Baketik: el centro por la paz del santuario de Arantzazu

Descargar (Sobre-la-paz.-Arregi.pdf, PDF, Desconocido)

Cuestión de género: una opción imprescindible

Por: Rosa María Belda Moreno. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real.

Cuando hemos buscado en el diccionario la palabra “Género”, se ha despertado nuestro asombro y perplejidad, al darnos cuenta de que aparece la siguiente distinción: género masculino: fuerte, género femenino: débil. ¿Cómo en este siglo XXI, del que vamos a inaugurar la segunda década, se puede calificar así uno y otro género? ¿Fuerte para qué? ¿Débil en qué? ¡Sería reducir a la fuerza bruta la diferencia! Y de paso, descalificar a las mujeres.

 ¿Qué es el género?

Cuando hablamos de ‘género’ queremos decir que las mujeres y los hombres nos construimos social y culturalmente. Nacemos con un sexo biológico, eso es innegable, y somos diferentes, eso no es cuestionable. Pero sexo y género no es lo mismo. Lo que queremos resaltar al hablar de ‘género’ es que la educación y la cultura condicionan nuestros comportamientos, desde la más tierna infancia, y desde el principio de los tiempos. Por tanto, afirmamos que el género es, sobre todo, una construcción socio-cultural.

Resaltamos como ejemplo de hoy lo que ocurre en las profesiones donde hay más mujeres: trabajo social, sanidad, enseñanza. ¿Qué reconocimiento y salario tienen estas profesiones en relación a las ingenierías y la alta gestión, donde sobre todo hay hombres? Los datos están ahí.

Por otra parte, el género es una perspectiva de análisis de la realidad. Gracias a que se ha introducido la perspectiva de género en la sociología, se han podido sacar a la luz y explicar los comportamientos sociales, y hacer notar los mecanismos de opresión hacia las mujeres, las desigualdades e injusticias que existen en el terreno laboral y familiar, y las disculpas falsas con las que se ha perpetuado esta injusticia a lo largo de los siglos.

¿Por qué debemos seguir hablando de ‘género’ y optar por el feminismo, hoy?

El género, así entendido, es un medio, un instrumento de reivindicación, para conseguir un fin: una verdadera humanidad donde no exista desigualdad a la hora de los derechos y oportunidades. Deseamos un tiempo en el que mujeres y hombres, diferentes pero iguales, nos sentemos juntos en la mesa común. Deseamos superar “la cuestión de género”.

Pero, hoy, debemos hablar de ‘género’, y optar por el feminismo como medio para tomar conciencia de que la igualdad no está conseguida. Al mismo tiempo vendrá la desculpabilización de las mujeres y la nueva mirada, que nos permita actuar en el trabajo y en la familia, en los espacios sociales (que incluyen los eclesiales). Hemos de aprender los modos de introducir la mirada de género en la acción, mientras no hayamos logrado llegar a la utopía.

La violencia de género, en este contexto, es la punta del iceberg dolorosa y terrible del machismo existente, cuando la intimidación del “más fuerte”, físicamente, consigue subyugar al “más débil”.

Por supuesto, me permito ironizar con lo que dice el diccionario, para removernos y renovarnos en la opción feminista con sentido, en medio de voces que nos quieren conformar con lo “ya logrado”.

El amor da plenitud al mundo

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Seglar. Ciudad Real.

Domingo 22  del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Es frecuente también en nuestra sociedad que quienes tienen mayor poder, más saber y mejor condición social, observen a los demás para sacar a la luz sus impurezas, de ahí que califiquen a los más débiles de esta sociedad (parados, personas con adicciones, inmigrantes, pobres, etc.) como parásitos de la misma, poco dignos de estar entre nosotros, pues no viven y hacen lo que los demás.

Al igual que los maestros de la ley hicieron con los discípulos, hoy fácilmente caemos en la tentación de juzgar y criticar a los otros cuando no tienen nuestra misma forma de pensar, cuando no dedican al trabajo el mismo tiempo que nosotros, cuando no tienen la misma fe, cuando no caminan por la misma senda, cuando no viven de la misma forma.

Pretendemos que los demás sean, piensen y actúen como nosotros. Queremos que nuestras leyes, nuestra moral, nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestras formas y estilos de vida, sean principios  para todos, incluso nos cuesta aceptar a las personas que están en nuestro mismo entorno (familia, trabajo, comunidad, etc.), si no tienen nuestro mismo sentir.

Pero alguna tiene que ser la ley, algunos tienen que ser los preceptos para que vivamos en paz y armonía en la tierra. Dios nos da a conocer por medio de Moisés los mandamientos para que, el pueblo de Israel entonces y nosotros hoy, los pongamos en práctica, también nos dice ” No añadiréis nada, ni quitaréis nada, sino que guardaréis los mandamientos”, de aquí que en primer lugar tenemos que conocer los mandamientos, reflexionar sobre los mismos, adentrarlos en nuestro corazón y ponerlos en práctica en nuestra relación con el prójimo.

Pero como las personas somos duras de cerviz y vamos haciendo las leyes y normas a nuestro antojo, tuvo Dios que enviarnos a su hijo para darnos a conocer con mayor profundidad los mandamientos, para explicarlos y darlos a entender, para hacerlos vida, para condensarlos en ese “Amaras a Dios con todo tu corazón, con toda tu  alma, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo”. 

Podemos pensar que es muy difícil no mancharnos en este mundo, pues estamos en contacto con la increencia, con los ídolos del dinero y el poder, con la violencia y el hambre que producen la muerte, con el hedonismo y el placer, con la mentira, con la codicia y deseos de tener, parece como si todo lo del exterior nos fuera a contaminar.

Nuestro ojos han de estar abiertos y nuestros oídos atentos para ver y escuchar lo que acontece en el mundo, pero eso no significa que el mal tenga que penetrar en nosotros. También en el mundo hay cosas buenas que deben ir calando en nuestro corazón, como son el encuentro con personas creyentes, humildes y sinceras; entregadas por amor y servicio a los demás; dispuestas a acompañar; solidarias y fraternas.

En nuestro caminar debemos ir formando nuestro corazón por medio de la oración, la reflexión, la experiencia personal, el encuentro con los otros, la celebración, para que de dentro de nosotros no salgan malos pensamientos, ni envidia, ni codicia, ni soberbia, sino que tengamos un corazón lo más puro posible para proceder con rectitud y honradez, respetando a los demás en toda su integridad, buscando la verdad, con honestidad y justicia, solidarios y comprometidos en procurar la dignidad de los más débiles, de forma que no manchemos el mundo, sino que de nosotros se desprenda amor par dar plenitud al mundo.

Teología de la vida: comienzo y final

AA. VV.
Cátedra Chaminade
PPC.    SM.

En su primer año con nuevo nombre, la Cátedra de Teología Contemporánea “José Antonio Romeo”, del Colegió Mayor Chaminade, reflexionó sobre los problemas que la vida plantea desde una perspectiva amplia y plural, intentando superar los recurrentes interrogantes sobre el origen y el final de la vida. Así es como nació el XXVIII curso de la Cátedra.

El primer grupo de conferencias refleja lo que la teología puede decir sobre el Dios que crea, sustenta y acompaña la existencia del ser humano. Un segundo bloque profundizó en las relaciones de la vida con las grandes dimensiones de la condición ética: qué entender hoy por calidad de vida y qué relación tiene la vida con la felicidad, la bondad y la sabiduría, como elementos fundantes de nuestra realidad cotidiana.

Importante en este conjunto era decir algo sobre lo que hoy se vive a propósito de la vida espiritual. Y había que abordar también su futuro, marcado por la muerte (se entienda como se entienda en sus múltiples interpretaciones actuales), y una muerte digna, para terminar con una mirada creyente a un posible futuro, promesa de un Dios que rompe con su novedad la experiencia incontrovertible de la finitud humana.

Este panorama ha sido desarrollado por un grupo de autores en el que coinciden firmas consagradas como Torres Queiruga, Vidal, Martín Velasco, Fraijó o Navarro, con nuevos nombres, que renuevan la reflexión de fe sobre la realidad, renovación que quiere ser espejo de la vida misma, siempre e inevitablemente nueva, dando un amplio campo a las aportaciones femeninas y feministas, que en este, como en tantos otros temas, tienen mucho que decir.

“Vida” en el Antiguo Testamento

Hayyîm: vida

 

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

En el AT “vida” aparece bajo la forma de un plural hayyîm. Este plural no indica una pluralidad, sino la intensidad particular que posee la vida. Una perfección y una plenitud que es fácil observar por el empleo del verbo “vivir” en los textos, de ahí que no se pueda hablar de vida cuando se está enfermo, débil, sufriendo o desgraciado. Esta intensidad de la vida sobrepasa incluso la propia persona y alcanza a todo lo que le concierne y a todo lo que posee más allá de su cuerpo. Vivir, no es solamente disfrutar de buena salud, es también conocer la abundancia y la prosperidad. Para el AT la vida en la pobreza y miseria no es verdaderamente vida. La vida es sinónimo de felicidad y de paz.

En la Escritura “vida” contiene, en un principio, una profunda idea de unidad del ser viviente. El ser humano es un todo, perfectamente uno. Su cuerpo y su espíritu, su respiración y su alma están tan íntimamente asociados que cada una de las partes puede designar la totalidad. La vida forma una unidad que no se puede dividir.

El hayyîm bíblico no constituye un distintivo natural del ser humano, sino que es un don de Dios. El Dios viviente llama a la vida. Dios es la vida por excelencia. La Escritura denomina con frecuencia a Dios como el Dios viviente (Jos 3,10; Sal 42,3) por oposición a los dioses falsos que no son nada (Nm 14,28; Dt 5,26).

En el relato de la creación la vida aparece en las últimas etapas. Primero son los monstruos marinos y todo animal viviente (Gn 1,21); a su vez la tierra produce seres vivientes (Gn 1,24); al final Dios crea, a su imagen, el más perfecto de los vivientes, el ser humano. Y para asegurar a esta vida naciente su continuidad y crecimiento, Dios le ofrece su bendición (Gn 1,22.28).

La vida es don de Dios y, a su vez, Dios es fuente de vida. Esta no se alimenta principalmente de bienes de la tierra, sino de su unión con Yahveh. Yahveh es fuente de agua viva (Jr 2,13; 17,13), fuente de vida (Sal 36,10) y su amor vale más que la vida (Sal 63,4). Incluso se prefiere la felicidad de habitar toda la vida en su templo, donde un solo día en su presencia vale más que mil, a cualquier otro bien (Sal 84,11; Sal 65,5). Para los profetas la vida consiste en la búsqueda de Yahveh (Am 5,4; Os 6,1).

Dios, “que no se complace en la muerte de nadie” (Ez 18,32), no ha creado al ser humano para dejarlo morir sino para que viva (Sab 1,13;2,23). De esta manera le destinó al paraíso terrestre y le dio el árbol de la vida, cuyo fruto debía hacerle “vivir para siempre” (Gn 3,22). E, incluso después del pecado humano, Yahveh no lo abandona, sino que propone a su pueblo transitar por “las sendas de la vida” (Prov 2,19; Sal 16,11; Dt 30,15; Jr 21,8).

Estas “sendas de la vida” son las Leyes de Yahveh. Lo que da al ser humano la verdadera vida en totalidad es su actitud ante la Ley de Dios. El ser humano no vive sólo de pan, sino de todo lo que viene de la boca de Dios (Dt 8,3). Escuchar la palabra de Dios es vida; y una vida vivida en la desobediencia es, ante Dios, una vida condenada a la muerte. Por eso, el ser humano está constantemente confrontado a una elección (Dt 30,15-20;32,47;28,1-14). Vida y muerte se denominan obediencia o desobediencia a la voluntad de Dios. Quienes cumplan esa voluntad encontrarán la vida (Lv 18,5;Dt 4,1); colmarán el número de los días (Ex 23,26); hallarán la longevidad de la vida, la luz de los ojos y la paz (Ba 3,14). Estos caminos de Yahveh son los de la justicia y la justicia conduce a la vida (Prov 11,19), por eso, el justo vivirá por su fidelidad (Ha 2,19), mientras que los impíos serán borrados del Libro de la Vida (Cf Sal 69,20).

Durante mucho tiempo, en la esperanza de Israel, esta vida fue nada más que una vida en la tierra, pero, como esa tierra es don de Yahveh, la vida y los largos días que Dios le reserva al pueblo, si es fiel (Dt 4,40), representa una felicidad única en el mundo, superior a la de cualquier nación de la tierra (Dt 28,1).

No obstante, más que de una vida feliz en la tierra, es de la muerte de lo que Israel pecador tiene experiencia. Sin embargo, del seno mismo de la muerte, el pueblo descubre que Dios persiste en llamarlo a la vida. Desde el fondo del exilio Ezequiel proclama que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que lo llama a la conversión y a la vida (Ez 33,11). Ezequiel sabe que Israel es como un pueblo de cadáveres, pero anuncia que sobre sus huesos secos Dios insuflará su espíritu y revivirán (Ez 37, 11-14).

También desde el exilio el Segundo Isaías contempla al Siervo de Yahveh que ha sido arrancado de la tierra de los vivos por las rebeldías de su pueblo (Is 53,8), él ofrece su vida en sacrificio y más allá de la muerte ve una descendencia y ve prolongarse sus días (Is 53,10). Subsiste ya en estos textos una grieta en la asociación fatal pecado/muerte: se puede morir por los pecados y esperar algo de la vida, se puede morir por otra cosa diferente de los pecados y, muriendo, encontrar la vida.

En el Nuevo Testamento descubrimos que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo para que tuviéramos vida (Jn 3,16). Jesús anuncia y da la vida (Jn 10,10). El es el pan de vida (Jn 6,35.48). El es la vida (Jn 14,6). Libremente, por amor al Padre y a los suyos, como el Buen Pastor, da su vida (Jn 10,11.15.17). Y esta vida la retoma de nuevo como espíritu vivificador (1Cor 15,45) y la ofrece a todos los que creen en El. Jesucristo, muerto y resucitado es el Príncipe de la vida (Hech 3,15). Quien tiene al Hijo, tiene la vida (1Jn 5,12).

Elefante blanco: el lujo de creer

La nueva película de Ricardo Darín aborda el compromiso de los ‘curas villeros’

J. L. CELADA | Concluido el rodaje de Elefante blancoRicardo Darín admitía que participar en este proyecto le había enseñado a dudar de su falta de fe. No es para menos. Gracias al último trabajo de Pablo Trapero, quizá muchos espectadores hayan recuperado también parte de la suya en la Iglesia católica. Porque el testimonio de compromiso que ofrece ese sacerdote al que aquí interpreta no puede –ni debe– dejar indiferente a nadie: consagrado o laico, creyente o no…

Tras un apresurado y violento prólogo en la Amazonía peruana, la cámara del realizador argentino nos traslada a una de las “villas miseria” de Buenos Aires, donde se hacinan miles de familias llegadas de países vecinos o expulsadas de la sociedad del bienestar que se alza a pocas cuadras.

Allí, desde hace décadas, los “curas villeros” desarrollan su ministerio pastoral y comparten la vida diaria con esas gentes abandonadas por casi todos, especialmente por las instituciones.

Elefante blanco –así llaman al hospital en construcción cuyo gigantesco esqueleto es hoy refugio de sin techo y jóvenes dogradictos– retrata sin pudor, aunque con exquisito respeto y alejado de paternalismos, un universo sometido al flagelo de la miseria y los enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes. Un ambiente caótico y desolador por el que, sin embargo, se cuela el bullicio de la esperanza en forma de solidaridad vecinal o a través de la mesa compartida de la Eucaristía.

Claro que el padre de Leonera (2008) o Carancho (2010) clava su mirada nerviosa y siempre incisiva sobre su trío protagonista: dos servidores del Evangelio embarrados en cuerpo y alma (el propio Darín y Jérémie Renier) que se han “dado el lujo de ser pobres”, como ironiza la trabajadora social que les acompaña (Martina Gusman). Se trata de hombres de acción y de oración, probados en su celibato y en su capacidad de resistencia; expuestos al acecho del miedo y de la ira, pero decididos a combatir las diversas formas de violencia con un mismo amor. Ese que les impulsa a hacer suya hasta el extremo la plegaria de su recordado predecesor y mártir Carlos Mugica“Señor, sueño con morir por ellos. Ayúdame a vivir para ellos”.

Digno exponente de un cine social (y religioso) abonado con frecuencia a desgracias resultonas y emociones de lágrima fácil, la nueva película de Trapero no se permite concesiones a su crudo realismo: ni en su radiografía del barrio ni en la crítica a los políticos o eclesiásticos de turno. Sí acusa, por contra, una evidente falta de ritmo, agravada por esa necesidad de seguir a salto de mata los conflictos “públicos” de unos personajes tan esquemáticamente definidos en su ámbito privado. Salvado este escollo, Elefante blanco se reivindica con toda su verdad: la que nos invita a (re)descubrir la fe como un don que se torna entrega generosa por los demás… y un lujo para estos tiempos descreídos e inciertos.

[La reseña está cedida por la Revista Vida Nueva]

Abriendo ventanas al futuro

Por: Secretariado de formación.

Del 1 al 20 de agosto hemos celebrado la LX Convivencia de nuestro Instituto, este año con el título Abriendo ventanas al futuro. Una convivencia cargada de encuentros, Eucaristías, cursillos, reflexiones, fiestas… es decir, una convivencia cargada de vida.

Poco a poco fuimos organizándonos con la pericia que da la experiencia y nos pusimos en marcha entre informaciones y evaluaciones de todo lo realizado en el curso anterior.

Los días fueron pasando más rápido de lo que deseábamos y casi sin darnos cuenta llegamos al día seis en el que celebramos la fiesta de la Transfiguración del Señor, el aniversario de la primera Eucaristía celebrada por el Padre Cornelio, fundador del Instituto, y también nos informaron del caminar de las casas de Formación de Rwanda y Guatemala. Por la tarde, el Equipo de Difusión del Carisma nos informó de los diferentes grupos de Vida y Paz que se van formando en distintos lugares de España con el deseo de  compartir nuestro Carisma y Misión.

Muy intenso y cuestionador fue el cursillo que Javier Vitoria nos impartió: “Seguidoras de Jesús hoy”. Nos dejó con un interrogante convertido en reto: ¿nuestro seguimiento tiene hoy capacidad de seducir, contagiar, convertir y provocar la fe?

Días de mucho trabajo resultaron el 12 y 13. Estuvimos preparando ya nuestra VIII Asamblea con la ilusión y la pasión que siempre provoca la celebración de una Asamblea General. Queremos seguir abriendo ventanas al futuro y un buen medio para conseguirlo es preparar bien la próxima Asamblea que se llevará a cabo en Julio del año que viene.

 

Y el corazón de toda la convivencia fue la Celebración de la Vigilia de la Asunción el día 14 por la noche y la Fiesta de la Asunción del día 15. En ella 10 compañeras celebraron sus Bodas de Oro de Consagración. Como ellas mismas dijeron en la ambientación: esta celebración es sobre todo un tiempo para agradecer. La actitud fundamental que queremos compartir con todos es el agradecimiento a Dios por la vida, agradecimiento y acción de gracias por la generosidad de nuestros padres y familiares, agradecimiento por la llamada de Dios y por su amor, agradecimiento por estos cincuenta años de vida entregada en la cotidianidad del mundo, agradecimiento por el Padre Cornelio que nos dejó el mejor carisma: vivir de la vida de Jesucristo… y, sobre todo, gracias a María que en estos años nos ha ayudado a hacer lo mismo que ella: dar al mundo al Salvador.

Esa noche concluimos con humor del bueno. Como no pudimos ir a Londres para presenciar los Juegos Olímpicos,  algunas compañeras nos los trajeron a El Escorial, con Reina Madre y Príncipe heredero incluidos. También nos visitaron los mejores atletas cargados de medallas y para comprobar que todo era correcto nos hicieron algunas demostraciones de sus habilidades. Estos juegos también aportaron una sirenita como mascota.

Después de la fiesta volvimos al trabajo con un nuevo cursillo: “El Sacerdocio Bautismal”, el profesor fue Andrés Huertas y al día siguiente, Victoria Cañas, nuestra compañera, aterrizó el tema en la Dimensión Sacerdotal de nuestro Carisma.

Concluimos con un trabajo por grupos y puesta en común.

Con motivo del Año de la Fe que se iniciará el 11 de Octubre, Luis González-Carvajal nos compartió las primicias de supróximo libro: “La fe: un tesoro en vasos de barro. Una introducción al año de la fe”. Fue un día y medio desbordante de la serena sabiduría que caracteriza al ponente y que nos ayudó a ponernos en marcha con lo que se va a celebrar.

No quedaba más tiempo, la evaluación y recogida llegaron con prontitud y ahí estuvimos prestas para llevarlas a cabo. Las despedidas y viajes nos anunciaban que la LXI Convivencia se aproxima con paso firme y rápido y nosotras ya la estamos aguardando.

Madres de la Biblia. 20 retratos para nuestro tiempo

Autora: Margot Kässmann

Editorial:  Sal Terrae 2012

La maternidad es una realidad maravillosa, pero ello no impide que a veces se convierta en una experiencia increiblemente dura. Ser madre no ha sido nunca, ni lo es ahora, una tarea fácil.

Este libro recoge las historias de una veintena de madres bíblicas cuyas variadas experiencias pueden iluminar los desafíos que hoy día plantea la maternidad. Margot  Kässmann no se limita a contarnos lo que dice la Biblia de unas cuantas madres, sino que se atreve a relacionar estas historias con la vida de las madres de hoy. Y lo hace en el contexto de una visión cristiana moderna y realista.

Margot Kässmann es Doctora en Teología y Doctora honoris causa por la Universidad de Hannover. Nación en 1958, y de 1999 a 2010 estuvo al frente del obispado de la Iglesia Evangélico-Luterana de Hannover (Alemania). Entre 2009 y 2010 presidió el Consejo de la Iglesia Evangélica de Alemania. Es madre de cuatro hijas.

Congreso de Teología 2012

Descargar (CARTA-CONGRESO-2012-1.pdf, PDF, Desconocido)

Descargar (Programa-32-Congreso-Teolgia-2012.pdf, PDF, Desconocido)

Escoged a quién servir

Por: Mª del Carmen Martín . Vita et Pax . Ciudad Real

Domingo 21 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Son muchas las personas que, en la actualidad, no son ni creyentes ni increyentes. Sencillamente se han instalado en una forma de vida en la que es difícil que pueda aparecer la pregunta por el sentido último de la existencia. Son hombres y mujeres cuyo estilo de vida les impide ponerse en contacto un poco profundo consigo mismos. No se acercan al fondo de su ser. No llegan a escuchar las preguntas que surgen desde su interior.

Es un fenómeno frecuente: vivimos girando en torno a nosotras mismas pero fuera de nosotras; trabajamos y disfrutamos, amamos y sufrimos, vivimos y envejecemos, pero nuestra vida transcurre sin misterio y sin horizonte último. Por eso, es muy fácil quedarse en la vida “sin caminos” hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarnos en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios va desapareciendo del horizonte.

Sin embargo, para adoptar una postura responsable ante el misterio de la vida es indispensable llegar hasta el fondo de una misma, ser sincera y abrirse a la vida honestamente hasta el final. Si tantas personas parecen alejarse hoy de Dios, tal vez, es porque antes se han alejado de sí mismas y se han instalado en un nivel de existencia donde ya Dios no puede ser escuchado. Son personas  encerradas en sí mismas, sin caminos hacia nada nuevo y creador.

Las lecturas de hoy, por el contrario, nos proponen caminos claros hacia Dios, nos colocan delante de las grandes opciones de nuestra vida, o tal vez, delante de la gran opción. En la primera lectura, todas las tribus de Israel reunidas en Siquen se preparan para hacer la elección de su vida: servir al Señor o a los dioses; en el evangelio vemos a los Doce también ante la gran decisión: seguir a Jesús o marcharse; incluso en la segunda lectura, lo que está en juego es si nos comprometemos o no con el auténtico amor cristiano entre mujeres y hombres. Es decir, los textos de hoy nos sitúan ante el sentido último, la fe, como opción y camino, como una vida elegida en libertad.

La fe es el mejor regalo que se nos puede ofrecer y, a la vez, el mayor acto de libertad que el ser humano puede llevar a cabo. La fe es razonable pero no evidente; exige siempre una decisión. Exige asumir el riesgo de creer. El camino de la fe no consiste tanto en caminar hacia Dios desde tierra extraña como en abandonar la superficie y hundirnos más y más en la profundidad hasta encontrarle. Los seres humanos no hemos de hacer experiencias humanas “galácticas” para acudir a la cita con Dios. No necesitamos abandonar el lugar en el que habitamos. Ni siquiera retirarnos a una vida conventual. No hay rincón de la realidad que no esté habitado por Dios. Lo que necesitamos es buscar; nos define la actitud de buscar más que el acto de encontrar.

Pero en nuestro tiempo pareciera que hemos abandonado esa actitud de búsqueda y el activismo y la superficialidad imperan. Decía Pascal que todas las desgracias humanas proceden de una sola cosa: que no sabemos quedarnos tranquilos en un cuarto y procuramos estar siempre agitados. Nos gusta el bullicio y el ajetreo para no tener ocasión de pensar en nosotras mismas y en los grandes interrogantes de la vida. Alguien ha escrito que ver la televisión dos horas diarias, por término medio, es incompatible con el desarrollo y el mantenimiento de una espiritualidad cristiana.

Otras veces, encontramos personas que se enorgullecen de su falta de fe pero están aferradas a cierta credulidad. Crédulo es quien elimina el pensamiento de la fe y acepta lo que se le dice sin juicio crítico. La credulidad es, en el fondo, la reacción infantil de la persona que desearía que lo que se le dice y promete fuera verdad pero se muestra incapaz de examinarlo por miedo a que no lo sea. La fe, por su parte, es creíble y no crédula, busca la verdad más allá de una misma y de la apariencia y está siempre dispuesta a confrontarse con la realidad.

Tampoco es admisible disminuir las exigencias de la fe para conservar el mayor número posible de fieles, esto resulta suicida porque, antes o después, se abandonará una fe que no parece tener la menor incidencia en la vida. En la fe, como en el póquer, es necesario apostar fuerte para que resulte atractiva. Se puede optar por Dios o por la negación de Dios, pero depende de lo que una haya expuesto en el envite para hacer que una u otra opción merezca la pena o bien ni siquiera nosotras mismas la tomemos en serio.

De hecho Jesús exige no ya una apuesta fuerte, sino una apuesta de todo lo que somos y tenemos: nuestra vida. Quien haya apostado su vida entera a la causa de Jesús, quien haya sido tan valiente como para correr ese gran riesgo, podrá experimentar lo que experimentaron los discípulos a pesar de su fragilidad: Tú tienes palabras de vida eterna, quien no haya apostado, simplemente, sobrevive.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies