Los regalos de Dios

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Estamos en el año de la fe. La propia vida y el don de la fe me han parecido siempre dos regalos de Dios admirables. Regalos que, como todos los de Dios, son sin tasa, sin límite, con generosidad abundante, con derroche, gratuitos, espléndidos…

Tuvo que pasar un poco más de tiempo en mi vida hasta que descubrí otro regalo maravilloso, la capacidad y la posibilidad de pensar la vida y la fe. Pensar supone abrir horizontes, tener espacio suficiente para caminar por la vida, descubrir caminos inéditos. Pensar a Dios y su historia de amor con la humanidad da alas a mi ser.

Pero la cosa no acabó ahí, más adelante descubrí otro regalo más que me maravilló, la facultad de expresar y compartir la vida y la fe, es decir, poner palabra a la experiencia y a la reflexión y con ello, como dijo el gran teólogo, ayudar al ser humano a ser más humano hablándole de Dios con sentido.

Y esto es lo que he hecho en este viaje a Rwanda. Apoyar a Spéciose en la formación de las jóvenes ayudándolas a entrar más profundamente en el Misterio de Dios a través de la Palabra. Para ello hemos tenido como base los cuatro Evangelios.

En la casa de formación estaban Odette y Serafina en su segundo año de formación, Verena que está en primer año, Josiana en discernimiento, Poline que empezará en el próximo septiembre el discernimiento vocacional y Judit que hizo su oblación en diciembre pasado. En resumen, un bello regalo de Dios, un grupo de mujeres con sed de saber, de formarse y de pensar y vivir a Dios de otra manera.

En la sala de estudio

En el centro de nuestro curso de formación ha estado la Palabra de Dios. Ella es signo evidente del acompañamiento de Dios a la historia humana, a nuestra propia historia personal. Y es así como hemos intentado leerla, captando la presencia arropadora del Padre. Verificar que la Palabra se hace camino en nuestra propia senda es intuir el corazón que late más allá de sus letras y párrafos. Jesús dijo: “Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,23). La Palabra es la comprobación de esta verdad; no estamos solas, a la intemperie, sino que somos personas cuidadas, acogidas, abrazadas…

Mesa de la Palabra

La Palabra nos empujaba a buscar a Dios desde lo más profundo, desde lo que cada una es, con nuestra  historia de dolor y violencia o nuestra historia de paz y alegría. Han sido días para vibrar ante el texto bíblico y estas jóvenes mujeres vibraban porque tenían sed y hambre. Esta sed les hacía “arder el corazón” como lo hizo en otro tiempo en el interior de aquella pareja de Emaús. Y como hizo vibrar también el corazón de aquel otro caminante navarro.

No vamos por libre, leemos la Palabra de Dios en familia, dentro de la familia de Vita et Pax. Para el P. Cornelio la Palabra de Dios fue siempre un pilar donde se asentaba con firmeza la espiritualidad del propio Instituto. En todo momento animaba a que Jesucristo había de ser estudiado y contemplado en toda la Historia de la Salvación referida por las Sagradas Escrituras. En los Estatutos aparece expresado con claridad: Tomarán las Sagradas Escrituras diariamente en sus manos para que en su lectura, acompañada de la oración, se entable el diálogo con Dios y aprendan la sobreeminente ciencia de Cristo. En la Palabra buscarán la iluminación que oriente su vida y actividad: “lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 118,105).

Una espiritualidad como la de Vita et Pax, cuyo centro es Jesucristo, exige un conocimiento perfecto de su persona y su mensaje, sobre todo en sus puntos fundamentales, para ello es imprescindible el acercamiento asiduo a la Palabra de Dios. Como apunta el propio San Pablo: La Escritura dice: ‘La palabra está cerca de ti, la tienes en los labios y en el corazón’. (Rm 10,8).

El P. Cornelio describía así el Evangelio: el Evangelio es el documental sonoro del Maestro. Allí aparece su Vida, sus palabras, sus enseñanzas, su sublime biografía. Si cada uno es lo que lee… ¡qué dicha si nuestra vida fuera un evangelio viviente!. El Evangelio es fuente de verdad. Verdad eterna y lozana, siempre nueva, siempre radiante, siempre sabrosa, nunca agotada. La verdad del Evangelio que no se agota ni se agotará nunca. El Evangelio fuente de felicidad. Las bienaventuranzas son una gran muestra de ello. Nuestra propia experiencia en el seguimiento del Señor lo confirma. La sonrisa que aflora en el alma cuando reinan los criterios de Jesucristo. El Evangelio fuente de amor. Amor de Dios al hombre: “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Unigénito”. Amor de los hombres entre sí, expresión de ello es el mandamiento nuevo del amor. El Evangelio une a todos los hombres en el amor.

Las palabras de Jesús son “Espíritu y Vida”, es decir, fuerza y energía para toda persona. No son palabras para la guerra sino para la paz, no son palabras para la muerte sino para la vida. Quizá por eso siguen resonando con toda su fuerza pasados los siglos. A esto nos invita con fuerza y empuje la espiritualidad de Vita et Pax, a ser oyentes de la Palabra. Otro hermoso regalo de Dios.

                                   

Expo-Vocacional 2013

Por: Celsa Vásquez. Vita et Pax. Guatemala

El 5 de mayo de 2013 se celebró la Expo-vocacional que se organiza cada año en Quetzaltenango (Guatemala) por parte de CONFREIS, espacio donde se concentran todas las Instituciones de Vida Consagrada, tanto Congregaciones Religiosas como los Institutos Seculares que tienen presencia en Quetzaltenango.

Nosotras tuvimos nuestra participación como Instituto Vida y Paz para dar a conocer y promover nuestro Carisma, nuestras misiones e inserción en los diferentes lugares en los que nos encontramos, tanto en Guatemala como en otros países.

La participación de los y las jóvenes fue numerosa, aproximadamente 150 jóvenes, mujeres y hombres. Todos estaban muy interesados en conocer los Institutos Seculares ya que, probablemente, era el estilo de vida consagrada menos conocido. Por ello, tuvimos la oportunidad de compartir sin prisas y facilitarles todo el material sobre la  difusión del Carisma y Misión de Vida y Paz.    


El día estuvo programado de la siguiente manera:

–  Bienvenida

–  Tema: Las Opciones en la vida,  impartido por un religioso Capuchino

–  Paseo por los diferentes stand

–  Celebración de la Eucaristía

Memoria subversiva

El Cuerpo y la Sangre de Cristo, Ciclo C

Por: José Luis Terol. Profesor. Zaragoza

Cuerpo. Las religiones en general han dualizado el mundo y separado radicalmente, mediante un abismo, el cielo de la realidad inmediata y visible. El cristianismo, con la encarnación, tiene en su entraña una dinámica paradógica y escandalosa que hace saltar por los aires este dualismo tan presente en la antropología religiosa. La experiencia cristiana no puede consistir nunca en una huida hacia otro mundo invisible o en la minusvaloración y abandono de la compleja y hermosa realidad creada.

Oración. La corporalidad es esencial en la experiencia cristiana. No es casual que, un banquete en el que simbólicamente comemos el Cuerpo de Jesús y bebemos su Sangre (la Eucaristía), alimentándonos y celebrándolo juntos, constituya la tradición y la experiencia central en la proclamación de nuestra fe.

Rostro. La “nueva alianza” es, por tanto, provocadoramente corporal y humana y, en este sentido, reconfigura la experiencia de Dios porque la vincula a los rostros humanos concretos. Para Jesús, buscar y experimentar el misterio de Dios está indisolublemente vinculado a buscar y experimentar el misterio de los hermanos, de cada rostro y cada hermano concreto.

Pan. Por eso, en este Día Nacional de la Caridad ¿cómo entender hoy el mandato de Jesús “¡dadles vosotros de comer!”? ¿Cómo actualizar en el presente, desde la precariedad y ambigüedad de nuestro seguimiento, la experiencia que permitió a aquellos hombres y mujeres  comer y saciarse todos?

Utopía. ¿Cómo comer y beber el Cuerpo y la Sangre de Jesús –el Cristo- que sólo cobran vida en cuanto banquete compartido, en una sociedad y en una comunidad política que está robando el pan y la sangre de tanta gente? ¿Cómo no manchar el banquete y la mesa de la fraternidad en un momento en el que de nuevo el dios Mamóm, el dios de los poderosos (el déficit, los recortes, el dinero de los usureros…) somete la vida y la dignidad de los seres humanos?  La celebración del banquete de Jesús, la memoria subversiva de su entrega, no parece compatible con la disolución y el desmoronamiento de los vínculos y sistemas que dan contenido al bien común. La fiesta del Corpus, cada celebración de la Eucaristía, tiene de esta manera un dinamismo profundamente utópico y político porque nos remiten siempre a la fraternidad y al cuerpo entero de la comunidad humana.

Silencio. En esta fiesta, tan tergiversada y manipulada tantas veces por palios y signos absolutamente contrarios a su esencia, hagamos silencio ante el Cuerpo entregado y repartido de Jesús –el Señor- para que se nos conceda visibilizar y ejercitar la fraternidad en este momento histórico concreto a pesar de todas nuestras limitaciones y contradicciones.

¿Cárceles todavía?

Por: José Arregui ( Comentario en su blog)

Hace más de dos siglos desde que se instauró el actual sistema carcelario y, aunque las cárceles de hoy no sean las de hace doscientos años ni las de hace 50, salta a la vista que no ha cumplido sus objetivos. Espero que antes de otros dos siglos, la humanidad se avergüence de nuestras cárceles. Si fuera verdad que sirven para lo que se dice que sirven –para prevenir, disuadir y reinsertar–, hace tiempo que debían haber desaparecido, o al menos disminuido, pues habrían desaparecido los criminales, o disminuido cuando menos. Pero los criminales no solo no han desaparecido y ni siquiera disminuido, sino que han aumentado (y eso sin contar los delincuentes de guante blanco, pues éstos, como se sabe, casi nunca van a la cárcel). Si después de dos siglos, las cárceles siguen aumentando y ni aun así dan abasto, es que han fracasado. Hay que pensar en otra cosa.

A no ser que… a no ser que la cárcel sirva, no para lo que se dice que ha de servir (para prevenir el crimen y resocializar al criminal: eso queda muy bien en la Constitución y en el Código Penal), sino para otro fin inconfesable: para castigar y vengar. Me temo que la venganza y el castigo están volviendo a ser el fin real, aunque no reconocido. ¿Cómo, si no, ministros de justicia y dirigentes de partidos proponen sin pudor prolongar la pena, hasta la “prisión permanente revisable”? Fomentan el peor de los instintos humanos: la venganza. Degradan a la sociedad a la que deberían servir. Se degradan a sí mismos. Y es posible que crean en Dios y se llamen cristianos.

Firmante habitual de las campañas de Avaaz, hace unas semanas recibí un mensaje que invitaba a firmar una propuesta de reforma legal para que los corruptos vayan a prisión:“Corruptos entre rejas. Reforma penal YA!”. No firmé. Si alguien, son los políticos y los empresarios corruptos quienes deberían ir a la cárcel, pero no quiero la cárcel tampoco para ellos. Que sepamos toda la verdad, sí, y que devuelvan con creces lo robado, y que se tomen todas las medidas necesarias para que no vuelvan a robar, pero que no tengan que vivir entre rejas, que ya tenemos bastantes. Si hay garantías de que ya no van a robar, no es necesario que vayan a la cárcel, y porque vayan a la cárcel no tendremos mejores garantías de que no volverán a robar. ¿Quién gana algo con que también ellos padezcan la desdicha, el desprecio, el miedo, el olor de la angustia, la inhumanidad que reinan en la cárcel?

Hacemos volar con orgullo costosísimos aviones sin piloto capaces de bombardear y matar con precisión allí donde interesa a los poderosos, pero aún no somos capaces de curar las heridas ocultas que han llevado a un violador a violar, a un asesino a matar, a un maltratador a maltratar, a un ladrón a robar. La cárcel me parece una de las señales más evidentes y graves de nuestro fracaso colectivo, un fracaso bien caro por cierto en estos tiempos de déficits y ajustes. La cárcel no consigue prevenir los delitos ni recuperar al delincuente. Mirad las estadísticas. La cárcel no hace más que aumentar el dolor humano. Al daño infligido por el malhechor, le añadimos el daño padecido por él. “He sido enviado a proclamar la liberación a los cautivos”, dijo Jesús de Nazaret. Y también: “Lo que hicisteis con los presos conmigo lo hicisteis”.

A esto llamarán buenísimo. Pero no propongo dejar libres a todos los corruptos, violadores, maltratadores y asesinos. Sus víctimas son sin duda los primeros a los que hay que salvar. Pero también a los victimarios hemos de querer salvar, si es que nos queda todavía sensibilidad en las entrañas. Propongo que inventemos otra cárcel muy distinta u otros medios mejores para evitar que los malhechores sigan haciendo daño, pues salta a la vista que la cárcel tal como funciona no lo logra. Y si es el deseo de venganza y la lógica del castigo lo que secretamente nos guía, propongo que llamemos a las cosas por su nombre.

Si esto te parece buenísimo, déjame que te pregunte: tú que deseas que el criminal se pudra en la cárcel, ¿te crees realmente mejor que ese criminal? ¿Estás seguro de que tú habrías obrado mejor que él si hubieras tenido su historia y te hallaras en su lugar? Y si el asesino, violador o ladrón fuera tu hijo, ¿qué querrías para él? Y si tú mismo fueras ese asesino, violador o ladrón, ¿qué querrías para ti? Pues ésa es el norma de la humanidad, ni más ni menos. O el camino de la divinidad.

 

 

D. Cornelio: el hombre de Dios

Por: D. José Formentín Peñalosa. Sacerdote Diocesano. Cullera. Valencia.

En memoria del sacerdote D. Cornelio Urtasum Irisarri, Director del primer Convictorio para sacerdotes recién ordenados en Valencia, por el gran Arzobispo Dr. D. Marcelino Olaechea Loizaga, en 1946.

A un sacerdote pamplonica, nacido en Espinal y secretario personal del Sr. Arzobispo, le fue confiada la misión de dirigir el Convictorio y completar en nosotros toda la formación que habíamos recibido en el Seminario. Yo lo conocí, antes de ser ordenado presbítero, como profesor de Derecho Canónico en el Seminario y después de ser ordenado, juntamente con otros treinta y siete condiscípulos, a primeros del mes de Octubre de 1952; se nos invitó a que hiciéramos el curso de pastoral en el Convictorio, bajo la dirección del joven sacerdote D. Cornelio Urtasun. Teníamos clase de Sagrada Escritura, Liturgia, Pastoral, charlas sobre espiritualidad y sobre los acontecimientos de la vida de la Iglesia.

Con D. Cornelio, mantuve una relación íntima y profunda durante toda mi vida hasta el momento de su muerte en Pamplona.

¿Quién era D. Cornelio? El hombre de Dios, el mediador entre Dios y los hombres, a quien Dios, concedió poderes para enseñar, guiar y comunicar gracias a la comunidad…. Un nuevo Jesucristo; en él yo veía representada la persona y el poder del mismo Jesús. En el Convictorio me di cuenta que era el gran enamorado de su “Amigo Jesucristo”. El que se pasaba horas ante el Sagrario. El que cruzaba la calle de Poeta Bodría casi todos los días para confesar a la gente que acudía al convento de las Agustinas Recoletas.

[Leer más…]

Sororidad nº 31 – Mayo 2013

Descargar (Sororidad-31.pdf, PDF, Desconocido)

Ayuda, por favor

Santísima Trinidad, Ciclo C

Por: Maricarmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

No es fácil hablar de la identidad trinitaria de Dios. Es más, para muchísimas personas cristianas no juega papel alguno en su vida. Se considera superflua o irrelevante. Con frecuencia se escuchan voces que se quejan de la dificultad añadida que esa identidad supone para la fe en los tiempos de increencia. Sin embargo, no nos encontramos ante una cuestión baladí. Está en juego la misma identidad de Dios y nuestra propia identidad, ¿en quién creemos? ¿dónde se sustenta nuestra fe y, por ende, nuestra vida?

La tentación de simplificar la fe en Dios es grande y no pocas veces la misma teología ha caído en ella. El propio Rahner denunció el “espléndido aislamiento” de la Trinidad en el conjunto de la teología. Ahora bien, no hay que confundir el misterio trinitario de Dios con la doctrina trinitaria. Nuestra fe descansa en el primero y no en el segundo, es decir, no descansa en una composición literaria más o menos acertada.

Si hacemos memoria de nuestra vida cristiana, ésta es un itinerario que nos conduce al Padre por el camino de Jesús, el Hijo, impulsadas por el Espíritu Santo. Nuestra oración refleja esta misma estructura trinitaria. Le buscamos e invocamos Padre en memoria de Jesús, el Hijo, gracias al Espíritu que nos habita. La plegaria eucarística muestra claramente este diseño oracional y de la vida cristiana. Todas las fórmulas que utilizamos en nuestra liturgia invocan, ruegan, bendicen, dan gracias al Padre santo, todopoderoso y misericordioso; hacen memoria de la vida, muerte y resurrección de Jesús, su Hijo y Señor nuestro; e imploran la efusión del Espíritu santificador, dador de vida y creador de comunión.

Esta fe cristiana en un Dios trinitario proviene de una experiencia religiosa anterior a la explicación de cómo un solo Dios puede ser Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los primeros testigos cristianos relataron que habían “visto y tocado” la presencia salvadora de Dios en Jesús de Nazaret y que habían encontrado a Dios mismo actuando saludablemente entre los hombres y las mujeres por la presencia de su Espíritu. Lo que identifica, por tanto, esta fe es la creencia en que Dios salva y lo hace por amor.

La experiencia de la salvación que proviene de Dios a través de Jesús y en el poder del Espíritu, da lugar a un encuentro tan profundo con el Misterio divino que requiere un nuevo lenguaje. Un lenguaje, concretamente, trinitario. Lejos de ser una definición o una descripción, el lenguaje trinitario es una interpretación de quién es Dios a la luz de la alegre noticia de la salvación, un Dios que actúa desinteresadamente por amor. El propósito del lenguaje trinitario es aclamar al Dios vivo como el misterio de la salvación. Ya lo encontremos en la Escritura, en el Credo, en la liturgia, en la doctrina o en la teología, es un código cristiano que expresa la creencia de que el Dios vivo, que se ha dado a conocer a través de Jesús y del Espíritu, es Amor dinámico que abarca el universo entero y que actúa para salvar. En el fondo, es tanto como decir, simplemente, que “Dios es amor” (1Jn 4,16).

Sin embargo, a lo largo del tiempo, ha ido pasando al revés. La doctrina se fue separando de las experiencias humanas, ricas y plurales, que le dieron vida en la mente creyente. Esta escisión entre fórmulas de fe y experiencia religiosa hizo que el símbolo trinitario pareciera la expresión de un rompecabezas o una entelequia de gentes desocupadas. Con razón, entre mal humor e ironía, Schneider criticó: “Dios no es dos hombres y un pájaro”. El desafío, por tanto, radica en volver a poner en relación, volver a conectar, la experiencia humana y conocimiento del Dios trinitario. La fractura entre la experiencia fundante de la salvación y su expresión en las teologías de la Trinidad necesita ser sanada para que tenga una implicación real y concreta en la vida creyente.

Por ello, desde este medio, que se esfuerza porque tengamos una Liturgia digna e introducirnos en la experiencia del Misterio, pedimos a las personas que corresponda, mujeres y hombres, a las dedicadas a la Teología y otros ministerios, que nos ayuden a volver a la raíz, a la fuente de la experiencia, ésa en la que nos sentimos sostenidas por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Y nos ofrezcan palabras sencillas para expresarlo.

Bien equipada/os para caminar por la vida

Domingo de Pentecostés. Ciclo C

Por: José Antonio Ruiz Cañamares, sj. Madrid

El evangelio de Lucas de la semana pasada, en el contexto de la Ascensión, ya nos decía que Jesús enviaría algo, procedente de lo alto y prometido por el Padre, que nos revestiría de fuerza. Ese “algo” es, evidentemente, el Espíritu Santo.

La mariología está muy tratada en teología y la relación afectiva con la Virgen es algo muy presente en nuestra religiosidad. Se ha dejado de rezar el rosario en familia, pero “la Virgen sigue siendo la Virgen”. Sin embargo, tenemos un déficit en el desarrollo teológico de la pneumatología y escasa relación personal con el Espíritu Santo en la vida de fe.

Afirmar que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad es correcto, pero insuficiente. Dando un paso más a nivel de lo aprendido en el catecismo afirmamos que los dones del Espíritu son: ciencia, consejo, fortaleza, inteligencia, piedad, bondad y temor.

Dios a lo largo del Antiguo Testamento no se revela diciendo quién es, sino haciendo. Dios es el que hace prodigios a favor de su pueblo. Del mismo modo hay que acercarnos al Espíritu Santo mirando más lo que hace, que encontrando la definición exacta de quién es. Y así, también aprendimos un día que los frutos del Espíritu son: amor, gozo, paz, paciencia, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, templanza y castidad.

El Espíritu es ante todo fuerza, aliento que da vida. Lo mejor que nos puede dar el Resucitado es su Espíritu (Jn 20, 23) porque es lo que necesitamos para andar por la vida como seguidores de Jesús yendo bien equipados.

Posiblemente tengamos más experiencia del Espíritu que la que creemos. Todos tenemos experiencia, cuando miramos hacia atrás en nuestra vida, que ha habido momentos en que nos han sobrado motivos para tirar la toalla y abandonar caminos emprendidos desde Dios. Y no lo hicimos. Allí estaba el Espíritu Santo.

En otras ocasiones, conociendo nuestra fragilidad y limitación personal hemos tenido que caminar un trecho de nuestra vida con grandes dificultades que exigía mucha fortaleza, paciencia y templanza y lo hicimos y no nos rompimos. Allí estaba el Espíritu sosteniendo y conduciendo.

Los senderos de la vida nos llevan en muchas ocasiones a tener que trabajar o compartir la vida con personas que difícilmente nos podríamos entender bien dado los distintos que somos. Y comprobamos atónitos que la unidad es posible en medio de la diversidad. Sabemos que esto no es fruto sólo de nuestro talante, más o menos respetuoso, sino de una fuerza misteriosa, que quizá no podemos definir con exactitud, pero que la fe nos dice que es el Espíritu Santo.

Las personas que en su día hicimos un compromiso de por vida sabemos que si perseveramos en el camino emprendido no es por nuestros méritos, fortaleza e inteligencia (la vida se encarga de decirte lo pequeños que somos), sino por una Fuerza misteriosa que nos envuelve, acompaña, sostiene y conduce, que es el Espíritu del Resucitado, el Espíritu Santo.

Si esto es así, y yo creo que sí, podemos afirmar que tenemos experiencia de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Dicha experiencia es la que nos hacer pedir (a veces de rodillas y con mano extendida de mendigos), en el día a día que se nos regale Espíritu Santo. Sin este aliento desfallecemos o pasamos por la vida durando, pero no viviendo. Y Dios nos quiere vivos y vivas, aunque nuestras fuerzas físicas estén cada vez más mermadas. Que nuestra plegaria para hoy, y para todos los días, sea: ¡ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor!

¡Oh Espíritu Santo!, ¡ven; no te hagas esperar más!

Por: Cornelio Urtasun

El Espíritu del Señor ha inundado la redondez de la tierra. ¡aleluya!. Venid y vamos a adorarle. ¡Aleluya!. El Señor cumplió su promesa: no nos hemos quedado huérfanos y nuestro corazón ha estallado de alegría.

Pentecostés: se desborda el océano de la VIDA. Viene sobre nosotros el Espíritu Santo para convertirnos a cada uno de nosotros en un pequeño manantial de esa misma VIDA.

Yo veo aquel cielo hermoso al que el Señor se marchó, convertido en un océano infinito de vida, en un mar inmenso de agua Viva, transparente como el cristal: algo así como una gigantesca presa en la que están acumulados, desde toda la eternidad, no ya muchos de los tesoros de la Trinidad, sino la totalidad de ellos: la Vida, la Paz, la Luz, el Amor.

Todo este tesoro de Vida, el Padre lo ha destinado para los hombres y sobre la Iglesia.

 ¡Ven Espíritu Santo.
Colma nuestros corazones.  Enciende en ellos el fugo de tu Amor!
¿Qué misión traes Espíritu Santo?:

Vengo a ser tu consuelo, a darte la Paz, a inundarte de Luz, a saturarte de Vida. Vengo a recordaros tantas cosas que El os enseñó en su Evangelio. Vengo a enseñaros toda la VERDAD. Vengo a iniciaros en todo… Yo soy el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, que es vuestra Vida.

Éste es el mensaje que dirá el Espíritu Santo a cada uno de nosotros, el día de Pentecostés. Porque  Él  es Padre de los pobres,  dador  de los dones y  luz de los corazones. El Consolador incomparable, el descanso confortable. Y, sobre todo, el dulce Huésped de nuestras almas.

El Espíritu Santo ha venido para acentuar nuestra vida de hijos de Dios, es más,  para incrustarnos en su Vida y  hacernos partícipes de su Divinidad. Para hacernos ÉL.

Como Maestro que va a ser nuestro de tantas cosas que nos interesan, su papel es trascendental en nuestra vida espiritual. TODO nos lo tiene que enseñar. Pero no ejercerá su magisterio si nosotros no le mostramos  todo el interés que se merece.

Enséñanos también a vivir su  vida de oración, su vida de sacrificio y, sobre todo, a vivir de la VIDA DE JESUCRISTO: a vivir de Ella hasta dejar de sobra: a plasmar en nosotros toda la manera de ser y pensar del Maestro. A respirar con su aliento, a ser altavoces de su Palabra y reproductores de sus virtudes: de su pobreza, de su generosidad…

¡Oh Espíritu Santo!,  ¡ven; no te hagas esperar más!.
Que en esta fiesta de Pentecostés de este año de gracia, su llegada a nuestras almas sea el comienzo de una vida nueva.
¡Oh Espíritu Santo!,  ¡ven; no te hagas esperar más!.
Enséñanos a estar zambullidos  en el mar de la VIDA: en Cristo Jesús.

Creación de una nueva Cátedra: “Iglesia,Secularidad,Consagración”

CREACION DE UNA NUEVA CATEDRA:  “IGLESIA, SECULARIDAD, CONSAGRACION”
POR CONVENIO SUSCRITO ENTRE “CEDIS”  Y LA  UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA

El pasado 19 de Diciembre, la Presidencia de CEDIS (Conferencia Española de Institutos Seculares), suscribió con la Universidad Pontificia de Salamanca, el Convenio de creación de la Cátedra “Iglesia, Secularidad, Consagración”, que quedará adscrita a la Facultad de Teología de esa Universidad.

Se llevó a cabo la firma del Convenio entre el Rector de la Universidad D. Ángel Galindo y la Presidenta de CEDIS Dª Lydia Jiménez, con presencia del Decano de la Facultad de Teología y la Teóloga Dª Mª José Castejón, perteneciente a CEDIS.

La Cátedra promoverá el estudio de la secularidad bajo dos líneas de investigación: Secularidad de la Iglesia  y  Secularidad Consagrada, basándose en los documentos del vaticano, de la doctrina social de la Iglesia, así como del origen y la historia de los institutos seculares, y la espiritualidad y visión del laico.

El desarrollo de la misma correrá a cargo de la Comisión de Formación de CEDIS, formada por miembros de distintos Institutos Seculares. La presentación oficial de la Cátedra se ha llevado a cabo el día 2 de Mayo, en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Salamanca, con la asistencia de los Directore/as Generales y también se presentará nuevamente en Madrid, para todos los miembros y otros invitados, durante la Jornada de Formación de CEDIS del próximo mes de Junio, en el Aula de Pablo VI.

Entre los actos programados en la Presentación de Salamanca, ha tenido lugar la Conferencia impartida por nuestro Sr. Obispo y Presidente de la Comisión de Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal, D. Vicente Jiménez Zamora, con el título: ‘La vocación de la consagración secular de la Iglesia’.  Quien ha hecho su exposición con una introducción acerca de la importancia y novedad de los institutos seculares, y desarrollando otros tres puntos principales: la vida en el mundo y la santificación desde dentro; la espiritualidad del carisma; y la secularidad y evangelización: como vía para asegurar la presencia de la Iglesia en la sociedad.

Al acto también han acudido entre otros:   Mons. Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol;  Dña. Lydia Jiménez González, Presidenta de la Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS), el Rector de la Universidad D. Ángel Galindo y el Dr. D. Jacinto Núlez Regodón, Decano de la Facultad de Teología.

No cabe duda de que para todos los Institutos Seculares es un motivo de estímulo y alegría, el poder contar con un instrumento valioso de estudio y difusión de nuestra realidad, en este momento de Nueva Evangelización, en el que todos estamos empeñados. Por lo que le damos gracias a Dios.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies