La felicidad del Evangelio

Por: D. Cornelio Urtasun

Expresión única y feliz para poder saborear mejor “la felicidad del Evangelio”.

¿Dónde estuvo la originalidad de Jesucristo?. Quizá en que afrontó de manera contundente dos temas: los dos temas que al hombre, desde que el mundo es mundo, le tienen el seso sorbido: Felicidad, inmortalidad.

La felicidad, en el sermón de la montaña: (Mt 5, 1-12; Lc 6, 20-23)

La inmortalidad, en el discurso de la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,22-66) y en la resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44).

En el primero dijo: TRAIGO LA FELICIDAD
En el segundo: YO SOY LA INMORTALIDAD.

La sensación fue tremenda porque a las palabras acompañaba los hechos: curaba enfermos, consolaba tristes, liberaba a los oprimidos…, en un palabra: por allí por donde iba pasaba haciendo el bien (Hech 10,38). Pensemos: Caná, el leproso, el centurión, los endemoniados de Gerasa, la hemorroisa …

¡Dios ha visitado a su pueblo! (Lc 7, 16). “Os anuncio una alegría inmensa” (Lc 2,10)

“Aquí viene la fuente de la alegría y la felicidad”.

La felicidad realidad mágica que hizo presa, aún en nuestros primeros padres, que no les faltaba nada. Apoyado en esa ansia de más felicidad, se insinuó astutamente el Maligno: ¿por qué no coméis? (Gn 1,1). Comemos… pero … (Gen 3, 2-4). “En ese árbol está la felicidad plena”. Y tras ella el hombre se juega la inmortalidad y la pierde, para sí y para todos los que después de él vendrían. ¿Qué tiene la felicidad que ha fascinado tantísimo a los hombres desde el principio?.

¿En que consiste la FELICIDAD, qué es la FELICIDAD?

La satisfacción, el logro, el alcance de aquellos grandes anhelos que han bullido siempre en todas las mentes, en todos los corazones, de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

LA VERDAD
EL AMOR (AMISTAD)
LA PAZ (CONCORDIA)
LA VIDA
LA ALEGRÍA

LA VERDAD: todos los pueblos, todas las civilizaciones, han necesitado tener unos principios inconmovibles, por encima del tiempo y de las personas, en los cuales creer, para apoyar en ellos los fundamentos de su vida.

Han necesitado, no solamente verdades, sino la verdad.

Algo superior al ayer, al hoy, al mañana. El vacío moral, por falta de la verdad, es el más insoportable.

¿Qué es la verdad? (Jn 18,38). Es el símbolo del grito de la humanidad.

San Juan (1,14) describe a Jesucristo como “al Hijo único, lleno de gracia y de verdad”; “gracia y verdad que nos han llegado por medio de Jesucristo” (Jn 1, 17).

Jesucristo se presentó como LA VERDAD: “Yo soy la VERDAD” y proclamó: “Si os mantenéis fieles a mi Palabra… conoceréis la VERDAD Y LA VERDAD os hará libres…” (Jn 8, 31-32).

En manos de sus enemigos confesó lisa y llanamente: “para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad”.

Los que conocieron personalmente a Jesucristo se vieron electrizados por su VERDAD.

En el mundo entenebrecido en que apareció Jesucristo, empezó a brillar la LUZ verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

EL AMOR ¿cómo descubrir el suplicio de los hombres sedientos de AMOR, incapaces de calmar la sed?.

El amor ¿dónde esta el amor? ¿Es que existe el amor?.

El santo y seña del Reino. El alma de la felicidad del Evangelio:

AMAR
AMAR a Dios con toda el alma
Amar al hombre, a todo hombre: amigo y enemigo; perseguidor o bienhechor.
AMAR, a todos, en todo momento, AMAR.

“Dios es AMOR” (1 Jn 4, 16).

¡Ved cómo se aman. “Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquiero hasta que descanse en Ti” (San Agustín).

¿Qué decir de la eterna sed de AMOR que el hombre siente dentro de sí?

“El que beba del agua que yo le dé, ya no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en manantial de agua que brota hasta la vida eterna”

LA PAZ: Jesucristo, PAZ, según los Profetas, inauguró su Obra, trayéndola para todos los hombres de buena voluntad (Lc 2,14).

A sus discípulos les confió la PAZ para que la dieran generosamente allá por donde fueran (Mt 10, 12-13): “la PAZ sea en esta casa…” A sus discípulos atribulados los confortó diciendo: “tened PAZ en mi…” (Jn 16, 33).

Resucitado les saludó invariablemente: “La PAZ sea con vosotros”. (Jn 20,21). Y la Iglesia, hasta que Él vuelva seguirá repitiendo incansable e invariablemente: La PAZ del Señor…

¡Tengamos PAZ!

LA VIDA: tema íntima y trascendentalmente conexo con la inmortalidad. El hombre tiene un ansia irreprimible de vivir. El grito del salmista. “Yo no he de morir: yo viviré …”

Nada tan fundamental como el vivir y sobre-vivir. En el orden natural y sobrenatural.

Y de vivir con dignidad: como corresponde al Rey de la creación, a quien todas las cosas se pusieron a sus pies.

Jesucristo, remanso y manantial de VIDA, vino a traer la VIDA y a traerla en abundancia (Jn 10,10) porque Él es el PAN vivo bajado del cielo para dar la Vida al mundo (Jn 6, 22-66).

El mundo, los hombres, transformados por el Pan de la Vida; ¡cuánta hambre saciada!: ¡cuánta sed calmada.!

Es consecuencia de la felicidad del Evangelio.

LA ALEGRÍA: fruto directo de la felicidad, que es esencialmente expansiva. Necesita: Hablar, cantar, bailar… comunicar a los demás el gozo que siente dentro de sí. Si esto ha sido siempre así, hoy lo es mucho mas.

¿Dónde se encuentra la alegría. La verdadera alegría?

La vida de Jesucristo: de Nazaret al sepulcro, es una siembra portentosa de alegría.

Israel, desbordaba de alegría;
Los pastores, llenos del gozo de Dios;
Los esposos de Caná, irradiados por el milagro;

La vida entera de Jesucristo, en su ministerio de evangelizador, fue una cosecha formidable de gozo ininterrumpido. Es el SIGNO de que está siendo invadida la tierra por la FELICIDAD DEL EVANGELIO.

FELICIDAD DEL EVANGELIO también para los cansados de vivir y agobiados.

Mensaje único e increíble:
“Venid a mi …” Las puertas están abiertas!

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Mística y compromiso por la justicia

Autores: Xavier Alegre, José I. González Faus
Josep Giménez, Gema Juan, F. Javier Vitoria
Editorial: Cristianismo y Justicia

Este libro supone una importante llamada de atención a la mística para que no caiga en la tentación de la espiritualidad que olvida la justicia y los pobres, y busca llenar de corazón a una desencarnada búsqueda de la justicia. La mística ha de pasar por el hermano para llegar a Dios y el compromiso ha de estar habitado de mística para no caer en la ideología. Este es el objetivo del libro: buscar caminos de unidad e integración de estos dos polos. La fundamentación teológica de esta unidad, deja claro que una espiritualidad sin compromiso por los pobres no toma en serio la verdadera encarnación de Dios. Esta crítica no sólo responde a sesgos espiritualistas de antaño sino que advierte contra la tentación que viven algunos espiritualismos modernos de influencia oriental.

El libro se estructura en tres partes: una primera de fundamentación de la unidad entre experiencia espiritual y compromiso social, una segunda de situaciones concretas: el contacto con la cárcel, la vida contemplativa y una tercera de conclusión en el tema de la identidad de Dios.

Espiritualidad contemplativa y lucha por la justicia

La autora del artículo es Gema Juan Herranz cd, publicado en la web de Carmelitas Descalzas. Pertenece al libro en colaboración: “Mística y compromiso por la justicia” de Cristianismo y Justicia.

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Sin celos que nos aten ni riquezas que nos ceben

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

Domingo 26 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Lo que Moisés deseaba con tanto ardor: ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!, en el libro de Joel es profecía (Jl 3) y en los Hechos de los Apóstoles es cumplimiento (Hch 2).  Y hoy, quienes queremos seguir a Jesús y emprendemos el camino de la historia con Dios descubrimos que, en realidad, es Dios quien nos acompaña y nos sostiene con los dones de su Espíritu: suya es la pasión que mantiene vivo nuestro amor; suya la sabiduría que ilumina nuestra vida; suya la fortaleza que nos permite permanecer en el camino; suya la resistencia al odio y al desaliento; suya la ternura que suaviza nuestras asperezas…

El Espíritu no tiene un modo propio de actuar en la historia con independencia de la acción humana. Su acción propia consiste en hacer actuar a las mujeres y hombres en dirección a la realización de la promesa de salvación de Dios. El Espíritu es el Amor de Dios, derramado en el corazón de los seres humanos, que provoca lo que, precisamente, de más humano, personal, original y único hay en cada uno de ellos y los impulsa, poniéndolos a trabajar en favor de todo aquello que construye la vida y la vida en plenitud.

Sin embargo, nos cuesta comprender, igual que les costaba a los discípulos. A pesar de los esfuerzos de Jesús por enseñarles a vivir como Él, al servicio del Reino de Dios, haciendo la vida de las personas más humana, digna y feliz, los discípulos no terminan de entender el Espíritu que los anima, no entienden su amor grande a todos los seres humanos. En el relato anterior a éste del evangelio de hoy, los discípulos habían discutido por el camino sobre quién era el mayor dentro del grupo, es decir, la jerarquía del grupo, ahora la discusión se centra en quién está dentro y quién fuera.

Los discípulos informan a Jesús de un hecho que les ha molestado mucho. Han visto a un desconocido “expulsando demonios”. Está actuando “en nombre de Jesús” y en su misma línea: se dedica a liberar a las personas del mal que les impide vivir de manera digna. Pero a los discípulos no les gusta su trabajo liberador. Les ha parecido mal y se lo han prohibido, pues las acciones en nombre de Jesús las interpretan restringidas a los de dentro. Su actuación les parece una intrusión que hay que cortar, en el fondo, como advierte la primera lectura, están celosos. No les preocupa la salud de la gente, sino su prestigio de grupo. Pretenden monopolizar la acción salvadora de Jesús: nadie ha de curar en su nombre si no se adhiere al grupo.

Jesús rechaza la postura sectaria y excluyente de sus discípulos. No se trata de dispersar, dividir y competir, sino, por el contrario, de reconocer, unir y multiplicar. Según Jesús, toda persona que “echa demonios en su nombre” está evangelizando. Toda mujer, hombre, grupo o partido capaz de “echar demonios” de nuestra sociedad y de colaborar en la construcción de un mundo mejor está, de alguna manera, abriendo camino al Reino de Dios. Este es el Espíritu que ha de animar siempre a sus verdaderos seguidores.

Me considero una mujer privilegiada porque he tenido la oportunidad de conocer a muchas y muchos que “echaban demonios”, aunque no eran “oficialmente” de los nuestros. Hay un número incontable de mujeres y hombres que hacen el bien y viven trabajando por una humanidad más digna, más justa y más liberada. En ellas y ellos está vivo el Espíritu de Jesús, por eso, hemos de sentir a estas personas como amigas y aliadas, no como adversarias. No están contra nosotros, pues están a favor del ser humano, como estaba Jesús.

Quien realmente no es de los nuestros es la persona que, estando dentro o fuera de nuestro grupo, opta definitivamente por ser y actuar como rico, es decir, se siente seguro y confía en su propia riqueza: bienes, poderes, influencia… Estas personas no están libres de culpa. Actuar como rico, habiendo pobres alrededor ofende a Dios  y a los hermanos. Comportarse de esta manera corrompe las riquezas que tenemos, incluso, aunque creamos poder afirmar que han sido ganadas “legalmente”. Dios no quiere tales diferencias que oprimen y esclavizan. Esas personas se están cebando para el día de la matanza, dice el apóstol Santiago.

Sororidad nº 27 – Septiembre 2012

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A la escucha del Maestro…

Por: Jose Antonio Ruiz Cañamares, s.j. Madrid

Domingo 25 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Ser creyente y seguidor del Señor Jesús pasa por aceptarlo como Maestro de nuestra vida. Y las enseñanzas del Maestro son, casi siempre, tan contraculturales que cuesta mucho hacerlas vida en nosotros.

Marcos en el evangelio de este domingo nos muestra a Jesús camino de Jerusalén instruyendo a sus discípulos. Y ellos, como la mayoría de nosotros y nosotras, no quieren enterarse de lo que el Maestro intenta enseñarles. Este les habla en relación a lo que le espera en Jerusalén y ellos sin atreverse a preguntar lo que no entienden. No vaya a ser que la aclaración suponga tener que cambiar su manera de pensar, actuar y situarme en el mundo.

Efectivamente, basta que Jesús se adelante un poco en el camino para que ellos comiencen a discutir quién es el más importante. Y el Maestro, con su paciencia infinita, los sienta y les deja claro que “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Por si no queda clara la explicación abraza a un niño, “el que acoge a un niño… me acoge a mí”.

Se nos educa para subir, no para bajar. Y acabamos con una tendencia innata a tomar el ascensor de subida y nunca el de bajada. La “ley del escalafón” se instala en nuestro corazón y en el mundo interior de nuestros deseos más profundos. Con nuestros labios podemos decir que lo nuestro es el servicio gratuito, pero de hecho nos gusta que nos sirvan, nos admiren, nos ensalcen, nos promocionen, etc. Estos son los valores del mundo. Esto es lo “natural”, y seríamos muy ingenuos si pensáramos que los creyentes –y quizá más los que somos clérigos- estamos inmunes a este humus en el que vivimos.

Sin embargo, como dice mi compañero Toño García, “en el mundo se sube subiendo y en el evangelio se sube bajando”. Son las paradojas que contienen las enseñanzas del Maestro. Hay que atreverse a creer esto y pedir al Espíritu de Dios que nos dé la fuerza para hacerlo vida en nosotros.

Vuelvo a la escena del niño abrazado por Jesús. El niño simboliza lo débil, lo vulnerable, porque necesita radicalmente del cuidado de sus padres para subsistir y salir adelante. También tenemos un comportamiento muy aprendido de presentarnos públicamente ante los demás con lo mejor de nuestro “curriculum”. Y así, ser aceptados, valorados, etc. La imagen del niño abrazado por Jesús nos recuerda que lo que nos hace valiosos ante Dios no son precisamente nuestros “talentos públicos”, sino nuestra debilidad y vulnerabilidad.

Sólo la persona que haya tenido la experiencia de sentirse acogida, sostenida, valorada y querida por Dios desde lo que es, y sobre todo, desde “el niño” que todos llevamos dentro, puede dar crédito a las enseñanzas del Maestro, y desde la gratitud que brota de esta experiencia situarse en el mundo como aquel que quiere entender su vida como servicio desinteresado, como lo hizo el Maestro.

El que pierda su vida por mí y por la buena noticia la salvará

Por: Paqui Castilla Muñoz, militante de la HOAC de Ciudad Real.

Domingo 24 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

La primera lectura de este domingo (Is 50, 5-9) nos muestra una fe en el Señor que sostiene y apoya al que desfallece, al que se siente perseguido y ultrajado. Insiste, asimismo, el Salmo 115, en la fe en un Dios que escucha la voz suplicante, que nos consuela y salva de la angustia, que es tierno y justo y “guarda a los sencillos”. Cuando desfallecemos, cuando creemos que todo se hunde, ahí está Dios.

Pero la fe no pueden ser sólo palabras ni debe confundirse con una espiritualidad intimista y evasiva. Santiago, en la segunda lectura, nos lo recuerda: “la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma”.

Vivimos en la realidad histórica de nuestro mundo actual tiempos duros. Esta escandalosa crisis, y las “soluciones” que se están planteando para salir de ella, nos hacen toparnos día a día con situaciones de sufrimiento (familias empobrecidas por el paro y la precariedad laboral, personas inmigrantes sin atención sanitaria, servicios sociales cada vez más desmantelados…). Los cristianos y cristianas no podemos permanecer impasibles ante este sufrimiento, aunque muchas veces caigamos en la tentación de encerrarnos en nosotros y nosotras mismas adormecidos en una fe intimista que nos conforta. Es precisamente esta fe en el Dios de Jesús, en el Dios que nos ama, que escucha nuestra voz suplicante, que es benigno y justo, la que nos debe llevar al compromiso solidario con nuestros hermanos y hermanas, especialmente con los últimos.

El evangelio de Marcos relata el camino de Jesús, un camino inesperado que va desde el inaugural anuncio gozoso del Reino por los caminos polvorientos de Galilea hasta el giro dramático de su entrega como Hijo del Hombre en Jerusalén. El paso del anuncio de la llegada del Reino al nuevo anuncio de su propia muerte por el Reino, marca la segunda parte del evangelio de Marcos. En el tenso diálogo de Jesús con Pedro, cuando iban de camino hacia las aldeas de Cesarea, Jesús expuso abiertamente a sus discípulos las nuevas y exigentes implicaciones, descubiertas tras el camino recorrido, para que el Reino sea posible en esta tierra: el Reino no vendrá sin la entrega de su propia vida hasta la muerte.

Jesús había escogido a los Doce, para que estuviesen con él, y para así enviarlos a predicar en su nombre (3,15). Ahora reformula ese motivo, diciéndoles que sólo podrán acompañarlo en el camino mesiánico si están dispuestos a caminar tras él, con el compromiso de entregar con él y por él la vida, es decir, por el Reino.

Jesús quiere que sus discípulos se conviertan (y nos convirtamos) en verdaderos seguidores, asumiendo en sí mismos el camino mesiánico de la solidaridad no violenta hasta entregar la vida por el Reino. Quiere que caminen (y caminemos) su mismo camino y lo caminemos de la manera que él lo camina, porque no hay otro camino ni otra manera de ser “cristiano y cristiana”. Es esta enseñanza la que Pedro no entiende y que le costará asimilar. Pues bien, hasta que un seguidor de Jesús no le conozca de verdad, es decir, no aprenda a vivir conforme a su proyecto de entrega “en pobreza, humildad y sacrificio” (“si alguien quiere seguir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”), Jesús le impone total silencio sobre su persona: “les mandó que no hablaran a nadie sobre él”. Esta cura de silencio es esencial para cualquier seguidor fiable de Jesús. Sólo el seguimiento cotidiano tras Jesús hará por fin posible que el discípulo le entienda de verdad y pueda hablar de él con palabras que salven al que escucha: ofreciendo espacios de solidaridad a los pobres y no muerte de los otros, y entrega personal, en medio de la violencia y egoísmo de la sociedad en la que vive.

La manera de ser cristianos y cristianas, que “no es la de Dios, sino la de los hombres”, a la que tantos nos hemos apuntado, ha de enmudecer sobre Jesús; pues lo que se nos pide es comenzar de nuevo el seguimiento de nuestro único Señor hasta aprender a renunciar a nosotros mismos, cargar con la cruz de un amor total a nuestros hermanos y hermanas empobrecidas y seguir así humildemente tras Jesús hasta la entrega total.

El Espíritu de las Bienaventuranzas

Por: D. Cornelio Urtasun

1. YA TENEMOS LA FELICIDAD DEL EVANGELIO

Jesucristo la ha establecido. ¿Por dónde acceder a ella?. ¿Será la felicidad del Evangelio un nuevo suplicio de Tántalo: un eterno tener a flor de labios el agua y morirnos irremisiblemente de sed?. Jesucristo, no solamente nos trajo el tesoro, sino que puso a nuestra disposición el camino para alcanzarlo. Es el que el Concilio llama el Espíritu de las Bienaventuranzas.

2. EL ESPIRITU DE LAS BIENAVENTURANZAS

Los consagrados y la transformación del mundo por el Espíritu de las Bienaventuranzas (L.G. 31). Los seglares deben transfundir en el mundo el Espíritu de las Bienaventuranzas (L.G.38; A.A. 4; G.S.72).

3. LA PALABRA DE JESÚS

El sermón de la montaña (Mt 5, 1-12; Lc 6,20-23). No sólo proclamó y presentó la felicidad del Evangelio, sino que la hizo accesible a todos los hombres, a todas las mentalidades, a todas las posibilidades. El vaticinio del Profeta Isaías 55, 1-3 “los que no tenéis plata, comprad y comed”. Se comprende la emoción casi infinita de la gente que escuchaba y veía actuar a Jesucristo. El eterno anhelo de FELICIDAD, se veía al alcance de las manos, en la felicidad del Evangelio, felicidad a la que se accedía no desde fuera, sino desde dentro. No dependía de lo que uno tuviera sino de lo que uno fuera. Y lo más grande: tenía al alcance de la manos, al REALIZADOR: la ENCARNACION VIVIENTE de esa FELICIDAD.

4. LOS COMPONENTES DEL ESPIRITU DE LAS BIENAVENTURANZAS

Pobreza, mansedumbre, dolor, hambre y sed de justicia, misericordia, limpieza de corazón, paz, persecución.

5. POBRES 

¿Quién es pobre?. ¿Qué es la pobreza?. ¿En qué consiste vivir la pobreza?. ¿Quiénes son los que entran dentro de esa felicidad promulgada por Jesucristo a los pobres?. Yo me confieso incapaz de hacer una elucubración teórica. He preferido ir a lo concreto: sobre todo, AL CONCRETO, a la persona de Jesucristo pobre. ¿Cómo entendió, cómo practicó, la pobreza Jesucristo?. Creo que es por ahí donde debe venir la solución para éste y para los otros problemas… Nació y murió pobre. Vivió austeramente pobre. Viajó a lo pobre, salvo en su entrada en Jerusalén. Vivió y se comportó con una libertad total, para vivir en la pobreza más radical, sin el menor inconveniente para alternar, tantísimas veces, con la gente rica: Nicodemo, Mateo y sus compinches, Simón el leproso, Zaqueo, Betania. Jesucristo nunca fue a sacar tajada. Siempre fue a DAR más: ¡A DARSE!. “El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza…” (Mt 8,20). Nuestra pobreza, la manifiesta nuestras obras. El desprendimiento del corazón. ¡El corazón…! “Dónde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6,21). El tiempo, la disponibilidad.

6. LOS MANSOS 

Hoy preocupa poco la mansedumbre. Se considera factor de poca categoría. Hoy impera la violencia, la destemplanza, los malos modos, la cara fosca y hasta la mala educación. Jesucristo no encontró mejor ambiente. Con todo, teóricamente, planteó con tremenda decisión su criterio: Mt 5, 38-42 “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo que no opongáis resistencia al malvado…” Se presentó como “MANSO Y HUMILDE” (Mt 11,29). A la hora de la verdad, en el prendimiento, ante Pilato, en la corona y crucifixión, en el ultraje de la cruz, mostró la solidez de sus convicciones: que era el MANSO: la oveja llevada al matadero y que la mansedumbre es la manifestación de la grandeza y fortaleza de los héroes.

7. LOS QUE LLORAN

Las lágrimas siempre han sido símbolo del dolor, del sufrimiento, del penar. Desde que el pecado entró en el mundo, ya no se han marchado las lágrimas de los hijos de los hombres. El misterio del dolor. ¿Por qué sufre tanta gente?. ¿Por qué sufre tanto, tantísima gente? Sobre todo la gente inocente, los niños… El grito y la protesta de Simón Wishenthal, en la muerte de los niños. Es el dolor que redime, que repara, que quita el pecado del mundo… QUE DA FELICIDAD. Lágrimas de Jesús: sobre la ciudad, sobre Lázaro muerto, Getsemaní … Lágrimas de dolor: lágrimas del Corazón de Jesucristo: Judas: prendimiento (Mt 26,49), suicidio de Judas (Mt 27,5.) Pedro: irresponsabilidad (Mt 26,40), negación (Lc 22, 52-64). Fuga de todos, abandono (Mt 26,59)

8. HAMBRE Y SED DE JUSTICIA

Jesucristo padeció hambre y sed materiales. Las espigas arrancadas en sábado. Ante la higuera, ante el pozo. Pero él mismo habló de otra hambre y de otra sed. Devorado por el celo de la casa de Dios (Jn 2, 17). “¡Tengo sed!” (Jn 19,28). En Juan 7, 37 proclamó otra sed, de la cual ya había hablado a la samaritana. Y en el sermón del PAN de VIDA habló Jesucristo del hambre y de la sed del espíritu. (Jn 6,34). Aquí llama felices a los hambrientos y sedientos de justicia. Hay quien piensa que una por una, la justicia social, la conmutativa, la distributiva… no son la base de la FELICIDAD DEL EVANGERLIO, NO SON EL ALMA DEL ESPÍRITU DE LAS BIENVANTURANZAS: apunta más alto, llega más hondo… Es el árbol de donde vienen los frutos de toda JUSTICIA.

9. MISERICORDIOSOS 

La formulación es clara felices los misericordiosos. En aquella sociedad del ojo por ojo… chocó. Por todas las cosas que se pudieron decir de Jesucristo Misericordioso, sirva la parábola del Padre Misericordioso, (Lc 15, 11-32) en el orden de los principios. Donde se autorretrató. Y en la práctica, la conducta de Jesucristo con el buen ladrón. “Dad y se os dará…”. “Seréis medidos con la medida que midáis”

  1. LIMPIOS DE CORAZÓN

La identificación que hemos hecho de limpieza de corazón con castidad es un criterio miope y empobrecedor. De Jesucristo nunca se pudo decir nada, a pesar de sus defensas de las prostitutas y los ladrones. Los discípulos sorprendidos de que hablara con una mujer… (Jn 4, 27). El Corazón limpio del Buen Jesús que amó a todos, a todas, en todo momento, hasta el extremo, pero no se pegó a nada, a nadie, ni se aprovechó, ni manipuló a nadie. ¡FUE UN CORAZON LIMPIO!.

11. PAZ

Elogiada cálidamente por el Señor y característica propia de los hijos de Dios (Mt 5,9). Esa fue la tarea de Jesucristo: TRAER AL MUNDO LA PAZ (Lc 2, 14). Nacido Jesús bajo el signo de la PAZ, SE DESPIDIÓ DANDO LA PAZ, pero no una paz como la da el mundo (Jn 14, 27) . A los suyos los quiere generadores de PAZ: “al entrar en la casa saludarla con el signo de la PAZ…” (Mt 10, 12-13). La PAZ “recibida gratis, debe ser dada gratis” (Mt 10, 8). Obtenida la PAZ con Dios, por nuestro Señor Jesucristo (Rm 5, 1) debemos hacer nuestra la alabanza del Profeta, recogida por San Pablo: “¡Cuán hermosos los pies de los que evangelizan la PAZ…!” (Rom 10,15). “En lo posible y en cuanto de vosotros dependa vivir en PAZ con todos los hombres” (Rom 12,14-21). Preocupados por vivir “de una manera digna la vocación a la que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia. Soportándoos unos a otros por Amor, poniendo empeño en conservar la UNIDAD DEL ESPIRITU, EN EL VINCULO DE LA PAZ” (Ef 4, 1-4). Por lo tanto… “E S F O R Z A O S por ser hallados en PAZ ANTE EL, sin mancilla y sin tacha”. (2 de Pd 3, 14)

12. PERSEGUIDOS POR LA JUSTICIA 

Ya hemos visto en el número 8 quiénes son los incluidos en esta categoría de Bienaventurados, por vivir a tope el espíritu de las Bienaventuranzas. El Maestro hizo la glosa (Mt 5,11-12) “Llegará un tiempo en que quien os mate, piense ofrecer obsequio a Dios” (Jn 16, 2). Todo comentario palidece ante la aventura de Jesucristo. Bajado del Padre, por amar al mundo y al hombre (Jn 3,16-17), pasaba la vida haciendo el bien (Hch 10,38), amando a los hombres hasta el extremo y los hombres le propinamos la ignominia de la cruz.

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