Corramos: por fin llegó el día

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Por: Rosa María Belda Moreno. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real

Cristo Resucitado

Por fin llegó el día. El día en que estalla la alegría, al mismo tiempo que la naturaleza se despliega y el corazón se anima con la nueva luz y los torrentes de agua viva. Llegó el día en el que la fe tiene mucho que decir. 

Y es que Él ya no está, ya no está como le conocimos. Ahora aparece con otro modo de presencia que tiene que ver con la fe, que pone a prueba la fe, que atraviesa los umbrales de la muerte para decir que la Vida Es, que la muerte no se ha llevado todo. 

Le mataron

“Lo mataron colgándolo de un madero”, así dice Pedro en la lectura de los Hechos. Sí, se refiere a Jesús, “que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos, porque Dios estaba con él”. Aún es imposible borrar la imagen de la tortura y el maltrato que puede ejercer el hombre contra el hombre. Aún es más difícil digerir la certeza de que ya no está aquel inocente, que pasó curando y haciendo el bien. Aún no sabemos cómo se hará presente entre nosotros, cómo notaremos la fuerza de su Espíritu. Aún es tiempo de incertidumbre.

Y mientras tanto, la débil luz de la fe se va abriendo paso en el corazón para hacerse cada vez más potente. El corazón, que no es solo residencia de la emoción sino, centro de la sabiduría, “corre” buscando una señal. Corremos en la oscuridad con la certeza de que hay algo más, de que encontraremos la puerta, la luz, el sentido, una nueva manera de vivir que nos haga más felices.

María Magdalena fue al sepulcro 

Así es, María de Magdala fue al sepulcro, posiblemente en busca de consuelo, llevando sus perfumes. Con el intento, una vez más, de derramar olor y lágrimas ante aquel al que tanto amó. Pero encontró la losa quitada del sepulcro. Y buscó corriendo a Pedro y a Juan. Y ellos a su vez corrieron a ver, y las vendas y el sudario no contenían nada. Y al ver, creyeron. Y al ver, no pudieron contener su alegría.

¿Qué significa esto? Afirmar, pese a todos los mensajes en contra y la propia evidencia de la realidad, que Dios vive, es un milagro. Sí, un milagro que alegra el corazón. Dice Pablo: “vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”; nuestra vida pobre, insatisfecha, ajetreada, a veces enferma y cansada, a veces cargada de dolor. Resulta que vivimos en Dios, con Jesús que se ha hecho carne con nosotros, y ha experimentado el dolor, la injusticia y la muerte. Jesús no se ha escapado. Jesús lo ha vivido intensamente hasta el final, carne de mi carne.

Para mí, escuchar el corazón en este día, conectando con lo más íntimo de mi intimidad, me habla del amor de María de Magdala, de Pedro y de Juan, amor que desgarra las tinieblas, que ha infundido vida a lo que estaba muerto, amor que es certeza de que Él vive de otra manera en mí y en el mundo. Me imagino corriendo con ellos, buscando a Jesús, pero sin saber muy bien cómo, a tientas, sin todas las certezas, iluminada por el amor y por la fe en una promesa.

Si somos conscientes de que es el amor el que queremos que nos mueva en la carrera de la vida, y para eso hay que pararse y orar, y si además nos dejamos llevar por ese amor en cada acto de la vida, quizá la fe sea más sencilla, menos proceso demostrativo, más verdad escondida que inyecta alegría en el corazón contando con toda nuestra intelectualidad, más encuentro que degusta el corazón contemplativo, más esperanza inexplicable que corre al encuentro con Él. Un amor que responde a un Amor… que sólo se puede creer.

¡Ha triunfado la Vida!

Por: M. Auxiliadora Fernández Fernández. Mujeres y Teología. Ciudad Real

PREGÓN PASCUAL 2013

Esta Noche Santa nos atrevemos a pregonar la mejor noticia de la Historia:
el sepulcro ha estallado lleno de VIDA.
El poder del Imperio Romano, los Sumos Sacerdotes,
los grandes poderosos de la religión y la política, se han quedado sin voz.

Pensaron, por un momento, que habían terminado con la vida del Hombre Justo,
y ahora han de reconocer, enmudecidos, que Dios  ha dado la razón a Jesucristo.
Dios se ha puesto incondicionalmente de parte de un crucificado,
negando la razón a sus verdugos.

En esta Noche Santa, queda confirmado para siempre el Mensaje de Jesús de Nazaret:
el Dios de Jesucristo se identifica de forma plena, con todas las cruces de la Historia. Nuestro Dios sólo ama la VIDA.

En esta Noche Santa, se derrama sobre la humanidad toda,
una corriente de amor inagotable, un grito de esperanza ilimitada,
que hace estallar los muros de la muerte,
de cualquier muerte. ¡HA TRIUNFADO LA VIDA!

Que se alegre la Iglesia Universal, y todas las personas que seguimos creyendo
que  la Resurrección de Jesucristo no es un cuento de hadas.
¡CRISTO VIVE! Y con Él, se nos llama a regalar VIDA:
repartiendo ternura, recomponiendo corazones destrozados,
multiplicando semillas de esperanza, sembrando compasión,
siendo personas nuevas, renovadas, con el aire nuevo de la Pascua.

Hoy, como ayer, en aquella primera madrugada, en la que una mujer
la Magdalena– divulgó a voces la gran noticia de la Pascua,
seguimos afirmando que el imperialismo del dinero y de las armas,
la economía de mercado, la corrupción y el consumismo atroz,
no tienen la última palabra.

¡CRISTO VIVE! Y su Resurrección nos da plena garantía para seguir
apostando con fuerza por la VIDA. ¡Tenemos el triunfo asegurado!
No podrán detener nuestra esperanza, ni nuestra pasión por el Reino.
No podrán arrebatarnos nuestros sueños
de hacer del mundo la gran familia humana.

La Luz de Cristo Resucitado, aquí representada en este Cirio,
nos llama a la esperanza; a ser ya desde ahora y para siempre,
personas, de verdad, resucitadas.

II Jornadas de Ecofeminismo, Agroecología y Empleo

jornada

Red África Europa Fe y Justicia (AEFJN)

La RED África Europa Fe Justicia (AEFJN) es una red internacional católica, presente en África y en Europa. Fundada en 1988, AEFJN promueve la justicia económica entre la Unión europea y África subsahariana para que los pueblos de África puedan gozar de un porvenir mejor.

Su fe cristiana les motiva a:

  • Implicarse por el respeto de cada persona, cada pueblo, y por un futuro mejor para las poblaciones africanas.
  • Trabajar para establecer relaciones económicas equitativas entre África y Europa, para que en África “tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10).

Desean incorporar en sus vidas y relaciones el concepto africano UBUNTU, fundamentado en la solidaridad del grupo, el respeto mutuo… y que afirma: “sólo somos humanos, a través de la humanidad de las demás personas”.

AEFJN y el control de las armas ligeras

Las armas ligeras y de pequeño calibre son una de las causas principales de las muertes en África. La disponibilidad creciente de este tipo de armas a través de redes legales e ilegales contribuye al alza de forma alarmante de situaciones de conflicto armado en África.

  • Existen aproximadamente mil millones de armas ligeras en el mundo que matan entre 300.000 y 500.000 personas cada año. Este número indica que las armas ligeras son la causa mayor de las víctimas civiles en los conflictos modernos.
  • Hay más de 100 millones de armas ligeras en África, especialmente en el Cuerno de África, en los Grandes Lagos y en múltiples zonas de África Occidental.
  • En África, los AK-47 se pueden comprar en ciertos países en un mercado público por el equivalente de un saco de harina.
  • Más del 80% del comercio de municiones permanece al margen de las estadísticas de exportaciones fiables…

AEFJN para parar la transferencia de armas y su proliferación en África trabaja a tres niveles:

  1. A nivel europeo, en la implementación de la Posición Común sobre las exportaciones de armas y su aplicación por todos los Estados miembros.
  2. En las Naciones Unidas, pidiendo un Tratado sobre el Comercio de Armas
  3. Lo que podemos hacer:

◦   Buscar más información y transmitirlas a grupos, parroquias…

◦   Formar o adherirse a un grupo que trabaje contra la proliferación de las armas ligeras y participar en sus actividades.

◦   AEFJN tiene un repertorio de ONG que trabajan sobre las armas liberas y de pequeño calibre en África.

Para más información: www.aefjn.org

 

 

Nos ponemos en camino hacia la Pascua…

Viernes Santo. Celebración de la Pasión del Señor

Por: M. Jesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala

Un año más  nos disponemos a celebrar, profundizar y acompañar a Jesús en este momento de su historia en la que nos da testimonio de amor, regalándonos su vida para que  en Él tengamos Vida.

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 Yo creo que toda nuestra vida tiene un sello pascual. Cada experiencia lleva su carga de muerte y su esperanza de resurrección. Cada vez que queremos comunicar fuerza, cada esfuerzo por restaurar la dignidad de las personas, cada gesto no violento con el que pretendemos decir que la paz es el fruto de la justicia, cada sufrimiento vivido por el Reino y a favor de las personas más empobrecidas nos hace morir un poco a nosotras/os mismas/os, nos desgasta en nuestras fuerzas, pero nos fortalece en la esperanza de que en cada gesto, en el que nos “deshacemos por los demás”, generamos vida, en nosotras y en los otros. Muerte que lleva a la Vida. Como Jesús.

Y como en Jesús, hoy, la historia se repite. Y son los pequeños, los pobres, los marginados, los que, como Jesús, ven crucificada su vida.

¿Y a quién le importa? Dice el profeta Isaías en el primer texto que leemos hoy: “inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte?”.

Nos hemos acostumbrado a la violencia y al sufrimiento ajeno, no nos “duele”.

Jesús calla, no abre la boca, no se defiende, asume el dolor de toda la humanidad.

Y la historia se repite. Tantas personas que viven en el silencio su propia humillación y sufrimiento. Y nosotras apartamos el rostro porque nos molestan los suyos  dañados, su pobreza y su presencia desagradable. No los miramos porque de hacerlo, nos salpicaría a la cara nuestra propia incoherencia y debilidad, nuestra falta de compasión y ternura.

En este viernes santo –santo porque el amor lo hace sagrado-,  no sólo hemos de acompañar a Jesús y en él a tantas  hermanas y hermanos que viven humillados y con la muerte como compañera de andadura cotidiana, sino que hemos de poner nuestras energías al servicio de restaurar la vida, hemos de hacer  el esfuerzo de “desclavarlos” de la cruz y  restituirles la esperanza en la verdadera Vida.

Hoy seguimos necesitando llevar adelante la tarea dolorosa de bajar de las cruces a tantas personas que ven su vida apagada, humillada, violentada injustamente e invisibilizada  para este mundo nuestro que sólo busca el bienestar, lo agradable, el poseer por encima del ser. Y que sin embargo, este mismo mundo nuestro es el que con sus leyes injustas, sus antivalores y su propaganda por una vida cómoda, fácil, egoísta, engaña, oculta y da la espalda al sufrimiento de tantas hermanas y hermanos nuestros que siguen con el corazón apagado y la esperanza rota. Y nosotras somos parte de este mundo.

Este viernes santo es una nueva oportunidad para renovarnos en nuestro compromiso al servicio de la vida. Y proyectar, en medio de tanta cruz injusta, la esperanza pascual del domingo de resurrección.

Creer, proclamar y hacer nuestra la certeza de que la muerte no tiene la última palabra y  que otro mundo es posible. Jesús se jugó la vida por este sueño, creyó en la utopía del Reino y lo puso en manos de su Padre. Y su Padre respondió resucitándolo a una vida nueva.

Que esa sea nuestra esperanza y que hoy, en nuestra propia andadura y seguimiento de Jesús, no perdamos la perspectiva de la fuerza de la vida que se esconde en nuestro sufrimiento de hoy.

Nos ponemos en camino hacia la Pascua…

Nos amó hasta el extremo

Jueves Santo, Cena del Señor

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

Eucaristía.CerezoLa situación en la que se encontraba Jesús en la última etapa de su vida era tremendamente adversa. Pero todavía puede actuar libremente, y en la cena de despedida con sus amigos y amigas anticipa su propia muerte en el pan partido y en el vino que pasa de mano en mano. Jesús, por medio de los gestos eucarísticos, transforma una muerte indigna en un acto de amor “hasta el extremo”. Justo en ese momento terrible, en que su frágil comunidad se venía abajo, Jesús tomó el pan, lo bendijo y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. Jesús encarnó la esperanza en un signo: el pan roto que une, la copa que nos une en su Vida para siempre.

Gracias al relato de la Cena, sabemos lo que había en el interior de Jesús ante su muerte. Sin la Eucaristía, sería posible pensar que murió por una especie de “necesidad” o fatalidad, porque no podía ser de otro modo. Sabemos que no fue así. La noche en que iba a ser entregado, cuando su vida estaba en peligro, pero aún no había sido detenido y todavía estaba abierta la ocasión de escapar de una muerte que le pisaba los talones, Él hizo el gesto de ponerse entero en el pan que repartió, e hizo pasar la copa con el vino de una vida que iba a derramarse hasta la última gota. Y aquel gesto y aquellas palabras, recordadas en cada Eucaristía, nos permiten adentrarnos en el misterio de una voluntad de entrega que se anticipa a la pérdida: nadie puede arrebatarle la vida; es Él quien la entrega voluntariamente (Jn 10,18).

La Eucaristía no nació en la última cena, sino que Jesús fue gestándola y preparándola a lo largo de toda su vida a través de sus palabras, gestos, encuentros, actitudes… Jesús interpreta su propia vida en clave de servicio y de entrega (Mc 10,45), que culmina en el lavatorio de los pies (Jn 13,1-15). Dejamos que nuestro corazón desborde de agradecimiento y de alegría por el regalo de la Eucaristía, por el proyecto de humanidad reconciliada y fraterna que encierra, por la semilla de recia esperanza que expande.

Jesús se entrega, libremente, por amor. La palabra amor está hoy tan deslucida que casi da miedo pronunciarla. Pero no podemos ni debemos renunciar a ella. Jesús nos muestra cómo se ama y cómo se ama con pasión. Por eso nos atrae, nos seduce. Igual que nos han conmovido y llenado de admiración, alguna vez, los gestos o el comportamiento de personas que han ido más allá de lo razonable, de lo “lógico”, de lo humanamente exigible: han arriesgado su vida por otros; han permanecido junto a los que estaban en situaciones de alto riesgo; no se han tenido en cuenta a sí mismos, sin calcular ni medir, han entregado lo que eran y tenían; y, como consecuencia, han arriesgado su propia vida hasta perderla.

Este momento es ideal para alegrarnos por estas personas, ponerles nombre, felicitarlos desde lo más profundo de nuestro corazón. Sentir orgullo de pertenecer a una humanidad y a una Iglesia en la que muchas mujeres y hombres viven fuera de sí mismas para entregarse a otros y siguen siendo capaces de traspasar fronteras, hasta el extremo.

En determinados momentos, también nosotros y nosotras hemos sentido un impulso que nos empujaba a comportarnos así, a romper límites y a movernos por las razones apasionadas del amor. Y, aunque no estemos establemente ahí, sabemos experiencialmente de qué se trata. Hemos sido capaces de superar la lógica del cálculo, la media y la cautela y de entrar en la lógica de la Eucaristía, en la que celebramos el máximo derroche, el total despilfarro “hasta el extremo”. Porque es precisamente eso lo que se nos llama a celebrar y a vivir: “Haced esto…”. No dice “meditad”, “escribid”… sino, sencillamente, “hacedlo”.

Y le presentamos a Dios nuestro deseo terco de “hacerlo”, de entrar en su “proyecto eucarístico”, de vivir “en memoria suya”, de conformarnos con su modo de ser, en el que cada persona se entrega absolutamente a las otras y se recibe de ellas en eterna acción de gracias. En nuestra propia persona y en la solidaridad con los crucificados de la historia somos la pasión de Dios que trabaja, sufre y muere en nosotras. Y somos esa pasión también en nuestras sencillas historias silenciosas, cuando intentamos ayudar a vivir con apuestas pequeñas y cotidianas; cuando levantamos la voz para defender derechos secuestrados o cuando actuamos como frágil levadura que se disuelve en la masa espesa de la sociedad y la fermenta de Vida y de Paz.

 

Comentario litúrgico al Domingo de Ramos

Por: Maite Menor Esteve. Vita et Pax.Guatemala

Con el domingo de Ramos, entramos en la semana grande para todos los que somos seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret. Semana por excelencia para revivir la pasión y muerte de Jesús. La verdad es que no estamos demasiado acostumbradas a que haya personas que den su vida por salvar a otra persona, más bien estamos acostumbradas a que haya muchas personas que quitan la vida a otras. Los seres humanos nos hemos habituado a la violencia en todas sus formas, guerras, asesinatos, torturas, feminicidios, explotaciones, recortes y ajustes económicos que ahogan, asfixian y quitan la esperanza e incluso, la vida de muchas personas.

Las lecturas de este domingo nos invitan a cuestionarnos nuestra manera de estar, de comportarnos con los demás, de revisar los valores con los que vivimos, y hasta dónde estamos dispuestas a llegar por defender el proyecto de Dios sobre la humanidad. Ese gran proyecto de humanizar la vida. ¿Podemos decir que, cada vez, nos comportamos con l@s demás con más humanidad?

El evangelio nos relata cómo los discípulos disputan sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Parece que el deseo de ser primeros viene de lejos… Pero Jesús les responde: “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve”. Si echamos una mirada a nuestro mundo en efecto, vemos que los que están en los núcleos de poder, políticos, económicos e incluso, eclesiales, dominan y oprimen, se presentan como bienhechores que dicen buscar el bien ¿de quiénes? ¿Acaso los políticos de turno trabajan por el bien de todos? Y los que tienen la economía en sus manos ¿quieren que la gente adquiera las condiciones para una vida digna? ¿O más bien lo que buscan es amasar riquezas a costa del engaño, la apropiación indebida y la injusticia? Tampoco el poder eclesial se libra de esta tentación, en la que han caído tantos que en lugar de servir al pueblo, se han servido del pueblo. La invitación de Jesús es clara y contundente “Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve”. Un buen día para revisarnos si lo que nos mueve por dentro es el servicio y en especial, a l@s más pequeños y vulnerables.

Jesús manifestó y habló de un Dios amoroso, con entrañas de misericordia, que lo que más le importa es la humanidad, y que sus hijos e hijas vivan con dignidad, por eso rompió esquemas y leyes establecidas, curaba en sábado, se rodeaba de publicanos y pecadores, perdona a la adultera no respetando la ley de lapidación, etc. El Dios que Jesús manifiesta no se parece al de los judíos, por eso los sumos sacerdotes y las autoridades incitan al pueblo para que pida su crucifixión. La coherencia de Jesús es consistente y hasta el final, en ningún momento se retracta de nada, aunque sabe que se está jugando la vida. ¿Cuántos hoy, nos jugamos la vida por ser fieles a lo que creemos, a nuestros valores? Hoy el mundo está en una crisis de valores. Hoy, hasta los que decimos creer en Jesús no siempre, defendemos lo que es justo, lo que más humaniza, lo que genera vida, lo que dignifica a las personas. Para Jesús, lo más importante fue la persona y después las leyes y las creencias… ¿Anteponemos la persona por encima de creencias y leyes o aceptamos que, por defender esas leyes, se “crucifique” a personas? ¿No es un ejemplo de esto lo que ha ocurrido con los desahucios en España?

Hoy domingo de Ramos, revivir la pasión y muerte de Jesús, nos tiene que llevar a preguntarnos cómo estamos en nuestro nivel de coherencia con el mensaje de liberación y dignificación de la vida, que Jesús proclama.

En memoria del Rvdo. D. Cornelio Urtasun: Recuerdos y vivencias

Por: Luis F. Formentín Peñalosa. Cullera. Valencia

Recuerdo a D. Cornelio siendo yo pequeño en la década de los años cincuenta, concretamente, de 1953 a 1960, cuando venía a Cullera con aquél Citroën negro, y del que bajaban cuatro o cinco sacerdotes con sotana. A mí me llamaba la atención. Venían a comer a casa, invitados por mi hermano sacerdote, amigo de D. Cornelio, que disfrutaba degustando la paella que se cocinaba en nuestra casa, que tan bien preparaba la chica que teníamos, ya muchos años, a nuestro servicio.

En aquellas comidas aprovechaban los sacerdotes allí reunidos para charlar de una forma distendida y D. Cornelio empezó a querer a Cullera…

De D. Cornelio guardo gratísimos recuerdos y vivencias. Con el paso de los años, hoy podemos afirmar que fue un avanzado de abrir nuevas ventanas, –  como dijo aquél gran Papa, hoy Beato, Juan XXIII – para que entrara nuevos aires en la Iglesia, con la creación del Instituto Secular “Vita et Pax in Christo Jesu”, un fruto más del Concilio Vaticano II.

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Grupo Vida y Paz Barcelona

Por: Paqui. Grupo Vida y Paz de Barcelona.

Llega el día de la reunión y hay algo que nos une por igual a todas/os: es la alegría.
La alegría de compartir este tiempo hablando de Jesús, de su mensaje.
Después de los saludos, los besos… la Oración.
Así comenzamos cada encuentro sumergiéndonos en ese diálogo con el Padre.
Leemos despacito, al unísono.
Cada palabra vibra en nuestro interior, “resuena”, nos une en armonía y así comenzamos, poco a poco, desmenuzando nuestros sentimientos e inquietudes.
Hoy nuestro tema es precisamente éste la oración,  oración como alabanza, oración como signo de identidad del cristiano.
Ciertamente estos encuentros son para todas/os nosotras/os crecimiento, entrega y Amor y por encima de nuestras pequeñas diferencias coincidimos.
Y nos unimos en la oración.
Por ultimo quiero manifestar mi respeto y cariño por todas las personas, que han hecho y hacen del camino de Jesús, su Camino.

La pusieron en medio de todos…

Domingo 5º de Cuaresma, Ciclo C

Por: Conchi Ruíz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real

Debía haber mucha gente, y esta pobre mujer allí delante de tantas personas haciendo público su pecado. ¡Qué humillación tan grande! Seguramente no le importaba tanto el castigo, morir apedreada, como ver pisoteada su dignidad de esa forma. Igual les daba a maestros de la ley y fariseos el pecado de la mujer,  simplemente, la utilizan” para poner a prueba a Jesús y así conseguir sus fines.

La vida de las mujeres tenía poco valor. Esto de utilizar a las mujeres es una historia que viene de antiguo: utilizarlas para la explotación sexual, para sostener a las familias, para sostener a las economías, para perpetuar la especie,… pero ¿dónde estaban sus derechos y su dignidad como personas? Y hoy ¿se sigue utilizando a las mujeres?

Jesús escribe en el suelo, tarda en contestar… pero su respuesta trastoca todo el contexto.

Este texto del Evangelio me resulta tan reconfortante… Veo a la mujer perdonada por el Señor, con toda la ternura  y  naturalidad del mundo. ¡Cuánta delicadeza hacia una mujer, hacia una ciudadana de tercera…! Las acusaciones de los acusadores se volvieron contra ellos, empezando por los más viejos.

¡Qué importa la vida pasada!, nunca es tarde para cambiar, para empezar a amar, para perdonarnos a nosotras mismas y dejarnos perdonar, nunca es tarde para ser feliz, para recuperar la dignidad, … Hay todo un camino por recorrer.

¡Qué fácil es culpar a los demás, ver los defectos y las faltas ajenas!, ¡qué difícil ver nuestras faltas, defectos y las de los nuestros! Cuanto más avanzamos en edad más dobleces tiene nuestro corazón, perdemos esa lozanía e ingenuidad de la juventud y nos cuesta ser sinceros con nosotros mismos y con los demás.

Para mí que soy madre y me resulta tan difícil la tarea de educar, encuentro en este texto una gran enseñanza… Seguramente es una lección que la mujer no olvidaría jamás, pues se ha sentido perdonada, amada, reconocida, respetada… No es que Jesús le quite importancia al hecho, al contrario. Es una lección de educar desde la libertad. Vete, eres libre, pero no lo vuelvas a hacer más. La anima al cambio desde el reconocimiento y el perdón.

Cuando hablamos de educar en positivo ¿se trata de esto?, educar desde el amor, desde el reconocimiento de la persona, desde la posibilidad de equivocarse y volver a empezar, desde ese hacernos responsables de nosotros mismos y nuestros actos. Sólo el amor transforma y me transforma.

No recordéis las cosas pasadas, no penséis en lo antiguo, voy a hacer algo nuevo…”

Hoy se nos invita a vivir desde la esperanza, es momento de luchar por la utopía, de buscar nuevos caminos, de aunar esfuerzos, de compartir, de empezar desde lo pequeño, de mirar con ojos nuevos la realidad porque, a pesar de tanta desesperanza, en nuestro mundo hay signos, gestos del Reino, hay mujeres y hombres que con sus vidas están haciendo posible el Reino de Dios entre nosotros.

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