Manos que ayudan, manos que se dejan ayudar

Por: Juan Pablo Ferrer.Vicario de Evangelización.Párrco in sólidum de Albarracín (Teruel)

Domingo 13 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Recuerdo la primera vez que mi padre entró en quirófano. En los días siguientes, recuperándose en el hospital, no paraba de decir a los que venían a verle lo mal que se había sentido en los primeros momentos tras la operación y cuanto alivio le supuso el contacto de la mano tendida y apretada de su esposa, de mi madre, en su propia mano. El relato entrecruzado del contacto de Jesús con la mujer enferma y con la niña muerta me evoca esa experiencia de mi padre contada muchas veces en aquellos días y que ha motivado que yo mismo haya tendido la mano, así como hacía mi madre, en situaciones parecidas de enfermedad, angustia, fracaso, miedo, muerte… vividas por personas que Dios ha puesto en el camino de mi vida: Jairo insiste a Jesús que le ponga sus manos a su hija que está en las últimas… La mujer enferma de hemorragias quiere tocar a Jesús, aunque sea su manto solo… Jesús coge de la mano a la hija de Jairo para levantarla de su “dormición”…

Estas duras realidades nos hacen experimentar la precariedad y la limitación de la vida, la nuestra y la de las personas que amamos. Ante la enfermedad de aquella mujer y ante la misma muerte de la niña –no tan niña: era ya una adolescente y más todavía en aquella época- vemos dos actitudes que afloran en estos dos acontecimientos entrecruzados que hacen que estos sean muy actuales: por una parte, esconder u ocultar la enfermedad, el fracaso y la muerte; por otra, la burla, el sarcasmo… del escepticismo de hoy y de siempre ante quienes siguen apostando por creer en la vida y por esperar a pesar de todos los pesares, como Jesús.

La mujer enferma sabe que no puede acercarse a Jesús y menos aún tocarle. La Ley y su interpretación más puritana se lo prohíbe (ver Levítico 15, 19-31), porque es considerada impura ante Dios y hace impuros a quienes toca: como diríamos hoy, es un tabú. La mujer trata de ocultarse ante el gentío, porque sabe que podrían denunciarla y marginarla aún más, si se enteran de que, estando impura, ha permanecido entre ellos. Sin embargo, a estas alturas de la relación con Jesús, tanto ella, impura por su enfermedad, como Jairo, sabedor de la mala fama de Jesús entre sus colegas de oficio, se presentan públicamente ante Él con actitud de fe en Él, suplicándole de un modo u otro que “toque” a los que eran considerados impuros ante Dios. Jesús ya llevaba tiempo escandalizando por “tocar y dejarse tocar” por los impuros ante Dios. Él, el Dios de los “alejados de Dios”, ya no podía entrar en las aldeas, porque la exclusión religiosa comportaba marginación social en aquella sociedad teocrática. Allí lo religioso era ley social. Allí la exclusión social podía incluso justificarse en nombre de Dios, haciendo a Dios cómplice de la marginalidad. Para Jesús esto era insoportable: el nombre de su Padre estaba siendo “maltratado” por aquellos que decían defenderlo. Esto para Él era la peor de las blasfemias, -para Él que será condenado por blasfemo-.

Hoy, en una sociedad secularizada, las cosas son diferentes, pero curiosamente la enfermedad, la ancianidad, la frustración y la muerte son también tabúes que se ocultan y se esconden, ¡especialmente a los niños! Son asuntos de los que apenas se hablan ni se afrontan, pero ahí están… como queriendo amenazar a la sociedad del bienestar. Así también se margina al mismo Dios, cuyo nombre también hoy es tabú, del que no se habla ni menciona nunca, ni siquiera en el ámbito más íntimo que es el de la familia. Como todo tabú, el hecho de no querer afrontar estos asuntos crea situaciones de angustia que recrudecen la incidencia del sufrimiento y de la frustración en nosotros. De ahí nace la especial vulnerabilidad de los hombres y mujeres de hoy ante las experiencias de crisis, que hacen sentirnos tan limitados en nuestras pretensiones vitales. La actitud de afrontar sencillamente estas experiencias ante Jesús pidiendo su contacto y su mano es lo que Él llama la fe. Es la fe en Él la que nos levanta de la frustración.

Otra actitud que tiene plena actualidad es la de los que se reían de Jesús, después de decir que la muchacha no estaba muerta, sino dormida. Es la reacción del escepticismo que usa la humillación de la burla y del sarcasmo para no dejar nacer la esperanza. El buen humor siempre hace relativizar el poder y la fuerza que tienen en nosotros las experiencias de frustración, de limitación, de sufrimiento… pero el mal humor ciega toda posibilidad de levantarse y de superarse. Aún peor, pretende reafirmar la inutilidad de todo empeño. Por eso, Jesús, ante todo, reafirma la sensatez de la esperanza de Jairo: «No temas; basta que tengas fe.» (Marcos 5, 36). Y después echa fuera de la casa a los que se reían de que Jesús llamara dormida a la que ellos dejaban para siempre en la muerte. Para ellos no cabe otra posibilidad que la muerte. No creerán en Él, aunque vean resucitar a un muerto (ver Lucas 16, 19ss). Una más de las mil razones para que exija Jesús que quede en secreto su acción mesiánica. Él levanta de la postración de su muerte a la que ya no es una niña, urgiendo que le dieran de comer, como pedirá días más tarde a sus discípulos que den de comer a una multitud hambrienta, hambrienta sobre todo de sus palabras, en el relato de la multiplicación de los panes.

Tender la mano es un gesto impresionante: tanto para el que la ofrece, como el que se atreve a acogerla. ¿No te atreverás a acoger la mano que hoy te ofrece el Resucitado a través de tus hermanos de la vida cotidiana o a través de la liturgia de este domingo?

La fuente de las mujeres: un cuento para soñar

J. L. CELADA | La llamada “primavera árabe” no solo ha confirmado la evidencia de que ciertos pueblos anhelaban un cambio, sino de que ellos podían (y debían) ser los grandes protagonistas del mismo. Un empeño que se está cobrando demasiadas vidas, aunque deja un mensaje esperanzador: las únicas revoluciones con futuro nacen en lo más profundo del individuo, allí donde se forjan los héroes (y los mártires) que guían a toda una comunidad hacia la conquista de sus derechos y libertades.

Que las mujeres, marginadas y silenciadas durante siglos en la mayoría de sociedades islámicas, contribuyan decisivamente hoy a esas reformas es apenas un deseo. Que lideren alguna de ellas, casi un sueño. Pero pocos medios hay tan poderosos como el cine para echar a volar la imaginación y hacer que se cumpla, al menos por un rato. Y eso ha pretendido Radu Mihaileanu en La fuente de las mujeres, una fábula contemporánea sobre la fuerza transformadora de “lo infinitamente pequeño”.

Sus anteriores trabajos (Vete y vive o El concierto) ya nos anunciaban que el realizador rumano cree en esos milagros que transforman nuestro mundo en un lugar más habitable para la familia humana. Un discurso que tiene en la ingenuidad su mejor baza (la frescura), pero también su mayor escollo (la escasa verosimilitud).

Bien es cierto que esta nueva producción deja muy claro desde el principio que no se trata de una historia verdadera, sino de un “cuento”. Y como tal se desarrolla, a través de personajes perfectamente reconocibles (e identificables, salvando las distancias culturales y religiosas) y de bellas perlas de la sabiduría popular (moralejas, en terminología del género) que no conocen fronteras.

Los hechos se sitúan en una pequeña aldea entre el norte de África y Oriente Medio, anclada en tradiciones tan anacrónicas y humillantes como pensar que las niñas son más útiles ayudando a sus madres que yendo a la escuela, o que son las mujeres las encargadas de ir a buscar el agua a una fuente que nace en lo alto de la montaña y que da título a esta cinta.

¿En qué andan los hombres mientras tanto? Ahogan sus lamentos por la sequía y la falta de trabajo en una taza de té. Hasta que una joven esposa propone a sus vecinas una “huelga de amor” que rescate sus vidas del barro de la indefensión, el “castigo educativo” y los corazones yermos de sus parejas.

Habrá entonces tensiones, enfrentamientos, lágrimas…, situaciones a las que, como obligado contrapunto, saldrá al paso ese otro islam ilustrado: el de las “causas justas”, con voz femenina y abierto a interpretaciones de una realidad tan sensible a la diferencia y rica en matices como esta película. Porque “dondequiera que mane una fuente y se seque el amor”, ahí estará la cámara de Mihaileanu para contarlo (y cantarlo). Ahora solo cabe esperar que su semilla caiga en tierra fértil.

[La reseña está cedida por la Revista Vida Nueva]

‘El Havre’. ¡milagrosa bondad!

J. L. CELADA | Los desahucios se suceden a un ritmo solo comparable al que años atrás se concedían las hipotecas, la hospitalidad sigue cotizando a la baja, la incertidumbre alimenta los temores frente a los recién llegados de países lejanos, la sospecha se torna acusación… Con un panorama tan poco alentador, llama la atención que todavía haya gente dispuesta a soñar otro tipo de relaciones (económicas y personales), esas que nacen de la compasión y la bondad puestas al servicio de los semejantes sin atender a razas, lenguas o religiones. Tampoco a modas, porque la solidaridad es un compromiso, no un pasatiempo.

Comprometido con este arte se ha mostrado también desde hace casi tres décadas Aki Kaurismäki, un cineasta que sabe como pocos humanizar la realidad, por muy hostil y descorazonadora que resulte, y convertir cada nuevo proyecto en algo más que un mero vehículo de entretenimiento.

Su último trabajo no es una excepción, ni siquiera por lo que respecta a su habitual nómina de perdedores y héroes anónimos, si bien aquí gozan de una inédita y cálida tregua que culmina con la esperanzadora estampa de un cerezo en flor.

Hasta avistar ese poético horizonte, sin embargo, el realizador finlandés nos invita a recorrer con sus personajes el camino hacia la felicidad y a sortear con ellos los obstáculos que les salen al paso. Esta particular cruzada en busca de un milagro que reconduzca su inequívoco destino transcurre en Le Havre, ciudad portuaria del noroeste francés que da título a la cinta.

Allí, a orillas del Canal de la Mancha, reúne a un puñado de seres que se mueven en la frontera de la precariedad (laboral, legal…), pero que encuentran en la fraternidad y el auxilio vecinal un hogar donde ponerse a salvo de las duras embestidas del sistema.

Tan lúcido como siempre, Kaurismäki deja todo el peso de la historia en manos de un viejo bohemio metido a limpiabotas, cuya rutina se ve súbitamente alterada tras el encuentro con un joven emigrante africano. Armado de valor y de una determinación a prueba de policías curiosos, este samaritano de nuestros días carga sobre sus espaldas el drama del forastero que huye y le proporciona un refugio en el que recobrar fuerzas y sanar heridas. Una generosa entrega que verá luego recompensada de un modo insólito, más propio también de un relato bíblico que de una narración cinematográfica al uso.

Y es que, en El Havre, casi nada es corriente. Mucho menos la discreción y ternura con que el director acerca su cámara a esa comunidad de desheredados, mientras nos descubre la grandeza moral de cuantos, pese a sus miserias materiales, comparten lo que tienen y lo que son en un último intento por salvar a este mundo enfermo de las garras de una muerte segura.

¿Una fábula con moraleja?, ¿un cuento cargado de ironía?, ¿la eterna utopía? Simplemente, una película contracultural e imprescindible para seguir creyendo en el futuro… sin dejar de conmovernos con el presente.

[La reseña está cedida por la Revista Vida Nueva]

Profesor Lazhar: una clase magistral

J. L. CELADA | De Argel la blanca a la verde Montreal (eso sí, cubierta de nieve), Bachir Lazhar emprende un viaje sin papeles al exilio dispuesto a pedir asilo en Canadá, antaño tierra de promisión para tanta gente que huía de dictaduras y amenazas varias.

El doloroso secreto que guarda consigo le ha empujado hasta allí, y ahora se postula como sustituto de una profesora fallecida en trágicas circunstancias. Convertido ya en el Profesor Lazhar del título, iremos descubriendo todo ese misterio que envuelve su vida anterior y los pormenores del desafío pedagógico que tiene ante sí.

Inmigración y educación constituyen, pues, los dos pilares sobre los que se asienta este instructivo trabajo de Philippe Falardeau, una historia que va dejando por el camino valiosas enseñanzas acerca de cómo acompañar a los más pequeños en su elaboración del duelo tras una experiencia traumática.

También lúcidos apuntes en torno a la integración –escolar y social– o la violencia –psicológica y política–, amén de oportunas reflexiones al hilo de la tolerancia y la justicia en un mundo donde parece que todo vale.

El director canadiense transforma las aulas y el patio de un colegio en sucursal y metáfora del conjunto de la sociedad, con sus contrastes, contradicciones y carencias: las que comparten las familias y el equipo docente, y las que arrastra cada individuo con independencia de roles o edades. Y erige a su protagonista (Mohamed Fellag) en juez y parte, maestro y discípulo, de una realidad que impone sus leyes, pero a la que niños y adultos desean abrirse como crisálidas a punto de emprender su primer vuelo.

Aunque con gramáticas diferentes –no solo por lo que respecta a la sintaxis–, nuestro Profesor Lazhar y sus alumnos aprenden juntos a pasar página a base de esa complicidad que se establece entre quienes sufren en silencio las heridas abiertas de un mal recuerdo. Poco importa que sea pasado o reciente; lo único que cuenta es lo mucho que uno y otros amaron a sus muertos. Una capacidad que todos ellos irán alimentando en clase.

[La reseña está cedida por la Revista Vida Nueva]

Transformador de conciencias

Por: Mª del Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

Natividad de san Juan Bautista, Ciclo B

La vida de Juan Bautista fue “original” desde el principio. Su concepción había sido toda una sorpresa, no era para menos, un matrimonio anciano que, sin duda, había anhelado siempre tener un hijo. Su nacimiento estuvo rodeado por un halo de misterio, su padre, en el templo, ejerciendo el servicio sacerdotal, un día se quedó mudo. En la ceremonia de su circuncisión, surge una breve disputa sobre el nombre que se ha de imponer al niño. Las gentes pretenden que se llame Zacarías, como su padre. Pero éste parece haber tenido tiempo y silencio suficientes para meditar los proyectos de Dios. Zacarías escribe en una tablilla: “Juan es su nombre”. Y en ese momento se desata su lengua dormida.

Una última pincelada añade todavía el evangelista, Juan se aleja de toda tierra habitada y se adentra en el desierto. Su comportamiento allí es el de un hombre arrebatado por el Espíritu. No se apoya en ningún maestro. No cita explícitamente las Escrituras sagradas. No invoca autoridad alguna para legitimar su actuación. Abandona la tierra sagrada de Israel y marcha al desierto a gritar su mensaje. Es cierto que el desierto no es siempre un lugar arisco y desolado, es más bien una opción y un estilo de vida. Como a todos los judíos, el desierto le evoca el lugar en el que ha nacido el pueblo y al que hay que volver en épocas de crisis para comenzar de nuevo la historia rota por la infidelidad a Dios. No llegan hasta allí las órdenes de Roma ni el bullicio del templo; no se oyen los discursos de los maestros de la ley. En cambio se puede escuchar a Dios en el silencio y la soledad.

También Jesús marchó al desierto. Cuando se encuentra con el Bautista inmediatamente queda seducido por este profeta del desierto. No había visto nada igual. A nadie admiró Jesús tanto como a Juan el Bautista. De nadie habló en términos parecidos. Para Jesús no es sólo un profeta. Es “más que un profeta” (Lc 7,26). Es incluso “el mayor entre los nacidos de mujer” (Lc 7,28). ¿Qué pudo seducir tanto a Jesús? ¿Qué encontró en la persona de Juan y en su mensaje?

Juan es un buen conocer de la crisis profunda en que se encuentra el pueblo. El pueblo entero está contaminado; todo Israel ha de confesar su pecado y convertirse radicalmente a Dios, si no quiere perderse sin remedio. El mismo templo está corrompido, ya no es un lugar santo, son inútiles los sacrificios de expiación que allí se celebran. La maldad alcanza incluso a la tierra en que vive Israel; también ella necesita ser purificada y habitada por un pueblo renovado; hay que marchar al desierto. Nadie ha de hacerse ilusiones. No se puede recurrir a la historia pasada con Dios. El pueblo necesita una purificación total para restablecer la Alianza. El “bautismo” que ofrece Juan es precisamente el nuevo rito de conversión y perdón radical que necesita Israel: el comienzo de una elección y de una alianza nueva para este pueblo fracasado.

Jesús queda seducido e impactado por esta visión grandiosa. Este hombre pone a Dios en el centro y en el horizonte de toda búsqueda de salvación. El templo, los sacrificios, las interpretaciones de la Ley, la pertenencia misma al pueblo escogido… todo queda relativizado. Sólo una cosa es decisiva y urgente: convertirse a Dios y acoger su perdón. Entonces, como ahora, abundaban los que ni siquiera veían la necesidad de convertirse. Se escudaban en sus genealogías. Alegaban ser descendientes de Abraham (Lc 3,8). Como si la salvación fuese un objeto precioso que se recibiese por herencia. Pero la salvación no está vinculada al país en el que se ha nacido, al grupo étnico al que se pertenece, al colegio que se ha frecuentado, a la ropa que se viste, a los libros que se lee…

La conversión venía por la escucha de la palabra del profeta, por el rito que la significaba -el bautismo- y por el cambio de vida que la ratificaba. El que antes robaba había de  renunciar a sus rapiñas, los que extorsionaban a las gentes habían de vivir en la honradez y la justicia. Y todos habían de aprender a compartir sus bienes con los necesitados. Así gritaba Juan: “El que tenga dos túnicas que le dé una al que no tiene, el que tenga para comer que haga lo mismo” (Lc 3,11).

En el discurso de Juan se anticipan las exigencias de Jesús. Juan no trataba de cambiar el sistema. Al menos, a corto plazo. Pero trataba al menos de cambiar las conciencias. Seguramente este cambio habría que desembocar en el otro. ¡Cómo necesitamos hoy personas como Juan Bautista! Personas que, desde sus opciones de vida, nos ayuden a transformar las conciencias.

Ser Vida y Paz para los demás: un camino a recorrer

VIII Encuentro Vida y Paz. Barcelona

El día 11 de Junio tuvimos el último encuentro de  este curso 2011/12.

Comenzamos, como siempre, con un tiempo prolongado de oración-reflexión: oración centrada, de manera especial,  en los Dones que cada una ha recibido del Espíritu Santo, puestos siempre al servicio de los demás como nos indica San Pablo en 1ª Co. 12, 4-11.

Luego de esta reflexión pasamos a evaluar lo que han supuesto en lo personal y colectivo estos encuentros. Se valoró de forma muy positiva, tanto el reencuentro mensual como el compartir la fe y la vida; crear lazos de amistad, confianza e ilusión y deseos de aprender y profundizar en el conocimiento de Jesucristo.

Como venimos haciendo desde el principio, en la segunda parte compartimos la cena, donde se prolongan las buenas relaciones y la vida.

Nos despedimos hasta el próximo curso que comenzará en Octubre, deseándonos un buen verano y con el compromiso de ser Vida y Paz allí donde nos encontremos.

 

Corazón bueno del buen Jesús

Por: Celsa Vásquez. Vita et Pax. Guatemala.

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

El corazón ha simbolizado para la gran mayoría de las culturas el centro de la persona, donde alcanza su unidad y se fusiona la múltiple complejidad de sus facultades, dimensiones, niveles, estratos: lo espiritual y  lo material, lo afectivo y lo racional, lo instintivo y lo intelectual. Una persona con corazón es la que no esta dominada por el sentimentalismo sino la que ha logrado una unidad y una coherencia, un equilibrio de madurez que le permite ser objetiva y cordial, lúcida y apasionada, instintiva y racional; la que nunca es fría, nunca ciega sino siempre realista.

El corazón es el símbolo de la profundidad y de la hondura. Sólo quien ha llegado a una armonía consciente con el fondo de su ser, consigue alcanzar la unificación y la madurez personal. 

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros y nosotras, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.  Jesús, el hombre para los demás, tiene corazón porque toda su vida es como un fruto logrado y abundante, un fruto suculento de sabiduría y santidad.

El profeta Oseas muestra la imagen del amor paternal en la actitud de Dios hacia su pueblo.  El amor infinito es el secreto de su camino con sentido: en el nacer, en el crecer, en el madurar. Con todo ese andar, el pueblo de Dios es siempre niño. Y Dios no es para él, alguien que le tiene mala voluntad, sino un padre que cuida y educa desde dentro.  El profeta habla del corazón de Dios como el lugar de las decisiones últimas y decisivas de Dios.  El corazón de Dios es misericordia y vida.

Jesús, en su entrega total a la humanidad, lo dio todo.

La sangre que sale del costado de Jesús figura su muerte, que él acepta para salvar a la humanidad. Es la expresión de su gloria, su amor hasta el extremo.  El del pastor que se entrega por las ovejas.  El del amigo que da la vida por sus amigos.  Esta prueba máxima de amor, que no se detiene ante la muerte, es objeto de contemplación para la comunidad cristiana.

La realidad de Dios, irrumpe en nuestra experiencia a través del corazón de Cristo, que nos da la medida de lo ancho, lo profundo, lo largo y lo alto que es el  misterio divino. Viviendo el amor, el sacrificio de la entrega personal podemos descubrir y hacer descubrir las dimensiones absolutas, ilimitadas de nuestra existencia.

En la vida de Jesucristo se transparenta el amor del Padre: “Quien me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14, 9): “Él, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino…” (“Dei Verbum”, 4).

Toda su existencia terrena remite al misterio de un Dios que es Amor, comunión de Amor, Trinidad de Personas unidas por el recíproco amor, que nos invita a entrar en la intimidad de su vida.

La parábola del hijo pródigo resume muy bien su enseñanza acerca de la misericordia de Dios. El Señor, con su actitud de acogida con respecto a los pecadores, da testimonio del Padre, que es “rico en misericordia” y está dispuesto a perdonar siempre al hijo que sabe reconocerse culpable.  Sólo el corazón de Cristo, que conoce las profundidades del amor de su Padre, ha podido revelarnos la inmensidad de su misericordia.

A la vez, es una clara enseñanza acerca de la condición humana.   La persona corre el riesgo de olvidarse del amor de Dios y de optar por una libertad ilusoria. Por el pecado se aleja de la casa del Padre, donde era querido y apreciado, para ir a vivir entre extraños. El mal seduce prometiendo una felicidad a corto plazo.  La persona sigue así un camino que lleva a la esclavitud y a la humillación.
Nuestra época constituye un testimonio claro de este engaño. Vivimos en una cultura que margina lo religioso que, dejando a Dios de lado, prefiere rendir culto a los ídolos falsos del poder, del placer egoísta, del dinero fácil, del individualismo, otros…

Es importante – lo recordaba el Papa – ayudar a descubrir en la propia alma la “nostalgia de Dios”. En el fondo de toda persona resuena una llamada del Amor; una llamada que no debe ser desoída. Quizá el ruido externo no permite captarla y por eso es urgente crear espacios que no ahoguen la dimensión espiritual que todo ser humano posee, en tanto que creado por Dios es llamado a la comunión de vida con Él.

La vida de los cristianos y cristianas debe ser un indicador que apunta hacia Dios, una señal de que por encima de todo está Él.

Etxetxikia de Alicante

Recuerdo de una celebración

Después de la fiesta de la Primera Oblación de Paky en Pamplona nos llega el momento de celebrarlo en Alicante, su tierra natal dónde vive y trabaja ella, su familia, amistades y compañeros de trabajo.

Fue el día 9 de  este mes de junio en la  Etxetxikiadela Calle Dr.Just 10, ático B. Nos reunimos alrededor de las 8 de la tarde  para celebrar la Eucaristía acompañados de su  hermano, sobrinas, amigos y todos los miembros del Centro. En total éramos 23. Nos acompañaron dos sacerdotes amigos: Nacho, responsable de la Pastoral Penitenciaria  y Lucio,  Delegado del apostolado Seglar y Acción Caritativa, los dos de la Diócesisde Orihuela-Alicante.

Paky  leyó una monición de entrada en la que  explicaba la búsqueda, sus inicios el por qué de su sí, y su aterrizaje en el I.S. Vita et Pax.  Todo ello nos entonó, nos ayudó a ambientarnos,  y clarificar lo que supone este paso de la Oblación al Señor.

Las lecturas fueron: 1Sm 3,1-10; Salmo responsorial: Ven y sígueme, Evangelio Lc 5,1-11. Pudimos seguir los  cantos  del esquema del folleto que se preparó para la celebración en Pamplona “Mi Buen Jesús”

Homilía  compartida, preces espontáneas, alrededor de  lo que supone el seguimiento al Señor desde una opción cristiana –vida Consagrada-  y el valor de la familia. Los matrimonios presentes  con los hijos que nos acompañaron, incluidos los sobrinitos de Paky, Mara de 3 años y el pequeñín  de meses traído por los “Reyes  Magos” desde Etiopía. Esta presencia ayudó a llenar de contenido la celebración de por sí importante pero lo enriquecieron con sus juegos, jolgorios, sonrisas, ojos grandes con miradas transparentes.

De una mesa pasamos a la otra compartiendo unas cocas  típicas alicantinas, frutos de la tierra, bebidas y el rico compartir  entre jóvenes,  mayores y niños. Un grupito reducido nos quedamos intercambiando impresiones, se fueron tarde pero fue un sabroso diálogo.

Fue una experiencia “dulce” de las que salen sin pensarlo demasiado, una ocasión para compartir lo que somos y tenemos para darnos más a conocer como Vida y como Paz. Ojala  perdure y pueda repetirse.

Lució el sol en el valle de Aranguren

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Como viene siendo habitual cada año, las anunciadas lluvias para ese día se hicieron también solidarias y cedieron su espacio al sol… ¡¡Qué mañana tan preciosa en este Valle navarro…!!

El 6 de mayo hubo muchos participantes en la Carrera Solidaria: mayores, medianos y pequeños. Para todos hubo premios, pero la mayor satisfacción la recibían en el momento de su inscripción: estaban siendo solidarios con un Proyecto de ayuda para Rwanda que construye pequeñas casitas para los que viven en chozas de barro y refuerza la comida diaria de personas mal nutridas.

En estos tiempos de crisis, que afectan tan duramente a muchas personas, los rostros sonrientes de la gente reunida en la plaza del Ayuntamiento de Mutilva Baja aportaba un tono alegre al ambiente que caldeaba el corazón, cosa muy de agradecer: los participantes y organizadores de la Carrera, las vendedoras y compradoras/es del Mercadillo, los preparadores y vendedoras de los bocatas con sus bebidas y, ¡especialmente!, de quienes los compraban… ¡Qué buena la txistorra, la panceta y la tortilla de patata!

La Fiesta tuvo su preámbulo el sábado por la tarde, en la gran Sala de la Parroquia de San Pedro-Mutilva Baja, con la celebración del Concurso Solidario de Puzzles. Hubo dos modalidades: Senior e Infantil. Muchos participantes, mucha ilusión, muchos premios, muchas fotos… En la Sala se montó una pequeña exposición de Objetos Artesanales realizados en Rwanda y algunas fotografías  que recordaban la finalidad del Concurso y a los beneficiarios de la colaboración económica…

Ese fin de semana clausuraba la Campaña en favor de Rwanda iniciada en enero. Sólo quedaba pendiente la reunión del Grupo para contar lo recaudado y evaluar los resultados. Los 18.000 euros conseguidos son el fruto de muchas horas de dedicación para organizar y realizar las diferentes actividades, de la aportación económica y en especie de empresas, comercios y particulares, de la implicación de los vecinos del Valle ofreciendo objetos y productos para el Mercadillo y comprando boletos para la rifa… Una Campaña Solidaria que aporta una ayuda económica a los beneficiarios de Rwanda y un enriquecimiento al Grupo Solidario del Valle de Aranguren porque el compartir lo que somos y tenemos –implicando a otros muchos en la misma actitud y tarea- nos ayuda a crecer en humanidad y a ser coherentes con nuestra fe cristiana.

Exposicion Artesania 2012

“Vita et Pax”, como responsable de los Proyectos en Rwanda, agradece de corazón el apoyo y estímulo que suponen la ayuda económica, la relación cercana y la amistad que se generan con motivo de estas Campañas.

Fiesta en Etxetxikia, la casa solariega

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Las raíces familiares de Vita et Pax están en Pamplona y Etxetxikia –casa pequeña- es para todas nosotras la Casa solariega, con todo lo que supone de recuerdo por las vivencias personales en los tiempos de formación y por la valoración de los orígenes del Instituto.

El día de Pentecostés -27 de mayo- la Casa solariega, recién arreglada y pintada, vivió una jornada de Fiesta:  Paky Lillo, de Alicante, se incorporaba oficialmente a nuestra familia. Ella quiso formalizar su compromiso en la bonita Capilla de la Casa, que guarda las confidencias de las que por aquí hemos pasado, confidencias hechas oración en el diálogo cercano con nuestro Amigo Jesucristo, el residente permanente.

Todas las de Pamplona y las que vinieron de Alicante y Valencia, de Zaragoza y Barcelona, acompañamos a Paky. La acogimos en la familia con alegría y cariño.  Ella nos transmitió su ilusión y convencimiento por el paso que daba: agradecía a Jesús por haberla elegido para hacerle presente entre sus preferidos -es Trabajadora Social en una Cárcel-, para manifestar su misericordia a los que más la necesitan.  La decisión de Paky estimula el compromiso de las que llevamos muchos años comprometidas en la misma tarea. ¡Gracias, Paky!

Los preparativos y los diferentes aspectos de la celebración nos regalaron el gozo de experimentar los lazos que nos unen como familia institucional, formada por mujeres que compartimos una misma vocación:  vivir de la Vida de Jesucristo, llevar esa Vida a los demás y ser artesanas de paz, de su Paz.  La persona de Jesucristo y la tarea que nos encarga son la razón de nuestras vidas… ¡Y estamos muy contentas por haber sido llamadas!

También vinieron, desde Alicante, dos amigas de Paky. Les agradecimos su presencia. Nos alegró que gustaran los placeres y el ambiente que ofrece el Casco Viejo de Pamplona.  Quedaron invitadas para una estancia más larga entre nosotras. ¡Nos gusta que conozcan los bonitos lugares de nuestra tierra!  Ojalá cumplan el slogan de nuestra publicidad turística:  “Navarra: ir… es volver”

 

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