Urge la paz

Santa María, Madre de Dios. Jornada Mundial de la Paz 2014

Por: Mª Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax. Ciudad Real

Desde 1968, se viene celebrando cada uno de enero la “Jornada Mundial de la Paz”. La tradición judía no entiende la paz, shalom, en contraposición con la guerra, sino en contraste con todo aquello que pueda perturbar el bienestar colectivo del pueblo en todos los ámbitos de la vida. La paz no es sin más un estado de ánimo, sino una situación social y política jamás alcanzada plenamente, que depende de Yahve, como vemos en la primera lectura de hoy.

Sin embargo, “si yo hablo de paz, ellos prefieren guerra” (Sal 120,7). Estas palabras son hoy más reales que nunca. Todos los días los periódicos, las emisoras de radio y cadenas de televisión revelan el deseo humano desvergonzado de poder, de luchar y de ser la superpotencia más fuerte. En nuestro mundo no se oyen a menudo auténticas palabras de paz; y cuando se pronuncian, la mayoría de las veces se desconfía de ellas, sencillamente, porque cuando una sociedad deja morir de hambre a millones de personas está en guerra. La paz solo es posible cuando alborea la justicia (St 3,18).

La paz ha sido y sigue siendo un don, pero también una tarea, un reto, un desafío. El siglo XXI será el siglo de la paz: “Todo tiene su momento… tiempo de callar y tiempo de hablar… tiempo de guerra y tiempo de paz…”, dice el Eclesiastés. Este es el tiempo de hablar a favor de la paz porque sin paz no habrá vida. Estamos llamadas a que todo cuanto hagamos, digamos, pensemos o soñemos forme parte de nuestro interés por la paz. Ser artífices de paz es una vocación a tiempo completo y, en este momento de la historia, tal vez, la más urgente de todas las tareas.

Ya hemos convivido demasiado con los que odian la paz. Nos hemos dejado impresionar durante mucho tiempo por “los reyes de la tierra, los nobles, los grandes jefes militares, los ricos y poderosos…” (Ap 6,15) que tratan de decirnos que la situación política es tan compleja que no podemos tener una opinión sobre la posibilidad de la paz y que para alcanzarla se necesita la guerra. Jesús dijo: “Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). Estas palabras no pueden permanecer por más tiempo en el trasfondo de nuestra conciencia. Estas palabras irrumpen en nuestra vida con tanta urgencia que sabemos que ha llegado el momento de ser personas auténticas constructoras de paz.

La guerra no nace en los campos de batalla, entre soldados con armas, sino en la misma casa, en la intimidad de la familia o de la propia institución. Mucho antes de empezar a guerrear, matar o destruir naciones, ya hemos matado a las personas mentalmente. Cuánta violencia fue mental antes de convertirse en violencia física. Se comienza a decir “sí” a la muerte mucho antes de decir “sí” a la violencia física. De ahí que, decir “no” a la muerte exige un compromiso profundo con las palabras de Jesús: “No juzguéis” (Mt 7,1). Exige decir “no” a toda la violencia del corazón y de la mente. Con mis juicios divido mi mundo en dos partes -los buenos y los malos- y así juego a ser Dios. Pero quien juega a ser Dios termina actuando como el demonio (Rm 2,1-2).

Poniéndolo en positivo podemos afirmar que la tarea más importante que tenemos no es la de luchar contra los signos de muerte sino inspirar, afirmar y nutrir los signos de vida allí donde se manifiesten. Porque la vida es muy vulnerable, es algo muy pequeño, frágil y no se abre paso por la fuerza. El “no” a la muerte sólo puede dar mucho fruto, cuando se dice y se actúa en el contexto de un humilde y compasivo “sí” a la vida. Construir la paz se convierte en una tarea verdaderamente espiritual cuando nunca se separa el “no” a la muerte del “sí” a la vida. Trabajar por la paz es trabajar por la vida. Vida y paz unidas por el Espíritu (Rm 8,6).

El camino de Jesús es un camino sin anatemas ni armas ni violencia ni poder. Para él no hay países que conquistar, ni ideologías que imponer, ni pueblos que dominar. Tan sólo hay niños, mujeres y hombres a los que amar. Y el amor no hace uso de las armas. El amor no se manifiesta en el poder, sino en la falta de poder. Jesús nos urge a seguir este camino. Es el camino de la resistencia desarmada, no violenta y sin poder. Resistir al odio, la división, el conflicto, la guerra y la muerte es un acto litúrgico; es adorar a Dios.

La Fraternidad, fundamento y camino para la Paz

Descargar (Mensaje-Jornada-Paz-2014.pdf, PDF, Desconocido)

De la pequeña familia a la gran familia

Sagrada Familia. Ciclo A

Por: Conchi Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología. Ciudad Real

La tranquilidad dura poco en la familia de Nazaret, Jesús acaba de nacer y ya hay que tomar precauciones para salvar su vida, han de marcharse a otro país… Cuando un miembro de la familia necesita ayuda ponemos todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para solucionar la situación.

La familia es como una escuela, en ella aprendemos las primeras consignas de la vida. Nos comunicamos, compartimos lo que somos y tenemos, mostramos nuestras habilidades y nuestras carencias, tenemos los primeros roces y las primeras responsabilidades, nos sentimos queridos, amados tal y como somos, cuidados y protegidos. Aprendemos a trabajar por el bien común, por el bien de todos los miembros, a cuidar, a respetar, a colaborar…

Estos aprendizajes se pueden extrapolar al mundo global, que es la casa común, la casa de todos. Somos una gran familia de hermanos y hermanas, hijos e hijas de un mismo Padre/Madre, la tierra entera es nuestro hogar. Con esta actitud de vida, de pertenencia a la aldea global deberíamos enfocar nuestros trabajos, nuestras relaciones, nuestros compromisos…

Cuántas familias tienen que abandonar su tierra, sus lugares de origen donde están sus raíces, sus seres queridos, los lazos más profundos, sus pertenencias, para salvar sus vidas, para huir de la miseria, del hambre, de la guerra, de la persecución, de tantas inseguridades…, para buscar un futuro mejor para sus hijos, buscar escuela, sanidad, un trabajo digno para cubrir las necesidades más elementales, una vivienda digna, comida, vestido, agua… VIVIR con dignidad. Sólo buscan eso las familias que llegan a nuestros pueblos y ciudades. Ver, como José y María, crecer a sus hijos e hijas en paz, sanos y salvos.

La historia se repite, viene desde antiguo… pero cuántas vidas se pierden en el camino, en las pateras, en el mar, cuántos obstáculos hay que salvar hasta conseguir el sueño dorado, alcanzar la sociedad del bienestar de la vieja Europa.

Reivindicar, colaborar en construir la familia común, la familia humana, que en todos los lugares del mundo las personas puedan vivir dignamente sin tener que emigrar a la fuerza a otros países, que los niños no mueran por una simple diarrea, ni dar a luz sea un acto de alto riesgo para las vidas de la madre y el niño.

La tierra es nuestro hogar, esa tierra que nos da el alimento y el cobijo. Nuestras vidas están en relación, no son vidas sin los otros.  Lo que  hago hoy, aquí y ahora, tiene una repercusión, por pequeña que sea,  en el mundo y en las demás personas. Responsabilizarnos de la sociedad en que vivimos es toda una tarea, el individualismo nos empobrece. Comprometernos en los órganos sociales para así potenciar políticas humanitarias, que impulsen la inserción de  los más débiles. Acompañar a los padres y madres en la difícil tarea de educar. Organizar el mundo de los cuidados. Los enfermos, los mayores, los niños… necesitan cuidados y esta responsabilidad es de todos, no exclusivamente de las mujeres, facilitar estos cuidados.

Celebramos la JORNADA POR LA VIDA, de la familia. Efectivamente la vida aparece en el seno de la familia y por ello habremos de cuidar, acompañar, atender a las familias desde las instituciones, también desde la misma Iglesia.

Las lecturas de hoy nos hacen una llamada al perdón, “el Señor nos ha perdonado”, ¡hagamos nosotros lo mismo!. Vivir en el resentimiento no es vivir. Acerquémonos al enemigo, hablemos, pactemos, tendamos puentes, perdonemos las deudas. ¡Cuánta explotación en base a las deudas! Deudas que no tienen fin y acaban con la vida y la dignidad de los más pobres.

“Hijo sé el apoyo de tu padre … aunque se debilite su mente tú no lo desprecies”.

Cuando nos sentimos con fuerza, con medios, con plenas facultades, nos cuesta ponernos en el lugar de las  personas que han perdido  sus facultades, su dignidad, o que su vida está rota en mil pedazos.

Hoy quiero soñar:

Quiero soñar un mundo, una sociedad, una familia con sentimientos de compasión, de bondad, de perdón, de paciencia.  Que la paz no sea una mera palabra, tan usual en estos días de Navidad. Que persigamos esa paz,  que la busquemos para nosotros y trabajemos para que los demás puedan vivirla.

Sueño con un mundo de iguales, donde los bienes de la tierra estén repartidos, donde respetemos la naturaleza, que es la herencia que hemos recibido y que vamos a dejar a nuestros hijos e hijas, esta tierra rica produce alimentos para todas las personas.

Sueño con un mundo en el que la persona y su desarrollo sean el centro y los beneficios y la producción estén al servicio del hombre y la mujer.

Sueño que los horarios de trabajo sean compatibles con la educación de los hijos, el cuidado de los mayores … Que estos trabajos favorezcan el desarrollo integral de las personas.

Sueño que los contratos de trabajo no obliguen a las familias a vivir en la más extrema inseguridad.

Sueño con un mundo que se desviva con aquellos que más necesidades presentan.

Sueño con un mundo que acompañe, acoja, ayude a discernir a aquellas mujeres que, en la soledad más absoluta y en las circunstancias más extremas deciden no tener a  sus hijos.

Sueño con un mundo en el que todos tengan un trabajo y lo mínimo para vivir.

Sueño con un mundo que cure heridas, que perdone, que acoja, que respete, que no haga distinciones entre Norte y Sur. 

Intuyo que este es el sueño de nuestro Dios Padre/Madre para la familia humana.

 

                                                                                             

                                                                       

Jesucristo ha nacido, venid vamos a adorale

 Por: D. Cornelio Urtasun

Jesucristo ha nacido, venid vamos a adorale

 Con estas palabras, tan viejas como nuestra era cristiana, se abre la celebración de este día santo. Y con la antigüedad nos viene a comunicar el acontecimiento, eternamente joven, del nuevo nacimiento de Jesucristo en medio de los hijos de los hombres.

SE HAN CUMPLIDO TODAS LAS COSAS

Después de haber celebrado el septenario de preparación inmediata para la venida del Señor, que conocemos por las Antífonas de la O, nos disponíamos a la celebración de la Misa Vigilia de Navidad, que se abría con una antífona sencilla y cargada de significado:

“He aquí que se han cumplido
todas las cosas que se habían anunciado
acerca de la Virgen María”

Así ha sido.
Después de cuatro semanas de suplicar al Señor, que viniera, que no se hiciera esperar, que apresurara el paso, que dispusiera Él mismo nuestros corazones, he aquí que se nos anuncia el gran misterio:

JESUCRISTO VOLVÍA A NACER
no solamente ENTRE LOS HOMBRES, sino
EN LOS HOMBRES, EN EL CORAZÓN DE CADA HOMBRE.

Este es el gran mensaje de Navidad, de cada Navidad. El anuncio estremecedor del Profeta Isaías,  hablándonos de un Dios con-nosotros, quedaba superado con la realidad de un Dios en-nosotros.

En la nueva creación de Jesucristo, inaugurada en su nacimiento, todo queda superado. En el alba del tiempo, en la primera creación, el hombre salió de las manos del Omnipotente: Amigo de Dios. En el comienzo del “nuevo tiempo”, el hombre recibe el poder de ser hijo de Dios, hermanos pequeño de aquel Hermano mayor que se llama Jesucristo.

No es extraño que San León Magno, en una de sus homilías sobre el Misterio de Navidad, clamara a los cristianos de todos los tiempos: ¡Reconoce, oh cristiano tu dignidad!. Hoy ha nacido Jesucristo.

El nacimiento de Jesucristo que celebra la Iglesia, ¿es un recuerdo?, ¿es una realidad?. Pregunta clave, porque de la respuesta que demos a la misma, depende un modo de vida, se abren horizontes inabarcables.

Entremos, de lleno, escuchando la respuesta de la Iglesia, en algunos de sus textos de la liturgia laudativa y sacrifical:

“El que era la Palabra sustancial del Padre, engendrado antes del tiempo
HOY  se ha despojado de su rango, haciéndose carne por nosotros”.
“HOY, por nosotros, se ha dignado nacer de la Virgen, el Rey de los cielos,
para restituir al hombre a los reinos celestiales.
Se alegran los Ángeles porque se ha mostrado la salvación al género humano”
“HOY  nos ha descendido del cielo la PAZ verdadera,
HOY, en todo el mundo los cielos destilan miel.
HOY, brilla para nosotros  el día de la redención nueva, largo tiempo esperada,
el día de la felicidad eterna”.

No cabe duda de que toda celebración de los Misterios de Jesucristo tiene un componente de recuerdo, de conmemoración de aquellos acontecimientos salvíficos que, por primera vez, tuvieron lugar en Nazaret, Belén, Jerusalén, etc.  Pero arrancando, con inmensa gratitud, desde el recuerdo de aquel primer eslabón de misericordias que suponen cada uno de los Misterios de Jesucristo, la Iglesia los actualiza, los revive, los re-presenta (como dice el P. Adrian Nocent), es decir, los hace nuevamente presentes y tiene lugar aquello que explicaba el Papa Pío XII en la inolvidable Encíclica “mediador Dei”:

… “Es Cristo mismo que persevera en su Iglesia y que prosigue aquel camino de inmensa misericordia que inició en esta vida mortal, cuando pasaba haciendo el bien, con el bondadosísimo fin de que las almas de los hombres se ponga en contacto con estos misterios, y por ellos, en cierto modo viva…”

En cuanto al Misterio de Navidad, que ahora comentamos, no hay más que leer, con amoroso sosiego, los elementos de la liturgia de la Misa del día de Navidad: HOY nos ha nacido de nuevo el SALVADOR…”

Ya sé que no basta leer los textos: hace falta penetrarlo, paladearlos, saborearlos, mirarlos en transparencia, como la Iglesia lo explica en la Post-Comunión de las Misas de la Aurora y de la Epifanía:

Señor: a los que  hemos celebrado con cristiana alegría
el nacimiento de tu Hijo,
c o n c é d e n o s
contemplar este Misterio,
y amarlo con amor cada vez más entrañable”.

Por otra parte, eso es lo bueno y hermoso:  que es el Señor el primer interesado en darnos, a todos y a cada uno, esa mirada clarividente, penetrante, que nos hace llegar hasta la médula misma del Misterio.

¿ES QUE PUEDE NACER DE NUEVO JESUCRISTO?

Es casi repetición, esta pregunta, de la que nos hacíamos en el comienzo del Adviento, cuando nos interrogábamos cómo era posible que Jesucristo volviera a venir, si Jesucristo ya e s t a b a.

Esta  pregunta, por otra parte, se parece a otra, la que Nicodemo le hizo a Jesús cuando le habló de que era precio “nacer de nuevo”. El discípulo captó al instante la trascendencia de la enseñanza del Maestro y  le puntualizó:  “¿Es que uno, cuando es viejo, puede volver a entrar en el seno de su madre”?

Yo he llegado a darme esta explicación: cuando Jesucristo nació por primera vez, de Santa María Virgen, por otra del Espíritu Santo, aquel nacimiento fue fruto de estos elementos:

–                                 Amor al Padre
–                                 Amor a la Obra del Padre Creador y comunicador de su bondad
–                                 Amor a la Obra de las Obras del Padre,  el  h o m b r e.
–                                 Misericordia inmensa hacia el hombre, cautivo de la vieja esclavitud, por el pecado.
–                                 Decisión de hacer nuevas todas las cosas.
–                                 Empeño de devolver al hombre su dignidad perdida, no solamente devolviéndole la

Amistad con Dios, sino haciéndole   hijo de Dios.

–                                 Disposición de llevar a cabo el designio salvífico del Padre respecto del hombre, designio manifestado en el momento mismo de la caída de nuestros primeros padres.

Todos esos elementos, quizá entre otros, llevaron a Jesucristo a bajar del cielo y a hacerse hombre entre los hombres, naciendo en el portal de Belén.

Cada año, ahora, cuando celebramos el Misterio de Navidad, Jesucristo reproduce en sí mismo y en el corazón de la Iglesia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, los mismos sentimientos que hace veintiún siglos le empujaron a Belén. Hoy le empujan a derramar sobre toda la Iglesia todos los tesoros que supusieron para los hombres la aparición del Salvador entre Pastores y Magos.

Aquel Misterio del nacimiento tuvo un alma y una apariencia: la apariencia fue concreta y tangible, en el portal y casa de Belén. El alma la constituyeron todos los tesoros que el Padre derramó sobre la tierra, a la hora de nacer de una madre virgen, el Salvador del mundo.

PARA QUE NACE JESUCRISTO

Tanta gente piensa que Navidad es, o un intento de evadirse con miras a soñar en el paraíso perdido o,  a lo sumo, es una fecha hermosa en la cual los hombres parece que se ponen de acuerdo para intentar pensar en ser algo más buenos.  Y, para unos pocos, incluidos tantos creyentes, no hay diferencia grande en que la Navidad sea realidad o recuerdo. La hay grande:

La Iglesia, al adentrarnos en la celebración del nuevo Nacimiento de Jesucristo, no piensa que nos invita a entrar en el paraíso perdido;  tampoco nos da un billete de entrada en un museo de arte que coleccione  obras  portentosas; ni en el museo de recuerdos históricos.  Nos lleva, amorosamente, a la Escuela del seguimiento del Señor, a la Universidad de la Santidad  cristiana,  al Instituto de Experimentación del Espíritu de las Bienaventuranzas. Sencillamente: nos pone en contacto directo y personal con Jesucristo, que organiza cada año cursos intensivos de vida evangélica para que VIVAMOS DE SU VIDA, como EL VIVE DE LA DE SU PADRE.

DOS PREGUNTAS AL TERMINAR

  1. ¿Cómo se explica que no faltan quienes piensan que la Iglesia, en sus oraciones no pisa tierra, no se compromete…?
  2. Y ¿cómo se explica que la Navidad, entre cristianos, se manifieste más por la abundancia de comidas,  de regalos…  que por una intensificación de la santidad de vida, de la santidad de nuestras vidas, que refleje la santidad de Aquel que ha nacido y VIVE en nosotros, para que VIVAMOS  de EL?

 

 

 

 

Palabra

Palabra . Ain Karem (CD A todos los pueblos)

Eres Palabra de Vida,
en Ti, la promesa ya anunciada
toma carne, y es cumplida.
Eres silencio elocuente que
sabe proclamar a gritos cuál es el querer del Padre.
En tu Palabra, Jesús,
encontramos la respuesta a tanta pregunta abierta
de tanta esperanza cierta.

Haznos contigo P-palabra,
gestada en silencio, tierna,
que se ofrece oportuna
a nuestra hermana que espera,
que se ofrece oportuna
a nuestro hermano que espera.

¡Feliz Navidad! ¡Fraterna, solidaria y subversiva Navidad!

Natividad del Señor. Misa del día. Ciclo A

Por: Auxi  Fernández Fernández. Mujeres y Teología. Ciudad Real

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz!
(Isaías 52,7-10)
“Ahora, Dios nos ha hablado por el Hijo”
(Hebreos 1,1-6)
“La Palabra vino a su casa, y los suyos no la recibieron”
(Juan 1,1-18)

Nuestro Dios se ha expresado, se ha manifestado en una personilla frágil y pequeña. Desde los ojos chispeantes de un Niño, nuestro Dios nos ha hablado, se ha dejado ver, se ha hecho cercano: “Dios-con-nosotros”.  Hasta ahora, nos iba enviando  mensajes por medio de los Profetas. A partir de hoy mismo nos ha hablado directamente. ¡Gozoso e interpelante lenguaje!

Nuestro Dios no se da por vencido, no se cansa, no se rinde, insiste e insiste año tras año aunque venga a su casa y no sea recibido….. Él nos habla con palabras muy claras –fáciles de comprender- y con su propia vida hecha donación gratuita, Buena Noticia. Es la locura de un Dios que decide encarnarse en nuestra debilidad, para señalarnos el único camino que nos puede llevar a la felicidad más plena, esa que no cotiza en la Bolsa, ni se compra por “las navidades” en las grandes superficies comerciales….

Es una felicidad que plenifica, que nos hace rebosar de esperanza, que nos lanza a las periferias, a los nuevos pesebres que este sistema económico que nos envuelve, que con demasiada frecuencia nos aliena y que, según nos ha recordado el Papa Francisco “es injusto en su raíz”, sigue fabricando sin cesar. Y allí, sólo allí, podremos encontrarnos con un Dios-Niño hecho carne en la carne de sus hijas e hijos que Él más quiere.

Una felicidad que nos lleva a convertirnos en personas anunciadoras de VIDA y de PAZ en el corazón de una historia sufriente, en las entrañas de unos rostros rotos, desfigurados. Tal vez nuestros pies no lleguen a ser “hermosos” como cantó Isaías, pero sin duda, son pies que intentan día tras día, sembrar alguna semilla pequeñita de DIGNIDAD. Una semilla que fue implantada en la entrañas de una Mujer cuyo “SÍ” cambió el rumbo de la historia humana.

Nuestro “sí” no alcanzará a ser del todo sin condiciones y sin retrocesos.

Tú bien sabes, Niño-Dios, que nos gusta ver rapidito los frutos de nuestros empeños, porque se nos olvida lo que Tú nos enseñaste “del grano de mostaza”  cuando nos hablabas de tu Reino, pero en ello estamos. ¡Lo lograremos!

Lo vamos a conseguir porque este año, al celebrar por todo lo alto la fiesta de tu Nacimiento, te vamos a abrir de par en par las puertas de nuestra casa, y vas a ser muy bien recibido. Tú seguirás siendo el Dios que nos habita, el que ha tocado lo más profundo de nuestro ser, el que nos ha enamorado; el Niño que nos sigue sonriendo y que, en complicidad con nuestra propia vulnerabilidad, -como vulnerables son unos pañales y un pesebre, como vulnerable es una Mujer sencilla-, se empeña en que hagamos posible eso de que “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios” 

Todo esto y más, es lo que tiene de subversivo el acontecimiento de Navidad.

Yo voy a intentarlo…

Domingo 4º de adviento – Ciclo A

Por: M. Carmen Nieto León. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

No confiéis en los ídolos, ¿para qué? ¿Por qué? ¿No os habéis enterado de que la Virgen va a concebir? ¿No habéis caído en la cuenta de que Dios se va a hacer uno de tantos? ¿No veis que el Amor viene a la Tierra? No confiéis en ídolos falsos, que prometen tu bienestar a costa de tu hermano y de tu hermana, no permitas que esos ídolos les machaquen y les hieran de formas tan diversas como por ejemplo poniéndole cuchillas para que no se acerquen a nosotros, para que no huyan de su destino de miseria y pobreza, no permitas que les priven de los derechos fundamentales como es el acceso a la salud. No, no busquéis soluciones en ídolos que lo que pretenden es imponer la avaricia, el egoísmo y el despilfarro por encima de las personas, por encima de la transcendencia, por encima de los sentimientos, por encima de la felicidad y del AMOR.

La Virgen está en cinta, preñada de esperanza, de amor, de hermandad, de consuelo, de rebeldía… y José descubre a Dios en ella, a pesar de su desconfianza, de su cabreo de sentirse engañado…. Cuando él descubre a Dios, ya no importa a lo que se tenga que enfrentar, no importa que su estilo de vida cambie radicalmente, no importa que todos se rían de él, que su familia no le entienda. No importa. Da igual. Porque cuando descubres a Dios todo cambia en tu vida, todo tiene un nuevo sentido, la vida se llena de amor, pero un amor que es vida, que busca vida y que lucha por la vida de TODAS las personas que habitamos el planeta. Cuando descubres a Dios tu vida es plena.

Pero esa vida y ese amor no consiguen la plenitud mientras el hombre siga permitiendo la muerte prematura de tantas personas en las guerras de Oriente Medio, en las guerras de África. El niño que va a venir sufre con tantas personas que se mueren de hambre, que no tienen trabajo, que viven en la calle, tantas personas que no tienen quien les escuche, quien les reconozca en su dignidad, quien les llame por su nombre… tantas personas excluidas y echadas del Sistema. Sistema que tiene que permitir y facilitar que todos seamos felices y podamos tener nuestras necesidades personales cubiertas, sino  ¿para qué queremos los gobiernos y las estructuras en la sociedad? ¿Para que se enriquezcan en sí mismas? ¿Para que no nos ayuden y nos saquen de nuestras casas? ¿Para que con sus leyes y normas nos priven de la vida que Dios nos ofrece?

Hay que estar preparadas para la venida del Enmanuel porque, a pesar de todo, cuando llega  Dios a tu vida, nos pasa lo que a José, llega a tu vida la esperanza, la fuerza, la rebeldía, el coraje de enfrentarte a todo y a todos para gritar que el niño que espera María es de Dios, que todos deberíamos creerlo, soñarlo, descubrirlo. Y así todo cambia y así la fuerza del Espíritu te empuja a cambiar el mundo, a cambiar tu entorno, a salir al encuentro de los que están solos, sufriendo injustamente, y mostrarles que Dios es Amor, que Dios trae la liberación a su pueblo y que esa es la llamada que hoy nos hace; que liberemos a su pueblo oprimido por el ansia de poder de los Mercados y por la sinrazón desmedida de un puñado de Opulones que no ven más allá de sus propios intereses.

¡Qué suerte haber soñado con el ángel del Señor y haber descubierto a Dios!

Intentemos llenar la vida de esa alegría y ese amor que nos ha de caracterizar a los cristianos y cristianas. Yo voy a intentarlo…

 

Cincuenta años de misericordias del Señor

Por: Vita et Pax. Kigali (Rwanda)

El domingo, 1 de diciembre, fuimos a Kabuga para celebrar las Bodas de Oro de la consagración de Milagros. Kabuga es el lugar de trabajo, mejor, la misión que le ha sido confiada a Milagros para la construcción del Reino.

En su lugar de trabajo

Los cristianos  han querido agradecer al Señor el regalo que han recibido con su presencia, en la parroquia y en su pueblo. Celebramos la Eucaristía con el pueblo, fundamentalmente, jóvenes y niños.  D. Juan  Bautista nos ha dicho, en la homilía, que estaban felices de compartir con Milagros el gozo de 50 años de Consagración.

Celebración

“No hemos podido ir a España para acompañarte, pero te agradecemos que hayas aceptado venir para compartir con nosotros. Tu misión aquí es un testimonio de entrega al Señor, sobre todo, por tu amor a los pobres”.

Al terminar la Misa, se ha visto rodeada por la gente que le felicitaba y saludaba con todo cariño y sencillez. Después hemos pasado a la sala, preparada con primor, para compartir la comida. Después de bendecir la mesa y cantar “JUBILATE DEO, JUBILATE OMNIS TERRA”, hemos seguido el protocolo, con la presentación de los invitados y las palabras de bienvenida.

El presidente del Consejo parroquial ha agradecido, en nombre de todos los cristianos, el testimonio de fidelidad de Milagros, no solo para los consagrados, sino también para los matrimonios y las parejas que se preparan al matrimonio. Han dado las gracias a Milagros por todo lo que hace en esa región, donde ejerce su amor maternal y paternal, sobre todo con los huérfanos y los pobres para que tengan una vida más digna.

“Cuando José Ramón, el sacerdote que murió en un “trágico accidente”, descubrió esta región, era como un bosque, sin posibilidad de acceso a la vida cristiana ni  al progreso: educación, salud… Después de su muerte estábamos desanimados… pero el Señor nos envió un consolador… (Shumbuso). Con nuestro Coordinador, tú has hecho mucho más de lo que podíamos esperar. Los sacerdotes  y los cristianos de esta parroquia agradecemos lo que tú nos aportas. ¡Gracias por tu vida consagrada!”

A continuación ha tomado la palabra Charles, el coordinador del Polo de Desarrollo de Kabuga y ha dicho:

 “En el entierro de José Ramón alguien dijo: Cuando la gallina muere, los huevos se pudren. Con Milagros, los huevos han producido muchos más polluelos de lo que podíamos esperar. De Milagros, además de su vida profesional podemos hablar de su humanidad, de su franqueza y de su preocupación por la higiene… Ella nos ha sorprendido al ver como de un proyecto ha podido hacer tres o cuatro!!! Quiero también agradecer a las compañeras de Milagros, el amor que me han manifestado, en mi enfermedad, cuando ella estaba en España y que hoy están aquí con nosotros”.

Milagros

Después de estas palabras, llenas de cariño y agradecimiento a Milagros por su entrega, hemos compartido la comida y después los cantos, los bailes y regalos.

Milagros, antes de terminar la fiesta, ha querido manifestar sus sentimientos de acción de gracias al Señor, en primer lugar por sus padres que la educaron en la fe cristiana; por su vocación, desde los 15 años a la vida misionera, por haber llegado a Rwanda con 27 años y aunque tuvo que partir unos años a España para cuidar  de su madre enferma, siempre su corazón estuvo en Rwanda. A su vuelta trabajó en Cáritas, Medicus Mundi, y por circunstancias llegó a Kabuga, su misión actual para construir el Reino, procurando que todos, pero sobre todo,  los más pobres puedan tener una vida más digna.

Gracias, Milagros, por tu fidelidad al Señor, porque eres esa vasija de barro que El ha ido modelando y llenado de su amor y misericordia para que tú pudieras derramarla por dónde has ido pasando.

Fiesta en Vita et Pax

Por: Secretariado de Espiritualidad

Capilla de Pintor López en Valencia

Cada 8 de diciembre Vita et Pax se viste de gala con el fin de celebrar la gran fiesta de María Inmaculada. Fiesta para todos los cristianos y muy especial para nosotras. En ella, la mayoría renovamos nuestra Oblación al Señor, ese sí que un día le dijimos y que continuamos diciendo. En España, Guatemala, Ruanda, Italia, Brasil, Marruecos… ese sí se hace universal…

Y como muestra presentamos la celebración de Valencia, en nuestra casa de Pintor López. Transcribimos la monición de entrada a la Eucaristía que preparó Cecilia: 

Este año, María Inmaculada, se introduce en el Adviento como protagonista privilegiada de este segundo domingo. Figura excepcional de creyente, portadora de la mayor esperanza que hecha realidad hizo saltar el milagro del vientre de Isabel; modelo de escucha y de oferta de la Palabra que Dios mismo le comunicaba y entregaba. Ejemplo de fidelidad y confianza en Dios, que nos ayuda a caminar los tortuosos caminos de la vida con la ternura y la firmeza de la mejor de las madres.

Hoy, Vita et Pax canta con ella El Magníficat del agradecimiento y la alabanza desde la humildad de quienes nos sabemos fruto del amor del Padre, habitadas por el Espíritu de Dios, enviadas a comunicar la Buena Noticia de Dios encarnado que “derriba a los poderosos y ensalza a los humildes”.

Es un día grande y nuestra celebración se une a la de toda la Iglesia y a la de toda nuestra familia, la de aquí esparcida por el mundo y la de allá que vive la plenitud de Dios.

Es un día grande que actualiza la respuesta personal y la que vamos haciendo como grupo a la llamada que el Señor nos hizo y nos hace cada día a amarle y servirle en todos los hermanos y hermanas para quienes deseamos la Vida y la Paz de Jesucristo, las mismas que nos han sido dadas por pura misericordia.

Proclamamos, como María, que Dios hace obras grandes a través de nuestra pequeñez, que es la fuerza de nuestra debilidad, el valor en nuestro temor, la voluntad en nuestras apatías y perezas.

María, te proclamamos con toda la Iglesia que eres nuestra Madre y guía;  te pedimos, al renovar nuestro sí, fidelidad para amar y servir en la gratuidad y el gozo.

Virgen del Adviento, Madre de la Esperanza, ruega por nosotras.

Domingo de la Alegría – Los signos del Reino

Domingo 3º de Adviento, Ciclo A

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

Estamos ya  atravesando el ecuador del Adviento, apenas a diez días de la celebración de la Navidad  -“fiesta de gozo y salvación” (oración colecta) y siguen los profetas del  Antiguo Testamento, haciendo gala de su espíritu profético y poético,  anunciando al pueblo –que aún se encuentra en el exilio- el nuevo éxodo: su liberación próxima.  Lo hacen con bellísimas imágenes: la naturaleza se pone exuberante: se cubre de  pastos y flores, reverdece: es primavera para quienes anhelan regresar a su tierra, a sus costumbres, reconstruir su templo.

Por eso   el profeta anima y alienta la esperanza de la gente invitando a todos a ponerse en forma:  “fortaleced las manos lánguidas, afirmad las rodillas vacilantes. Decid a los  pusilánimes:  ánimo,  no temáis, es vuestro  Dios que viene a salvaros”. Seguro que esperaban una marcha espectacular, triunfal,   desde el poder y la fuerza.

Pero Dios les sorprende:  fiel  a su modo de pensar y actuar iniciará la liberación por donde nadie se imagina, el viraje histórico se realizará  a partir de los marginados de la sociedad:  ciegos, sordos, mudos, cojos..   verán,  oirán, hablarán, saltarán.  Los pobres serán los privilegiados, a ellos les llegará la Buena Noticia.

Y es que Dios desconcierta, rompe esquemas, hace dudar.  Y duda hasta el mismo precursor, el que le preparó el camino, el que logró conversiones, el que humildemente reconocía su pequeñez ante él.  Juan envía a sus discípulos a Jesús para que le pregunten:  “Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”  Jesús no responde con palabras, sus obras son su respuesta. Invita a observar los signos, invita a discernir, a “ver y a oír” lo que está sucediendo, porque lo que era anunciado por los profetas como un futuro esperanzador, es YA una realidad. El Reinado de Dios se hace presente. Jesús mismo es el REINO.   Ya no hay que esperar otro Mesías: las obras de Jesús, sus gestos integradores y liberadores son su palabra, su carnet de identidad.

Y  la invitación a discernir sigue en nuestro aquí y ahora.  ¿Qué signos descubrimos que nos conduzcan al Reino?  Los que seguimos a Jesús, ¿somos signos claros del Reino? A los que dudan, a los que buscan, ¿podremos decirles con  autenticidad: “Ved y oíd” observad:   los marginados son integrados, los emigrante son acogidos, los drogadictos son atendidos,   las  personas crecen en dignidad, los  pobres reciben la buena Noticia?  Sin duda podemos dar una respuesta positiva y alentadora a estas preguntas reconociendo por otra parte que queda mucha tarea por hacer.

 Es verdad que hay incontables personas que realizan el bien, dentro y fuera de nuestras comunidades cristianas. Son muchísimas las iniciativas que, a lo largo y ancho de nuestro mundo  han ido surgiendo. Pero -como dice el papa  Francisco: “no descansaré mientras haya hombres y mujeres de cualquier religión, golpeados en su dignidad”-  hay que seguir  sembrando gestos elocuentes, signos que señalen a Jesús para que su mensaje vaya penetrando los corazones y sea energía transformadora en nuestra sociedad. Hay que seguir creyendo en la utopía. Desde los valores del evangelio, otro mundo es posible.

Activemos las actitudes de este tiempo: la paciencia, la perseverancia, la esperanza  tened paciencia –nos dice Santiago- sed perseverantes,  hay que sembrar sin cansarnos y luego esperar las lluvias, sin acelerar los procesos. Son tres actitudes que van surgiendo una de la otra:   la paciencia  ha de conducir  a la perseverancia  y en   las dos se asienta le esperanza.

Y la esperanza nos ha de mantener serenas y alegres. Por ello, también, la invitación a la alegría: “estad siempre alegres en el  Señor, os lo repito: estad alegres, el Señor está cerca”.   De nuevo hago referencia al papa quien providencialmente acaba de publicar su carta-programática la exhortación apostólica:: “EVANGELII GAUDIUM”. En ella estas actitudes están presentes de manera especial impulsándonos  a vivirlas  para ir arrinconando el pesimismo que nos rodea y para ser “discípulos y misioneros” eficaces del REINO.

Acompañadas/os  por María y José  soñemos caminos de liberación, y dispongámonos a recibir  la gran Noticia: Dios vendrá a habitar  entre y en  nosotras y lo descubriremos en signos sencillos, humildes, discretos. ¡Que el Espíritu nos conceda captarlos!!!

 

 

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies