La calle del sí

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante.

Cómo decirte un Sí a Ti sin ser un Sí a los Tuyos, un Sí a solas en medio de los Tuyos, con los Tuyos.

Allí estaba ante Ti… te mire… nos miramos y exclamé ¡¡¡Mi Amigo!!! bajé mis ojos y Tú … silenciaste mis palabras. ¡Mírame!, dijiste. Y nuestras miradas se encontraron. Abriste las puertas de mi corazón y deslizaste en él toda la fuerza de tu Amor, iluminaste mi interior hasta llegar a sentirte, “estaba llena de Ti”.

Me hiciste comprender cómo un sí tan pequeño, como sentía que era el mío, podía transformar los minutos de una vida, hasta llegar a convertirlos en los momentos más grandes e importantes de mi vida, de nuestra vida, y me susurraste que Tú lo cuidarías y alimentarías hasta impregnarlo por completo de Ti, hasta convertirlo en Ti porque ese sí, era un Sí a la Vida de Dios.

Mis ojos no podían dejar de mirarte, me estabas descubriendo mi nueva vida, esa vida que habías pensado para mí, TU VIDA, me hablabas de compartir ilusiones, deseos, tristezas, alegrías… y volé, mi vida voló junto a la Tuya; hasta mi piel sintió el roce de tu ternura y me dejé llevar por Ti caminando por tu calle, la calle del Sí.

OfrendaTú sabias perfectamente por dónde ir. Sentí el temor de perderme y te pedí que me acompañaras siempre porque si no me perdería por las calles de mis pensamientos, mis luchas, mi calibrar posibilidades, mis dudas y mis miedos, porque… ¡¡¡me pierdo tanto en mi caminar!!! … Pero Tú me contestaste no te apures, no temas, NUNCA TE SOLTARE, apretaste mi mano y me dijiste: caminaremos, siempre juntos,  por la calle del Sí.

Expo Vocacional – Quetzaltenango – Guatemala

Por: Ma.Jesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala

El pasado día 6 de Mayo, celebramos en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, un encuentro juvenil, que llamamos EXPO-XELA, organizado por CONFREIS, Conferencia de Religiosas/os e Institutos Seculares, en el que participó nuestro Instituto Vida y Paz.

Los y las jóvenes compartieron su alegría, su música, sus inquietudes por conocer y profundizar en los diferentes estilos de vida y misiones  que integran todas las familias consagradas de la diócesis.

Iniciamos con una oración compartida, agradeciendo en primer lugar el regalo de la vida y la oportunidad de compartir entre todos lo que somos y el don de la vocación recibida.

Después hubo juegos, cantos, dinámicas en las que todos los participantes disfrutamos como en fiesta.

Un  grupo juvenil musical  animó con sus canciones la mañana de ese domingo.

Posteriormente todos los y las jóvenes vieron una película motivadora de la vocación de servicio y seguimiento de Jesús. Unos y otras prestaron atención a la experiencia de jóvenes, como ellos, que en un momento de su vida, sintieron la llamada a seguirlo en un estilo de vida igual al suyo, preocupados por los demás y trabajando por la construcción  de un mundo más justo, fraterno y solidario.

Posteriormente se les invitó a que hicieran un recorrido por los diferentes stands en donde cada grupo institucional había colocado información sobre su forma de ser y entender la vida así como la Misión específica propia.

Nuestro stand fue visitado por muchas jóvenes, también por muchos muchachos interesados por lo que son los Institutos Seculares, vocación y estilo de vida que no es tan conocido, pero que al escucharnos lo encontraban interesante, novedoso… Y con todas y todos estuvimos compartiendo lo que es nuestra vida y nuestro trabajo. Ojalá que nuestra experiencia gozosa sea un referente para su propia toma de decisiones.

La Jornada finalizó con la celebración de la Eucaristía en donde se fueron matizando aspectos de lo que significa y supone el seguimiento de Jesús y la invitación a que cada persona haga opción en su vida, presentando como alternativa para una realización personal plena y feliz, la vocación al servicio del Reino.

Un año más que hemos aportado a los jóvenes la felicidad de una vida al servicio de los demás. Y lo seguiremos haciendo.

                                          

 

 

 

 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Por: Pedro Sandi. Miembro del Instituto Secular: Asociación de Sacerdotes del Prado. Diócesis de Santander

Domingo de la Santísima Trinidad, Ciclo B

1. El mismo Jesús Resucitado que confió a sus apóstoles su misma misión y les encargó ir a todos los pueblos y hacer discípulos de todos ellos es el que hoy también a nosotros nos confía esa misión en este día. ¿En qué consiste esta misión universal a la que nos envía? El Señor nos lo explica claramente:

A) Haced discípulos míos de todos los pueblos. No en el sentido proselitista, sino en el sentido de ofrecer a todos la oportunidad de conocer a Jesucristo, y hacer de Él, el Maestro único de toda su vida. Estableciendo con Él una relación de amistad, de intimidad, de compartir con Él su vida, de seguirle por todos los caminos por donde Él camina. Lo podemos entender con un ejemplo:

“Una vez, fue llevada a la casa del inmaculado corazón en Calcuta una mujer en condiciones lamentables: su cuerpo estaba lleno de llagas y un pie, que por causa de la lepra carecía de sensibilidad, había sido roído por las ratas.

La mujer rechazaba cualquier tipo de consuelo y toda expresión de afecto. Sin embargo, la madre Teresa continuaba cada día socorriéndola con ternura. Un día por fin la mujer exclamó: – “Hermana, eres distinta a todas las personas que he conocido. ¿Por qué haces esto?”– Y la madre Teresa respondió: Lo hago por amor.

La mujer se quedó muda por esta lógica desconocida para ella y preguntó con ansia:

–          ¿Y quién te ha enseñado? 

–          Entonces la madre Teresa  reveló el secreto de su vida: “Me lo ha enseñado mi Dios”.

La mujer le dijo: “Hazme conocer a tu Dios”.

Si nosotros nos tomamos en serio las palabras de Jesús, tenemos que provocar en quien nos rodea la misma petición: “Hazme conocer a tu Dios”.

Provocar el deseo de hacerse discípulos en los que nos rodean y a quienes encontramos en el camino de la vida, por la calidad de nuestro amor y de nuestra alegría y esperanza.

B) Los discípulos somos enviados a comunicar lo mismo que hemos aprendido de Jesús. No como una doctrina, sino como una práctica. Lo mismo que la madre Teresa aprendió de Jesús a amar y servir con ternura y constancia a los pobres, a ayudar a todos por amor. Practicar a Jesús las 24 horas del día. Eso es lo que puede provocar a los que nos ven, el deseo de hacerse discípulos suyos.

C) Bautizándolos, para consagrarlos al Padre y al Hijo y al E. S. Sumergirnos en el misterio de nuestro Dios para ser en el mundo imagen viviente, sacramentos vivos del Padre y del Hijo y del Espíritu S. En su ser más íntimo Dios es amor, vida compartida, amistad gozosa, diálogo y entrega mutua, abrazo, comunión de personas.

Sumergirnos en el misterio de Dios nuestro Padre: ¡de su amor! Jesús se pasó la vida diciéndonos: ¡Si supierais cómo os quiere mi Padre! Pero no sólo con su Palabra, con su vida, con su amor: “Como el Padre me ha amado a mí, así os he amado yo. Un amor lleno de confianza, de gratitud, con todo su ser, lleno de obediencia, en las verdes y en las maduras. Amarle al Padre con Jesús y como Jesús. Somos Hijos en Jesús. Toda la clave está en vivir unidos y entregados a Jesús, nuestro hermano mayor… Dejarle vivir en nosotros, como decía San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí… y vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a la muerte por mí”.

Sumergirnos en la fuerza del Espíritu Santo en la nueva vida que El alumbra y alimenta en nosotros. El es el que nos hace testigos de Jesús en el mundo, el que nos hace hombres y mujeres nuevos…entregados a la iglesia, a la comunidad, trabajando por la comunión entre todos. Dejándonos transformar por El en hombres y mujeres sin miedo, valientes en el anuncio del evangelio…en hombres y mujeres llenos de amor, que se distinguen sobre todo por el amor.

2. No podemos abarcar el océano de Dios, pero sí zambullirnos en El. Cristo nos dejó un medio concreto para lograrlo: la Eucaristía. La Trinidad nos cita cada día en la Eucaristía. Donde está el Padre de N.S. Jesucristo allí está el Hijo, hecho hombre, Jesús resucitado, allí está también el Espíritu Santo. En el momento de la comunión se realiza en sentido estricto la Palabrade Cristo: “Yo en ellos y Tú en mí”…  “El que me ve a Mí ve al Padre” “Quien me recibe, recibe al Padre y al Espíritu”. ¡Jamás llegaremos a valorar la gracia que se nos brinda: ser comensales de la Trinidad!

Vida en el Espíritu: Pentecostés

Por: D. Cornelio Urtasun

Se desborda el Océano de la Vida. Viene el Espíritu Santo para convertirnos a cada uno de nosotros en un pequeño manantial de esa misma Vida…

¿Qué misión traes Espíritu Santo?:
Vengo a enseñaros toda Verdad, a iniciaros en todo.
Vengo a ser tu consuelo, a darte la paz, a inundarte de luz, a saturarte de Vida.
Vengo de parte del Señor  a ser tu guía en este mundo.
Vengo a vivir en ti, para que no te sientas huérfano y abandonado de Aquel a quien tú quieres  querer con todo el cariño de tu corazón.
Vengo a recordarte tantas cosas que Él os enseñó en su Evangelio y que sin mi ayuda os sería imposible tenerlas en cuenta, ni entenderlas en profundidad.
Yo soy el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, que es vuestra Vida y vengo a inundaros, a saturarnos de   ella,  a haceros manantiales de ella.

¡Ven Espíritu Santo!
Colma nuestros corazones.
Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

El es el Padre de los pobres, el dador de los dones, la luz de los corazones.
El, el Consolador incomparable, el descanso confortable.

Ven a enseñarnos toda la Verdad, como Maestro. TODO nos lo tienes que enseñar. Enséñanos sobre todo a vivir de la Vida de Jesucristo, a plasmar en nosotros toda la manera de ser y pensar del Maestro. A ser altavoces de su Palabra, a vivir de su vida de oración,  de su generosidad…
La acción del Espíritu en nuestras almas es algo tan interrelacionado con la espiritualidad Cristocéntrica y Eucarística que no puede entenderse sin la inclusión del Espíritu Santo.
Nos recuerda San Pablo a los Gálatas 4,19 “¡hijos míos! Por quienes sufro dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros”.
De esta manera caminamos a la plena cristificación, a la vida de identificación con Jesucristo.
La configuración de Jesucristo dentro de nosotros se realiza a través del Espíritu Santo. Lucas nos habla de la primera configuración de Cristo en la persona humana, obra maestra del Espíritu  en María: “El Espíritu vendrá sobre ti…”
Es esa acción la que ha de configurar en nosotros las actitudes de Jesucristo, lenta e implacablemente, hasta que lleguemos a la configuración plena en que su vida se manifieste en nosotros.
Oigamos a Jesucristo en el capítulo 14 de Juan: “… Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, no os dejaré huérfanos…”
Jesucristo empeña su palabra de pedir al Padre al Paráclito, al Consolador para que esté  con  nosotros siempre. Es el eterno Huésped de nuestra alma.

¿Qué misión tiene?

Es la forma y la manera en que el Espíritu  nos va imprimiendo,  va potenciando nuestra mentalidad y va sincronizando nuestros pensamientos con los de Dios.
El va a dar testimonio de Cristo dentro de nosotros y va a ir enseñándonos el conocimiento
íntimo, trascendente, decisivo de Jesucristo, hombre perfecto, Dios cabal.  El dará testimonio dentro de nosotros y nos irá capacitando para que demos testimonio perfecto.

¿Cómo actúa el Espíritu?

Con su acción extraordinaria simbolizada en Pentecostés y su acción ordinaria a través de los Dones.
Acción del Espíritu Santo en Jesús y en nosotros,  a través de sus siete Dones. Qué nos da a través del:

* Don de Sabiduría:
El saborear las cosas de Dios, hacer realidad el salmo “gustad y ved ¡qué bueno es el Señor!”. Saborear el Misterio de la SantaTrinidad.  Saborear la humanidad y divinidad, la amabilidad y benignidad. Quererlo y saborearlo. 

* Don de Entendimiento:
Nos hace ver y entender las maravillas de Dios en tantas cosas que pertenecen al Reino de Dios.  Ver y entender.

* Don de Consejo:
Hace  que eso que hemos visto y saboreado lo comuniquemos a los otros.

* Don de Fortaleza:
Da el coraje de vivir, intrepidez para dar la cara, para dar testimonio de Jesucristo, de su verdad, vida y resurrección. Ser hombres y mujeres de una pieza, sobre todo al dar testimonio de la verdad.

* Don de Ciencia:
 Capacidad de atisbar la armonía que El ha puesto en todas las cosas en su Creación, para que todo cante la alabanza de su gloria.

* Don de Piedad:
Pone el amor al Padre y al Hijo con amor de Hijos y hermanos.

* Don de Temor:
Nos infunde el temor filial hacia nuestro Buen Padre Dios.  Conocer y ver a Jesús. No basta con ver a Jesús, hay que penetrarlo. 

La “tarea” del ESPIRITU  según Jesucristo:
Mostrarnos a Jesús (Jn 14,15,16 y 17)
Mostrarnos al Padre (Jn 14, 8-11)
No dejarnos huérfanos, haciéndonos sentir la paternidad de Dios Padre.
Nos ayuda a PERMANECER en el AMOR del Señor.
Nos ayuda a ser podados por el Padre, para glorificar al Padre y dar mucho fruto.
Nos enseña a vivir en Cristo Jesús.
Nos lleva a la intimidad de Dios, ya que nos cuenta por medio de Jesús, todo lo que Éste ha escuchado al Padre (Jn 15,15).
Contará las conversaciones de la familia de Dios   (Jn 16,13).
Nos alegrará el corazón  (Jn 16,22) y nuestro gozo será COLMADO.
Nos darála PAZ  (Jn 16,33).
Nos consagra en la verdad   (Jn 16,17).

La PAZ es el mensaje del Resucitado. Paz es el fruto del Espíritu y viene de la justicia, de la compasión, de la misericordia y de la comprensión…
La  expresión de la paz es la reconciliación. Todo cristiano ha de ser instrumento de paz y reconciliación.

Tu Espíritu nos alienta y nos impulsa

Por: Mª Carmen Nieto León. Mujeres y Teología. Ciudad Real

Pentecostés, Ciclo B

Este domingo celebramos el envío y se nos recuerda que creer en el Espíritu de Dios no es quedarse quieta y esperar a que el Amor de Dios se instaure como por arte de magia. Dios nos manda su aliento para llenarnos de fuerzas, para impulsarnos a construir, entre todos y todas, su Reino de Amor. Muchas somos las personas que nos decimos cristianas, y muchos son los carismas y los dones que nos regala el Señor, es decir, tenemos muchos medios para salir al mundo, para salir al encuentro de nuestros hermanos y hermanas y, especialmente al encuentro de las personas que sufren.

Jesús se hace presente a sus discípulos, a pesar de que estos están escondidos y encerrados con llave, muertos de miedo, sin saber como enfrentarse al mundo sin su pastor, se sienten solos, tristes, asustados, pero Dios no les deja solos, no nos deja solos. A través de su Espíritu nos hace sentir que aunque la tarea sea mucha y con mucho riesgo, Él siempre estará con nosotros y nosotras, por lo tanto ¿qué hemos de temer?

Hoy, el mundo nos llama, y el Señor nos envía con fuerza. Hoy el mundo sufre; hay casi seis millones de personas que sufren paro, donde la mayoría son mujeres y jóvenes. Hoy se están recortando muchos derechos por los que han luchado miles de personas a lo largo de la historia. Hoy el primer mundo explota sin piedad al tercero. Hoy se destina dinero a salvar las economías del mundo y no a las personas. Hoy se potencia la libre circulación de mercancías y no se defiende la libre circulación de los ciudadanos, especialmente de los países empobrecidos.

Ante todo este dolor, hoy nos envía el Señor con más fuerza que nunca, nos envía a denunciar las injusticias que vemos cada día: familias que se quedan en la calle porque no pueden pagar la hipoteca, jóvenes que no van a poder estudiar por falta de medios, personas que no tienen qué comer porque están en el paro y ya han agotado todas las ayudas, enfermos que tienen que esperar y esperar hasta que les den una cita con los especialistas, jóvenes que sufren de adicciones y no pueden ser tratados porque se recortan los servicios y las prestaciones para ellos, personas en situación de sin hogar que no cuentan con recursos donde se les escuche, se les valore, se les reconozca su dignidad de hijos e hijas de Dios, a pesar de su situación.

Pues eso, que hoy nos envía el Señor al mundo, a construir su Reino de Amor, pero no nos envía en soledad, Él, a través de su Espíritu, está con nosotros y nosotras y nos hace perder el miedo, nos hace sentir confianza y esperanza que hemos de transmitir a los que nos rodean, nos hace sentir que su Amor es tan grande que no podemos temer nada. Y nos llena de fuerza y de un amor que te sitúa en el plano de la Justicia y que te hace gritar que el mundo no está bien, que las personas no están bien y que eso no es normal. Que no es normal la situación que estamos viviendo, y que no es normal que los gobiernos, sean del color que sean, y sus políticas, no pongan por encima de todo a las personas, a su bien estar. Los gobiernos tienen la obligación de cuidar de los ciudadanos, de gestionar el dinero que les damos, a través de los impuestos, para que todos podamos vivir dignamente. Y eso no se está haciendo. Y eso no es normal. No podemos vivir estas situaciones con normalidad.

Hagamos caso a la invitación del Señor y salgamos a las calles a gritar que otra forma de vida es posible, que el Reino de Dios es posible y hagámoslo sabiendo que su Espíritu nos alienta y nos impulsa.

 Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.    

Volverá…

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

La Ascensión del Señor, Ciclo B

Celebramos este domingo la fiesta de la Ascensión del Señor, también la podríamos llamar la fiesta de la plenitud porque celebramos que la fuerza de Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, lo ascendió al cielo y lo sienta a su derecha. La Ascensión nos revela que la plenitud solamente la alcanzamos al final y que, además, es un don de Dios; pero, a la vez, es un proyecto inmediato de acción, un quehacer, una tarea sin dilación: “¿Qué hacéis mirando el cielo? Volverá…”. 

Esta fiesta debería desencadenar en nuestro interior un deseo profundo de degustar ya, aquí y ahora, esa plenitud que disfrutaremos al final. Para ello, es el mismo Jesús quien nos anima a que no nos dejemos atrapar por la mediocridad, que no nos conformemos con cualquier cosa en nuestra vida cristiana, que vayamos siempre a lo máximo, que no nos reservemos nada, que nos juguemos el todo por el todo en lo que esté de nuestra parte porque en lo que se refiere a la parte de Dios está asegurada.

Leí una vez que un rabino decía: “El exilio verdadero de Israel en Egipto fue que los hebreos aprendieron a soportarlo”. Por desgracia, el drama de adaptación al exilio nos amenaza también a todas las personas cristianas poniendo en peligro nuestro degustar la plenitud. Aceptamos sin reacción la mentira y la corrupción. Vivimos en simbiosis con la resignación. Nos faltan las grandes pasiones. El escepticismo prevalece sobre la esperanza, la apatía sobre el asombro, el inmovilismo sobre el riesgo…

En estos tiempos de crisis, nuestra religiosidad incolora se difumina en gestos vacíos, en actitudes éticas sin entusiasmo, en prácticas rituales que tienen el sabor de las sopas recalentadas en las ollas de Egipto. Más que ser esclavos de la costumbre, hemos contraído la costumbre de la esclavitud. Por eso, la Ascensión nos advierte que no intentemos nunca manipular a Dios, ni siquiera con fines buenos. No pretendamos de Él milagros, allí donde el único milagro que hay que pedir es que salgamos de nuestros desencantos y ensimismamientos y dejemos de mirar al cielo.

La Ascensión nos dice que nuestra historia tiene un sentido. Que los senderos que recorremos no son sendas interrumpidas. Que nuestra existencia personal no es un salto en el vacío. Caemos en Dios… en Él vivimos, nos movemos y existimos. A veces, nos agarramos a Dios porque sentimos que nos falta la tierra bajo los pies, pero no llegamos a abandonarnos. Abandonarse quiere decir dejarse acunar por Él, dejarse llevar por Él… y confiar.

La Ascensión, la plenitud, nos llama a renunciar a los signos de poder pero no a renunciar al poder de los signos. Los signos del siglo XXI son muy parecidos a los signos del siglo I. Antes de la Ascensión, Jesús sufrió la cruz; hoy en cuántas partes de la tierra hay fábricas clandestinas de cruces colectivas que se ponen sobre las espaldas de los pobres. El signo más expresivo del cristianismo no es llevar una cruz sino desclavar de la cruz a la gente. Estamos convocadas a servir con coraje y con fuerza para desclavar de la cruz a todas las personas que pasan a nuestro lado.

La Ascensión nos provoca una profunda solidaridad con la humanidad. Nos impulsa al compromiso en nuestra historia, a asumir proyectos históricos precisos, en los que se requiera empeño, esfuerzo, inteligencia. Nos llama a la denuncia sin rubor de todos aquellos aspirantes al papel de Dios, a denunciar a cara descubierta a todos los déspotas que pisan a las personas humildes y pobres. La Ascensión nos empuja a compartir la suerte de los últimos y a alinearnos con ellos.

Y los dos hombres de blanco nos vuelven a decir: Volverá. Qué significa hoy para nosotras y nosotros esa promesa. Significa que no hay cruz que no tenga su desprendimiento; no hay amargura humana que no se convierta en sonrisa; no hay pecado que no encuentre redención; no hay sepulcro cuya piedra no esté provisionalmente a la entrada; no hay luto, aún los más rigurosos, que no se cambien en vestidos de alegría… que no hay vida que no esté llamada a la plenitud.

Volverá significa que nos dejemos invadir por la esperanza de la resurrección. Que sostengamos el peso cotidiano de la vida y las cruces de la existencia, con la certeza de que el Señor mismo es nuestro Cirineo. Que afrontemos los desencuentros, el dolor y hasta la muerte, sabiendo que vendrán días en que “no habrá luto ni llanto, y todas las lágrimas serán enjugadas de nuestros rostros…”. Volverá significa que todo esto que disfrutaremos al final en plenitud ya lo podemos anticipar aquí y ahora.

Mis amigos venidos de lejos

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax.Valencia

Es enormemente gratificante para mí, maestra durante 44 años en los cuales he hecho de todo lo que se puede hacer en una escuela, llegar al final de lo que considero la gran etapa profesional de mi vida para encontrarme con otro tipo de aulas y de alumnos.

¿Dónde mejor que en un ambiente que “huele” a tiza puede una persona apasionada de la educación y de la enseñanza encontrarse en su ambiente y en su lugar al llegar a la siguiente etapa, la del júbilo, la de la jubilación?

Pues esa ha sido mi gran suerte, mejor dicho el don con el que me he encontrado al poder seguir enseñando y aprendiendo… Nuevas personas, ahora adultos, nuevas culturas, nuevos intercambios en los que el profesor siente desde el primer día la calidez que quizá al principio no se pueda expresar con palabras pero sí con miradas, con actitudes, con respeto.

Estoy hablando de mis alumnos, inmigrantes en España, en Valencia, que han supuesto y suponen para mí esa riqueza que sólo el ser humano en su humanidad puede ofrecer, acoger, compartir.

Trabajo como voluntaria en CEIMIGRA un centro que ofrece formación de diversos tipos y materias, entre la que se encuentra el aprendizaje de nuestra lengua. Allí, a lo largo de estos últimos cuatro años, he conocido el esfuerzo, el buen ánimo, la inquietud de tantos que se han acercado a nuestro país buscando una vida más sonriente, acogedora y segura.

¿Qué encontraron, qué siguen encontrando? Quisiera creer que una sociedad, las más de las veces, que en principio pudo llenar de expectativas e ilusiones vidas forjadas en dureza y dificultad pero repletas de sueños y “ambiciones” de progreso y bienestar… Continúo preguntándome, ¿ ahora qué?

Dicen que somos un pueblo acogedor y yo puedo sentirlo cuando las circunstancias que dibujan el devenir de los días y las horas son amables y esperanzadas; hoy, el panorama es muy diferente. ¿Somos o no somos  acogedores? ¿pueden sentirse bien a nuestro lado sin sentir el “tufo” de la rivalidad o de la desconfianza?

De todos modos, mis jóvenes y no tan jóvenes amigos venidos del sur, del norte, del este, del oeste y de más allá, me suponen una especial motivación que cubre mis deseos siempre insatisfechos de más y de mejor. La persona en sí, con el bagaje cultural de su raza, de su país, de sus costumbres, de sus necesidades, de su familia; con sus sueños y esperanzas, es  promesa siempre.

Qué hermoso sentir que la integridad, la sencillez, la inteligencia, el amor, el espíritu de superación, el coraje, son equipaje que porta el valor en sí mismo, que ni se compra ni se vende.

Gracias, mis amigos; por encima de las que pueden ser diferencias de color, de lengua, de credo, sé que podemos compartir la grandeza de ser persona; en este momento, aquí. Quizá, allá, en otro.

Permaneced en mi amor

Por: Dina Martínez. Vita et Pax. Madrid

6º Domingo de Pascua, Ciclo B

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.” Así comienza el Evangelio del domingo VI de Pascua y todo lo que sigue en el texto de Juan 15,9-17 es un relato de AMOR de Jesús a sus discípulos y a través de ellos, a toda la humanidad. Porque no lo olvidemos, Jesús no vino a este mundo para realizar actos extraordinarios y darnos consejos maravillosos que nos permitan recordar que fue un hombre fuera de serie. No, Jesucristo se encarnó en nuestra humanidad para que, por medio de El, se hiciese presente en nuestro mundo el amor que El vivió junto al Padre. Para eso es necesario acoger su presencia salvadora y así  permitir que su mismo  amor nos habite, crezca en nosotros y se expanda a los que nos rodean.

¡Qué consolador resulta escuchar estas palabras y más cuando constatamos que siguen operando en nuestro mundo, pues gracias a El podemos percibir la presencia Pascual del Resucitado! Sí, muchos hombres y mujeres, a través de los tiempos, han acogido y han hecho vida, en su vida, el amor profundo que nos llega de Jesús y lo van derramando en el quehacer cotidiano. ¿Cómo sería posible si no superar tantos conflictos personales y sociales, tantas guerras, injusticias, desastres naturales, sin sentir que alguien nos ama? Si contemplamos el camino recorrido, en nuestra corta o larga vida, seguro que encontramos muchas personas que nos han amado y gracias a ellas hemos crecido y hemos llegado a ser lo que somos. Vamos a recorrer las calles de nuestro pueblo o de nuestra ciudad y a entrar en los hogares para descubrir como este mensaje de Jesús tan atrevido y exigente, sigue presente entre nosotros.

Nos acercamos a las personas en paro que sobreviven gracias a la generosidad de su familia, sus amigos y de tantos anónimos que sienten el deseo de compartir lo que tienen y lo que son para que la vida sea posible en estos momentos difíciles de crisis. ¿No son estos hombres y mujeres los que “guardan el mandamiento de Jesús y permanecen en su Amor”?.

Hay colectivos en nuestra sociedad que no son bien vistos en general y que su presencia produce en mucha gente: rechazo, desconfianza e incluso miedo. Pienso en los drogodependientes y los emigrantes tal vez porque son dos grupos con los que tengo más relación. Estas personas pueden convertirse en hostiles o incluso peligrosas como respuesta al rechazo que sienten hacia ellos. Pero sufren una transformación espectacular cuando alguien les manifiesta, con palabras y sobre todo con obras, su amistad, su confianza, su respeto.

La palabra de Jesús nos cambia: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos sino amigos…, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Ser amigos de Jesús nos pone en sintonía con sus mandatos, que vienen de Dios Padre, es por eso que no podemos dejar de mirar a los que El mira. Actualmente en España hay unos cinco millones de emigrantes, de los cuales más de 500.000 viven en una situación irregular, lo que hace que su vida sea muy difícil. Y es maravilloso descubrir cuánta gente hay implicada en el mundo de la emigración, especialmente jóvenes voluntarios que son sensibles al sufrimiento de estas personas que se han visto obligadas a dejar sus países para ganarse la vida como lo hacíamos los españoles en la década de los 60 y 70 del siglo pasado; y que nosotros hoy les cerramos todas las puertas, si su presencia no nos proporciona ningún beneficio. Estas gentes que se implican y se complican la vida por defender los derechos de sus semejantes, están haciendo realidad el mensaje de Jesús, aún sin ser conscientes de ello, porque lo que les empuja no es cumplir un mandamiento, sino el impulso del amor que los habita: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure”.

Nos paramos y entramos en la vida familiar donde el Amor hace maravillas y cuando este falta se pueden vivir las tragedias más desgarradoras como de vez en cuando escuchamos en los medios de comunicación. Los padres y especialmente las madres, de todo el mundo, encarnan maravillosamente esa frase del Evangelio: “Nadie tiene amor mayor que el que da la vida por sus amigos…”. Que fácil nos resulta creer estas palabras cuando sentimos que somos el fruto del amor y cuanto agradecemos a Dios que nos haya hecho así. Y que doloroso es ver familias en las que no hay espacio para el amor, tal vez porque no lo han sabido acoger o no lo han sabido cuidar.

No me resisto a ampliar la mirada y  contemplar a tantos hombres y mujeres que han entregado su vida y sus bienes a la defensa de los Derechos Humanos, a ayudar a los más necesitados, a defender la justicia y la verdad. “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado” ¿Cómo sería hoy nuestro mundo sin esa semilla que se siembra, se trabaja y se cosecha cada día en todos los rincones de nuestro planeta?

Si fuéramos conscientes de lo que nos aporta el amor, nadie renunciaríamos a él ni le cerraríamos la puerta de nuestra vida. Acoger el amor y permanecer en El, no es renunciar a nosotros mismos, no es perder nuestra vida, sino al contrario. Solo el amor que viene de Dios  sacia ese deseo profundo de vida y de plenitud que hay en lo profundo del ser humano. Y como Jesús nos dice: “De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé”, ésta es mi petición en este VI domingo de Pascua: Señor, enséñame a descubrir tu Amor presente en la vida cotidiana, que sepa acogerlo, cuidarlo, disfrutarlo y a ofrecerlo a  todos los que se crucen en mi camino. 

Cornelio Urtasun: compañero y amigo de Jesucristo resucitado

Por: Pedro Sandi. Miembro del Instituto Secular: Asociación de Sacerdotes del Prado. Diócesis de Santander

1. Miprimer encuentro con D. Cornelio fue, sobre todo, a través de los primeros miembros del Instituto que él envió a nuestro seminario de Corbán, como respuesta a D. Vicente Puchol, nuestro obispo. Eran los años 1966 al 1969. Posteriormente, y más en directo, en las convivencias anuales de Vita et Pax en Corbán, en El Escorial…

Al pensar en ellas y en D. Cornelio, años después, me di cuenta de que no sólo compartían con D. Cornelio, la vivencia de un amor apasionado a Jesucristo, sino que el Señor irradiaba su perfume a través de su testimonio evangélico.

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