Dame, Señor, tu mirada

http://youtu.be/TxBXEGaRy2g

DAME, SEÑOR, TU MIRADA: (Cecilia Rivero)

Dame, Señor, tu mirada y pueda yo ver desde allí 
El día que empieza, el sol que calienta y cubre los montes de luz. 
Dame, Señor, tu mirada y pueda gozar desde allí 
Que el día declina y anuncia las noches de luna cuando viene abril 

Dame, Señor tu mirada, grábala en mi corazón, 
Donde tu amor es amante y tu paso constante, tu gesto creador. 

Dame, Señor, tu mirada y entrañas de compasión; 
Dale firmeza a mis pasos, habita mi espacio y sé mi canción. 
Dame, Señor, tu mirada y entrañas de compasión, 
Haz de mis manos ternura y mi vientre madura, ¡Aquí estoy, Señor! 

Ponme, Señor la mirada junto al otro corazón 
De manos atadas, de oculta mirada, que guarda y calla el dolor.
Siembra, Señor tu mirada y brote una nueva canción 
De manos abiertas, de voz descubierta sin limite en nuestro interior.

Alegría y gozo en la espera

Domingo 1º de Adviento. Ciclo A.

Por: Rosa María Belda Moreno. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

Recuerdo la niña que fui, el gozo de esperar que llegara, los días antes, el gusto por saber que pronto era Navidad. Siento nostalgia de esos sentimientos de niña. ¿Cuánto experimentamos hoy la alegría y el gozo en la espera? Vamos deprisa, deprisa, robando tiempo al tiempo, y cuando nos damos cuenta, llenos de trabajos y de azares, casi sin saberlo, sin presentirlo y sin gustarlo, llega Él.

De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas”

En la lectura de Isaías 2, 1-5, se nos anuncia un tiempo nuevo, en el que todo cambiará. Hoy oímos este mensaje y no sé cuánto nos penetra. Sí, vendrá otro tiempo nuevo, y lo imposible se hará posible. Hay demasiado sinsentido. Violencia, guerra, pobreza, exclusión, vacío, enfermedad, desgracias. El mundo está roto, sangrando, y parece casi ingenuo pensar que cambiará. Sin embargo, somos partícipes de una promesa. Cuando pienso en lo grande de nuestra fe, en ese Dios Padre-Madre que nos toma en la palma de su mano, no puedo dejar de sentir un cierto cosquilleo. Siento el deseo de recuperar la ilusión primera, de apostar por creer con un corazón nuevo, más preparado y sereno, más acogedor y sincero, más atento y despejado para las cosas de Dios, para el Misterio de su Ser-Con-Nosotros.

La noche está avanzada, el día se echa encima”

Pablo, en Romanos 13, 11-14a invita a despertarnos del sueño, a conducirnos con dignidad, a dejar las actividades de las tinieblas. Y es que, la oscuridad ya se ha cobrado muchas víctimas. Son todos los desposeídos de esta Tierra, expoliados por los sistemas injustos de los que todos somos partícipes. También hay noche en cada cual, la oscuridad de nuestro corazón, que tiene sus recovecos en los que escondemos miserias de todos los colores. ¡Qué bonita llamada la de Pablo!: “Vestíos del Señor Jesucristo”. ¿Podremos algún día, comprender un poco más lo que esto significa? Para mí es dejar que sea Él quien me haga, quien encienda mi luz de dentro a fuera.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”

El Evangelio de Mateo (24, 37-44), se escribe en un contexto de persecución en el que toca utilizar este lenguaje. En nuestro aquí y ahora, conecta para mí con esa llamada a pararme y contemplar lo que viene. Degustar que está ya cerca el día en que celebramos que Dios se hace de carne, se mezcla con lo humano hasta sufrir lo mismo que tú, que yo. Habitará entre los pobres, entre los excluidos. Estará al lado de los que lloran, de los enfermos, de los que son perseguidos. Hasta de la muerte nos rescatará. Ese Dios nuestro, va a venir. Está ya cerca.

Tal vez somos ya adultos serios y responsables, ocupados y preocupados por tantas cosas. Tal vez tengamos la tentación de vivir como uno más este Adviento. Tal vez ni siquiera nos damos cuenta de que comienza ya. Sin embargo, también es posible que oigamos la fuerza de la Palabra, y nos dejemos acaparar por ella, que conectando con lo profundo recuperemos las ilusiones primeras, transformadas por la consciencia pero originales en su frescura y luminosidad. Porque es este un tiempo de alegría y gozo, es la espera que anticipa el Regalo. Vale la pena vivirlo en plenitud.

 

Calendario Litúrgico 2014

Ciclo A, año par

LECTURAS DEL DÍA, año litúrgico completo:

Pulsando los días de este calendario, accederás a las lecturas litúrgicas del día.

DICIEMBRE 2013
L
M
X
J
V
S
D
1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31
  
ENERO 2014
FEBRERO 2014
MARZO 2014
L
M
X
J
V
S
D

L

M
X
J
V
S
D
L
M
X
J
V
S
D
1 2 3 4 5 1 2 1 2
6 7 8 9 10 11 12 3 4 5 6 7 8 9 3 4 5 6 7 8 9
13 14 15 16 17 18 19 10 11 12 13 14 15 16 10 11 12 13 14 15 16
20 21 22 23 24 25 26 17 18 19 20 21 22 23 17 18 19 20 21 22 23
27 28 29 30 31 24 25 26 27 28 24 25 26 27 28 29 30
31
  
ABRIL 2014
MAYO 2014
JUNIO 2014
L
M
X
J
V
S
D
L
M
X
J
V
S
D
L
M
X
J
V
S
D
1 2 3 4 5 6 1 2 3 4 1
7 8 9 10 11 12 13 5 6 7 8 9 10 11 2 3 4 5 6 7 8
14 15 16 17 18 19 20 12 13 14 15 16 17 18 9 10 11 12 13 14 15
21 22 23 24 25 26 27 19 20 21 22 23 24 25 16 17 18 19 20 21 22
28 29 30 26 27 28 29 30 31 23 24 25 26 27 28 29
30
  
JULIO 2014
AGOSTO 2014
SEPTIEMBRE 2014
L
M
X
J
V
S
D
L
M
X
J
V
S
D
L
M
X
J
V
S
D
1 2 3 4 5 6 1 2 3 1 2 3 4 5 6 7
7 8 9 10 11 12 13 4 5 6 7 8 9 10 8 9 10 11 12 13 14
14 15 16 17 18 19 20 11 12 13 14 15 16 17 15 16 17 18 19 20 21
21 22 23 24 25 26 27 18 19 20 21 22 23 24 22 23 24 25 26 27 28
28 29 30 31 25 26 27 28 29 30 31 29 30
  
OCTUBRE 2014
NOVIEMBRE 2014
DICIEMBRE 2014
L
M
X
J
V
S
D
L
M
X
J
V
S
D
L M X J V S D
1 2 3 4 5 1 2 1 2 3 4 5 6 7
6 7 8 9 10 11 12 3 4 5 6 7 8 9 8 9 10 11 12 13 14
13 14 15 16 17 18 19 10 11 12 13 14 15 16 15 16 17 18 19 20 21
20 21 22 23 24 25 26 17 18 19 20 21 22 23 22 23 24 25 26 27 28
27 28 29 30 31 24 25 26 27 28 29 30 29 30 31

 

  • Domingo 1º Adviento, 1 diciembre 2013
  • Sagrada Familia, 29 diciembre 2013
  • Bautismo del Señor, 12 enero 2014
  • Miércoles de ceniza, 05 marzo 2014
  • Domingo de Ramos, 13 abril 2014
  • Pascua, 20 abril 2014
  • Ascensión, 1 junio 2014
  • Pentecostés, 8 junio 2014
  • Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, 12 junio 2014
  • Corpus Christi, 22 junio 2014

Descargar Calendario litúrgico 2013-2014 (PDF)

Mujeres y hombres en conflicto. Trabajo, familia y desigualdades de género

Mujeres y hombres en conflicto. Trabajo, familia y desigualdades de género

 

Mujeres y hombres en conflictoAutoras: Ana María Rivas y María José Rodríguez

Ediciones HOAC

Las desigualdades de género, evidentes en nuestra sociedad en el ámbito laboral, sindical, político o doméstico, no son más que una manifestación del Conflicto Social. Este libro pretende desentrañar sus verdaderas causas, que no se explican sólo por el género, sino por la forma en que el sistema capitalista organiza el trabajo (flexibilidad), impidiendo el desarrollo del ser humano varón o mujer, la vida de familia, y la vida de la comunidad, y mostrando una verdadera contradicción entre la estructura productiva y la estructura familiar. ¿Qué consecuencias se derivan para las personas y las familias? ¿Es posible entender y vivir de otro modo las relaciones entre personas, familia y sociedad?

Ana María Rivas Rivas es doctora en Sociología, profesora de Antropología Social en la Universidad Complutense de Madrid y diplomada en Antropología Social y Etnología por L’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París.

María José Rodríguez Moreno, militante de la HOAC desde 1977, es licenciada en Medicina y Sociología General y actualmente traba como médico de familia en un centro de salud de Granada capital.

Un nuevo año litúrgico: escuela de fe y espiritualidad de la Iglesia

Por: D. Cornelio Urtasun

 La llegada de un nuevo año es siempre recibida con alegría. Un nuevo año litúrgico supone un año más de Vida en nosotros de Jesús que vive, crece y se desarrolla en cada uno. Un año más de avanzar con paso decidido hacia la total madurez en Cristo, un colmarnos de la medida de Cristo, un despegarnos del destierro y un acercarnos a la Patria; un separarnos más y más de las sombras y un aproximarnos decidido al reino de la Paz y de la Luz.

Un nuevo año litúrgico quiere decir para nosotros: seguir creciendo en Aquel que es nuestra cabeza. Hacernos cada día más cortados al patrón del Unigénito del Padre, que volverá a nacer en nosotros para transformar este pobre cuerpo en su cuerpo resplandeciente. Y como sarmientos vivos seguir chupando del jugo de la Vid que es Cristo que vino a este mundo para traernos la VIDA, torrenteras de ella.

Contemplar y colaborar en la formación y crecimiento de Jesucristo en nosotros; un vivir cada vez más vigorosamente de su VIDA; un llenarnos más y más de la Luz; un disponernos a ser transparentes como el cristal para que su LUZ brille a través de nosotros.

Un vivir escondidos con Cristo, zambullidos con Cristo en Dios, esperándolo todo sin pedir nada, dando lugar a que el Paracleto, que sabe como nadie nuestra necesidad, ore por nosotros en el silencio de nuestras almas y que le dejan mano libre para que actúe.

¡Cómo, pues, dejar de mirar con cariño al nuevo año que se nos presenta, con ánimo esperanzado, seguros de que nuestro Buen Padre Dios nos los manda para buscar nuestro bien, solo nuestro bien y todo nuestro bien!

Puede que algún lector rebaje el tono optimista de este comentario, pero la Iglesia sabe de nuestras debilidades, del barro que estamos formados y sabe también mucho de nuestra buena voluntad. Y sabedora de todo, comprensiva y maternal, viene cada año a animar nuestro desaliento, a robustecer nuestra esperanza, a inyectar una oleada de optimismo en más de un ánimo decaído. Ella, no en vano, participa de la paciencia y de la misericordia del que es el Dios de la esperanza y espera, espera a que lo no hecho hoy se hará mañana y lo que no se alcanzó en el año anterior se obtendrá en el que sigue inmediatamente o en los que seguirán después…

Y olvidándolo todo, echando un velo sobre el pasado, vuelve a brindarnos como solución de todos nuestros males, al que ha de venir y no se hará esperar… y nos zambulle en medio del

A D V I E N T O

El que hace XXI siglos naciera de la Virgen María, el que al fin de los tiempos vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, se dispone nuevamente a nacer en nosotros. Basta de lamentos, basta de pesimismos. Viene Jesucristo, vamos a su encuentro:

“Todos los sedientos venid a las aguas;

buscad al Señor mientras puede ser encontrado. Aleluya”.

“He aquí que vendrá el gran Profeta,

y El mismo renovará a Jerusalén. Aleluya”.

¡Oh eterno y dichoso mensaje del Adviento! siempre igual y siempre nuevo eternamente, en la sublime realidad de la venida de Jesucristo que promete la eficacia santificadora que esa venida tendrá.

Viene de nuevo el Señor. ¿Qué mensaje mejor nos podía mandar que este anuncio de la venida del Señor?:

¡Ven Señor Jesús!

a enderezar tantos caminos tortuosos;

a purificar tantas intenciones desleales;

a calmar este mundo tan necesitado de justicia y de paz, porque hay tanta guerra;

a calmar el hambre de pan y de Vida… a saciar la sed de Dios;

a aumentar en nosotros el espíritu de filiación,

a enseñarnos el camino de la humildad y del Amor, en el cumplimiento del deber de cada día.

Para que vivamos de tu VIDA.

¡VEN, SEÑOR JESÚS, VEN!

Comenzamos un nuevo año, un año más de enseñanza y de adoctrinamiento en la Escuela de Jesucristo. Aprovechemos esta gran misericordia de nuestro Buen Padre Dios que, nuevamente, nos manda a su Hijo en la Navidad que se acerca. Paso libre al optimismo, a la esperanza. Y en el corazón la súplica:

¡VEN SEÑOR, NO TARDES MÁS!

Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

MANIFIESTO del GRUPO “MUJERES Y TEOLOGÍA” de CIUDAD REAL

25 de noviembre de 2013

Cada año, el 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres. Este día se instituyó en el año 1999 para recordar que el 25 de noviembre de 1960 fueron asesinadas tres hermanas, por encargo del dictador dominicano Leónidas Trujillo.

En este siglo, y en todas las culturas, sigue existiendo violencia contra las mujeres. De esta realidad habla el número de víctimas, que no decrece. Hablan las secuelas en niños y adolescentes que presencian la violencia, que viven en la violencia. Hablan las heridas físicas y psíquicas que persisten en las mujeres víctimas, aunque hayan pasado muchos años. Hablan las cárceles en las que, los también heridos varones agresores, pasan sus días.

La realidad en el Estado Español es que 700 mujeres han muerto por esta causa en la última década. Algunas estadísticas hablan de que 400.000 varones pueden estar maltratando a mujeres actualmente en España y que está aumentando el maltrato entre jóvenes. En este año,se han producido ya 41 víctimas mortales.

En el mundo, recordamos algunos ejemplos: centenares de mujeres son secuestradas, violadas y asesinadas en Ciudad Juárez en México; se cuentan por cientos de miles las mujeres violadas en los conflictos armados (Ruanda, Somalia, Uganda, Liberia, Yugoslavia, Camboya); son 120.000 niñas y mujeres las que han sufrido mutilación genital en el mundo.

En el último informe de la OMS se ha afirmado que la violencia física o sexual es un problema de salud que afecta a más de un tercio de las mujeres del mundo. Los gobiernos tienen que hacer más. La sociedad toda debemos hacer más para evitar esta lacra que nos avergüenza, que provoca tanto sufrimiento, que daña para siempre, que hiere y mata.

Desde este marco, el Grupo de Mujeres y Teología de Ciudad Real, MANIFIESTA:

  • Que la violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos, y la expresión más terrible de abuso de poder, de manera que mientras siga existiendo no podemos afirmar que hemos hecho progresos hacia la igualdad y el desarrollo.

  • Que la existencia de violencia contra las mujeres es un hecho real que tiene lugar en una sociedad donde el rol históricamente dominante de los varones sigue pasando altas facturas, de la que la violencia es solo la trágica punta del iceberg.

  • Que la violencia contra las mujeres ocurre en todos los rincones del planeta, y a todas las mujeres, pero la pobreza y la falta de educación son factores de riesgo adicionales, siendo las mujeres que las sufren doblemente laceradas.

  • Que aún existe en la sociedad desconfianza hacia las mujeres que hablan de haber sufrido violencia, porque aún hay quien piensa que no es verdad, o que algo habrán hecho para merecérselo.

  • Que algunas mujeres, como mal menor, siguen conviviendo con situaciones de violencia, ya sea física o psíquica, con menosprecios y vejaciones, o dependiendo emocionalmente de sus verdugos, idealizando a sus parejas, sintiendo pena por ellos, y por desgracia, forjando futuras generaciones que aprenden un modelo de relación enferma.

  • Que los agresores, varones en este caso, son también personas que requieren un tratamiento digno. Una persona que utiliza la fuerza física o la violencia verbal, para obtener el control o el dominio, no es un sujeto sano. Y cuando son muchos, esto habla de un mal más profundo nacido de un modelo social y cultural que hay que abordar de manera integral.

Nuestra denuncia se acompaña por tanto de la propuesta de que la reflexión sobre la violencia contra las mujeres no sea solo lamento, ley y odio contra el agresor. Las dos primeras son absolutamente necesarias. La tercera (el odio), provoca aún más dolor, un círculo de violencia infinita que no nos hace mejores personas.

Por otra parte, el modelo de sociedad no está resultando ser el idóneo para eliminar este mal. Hemos de ir más dentro, más a fondo. Es el modelo de persona y de relaciones el que está en juego. Es una sociedad con valores la que hemos de hacer resurgir de las cenizas.

El poder y la ambigüedad de la palabra

Domingo 34º del T.O. Ciclo C  Jesucristo Rey del Universo

 Por: Jose Luis Terol . Profesor. Zaragoza

La palabra y las palabras son muy significativas en el proceso de humanización y, como todas las experiencias importantes, está atravesada por una radical ambigüedad: o bien puede ser fondo y expresión de la dignidad y de la libertad de las personas, o bien puede convertirse en el más sutil instrumento de manipulación y dominación.

Desde esta perspectiva, si hay un título inadecuado, peligroso y tramposo para otorgarle a Jesús de Nazareth, este título es el de Rey. Se trata de un título profundamente antievangélico y contradictorio con la vida transparente del Cristo que contribuyó como nadie a “señalar la desnudez del rey y de todos los supuestos reyes” de este mundo.

¡Claro que sabemos, afortunadamente, que es “Rey” desde la Cruz, pero con todo y a pesar de este correctivo y advertencia nuclear, el caso es que gran parte de nuestras expresiones, liturgias y símbolos religiosos y eclesiales están tomadas de los imperios de este mundo! Desde esta mirada- y obviando la gozosa contemplación estética, cultural y religiosa en cuanto obras de arte- repasemos gran parte de nuestros rituales, templos, vestuarios, fiestas, lenguajes, etc. etc.

El reinado de Dios que conmovió a Jesús poco tiene que ver con altares mayores, con basílicas, con solideos, y seguramente con cualquier tipo de “mediaciones e instrumentos poderosos”. Los signos de los tiempos parecen apuntar hacia un tiempo de desnudez, de silencio y de profunda purificación personal, comunitaria y de todas nuestras palabras, símbolos y estructuras.

¿Dónde se transparenta la presencia del Cristo que reclama únicamente para Dios la adoración y la obediencia? ¿En la pugna de la Conferencia Episcopal Española por mantener privilegios y cuotas de poder o en las miles de comunidades cristianas acogiendo y acompañando a los últimos? ¿En el palacio o en Lampedusa? ¿En la casilla del IRPF o en la comunidad de bienes? ¿En la “Televisión de la Iglesia” o en los huelguistas de hambre silenciados por todos? ¿En las clases de religión o en los procesos de seducción y vivencia compartidas? ….

¿Cuáles son entonces los “títulos” de esta nueva época? Habrá que “construirlos” desde el camino humilde del seguimiento  y del discernimiento compartido, con un respeto profundo y verdadero a lo vivido y generado por quienes nos antecedieron en la fe y, a la vez, con la libertad y creatividad radical de quienes celebramos y compartimos la Memoria Viva de Jesús.

Se ha oscurecido –“¡gracias a Dios!”- la evocación de Jesucristo como Rey…Exploremos y busquemos juntos nuevas palabras, nuevos símbolos y gestos que, por definición, serán radicalmente provisionales e insuficientes para contener el Misterio. En todo caso, Jesús parece esconderse hoy tras otras palabras y relatos: “migrante, huelguista, desahuciado, dependiente, indígena….”.

Retiro Adviento 2013

Artífices de Paz

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

1. Simeón y Ana

Iniciamos el Adviento. Adviento significa “venida”. Aguardamos la venida de Jesucristo. La espera es la actitud característica de este tiempo. La espera es activa, hay algo que esperar, por eso, genera una tensión sana. Mientras esperamos, tendemos hacia quien esperamos, hacia quien nos hace palpitar el corazón con más fuerza, hacia quien colma nuestro deseo. Así les pasó a Simeón y Ana (Lc 2,25-38). Ellos convirtieron su vida entera en un Adviento. Esperaban algo decisivo no para ellos solos sino para Israel. Esperaban la paz mesiánica. La espera de la paz guiaba sus búsquedas, sus vidas, su ancianidad y ese interés les hizo posible el reconocimiento de Jesús como Mesías. Seguro que tuvieron que superar más de una vez la tentación de desistir, de dejarlo, ya eran mayores y la paz parecía que cada vez se alejaba más, sin embargo, no se echaron atrás, no se cansaron, no buscaron otros “refugios” justificables, permanecieron en su misión. El testimonio de esta pareja nos cuestiona: ¿Todavía significa algo para nosotras y nosotros “estar alertas”, “aguardar”? ¿Qué esperanza festejamos en nuestras liturgias? ¿Estaremos hablándole al mundo de fidelidad, de permanecer, de aguardar, cuando en realidad ya no esperamos nada más… y abandonamos?

  • ¿Esperamos todavía algo decisivo para la humanidad, de tal manera, que influya en nuestra vida? ¿El qué?

2. La paz: Shalom

 La tradición judía no entiende la paz en contraposición con la guerra, sino en contraste con todo aquello que pueda perturbar el bienestar colectivo del pueblo en todos los ámbitos de la vida. La paz incluye la dicha (Sal 73,3), la provisión de las necesidades (Jc 19,20), la salud corporal (Is 57,18-19), la tranquilidad (Gn 15,15; 26,29), el entendimiento pacífico entre pueblos y hombres (1R 5,26; Jc 4,17), la salvación estable de las situaciones de desgracia (Jer 14,13; 29,11), etc. La paz no es sin más un estado de ánimo, sino una situación social y política jamás alcanzada plenamente, que depende de Yahve. Propiamente, Yahve es la Paz (Jc 6,24). Sólo Él puede otorgarla y, si la retira, sobreviene la aflicción en el pueblo (Jr 16,5). En clave del NT, Jesucristo mismo “Él es nuestra Paz” (Ef 2,14-15), conduce nuestros pasos hacia ella (Lc 1,79) y nos anuncia que el Reino está cerca. Un Reino marcado por unas relaciones de amor gratuito (Lc 2,14), porque toda ausencia de amor es ya guerra.

  • ¿Existe paz en mi entorno más cercano? ¿Soy yo una persona de paz?

3. Urge la paz

 Ojalá y tengamos verdadero interés por la paz porque urge la paz. “Si yo hablo de paz, ellos prefieren guerra” (Sal 120,7). Estas palabras son hoy más reales que nunca. Todos los días los periódicos y las emisoras de radio y de televisión revelan el deseo humano desvergonzado de poder, de luchar y de ser la superpotencia más fuerte. En nuestro mundo no se oyen a menudo auténticas palabras de paz; y cuando se pronuncian, la mayoría de las veces se desconfía de ellas, sencillamente, porque cuando una sociedad deja morir de hambre a millones de personas o los deja morir en medio del mar está en guerra.

La paz ha sido y sigue siendo un don, pero también una tarea, un reto, un desafío. El siglo XXI será el siglo de la paz. “Todo tiene su momento… tiempo de callar y tiempo de hablar… tiempo de guerra y tiempo de paz”, dice el Eclesiastés. Este es el tiempo de hablar a favor de la paz porque sin paz no habrá vida. Estamos llamadas y llamados a que todo cuanto hagamos, digamos, pensemos o soñemos forme parte de nuestro interés por la paz. Ser artífices de paz es una vocación a tiempo completo y, en este momento del mundo, tal vez, la más urgente de todas las tareas. En el Adviento del año 2013, se nos invita a una conversión, de tal forma, que pueda llevarnos a un verdadero cambio y a unas acciones específicas en favor de la paz.

Ya hemos convivido demasiado con los que rechazan la paz. Nos hemos dejado impresionar durante mucho tiempo por “los reyes de la tierra, los nobles, los grandes jefes militares, los ricos y poderosos…” (Ap 6,15) que tratan de decirnos que la situación política es tan compleja que no podemos tener una opinión sobre la posibilidad de la paz y que para alcanzarla se necesita la guerra. Jesús dijo: “Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). Estas palabras no pueden permanecer por más tiempo en el trasfondo de nuestra conciencia, irrumpen en nuestra vida con tanta urgencia que sabemos que ha llegado el momento de ser auténticas personas artífices de paz.

  • ¿Por dónde debe ir mi conversión en este Adviento para ser auténtico artífice de paz?

No basta la buena intención hay que poner los medios, para ello nos pueden ayudar tres pilares: Oración, resistencia y fraternidad.

4. Artífices de paz

4.1. La oración

La oración es el principio y el fin de la paz porque la paz es un don divino. En su discurso de despedida, Jesús dijo a sus discípulos: “Os dejo la paz, os doy mi paz. Una paz que el mundo no puede daros” (Jn 14,27). Cuando queremos ser artífices de paz, lo primero que hemos de hacer es dejar nuestras armas y entrar en la casa de quien nos ofrece su paz. Jesús no sólo nos invita a vivir con él en la misma casa, sino que él mismo es la casa (Jn 15,4-5). La oración nos abre la puerta de esta nueva morada.

A veces, más de las que nos gustaría, también nosotros somos parte del mal contra el que protestamos y no somos personas de paz sino de conflicto. La invitación a una vida de oración es la invitación a vivir en medio de este mundo sin poner la confianza en los medios, la fuerza y el poder (Is 31,1-3). Sólo podemos dar testimonio del Príncipe de la Paz cuando tenemos puesta nuestra confianza en Él y sólo en Él. Somos personas descentradas, nuestro centro es Jesucristo, pero si nos miramos demasiado a nosotros mismos, si ponemos en nosotros el centro, corremos el peligro de utilizar la violencia para mantenernos. Jesús es nuestro centro y no son simples palabras, esta es la verdadera fuerza que nos lleva a buscar la paz siendo creativas y generosas. Esto no se improvisa. Es un largo proceso de conversión en el que morimos a nuestra vieja identidad. En este sentido, la oración es un acto de martirio: morimos a nuestro mundo conflictivo y entramos en la luz sanadora de Cristo (Lc 6,27-35).

A su vez, la misma oración es ya un acto de paz, es una protesta contra un mundo de manipulación, competencia, rivalidad, sospecha, actitud defensiva, ira, hostilidad, agresión mutua, destrucción y guerra. Es precisamente en esta presencia “inútil” ante Dios donde podemos escuchar la voz del amor escondida en el centro de nuestro ser y poner paz en nuestro corazón (1 Tim 2,1-6).

4.2. Resistencia

Ser artífice de paz exige que mi oración se haga visible en acciones concretas. Sin tales acciones, la oración no es más que la expresión piadosa de alguien que huye. Ser artífices de paz no es una opción. Es una “obligación sagrada” sea cual sea nuestra situación. Es una forma de vida que compromete continuamente todo nuestro ser, por eso resistimos; debemos oponer decidida resistencia a toda forma de violencia y destrucción, y proclamar que la paz es el don divino ofrecido por Dios (Nm 6,22-26). La no resistencia nos hace cómplices de la violencia. La resistencia significa decir “no” a todas las fuerzas de la muerte, dondequiera que estén, y decir “sí” a toda vida, sea cual fuere la forma en que la encontremos. Trabajar por la paz es trabajar por la vida (Rm 8,6).

No deben separarse la paz del mundo y la paz del corazón. No hay que separar la paz interior de la exterior. El trabajo de la paz es un abanico que se extiende desde los escondidos rincones de nuestro yo hasta las más complejas deliberaciones internacionales. Por tanto, nuestra resistencia a los poderes de la muerte tiene que ser tan profunda y amplia como la paz misma.

La guerra no nace en los campos de batalla, entre soldados con armas, sino en la misma casa, en la intimidad de la familia o de la propia institución. Mucho antes de empezar a guerrear, matar personas o destruir naciones, ya hemos matado a las personas mentalmente. Cuánta violencia fue mental antes de convertirse en violencia física. Se comienza a decir “sí” a la muerte mucho antes de decir “sí” a la violencia física. De ahí que, decir “no” a la muerte exige un compromiso profundo con las palabras de Jesús: “No juzguéis” (Mt 7,1). Exige decir “no” a toda la violencia del corazón y de la mente. Con mis juicios divido mi mundo en dos partes -los buenos y los malos- y así juego a ser Dios. Pero quien juega a ser Dios termina actuando como el demonio (Rm 2,1-11). En este Adviento decimos “no” a la violencia de los juicios.

El camino de Jesús es un camino sin anatemas ni armas ni violencia ni poder. Para él no hay países que conquistar, ni ideologías que imponer, ni pueblos que dominar. Tan sólo hay niños, mujeres y hombres a los que amar. Y el amor no hace uso de las armas. El amor no se manifiesta en el poder, sino en la falta de poder. Jesús nos desafía en este Adviento a seguir este camino. Es el camino de la resistencia desarmada, no violenta y sin poder. Resistir al odio, la división, el conflicto, la guerra y la muerte es un acto litúrgico; es adorar a Dios. No obstante, la resistencia no violenta no es un camino aceptado con facilidad. Quienes ven en la violencia el camino único y necesario hacia la paz no sólo pensarán que los resistentes no violentos carecen de realismo y son ingenuos sino que además los acusarán de cómplices de la violencia. Jesús afirma con toda claridad que la persona resistente tendrá dificultades: “Os echarán mano y os perseguirán…” (Lc 21,12).

4.3. Fraternidad

Ser artífices de paz no se puede hacer en solitario. Es importante que la paz de Dios, se haga visible en una fraternidad humana. Sólo desde la fraternidad de apoyo, fraternidad autocrítica, tenemos la posibilidad de que nuestro esfuerzo por la paz sirva más al bien común que a nosotras mismas. Esta fraternidad debe ofrecer algo más que un simple contexto protector para la oración y la resistencia; debe ser la primera realización de “los nuevos cielos y la nueva tierra” (2 P 3,13); no es sólo medio para realizar la paz, sino que es el lugar donde la paz que andamos buscando recibe su primera forma.

Y éste es el aporte más propio que podemos hacer. Ser personas que motivemos, que sugiramos, que propongamos a cuantos nos rodean vida y paz. Estar ahí para los demás con ánimo y con afecto. Ser cauces de una espiritualidad sencilla, renovada y real. Y ofrecer la propia espiritualidad con pasión y compasión. No hay cosa que cree más unión que una experiencia espiritual compartida y no hay cosa más revolucionaria que una experiencia espiritual compartida, recordemos a Jesús y sus discípulos, a Francisco de Asís y sus seguidores…

La fraternidad es artífice de la paz de Cristo reconociendo que somos incapaces de lograr la paz por nosotros solos; reconociendo que es el lugar donde la fuerza se revela en la debilidad, la fe se revela en la duda, la esperanza se revela en momentos de desesperación, el amor se revela en medio de ciertas envidias y desconfianzas, la alegría se revela en medio de la tristeza y la paz se revela en medio de la violencia, los conflictos y las divisiones. Reconociendo las dificultades que nos surgen, poniéndoles nombre, situándolas encima de la mesa y buscando soluciones juntos a la luz de la Palabra. Y utilizamos nuestra palabra como regalo para construir, nunca para destruir, controlando la violencia verbal. Somos artífices de paz reconociendo que el perdón es el gran don divino que Jesús nos ofrece. La paz es una misión de perdón, de reconciliación (Col 1, 15-20); el perdón rompe el círculo del eterno retorno de la violencia (Jn 20,19-23).

La fraternidad es artífice de la paz de Cristo siendo personas de esperanza. Jesús no ofreció un optimismo basado en las estadísticas, en el análisis político, en el equilibrio de poder, en la disuasión o en la capacidad para destruir, sino una esperanza basada en la promesa del perdón de Dios a todas las personas, en la promesa de su amor incondicional hasta dar la vida. La esperanza se asienta en la experiencia de la fe en el Dios vivo, una fe más fuerte que la violencia, la división, el juicio o la guerra. La fraternidad no es un grupo de personas que se han agrupado para unir sus fuerzas y hacer que la victoria sea más probable. No. La fraternidad es la expresión de una victoria ya conseguida. San Pablo dice : “la muerte ha sido vencida” (1 Cor 15,54), por eso, somos personas de esperanza y agradecidas. Capaces de reconocer y celebrar la paz de Dios. Una fraternidad eucarística, la eucaristía pertenece al centro mismo de nuestra vida y es el acto en el que se resume toda acción por la paz.

La fraternidad es artífice de la paz de Cristo cuando abrimos nuestras casas y aceptamos el regalo de las víctimas. La vida no crece y se extiende por la lucha entre fuertes sino por la presencia y palabras de aquellos que no tienen ni lugar, porque no tienen derechos. Sólo aquellos que no tienen más razón ni argumento que su rostro sufriente pueden elevar su mirada hacia los violentos. La verdadera paz nace de los expulsados del sistema: huérfanos, viudas, extranjeros… y de aquellos que los acogen para vivir en Cristo. Nos regalan la paz sin saberlo, sin exigir homenajes, sin enfadarse porque nadie les hace un monumento. Por eso es preciso estar cerca de ellos: no por misericordia ni compasión, sino por mera necesidad, porque la paz solo es posible cuando alborea la justicia (St 3,18). La paz es una ofrenda-oblación de las víctimas y no puede fundarse en el poder de los triunfadores. Una paz que se logra con armas no es paz, sino dictadura de los poderosos. Un orden que se alcanza sometiendo y acallando con violencia a los posibles disidentes es coacción. La paz no se impone ni negocia, sino que brota donde hay hombres y mujeres que acogen y se perdonan gratuitamente.

  • ¿Por dónde tendría que incidir más nuestra familia, grupos, fraternidades… para ser artífices de Paz?

Día Internacional de la Infancia. 20 de Noviembre 2013

La celebración de este día conmemora la aprobación por las Naciones Unidas de la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y posteriormente  de la Convención de los Derechos del Niño, CDN (1989); la convención, significó un cambio en la consideración de los niños y las niñas como sujetos activos con plenos derechos.

El documento de UNICEF: LA INFANCIA EN ESPAÑA 2012-2013. El impacto de la crisis en los niños resume muy acertadamente la realidad de un sector de la infancia actualmente, en nuestro país: Los niños  sufren la crisis en los hogares cuando los progenitores se quedan sin trabajo y sin ingresos, cuando ellos y sus familias son desahuciados, cuando, a consecuencia de los menores ingresos familiares, se empobrece la calidad de su alimentación, cuando se deteriora el ambiente familiar o cuando no pueden costearse tratamientos médicos no incluidos en los sistemas públicos. Pero también repercuten en ellos las decisiones políticas de reducción del gasto público en ayudas a las familias, en becas escolares de comedor o libros de texto, y no son ajenos al impacto de las decisiones generales en materia de impuestos y deuda pública, o a las reducciones de presupuestos destinados a servicios sociales, educativos o de salud.

En el mundo de hoy, una Eucaristía sin denuncia profética a favor del hombre y la tierra, no es Eucaristía

Domingo 33º del T. O. Ciclo C

Por: Faustino Vilabrille. Sacerdote diocesano. (Resumen del comentario)

 Jesús habla en el Evangelio de guerras, revoluciones, de alzarse pueblo contra pueblo y nación contra nación, grandes terremotos, epidemias y hambre, incluso grandes signos en el cielo. Parece que esto está sucediendo ya hoy:

 1.-Guerras de hoy

 Qué más terremoto o más hambre o más epidemias queremos que unos mil millones de personas pasando hambre, que haya 100.000 muertes de hambre cada día, que haya atentados sin parar, guerras entre países, conflictos internos que dejan cada día muertos y más muertos como en Siria, Egipto, etc.

 Qué más guerra queremos que el ataque masivo de las multinacionales de los países ricos a los países pobres, como en Colombia quitando la tierra a los campesinos para darla a las multinacionales de EE. UU. y Canadá; en Ruanda darla a los Chinos; y en Mozambique, Sudán, Uganda, Madagascar, Etiopía, Senegal, Tanzania, Camerún y Zimbabwe darla a China, India, Japón…

Qué más guerra queremos que las vallas de Melilla erizadas de pinchos y cuchillas muy cortantes para que los inmigrantes desesperados de hambre intentando pasar se tiren a ellas y queden desgarrados a jirones y desistan de pasar hacia nosotros…

2.-El verdadero templo de Dios

 A Jesús no le preocupa para nada el templo de Jerusalén: “no quedará piedra sobre piedra”. Jesús anuncia un cambio radical en la forma de encontrar a Dios. A Dios el único templo que le importa es el templo del ser humano y el templo del universo. Por tanto para adorar a Dios no hacen falta basílicas, catedrales, iglesias lujosas.

 3.-¿Qué templos quiere Dios?

 Dios quiere templos vivos, no de piedra. Dice Jesús: “Yo he venido para que tod@s tenga vida y vida en abundancia” (Juan 10,10). Lo que gastamos en ceremonias suntuosas con músicas, flores, órganos, inciensos, incluidas solemnidades, bodas, primeras comuniones, etc., son una ofensa al Dios vivo porque está muerto de hambre, de impotencia y desesperación en los empobrecidos de la tierra.

 4.-La naturaleza, la Creación, son el templo físico de de Dios:

 Un compromiso que tiene que serlo también y al mismo tiempo con toda la creación, pues de ella dependemos todos, y que también sufre muchas veces injustamente los males de este mundo a causa del hombre, y ansía participar de la liberación gloriosa y definitiva de las hijas e hijos de Dios, pues toda la naturaleza es el gran templo físico y vivo de Dios, de cuya perfección, belleza, grandeza y majestad deducimos muchas de las maravillas que admiramos en Dios (Romanos 8,18-23).

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies