Escuchen a las víctimas de la crisis

Comunicado de la Delegación Diocesana de Caridad y Justicia, Delegación Diocesana de Misiones y Cáritas Diocesana de Bilbao

El día 3 de marzo se celebrará en el Museo Guggenheim de Bilbao el Foro Global España 2014: de la estabilidad al crecimiento, organizado por el Gobierno de España, que reunirá a personalidades de la política nacional e internacional, así como del mundo empresarial.

El encuentro, patrocinado por AON, BBVA, COFIDES y DEUTSCHE BANK, pretende debatir las claves de la economía europea y global en 2014.

En la lista de participantes, echamos en falta la presencia de otros agentes sociales que puedan hacer llegar la voz de tantas personas desempleadas, familias desahuciadas, jóvenes y mujeres con empleo precario, hogares que han traspasado el umbral de la pobreza en nuestro país.

Como comunidad cristiana tenemos el deber de recordar a los participantes que las políticas económicas vigentes han ocasionado paro, pobreza, exclusión social y recortes en derechos sociales para millones de personas en España y en Europa.

Cáritas y otras organizaciones alertan sobre el alarmante incremento de la pobreza y de la desigualdad. Sus denuncias deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar la eficacia social de las medidas que esta cumbre se propone respaldar.

Como ciudadanos y cristianos tenemos la obligación de exigir que, en las decisiones que se vayan a tomar, el valor de la persona y sus derechos tengan prioridad ante otros intereses económicos o políticos, que han de estar siempre supeditados al Bien Común.

No es nuestra misión ofrecer propuestas concretas para afrontar los desafíos del mundo actual, pero sí debemos exigir una economía al servicio de las personas, tal como reclamaban nuestros obispos en su Carta Pastoral de la Cuaresma de 2011.

Unimos nuestra oración a la del papa Francisco, pidiendo al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres (‘Evangelii Gaudium’ 205).

8 de marzo, recordemos, aunque sea por un día, la situación de la mujer

Por: Grupo Mujeres y Teología de Ciudad Real

Toca pararnos de nuevo ante la realidad que viven las mujeres. Pero, ¿por qué toca? ¿Porque es Marzo? La realidad de desigualdad que viven las mujeres no sólo la viven en marzo, como es de imaginar; y todos los días, o al menos un día de cada mes, todas las personas tendríamos que pararnos ante esta realidad, mirarla, interiorizarla y comprometernos para intentar cambiarla. De cualquier forma nosotras, el grupo de Mujeres y Teología de Ciudad Real, queremos aprovechar el 8 marzo, no porque toca, no, sino porque es un día que tiene visibilidad social, así que hay que aprovecharlo.

Históricamente, nos encontramos que el 8 de Marzo de 1857, en una fábrica textil de la ciudad de Nueva York 110 mujeres murieron abrasadas. Estas mujeres estaban en huelga para reclamar la reducción de su jornada laboral en 10 horas, el patrón cerró la fábrica con todas las trabajadoras dentro e incendió el edificio. También cuentan que el color morado, que las feministas utilizan como algo simbólico, viene de que estas mujeres estaban cosiendo en telas de este color cuando ocurrió este suceso. De ahí nace este día tan emblemático para las mujeres.

Si nos trasladamos a la actualidad, y según la ONU, la mayoría de los 1.500 millones de personas que viven con un dólar o menos al día, son mujeres. El Fondo de las Naciones Unidas nos dice que hay más de mil millones de personas atrapadas en la pobreza absoluta. En torno al 70% son mujeres. Las mujeres y las niñas son las más perjudicadas. Se estima que siete de cada diez personas que mueren de hambre en el mundo son mujeres y niñas.

Los datos que nos revela la crisis mundial nos dicen que las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes son los colectivos más empobrecidos por la crisis, por el tipo de empleo que tienen; más vulnerable, más temporal, y peor pagado. Además las mujeres cobran el 16,2% menos que los hombres realizando el mismo trabajo, según la Comisión Europea.

A todo esto hay que sumarle la realidad de la mujer trabajadora y su doble jornada, en casa y fuera, lo que apenas le permite tener tiempo para otras cosas, además, las mujeres sufren en sus carnes las consecuencias de ser madres, de poder serlo, de querer serlo. Y muchos a su alrededor las miran como un mero recipiente.

Las mujeres siempre estamos cuestionadas; por nuestro comportamiento sexual, por nuestro rol de madres, por nuestra capacidad de crear vida, por cuidar o no a las personas que nos rodean, por no quedarnos en la esfera privada, por…

Nosotras, queremos gritar hoy que: ¡Ser mujer es un regalo de Dios!, por eso nos duele en el alma que la organización de la sociedad se haya cebado, a lo largo de la historia, con la mujer. Nos duele que haya tantas hermanas en el Tercer Mundo pobres, enterrando a sus hijos por no tener para darles de comer. Nos duele que las mujeres inmigrantes en nuestros países, “desarrollados” tengan que levantarse a las 6 de la mañana para ir a llevar a los hijos de otras al colegio mientras los suyos tienen que ir solos. Nos duele que muchas mujeres trabajen fuera y cuando llegan a casa tienen que continuar con su trabajo en la familia, sin apenas tener un ratito para descansar.

En este día, y ojalá que todos los días, queremos hacer palpable y visible esta realidad y recordar que la mujer no es un instrumento, que es una persona en igualdad de derechos y deberes al varón, por lo que tenemos la suficiente capacidad para decidir, pensar, trabajar y ser personas plenas, eso es lo que Dios quiere, que seamos sus hijas, que seamos felices, que nadie nos quite nuestros derechos, que nos paguen igual que a los varones por hacer el mismo trabajo… eso es lo que Dios quiere y eso es lo que nosotras hoy reivindicamos, porque “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús(1Ga 3:28)

Ha sonado la hora de subir a Jerusalén

Por: D. Cornelio Urtasun

 “Hemos llegado al tiempo ideal… durante todo él, es preciso que nos proyectemos como ministros que somos de Dios: sobrecargados de penitencia; domada nuestra carne con el ayuno; alerta nuestro espíritu en las Vigilias; sobresaturados de caridad sincera…”. Sentí toda la vibración emocionada de nuestra Madre Iglesia al descorrer ante nosotros el programa que ella quisiera ver convertido en realidad durante este ayuno solemne.

  • Que nos proyectemos como todos unos ministros de Dios,

  • sobrecargados de penitencia,

  • domada nuestra carne con el ayuno,

  • alerta nuestro espíritu en las vigilias,

  • sobresaturados de caridad, pero… de la buena.

Vaya programa de poner una Madre a sus hijos. Pero la cosa no tiene vuelta de hoja. Así es y así tiene que ser. ¿Por qué? Porque somos cuerpo de Cristo. Y ha sonado la hora de subir a Jerusalén para consumar el sacrificio redentor.

Somos cuerpo de Cristo. Tan cuerpo de Cristo como el cuerpo que tomó en el seno de la Virgen Madre, formado por el Espíritu Santo.

Nuestros miembros son tan suyos como lo fueron los del cuerpo que El asumió en aquel maravilloso intercambio cuando el Creador del género humano tomando carne en el seno de la Virgen Madre, nos dio su divinidad.

Lo que en el cuerpo y alma de Cristo se realizó durante su vida, pasión y muerte no fue más que la muestra, el guión, el comienzo de lo que en nuestras personas se continuaría a través de los tiempos.

Porque somos cuerpo de Cristo nos espera su mismo triunfo, su misma gloria. Pero para llegarnos a aquella herencia, tenemos que pasar por el camino que él pasó.

Hay una Pasión de Jesucristo escrita en tinta y en unos libros por cuatro evangelistas; hay otra Pasión de Jesucristo que tenemos que escribir en sangre, sangre de nuestro cuerpo o de nuestro espíritu ―en el libro de nuestra vida―.

Hay una Pasión escrita en la que los Evangelistas contaron que el Primogénito de una teoría colosal de Hermanos, comenzó el sacrificio redentor por los pecados del mundo y para que las almas tuvieran vida; en la que nosotros escribamos se completará lo que falta a aquella pasión comenzada hace ya unos cuantos cientos de años, de cara a una satisfacción por los pecados del mundo y para que las almas, sobre todo las “nuestras”, tengan vida y la tengan pujante y vigorosa.

Se comprende por qué la Madre nunca dice a sus hijos ¡basta!. Es que somos cuerpo de Cristo.

Y así como Jesucristo no tuvo más remedio que pasar por el aro de la Pasión para entrar en la gloria del Padre, así a nosotros, irremisiblemente, nos espera la misma suerte. Porque somos cuerpo suyo: porque somos miembros de sus miembros.

Libro recomendado para Cuaresma: “Escondido centro”

Escondido Centro. Viaje al interior de 25 palabras bíblicas

 

Encondido centro

Autora: Dolores Aleixandre

Edit. Sal Terrae

Según la bella parábola de un sufí persa, en el mes de nisán las ostras suben de las profundidades del Mar de Omán y se posan con la boca abierta en la superficie. El vapor se eleva del mar y cae como lluvia por mandato de Dios y algunas gotas entran entonces en las conchas abiertas y estas se cierran, bajan a las profundidades del mar con su corazón lleno y cada gota de lluvia se convertirá en una perla.

Algo así ocurre con las palabras bíblicas: encierran un secreto y precioso centro que solo se revela a quien, empujado por el deseo, está dispuesto a emprender un viaje de descenso para bajar a su encuentro. Como en la fonte de Juan de la Cruz, ese centro está escondido y quien quiera descubrirlo tendrá que llevar en las alforjas de su viaje lo mejor de sus cinco sentidos para contemplarlas, escucharlas, saborearlas, tocarlas y percibir su aroma.

Este libro quiere servir de guía para esos viajeros y las palabras elegidas no son las más «graves» ni las más «rotundamente bíblicas» (amor, vida, alianza, verdad, gracia…): sobre estas hay ya mucho escrito y el camino que conduce hacia ellas es un camino real, bien conocido y señalizado. Las que aquí aparecen suelen estar ocultas en vereditas más sombreadas y menos transitadas y no dan muchas facilidades para darse a conocer. Están ahí silenciosas y ocultas, esperando a que llegue alguien que las descubra, las acaricie, les haga preguntas y les pida permiso para tomarlas y albergarlas en el propio corazón. Y las pasee luego por toda la Biblia, para ver si se encuentran con sus hermanas gemelas que andaban perdidas por otras páginas y se alegre al verlas encontrarse, reconocerse, abrazarse y contarse cómo y por qué han ido a parar al lugar en el que están.

DOLORES ALEIXANDRE es religiosa del Sagrado Corazón y hasta su jubilación ha sido profesora de Sagrada Escritura en la Universidad Comillas. Autora de numerosos escritos, entre otras obras: Círculos en el agua / Compañeros en el camino / Bautizados con fuego / Las puertas de la tarde: Envejecer con esplendor.

Lo inaceptable

Por: + Fr. Santiago Agrelo. Arzobispo de Tánger.

A los fieles laicos, a las personas consagradas y a los presbíteros de la Iglesia de Tánger: Paz y Bien.

No te cierres a tu propia carne:

No hace falta que nadie lo interprete, pues está dicho para que lo entiendan incluso los niños: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo”.Y después del mandato al alcance de todos, por si hiciese falta, se añade la razón que lo sostiene: “No te cierres a tu propia carne”. ¡El hambriento, el pobre sin techo, el desnudo, son “nuestra propia carne”!

No te cierres a tu propia carne”: Este único conocimiento bastaría para que fuese otra la política de las fronteras, otra la lógica de nuestros razonamientos, otra el motivo de nuestras manifestaciones, otra la matriz de nuestras preocupaciones, de nuestras aspiraciones, de nuestras quejas, de nuestras opciones.

No te cierres a tu propia carne”: Si entras por el camino de esta sabiduría, “romperá tu luz como la aurora”, delante de ti irá la justicia, detrás irá la gloria del Señor, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

No te cierres a tu propia carne”, y el pan que compartes con el hambriento, te hará luz para el indigente, como es luz para ti el que, con su vida en las manos como un pan, dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros”.

No te cierres a tu propia carne”: Sienta a los pobres a la mesa de tu vida, y tú serás para ellos la luz con que Dios los ilumina.

Y a cuantos una y otra vez me recuerdan que la Iglesia no es una ONG, una y otra vez recordaré que los pobres son “nuestra propia carne”, y que mi pan es su propio pan, y que la Iglesia es su propia casa.»

Ése era, queridos, el mensaje que había preparado para acercarme con vosotros al misterio de la palabra que oiremos proclamada en la liturgia del V domingo del tiempo ordinario; pero los acontecimientos reclaman transformar la suavidad de la exhortación en denuncia de lo que es inaceptable.

Lo inaceptable:

Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado.

Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.

Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país.

Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para que se multiplique en los caminos de los emigrantes el poder de las mafias que los explotan.

Es inaceptable que se reclamen fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y se toleren permeables para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas.

Es inaceptable que una política inhumana de fronteras obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.

Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna.

Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre, antes en nuestra indiferencia que en nuestras fronteras.

Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los mismos intereses y al mismo poder opresor.

Desde la impotencia a la esperanza:

Queridos: ante el drama de sufrimientos y muerte en que el poder ha convertido los caminos de los emigrantes, es difícil que apartemos de nuestro corazón sentimientos de frustración, de impotencia, de tristeza, de indignación. Pero nuestro compromiso con la vida de los pobres no nace de esos sentimientos, sino de un amor incondicional, un amor fiel, que a todos se nos ha manifestado, y que a todos nos ha reunido para siempre en el único cuerpo de Cristo.

No te cierres a tu propia carne”: no te cierres al sufrimiento de Cristo.

En este camino el poder no puede seguirnos. A él sólo le pedimos que sea justo. A nosotros el amor nos pide dar incluso la vida por el bien de los demás.

Y son muchas las cosas que, hasta dar la vida, podemos hacer: Tenemos la fuerza del amor y de la oración, una fuerza que es capaz de mover el mundo. Podemos hacer que los emigrantes no estén solos en su camino, y podemos dejar solos a quienes, gobiernos o mafias, les están robando la vida. Podemos compartir con el emigrante nuestro poco de leña, nuestro poco de agua, la última harina de nuestra vasija, el último aceite de nuestra alcuza. Podemos darles voz para que se escuche su grito, podemos llamar a las puertas de cada conciencia para que la sociedad reclame una nueva política de fronteras, y, con terquedad de discípulos de Jesús, podemos recordar a cada hombre que es su propia carne, también la de Cristo, la que, día a día, es condenada a muerte en las fronteras del sur de Europa.

Queridos: no me dejéis sin vuestra oración.

¡No os agobiéis!

Domingo 8º del T.O. Ciclo A

Por: MaCarmen Martín.Vita et Pax. Ciudad Real

Es muy fácil decir “no estéis agobiados por la vida” cuando se tienen las necesidades básicas cubiertas. Cuando tenemos para comer, un techo para cobijarnos, dinero para la hipoteca, la seguridad de personas que nos quieren… en definitiva, cuando somos ricos; pues rico es la persona que sigue teniendo solo para sí más de lo que necesita, mientras otras carecen de lo indispensable. Y hay tantas que carecen de lo indispensable. ¡Tantas!

Sin embargo, se da la paradoja de que las personas más agobiadas son, generalmente, las que no pasan grandes necesidades. Y no sirve pensar que hablamos de otros, que nosotras y nosotros no somos así. Lo somos. El consumismo nos penetra de forma sutil. Nadie elegimos esta manera de vivir después de un proceso de reflexión pero nos vamos sumergiendo en ella, víctimas de una seducción casi inconsciente. El ingenio de la publicidad y el atractivo de las modas van captando suavemente nuestra voluntad. Al final nos parece imposible vivir de otra manera. Y terminamos agobiándonos si no alcanzamos lo que deseamos.

Por el contrario cuando las personas sufren en exceso, suelen quedar mudas. El dolor las deja sin palabras. No son capaces de gritar su protesta o de articular su defensa. Su queja solo es un gemido. No oiremos su voz en la radio o la televisión. No la reconoceremos en los espacios de publicidad. Nadie les hace entrevistas en las revistas de moda, ni pronuncian discursos en foros internacionales. El gemido de los pobres de verdad sólo lo escuchamos en el fondo de nuestras conciencias.

Y no es fácil. Para oír esa voz, lo primero es querer oírla. Prestar atención al sufrimiento y la impotencia de estas gentes; ser sensibles a la injusticia y al abuso que reinan en nuestra sociedad. Es necesario, además, desoír otros mensajes que nos invitan a seguir pensando sólo en nuestro bienestar, no hacer caso de las voces que nos incitan a vivir encerradas en nuestro pequeño mundo, instaladas en una indiferencia globalizada.

Pero, sobre todo, es necesario arriesgarse. Porque si se escucha de verdad la voz de los que sufren, ya no se puede vivir de cualquier manera. Necesitamos hacer algo: plantearnos cómo podemos compartir más y mejor lo que tenemos, no en vano somos “los ricos y las ricas del mundo”; colaborar en proyectos de desarrollo; apoyar campañas en contra de los desahucios; abrir las puertas de nuestras propias casas…

¿Por qué hemos de aceptar como algo lógico e inevitable un sistema económico que, para lograr el mayor bienestar de algunos, hunde a tantas víctimas en la pobreza y la marginación? ¿Por qué hemos de seguir alimentando el consumismo como “filosofía de la vida”, si está provocando en nosotras una “espiral insaciable” de necesidades artificiales que nos va vaciando de hondura y de sensibilidad humanitaria? ¿Por qué hemos de seguir desarrollando el culto al dinero como el único dios que ofrece seguridad, poder y felicidad? ¿Por qué nos agobiamos por tonterías?

No son preguntas para otros ni otras. Cada cual las hemos de escuchar en nuestra conciencia como eco de las palabras de Jesús: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Nada hay más decisivo en nuestra vida de discipulado. Lo primero es buscar una vida digna y dichosa para todos. Lo demás viene después. Nos lo recuerdan también las palabras de Jesús: “Buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”.

Para colmo, los buscadores del Reino y su justicia nos convertimos en la memoria de Dios: “Pues aunque ella –la madre- se olvide, yo no te olvidaré”. Su memoria se expresa en nuestras acciones bondadosas de cara a sus criaturas más queridas, los necesitados, o, por el contrario, no se expresa por nuestras indiferencias culpables. Esto sí que nos tendría que agobiar.

Memoria del Lar Santa María correspondiente al año 2013

1. Recordando la historia

Allá en el inicio de la década de los años sesenta un grupo de mujeres, seguidoras de Jesús de Nazaret, felices con su misión de ser artífices de Vida y de Paz, se comprometen con la acogida y el servicio de los emigrantes de lengua española en la comunidad (parroquia) denominada: “Misión Católica de Lengua Española” en Brasil. Pasa el tiempo y se llega a la conclusión de estar al final de una misión porque la comunidad de lengua española se encuentra integrada en las parroquias locales. Y este grupo de mujeres, con la aprobación de la Iglesia local, deciden dedicar su vida, prioritariamente, a favor de la población adolescente juvenil. La Misión Católica, reunida en Asamblea, expresa su confianza deliberando que todos los bienes restantes quedasen con la nueva obra que se iniciaba: “El Lar Santa María”, el cual será administrado por el Instituto Secular Vita et Pax, fiel colaborador. Hoy podemos celebrar gozosas el haber compartido 40 años con los más pobres y excluidos y con tantos voluntarios y amigos del Lar que acompañaron la vida de la Institución.

Vita et Pax

Vita et Pax

Si cerramos los ojos y dejamos llegar los rostros hasta nuestros pensamientos, visualizaremos más de 100 niñ@s y jóvenes que fueron acogidos y cuidados en el Lar Santa María (1972-1997); los 1250 adolescentes y jóvenes que participaron en el Centro de Convivencia y Fortalecimiento de Vínculos Familiares con la misión de ser preparados y orientados para el trabajo; los participantes de las Empresas de Economía Solidaria (Coop. Santa María y Nueva Recicla); y los grupos de Formación de Líderes en Cotia. Y a este retrato se unen nuevos rostros incorporados con la creación de la filial del Lar en el semiárido nordestino bahiano (año 2007). Son niñ@s, jóvenes, mujeres… que buscan sobrevivir; buscan convivir en paz y acreditan que aún es posible la utopía. En estas realidades el Lar Santa María, a través de las personas que lo componen, continúa soñando ser solidario con las utopías y las esperanzas de los hombres y mujeres de nuestros tiempos.

2. ¿Qué hicimos en el año 2013?

EL CENTRO DE CONVIVENCIA Y FORTALECIMIENTO DE VÍNCULOS: espacio de convivencia, formación, participación y ciudadanía para el desarrollo del protagonismo y de la autonomía a partir de los intereses, demandas y potencialidades de los participantes.

¿DÓNDE?: en Cotia (SP) – Itiúba (BA)

¿CON QUIÉN?: 285 Jóvenes de 15 a 18 años

¿CÓMO?

1.- Complementando las acciones de la familia y comunidad en la protección y desarrollo de adolescentes y jóvenes

2.- Asegurando espacios de referencia para la convivencia grupal, comunitaria y social

3.- Desarrollo de relaciones afectivas, solidarias y de respeto mutuo

4.- Posibilitando la ampliación del universo de información, artístico y cultural de los jóvenes

5.- Propiciando la formación ciudadana y la participación en la vida pública

6.- Posibilitando el reconocimiento del trabajo y de la educación como derecho y ciudadanía.

 

Pro-joven

Pro-joven

Biblioteca

Biblioteca

Pozo

Pozo

Construcción

Construcción

Fanfarria

Fanfarria

Cultivo

Cultivo

ECONOMIA SOLIDARIA

COOP. COLECTA SELECTIVA. Apoyo: Gobierno de Asturias

OCIO Y CULTURA

FORMACIÓN DE LÍDERES

EXTRACCIÓN DE AGUA A TRAVÉS DE POZOS

NUESTRA ADMIRACIÓN: para todo el equipo del Lar Santa María por la firmeza y cohesión comunitaria compartida este año de arduo trabajo: Todo parece imposible hasta que se ha hecho” Nelson Mandela.

NUESTRO AGRADECIMIENTO: a la Central General del Dísimo por la donación de un MICRO-BUS y una PIZARRA DIGITAL.

3. Nuestro futuro

Al retrato dibujado al inicio de este escrito se suman otros rostros. Los rostros de mujeres en peligro de exclusión. Tendemos la mano a mujeres gestantes que viven, además, en dificultad al caer en la oscuridad de la dependencia de sustancias aditivas. Soñamos con tocarlas, con ayudarlas a ponerse en pie con dignidad, a construir un futuro, su futuro de Vida y de Paz para ellas y sus hijos e hijas.

LAR SANTA MARIA

Mantenedora: R. SUDÃO, 450—BAIRRO RECANTO VISTA ALEGRE— COTIA—SP

Filial: PERIMERO IRRIGADO JACURICI, 100 – VILA OPERARIA— ITIÚBA—BAHIA

Teléfono: (11)-47033352 – (74-)99664328

Email: lsmaria@terra.com.br – www: larsantamaria.com

Mercedes y Adela

Mercedes y Adela

 

Sororidad nº 34. Febrero 2014

Descargar (Sororidad-34.pdf, PDF, Desconocido)

Un proyecto de vida…

Domingo 7º del T. O.Cico A

Por: Llorenç Tous

Ojo por ojo, diente por diente”

En Mesopotamia ya se conocía este principio jurídico, pero no como equilibrador de la justicia vindicativa, sino como freno de la ven­ganza. Al que te hirió en un ojo, puedes tu herirle en un ojo, pero no en los dos.

No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”

El evangelio de este domingo es la meta más elevada que nos mues­tra el Sermón de la montaña a todos los cristianos. No se trata de un programa para selectos o privilegiados, sino de un proyecto de vida cristiana universal.

Este programa no es un código laico regulador de la convivencia hu­mana, ni un sistema para defender los derechos humanos, sino la proclamación de las esencias de la fe en Jesús. Nuestro Maestro lo di­jo con estas palabras y lo proclamó bien alto con su vida y su muerte.

¿Ofrecer una mejilla al que te abofeteó en la otra? Este mensaje de Jesús no es utópico sino posible y muy oportuno para nuestro tiempo.

Para entenderlo hay que haber experimentado antes el encuentro con Jesús resucitado, el que la fe, la oración y los sacramentos nos hacen posible. Si no partimos de este principio, es evidente que este evan­gelio da risa, es como una utopía de la que hay que defenderse.

Partiendo del encuentro personal con el Señor Resucitado, toda la vi­da queda radicalmente cambiada por otros valores mucho más altos. El Señor nos deja una paz casi inalterable en nuestro corazón; esta paz es seguridad, crecimiento de la propia autoestima y una alegría que nada ni nadie nos puede arrebatar.

El estado interior con que nos enriquece este encuentro, nos inmuni­za ante los ataques externos, porque deja dentro de nosotros como una fortaleza inasequible a las borrascas del exterior. Es como la for­taeza de un castillo inexpugnable, al que a pesar de todos los ase­dios, nunca le faltan las provisiones.

Este encuentro con Dios que es el origen del sorprendente cambio, no es de un instante y para siempre, sino que puede y debe alimentarse, crecer en intensidad, hasta alcanzar como un anticipo del cielo.

Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os abo­rrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así se­réis hijos de vuestro Padre…que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis?… Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Otro aspecto que explica la misma experiencia esla que experimenta­mos en el deporte. La afición a un determinado deporte produce mu­chas satisfacciones al practicarlo. No se siente el esfuerzo que provo­ca, sino que da gozo crecer con él. Se suda y se cansa subiendo a una montaña, pero la naturaleza nos devuelve el esfuerzo trans­formado en belleza, armonía, paz y salud integral.

Conocer a Jesús tiene algo de este espíritu. Nos deja con una nece­sidad de compensar gratuitamente el don recibido. El amor de Dios que hemos experimentado crea la necesidad de devolverlo pasando más allá del deber, del reglamento, de lo obligado, “haciendo algo de más”, sin esperar recompensa, procurando que no se sepa, sólo por el placer y la necesidad de hacer el bien hasta al que nos ofende. Sin pensar en méritos ni recompensas. Éste es el espíritu puro del evan­gelio que Jesús predicó y practicaba. Sus verdaderos amigos siguen su estilo de vida.

No se trata de algo imposible. El principio de todo está en el encuen­tro personal con el Señor Resucitado que la fe, la oración y los sacra­mentos, especialmente la eucaristía, nos ofrecen. Así como la afición al deporte va creciendo con su práctica, lo mismo pasa con este pro­fundo encuentro con Jesús resucitado. Es el tesoro más grande que podemos encontrar, el de aquella parábola, por el que vale la pena no escatimar esfuerzo.

Retiro Cuaresma 2014

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Vivir la Cuaresma con el Dios enamorado

1. De la mano del profeta Oseas

A pesar de ser el primero en la nómina de los llamados Profetas Menores, Oseas es un gran profeta. Una de sus mayores virtudes es, sin duda, la de proponer la imagen matrimonial como símbolo y clave de interpretación de las relaciones entre Dios e Israel. Otros profetas, como Jeremías o Ezequiel, lo seguirán en esto. Una lectura del libro revela inmediatamente un léxico particular, el del amor. Amar, seducir, esposa, matrimonio, esposo mío, hablar al corazón, noviazgo, regalos de amor, abandonar, olvidar, traicionar, mentir, adulterio… es el lenguaje de un enamorado traicionado que no sabe dejar de amar.

De Oseas no sabemos el año en que nació ni el de su muerte. Sabemos que vivió en el Reino del Norte, en el siglo VIII a.C. El profeta tuvo una experiencia matrimonial dolorosa (Os 1,2-9;2,4-15;3,1-3). Estaba casado con Gómer, de este matrimonio nacieron tres hijos, pero Gómer fue infiel y lo abandonó. Además de tener que soportar su tragedia matrimonial, Oseas fue objeto de burlas y chanzas por su condición de engañado. La vida de Oseas está bajo el signo de la ternura pero de la ternura herida.

Esta trágica experiencia matrimonial le sirvió para comprender y expresar las relaciones entre Dios y su pueblo. Y hace la comparación: Dios es el marido, Israel la esposa. Esta ha sido infiel y lo ha abandonado para irse con otro dios: baal (4,12b-13; 7,14b; 9,1) o con los países potentes de la época: Asiria y Egipto. Por eso, cuando Oseas habla de los pecados del pueblo los califica de “adulterio”, “prostitución”; y cuando habla del amor de Dios lo concibe como un amor apasionado de esposo, de un esposo capaz de perdonarlo todo y de volver a comenzar.

Baal, en hebreo, significa “el que domina a otro”, “el amo”, “el dueño”. Quien domina produce siempre esclavitud. Los israelitas, al asentarse en Palestina y dedicarse a la agricultura, pensaban que Yaveh no podía ayudarlos en este nuevo tipo de actividad. Lo concebían como un Dios guerrero y volcánico, capaz de derrotar al faraón y lanzar truenos desde el Sinaí, pero que no sabía nada de agricultura, por eso los israelitas acudieron a baal, dios cananeo de la fecundidad, al que atribuían el pan y el agua, la lana y el lino, el vino y el aceite (2,7).

Además, Israel le ha sido infiel también a Yahveh con Asiria y Egipto. En una época de grandes convulsiones, cuando está en juego la subsistencia del país, los israelitas corren el peligro de buscar la salvación fuera de Dios, en las alianzas con Egipto y Asiria, grandes potencias militares del momento, que pueden proporcionar caballos, carros y soldados. Entonces, Asiria y Egipto dejan de ser realidades terrenas; a los ojos de Israel aparecen como nuevos dioses capaces de salvar.

Dios se ha manifestado como un Dios personal que establece relaciones personales con su pueblo, capaz de amar sin medida… Tolerar los baales es dejar al ser humano dominado por las esclavitudes de estos ídolos, que no son otras que las propias esclavitudes personales engendradoras de odio, destrucción, injusticia. Confiar en los baales es fiarse de unos ídolos que tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven (Sal 115); no tolerar baales es no tolerar que nadie esclavice al ser humano, criatura de Dios, y mostrar al mismo tiempo que sólo las relaciones de amor incondicional con un Dios personal son las que liberan a la humanidad, pues es un amor libre y liberador.

Lo que hace de Oseas un caso inolvidable es que no sólo pronuncia oráculos, sino que su vida amorosa es un oráculo, ve su matrimonio como una parábola de la relación Dios-Israel.  El salto que Oseas da desde su experiencia personal a su experiencia de Dios, le permite una mirada de fe ante esta realidad y descubrirá una salida. Nos encontramos así con un aspecto importante, las experiencias vividas por la persona creyente en cualquier nivel de su personalidad, afectan a la persona en su globalidad, incluida su experiencia de fe. Por ello, es necesario descubrir la acción de Dios en nuestra vida cotidiana y hacer de ella el camino”normal” de nuestro crecimiento integral, también crecimiento en la experiencia de Dios.

 2. El Dios enamorado

Toda la historia de Israel es una historia de pecado y rebeldía. La pregunta es qué actitud tomará Dios ante esta cadena de infidelidad. Oseas plantea tres posibilidades que Dios tiene ante el comportamiento infiel de su pueblo. El poema que aparece en 2,4-25 nos las ofrece:

a) Dios puede ponerle a su esposa una serie de obstáculos para que no se vaya con sus amantes y termine volviendo al marido (vv. 8-9).

b) Castigarla públicamente y con dureza (vv. 10-15).

c) Perdonarla por puro amor, hacer un nuevo viaje de novios, un nuevo regalo de bodas que restaure la intimidad y sea como un nuevo matrimonio (vv. 16-25).

Lo que termina triunfando es la tercera opción, el amor de Dios, que acoge de nuevo a su esposa, incluso aunque ésta no se encuentre plenamente arrepentida. A partir de su experiencia personal, el profeta descubre el cariño, la ternura de Dios, su hésed. Bajo esta luz, todo adquiere un sentido nuevo. La ley del Sinaí no es simplemente un contrato, sino una alianza (como anillo que se ponen dos que se aman), que une a dos seres en el amor. En virtud de la alianza sinaítica, el Señor es el Dios de Israel, el pueblo de Dios. Es decir, es el esposo profundamente enamorado de Israel, su esposa: Tú-eres-mi-pueblo y él (Israel) dirá Tú-ere-mi-Dios (2,25).

Suele traducirse hésed como bondad, amor fiel, cariño gratuito, amor misericordioso. A la traición de la esposa colmada de dones, que persigue la ilusión de otros amores, corresponde la fidelidad del Señor, que permanece aguardando en el hogar vacío. El sabe que algún día los pasos de la mujer amada resonarán de nuevo y él la acogerá. Entonces todo se transformará en una nueva y gozosa primavera. El paisaje que los rodea se transformará en una reedición del jardín del Edén (vv. 20,23).

Si Oseas vivió este tremendo dolor, un día de repente se le iluminó, y en lo hondo de su amor dolorido descubrió otro amor más alto y profundo: el del Señor por su pueblo. También Dios ha amado como marido enamorado, también lo ha traicionado su esposa, y a pesar de todo sigue amando, no puede menos que amar (Cant 8,6ss). El profeta se fija cómo trata Dios a Israel y así aprende cómo ha de tratar a Gómer. Aprende a perdonar como Dios perdona. La salvación, la conversión, no es fruto de un esfuerzo ético del ser humano, sino un acto gratuito de la voluntad amorosa y fiel de Dios, de su hésed.

Si Os 2,4-15 representa al dios celoso que todo exige y nada soporta, los vv. 16-24 muestran la gratuidad de su amor que, sin esperar ningún cambio en la actitud de su pueblo, todo promete, todo soporta, cree, espera y tolera (Cfr. 1 Cor 13,7). ¡Qué duro es amar a quien nos ha decepcionado! Pero esa es la actitud constante de Dios con el ser humano. Y, una vez más, Dios, no sólo se queda aguardando, sino que inicia una nueva seducción para restaurar la historia de amor (2,16-25). Su misericordia es la clave que nos abre a la esperanza. Dios nos ama no porque seamos buenas, sino para que podamos llegar a ser buenas.

Se trata de rehacer la historia desde su comienzo. Desde allí hay que reemprender la vida. La primera experiencia ha sido negativa. En vez de conquistar la tierra, Israel fue conquistado por la vida cananea y sus ídolos. Es necesario volver a comenzar la aventura. Por eso, la vuelta al desierto es un verdadero retorno a los orígenes, a las fuentes del amor. En el desierto no hay dioses de fecundidad y, por lo tanto, allí se renueva el destino de Israel, únicamente, en la fecundidad del amor de su Dios. El castigo se convierte, paradójicamente, en el primer acto de gracia. Dios ama entrañablemente a Israel, por eso, lo lleva al desierto, el lugar del primer desposorio de la Alianza, el lugar del retorno al Señor. Es en el desierto, sin los baales, donde se juega el futuro de Israel, invitado a escuchar al que le habla al corazón.

Ante este Dios que perdona sin condiciones, todas podemos ser capaces de conversión. Pero no implica volver al pasado, sino experimentar una nueva seducción del amor de Dios. Solamente una nueva apertura radical al amor gratuito de Dios será capaz de hacer de nosotras verdaderas creyentes.

 3. La lógica “ilógica” de Dios

Todo el mensaje de Oseas tiene algo de desconcertante y se observa muy bien en el poema 2,4-25. Nuestra lógica religiosa sigue los siguientes pasos: pecado-conversión-perdón. Es casi la misma que tenía el pueblo de Israel en muchas etapas de su historia. Lo vemos, por ejemplo, en el libro de los Jueces. Desde el punto de vista religioso, el pueblo se va degradando, alternará la fidelidad y la infidelidad, la gracia y el pecado. Esta alternancia la encontramos a lo largo de todo el libro, por ejemplo: Jc 3,7-11: Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahveh (pecado)… se encendió la ira de Yahveh y los dejó a merced de Kusan (castigo)… los israelitas clamaron a Yahveh (conversión)… Yahveh suscitó un libertador que los salvó (perdón) En los textos encontramos repetido con precisión casi matemática el siguiente esquema en cuatro tiempos: pecado-castigo-conversión-perdón/salvación.

La gran novedad de Oseas, lo que le sitúa en un plano diferente y lo convierte en precursor del NT es que elimina el castigo e invierte el orden. El perdón antecede a la conversión: pecado-perdón-conversión. Dios perdona antes de que el pueblo se convierta, es más, aunque no se haya convertido. Dios nos perdona antes de que nos hayamos convertido, aunque no nos hayamos convertido.  San Pablo repite esta idea cuando escribe a los romanos: La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores (Rm 5,8). Y lo mismo dice Juan en su primera carta 1Jn 4,10: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Esto no significa que la conversión sea innecesaria. Pero sí que se produce como respuesta al amor de Dios, no como condición previa al perdón.

Este tema es importantísimo en Oseas. Lo vuelve a retomar en el capítulo 11 bajo una nueva imagen: Dios ya no es el amante de su esposa infiel, sino un Padre. Israel es el hijo, un hijo prototipo del hijo rebelde que, según la Ley, debe ser ajusticiado (Dt 21,18-21). Ante la inminencia del castigo divino, Israel pide ayuda a baal, pero sin éxito. Cuando todo presagia el desastre total, Dios lucha consigo mismo y la misericordia (hésed) vence a la cólera (11,8-9).

Ante un comportamiento así por parte de Dios, no es difícil que se nos “remueva” el interior y pensemos : “¡algún tipo de conversión o gesto de arrepentimiento será necesario para obtener el perdón de Dios!”; o que nos surja casi espontáneamente la pregunta: “¿cómo es posible la justicia de Dios ante tanta infidelidad si su respuesta es el amor?”; o que concluyamos diciendo: “ante un Dios así, entonces todo vale pues vamos a ser perdonadas igualmente”… Si este tipo de cuestiones surgen en nosotras, lo mínimo que se pone en evidencia es nuestra lógica que, en el fondo, se apoya en la del libro de los Jueces, no en la lógica “ilógica” de Dios.

Tenemos muy dentro nuestro sentido de justicia: se comete un pecado, es necesario que la persona se arrepienta y, entonces, se puede proceder al perdón. En este esquema, lo que está latiendo es la necesidad de que el pecador se arrepienta, haga buenas obras y, entonces, se le perdonará. El perdón se apoya en las obras del pecador arrepentido no en Dios.

La lógica “ilógica” de Dios va más en la línea de nuestro refrán: El corazón tiene razones que la razón no entiende. Es el amor de Dios ofrecido incondicionalmente al ser humano el que puede hacernos cambiar. Si el pueblo de Israel y, por extensión, cada una de nosotras no nos convertimos por sentirnos amadas gratuitamente, sin requisitos previos, solamente por pura gracia de Dios, no nos convertiremos por nada ni por nadie. ¿Quién no ha hecho los mayores esfuerzos por cambiar algún comportamiento extraño en su vida cuando ese comportamiento no le hacía bien a una persona querida? ¿Acaso es duradera una conversión cuando ésta se basa en los buenos propósitos solamente?

Esta lógica de Dios, por otra parte, hace que nos tengamos que apoyar en Otro y en el Amor que es ese Otro, dejándonos sin la posibilidad de apoyarnos en algo nuestro (las obras), lo cual nos deja un poco a la intemperie y con la sola posibilidad de arriesgarnos a dejarnos amar por un amor de este calibre. Y un amor de este calibre desestabiliza todos nuestros esquemas porque nos fuerza a “desmontar” nuestros egoísmos más ocultos, nuestros méritos más sutiles, nuestras justicias “justicieras”, nuestros deseos conscientes o inconscientes del “ojo por ojo y diente por diente”.

Y aquí está la cuestión clave del mensaje de Oseas: la resistencia que tenemos a cambiar de esquema y la necesidad de lo que, en griego del Nuevo Testamento, será llamado metanoein. Metanoia para entrar en la lógica, gracias a Dios, ilógica de su amor. No es extraño que Oseas concluya su libro con una cuestión abierta (14,10): ¿Quién es tan sabio como para entender esto? ¿Quién tan inteligente como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos, por ellos caminan los inocentes y en ellos tropiezan los culpables.

Lo entenderá muy bien, unos siglos más tarde, un tal Jesús de Nazareth, quien, para revelarnos el corazón de Dios, nos ofrecerá, también en parábolas, los ejemplos de los jornaleros contratados a la viña a distintas horas del día cobrando todos lo mismo (Mt 20,1-16) o el personaje sin igual, ese hijo pródigo que, ante el amor incondicional y sin reproches de su padre, deseará, como intuye algún autor, pasar de ser hijo a ser padre (Lc 15,11-32). Un Jesús, para el cual, el Reino de Dios no es algo que vendrá después de nuestra conversión, sino que el Reino ya está aquí, ya está entre nosotros. Sólo tenemos que acogerlo y entrar en su dinámica (Mc 1,15).

4. ¿Y nosotras qué?

Y entonces, en esta Cuaresma del año 2014, ¿qué hacemos nosotras?: NADA. ¿Y el ayuno, la oración y la penitencia?: NADA.

Déjate seducir, esta Cuaresma, por el Dios locamente enamorado de ti y que su amor te guíe.

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