La vid y los sarmientos

Por: Pedro Jurío. Párroco de Cristo Rey. Pamplona.

5º Domingo de Pascua, ciclo B

Por segundo domingo consecutivo escuchamos palabras de Jesús en el evangelio de Juan que utilizan imágenes y alegorías tomadas de la vida diaria, de la agricultura y el campo. Si el domingo pasado era la imagen del pastor, en este es la de la vid y los sarmientos. Es sabido que Juan, a través de estas y otras imágenes y ejemplos (pastor, puerta, vid, agua, pan, luz, camino…), quiere introducirnos en la identidad profunda de Jesús.

La imagen de la viña es utilizada frecuentemente en el Antiguo Testamento para hablar de las relaciones de Dios con su pueblo Israel. El pueblo de la alianza es la viña mimada de Dios, que él plantó y cuidó con cariño, pero que no dio el fruto deseado (ver Is 5,1-7; Jer 2,21).

Jesús se nos presenta como la verdadera vid, raíz y tronco del pueblo de la nueva alianza. La fidelidad que Dios no halló en la “viña” Israel la encuentra en la “vid” Jesús, y el pueblo que nace de esta cepa es la Iglesia.

La alegoría tiene varios planos de lectura: trinitario, cristológico, bautismal-eclesiológico y aun eucarístico.

En el plano trinitario, el Padre es el viñador y Cristo es la vid. En el suelo de Israel, en la historia de la Salvación ha brotado finalmente una vid sana: el Hijo. Dios lo envió como Salvador. La iniciativa de la salvación parte de Dios y el Hijo es su enviado. Por eso el Padre mismo cuida su vid preciada, podándola para que dé más fruto y arrancando los sarmientos improductivos. La poda, aunque dolorosa, es necesaria para el vigor de la vid y para que dé fruto. ¿No estaría pensando Jesús en tantos seguidores “a medias”, en tantos titubeos y medias tintas y aun fracasos en el discipulado? No olvidemos que esta alegoría forma parte en el evangelio de Juan del “discurso de despedida” en la última cena, cuando Jesús ya ha anunciado la traición de Judas.

Hoy, el Padre, por el Espíritu, sigue podando los sarmientos, que somos nosotros, los bautizados incorporados a Cristo, para que demos el fruto deseado. Poda, limpia, eliminación de lo caduco y de lo accesorio e inútil, sigue siendo un ejercicio necesario para ser miembros vigorosos de Cristo. Sin olvidar que la alegoría habla también de sarmientos secos desechados.

El plano cristológico nos habla de la unión íntima con la vid, Cristo. No hay rama que fructifique si no está unida al tronco. Por el tronco y las ramas corre la misma savia, la misma vida. Cristo es la vida (expresión favorita de Juan), su vida nos hace vivir; es decir, solo en la medida en que su vida está en nosotros somos de verdad discípulos suyos. San Pablo lo expresó con rotundidad: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20).

La alegoría habla de “dar fruto”. De la unión-comunión con Cristo nacen frutos de amor mutuo: “No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad” (2ª lectura, 1 Jn 3,18). Una vida que no produce frutos de amor no es una vida injertada en Cristo. Sin frutos de amor, somos sarmientos enfermos o secos. Precisamente la primera carta de Juan, que también leemos estos domingos, insiste en la unidad de la fe y el amor: no hay fe sin amor, y un amor tangible, de obras. Algunos afirman que la fe es alienante y nos aleja de la realidad de la vida. Juan dice que quien no ama concretamente, tampoco cree cristianamente. Pero, a la inversa, el amor cristiano nace de la fe en Aquel que nos amó primero y envió a su Hijo para salvarnos (ver 1 Jn 4,10). Entre fe y amor hay una relación de ida y vuelta: el amor nace de la fe y la fe lleva al amor.

El plano bautismal-eclesiológico nos hace descubrir la realidad de la Iglesia como pueblo de la nueva alianza, formado por aquellos que pertenecemos a Cristo, como los sarmientos pertenecen a la vid. En lugar de la antigua viña Israel, Dios se ha elegido un nuevo pueblo universal, abierto a toda la humanidad, que surge de la pertenencia a Cristo por la fe y el bautismo. El bautismo, dice san Pablo, nos “incorporó” a Cristo (ver Rom 6,3). Incorporar significa hacernos parte de su cuerpo, parte de él, Cristo.

En la alegoría podemos descubrir también un plano eucarístico, ya que nos habla de “permanecer en Cristo”, utilizando expresiones similares a las del discurso eucarístico del pan de vida (ver Jn 6,56). Por la vid y los sarmientos, por Cristo y por los cristianos corre la misma vida. La eucaristía es el sacramento de la comunión con Cristo, que nos da su vida. Pero también es el sacramento de la comunión fraterna. Vida de Cristo en nosotros que nos lleva a vivir una vida de amor para los demás: estos son los “frutos” de nuestra inserción bautismal y eucarística en Cristo.

Sigamos celebrando la Pascua con el gozo de sabernos sarmientos de la vid que no perece y ramas del árbol de la vida perenne, Cristo.

Resucitó el Buen Pastor

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

4º Domingo de Pascua, Ciclo B

Transcurre el tiempo pascual: estamos ya a  mitad del camino hacia su plenitud.

En este domingo dejamos las sorprendentes apariciones en las que el Resucitado fue fortaleciendo la fe de los discípulos dándoles innumerables pruebas de que estaba vivo. Se encontraba en medio de ellos, compartiendo su vida cotidiana, aclarando sus dudas. Instituyendo los signos de su presencia sacramental.

En la serenidad de este cuarto domingo pasamos a contemplar la figura del Buen Pastor iluminada por la luz de la resurrección. En el Evangelio de Juan  esta figura está situada entre dos signos importantes en los que Jesús afirma algunos de los rasgos de su identidad: YO SOY LA LUZ, YO SOY LA RESURRECCION Y LA VIDA. Y lo hace en  medio de fuertes discusiones con sus adversarios. De pronto dice: YO SOY EL BUEN PASTOR, imagen amable, serena, pacífica, plenamente conocida por el pueblo de Israel y que contrasta con la tensión de los diálogos.

Icono con el que Dios le ha gustado identificarse a lo largo de la historia de ese pueblo (Ez. 34). Dios es un acompañante solícito de su pueblo: le duele el mal comportamiento de los pastores a quienes Él ha confiado el cuidado del rebaño, los pastores que se apacientan a sí mismos, los que ven venir el lobo y huyen, los que no cuidan con cariño de cada una de las ovejas en su situación concreta. Por eso decide ser Él mismo, directamente, el que se preocupe de cada una de las personas, el que establezca una relación de cercanía, observando la necesidad de cada una y acudiendo en su auxilio: cura a la herida, robustece a la débil, deja a las noventa y nueve seguras en el redil y va en busca de la descarriada… Más delicadeza es imposible imaginar en un Dios.

Por lo mismo, también Jesús, que se sentía enviado a transmitir fielmente la verdadera imagen de su Padre a sus discípulos y a todos cuantos le escuchaban, fueran admiradores o detractores, toma este icono tan asequible para toda la gente: el Buen Pastor. Al inicio de la comparación nos ha dicho que Él es la puerta por donde el rebaño entra y sale. Ahora nos dice que es el pastor y un Pastor Bueno, el que no deja que le roben las ovejas porque son suyas, no es el asalariado que ve venir el lobo y huye.

Jesús  está atento y vigilante, va  delante del rebaño y está dispuesto a dar la vida por él, -sabe que la va a dar- “se consagra” por él. Sabe que ésta es la voluntad del Padre y que ese es el motivo por el cual le ama: “El Padre me ama porque doy mi vida” para que se cumpla su gran proyecto de salvación. Primera actitud de la que tenemos que examinarnos todos y todas. ¿Sentimos tan fuerte el latir del corazón del Señor en nuestro corazón que su Proyecto sea nuestro único objetivo y nos impulse a dar la vida sin complacencias ni acomodamientos? No son sólo los “pastores” ministeriales los llamados a esta entrega total, somos todos y todas responsables de quienes acompañamos en el camino de la fe.

El otro rasgo fundamental y excelente: es el del conocimiento: Ahí llegamos al ideal más sublime que se pueda soñar: “conozco a mis ovejas –nos dice Jesús-  como el Padre me conoce y ellas me conocen a mí”. Hablar del conocimiento en la Biblia supone hablar de un gran arco de experiencias que van de la mente al corazón y que involucran a toda la persona en su integridad. La afirmación de Jesús es de una gran profundidad y bien cierta su primera parte: “conozco a mis ovejas”. A muchísima distancia queda la segunda parte: “y ellas me conocen a Mí”. Si la primera supone descanso en Dios, en sus brazos amorosos –nada más agradable y pacificador que saberse conocido desde las entrañas sin tener que fingir absolutamente nada -Sal. 139-, lo segundo es tarea diaria: cultivar el contacto personal con nuestro Amigo Jesucristo, la amistad, la interrelación cercana, contemplar su manera de actuar, conocer sus criterios, vibrar con sus sentimientos: todo ello es el camino y el proceso de nuestra identificación con Él, realizada en y desde la oración, y en y desde la vida.

Domingo sugerente este del Buen Pastor que nos invita también a la misión. El buen Pastor no descansa ni descansará hasta que todas las ovejas formen un solo rebaño guiados por un solo Pastor. ¿Descansaremos nosotras en nuestra misión evangelizadora? No nos lo podemos permitir. Contamos además con que Él nos conduce, que nos sosiegan su vara y su cayado, que entre tantas dificultades con las que estamos enfrentados/as, prepara una mesa rebosante del sabroso alimento eucarístico y que nunca nos faltarán ni su bondad ni su misericordia. ¡RESUCITÓ EL BUEN PASTOR!

En tiempo de crisis no todo son recortes

Solidaridad en el Valle de Aranguren (Navarra)

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona.

En tiempos de crisis no todo son recortes. Hay lugares donde la solidaridad crece.  Lo que empezó por un grupo de personas en la Parroquia de San Pedro de Mutilva Baja se ha extendido a otras Parroquias del Valle de Aranguren, al que pertenece el pueblo de Mutilva. Ahora se llama “Grupo Solidario del Valle de Aranguren”.

Desde hace varios años esta solidaridad viene haciéndose efectiva en Rwanda, en los Proyectos de “Vita et Pax” en ese país. Se concreta en la construcción de pequeñas casitas para los regresados del exilio en Nyarurema –región al noreste del país- y para mejorar la alimentación a familias de escasos recursos, en Nyarurema y Kigali, la capital. La aportación anual va en aumento: 11.000 euros en 2009, 18.000 euros en 2010 y 20.000 euros en 2011. Este año aspiran a recaudar 17.000 euros para alimentación y 9.000 euros para construir 10 casitas. ¿Podrá ser?

La aspiración se apoya en el entusiasmo y en el esfuerzo de muchas personas.  Hay que conseguir dinero en efectivo, materiales, productos para premios, regalos para mercadillo y rifa, permisos, encargarse de la organización y publicidad…  La campaña empieza en el mes de enero: visitas a empresas y comercios de la zona para conseguir apoyos, venta de papeletas para la rifa, montaje y venta en los mercadillos, exposición y venta de regalos artesanales, organizar la Carrera Solidaria -este año VI edición- y el Concurso de Puzzles Solidarios, este año el II.

La Carrera Solidaria se celebra en Mutilva Baja. Este año será el domingo, 6 de mayo. Habrá cuatro categorías de participantes: Benjamines, Alevines, Infantil y Absoluto. Por la experiencia de ediciones anteriores podemos decir que todo el Valle está implicado y goza de la fiesta: pequeños y mayores, familias enteras, participantes y acompañantes, vendedoras y vendedores en el mercadillo, los que preparan la txistorra y la panceta y las que venden los bocatas y las bebidas… Puede ampliarse la información en    www.carrerasolidariaruanda.org

Y el sábado, 5, el II Concurso Solidario de Puzzles, a nivel nacional. Tiene lugar en los locales de la Parroquia de San Pedro de Mutilva Baja, a las 5 de la tarde la categoría Senior y a las 5,30 la categoría infantil. Después del reparto de premios habrá una chocolatada. Ampliar información en  www.puzzlesypiezas.com

La Campaña también se incluye en las actividades catequéticas y pastorales de las Parroquias. Tiene especial incidencia en la preparación y celebraciones de las Primeras Comuniones y Confirmaciones, sensibilizando e invitando al compromiso solidario. Hay preparado material pedagógico al efecto.

En tiempos de crisis no todo son recortes –hemos dicho- porque en algunos lugares crece la solidaridad.  En el Valle de Aranguren no se olvidan de los muchos que sufren la crisis a nuestro lado -la actividad de Cáritas también aumenta- pero es cierto que otros muchos podemos vivir más sencillamente y compartir lo que tenemos con los que carecen de lo más elemental: comida y vivienda.

Vita et Pax agradece de corazón al Grupo Solidario del Valle de Aranguren y a todos los colaboradores su entusiasmo y esfuerzo: lo hace en nombre de quienes se van a beneficiar de los resultados de esta nueva Campaña y también de las compañeras que trabajan en Rwanda, por el apoyo y estímulo que reciben para la realización de sus tareas.

El caminante de nuestros caminos. El dador del Espíritu

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante.

3º Domingo de  Pascua, Ciclo B

Jesús camina pegado a nuestros torpes y, a veces, locos pasos para hacernos saber que Aquel que estaba muerto VIVE, nos sale al paso, no busca ningún lugar especial, simplemente nos busca a nosotras, a nosotros allí por donde vayamos, donde estemos. Caminando juntos nos habla de su Proyecto, de ambientes creados por Él,  de rutas misteriosas, y  nos va descubriendo lo amplio y rico del camino que nos lleva al Reino. Nos admiramos cuando lo encontramos nuevo, diferente… nos sobrecoge, nos sobrepasa, y la pasión se apodera de nosotros, imposible alejarse, dejarlo pasar. No es un fantasma, no es nada irreal ese resucitado que nos encontramos por los caminos de nuestra vida, es el caminante eterno que no se cansa.

Y cuando ya cansadas necesitamos un alto en el camino ¡que gustazo! sentarnos con Jesús a la mesa, a comer del Pan de su plato y beber de su vaso, charlar de nuestras cosas, compartir, conversar…  saborear el diálogo. ¡Mi Buen Jesús!

Jesús se sitúa en el centro a pesar nuestras puertas cerradas, en unos momentos de tensión, de crisis, de temor, llega al centro de nuestra vida para mostrarnos las huellas de su vida para mostrarnos cómo Vivir sin hacer sufrir al otro, al hermano. Llega para acompañarnos y se ofrece a sí mismo, “Soy yo” soy la Paz, porque la Paz no es una construcción, una conquista, la Paz es Alguien, es el cultivo del Amor, es Él, el Resucitado. Su Amor tiene tantos matices, tantos aspectos que nos es difícil comprenderlo, pero Jesús necesita de la humanidad del hombre y por eso nos comunica su Palabra, nos comunica que quiere quedarse entre nosotros y por eso nos necesita como sus testigos. No piensa en una persona determinada, no, en personas diferentes, testigos diferentes porque existen personas diversas y quiere llegar a todos. Y con su presencia nos despierta, nos levanta y nos introduce en la vida de Dios.

A pesar de todo lo divino, Jesús se muestra más humano que nunca, en Él se conjuga el amor humano con el amor divino. También Jesús, el resucitado, es sensible al cariño humano, lo necesita, aunque nosotros lo veamos más Dios que nunca, su cercanía se hace mayor, su “estar” es más humano, y admira en nosotros la capacidad del amor humano y nos pide que añadamos la dimensión divina.

No es fácil ver y reconocer a Jesús resucitado, nos da la impresión de que puede ser nuestra fantasía, nuestra necesidad de “encuentro”, pero si te expones a Jesús, si le dejas entrar al centro de tu vida y acomodarse  verás cómo despierta en ti una realidad nueva.

¿Por qué dudamos? ¿Por qué dudáis, pregunta Jesús?  Si dejamos que Dios abra nuestros ojos lo reconoceremos, porque el Resucitado se sigue adaptando todavía a lo terrestre, y en este sentido se hace “imperfecto”.

Cuando la vida nos impone decisiones qué forma más peculiar tienes para encontrar, para transformarlo y que nuestra vivencia se convierta en algo rico, en Vida para nuestra vida. ¡¡¡Qué inquietante eres como Amigo!!!

Sororidad nº 25 – abril 2012

Descargar (25-Sororidad-2012.pdf, PDF, Desconocido)

Actuaciones de magia en las escuelas de: Chinautla y el Basurero de Guatemala

Por: M. Carmen Fernández Ponga. Vita et Pax. Guatemala.

Os envío una pequeña reseña para compartir esta experiencia tan bonita, llena de ternura, magia y alegría, que tuvimos con los niños/as de las escuelas de Chinautla y del Basurero de Guatemala.

El mago Zaki de España (natural de Bilbao) está haciendo una gira por trece países de Latinoamérica  llevando su proyecto: “LA MAGIA DE UNA SONRISA”. Las actuaciones son gratuitas con un matiz muy solidario de repartir: risas y sonrisas, a estos niños/as que nunca habían visto de cerca (como ellos dicen) a un mago y éste además un poco especial por su cercanía,  animo y entusiasmo…. Es decir, especial por compartir su misión de  hacer felices a pequeños y grandes.

La experiencia personal para Zaki ha sido muy enriquecedora, pues al mismo tiempo ha recibido de estos lugares, donde ha actuado, una gran riqueza humana y se ha encontrado y ha palpado la pobreza y la riqueza de estos niños/as.

FELICITACIONES A ZAKI, POR SU COLABORACIÓN TAN LINDA Y DIVERTIDA QUE NOS HA HECHO MUCHO BIEN.

                        

Cuestión de confianza

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

2º Domingo de Pascua, Ciclo B

Encontramos este domingo a los discípulos cerrados a cal y canto, han perdido su imagen de seguidores, han tocado fondo, se han dejado dominar por el miedo… Pero la presencia del Resucitado en medio de ellos les lleva a recuperar el sentido de sus vidas: perdón, paz, alegría, amistad, confianza… y la experiencia de una transformación. Sienten una nueva posibilidad de vida. A primera vista, parece que la realidad sigue siendo la misma, pero en el encuentro con el Resucitado los hechos cobran un significado diferente.

Todos los ámbitos de la vida se transforman por medio de la resurrección. La resurrección es la plenitud del amor -María Magdalena-, de la fe -Tomás- y es también la transformación de nuestra vida diaria. Pero lo tuvo complicado Tomás porque no era fácil creer entonces; igual que no es fácil creer en nuestra sociedad actual, una sociedad tentada de banalidad y desconfianza.

La fe supone mucho más que expresar la conformidad con una serie de proposiciones y doctrinas, la fe exige confianza. Pero vivimos en una época de desconfianza. Desconfiamos de los políticos, de los periodistas, de la policía, de los dirigentes eclesiales, de las personas que nos encontramos en la calle o en el metro… Nuestra cultura nos forma para ser personas desconfiadas. Podríamos decir que estamos pasando por una crisis de confianza.

Cada vez pedimos más responsabilidades, más pruebas, más informes y cada vez sospechamos más. La crisis de confianza fomenta que la gente nos comportemos desconfiadamente puesto que todos estamos seguros de que los demás actúan así. Esta forma de cultura incide negativamente en la fe entendida como confianza en Dios. Las personas creyentes tenemos que asumir el riesgo y comenzar a caminar si queremos experimentar qué es la verdad.

La fe también es difícil porque creemos en Dios que está más allá de nuestro conocimiento. La fe implica siempre un forcejeo por vislumbrar lo que está más allá de nuestro entendimiento, un estiramiento de las palabras hacia un misterio que no podemos comprender. Nuestro Dios está más allá de las palabras y de las ideas. De lo trascendente únicamente podemos tener indicios, sobre todo a través de lo simbólico.

Necesitamos testigos que nos desafíen a confiar y asumir riesgos. Necesitamos testigos valientes, personas que den testimonio de nuestro destino definitivo, de Dios. Recordamos que la palabra confianza, del verbo confiteor significa literalmente “creer juntos”. Ayudarnos unos a otros a seguir adelante. Creo por vosotras hoy y vosotras creeréis por mí mañana. La fe es siempre difícil en tiempos de desconfianza; pero hay personas que pueden infundirnos el valor necesario para sumir el riesgo de seguir a Jesús, hoy.

Para creer juntos y juntas necesitamos estilos de comunidades como las que nos describe la primera lectura. Estas comunidades surgen cuando llevados por el Espíritu de Jesús, se establece una relación fraterna hasta llegar a poner todo en común. Comunidades compuestas por personas dispuestas a hacer la voluntad de Dios antes de comprenderla cabalmente. La presencia del Resucitado en esas comunidades se manifiesta en el perdón de los pecados, en la capacidad de superación que Dios nos ha regalado. Comunidades en las que se aprende la valentía de caminar en la dirección en la que el Señor llama, aún desconociendo las implicaciones que pueda tener.

Comunidades así son posible porque en Jesús, Dios derrotó todo cuanto destruye a una comunidad: el pecado, la cobardía, la mentira, la desconfianza, la falta de entendimiento, el sufrimiento, la muerte. La resurrección hizo visible ante el mundo una comunidad sorprendentemente renacida. Los que se habían mostrado cobardes y habían renegado de Él volvían a estar juntos de nuevo. No era un grupo que gozara de buena reputación, aparte de que se sentirían avergonzados de lo que habían hecho; pero volvían a estar juntos, a creer juntos, a tener confianza los unos en los otros y a tener confianza en aquel que había sido compañero de camino y ahora lo experimentaban resucitado. Creer en Jesús es también aceptar pertenecer a su comunidad y confiar en ella.

Reseña de la historia grupo Vida y Paz en Brasil

Por Maialen Villanueva. Vita et Pax. Brasil

Desde Brasil os informamos de los pasos que vamos dando para dar a conocer el proyecto de compartir nuestro carisma. En agosto ya informamos sobre todo el trabajo que vamos realizando, lo primero fue la traducción al portugués del folleto: Compartir Carisma y Misión con la colaboración de algunas personas. Nos reuníamos cada 15 días un grupo formado por un matrimonio, dos jóvenes y una señora.

 Después formamos un grupo de 5 personas; un matrimonio y 4 mujeres solteras. En Adviento hicimos un retiro en el que participaron otras personas que no eran del grupo, aprovechamos el retiro que envió M. Carmen: “Oyentes de la Palabra”. Fue muy provechoso. Con este grupo nos reunimos una vez por mes,  parte de la tarde. Muy bien la experiencia.

Actualmente, el día 31 de Marzo hicimos el retiro de Cuaresma… También el de M. Carmen: “Señor dame tu Mirada”. Fue muy bueno. Cambia la concepción de lo que supone Mirar y Ver… La diferencia es desde dónde miramos… cómo miramos… etc.
El retiro se desarrolló así:
Iniciamos con una oración y la reflexión de un Salmo. Compartimos el eco del mismo.
Presentación del retiro, cada persona recibe el contenido de mismo. Tuvimos hora y media para reflexionar. Compartimos lo que había supuesto. Las participantes expresaron la alegría de haber recibido la invitación.

Ambos retiros fueron por la mañana. Ya que aquí las distancias son muy grandes… Después del retiro presentamos el folleto “Compartir Carisma y Misión”. Lectura personal y participación…Expresión de sentimientos. Se comprometieron a hablar y comunicar con otras personas que están buscando esto que nosotras estamos ofreciendo.

Hicimos un programa para varios meses.

Una gran dificultad son las distancias, para venir a donde nosotras vivimos son necesarias de 2 a 3 horas de coche por eso el horario mejor es de nueve de la mañana a 13 ó 14 horas…

Con mucho sacrificio, pero contentas.
Alegría de haber recibido la invitación.

Manifestar la Resurrección

Por: D. Cornelio Urtasun

En la Oración Eucarística II hay una frase referente a Jesucristo que dice así:

“Él, en cumplimiento de su voluntad,
para destruir la muerte y
manifestar la Resurrección,
extendió sus brazos en la cruz…”

Frase impresionante, que si tiene su trascendencia en todo el año litúrgico, la tiene de manera especial en este tiempo de PASCUA. Porque todos los textos de la Liturgia pascual, tanto los de la Sacrifical como Laudativa, nos empujan y llevan a vivir, a  manifestar la RESURRECCIÓN.

En los cincuenta días que dura el tiempo pascual, no hay jornada en la cual la Iglesia, de una u otra forma, en una u otra clave, no nos invite, no nos apremie a vivir la “santa novedad” de nuestra vida de resucitados, con y en JESUCRISTO,  para gloria del Padre,  a fin de que manifestemos, en nuestra vida y nuestras costumbres, la RESURRECCION DE JESUCRISTO.

¿Cómo manifestar la Resurrección de Jesús? En el texto transcrito en el comienzo de este comentario tenemos una primera orientación de parte de la Iglesia.

Aunque, de primera intención, parezca un poco contradictoria, he aquí que hay una manera incuestionable de manifestar esa RESURRECCIÓN.

Justamente lo que hizo Jesucristo y lo que la Iglesia nos recuerda en ese comienzo de la Oración Eucarística II: extender los brazos en la cruz. En este tiempo pascual, parece hasta paradójico hablar de la cruz como un lugar indispensable, desde el cual se manifiesta la Resurrección; pero la Iglesia, adoctrinada por el Espíritu Santo, nos precisa esta enseñanza tan concreta. Enseñanza que aparece en  la  Constitución Ecclesiae Sanctae, nº 38, sobre la Iglesia:

                “Todo seglar
                debe ser en el mundo,
                TESTIGO DE LA VIDA Y DE LA
                RESURRECCION DE JESUCRISTO
                y señal del Dios vivo y verdadero” 

Esto quiere decir que la tarea de manifestar la Resurrección de Jesucristo, es una tarea sustancial para el cristiano y  una respuesta de amor a Aquel que  nos amó hasta el extremo.

San Pablo nos dice:
                  “Ya que habéis resucitado con Jesucristo,
                   buscad los bienes de allá arriba,
                   aspirar a los bienes de arriba,
                   no a los de la tierra…
                   porque vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” 

La Iglesia, transmitiéndonos la enseñanza de San Pablo, quiere que  pongamos nuestro corazón, allí donde está nuestro verdadero tesoro, allí donde está la fuente  “do mana el agua pura”, que salta hasta la vida eterna: el Corazón de Dios.  Quiere que se haga  verdad en nosotros lo que varias veces nos está haciendo pedir en este tiempo de Pascua:

                 “Que nuestros corazones estén firmes
                   allí donde están las verdaderas alegrías…”
                 “Que, bajo tu protección, oh Padre,
                   no  pierda tu pueblo ninguno de tus bienes
                   y descubra los que permanecen para siempre” 

Algo así como si nos sintiéramos invitados a caminar por la vida, con los pies muy bien apoyados en la tierra, mientras que, de paso, respiramos continuamente aires de eternidad a través de Jesucristo sentado a la derecha  del Padre, como lo celebraremos en el misterio de su Ascensión y … de la nuestra. Vivir así, presentarnos así, proyectarnos así, es manifestar la Resurrección de Jesucristo.

En tantos cristianos que celebran cada año la Resurrección de Jesucristo, queda la idea de que es causa y ejemplo de nuestra resurrección, que se realizará en el “último día”. Incuestionablemente la Resurrección de Jesucristo, es la garantía y germen de nuestra resurrección, pero mientras somos peregrinos, cada año litúrgico, la Iglesia, celebrando con nosotros –y nosotros con ella- la Resurrección de Jesucristo, nos sumerge en la misma, de tal manera, que nos  celebra resucitados con nuestra Divina Cabeza.  Es el Jesucristo integral el que resucita, como es el Jesucristo integral el que padece y muere.

La Iglesia piensa que nuestra resurrección con y en Jesucristo, es algo grande, vivo y vivificante que debe ser cuidado y alimentado amorosamente. ¿Cómo? Ella misma nos instruye con las palabras de San Pablo:

                 “Celebremos la Pascua… porque
                  ha sido inmolada nuestra Víctima pascual. Cristo.
                  Barred la levadura vieja:
                  celebremos la Pascua, no con levadura vieja,
                  sino con los panes ázimos de la
                  SINCERIDAD Y LA VERDAD”.

¡Nuestro futuro es la Vida!

Por: María Auxiliadora Fernández. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real

PREGÓN PASCUAL

¡Hermanas y hermanos! Estrenamos la Noche de la VIDA.
Estrenamos la Fiesta de la Pascua. Todo es nuevo.
Lo viejo, lo podrido y lo corrupto, han desaparecido para siempre.

Porque en esta Noche Santa, la voz de una Mujer –la Magdalena-
recorre a toda prisa, a gran velocidad, las calles de la Historia, de la nuestra,
gritando, hasta ensordecer nuestros oídos, una gran noticia:
¡NUESTRO DIOS HA RESUCITADO A JESUCRISTO!

Que nuestros corazones estallen de alegría.
Que la Iglesia toda, rebose de esperanza.
Muerta está la muerte para siempre. Ha triunfado la Vida.
La montañas rebosan de justicia; por los valles ya aflora la igualdad;
y en los campos florecen semillas de nueva humanidad;
de personas nuevas que salen de un sepulcro vacío.

¡Nuestro futuro es la Vida!
Cristo ha resucitado y nos ha abierto una puerta a la esperanza,
para que por ella pasen quienes quieran vivir en permanente Pascua,
renunciando al imperio del dinero, rechazando al dios de los mercados,
eliminando cualquier discriminación por motivos de género, de religión o raza.

¡Nuestro futuro es la vida!
Y por ello, en esta Noche Santa, renovamos nuestro compromiso
de generar vida por doquier; de repartir ternura;
de curar las heridas de nuestro mundo roto.
De que sea la Luz de Cristo Resucitado
la que ilumine nuestro quehacer diario,
hasta borrar de este mundo todo signo de muerte.

En la ofrenda del Cirio –signo de Cristo Vivo-, ponemos nuestras vidas,
y también junto a ellas, las vidas olvidadas,
las que siguen estando en las cunetas de la historia,
esperando que un coro de voces -nuestras voces-,
hoy ya resucitadas, les anuncien noticias de esperanza.

Esta es la tarea. El encuentro con Cristo resucitado así nos lo susurra,
y  llena nuestro ser de semillas de Vida, para ser multiplicadas, repartidas,
hasta que nuestro mundo sea la Fiesta permanente de la Pascua.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies