La bienaventuranza olvidada

Domingo 22º del T.O., Ciclo C

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

En el evangelio de hoy se nos presenta a Jesús comiendo en casa de un fariseo muy importante de la época. Y en el transcurso de la comida, con una punta de descaro, Jesús se atreve a sugerirle quiénes deben ser sus convidados. Nada de hermanos, ni amigos, ni parientes, ni vecinos, sino pobres, lisiados, cojos y ciegos. El criterio está muy claro: invitar a quienes no pueden corresponder a la invitación. Pero ¿se pueden tomar en serio estas palabras provocativas de Jesús o es una manera de impactar a los oyentes que le espiaban?

Jesús habla de invitar a los excluidos, marginados y desamparados. Sabe bien que esto no es lo habitual. Los “pobres” no tienen medios para corresponder con cierta dignidad. Es más, Jesús le dice al fariseo: “Dichoso tú si no pueden pagarte”, es decir, “Dichosas las personas que viven para los demás sin recibir recompensa. Dichosa tú si no pueden pagarte, el Padre-Madre del cielo te recompensará”. Esta bienaventuranza ha quedado tan olvidada que muchos cristianos no han oído hablar nunca de ella. Y, sin embargo, encierra en sí toda la dinámica del Reino ofrecido por Jesús.

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: es una invitación en toda regla a actuar desde una actitud de atención, cuidado y gratuidad hacia las personas más empobrecidas. Se nos llama a compartir sin seguir la lógica de quienes buscan siempre recibir algo a cambio de lo que ofrecen. Se nos urge a no humillar, a aprender a dar… a darnos.

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: ¿cómo no quedar desconcertadas e interpeladas cuando escuchamos palabras como estas? ¿es posible vivir de manera desinteresada? ¿se puede amar sin esperar nada a cambio? No hemos de engañarnos. El camino de la gratuidad es siempre difícil. Es necesario entrar en un proceso de aprendizaje que dura toda la vida. Es preciso aprender cosas como: dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando sólo en el bien de la otra persona…

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: esta bienaventuranza introduce en la historia ese espíritu nuevo de Jesús, esa novedad que contradice la lógica de la codicia y la acumulación y ofrece la lógica de la gratuidad. No lograremos cambios espectaculares y menos de manera inmediata pero esta forma de actuar no pasa desapercibida, resulta absurda, incómoda e intolerable para la “lógica” de la mayoría. Es contracultural y da que pensar.

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: nos hace conscientes de la tentación que sentimos, a veces, de retener y guardar para nosotras, de nuestro temor a perder aquello que consideramos valioso: tiempo, cualidades, recursos… así como de esa tendencia a medir y calcular que nos incapacita para entender los gestos de quienes, como Jesús, lo entregan todo por amor.

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: nos libera de la tiranía de la mentalidad del “intercambio”: “yo hago esto por ti, pero, aunque no cobro por ello, espero que respondas adecuadamente a mis esfuerzos”. La persona que vive la revolución de la gratuidad sabrá comunicar no con discursos, sino con su modo de estar y de reaccionar lo siguiente: “estoy y estaré contigo, incondicionalmente, pase lo que pase”.

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: de esta manera las personas más débiles nos descubren nuestro mejor yo, libre de intereses; nos empujan a abandonar el mundo competitivo para poner nuestras energías al servicio del amor y de la vida; nos ayudan a asumir mejor nuestras propias debilidades y fragilidades que intentamos ocultar, a menudo, a través de máscaras.

“Dichosa tú si no pueden pagarte”: significa entrar en la dinámica de Jesús, “Señor de la desmesura”, del derroche, la pérdida y la entrega. Seguirle a él supone participar de esa manera de ser suya y entrar en su lógica. Supone sentirse amada en la gratuidad envolvente de Dios.

II Encuentro de Formadoras de Vita et Pax

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax. Ciudad Real

Spe, Celsa y M. Carmen

Spe, Celsa y M. Carmen

Del 19 al 22 de agosto tuvimos en Huarte (Pamplona) nuestro segundo encuentro de Formadoras de Vita et Pax, participamos: Celsa, Spéciose y M. Carmen. Nos acompañó también Cristina.

Iniciamos nuestro encuentro reflexionando y compartiendo el documento: Ser formadora es acompañar caminantes.

Somos formadoras del Instituto Secular Vita et Pax. Nos une una misión común. La misión de embarcarnos en aguas profundas y disponernos a caminar con otras personas, personas que desean ser caminantes. Tenemos la misión de acompañar los primeros balbuceos de mujeres que han oído la llamada de Dios y quieren responder a ella con honestidad. Acompañarlas en su vida, de manera integral, contando con todas las facetas del ser. Este acompañamiento tiene un objetivo general claro que es ayudar a que Jesucristo sea la Vida y la Paz para cada una de ellas, para que vivan de su vida y la irradien y sean artífices de su paz.

[Leer más…]

Mi mejor vino

Por: Isabel Sanjuán. Vita et Pax. Madrid.

Qué hago y cómo estoy. Estamos en Madrid, en el barrio de Campamento: María Luz y yo, Isabel. Somos distintas totalmente. Recuerdo muchas veces las palabras que me repetía una compañera: “Ten en cuenta Isabel, que cuando tú piensas que es blanco yo estoy pensando que es negro”. Así llegamos a formar un bello cuadro en blanco y negro porque por encima de todo nos queríamos. Eso mismo pretendo ahora y creo que lo pretendemos las dos, nos esforzamos y procuramos respetarnos y aceptarnos mutuamente, con la ventaja de que nos conocemos y queremos. A pesar de nuestras pequeñas y grandes diferencias ahí estamos, haciendo filigranas de encaje y creo que muchas veces nos sale bien y logramos vivir a gusto.

Isabel Sanjuán

[Leer más…]

Vivencias de una voluntaria

Por: Hortensia Murillo. Vita et Pax. Zaragoza.

Pertenezco a dos voluntariados:Hortensia
1.- Voluntariado Municipal
2.- Pastoral de la salud

1.- Voluntariado Municipal

Con ocasión de la Expo2008, inicié mi tarea como voluntaria del Ayuntamiento de Zaragoza. Cuando terminó la Exposición sobre el tema del Agua, nos invitaron a continuar y yo decidí seguir perteneciendo. Exteriormente nos distingue un chaleco gris-rojo y una visera blanca; los dos llevan un logotipo propio; nos aconsejan pantalón oscuro y zapato negro. Pero, es su actitud permanente de servicio y su voluntad de ayudar siempre a todos, la que define a la persona voluntaria.

Nos piden que estemos disponibles y -no habiendo impedimento justificado- no podemos fallar a lo que nos comprometemos. Las tareas varían. Por ejemplo: “Parques con corazón”. Consiste en circuitos programados de marcha por los parques con una distancia a cubrir en un tiempo determinado. La finalidad es evitar accidentes sanguíneos gracias al ejercicio físico; es una iniciativa estupenda porque, además de sacar a las gentes de sus sofás, fomenta la socialización ya que se realizan en grupos y nace la amistad.

[Leer más…]

XVI Jornadas Mujeres y Teología de Guatemala

Afiche XVI Jornadas 2013 (1)

El esfuerzo que brota de la Ruah

Domingo 21º del T.O., Ciclo C

Por: Conchi Ruíz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

Muchas personas son las que se esfuerzan y afanan a lo largo de sus vidas por diversas razones: por ganar dinero, por conseguir fama, éxito, por tener una figura perfecta… Venimos de una generación a la que se nos ha educado desde los distintos ámbitos (familia, parroquia, escuela, sociedad…) en el esfuerzo: si te esfuerzas conseguirás, llegarás a, serás…

Todo esto está bien, pues educar para el trabajo y la responsabilidad hacen a la persona más digna. Pero si nos quedamos sólo en esto, corremos el riesgo de vivir sólo para nosotros mismos sin tener en cuenta a los demás.

¿Acaso cuando nos van bien las cosas no caemos en la tentación de convertirnos en personas engreídas, autosuficientes, poco comprensivas con aquellas que tienen peor suerte que nosotras, nos subimos a un pedestal y nos creemos con más privilegios que las demás?

¿Acaso cuando nos van las cosas muy bien como consecuencia de nuestro esfuerzo, no perdemos nuestra humildad, nuestra condición de seres que proceden del humus, de la tierra, y que están en interconexión con Dios y con todos los hermanos y hermanas?

Y así, podemos pasar toda nuestra vida sin haber descubierto el verdadero sentido del esfuerzo.

Esfuerzo: ¿para qué?

Los textos hoy nos exhortan y animan a vivir desde el esfuerzo y la coherencia.

El esfuerzo desde el AMOR.

El esfuerzo que supone ser testigo del amor de nuestro Padre/Madre en la sociedad, trabajando por hacer posible un mundo mejor desde las cosas más pequeñas e insignificantes de nuestra vida cotidiana, hasta aquellas de más envergadura, que nos exigen un mayor compromiso. Los textos hoy son una llamada a unificar nuestras vidas: lo que pensamos, decimos, sentimos y hacemos, una llamada a la coherencia.

Esfuerzo teniendo en cuenta a los demás, los de cerca y los de lejos,  a los que sufren injusticias, a los que tienen al descubierto sus necesidades básicas; esfuerzo desde el servicio; esfuerzo por construir comunidades cristianas vivas que se interpelen, que dialoguen, que se corrijan, que se acompañen y acompañen a otros y a otras a descubrir y vivir la fe; esfuerzo por compartir lo que somos y tenemos; esforzarnos por buscar, vivir  y proponer estilos de vida más sencillos, austeros y humanos.

Es verdad que en ocasiones sentimos cansancio, agobio, desánimo, sobre todo porque no obtenemos los resultados que desearíamos…, entonces es momento de recargar las pilas, de pararnos, de revisar nuestra vida y ver desde dónde estamos trabajando, si desde nosotras mismas o respondiendo a la llamada que el Señor nos hace para trabajar en su viña.

Este esfuerzo no es prepotente, nos sabemos enviadas, confiamos en Jesús de Nazaret que con su vida nos dio el mejor ejemplo de esfuerzo.

Un esfuerzo que no depende de nosotras, es una fuerza que mana de nuestro interior, de lo más profundo de nuestro ser, es el Espíritu del Señor, la RUAH que nos habita y nos empuja a ser colaboradoras suyas en la construcción del Reino.

Y vino Jesús a prender fuego en el mundo

Domingo 20º del T.O., Ciclo C

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Seglar de Ciudad Real.

Hace dos mil años consideró Dios la necesidad de hacerse hombre y encarnarse en el mundo, debió pensar que era el momento de acelerar y hacer realidad su verdadero encuentro con la humanidad. Ya llevaba mucho tiempo el hombre habitando la tierra, aunque acompañado por los ojos de Dios, y debía estar apartándose de la imagen y semejanza del creador.

En el mundo habitaban los ricos y poderosos, que acumulaban riqueza y poder, mientras había cada vez más pobres que apenas podían sostener su vida, al mismo tiempo que otros eran explotados, soportando condiciones indignas de trabajo y vida.

Las relaciones entre los hombres no eran fraternas, había entre ellos guerras, rencores e iras, que provocaban la muerte.

Del mundo se apoderaba la falsedad, la mentira y la desconfianza, menoscabándose la fidelidad y búsqueda de la verdad.

Los corazones de los hombres se endurecían, aumentando la soberbia y la envidia, faltando la humildad y sencillez.

El hombre ve en el otro a un enemigo, lo juzga y lo condena, se olvida que el otro es su hermano, necesitado de misericordia y comprensión.

Le debió parecer a nuestro Creador que se estaba apoderando de los hombres el poder destructor del pecado que hay dentro de nosotros e irrumpió con su mayor manifestación de amor, haciéndose como uno de nosotros en la persona de su Hijo Jesús.

Y vino Jesús “a prender fuego en el mundo”, a propagar la presencia del Reino de Dios en la tierra, con su pasión de amor al Padre y a toda la humanidad, especialmente por los más pobres.

Nos enseña el camino con su palabra; nos revela la fuerza del Reino de Dios a través de curaciones, signos, etc., y se hace presente en las realidades difíciles y concretas de las personas acuciadas por el pecado, la enfermedad o la pobreza. Escoge a un grupo de hombres y mujeres para que mantengan viva la llama.

Jesús y su Reino anunciado también son motivo de rechazo y controversia, en primer lugar para las autoridades políticas y religiosas que no quieren que las cosas cambien; para el pueblo que sólo cree en Él mientras hace milagros; para sus seguidores sobrecogidos por el miedo.

Pero Jesús conocedor del amor de Dios al hombre aviva las llamas del fuego en su entrega y en su cruz, y nos llama a seguirlo, aunque ello suponga para nosotros ruptura e incomprensión de familia y amigos, no quiere que nos quedemos en paz hasta que el amor irrumpa definitivamente, pero nos ofrece su fuerza para mantener el fuego.

Querida María

Asunción de la Virgen María, Ciclo C

Por: Rosa María Belda Moreno. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real

Es este un día especial en el que en muchos lugares celebramos la fiesta de la Asunción de la Virgen María. Grandes misas solemnes, y aquí y allá, más de una semana de festejos que nada tienen que ver con lo religioso, recuerdan que la alegría y la alabanza, cada uno como la entienda, está en medio del corazón del pueblo. Para vivir de un modo especial este día, me dispongo a escribir una carta a María.

Mujer vestida de sol (Ap. 12, 19)

¿Qué pasaría hoy si tú, pobre María, te pasearas por nuestras capillas y catedrales y vieras a una señora llena de joyas y con manto de pedrería, subida en pedestal, arropada de flores e inciensos? Y en la procesión, más bien te pondrías la última de la fila, al lado de alguna mujer que no sabe si cree, y que camina por las calles y reza en el corazón. Quizá no entenderías nada, y por supuesto no creo que verías tu rostro reflejado como en un espejo en estas imágenes ostentosas.

Mujer sencilla y de mirada asombrada, ¿qué ídolo hemos hecho de ti? Tendemos a entronizarte, a cubrirte de aspecto inalcanzable, así de pobres somos los humanos, que lo que admiramos lo ascendemos a otro lugar, sin saber que tú estás más cerca, más abajo, más dentro, más allá.

¡Ojala entendiéramos en profundidad lo que significa vestirse de sol, del sol de Dios! Nos emocionaríamos entonces reconociéndote en la cercanía del sufrimiento, pues dudo mucho que hubiera sido otro tu deseo que la presencia activa entre las personas pobres, enfermas, tristes y solas. Tus gestos eran acompañantes de Jesús, tú señalabas el camino del discipulado desde antes su nacimiento y hasta su muerte y resurrección. 

Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc. 1, 46)

Estas palabras, pronunciadas en tu visita a Isabel, son el comienzo del canto de liberación más interesante, e incluso inquietante, del Evangelio. Una mujer alaba a Dios, nuestro Salvador, y reconoce que nos ha mirado, y que somos dignos de felicitación. Porque al canto de María se unen todos nuestros cantos, como una única voz que grita al Señor, ese que hace obras grandes aunque seamos pobres, ese que no aprueba el gesto soberbio, o la acumulación de riquezas y poderes, ese que es misericordia para todos, y en especial, para los más pequeños ante los ojos del mundo.

Cuando leo este tu anuncio, cada vez que lo pronuncio, se me ensancha el corazón, se me abren las manos, se me escapan las ambiciones, se me pone la sonrisa en el rostro, y la mirada al cielo y a mis hermanos se convierte en una única mirada.

¿Cómo no me di cuenta antes? Solo quien está preñada de Dios, solo quien se abre plenamente a que su voluntad sea posible a su través, solo quien vive en la búsqueda expectante de Dios, y lo mastica en el corazón, solo quien es sencillamente de Él puede decir palabras así. Solo quien se arriesga sola, sin seguridades y se pone en camino, yendo aprisa a donde hay necesidad, solo quien está dispuesta a encontrarse plenamente con el otro/la otra, puede proclamar a Dios transmitiendo tanta intensidad.

María, siempre estás ahí. Ese nombre quise para mi hija, como el de la mujer única y exclusiva llena de Dios. Siempre tengo a mano, tu imagen, la de la mujer real cuya presencia traigo a mis recuerdos en los momentos de dificultad. Sí, para mi es consuelo y señal, mujer a través de la cual veo a Dios. Me resulta fácil y accesible rezar contigo, una mujer como yo en el silencio del misterio de la vida.

Acumulamos nombres y rostros

D0mingo 19º del T.O., Ciclo C

Por: M. Auxiliadora Fernández Fernández. Mujeres y Teología. Ciudad Real

“Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables” (Sab. 18, 7)

“Dichoso el pueblo a quien Dios escogió” (Sal. 32)

“Abrahán salió sin saber a dónde iba” ( Heb.2, 8)

“Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lc. 12, 34)

Somos, y así nos sentimos, mujeres y varones que nuestro Dios “ha escogido”, para salir -como Abrahán- sin saber hacia dónde nos conducirán los caminos y los gustos del Señor. Nuestra vida la hemos convertido, libremente, en donación, en radical gratuidad, para hacer posible –aunque duela- la Utopía del Reino.

Nuestro Dios nos ha “tocado”, nos ha “seducido” y nos hemos fiado del Dios que da pleno sentido a nuestra existencia. ¡En ello nos va la vida!

Nos va la vida apostando, contra toda esperanza, en que merece muy bien la pena situarnos radicalmente, de parte de las personas de nuestro mundo a quienes hoy se les niega rotundamente el derecho a vivir una vida en dignidad.

El sistema político-cultural que nos envuelve, nos pica y nos mantiene en permanente tentación; apuntando con fuerza en dirección contraria. Al sistema le interesa tener gente alienada que secunde sus intereses. Pero el “pueblo que Dios escogió”, afirmamos, cada día, que queremos caminar por otro lado, aunque nos cueste la vida –como al Maestro-.

Queremos y así lo intentamos, vivir gozando del “tesoro” de la fe en un Dios desconcertante, que dio su vida por lo aparentemente inútil. ¡Gran paradoja en medio de un sistema en el que triunfa la lógica de la eficacia! Nuestra manera de “atesorar” no se centra en acumular riquezas, ni poder, ni prestigio…. lo nuestro va o ha de ir, por otro lado: Acumulamos nombres y rostros de personas sin nombre y sin rostro; son ellas las preferidas del Señor y las excluidas por el sistema. A ellas nos debemos, a ellas nos donamos; ellas son nuestra mayor riqueza. Convertimos así nuestra existencia en regalo de esperanza para “los inocentes” y en denuncia profética para “los culpables”.

La Palabra de este domingo refuerza y alienta nuestras opciones. Seguiremos en ello porque cada día saboreamos la VIDA, esa que se derramó a raudales desde un sepulcro vacío.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies