Pan de vida

Por: José Antonio Pagola

Domingo 18º del Tiempo Ordinario, Ciclo B

¿Por qué seguir interesándonos por Jesús después de veinte siglos? ¿Qué podemos esperar de él? ¿Qué nos puede aportar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿Nos va a resolver acaso los problemas del mundo actual? El evangelio de Juan habla un diálogo de gran interés, que Jesús mantiene con una muchedumbre a orillas del lago Galilea.

 El día anterior han compartido con Jesús una comida sorprendente y gratuita. Han comido pan hasta saciarse. ¿Cómo lo van a dejar marchar? Lo que buscan es que Jesús repita su gesto y los vuelva a alimentar gratis. No piensan en nada más.

Jesús los desconcierta con un planteamiento inesperado: “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el que perdura hasta la vida eterna“. Pero ¿cómo no preocuparnos por el pan de cada día? El pan es indispensable para vivir. Lo necesitamos y debemos trabajar para que nunca le falte a nadie.

Jesús lo sabe. El pan es lo primero. Sin comer no podemos subsistir. Por eso se preocupa tanto de los hambrientos y mendigos que no reciben de los ricos ni las migajas que caen de su mesa. Por eso maldice a los terratenientes insensatos que almacenan el grano sin pensar en los pobres. Por eso enseña a sus seguidores a pedir cada día al Padre pan para todos sus hijos.

Pero Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. No lo hemos de olvidar. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre, no para hartarnos de comida sino “para dar vida al mundo”.

Este Pan, venido de Dios, “perdura hasta la vida eterna”. Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos durante años, pero llega un momento en que no pueden defendernos de la muerte. Es inútil que sigamos comiendo. No nos pueden dar vida más allá de la muerte.

Jesús se presenta como ese Pan de vida eterna. Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Pero, creer en Cristo es alimentar en nosotros una fuerza indestructible, empezar a vivir algo que no terminará con nuestra muerte. Seguir a Jesús es entrar en el misterio de la muerte sostenidos por su fuerza resucitadora.

Al escuchar sus palabras, aquellas gentes de Cafarnaún le gritan desde lo hondo de su corazón: “Señor, danos siempre de ese pan”. Desde nuestra fe vacilante, nosotros no nos atrevemos a pedir algo semejante. Quizás, solo nos preocupa la comida de cada día. Y, a veces, solo la nuestra.

Simone Weil. La fuerza y la debilidad del amor

Autora: María Clara Lucchetti Bingemer

Editorial: Verbo Divino, 2009

Este libro se propone narrar algo de la rica y corta vida de Simone Weil, así como exponer buena parte de su pensamiento sobre la cuestión de la violencia. Desde el principio queremos dejar claro que en Simone Weil la experiencia vital nunca deja de formar parte del pensamiento y la práctica.

Tras hacer una breve biografía de Simone Weil  y recorrer sus opiniones sobre la guerra y la paz, sobre la violencia y la religión, este libro la pone en diálogo con otros testigos y pensadores de su tiempo: con mujeres que, como ella, sufrieron el horror del nazismo que se abatió sobre su pueblo y su raza; con filósofos y pensadores que, como ella, consideraron el problema de la violencia fundamental para la humanidad y le consagraron gran parte de sus reflexiones.

Vino un hombre de Bal-Salisá

Por: Mª del Carmen Martín. Vita et Pax . Ciudad Real

 Domingo 17º del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Las lecturas de hoy inician con la frase “En aquellos días, vino un hombre de Bal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias…” y en estos días nos hemos acostumbrado a comprar el pan en los supermercados olvidándonos de lo que representa. El pan tiene un mensaje humano que es preciso descifrar, llega a nosotras gracias a muchas personas de Bal-Salisá, es decir, gracias a la suma de numerosas relaciones interpersonales. Todo su largo proceso de gestación se hace pensando en el ser humano: en su vida, la salud, el bienestar, saciar el hambre…

No hay cosa más preñada de humanidad que el pan. Se trata del pan humilde y grande que nos alimenta, repara nuestras fuerzas y comemos juntos y juntas para celebrar nuestro cariño y amistad. Es el primer don del ser humano al hambre de otro ser humano. Es la primera respuesta a la primera necesidad: comer para vivir. Es la primera expresión de solidaridad. Es la primera ofrenda del ser humano a Dios en agradecimiento por sus dones.

El pan es fruto del trabajo y del esfuerzo humano; está hecho gracias a la paciencia impresionante de los campesinos que deben producir el trigo con su ardua fatiga y una meteorología impredecible; el pan hecho con el trigo transportado hasta convertirlo en harina que deberá ser cuidadosamente fabricada con la técnica de obreros anónimos; el pan amasado por panaderas y panaderos que trabajan de noche, al calor de sus hornos para producir el rico pan de la mañana; el pan que se compra, la mayoría de las veces, con prisa, en la tienda de la esquina; el pan que comeremos a la mesa… El pan supone agricultura, economía, comunicaciones, distribución, política, técnica, ciencia y desarrollo.

El pan es síntesis de historia porque es el fruto del trabajo organizado y el esfuerzo combinado del individuo y de la comunidad. Es signo de nuestra dependencia social y comunitaria. En el pan es el ser humano el que está en juego, es signo de justicia, de paz, de bienestar, de compañerismo y de solidaridad. El pan es también la expresión de una comunión humana para la abolición del hambre y la miseria como manifestación de todas las injusticias que no permiten que el ser humano se alimente para humanizarse y realizar su dignidad. Sin el pan se da el hambre y en el hambre el ser humano se marchita, se amarga, se enferma, se violenta y se muere. El hambre es también la expresión de un sistema sociopolítico criminal que roba el pan de cada día.

En el evangelio de Juan se nos dice que había mucha gente y que entre la gente sólo se encuentran cinco panes y dos peces. Para Jesús es suficiente: si compartimos lo poco que tenemos, se puede saciar el hambre de todos; incluso pueden “sobrar” doce cestos de pan. Esta es su alternativa: una sociedad más humana, capaz de compartir su pan con los hambrientos, tendrá recursos suficientes para todos.

En un mundo donde mueren de hambre millones de personas, los cristianos sólo podemos vivir avergonzados. Pensamos que amamos al prójimo simplemente porque no le hacemos nada especialmente malo, aunque luego vivamos con un horizonte indiferente y egoísta, despreocupados de todos, movidos únicamente por nuestros propios intereses.

El relato evangélico nos recuerda que no podemos comer tranquilos nuestro pan y nuestro pescado mientras junto a nosotros haya hombres y mujeres amenazados de hambre. No lo hemos de olvidar. Si vivimos de espaldas a los hambrientos del mundo, perdemos nuestra identidad humana y cristiana. Jesús, a través de su cuerpo convertido en pan, nos invita a dejarnos afectar más y más por el sufrimiento de quienes no saben lo que es vivir con paz y dignidad.

Para que el Evangelio pueda llegar a ser una “feliz noticia” en la tierra, en donde todavía no hay suficiente pan para todos y los seres humanos mueren de hambre, los cristianos debemos  renovar y responsabilizarnos del sentido de nuestras Eucaristías que nos lleven a dar una respuesta a la más fundamental esperanza y necesidad de la humanidad: que haya pan para vivir, que haya pan para todas y todos. La llamada de hoy es a convertirnos en hombres y mujeres de Bal-Salisá que aportan su pan.

Vio Jesús un gran gentío y sintió compasión de ellos

Por: Rosa María González. Vita et Pax. Tafalla (Navarra).

Domingo 16º del Tiempo Ordinario, Ciclo B

La semana anterior contemplábamos a Jesús iniciando a los doce y enviándoles a la misión de dos en dos. Hoy son los apóstoles los que vuelven a reunirse con Jesús para contarle “todo lo que habían hecho y enseñado”. Impresiona la pedagogía de Jesús: Su experiencia de comunicación con el Padre, de sentirse enviado por Él: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”, de ser una misma cosa con Él, le lleva a establecer con sus discípulos la misma metodología: transmitir, enviar, escuchar, dialogar, proyectar.

De poco sirve sentirte enviado/a por alguien, si no hay un encuentro posterior, una búsqueda permanente para verificar cómo estamos cumpliendo la misión, dónde y al lado de quién estamos, cómo enseñamos, cómo vivimos esa experiencia. Por eso los apóstoles vuelven a reunirse con Jesús.

En este encuentro no estaban ellos solos: la gente iba y venía, no había tranquilidad para escucharse, para comer, para descansar. Quien vive en fidelidad al mensaje de Jesús, a su evangelio, poco tiempo encuentra para vivir como quiere, para estar solo con quien quiere, para que no le molesten, en definitiva, para planificarse la vida a su aire. Todo lo contrario, ir por la vida con los ojos y el corazón abierto, nos hace descubrir muchas necesidades a nuestro alrededor y nos lleva a preguntarnos cómo actuaría Jesús en estas situaciones, qué puedo hacer yo y ponernos a la faena.

Pero la Liturgia de este domingo nos trae también una invitación al descanso. Primero a través del salmo 22: “El Señor es mi Pastor, nada me falta: En verdes praderas me hace recostar. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. Y desde el evangelio escuchamos: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. 

Necesidad legítima y necesaria; hace falta sosiego y serenidad para poder escuchar. Buscar un sitio tranquilo y apartado para reponer fuerzas y seguir caminando en el quehacer de cada día. Jesús quiere lo mejor para sus amigos y les hace caer en la cuenta de su vulnerabilidad, de su necesidad de descanso y encuentro profundo, y se van en la barca a un lugar apartado. Hoy sigue invitándonos a descansar, a reflexionar y a dejarnos interpelar por el evangelio sin agobios, con la misma claridad y seguridad del salmista: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”. 

El deseo y la necesidad de descanso dura muy poco; la gente que se ha sentido acogida por Jesús y sus discípulos van en su búsqueda, tienen necesidad de ellos, han experimentado que sus enseñanzas les abre a otra dimensión hasta ahora desconocida, quieren seguir aprendiendo, necesitan sentirse queridos y sanados y por eso van corriendo de todas las aldeas a la otra orilla para continuar a su lado.

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor”. El profeta Jeremías en la primera lectura, el salmo y el evangelio nos vuelven a presentar la figura del Buen Pastor: Se preocupa de cada una de sus ovejas, las reúne, atiende de manera especial a las más débiles y enfermas, no las abandona jamás y da su vida por ellas. Por eso el relato evangélico termina diciendo: “Y se puso a enseñarles con calma”. El cansancio se queda de lado, hay otras prioridades que necesitan ser atendidas, pero no de cualquier manera, sino con calma. 

Si  queremos ser fieles al mensaje de Jesús, la enseñanza  que nos trae la liturgia de esta eucaristía está clara. En los caminos de la vida de cada día, en las orillas donde están los marginados, los enfermos, los ancianos, los inmigrantes, los que no cuentan en la sociedad, los rostros que con su mirada reclaman nuestra atención… son los preferidos de Jesús y esos tienen que ser los nuestros. Y estar con ellos no de cualquier manera, sino con calma: escuchando y dejándonos interpelar por lo que sienten, por lo que viven, por lo que esperan…… y seguro que de esta relación saldremos más humanos/as y más cristianos/as.

Volver el corazón al Evangelio

Domingo 15 del Tiempo Ordinario, ciclo B.

Por: Avelino Castells. Sacerdote secular diócesis de Valencia.

En estos domingos hemos ido escuchando cómo el Señor va haciendo camino con sus discípulos. Han ido viviendo la llamada, la invitación a seguirlo, han sido testigos de cómo enseña en parábolas y habla del Reino, y también de cómo los milagros son signos de la nueva vida que trae Jesús. Y todo esto encontrando también ya rechazo y resistencia desde los inicios.

Y en este domingo el Señor ya deja claro que el seguimiento, que caminar con Él, que estar en su discipulado es para la misión, no para la autocomplacencia. Una misión que tiene el anuncio del Reino como principal encargo, sabiendo que ya está en medio de nosotros porque Jesús lo ha iniciado y que es como una pequeña semilla que va creciendo sin que nosotros lleguemos a comprender cómo. Su ritmo y su tiempo son los de Dios que no deja en su empeño y que es fiel a su proyecto de salvación.

Y Jesús los envía. Y lo hace con instrucciones muy concretas. Qué importante es volver siempre el corazón al Evangelio, tenemos siempre que aprender, que empaparnos si queremos vivir esta aventura del discipulado con autenticidad.

Llamada y envío van juntos. Siempre para estar con Él y para ser testigos. El encuentro con Jesús es vital y transformador. Y el envío es tarea de fidelidad y comunión.

El ser enviados de dos en dos, nos recuerda la importancia de la comunidad, nunca soy yo solo, ni solo mi palabra. Es la fuerza, el aval, el contraste de dos para dar un testimonio de fiar. Pero a la vez es ya testimonio de vida, de ejemplo concreto de mirar como se aman, como buscan la verdad.

Una misión que tiene siempre la vinculación directa con Jesús, es Él quien llama y les da poder sobre los espíritus inmundos. El poder no lo reciben por méritos sino por y para el encargo recibido. Y es un poder no sobre los demás si no sobre el mal. Nosotros que hemos sido llamados y enviados por nuestra condición de bautizados, por la vocación concreta de cada uno se nos ha dado poder, fuerza ante el mal. Sin olvidar nuestra debilidad pero precisamente en ella se manifiesta su fuerza.

Además ya dice el Señor cómo hay que ir a la misión, confiando en la fuerza del encargo recibido, y no en los medios. Precisamente ha de ponerse de manifiesto que confiamos en la fuerza del Evangelio. Y sin asustarnos del rechazo, continuando el camino. El Evangelio se propone, no se impone y se ha de hacer evangélicamente y no de otra manera.

Y ya sabemos que Él quiere contar con nosotros para continuar el anuncio y la construcción del Reino. Hagamos camino anunciando el Evangelio, que se vea en nosotros la apertura a la conversión que predicamos, nuestra disponibilidad a ungir, a tocar, acariciar a los enfermos de nuestro mundo. Sabiendo que la fuerza de la fe, que nos da esperanza y nos llena del amor misericordioso de Dios, puede expulsar los demonios del miedo, de la desesperanza, de la injusticia que atenazan nuestro mundo.

Nuestra misión que participa de la de Cristo por el bautismo y nos hace pueblo real, sacerdotal y profético nos mueva a no hacernos atrás porque sabemos Quién nos ha llamado, como al profeta Amós, y nos mueva a bendecir siempre y en todo lugar a Dios por Jesucristo, por el derroche de su gracia en nosotros. 

Grupo Vida y Paz de Alboraya

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia.

Desde Alboraya, la tierra de la chufa, de la horchata; tierra fértil y dulce, donde Vita et Pax ha trabajado y ha sembrado desde hace muchos años: en la educación, en la sanidad, formando parte activa en la parroquia, siendo arte y parte del pueblo, por nacimiento o por adopción; en este trocito de Valencia tan querido, en nuestra casa, comenzamos a reunirnos algunos miembros del Centro con un grupito de amigas y conocidas, invitadas a compartir Carisma y Misión desde su condición laical particular.

Es el tercer Grupo que surge en España y estamos muy contentas.

Nos hemos venido reuniendo desde el mes de abril cada último jueves, por tanto acabamos de comenzar a caminar.

El grupo lo forman diez personas, mujeres, cristianas, comprometidas familiar, laboral y pastoralmente, con ganas de profundizar en el conocimiento de Jesucristo, Vida y Paz,  para desde él serlo en el mundo, en las circunstancias propias de la vida de cada cual.

Les acompañamos varios miembros del Instituto y en el transcurso de los tres encuentros que hemos tenido nuestro principal objetivo ha sido compartir una Oración, alrededor de un texto de la Palabra y de un Salmo que han servido para iluminar nuestras realidades personales, familiares, sociales…

El material que se va leyendo es el Folleto que les fue entregado cuando se les invitó; será el punto de unión y de partida del nuevo curso que miramos con ilusión.

La experiencia es corta pero rica; estamos emplazadas para el próximo mes de septiembre.

Ojalá que el Don que hemos recibido, nuestro Carisma, Espiritualidad, Misión, sepamos compartirlo para que podamos ser ayuda en nuestra vida y proyección cristiana, las unas para las otras y en nuestros ambientes.

El fin de curso estuvo marcado, además, por la presencia de Maricarmen y Carmen García, que nos acompañaron y trajeron voz de los Grupos de Ciudad Real y Barcelona.

¿Cómo acabamos este encuentro? Como no podía ser de otra manera, con una merienda “made in Mari” refrescante y golosa. Muestra de la cual tenemos una foto que adjuntamos.

¡¡Feliz verano! !

 

 

LX Convivencia: Abriendo ventanas al futuro

Por: Secretariado de Formación

Del día 1 al 20 de agosto el Instituto Vita et Pax celebrará su LX Convivencia General, este año bajo el lema: Abriendo ventanas al futuro.

Serán veinte días repletos de encuentros, risas, conversaciones por los pasillos, plegaria, baño… y en el centro, el día 15, la Fiesta de la Asunción y con ella, la celebración de las Bodas de Oro de diez compañeras.

Daremos prioridad a la preparación de la VIII Asamblea del Instituto, de ahí, el lema de nuestra convivencia. Con él queremos orientar por dónde van a ir nuestros pasos en adelante, deseamos seguir abriendo ventanas y mirar de frente el futuro.

También este año tendremos dos cursillos:

Del 7 al 9: “Seguidoras de Jesús, hoy” por Javier Vitoria

Del 18 al 19: “Creer en tiempo de increencia. Una introducción al año de la fe” por Luis González-Carvajal

Y el 16 y 17 seguiremos profundizando en la dimensión sacerdotal de nuestro carisma.

El conjunto del programa queda de la siguiente manera:

Programa Convivencia 2012

Descargar (Programa-Convivencia-2012.pdf, PDF, Desconocido)

Un grupo experto en fidelidad

Por:  Secretariado de Espiritualidad

Del 29 de junio al 1 de julio nos hemos reunido en Moncada (Valencia), en la Casa de Ejercicios de las Obreras de la Cruz, un grupo numeroso y variado, experto en fidelidad, para llevar a cabo la preparación inmediata a la celebración de las Bodas de Oro. Este año, el dia 15 de agosto, celebrarán su gran fiesta: Marina García, Ambrosia Gil, Solomé Palomar, Mary Bravo, M. Josefa Conget, Charo Martí, M. Victoria Millet, Mari Parrilla, Trini Pina y Pilar Riera.

Entre todas ellas reúnen quinientos años de entrega, de vidas compartidas, de ilusiones renovadas, quinientos años diciendo sí a la llamada del Señor, dando lo mejor de cada una, con disposición para ir donde se les necesite, con sus alegrías y dificultades. Ciertamente, el año 2012 no es un año cualquiera para estas compañeras.

De manera especial María ha sido la compañera de estos cincuenta años y, por eso, la preparación ha estado marcada por su presencia. Hemos recorrido las grandes etapas de su vida y las hemos puesto en paralelismo con la nuestra. Iniciamos con la vocación de María (Lc 1,26-38) y nos iluminó nuestra vocación; continuamos con el encuentro de María e Isabel (Lc 1,39-45) y nos llevó a nuestra experiencia de vida de fraternidad; seguimos con la Misión de María (Lc 1,46-56) y con nuestra misión; después contemplamos cómo María escucha los gemidos del mundo (Jn 2,1-12) y nos azuzó nuestra propia escucha; pasamos por la crisis de María en el progreso de la vida espiritual (Lc 2,41-52) que nos aterrizó en nuestras crisis; por último, llegamos al mejor vino (Jn 2,1-10) y a nuestro mejor vino.

El encuentro ha supuesto, sobre todo, un tiempo y un espacio para agradecer. La actitud fundamental ha sido el agradecimiento. Agradecimiento por la vida, agradecimiento por la llamada de Dios y su amor, agradecimiento por estos cincuenta años de vida entregada en la cotidianidad del mundo, agradecimiento por el propio Instituto Vita et Pax que ha servido de buen cauce para la entrega…

Y estas diez compañeras quieren seguir haciendo lo que han hecho hasta ahora, lo mismo que hizo María: dar al mundo al Salvador. Así lo han dicho y seguro que así lo harán. FELICIDADES.

 

B O D A S   DE   O R O
   1962-2012  

 

   “Señor, dónde moras
Ven y verás”

                                                           (Jn 1,38-39)  

Reconocer a los profetas y profetisas hoy

Por: MaJesús Antón. Vita et Pax. Teruel

Domingo 14 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Por la falta de fe en Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”. Quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra”. Y quizás, también nos escandalice a nosotras…¿o no?

No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como una de nosotras. A veces quisiéramos que Dios se nos manifestara de maneras espectaculares, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, acompaña nuestros pasos, viste nuestra ropa, es uno al que conocemos pero no re-conocemos.

Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotras tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es más fácil esperar cosas extraordinarias y grandes o mirar a alguien que viene de fuera que ver a hermanos o hermanas en la vida cotidiana que se gastan y desgastan trabajando por la vida aunque les cueste la vida, aceptar los signos de solidaridad y fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que “quizá vendrá”, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto sería más fácil, pero ¿no estaremos dejando a Jesús pasar de largo?

Los enviados de Dios ya están advertidos que en el curso de su misión “encontrarán a hijos testarudos y obstinados” (Ez.2,4) que tal vez no escuchen, pero al menos “sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”.

Sin pretender ser un “profeta” admirado, sí que debemos ser, como mínimo un profeta anónimo, un cristiano ordinario que se toma en serio su deber profético: vivir la verdad, denunciar la mentira y la injusticia, combatir la corrupción, ser misericordioso, ir a la búsqueda del “otro mundo es posible”.

La profecía no es un deber para personas especiales, es deber de toda persona cristiana por seguir a Jesús, y de toda persona bautizada, por participar en Jesucristo Sacerdote, Profeta, Rey.

Muchas preguntas se hacían los contemporáneos de Jesús al oír y ver lo que él decía y hacía. Inquietaba, molestaba. Es también para nosotras una invitación a responder nuestras cuestiones de fe.

Es verdad que muchas veces decimos, nadie es profeta en su tierra. Pero, ¿somos hoy en medio de la familia, trabajo, en nuestra vida cotidiana.. gente que cuestiona, que crea interrogantes ante nuestros hechos y dichos? ¿incomoda mi estilo de vida por querer ser semilla del Reino de Dios?, ¿creo interrogantes? ¿me complica la vida? ¿me resisto a la voluntad de Dios?

Quien quiera tomar a Jesús en serio, tendrá que estar preparado para convertirse en un profeta y un místico. En la historia de Israel antes de Jesús, los profetas eran gente rara. Jesús se propuso abrir el espíritu de profecía a todos. Todos y todas tenemos que llegar a ser lo bastante valientes para alzar la voz de los profetas.

También podemos llegar a ser místicos –la profecía y  la mística van unidas-.Los místicos son apreciados actualmente como personas que toman a Dios en serio. No sólo creen en la existencia de Dios, sino que afirman que han experimentado la presencia de Dios en su vida y en el mundo.  Es impensable que una persona pueda ser profeta que apueste por la justicia, la fraternidad, el cambio social sin tener alguna experiencia de unión con Dios. La vida de Jesús se comprende a la luz de su experiencia de Dios y su Reino.

El Señor guía a su pueblo,  hace surgir profetas de generación en generación:

“De muchas maneras has hablado y sigues hablando hoy por medio de los profetas. Reiteraste, además tu alianza a los hombres y mujeres; por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de la salvación…”

Envíanos Señor,  nuevos profetas que nos hagan revivir con pasión  lo mejor que tú has puesto en nuestro corazón: el amor por la humanidad.

Jornada de formación y convivencia de los Institutos Seculares

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Organizada por la Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS), el sábado 23 de junio se celebró la Jornada anual de Formación y Convivencia que reunió alrededor de 130 participantes. Tuvo lugar en el Seminario Archidiocesano de Madrid y se trató el tema “Los Retos de la Nueva Evangelización” desde la perspectiva de nuestro ser: laicas cristianas viviendo la consagración en los trabajos, actividades y condiciones ordinarias de la vida.

Por la mañana, el P. Francisco José Ruiz Pérez,  Provincial de España de los Jesuitas, desarrolló el tema “Discernimiento y actitudes ante la Nueva Evangelización”. Necesitamos una mirada atenta –encarnatoria- a la realidad de nuestro mundo, sin creer que lo nuestro es lo único bueno. Abandonar actitudes defensivas y estar abiertas a lo nuevo. Acercamiento a las personas más vulnerables, romper las fronteras de nuestras seguridades individualistas en favor de lo comunitario, creando lazos humanos. Ofrecer gratuidad en un mundo insolidario. Más importante que los resultados de nuestro hacer es recuperar el corazón de lo que somos.

Por la tarde, Agustín Domingo Moratalla, Profesor de la Universidad de Valencia, nos introdujo en el tema “Los desafíos de la cultura actual a nuestra presencia en el mundo”. La historia nos muestra la capacidad de innovación, transformación y fecundidad del cristianismo. La fe no es algo del pasado, también hoy puede innovar.  Para ello hemos de conocer la cultura actual y ponernos al servicio de la vida de las personas, ofreciendo valores generadores y potenciadores de sentido. El sentido de la experiencia es central en nuestra cultura. Podemos aportar la experiencia de nuestro encuentro con el Resucitado, el encuentro con nosotras mismas, la experiencia de libertad, de donación, de gratuidad. En un mundo globalizado podemos favorecer relaciones personales y redes interpersonales que liberen y apoyen. Evangelizar hoy es recuperar a la persona, reducida muchas veces a la variable de utilidad. Decir:  “Tú eres tú, no una función”.  Y todo esto realizarlo en el ámbito propio de los laicos, en lo secular: es ahí donde hemos de dar testimonio de nuestra fe.

Hubo también un espacio intermedio, animado por Fran Ros e Isa Vicent, los  dos de Valencia, que nos presentaron otro cauce de evangelización, la música: “Cantar, narrar, expresar… Nuevos lenguajes para la transmisión de la fe”.  A través de su arte y de sus vidas,  Fran –laico cristiano comprometido- e Isa – Obrera de la Cruz-  transmiten la vivencia de una fe alegre y esperanzada… Es un buen aporte para nuestro tiempo.

 

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