedar paralizadas en la condición presente. Y siempre nuestra oración con el salmista: Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, mi roca, mi alcázar, mi libertador…

Lo primero

Por: José Antonio Pagola

En cierta ocasión los fariseos se reunieron en grupo y le hicieron a Jesús una pregunta que era motivo de discusión y debate entre los sectores más preocupados de cumplir escrupulosamente los seiscientos trece preceptos más importantes sobre el sábado, la pureza ritual, los diezmos y otras cuestiones: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

La respuesta de Jesús es muy conocida entre los cristianos: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este es el más importante. Luego añadió: «El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y concluyó con esta afirmación: «Estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas».

Nos interesa mucho escuchar bien las palabras de Jesús pues también en la Iglesia, como en el antiguo Israel, ha ido creciendo a lo largo de los siglos el número de preceptos, normas y prohibiciones para regular los diversos aspectos de la vida cristiana. ¿Qué es lo primero y más importante? ¿Qué es lo esencial para vivir como seguidores de Jesús?

Jesús deja claro que no todo es igualmente importante. Es un error dar mucha importancia a cuestiones secundarias de carácter litúrgico o disciplinar descuidando lo esencial. No hemos de olvidar nunca que sólo el amor sincero a Dios y al prójimo es el criterio principal y primero de nuestro seguimiento a Jesús.

Según él, ese amor es la actitud de fondo, la fuerza clave e insustituible que pone verdad y sentido a nuestra relación religiosa con Dios y a nuestro comportamiento con las personas. ¿Qué es la religión cristiana sin amor? ¿A qué queda reducida nuestra vida en el interior de la Iglesia y en medio de la sociedad sin amor?

El amor libera nuestro corazón del riesgo de vivir empobrecidos, empequeñecidos o paralizados por la atención insana a toda clase de normas y ritos. ¿Qué es la vida de un practicante sin amor vivo a Dios? ¿Qué verdad hay en nuestra vida cristiana sin amor práctico al prójimo necesitado?

El amor se opone a dos actitudes bastantes difundidas. En primer lugar, la indiferencia entendida como insensibilidad, rigidez de mente, falta de corazón. En segundo lugar, el egocentrismo y desinterés por los demás.

En estos tiempos tan críticos nada hay más importante que cuidar humildemente lo esencial: el amor sincero a Dios alimentado en celebraciones sentidas y vividas desde dentro; el amor al prójimo fortaleciendo el trato amistoso entre los creyentes e impulsando el compromiso con los necesitados. Contamos con el aliento de Jesús.

30 Tiempo ordinario (A)
Mateo 22, 34-40

Red Evangelizadora BUENAS NOTICIAS

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