Una riqueza que arruina

Domingo 18º del T.O., Ciclo C

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Alguien ha dicho que “todos somos espontáneamente capitalistas”. Lo cierto es que la sed de poseer sin límites, como nos muestra el Evangelio de hoy, no es exclusiva de una época, ni de un sistema social, ni de ciertas personas, ni de un sexo sobre otro, sino que descansa en el mismo ser humano, cualquiera que sea el sector social al que pertenezca.

Lo estamos viendo todos los días. El móvil que guía a la empresa capitalista es conseguir el mayor beneficio. Pero, si nos fijamos bien, observamos que este móvil guía la conducta de casi toda la humanidad. El máximo beneficio posible es algo aceptado por la mayoría como principio indiscutible que orienta la vida diaria. La acumulación y la obsesión del bienestar son “drogas” legales, aprobadas socialmente.

Por otra parte, la consigna del “túmbate, come, bebe y date una buena vida” no es nueva. Ha sido y es el ideal de no pocos a lo largo de la historia. En nuestra sociedad casi todo se orienta a disfrutar de productos, servicios y experiencias nuevas. La consigna del bienestar es clara: “date una buena vida” y dátela tú, a costa de lo que sea, no esperes que otros te la proporcionen. Pareciera que la vida la hemos de alimentar en el consumo, a más consumo más felicidad.

Es nuestro gran error. Lo ha gritado Jesús de manera rotunda. Es una necedad vivir teniendo como único horizonte “unos graneros donde poder seguir almacenando cosechas”. Esa riqueza nos arruina. Y no nos engañemos, todas y todos estamos tentados por esa riqueza. La parábola evangélica nos invita a descubrir la insensatez que se puede encerrar en este planteamiento de vida. Parábola contracultural y revolucionaria como todo lo de Jesús, como Jesús mismo.

El cambio fundamental al que se nos llama hoy es claro. Dejar de acumular en graneros prefabricados para nuestros propios intereses y atrevernos a iniciar una vida más fraterna y solidaria. Hay algo muy claro en el evangelio. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito o para lograr un bienestar personal, sino para crear fraternidad. El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados es la “única fuerza de crecimiento”, lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad. Esta es nuestra riqueza.

La riqueza de Jesús no es la de aquella persona que consigue acumular más, sino la de quien sabe convivir mejor y de manera más fraterna. Eso es ser rico ante Dios. Sin embargo, hay que estar muy vigilantes, la “enfermedad del dinero” es silenciosa pero va adueñándose de la persona como una metástasis generalizada, instalándose en su centro. La ambición siempre divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompe la comunión.

Jesús mismo se vio tentado. No caminó entre rosas. Luchó en el desierto contra los demonios de su tiempo, los identificó con toda nitidez y formuló su propia alternativa, la que nunca impondría con la sutileza de la seducción ni la prepotencia del poder, sino que la ofrecería como una propuesta cercana y franca acercándose por los caminos, vulnerable a la manipulación y al rechazo. Pronto pudo ver lo que podía esperar de su propio pueblo. Los evangelistas no nos han ocultado la resistencia, el escándalo y la contradicción que encontró. Su comportamiento ponía en peligro demasiados intereses.

También nosotras y nosotros necesitamos librar un profundo combate en la soledad del desierto para identificar nuestros anhelos de “graneros” que nos den seguridad; a veces, queremos ser cristianos sin “seguir” a Cristo porque su planteamiento nos sobrepasa. La tarea es de todas y todos. Más que nunca, necesitamos caminar hacia una sociedad que se asiente en cimientos nuevos. Se hace urgente un cambio de dirección, también un cambio en nuestro corazón, por eso le pedimos: enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato, no un corazón necio.

“Señor, enséñanos a orar…”

Domingo 17º del T.O., Ciclo C

Por:Rosa Mary González.Vita et Pax.Tafalla (Navarra)

El relato evangélico de este domingo nos narra la oración tan conocida del “Padre nuestro”. Es curioso, pero cada vez que se lee se descubre algo nuevo. O quizás lo descubrimos porque nuestra vida ha cambiado mucho desde que lo aprendimos, percibimos algo muy hondo en esta oración que aparece tan sencilla.

Jesús está orando, como tantas veces lo hace en sus encuentros con su Padre, y uno de sus discípulos le dice:”enséñanos a orar, Como Juan enseñó a sus discípulos”. No lo pide para él solo, sino para todo el grupo. Y Jesús también se dirige a todos diciendo. ”Cuando oréis decid…”

Es la primera enseñanza de este pasaje, lo individual pasa a ser comunitario. Nos dirigimos personalmente al Padre, le pedimos que venga su Reino, pero le decimos que nos dé nuestro pan, que nos perdone porque también nosotros perdonamos y que no nos deje caer en la tentación. Tres peticiones aparentemente sencillas pero sabemos que en la vida real de cada día nos es dificilísimo vivirlas. Pedir el pan para mí y para los míos, nos sale de manera espontánea, lo necesitamos para vivir, así como tantas cosas útiles e inútiles que nos hemos ido creando. Pedir el pan para todos y, aún más compartir el nuestro, eso ya es otra cosa. Y eso es lo que Jesús enseñó a sus discípulos y eso mismo nos sigue diciendo aquí y ahora. Tenemos suficientes alimentos en el mundo para que todos y todas quedemos saciados/as, pero mientras unos llenamos los contenedores de lo que nos sobra, tantas gentes de cerca y de lejos lo pasan muy mal por no tener ni lo imprescindible para sobrevivir.

¡Que venga tu reino Señor!, que lo vayamos haciendo presente por nuestros gestos de solidaridad real, por saber pedir perdón y perdonar, porque nos creemos de verdad que eres el Padre Nuestro, porque no sucumbimos a la tentación de poseer cada vez más.

El diálogo del Señor con Abrahán en la lectura del Génesis nos invita a insistir para conseguir lo que deseamos de verdad. Abrahán pide el perdón para el pueblo hasta el agotamiento y termina por conseguirlo. Jesús también dice a sus discípulos que hay que insistir, pedir, buscar, llamar y nuestro Padre celestial nos lo dará. Nos enviará su Espíritu y con El nuestra búsqueda incansable de justicia, de paz, de amor.

Insistir cuando se quiere conseguir algo ha sido, es y será algo fundamental en nuestra vida. Insistimos desde la infancia hasta la vejez. A veces nos ponemos pesados, pero nos da igual, sabemos que manifestando reiteradamente lo que necesitamos, lograremos ablandar el corazón de la otra persona. Abrahán y Jesús nos invitan a traspasar el límite de lo privado cuando vamos buscando un bien común, es la manera de obtenerlo. La experiencia de la vida nos enseña que es necesario trabajar incansablemente para ir consiguiendo pequeñas metas en la búsqueda de la justicia, de la paz, de la solidaridad; teniendo muy presente que es el espíritu del señor quien nos da la fuerza y al que, en medio de las dificultades y cansancios, podemos gritar:¡Abba!, Padre.”

 

 

Apertura de la VIII Asamblea General de Vita et Pax

Por: Victoria Cañas. Directora General. Vita et Pax. Pamplona

“Mira que estoy en la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20) 

Bienvenidas a esta Asamblea. Hoy se cumple esta palabra para nosotras, hoy es día de gracia y gozo. Jesús  se presenta en medio de nosotras, sabe que necesitamos su  presencia, y pide permiso para entrar en nuestra casa. Le abrimos nuestra puerta y le ponemos en el centro de nuestra labor de estos días.

Es momento de hacer un alto en el camino, compartir experiencias, de evaluar lo que hacemos, y cómo hacemos lo que El nos ha confiado.

Tiempo de acción de gracias por el testimonio dado, la semilla enterrada generosamente, el esfuerzo y energías que a lo largo de estos últimos seis años hemos ido aportando en Europa, África y América para la construcción del Reino. Porque Dios a pesar de nuestra pequeñez y debilidad ha seguido contando con nosotras y ha realizado su obra.

Releyendo el libro de la Apocalipsis me preguntaba si el Espíritu, que suscitó nuestra vocación,  que nos  llama a transformar el mundo,  que nos invita a vivir en medio del mundo, a ser sal, que sazone el ámbito del trabajo, a ser luz que alumbre los nuevos retos de la sociedad, nos diría hoy al Instituto algo   parecido a esto:

Bien conozco:

que escucháis y acogéis con fe mi Palabra
de vuestros deseos de fidelidad
de vuestros esfuerzo, generosidad y compromiso para construir el reino
de vuestra entrega y vuestros anhelos
de vuestro interés por trasformar el mundo en que vivís
del esfuerzo que hacéis en prepararos para servir mejor
de vuestro servicio a los más necesitados
de vuestra universalidad
que tenéis un sentido social y solidario y compartís vuestros bienes con los demás

Pero atención:

al acomodamiento y miedo al cambio
a buscar seguridades
a la falta de ilusión
a la rutina, cansancios y desánimos
al activismo
a la desesperanza por la realidad institucional
al exceso de confianza en vuestras propias fuerzas
a la rebaja en  vuestros anhelos de radicalidad
a la voz del Espíritu y los gritos de la humanidad
a vuestra coherencia de vida
a los criterios del mundo que se os van pegando
a la falta de fraternidad entre vosotras 

Es Bueno: 

recordar que os llamé a compartir mi utopía
fiaros de mi Palabra
recordar la acción de Dios a lo largo de vuestra historia   que ha de  hacer llegar a los otros la Vida de Dios
confiar en que estoy con vosotras y os necesito en el mundo para dignificar la vida y construir una nueva fraternidad          reconciliada, donde todos tengan cabida.
ser coherentes para que vuestro testimonio sea  creíble
cultivar la relación con Dios
volver constantemente a la radicalidad evangélica

De otra manera

yo os seguiré amando y llamando a la misión
pero vuestro  fermento no removerá la masa
vuestra parcela en la sociedad se volverá insípida
la luz se apagará
vuestro Carisma se diluirá
vuestra misión se  quedará sin hacer

Porque esto nos dice el Espíritu, a la que oye, le daré parte en mi herencia: saboreará el amor, disfrutará de la vida que comparto con mi Padre y gozará de mi paz. Será “fermento del evangelio en el mundo”

Es verdad que somos una pequeña familia, la mayoría mayores y con las limitaciones propias de la edad.

Muchas de nosotras no tenemos el vigor del principio cuando íbamos expandiéndonos por el mundo, abriendo nuevos campos de irradiación, pero lo mismo antes que ahora, allí donde estamos, seguimos sembrando semillas de Vida y Paz.

Nuestra vida de tantos años de servicio y donación  va quedado sembrada en el surco.

Son tiempos de búsqueda sencilla, sincera, humilde, dada nuestra fragilidad y pequeñez, pero también serena por haber vivido y experimentado tanto.

Es momento de animarnos, de vivir en esperanza, y coherencia. No dejarnos llevar por la tentación del desanimo o el pesimismo.

“De un tronco viejo brotará uno nuevo”.
Convencernos que de los  troncos viejos puede brotar vida nueva.
Tenemos que  cultivar la esperanza.
Puede que se nos multipliquen los interrogantes: cómo a mis años, cómo en mi jubilación, cómo siendo tan mayores podemos dar vida nueva? Hay que tener   fe en la fuerza del Espíritu.
Porque sabemos de quien nos hemos fiado,
No caigamos en la tentación de decir, ”Yo…ya”,
Es imposible… Todo es posible para Dios Lc 18,27
Estoy demasiado cansada… venid a mí, las que estáis cansadas yo os daré el descanso Mt 11,28-33
No puedo seguir adelante… te basta mi gracia 2 Cor 12,9
No se lo que va a pasar… yo dirigiré tus pasos Prov 3,5-6
No puedo hacer eso…. lo puedes con mi ayuda Flp 4,13
Tengo miedo…  no os he dado un espíritu de temor 2 Tim 1,7
no tengo suficiente fe… he dado una medida de fe a cada uno Rm 12,3
Me siento sola… no me olvidaré de ti jamás Heb 13,5.

Ante nuestra mayoría de edad, siempre podemos irradiar serenidad, amor incondicional, gratuidad, interioridad, y ante la impotencia y debilidad de los últimos años de la vida, ayudarnos a fomentar  la esperanza y el deseo del encuentro definitivo con  Dios

No olvidemos a  las más jóvenes, para ellas son tiempos de, “soñar”, proyectar juntas el futuro, buscar caminos y responder a los retos de la sociedad.

Siempre podemos cambiar. Superar el conformismo, las rutinas, la autojustificación, los pretextos. Hay que empezar ya.

-Siempre podemos dar otra imagen más evangélica-

“Te aconsejo que me compres colirio para que te des en los ojos y recobres la vista” (Ap 3,18)

A veces, contemplando nuestro mundo puede faltarnos el aliento. Vivimos en un mundo convulso y lleno de contrastes, donde los avances científicos y tecnológicos nos llevan a constantes cambios. Donde los intereses económicos, los conflictos de poder, el armamento nuclear, acaparan la atención porque la seguridad de unos parece tambalearse y cada vez aumenta más la desigualdad, y el “bienestar” de unos pocos convive con el “malestar” de otros muchos.

El paro, el desahucio, la corrupción, la violencia, están a la orden del día y frente a ello marchas multitudinarias que reclaman derechos; campañas de solidaridad que dan de comer o defienden el bien común, la justicia y la paz. Vidas entregadas por defender  a los más desfavorecidos; los “indignados” se multiplican.

Asistimos a un ir y venir continuo de gentes, unas siguen llegando, aun a riesgo de sus propias vidas, y otros tienen que salir por labrarse un futuro.

Nos movemos en una sociedad intercultural y multicolor donde el respeto y el dialogo se hacen imprescindibles.

Vivimos una crisis de  valores, de increencia, y por otro lado, cuanta gente, a su manera, intenta hacer nuevas experiencias buscando  encontrar un sentido a sus vidas.

Con sorpresa también, recibíamos la noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI, con todo lo que ella significa, y acogíamos al Papa Francisco, que pareciera romper moldes y abrir ventanas.

Es, en este mundo, donde debemos saber buscar y acoger los signos de vida y paz que los otros nos ofrecen, donde tenemos que compartir nuestra esperanza, contribuir a transformar el mundo, porque poseemos la Vida de Dios en nosotras. Estamos implicadas en la vida de los demás, respetándola y  queriéndola hacer más digna, comprometidas en la reconciliación de la humanidad, queriendo hacer realidad el proyecto de Dios. En nosotras no cabe el estancamiento ni la esterilidad.

Queremos  desde el Encuentro  de Jesús y con los hermanos, mirar al mundo de hoy y seguir haciendo presente el Reino de la vida y de la paz. Queremos como Jesús, involucrarnos en el mundo y con la humanidad, con una vida más austera y solidaria, buscando la justicia y la fraternidad.

 He ahí el lema de nuestra Asamblea,

”Vita et Pax al encuentro de Jesús y su Reino con la mirada de hoy”,

¿Cómo hacerlo?

Recordemos lo que nos decía el P. Cornelio:

Sin ningún mérito, por nuestra parte, por pura misericordia de Dios, hemos recibido un carisma adorable: Vivir de la vida de Jesucristo, como éste vive de la de su Padre. Somos llamados a ser no solamente imagen viva de Jesucristo, sino, Jesucristo mismo, hecho persona, visible y tangible en nuestras vidas, en medio de los hijos de los hombres, de manera que, seamos una nueva Encarnación en medio de los hombres”. (I Convivencia de Guatemala, 1991) 

No son muchas las cosas por las que valga la pena de complicarse la vida, porque “pasa la figura de este mundo” (1 Cor 7,31)

Pero Re-Encarnar a Jesucristo en nuestras existencias, ser otro Cristo, CRISTO MISMO, dejar la piel como la dejó el Maestro, para DAR LA VIDA AL MUNDO (Jn 6,36), amando hasta el extremo (Jn 13,1) y dándole la Paz, sí QUE VALE LA PENA.

Prestarle al Maestro, manos, palabras, cuerpo, alma, mente, corazón, a fin de que continúe entre los hombres el camino de la misericordia iniciado en los días de su vida mortal, sí que vale la pena de una VIDA y de mil vidas.

Sobre todo cuando todo va enfocado a DAR LA VIDA AL MUNDO y de dar al mismo mundo LA PAZ.” (Padre Cornelio, Convivencia 1976)

Es la razón de la encarnación de Jesús,”He venido para que tengan vida”(Jn 10,10) y Jesús nos da vida , entregándola por nosotros. Solo quien entrega la vida, da vida y hace vivir. 

Si participamos de la vida de Jesús, tenemos que ser personas vivas, vivas a los problemas del mundo; vivas a las necesidades de los demás. Hemos de estar en primera línea de la lucha contra las fuerzas de la muerte: enfermedad, pobreza, soledad, analfabetismo… en pie de guerra contra todo lo que empobrece o disminuye la vida. Hemos de procurar siempre hacer crecer la vida. 

Gracias a cada una por vuestra presencia. Somos conscientes de ser las representantes de esta pequeña familia reunidas aquí para buscar juntas el camino a seguir en esta nueva etapa. Partimos desde nuestra propia realidad, de los trabajos y reflexiones en los que todas hemos participado en este curso y las iluminaremos desde la fe. No queremos dejar de lado nuestra realidad, pero tampoco perder la utopía que nos hace vivir en esperanza y con alegría. No podemos renunciar a hacer realidad las expectativas que Dios tiene sobre nosotras. 

Sentimos en nuestra tarea el apoyo de todo el Instituto, de las que aún caminan y de las que se fueron. Sentimos especialmente, el apoyo del P. Cornelio. Os invito a vivir estos días especialmente abiertas al Espíritu, dejándole ser protagonista, iluminándonos a la luz de la Palabra y de nuestros propios Estatutos. Con actitud de diálogo sincero, respeto y estima mutua, buscando lealmente la verdad.“Haya unidad en lo necesario, libertad en lo dudoso y caridad en todo” (Art. 95).

María, camina junto a nosotras, pendiente de lo que necesitamos y atenta a echarnos una mano, si “hacemos lo que Él nos diga”.

La hospitalidad: manantial de riqueza humana y divina

Domingo 16º del T.O., Ciclo C

Por: Jose Oller. Vita et Pax. Guatemala.

Los dos textos alrededor de los cuales gira el mensaje de este domingo, nos ofrecen una gran riqueza de elementos, sugerencias y detalles para la contemplación y la acción.

Abraham, como buen emigrante que ha sido, que ha tenido que abandonar su tierra, atravesar desiertos y llegar a un país extranjero, sabe como nadie lo que significa, en un día de calor, brindar hospedaje a quien se le acerca. Está él descansando, tranquilamente, bajo un árbol a la puerta de la tienda pero ve en seguida que se le acercan tres hombres. No consiente que lleguen hasta él del todo, se levanta y corre a su encuentro. Intuye quiénes son los tres personajes, o mejor la intuición le lleva a reconocer en ellos a su Señor, de tal manera que se prosterna, adora y los invita a no pasar de largo. Desde nuestra perspectiva neotestamentaria nos vienen a la mente: Isabel al reconocer rápidamente en María a “la madre de mi Señor” y Juan, el discípulo amado: “es el Señor” ¡ Felices los intuitivos, los y las que reconocen al Señor en medio de las normales circunstancias de la vida y en quien pide posada!

Y Abraham después de pedirle al Señor que entre en su casa les ofrece toda la acogida propia de la hospitalidad oriental, tan llena de detalles por la experiencia que se tiene de lo que significa andar por caminos desérticos y polvorientos: les hace descansar, les lava los pies, hace preparar el pan, mata el mejor ternero que hace guisar a sus sirvientes y que luego él mismo sirve. Lo hace corriendo, por tres veces usa el texto el verbo correr. Gozosamente lo da todo. Y lo más bello: Dios hecho caminante, pobre, necesitado acepta compartir familiarmente con su amigo Abraham. ¿No se sienten ya los preludios de la encarnación? Y si contemplamos el cuadro de Rublev ¡cuántas cosas se descubren de nuestra espiritualidad eucarística, trinitaria, eclesial y secular!!!

Todo invita a la apertura, a la desinstalación, a dejar nuestros “arboles” bajo los cuales estamos acomodados/as, a matar nuestros “gordos terneros”: es la única manera de entrar en el misterio: ¿son Tres… es Uno…? Y recibir el Don: Dios no se deja ganar en generosidad: a Abraham y a Sara les viene la promesa cuyo cumplimiento no tardará, promesa por otra parte, que exige fe y confianza absoluta. A pesar de las apariencias podemos ver “milagros” en este momento concreto de nuestra historia.

Y el evangelio de Lucas no es menos sugerente. Marta anda presurosa, agobiada, quiere atender lo mejor que pueda a Jesús, el amigo que llega con tanta libertad y familiaridad a su casa. Pero Marta está atribulada y se pone nerviosa viendo que su hermana no colabora con ella. Podemos imaginar lo que estaba pasando por su mente. La confianza que tiene con Jesús le hace surgir la queja. Y Jesús –que tiene siempre a flor de labios el mensaje evangelizador- le dice con todo cariño: “Marta, Marta…. una sola cosa es necesaria, María ha escogido la mejor parte”. Una excelente lección del Maestro que él va por delante en practicar.

Porque, efectivamente, cuando se trata de acoger a Dios –Marta sabía que Jesús era el Hijo– la primera ley es la escucha: “escucha Israel….”. Antes que nada, hay que hacerse discípulo, discípula, sentarse a los pies del Maestro para asimilar sus palabras que son Palabra de Dios. Esto es escoger la primera y mejor parte, la que va a conducirnos a la identificación con el pensar y sentir de Jesús, la que va a impulsar la acción evangelizadora, la que nos va a hacer hospitalarias, samaritanas, compasivas y misericordiosas, la que nos va a capacitar para darlo todo, aprisa y corriendo como nuestros protagonistas.

Con el salmo 14 pidamos al Señor que nos haga dignos de ser sus huéspedes. Que nos purifique el corazón para ser leales, justos, honrados. Así podremos entrar en su santuario para adorarlo, bendecirlo y alabarlo.

LXI Convivencia Vita et Pax

Descargar (Programa-convivencia-2013.pdf, PDF, Desconocido)

La voz

Domingo 15º del T.O. Ciclo C

Por: José Alegre Aragüés. Zaragoza

En el intrincado coro de voces, altavoces y portavoces que nos rodean, hablar de la voz puede evocar la imagen de un cantante soberbio y genial que murió hace unos años o la de otra cantante de color desaparecida hace unos meses o la de alguien cuya voz nos seduce o entusiasma. Pero en el contexto de una publicación religiosa, seguramente, nos evocará a otra de las voces interiores, una de esas que nos tratan de descubrir facetas profundas de nuestro mundo personal o posibilidades pendientes de nuestra vida o anhelos que están a la puerta del tiempo efímero de nuestra existencia esperando su turno para realizarse.

Hablar de la voz es hablar de nuestra voz interior más profunda, aquella que surge de lo más hondo de nosotros expresando lo que somos sin tapujos y convocándonos a un esfuerzo por hacer lo que llevamos dentro sin haberlo sacado todavía. Es la que nos invita y anima a continuar el movimiento de nuestra entraña biológica prolongándola más allá de lo puramente biológico, que es como decir, la voz que el niño escucha en su corazón promoviendo su deseo de crecer y hacerse grande, más allá de lo puramente físico, y que consiste en saber más, controlarse mejor, portarse de un modo más adecuado y vigilar todas sus relaciones de una forma que se mantengan en equilibrio y le den esa especie de satisfacción que los mayores unen con la palabra felicidad, aunque sea solo puntual y temporal.

Hablar de la voz es pensar en ese interior humano que nos constituye como diferentes a todos los demás seres y nos hace sentir la vida como una tarea de la que dependen tantas cosas que necesitamos ser porque, en su ausencia, nos sentimos incompletos, inacabados. Es la experiencia de que el futuro no es ajeno a nosotros sino que formamos parte de él y él de nosotros porque añoramos seguir y ser más de lo que nuestro presente nos manifiesta. Es la experiencia de no poder dejar de soñar y trabajar por alcanzar algo que anhelamos viva e intensamente. Es la obligación porque nos sentimos tan ligados a ella que no podemos romper esa relación exigente sin traicionarnos.

La voz es nuestra conciencia, es decir, nosotros mismos que, por sabernos inacabados y sintiéndonos proyecto, debemos hacer realidad muchas cosas pendientes para alcanzar nuestra plenitud, felicidad o, en lenguaje bíblico, tierra prometida. Es la tensión más subjetiva y universal, más íntima y más común, más propia y más de todos los humanos. Es nuestro propio yo inquieto por ser más yo. «Es la voz que quiere de nosotros lo mejor de nosotros mismos» (Zubiri). Pero es, en aquella dimensión que nos constituye como sujetos personales y humanos, la voz del mismo Dios que se confunde con nosotros y, desde nuestra hondura más sublime, nos llama por nuestro propio nombre a ser nosotros mismos. Esa es nuestra experiencia de la Ley, aquello que nos va indicando cómo ser más en la vida, desde la experiencia propia y de otros.

 

VIII Asamblea General de Vita et Pax

Por: Secretariado de Formación

Del 18 de julio al 3 de agosto, el Instituto Secular Vita et Pax celebrará su VIII Asamblea General en El Escorial (Madrid), bajo el lema: Vita et Pax al encuentro de Jesús y su Reino, con la mirada de hoy. Somos 24 asambleístas más Javier Vitoria, sacerdote secular de Bilbao, que nos viene acompañando en todo el proceso.

El cinco de noviembre de 2012, hace exactamente nueve meses, Victoria Cañas, nuestra Directora General, la convocaba diciéndonos:

Teniendo en cuenta nuestra propia realidad institucional, queremos seguir discerniendo si respondemos con fidelidad a nuestro Ser y Misión, pensando y actuando como Él y desde Él, y a las llamadas que el Espíritu nos hace desde los acontecimientos y el clamor de la humanidad, para seguir construyendo el Reino de la Vida y de la Paz.

Vivimos en una Europa en crisis, crisis económica y de valores; en África y América, donde asistimos a un cierto progreso por parte de unos pocos, pero al mismo tiempo constatamos la gran brecha cada día más profunda que se sigue abriendo entre ricos y pobres. La violencia y la injusticia no cesan. Cómo desde nuestra mayoría de edad, madurez o juventud podemos seguir sanando y dignificando la vida, haciendo realidad esa fraternidad donde todos tienen cabida.

Una Asamblea constituye un momento de particular presencia del Señor y de su Espíritu. Tiempo de apertura al Espíritu, de dejarnos guiar por Él, dejándole ser el protagonista de nuestra historia, porque “Dios ha visitado nuestra tierra, regándola con agua del Espíritu”(Sal 71) y donde hay Espíritu hay expectación, renovación e ilusión. Él mueve nuestra historia y la hace mirar hacia delante.

La historia de Vita et Pax no ha terminado y a Dios le quedan muchas cosas por hacer y por decir, por hacernos y por decirnos: “Ahora te hago saber cosas nuevas, secretas, no sabidas… de las que hasta ahora nada oíste…” (Is 48,6-7). Dios no es una cita en el pasado; es en el futuro donde tenemos una cita con Dios y desde ahí nos aporta su novedad “¿no lo notáis?”. Esta novedad es para Vita et Pax en su conjunto y para cada una en particular, no importa la edad, no importa su situación…

Dios está haciendo brotar, ya, lo que ahora mismo necesitamos como lo hizo brotar en otro momento: “En la Pascua de 1943 sintieron la necesidad de unirse en una vigilia de oración… una de aquellas jóvenes, la que más tarde sería Directora General del Instituto, decía: No sabíamos nada, sólo sabíamos a Jesucristo; pero sentimos que ALGO se estaba fundando. De estas vivencias nació Vita et Pax”.

Todo el Instituto se pone en manos del Espíritu y reza con las palabras del P. Cornelio, nuestro fundador: “Al iniciar… esta Asamblea… pedimos la asistencia del Espíritu Santo… para prepararnos el esfuerzo inmenso que se hace más intenso. Hemos calentado motores, escogido la pista, control, instrumentos, despegamos… El Espíritu Santo, el primer piloto del vuelo. Buscamos lo que es bueno, lo que es recto, lo que es mejor para Vita et Pax, y sabemos que todo eso y más nos da el Espíritu Santo, dador de la Verdad completa. La verdad del Espíritu Santo: da Vida, da Paz…”.

VII Asamblea General

VII Asamblea General

Mi Buen Jesús…

Por: Secretariado de Espiritualidad.

Celebración

Del 28 al 30 de junio nos reunimos en Huarte (Navarra): Inés Hernández, Milagros Sanz, Carmen García y M. Carmen Martín para realizar la preparación inmediata a la celebración de las Bodas de Oro que se llevará a cabo el día 15 de agosto en El Escorial. Pocas pero parecen muchas. ¡Qué intensidad de vidas!

Celebran 50 años de Consagración, ¡cincuenta años que se dice pronto! pero son muchos años, meses, semanas, días… con el deseo de ser fieles a la llamada recibida y llevarla a cabo de la mejor manera posible. No es una cosa banal, es MUY IMPORTANTE y SIGNIFICATIVA, por esto, nos alegramos y damos gracias con ellas por su fidelidad y perseverancia.

Cuando hoy en día, casi todo es de quita y pon, de usar y tirar, de me comprometo y al día siguiente lo dejo,  de me caso me divorcio… esta fiesta aparece como la constatación de que sí se puede. El ser humano sí tiene capacidad de llevar a cabo proyectos de por vida, con la ayuda de Dios. Las cámaras de TV, las diferentes emisoras de radio, la prensa escrita… tendrían que dar fe de este acontecimiento. Al mundo y, sobre todo, a nuestros jóvenes, les haría mucho bien.

Todo nuestro encuentro nos presidía un pequeño altar donde aparecían una cruz de Rwanda, una virgen de Japón y un librito sobre la espiritualidad del cuidado. Tres objetos que querían simbolizar las vidas y la entrega de estas tres compañeras. A la luz de la Palabra de Dios y en compañía de María, hicimos un recorrido agradecido por cada una de sus historias, historias sagradas.

Y concluimos los días de preparación con las mismas palabras y la misma disposición con la que todo comenzó:

Fortalecidas con tu Espíritu,
seguimos diciendo, hoy,
“mi Buen Jesús, yo quiero hacer algo por ti”

Descargar (Bodas-de-oro-2013PDF.pdf, PDF, Desconocido)

Vivir como seguidoras de Jesús

Domingo 14º del T.O. Ciclo C

Por: MaJesús Antón. Vita et Pax. Teruel

El domingo pasado se nos hablaba de la libertad que exige el seguimiento de Jesús y hoy, de las condiciones o radicalidad que conlleva ese seguimiento.

Ya en Lc. 9, 1-6, Jesús hizo un primer envío de los doce con lo cual quedaba simbolizado el pueblo de Israel compuesto por las 12 tribus. Desde la elección de los primeros discípulos en el capítulo 5, Lucas muestra en su evangelio que Jesús ha elegido a hombres corrientes e imperfectos que le acompañarán con admiración, pero sin comprenderle ni entender nada de su novedad del Reino. Parece ser que los doce discípulos que escogió Jesús no daban la talla.

Ahora designa a otros setenta, hombres y mujeres, para que colaboren con su proyecto del Reino. Hay una alusión a la universalidad del mensaje de la vocación y urgencia del anuncio. Lucas indica que en la  mente de Jesús todo Israel y todo el mundo está  implicado, -hombres y mujeres- en el trabajo evangelizador. Las mujeres discípulas aparecen en toda la obra de Lucas.

Las recomendaciones de Jesús en el evangelio de hoy  son clave de todo anuncio del mensaje cristiano, son condiciones mínimas que debemos tener todas/os seguidores de Jesús:

“De dos en dos”. Según el modo de pensar de la época, el testimonio de una persona no era suficiente, no era creíble, era necesario que el testimonio fuera respaldado por una segunda y hasta por una tercera. En una sociedad cada vez mas individualizada, el Señor no nos envía en solitario, nos envía de dos en dos, tres, cuatro… para apoyarnos, animarnos, dándonos estímulo unas a otras, sabiéndonos y sintiéndonos comunidad (eclesial, familiar, ciudadana…) compartiendo juntas la misión o proyecto común.

“Poneos en camino itinerante, es la clase de vida que eligió Jesús, nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La  disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas.

El testimonio no ha de ser solo con palabras, sino también con el modo de ser que Jesús indica: “ni talega, ni alforja, ni sandalias”. La novedad del Reino no requiere demasiadas infraestructuras.  Al igual que Jesús sus seguidores debemos adoptar el mismo estilo de vida itinerante y pobre. Es imprescindible la pobreza material.  Llevan  la mejor riqueza que ofrecer: la paz y la salud.

Hemos de ser gente de paz, que busca la paz y la justicia entre los pueblos, fieles al proyecto de Jesús y su Reino y fieles también a los hombres y mujeres de nuestro mundo.

Valdría la pena analizarnos hoy, cuál es el monto de la bolsa, el tamaño de la alforja y las sandalias que necesitamos para nuestro trabajo misionero, y si damos la talla en el seguimiento de Jesús.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies