La crisis, desastre humano

DECLARACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS JUAN XXIII

La Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, sensible a los dramas humanos que está generando la crisis, queremos expresar nuestra solidaridad con los sectores más vulnerables de la sociedad que sufren en carne propia las consecuencias de una crisis de la que no son responsables y compartir las siguientes reflexiones.

1.Después de cuatro años hablando y lamentándonos de la crisis económica, creemos que hay un factor fundamental de este patético problema, que, a nuestro juicio, no se ha valorado aún debidamente en su justa dimensión y en sus consecuencias, y sin el cual la crisis no tendrá remedio. Dicho factor consiste en que la crisis ha sido provocada, no sólo por la economía, sino, como componente muy decisivo, por la corrupción. Los desastres que está causando han sido motivados por el dinero y el capital, pero también, y quizá en mayor medida, por la falta de ética y la desvergüenza de quienes han tenido la mayor responsabilidad en este desastre.

            2. Con razón se ha dicho que las creencias sociales se diferencian de las ciencias exactas en que las convicciones afectan a la realidad. Nuestra realidad social y humana está tan deteriorada porque ha nacido de convicciones perversas. Sobre todo, la convicción de que lo que importa en la vida es el lucro y la ganancia, el disfrute y el derroche, sin reparar en los medios ilícitos con los que eso se ha conseguido por personas y grupos influyentes, concretamente en el tejido social de nuestro país.

            3. La consecuencia inevitable de este estado de cosas ha sido el triunfo de poderes y de pautas de conducta que nos está llevando hacia un modelo de sociedad desigual en el que un reducido número de ciudadanos goza de unos ingresos económicos y de unos derechos de los que carece el resto de la población. Pensamos que en esto se concentra el problema más grave que se nos plantea ahora. Un problema del que muchos de los ciudadanos no acaban de tomar conciencia, ya que un sector importante de la población confía en que España, y los países que estamos pagando las peores consecuencias de la crisis, se recuperarán de este desastre y volverán recuperar el estado del bienestar del que han disfrutado durante las últimas décadas.

Así las cosas, creemos urgente que la ciudadanía tome conciencia de que estamos ante el final de un ciclo cultural, político y económico. Los poderes públicos están poniendo las bases de otro modelo de sociedad, que las personas mayores recuerdan con espanto: el viejo modelo en el que un grupo de familias poderosas gozaban de privilegios económicos, educativos, sanitarios y legales, que no estaban al alcance de la gran mayoría de los españoles y de las españolas.

            4. Al afirmar esto, creemos que lo más grave y peligroso, que se nos viene encima, además del hecho doloroso de que el desempleo crezca y se prolongue durante años, es que  nos están quitando nuestros derechos fundamentales, al tiempo que la cultura, la educación y la sanidad se están convirtiendo en poco tiempo en privilegios de los pocos afortunados que pretenden dominarnos a los demás.

            5. No es ajena a esta situación la pésima gestión de muchos políticos y la corrupción de algunos de ellos, que está produciendo daños graves a la democracia y generando descrédito de la misma en mucha gente.

          5. Valoramos positivamente las manifestaciones y actitudes solidarias de algunos obispos. Pero, al tomar conciencia de esta aterradora situación y de este proyecto opresor, que se nos oculta intencionadamente mediante mentiras incesantes, nos preocupa especialmente el silencio de un sector importante de la Iglesia jerárquica o la postura condescendiente con las injustas medidas gubernamentales ante un estado de cosas que entraña tanto dolor e inseguridad en los individuos y en las familias, y tanta desesperanza ante el futuro incierto y grave que se nos avecina. Creemos que los obispos, en España y en Europa, están cometiendo el mayor escándalo de los últimos tiempos. Las religiones, y concretamente la Iglesia católica en nuestro país, siguen teniendo un peso de autoridad moral importante, que puede ser decisivo en asuntos que afectan de forma tan directa a la conducta moral de los ciudadanos y a la felicidad o la infelicidad de quienes peor lo pasan en la vida.

Callarse o hacer declaraciones tibias en esta situación es el peor “pecado de omisión” que ahora mismo se puede cometer. Estamos ante un escándalo que clama al cielo. No se puede comprender cómo nuestros obispos protestan por las cuestiones que afectan a la moral sexual, tal como ellos la entienden y la proponen, o por la defensa de sus privilegios económicos y legales, al tiempo que se muestran insensibles ante el sufrimiento de tantas personas que se ven obligadas a cargar con el yugo más pesado que los empobrecidos tienen que soportar.  En esto se juega el ser o no ser de la Iglesia. Porque una Iglesia, cuya jerarquía guarda silencio o se expresa con una ambigüedad pretendidamente neutral ante una situación tan extremadamente grave, no puede ser la Iglesia que quiso Jesús de Nazaret. 

            6. Ante esta actitud de la jerarquía católica, gran parte de opinión pública considera que la institución eclesiástica se ha integrado en el sistema económico-político que se nos ha impuesto es parte del sistema, lo justifica, lo legitima, lo defiende y lo protege. Por eso, nos preguntamos: ¿Cómo se puede predicar el Evangelio de Jesús de Nazaret en tales condiciones? La Iglesia necesita una renovación a fondo y una recuperación evangélica. Cuando, en estos días, recordamos la figura ejemplar del papa Juan XXIII y el cincuenta aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II, pedimos de forma apremiante:

–  A los obispos, que las actitudes solidarias y las denuncias radicales contra los poderosos de nuestro tiempo se constituyan en criterio rector de nuestras vidas: la opción por los empobrecidos, la austeridad, la solidaridad con los marginados, la mesa compartida con quienes carecen del sustento diario, la compasión con los que sufren, la justicia y el trabajo por la paz, y que renuncien a los privilegios que les otorgan los Acuerdos de 1979m ya que les impiden  optar por los sectores marginados.

– A las organizaciones cristianas de base, movimientos apostólicos obreros y algunas instituciones eclesiales de las diferentes tradiciones cristianas, que sigan trabajando solidariamente, como lo vienen haciendo, en favor de las víctimas de la crisis. Dichos colectivos cuentan con nuestro apoyo y nuestra colaboración.

-A los gobernantes de la Nación, de las Comunidades Autónomas y de los Municipios, que en el ejercicio del gobierno den ejemplo de honradez, respeto, tolerancia y defiendan la dignidad de las personas y la igualdad de derechos que establece nuestra Constitución, como los fundamentos básicos sobre los que se asiente la recuperación de nuestra sociedad.

                                   Madrid, 19 de octubre de 2012

¿Difuntos?

Por: Faustino Vilabrille Linares. Párroco de Trevias, Valdés (Asturias).

1.-Todo lo que vive quiere vivir:

El día de todos los santos multitud de personas se acercan a los cementerios a llevar flores, lo que puede significar que seguimos recordando y queriendo a quienes han partido de este mundo, o que tenemos fe en la vida más allá de esta vida, o las dos cosas.

Personalmente pienso que solo tiene verdadero valor creer que hay vida más allá de la vida. Si no es así, lo demás no pasa de ser un rito para consuelo de ingenuos.

Por experiencia y los conocimientos más elementales de la física, sabemos que todo se transforma, pero nada desaparece. Todo está, de la forma que sea, en algún sitio. También tenemos muy claro que todo lo que vive quiere vivir, y mientras tiene capacidad para hacerlo quiere vivir. En el fondo siempre buscamos lo que nos parece que es lo mejor para nosotros, aunque sea buscando la muerte por el suicidio, consciente o inconscientemente.

2.-¿Es justo que queden muertos para siempre los que injustamente murieron?

Hay un hecho evidente: millones de seres vivos, incluido el hombre, murieron a lo largo de la historia de la humanidad y mueren hoy a diario de forma terriblemente injusta a causa de las injusticias, del hambre, las guerras, el odio, la violencia, la opresión, el mal trato, las torturas, la insolidaridad de unos seres humanos contra otros, los incendios, la violación de toda clase de derechos. Quemando un pequeño bosque destruimos más información genética que cabe en el ordenador o la biblioteca más grande del mundo. ¿Es justo que todos esos seres humanos y toda esa vida queden muertos para siempre? ¿Es justo que quede tanta injusticia por reparar? ¿No hace falta algo o alguien capaz de resarcir de tanto dolor y sufrimiento? Todo esto pide a gritos una respuesta.

3.-La respuesta de Jesús:

Supongamos que lleguemos a construir un mundo feliz, incluso hasta erradicar la muerte. Muy bien. Pero, ¿qué hacer con los que quedaron muertos para siempre? Ante esto nos vemos totalmente impotentes, incapaces, sin respuesta que ofrecerles. A este dramático problema, solo se enfrentó Jesucristo, con una respuesta, no solo inmanente proponiendo un proyecto de vida y salvación para este mundo (cosa que hicieron también en gran medida otros grandes hombres), sino también trascendente (esto es lo más original de Jesús), vinculando la lucha por la vida en este mundo con la vida para siempre, o vida eterna: “vine para que todos tengan vida, y vida en abundancia”, “quien cree en mi no morirá para siempre”.

4.-¿Qué es creer en Jesús?:

Pero, ¿qué es creer en Jesús? No es solo aceptar que es verdadero lo que El nos dijo, sino vivir lo que El practicó y enseñó. Por tanto, creer es ser justos, es amarnos, es hacernos felices, es ayudarnos, es apoyarnos, es respetarnos, es ser fieles, es ser nobles, es ser honrados, es ser solidarios, es luchar por ser iguales, es vivir y dar vida a todos y a todo. Quien lo practica está creyendo. Quien está creyendo de esta manera vivirá para siempre, pues dice Jesús: “en verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna”. Por tanto creer es mucho más que ir a misa o comulgar, o asistir a un funeral o aniversario, o llevar unas flores, o hacer una visita al cementerio. Se puede hacer todo eso y ser ateo, porque “la fe sin obras está muerta”.

5.-¿Donde están los genocidas, criminales y perversos?:

Los difuntos ya no están en nuestras manos. Están todos en las manos de Dios, seguro que sí. Pero, ¿y los que fueron unos criminales, perversos, genocidas, crueles hasta el mayor sadismo? Pues también están en las manos de Dios. ¿Están en la vida eterna?

Tienen que acabar estando en ella, pues no vinieron a este mundo por su propia voluntad. ¿Cómo se las arregla Dios para darles la vida eterna? Eso es cosa de El, El sabrá como hacerlo, pues para eso es Dios. Juzgar ahí ya no es competencia nuestra. Competencia nuestra es juzgar aquí en este mundo. ¿Cómo? Obrando la justicia, el amor, la fraternidad, la unidad, la solidaridad, la vida, la esperanza, la unidad, la colaboración, la igualdad, la comprensión, el perdón y la a paz: esto es creer. Eso es lo que nos piden los hermanos que están en la otra orilla de la vida que hagamos los que aun estamos en la orilla de esta vida. Al final tiene que haber plenitud para todos y para todo.

6.-¿A qué vamos a funerales y velatorios?:

Por tanto, aunque tengamos pena por los que marchan, no vayamos a funerales y velatorios a llorar la muerte, sino a celebrar la vida, el triunfo, la felicidad. Hagamos las celebraciones en la iglesia con vestiduras blancas, símbolo de triunfo como las de Jesús en la cumbre del Tabor, o las del ángel de Dios, blancas como el resplandor de la nieve, anunciando su resurrección. No vayamos a la iglesia o al cementerio a llorar aunque lloremos. Vayamos a dar gracias, por la vida del hermano vivo para siempre. Vayamos a perdonarle y pedirle perdón si nos quedó algún resentimiento. Vayamos a rectificar lo que sabemos que estamos haciendo mal. Vayamos a comprometernos a ser mejores, amando más, siendo más justos, más hermanos, más amigos, más conciliadores y reconciliadores, más solidarios con los empobrecidos, más amables, más serviciales, más honrados, más generosos, más austeros en nuestras vidas para que haya lo suficiente para todos. Este es el mejor camino para una vida feliz para este mundo y para la vida eterna.

Mujeres de esperanza

 Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Los días 27 y 28 de octubre los grupos de Mujeres y Teología de Ciudad Real organizaron su habitual retiro de inicio de curso, tuvo lugar en Huerta Carmela. Hacía, por lo menos, cuatro años que no podía participar en uno de ellos y fue una riqueza y una Gracia de Dios el reencuentro. Por ese deseo de aprovechar al máximo el tiempo, algunas nos fuimos ya desde el día 26 por la noche, y tuvimos la oportunidad de compartir, reír, cenar y ver una película juntas, se trataba de “La fuente de las mujeres” y, sencillamente, nos encantó.

El sábado, de buena mañana, acogimos al resto de las compañeras, en total 17, y también a Cristina Carrasco que llegaba desde Madrid para acompañarnos, el retiro giró en torno a la esperanza. Tema importante y tan necesario, sobre todo, en estos tiempos de inclemencia que corren. Iniciamos con una oración en torno al icono que preparamos y que poco a poco se fue enriqueciendo con el aporte de cada una. El icono simbolizaba y daba imagen a nuestro encuentro y cómo íbamos enriqueciéndonos cada una con el aporte de las demás, hasta el sol quiso hacerse presente.

                                                                                                                                                 

La oración, inspirada en Santa Teresa de Jesús, tenía como telón de fondo la canción: “Nada te turbe”. Y, como la Santa, queríamos tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama. Cristina nos ofreció muchas herramientas para la oración: orar con un símbolo, con la Palabra, con música, con una imagen, con un mandala, con una danza, desde el silencio…

A continuación pasamos a la primera exposición: “Del agradecimiento a la felicidad”. El agradecimiento genera agradecimiento, el bien genera bien, se multiplica. Cristina nos hizo caer en la cuenta de todo lo que tenemos para ser agradecidas y nos volvió a recordar a Santa Teresa con su dicho: “Si no sabemos qué recibimos no despertaremos a amar”. Fácilmente se nos olvida lo que tenemos y nos fijamos más en lo que nos falta. Porque hemos recibido, sobre todo, nada menos que a Dios que se ha encarnado por nosotras… Pasamos después a un tiempo largo de oración personal seguido de un rico y profundo compartir que nos caldeó el corazón.

             

Por la tarde la exposición fue: “La felicidad de un Dios que me habita”, de forma más informal nos preguntamos, cómo vivir y ser feliz y no morir en el intento. En esta parte quisimos, sobre todo, recuperar nuestro cuerpo, recuperarlo también para la oración. Somos templo del Espíritu, qué hacemos buscando fuera. La llamada fue a despertar los sentidos internos. A estar donde está nuestro cuerpo, unificar nuestra existencia. Y concluimos la exposición con una danza de bendición. Después, como en la mañana, tuvimos tiempo de reflexión personal y compartir.

El domingo dio inicio con un tiempo otoñal claro y soleado que ayudaba a la meditación. Después de la oración la reflexión fue: “La esperanza es el triángulo de la vida”. La esperanza está hecha de una sola pieza, como el triángulo, con tres lados: Jesús – la felicidad – el Reino. La palabra clave es la confianza, confianza en la Palabra de Dios que dice y hace. Confianza unida a la esperanza, a la felicidad y al Reino. La felicidad es un estado, una forma de estar en la vida no es una consecuencia de cómo me vaya. Seguimos con la oración personal y la puesta en común.

 

Como no podía ser menos concluimos con la Eucaristía, donde el grupo se agrandó aún más para acoger, amigas, maridos, hijos… Y como no sólo vivimos de la Palabra, la comida fue unas contundentes migas que hicieron las delicias de todos los presentes. Con los cantos militantes de esperanza, la limpieza de la casa y los abrazos de despedida volvimos cada una a nuestra vida cotidiana con el anhelo de ser mujeres de esperanza.

Mi madre

Por:  M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Todos los Santos, Ciclo B

Algunas veces en la vida nos sentimos sorprendidas por sus quiebros y nos damos de bruces contra lo inevitable. Son sucesos que nos desvelan la fragilidad en la que vivimos, que nos desnudan de los ropajes de la inconsciencia con los que a menudo nos revestimos y, de algún modo, nos abren la puerta a un paisaje nuevo. Para quien escribe, esta celebración de Todos los Santos es diferente a las celebraciones de otros años. Hace unos meses murió, repentinamente, mi madre. Este acontecimiento me hace mirar con ojos diferentes esta festividad. Tal vez porque estoy convencida que esta vida de ama de casa, sencilla y anónima, la de mi madre, también la celebramos hoy.

La muerte nos descubre que la vida es un regalo, un regalo fugaz, un soplo, porque somos un junco a la orilla del río de la vida que se puede quebrar. Un junco que piensa, decía Pascal. En momentos como éste nos encontramos mirando para el lugar equivocado, con el paso cambiado, abrigados solamente por nuestra esencial desnudez, regalados con nuestras carencias, enriquecidos por la fragilidad en la que nos reconocemos.

Sin embargo, es una gracia descubrir que la fragilidad es la puerta que se nos abre, el umbral por el que tenemos que atravesar para ser felices, porque si no la atravesamos seguiremos soñando ilusoriamente una vida inconsistente que se apoya sobre sí misma. Si no queremos entrar por esta puerta estrecha, como nos aconseja Jesús en el Evangelio, dejaremos pasar la ocasión y nos tendremos que resignar a vivir malamente hasta la próxima vez que la propia vida nos vuelva a alertar.

La festividad de hoy quiere profundizar en este sentido. La vida de las personas que llamamos santas son pequeñas biografías de mujeres y hombres que, desde su propia fragilidad, con sencillez, pretendieron ser buenos como Dios es bueno, sin conseguirlo plenamente. Todas ellas son reales como la vida misma. Sus protagonistas no son héroes, ni poseyeron poderes fantásticos. Sin embargo, como ha dicho, bellamente, Javier Vitoria, son historias que hacen correr rumores sobre la presencia del Dios de la Vida por nuestro mundo.

Su permanente recuerdo se convierte en suave invitación a cambiar el modo de pensar y de vivir, en provocadora incitación a verificar en la vida propia la verdad de la realidad que esas historias narran. Y todo ello porque la calidad humana de sus protagonistas posee un potencial de seducción y de contagio que anima a caminar libremente en su seguimiento y a acoger la salvación de Dios en la historia, aunque ese camino acarree peligros y dolores.

Sus historias dan fe de que las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy se cumplen. Las ocho bendiciones no son ocho preceptos o normas éticas que tengamos que llevar a cabo. Son ocho gritos de “¡Ánimo, aúpa, bien por vosotros y vosotras!”. Son el aliento del mismo Dios para nuestra vida en medio de sus dificultades. No son las obligaciones para aceptar su programa, sino que son, más bien, las ocasiones, las oportunidades, que se nos brindan, las puertas por las que cada uno puede entrar en el Reino de Dios.

De la misma forma que los ciegos ven, los cojos andan o los leprosos quedan limpios, también se proclama la felicidad a los pobres, los sencillos y afligidos. Desde ahora se nos anuncia que denunciar la injusticia, trabajar por la paz, cultivar un corazón limpio, ser generosa de corazón y todo lo demás, dejan de ser maldiciones y se convierten en bendiciones, en una ocasión, o mejor dicho, en ocho ocasiones para degustar la felicidad y vivirla.

No vamos a ser ingenuas, el camino así emprendido no resulta nada fácil y nuestro tiempo no da para ensordecedores clamores de Dios. No obstante, las historias de estas personas santas nos sintonizan con esa frecuencia que permite escuchar los ecos del silencio tenue de Dios. Compartir el camino con esas historias actúa como un colirio que dilata las pupilas de los ojos para ver y descubrir, como los discípulos de Emaús, a Dios en la oscuridad. Sus historias, tan vulnerablemente humanas, nos permiten recuperar un poco la esperanza en los seres humanos. Yo he tenido el gran privilegio de compartir, no sólo la historia, sino también la vida con una de ellas. ¡GRACIAS  MADRE!

Al borde del camino

Por: M. Carmen Calabuig. Vita et Pax. Kigali. Rwanda.

Domingo 30 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Las lecturas de la celebración de este domingo son un canto a la esperanza y a la confianza en el Señor, que tiene misericordia de su pueblo, de cada uno de sus hijos.

Jeremías nos invita a gritar de alegría porque el Señor salva a su pueblo, que retorna del exilio. Entre ellos hay cojos, ciegos, a los que guiará entre consuelos. El Señor nos dice, por medio de Jeremías, que ninguna situación es irremediablemente fatal, quizá el sufrimiento puede ser largo, pero al final del camino siempre hay una luz que nos abre a la esperanza:  Él es para nosotros Padre, nosotros sus hijos predilectos.

En los relatos de los evangelios nos encontramos con la presencia de los pobres, los cojos, los paralíticos… personas, que a su situación de pobreza se añadía la limitación, la enfermedad, alguna deficiencia física o psíquica que convertía su pobreza en miseria, viéndose obligados a vivir de la mendicidad y por tanto situados al margen de la sociedad.

En nuestro mundo, la crisis económica está dejando a un gran número de personas tiradas en la cuneta. Las guerras generan muerte, pobreza y sufrimiento en tantas personas que se ven obligadas a dejar todo para salvar su vida y a vivir hacinados en campos de refugiados…

Aquí vivimos en un barrio de los más pobres de Kigali, donde la gente lleva con dignidad su pobreza, intentando sobrevivir, pero si a su pobreza se añade la enfermedad, fácilmente la encontramos en situación de indigencia.

Bartimeo era una persona excluida de la sociedad, el Evangelio lo sitúa “al borde del camino”.  Quizá el peso del sufrimiento, los desprecios, la angustia por encontrarse en una situación límite habían hecho de él una persona sin esperanza y sin fuerzas para seguir viviendo, como sucede a algunas personas que nos rodean. Esto constituía “su ceguera”.

Oye  que Jesús de Nazaret pasa cerca de donde él se encuentra y lo llama: “Hijo de David, ten compasión de mí”, comprende mi situación, ponte en mi lugar.

Sólo quien se siente necesitado es capaz de gritar, de pedir ayuda.

Es una confesión de fe en el Mesías, en Jesús, que hizo suyas la palabras de Isaías:  “El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado a dar la buena noticia a los que sufren…”

El paso de Jesús por su vida hace renacer en él la esperanza: “Que pueda ver”

“Anda, tu fe te ha curado”.  Su  fe, su confianza en Jesús, ilumina su vida, que  ya no puede tener otro sentido que seguirle.

Los discípulos y bastante gente acompañaban a Jesús. Algunos de los seguidores de Jesús pedían al ciego que callara, que no estorbara.

En el mundo que llamamos desarrollado, los pobres no dan buena imagen de las ciudades. Cuando hay un evento importante se les retira de la vista… los países en vías de desarrollo han aprendido bien esta lección que les hemos enseñado y aquí sucede lo mismo.

Cada día encontramos en nuestras calles situaciones parecidas al relato del Evangelio, sabemos que la pobreza se está convirtiendo en una situación crónica, que sobrepasa nuestras posibilidades de resolver los problemas. Ante esto corremos el peligro de insensibilizarnos y no ver el sufrimiento de quienes nos rodean.

Jesús ante la llamada de Bartimeo se detiene, en contraste con nuestra actitud, que en ocasiones, volvemos la mirada y seguimos nuestro camino con indiferencia.

¿Cómo somos hoy los seguidores de Jesús?

¿Hacemos callar a los que están en situación de debilidad e indefensión?

¿Miramos con un corazón compasivo a tantos ciegos, cojos, paralíticos que nuestra sociedad ha dejado al borde del camino o seguimos a Jesús olvidando su presencia real en aquellos a los que Él más ama?

Podemos estar como Bartimeo, sentados al borde del camino que lleva a Jesús, amparados en nuestras seguridades religiosas, sociales, económicas… sin mirar las situaciones tan duras que vive la gente, justificando nuestra actitud… ésa sería nuestra ceguera.

¿Qué podemos, qué debemos hacer?

Pedir al Señor que “ilumine los ojos de nuestro corazón” para que veamos las situaciones de sufrimiento e injusticia que hay a nuestro alrededor y  vivamos más solidariamente.

Arrojar el manto que nos protege del dolor y abriga nuestra indiferencia. Abrirnos al paso del Señor en nuestras vidas que nos invita a cambiar y ver las situaciones de un modo nuevo, desde sus ojos.

Seguir a Jesús. Pasar haciendo el bien, en un amor entregado, en actitud humana y humanizadora de las realidades que vivimos, para que el Reino de Dios se haga más presente en nuestro mundo.

Grupo Vida y Paz de Ciudad Real

El día 18 de Octubre inauguramos el curso el grupo Vida y Paz de Ciudad Real; es nuestro tercer curso y eso nos llena de alegría. No fue una reunión normal, para empezar con energía programamos un retiro, el tema fue: “La profecía de lo cotidiano”.
Iniciamos el retiro con la comida, las anfitrionas de la casa nos hicieron una acogida y una comida excelente. Comer juntas también es un momento de encuentro que aprovechamos para compartir cómo nos había ido el verano. Y al igual que en la vida cotidiana, nos ha pasado de todo: hijas que se independizan, maridos que se jubilan y se necesita reformular la pareja, hijos que se casan, recortes en el mundo laboral, muerte de un familiar querido, vacaciones en familia, algún susto con la salud… nos faltaba tiempo para decir… se nota que es el tercer año y las palabras salen con fluidez y confianza. Hubo algunas compañeras que no pudieron venir pero que se hicieron presente con su recuerdo y mensaje.

                         

Y pasamos a la mesa de la Palabra donde escuchamos la voz de Jesús “Venid a mí todas las que estáis cansadas y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Tomamos conciencia de la importancia de parar, de quitarle prisa a las prisas para mirarnos por dentro. No entrar en la cultura de la velocidad. Las prisas se oponen a la ternura que tanto necesitamos. No hay ternura apresurada.

Cuando ya estábamos en sintonía reflexionamos y rezamos sobre dos cosas necesarias e inseparables para la profecía de lo cotidiano: la mística y la profecía. Recuperamos la palabra mística que se ha ido devaluando. La persona mística habita en Dios y experimenta que Dios habita en ella. Mística tiene la misma raíz que misterio. El misterio nos acompaña en la espesura de la realidad. La experiencia mística nace de una intensa intimidad y complicidad con Dios.
Por su parte, el profeta recoge el susurro místico y se hace cantor. Se hace voz de los que no tienen voz. Exige trato con Dios, mirada atenta a la situación doliente de las hermanas y hermanos. Es una persona que le interesan las cosas públicas, las cosas de todos los días. Tiene pasión íntima y profunda por lo cotidiano.
Desde la mística y la profecía la persona se asimila a Dios en el pensar y también en el sentir. Como Dios, se emociona, se apasiona y siente. Desde ahí ofrece alternativas a partir de una percepción de la realidad diferente. Ofrece utopía y esperanza. Nuestro mundo y nuestra Iglesia necesitan personas así: místicas y proféticas. El sufrimiento, la crisis, la pobreza, la marginación… seguirán existiendo pero mientras haya mística y profecía no faltarán seres con pasión y compasión que ayudarán a transformar la tristeza en gozo y la esperanza seguirá animando nuestro caminar.
Terminamos esta parte eligiendo un profeta que nos acompañará durante este curso: Amós, Oseas, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Jonás… también nos comprometimos a leer el libro del profeta elegido y saber más cosas para estimularnos en nuestra propia profecía.

Por último desgranamos algunos pasos para ejercitarnos en esta “profecía de lo cotidiano”:

Paso de la protesta a la propuesta                                                                         
Paso de la exclusión a la inclusión
Paso de la continuidad a la novedad y a la alternativa
Paso del hacer al ser
Paso de la justicia al amor
Paso de la idolatría a la adoración.

Volvimos a tomar conciencia de la necesidad de “crear oasis”, “zonas verdes” como este retiro o los encuentros mensuales, para ampliar la visión, recuperar el horizonte, tomar conciencia de dónde estamos y reafirmar nuestro deseo de ser mujer profetas en lo cotidiano, profetas de Vida y Paz.

Rebélate contra la pobreza

17 de octubre

El miércoles 17 de octubre se celebra el día mundial para la erradicación de la pobreza.

Pobreza Cero es una campaña estatal, organizada por la Coordinadora de ONG para el Desarrollo España que pretende implicar a todos los sectores de la sociedad civil en la lucha contra la pobreza de una forma urgente, definitiva y eficaz.

La erradicación de la pobreza sólo es posible con el apoyo y esfuerzo de todas/os.

La persistencia de la pobreza y de la desigualdad no se puede justificar, por ello las movilizaciones sociales para exigir a los gobiernos responsabilidad es más necesaria que nunca para que cumplan con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Acabar con la pobreza es una decisión política y el cumplimiento de los ODM representa un primer paso encaminado en ese sentido. Existen medios suficientes, tecnologías, desarrollo y capacidad para cumplirlos. Somos la primera generación que puede erradicar la pobreza. Tan sólo exige voluntad política por parte de los Estados.

Los gobiernos deben cumplir con los objetivos que ellos mismos han adoptado de erradicar la pobreza y combatir el hambre en el mundo.

Por ello os animamos a “rebelaros contra la pobreza”. Para ver las actividades de sensibilización, encuentros, concentraciones que hay en vuestra ciudad, os animamos a entrar en la página Rebélate contra la pobreza, os aparecerá un mapa del territorio y dando un clic en la provincia elegida os mostrará las actividades que se llevarán a cabo a lo largo de la semana.

Los recortes generan pobreza REBELATE

A vueltas con el servicio, los pequeños, los últimos…

Por: MaJesúsAntón. Vita et Pax. Teruel

Domingo 29 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

El domingo pasado se puso de manifiesto que a los ricos les será difícil  entrar en el Reino de Dios.

Hoy los hijos de Zebedeo piden privilegios no quieren aceptar el sufrimiento que supone el seguimiento de Jesús. Mientras el Señor pensaba en dar la vida, sus seguidores siguen pensando en obtener privilegios, no quieren aceptar el sufrimiento que supone el seguimiento de Jesús. Como en otras ocasiones ellos no entienden, no han logrado salir de sus lógicas para comprender la lógica del evangelio. La lógica del evangelio es contraria al mundo, exige la libertad de ponerse al final, en el lugar del esclavo que sirve. Sin esta actitud consciente de renuncia y abajamiento no se puede pretender tener un puesto entre los amigos y amigas de Jesús.

“El Hijo del Hombre  no vino a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por todos”; es el Servidor sufriente, no el Mesías triunfador.

Jesús aprovecha la ocasión para  instruir a los discípulos sobre el tema del poder y del servicio, les habla del servicio como requisito fundamental para sus seguidores.

El evangelio de Marcos es un testimonio de la fragilidad de los discípulos, esa tosca arcilla que pacientemente fue moldeando Jesús. Estamos llamadas a construir comunidad humana desde el poder del servicio, y no desde el poder que abusa y oprime a los pueblos.

No debe ser lo propio de los discípulos y discípulas de Jesús el buscar puestos, poder y riquezas. El discípulo y discípula auténtica es el servidor que debe tomar distancia de las prácticas de poder propias de “los gobernantes y los potentados que dominan las naciones como si fueran sus dueños”.

La situación de los discípulos “no” es diferente a la nuestra.

Marcos subraya, a modo de denuncia profética, la incapacidad de los doce para comprender. Y surgen comentarios, actitudes, estilos de vida que se alejan de las enseñanzas de Jesús. El camino de la cruz es también el camino del discípulo o discípula. Quien busca atajos, se niega a amar apasionadamente como lo hizo Jesús. Solo resucita el que ha sabido dar la vida.

El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (y sus acompañantes tampoco).

El seguimiento de Jesús es ante todo una opción de vida y no un trampolín para obtener beneficios o privilegios y porque el camino de gloria es el camino de la cruz.

Hace unos domingos en el comentario había esta frase: “en el mundo se sube subiendo, en el evangelio se sube bajando”.

El mundo espera de nosotras otros criterios, los criterios de la sociedad siempre funcionan desde otro punto de vista. El evangelio es tajante. ¿Con qué criterios funciono yo, con los del mundo o con los del evangelio?

Estemos alertas, todos y todas en nuestra vida tenemos una parcela de poder o lo ambicionamos y todo poder tiene riesgo de dominar, ambicionar…

Los gobernantes y los poderosos utilizan el poder para abusar y oprimir al pueblo, para estar arriba o dominar. Por el contrario si por ayudar a alguien tuviéramos que rebajar nuestro nivel de vida, ¿tendríamos la libertad personal necesaria para ello?

El evangelio es justamente el servicio entregado, la donación. Las seguidoras de Jesús que pretendamos primeros puestos no podremos entender la entrega de Jesús si no cambiamos de clave, de orientación. Jesús se ha empeñado en hacernos ver que en el Reino todas somos iguales ante Dios y no hay categorías ni primeros puestos.

En el Siervo y en Jesús se cumple el plan de Dios: dignificar a los que sufren y aliviarles el sufrimiento.

“Misioneros de la fe” es el Lema este año en el día del Domund, qué mejor testimonio que estar dispuestas a gastar la vida, a dar vida y paz cada día.

Grupo Vida y Paz de Alicante

El día 11 de octubre inició su andadura el grupo Vida y Paz de Alicante. Nos alegraba mucho la coincidencia de la fecha, 50 años del Concilio Vaticano II y el comienzo del año de la fe, entre otros acontecimientos. A la reunión llegaron ocho personas con el deseo de formar parte del grupo Vida y Paz de Alicante.

El pórtico de la reunión fue una oración que nos identificaba desde el inicio: toda persona creyente es una buscadora, buscadora de Dios. Y esa búsqueda no la queríamos hacer en soledad, sino en grupo, por eso estábamos allí, para buscar a Dios juntos y juntas. Continuamos desde la Palabra de Dios, con el texto de Isaías: “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando… ¿no lo notáis?” (Is 43,18).

Este germen de grupo Vida y Paz de Alicante podía ser ese “algo nuevo” que Dios estaba haciendo brotar, de ahí la pregunta, ¿me apunto? Y ante la respuesta afirmativa de las personas presentes continuamos formulando en voz alta las expectativas que poníamos en el grupo.

Somos personas laicas, adultas, cada una con su estado de vida, con un compromiso fuerte desde la fe, insertas en la vida cotidiana, de ahí, la necesidad de estos grupos para compartir esa misma vida y esa misma fe. No somos un grupo cualquiera somos un grupo Vida y Paz y eso nos da un rostro concreto, una identidad peculiar. La identidad nos la proporciona el Carisma y la Misión que Vita et Pax ha recibido como don y que ahora se expande como la lluvia por los campos haciéndolos verdear.

Y es una experiencia muy enriquecedora, es una experiencia de Dios, ver cómo esos campos fructifican. Por eso, en la misma reunión recordamos al P. Cornelio, fundador del Instituto Secular Vita et Pax, que, desde los principios, soñaba compartir con otras personas esta riqueza que teníamos entre las manos. Recordamos también su advertencia rigurosa, si la motivación para extender nuestro carisma era la falta de vocaciones a la vida consagrada estábamos llamadas irremediablemente al fracaso, todo lo contrario sucederá si lo queremos compartir porque estamos convencidas de la valía que tiene lo que poseemos y que no nos pertenece en exclusiva.

Damos la bienvenida más afectuosa a este nuevo grupo.

XIX Encuentro de Mujeres y Teología “Recuperando nuestros vínculos teológicos”

http://19-encuentro-myt-vitoria-gazteiz.blogspot.com.es/

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