“Dadles vosotros de comer”: caridad política comunitaria

Domingo 18º del T.O. Ciclo A

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Como aquella otra mujer del Evangelio me encuentro últimamente inquieta y preocupada. Asistimos a la proliferación de iniciativas, actividades, programas de televisión, bancos de alimentos… con el fin de obtener recursos para ofrecerlos a las personas necesitadas.  Junto a este aumento percibo la disminución de lo que en tiempo pasado llamábamos “caridad política” y hoy pareciera que incluso los términos hemos abandonado.

Siento hasta cierto pudor al escribir “caridad política”. Lo político está tan denostado que terminamos teniendo la sensación de que no es recomendable meterse en política, como si eso fuera posible. No lo creo. Cualquier presencia es política porque la política no es sino la articulación del juego de relaciones que se establecen entre las ciudadanas y ciudadanos de la polis. Por eso no hay acción, posicionamiento o presencia eclesial que no sea política. Y cuando decimos que no la hay, es que ya la hay de una determinada manera, de esa en la que lo que se busca y se consiente, es que todo siga como está.

Cuando la caridad pierde su dimensión social o política tendemos a dar respuestas a la exclusión pero sin llegar a preguntarnos por ella. Ofrecemos respuestas inmediatas, asistenciales, prestaciones sociales, limosna… “acalla conciencias”; suelen ser acciones con un carácter muy paliativo, acciones con una perspectiva muy asistencial, centradas en el sujeto como paciente pero sin un acompañamiento vital de sus vidas, sin dimensión educativa, sin plantearnos ni incidir en el tipo de modelo social y económico que sustenta y hace que la exclusión permanezca y crezca entre nosotras.

Pero no podemos limitarnos a ejercer un papel de “tapagujeros” y limosneras; nuestro compromiso no se ha de quedar solamente en aliviar las contradicciones del sistema social, es necesario crear estructuras solidarias y remover las causas del sufrimiento, implicándonos en la transformación de los mecanismos sociales que generan marginación. Recuerdo lo que decía Benedicto XVI: El que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios y combatirla, para vencerla con intrepidez.

La caridad política promueve el bien común a través de la acción en las estructuras e instituciones y promueve la dignificación de la persona acompañándola para que sea protagonista de su historia. Su finalidad no es otra que el desarrollo del Reino de Dios en la historia, la búsqueda de la justicia, la paz y el bien común de cada una de las personas y de la sociedad. Este es nuestro horizonte, no lo podemos perder de vista, las personas cristianas no debemos conformarnos con menos. No tenemos que ser “políticamente correctas”, ni sensibleras, no tenemos que ganar audiencias.

Esto es mucho más árido, más penoso, menos gratificante. De ahí la necesidad de formar grupos de personas, pequeñas comunidades, con una opción clara por la dimensión socio-política de su fe, personas reflexivas y críticas, personas implicadas y complicadas con lo humano. No podemos privatizar la fe reduciéndola al puro ámbito de lo privado e íntimo. ¿Dónde está nuestra vida pública? ¿Dónde está nuestra dimensión profética? ¿Dónde la utopía?

El mandato de Jesús sigue resonando en nuestros oídos: “dadles vosotros de comer”. Y está en plural y es que la “caridad política” también es “comunitaria”. Individualmente poco podemos hacer. La dimensión comunitaria nos autoafirma en las renuncias a protagonismos “mesiánicos”, a la vez, nos esclarece, nos define, nos hace fuertes… La comunidad hace presente al Dios que en sí mismo es Comunidad. Cuando ésta se resquebraja en la tensión y el desencuentro, nos convertimos sin más en un “montón de gente”, con mejores o peores ideas, pero lejos de ser lo que decimos ser.

La comunidad nos obliga a ceder, a renunciar a nuestras ideas buscando con otras y otros las ideas del Otro, del importante, del que salva y también nos salva, incluso de nosotras mismas.

“Lleno de alegría”

Domingo 17º del T.O. Ciclo A

Por: Cristina Alonso. Vita et Pax. Pamplona

Nuestra sociedad, nuestro entorno está inmerso en un mundo de grandes contrastes. Vemos y escuchamos noticias que, por lo inmediato, no dejan que pensemos ni analicemos. Se mezclan ofertas de todo tipo para nuestro bienestar, con el engaño, la corrupción, violencia, el atropello de los derechos más elementales, las guerras, el incremento de la desigualdad y, sobre todo, relativizando el mal, dependiendo de quien lo ejecuta.

La exclusión, el atropello a la persona pasan desapercibidos, pareciera nada en comparación con los grandes ídolos de la economía que lo manipulan todo. En vez de hacer frente al hambre y a las migraciones forzadas, inventamos cómo levantar fronteras que protejan nuestros privilegios… horas para ver el fútbol y apenas unos minutos para decir que se murieron en el mar hombres, mujeres y niños que huían de la guerra, de la pobreza y miseria. Así vemos cómo el bien común se deteriora, y se deteriora la casa común, y los políticos buscando estrategias para acaparar el poder.

En este mercado de ofertas, dónde encontrar un modelo de referencia que nos ayude a realizarnos como personas libres, erguidas, solidarias…

La salud, el bienestar, son esenciales en nuestra vida pero no son lo único, y mucho menos si nos deshumanizan o fomentan la ambición o nos enfrentan. Cuando encontramos el verdadero tesoro las demás riquezas van encontrando su lugar al servicio de la persona.

Por eso  sorprende  cuando Jesús comparó el Reino de Dios con un tesoro. Nos habla así de una experiencia fundante: un encuentro que se desborda en alegría inmensa que dinamiza todas las resistencias y motiva el ponerse en marcha para lograr el hallazgo.

El labrador y el comerciante se topan con algo muy grande en medio de sus tareas. El Reino de Dios acontece con fuerza movilizadora en la vida de estos personajes. J. Jeremías dice que las palabras decisivas para la comprensión de la parábola son “lleno de alegría”. Alegría que arrastra y hace considerar “normal” la más radical de las entregas.

Así entendió Jesús el Reino: como un “hallazgo”, ante el que uno no necesita más… le basta que Dios sea Dios. Así lo entendieron multitud de mujeres y hombres que lo encontraron y fueron testigos de esa vida, esa paz, esa justicia, esa verdad, de esa gracia y Amor incondicional más allá del precio a pagar.

La elección del Reino de Dios como verdadero tesoro, da la alegría auténtica: alegría de no haber optado por ganancia o utilidad, sino por algo de valor inestimable en sí mismo.

Y, junto a la alegría del hallazgo, Jesús habla de las experiencias del corazón humano y su intención es contar la fascinación que producía en la gente, y el cambio de esquemas que provoca el encontrar el tesoro del Reino. Jesús nos habla de su propia existencia.

Cuando nos encontramos con lo que de verdad merece la pena, el “dejarlo todo” sucede sin darse cuenta, todas las posesiones, dependencias, amarres caen por sí solos. Lo que pareciera renuncia, no es más que opción incondicional por el Reino.  Seguir a Jesús, lo suyo y los suyos, pone alas a nuestros sueños, nos conmueve ante el dolor ajeno y nos plenifica de tal manera que sólo queremos de su paz, de su justicia, de su verdad y libertad, y lo más sorprendente es que lo queremos para todos y todas. Lo nuestro es que llegue allí donde el clamor por la vida se hace más urgente.

El tesoro encontrado  “atrapa” al afortunado-a. Ningún precio es demasiado alto para alcanzarlo. Es, en palabras de D Bonhoeffer “la gracia que cuesta cara”: “la gracia que cuesta cara, es el tesoro escondido en el campo, por amor del cual el hombre va, y vende con gozo todo lo que tenía; es la perla preciosa, por cuyo precio el mercader entrega todos sus bienes; es el señorío real de Cristo, por amor del cual el hombre se arranca el ojo que le es ocasión de escándalo; es la llamada de Jesucristo, en respuesta de la cual el discípulo abandona sus redes para seguirle. La gracia que cuesta cara, es el Evangelio, que siempre hay que buscarlo, el don que se debe pedir, la puerta a la que hay que llamar”.

Dios ha descendido a esta realidad y se ha instalado en ella, y  llama a no desprenderse del presente, por problemático que sea. La posibilidad de acierto estará en la capacidad de mirar los signos de los tiempos y discernirlos claramente. Por eso tan oportuna la petición de Salomón: “Da a tu siervo un corazón dócil…”

San Pablo le habla a la comunidad en la misma dirección. Lo nuestro es tomarnos en serio lo cotidiano como lugar de realización de nuestro destino de hijos y optar por ello, es ya emitir un juicio crítico sobre lo que cogemos y dejamos de la realidad, “en las acciones y omisiones diarias  cada instante es ya el último día” (A. Kemmer). Hacer de la vida diaria el lugar donde empujamos el Reino o lo ralentizamos. Dejémonos sorprender hoy por la novedad del Reino de Dios, así atravesaremos aquello que lo impide.

 

 

 

El valor de lo pequeño

Domingo 16º del T.O. Ciclo A

 

Por:Concepción Ruiz Rodríguez.Mujeres y Teología. Ciudad Real

Estamos finalizando el mes de julio, para muchas personas es tiempo de descanso, otras continúan en las tareas cotidianas. En las lecturas de este domingo percibo el amor que Dios tiene a su pueblo desde antiguo:

Nos animas a ser compasivos, personas que alivien las cargas pesadas de los hombres y mujeres de nuestro mundo.

Conoces nuestro corazón, la pequeñez que hay en nosotros y nos envías tu Espíritu para que nos ilumine, fortalezca y acompañe.

Jesús continúa enseñando a través de parábolas. El evangelio de San Mateo, con la parábola del trigo y la cizaña, muestra las ambivalencias del mundo y las ambivalencias que existen en cada uno de nosotros. La parábola del grano de mostaza nos recuerda el valor de lo pequeño.

La primera vez que vi un grano de mostaza, me sorprendió cómo una semilla tan pequeña podía hacerse un arbusto capaz de acoger en sus ramas a las aves… Personalmente esta parábola me dice mucho, a veces, miro a mi alrededor y me siento agobiada, triste por tantas circunstancia adversas como contemplo y, en ocasiones, también vivo: enfermedad, paro, soledad, marginación, injusticia, recortes, … Siento que todo esto me desborda y me pregunto ¿qué puedo hacer ante estas realidades?.

Una respuesta puede ser: el valor de lo pequeño. La vida está llena de signos insignificantes, signos que hacen posible el Reino: una sonrisa, compartir el tiempo y los medios, acompañar, acoger y aceptar el trigo y la cizaña de cada uno de nosotros, vivir con actitud de perdón, de servicio, de agradecimiento y alegría, … Es necesario confiar en nuestra pequeñez, creernos capaces de transformar el mundo, aceptar nuestro lado oscuro y querernos como somos. Muchas pequeñas acciones conforman una red capaz de sostener y acoger las situaciones más difíciles, igual que el arbusto de la mostaza acoge en sus ramas a los pájaros.

En este mundo ajetreado y materialista nos gusta obtener resultados ya, no se concibe sembrar a largo plazo, estamos cansados de sembrar, de aportar nuestro granito de arena, cansados de responsabilidades, de compromisos, cansados de incoherencias, cansados de esperar resultados que no llegan, y nos olvidamos que los inconvenientes forman parte de la vida. Jesús no se escandaliza cuando descubre que junto al trigo están creciendo las malas hierbas. Las deja seguir su curso y pone la confianza en el trigo bueno, … confiar en nuestras posibilidades, confiar en las posibilidades de los demás, a pesar de…

¿Acaso es posible que la semilla buena nazca sola, acaso no se dan en nosotros las dos circunstancias? ¿Soy capaz de identificar el trigo y la cizaña que hay en mí y en los demás? ¿Ante los conflictos soy semilla buena para la construcción del Reino?

Gracias Padre/Madre por acogernos y querernos tal como somos, gracias por el trigo bueno que has sembrado en nuestras vidas.

Que las malas hierbas no sean un obstáculo para la construcción del Reino, sino un estímulo para seguir creciendo.

 

 

Libro recomendado para este verano

 

Todo tiene su tiempo

Todo tiene su tiempoAutora: Joan Chittister

Editorial: Sal Terrae

A partir de los famosos versículos del Eclesiastés, Joan Chittister reflexiona sobre diferentes temas: el propósito y el valor de la vida humana, el equilibrio entre alegría y tristeza, trabajo y descanso, amor y pérdida.

En su meditación acerca de las distintas fases de la vida, Chittister nos muestra que la realización personal y la verdadera felicidad humana se alcanzan, no con la acumulación de bienes, sino conociendo y apreciando lo que tenemos.

La amistad y la risa, la paciencia y la pena, la humildad y la compasión son dones que Dios nos otorga. Y constituyen los preciosos momentos de la vida misma, desde el nacimiento hasta la muerte. Estos momentos nos dicen: “Vuelve a mirar la vida, y donde hayas estado ciego, ve, y donde te hayas vuelto indiferente hasta hacerte insensible, donde tu corazón haya muerto, regocíjate ahora”.

Joan Chittister, escritora, columnista y notable conferenciante internacional, es una de las autoras espirituales más influyentes de nuestro tiempo. Miembro de la comunidad benedictina de Erie (Pensilvania) y copresidenta de la organización “Global Peace Initiative of Women” (de Naciones Unidas), ha recibido numerosos premios por su trabajo en favor de la paz y la justicia, los derechos humanos, las mujeres y la renovación de la Iglesia.

 

Programa Convivencia 2014

Descargar (Programa-Convivencia-14.pdf, PDF, Desconocido)

Diez cambios necesarios para una reforma fiscal justa

 

Por: Oxfam Intermón -www.desigualdad.org.

  1. La política fiscal debe combatir la desigualdad al margen de intereses partidistas, contribuyendo a una sociedad más justa y equitativa.

  2. Hay que recaudar lo suficiente para financiar un modelo social que garantice servicios públicos de calidad e igualdad de oportunidades.

  3. Se debe aplicar “tolerancia cero” al fraude fiscal, incluyendo medidas que pongan freno a la impunidad de los evasores.

  4. Los privilegios y la opacidad de los paraísos fiscales deben desaparecer.

  5. Recaudar más no puede suponer aumentar el esfuerzo fiscal de las clases medias y los más pobres. Quien más tiene ha de contribuir más.

  6. Todos, empresas e individuos, deben tributar en función de su capacidad y de su actividad económica real, sin privilegios, ni excepciones.

  7. Las grandes fortunas y las rentas del capital tienen que contribuir en mayor medida, para reducir la presión sobre los salarios y el consumo.

  8. El sistema tributario tiene que ser progresivo y equitativo en su conjunto sin medidas que favorezcan los intereses de unos pocos.

  9. Los beneficios fiscales deben ser excepcionales y sólo deben aplicarse si permiten crear valor real y duradero (como la creación de nuevos empleos de calidad).

  10. Una buena política tributaria requiere un debate público abierto, transparente y con participación ciudadana.

 

Sembrar es tarea de todos

Domingo 15 º Del T. O., Ciclo A.

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Seglar de Ciudad Real.

Hoy también hay señales de permanecer cerrado y embotado el corazón de este pueblo. En nuestra sociedad occidental marcada por estilos y sueños configurados por el placer, los deseos materialistas y el hedonismo, las personas oyen hablar de Dios, pero no están dispuestas a escuchar el mensaje de amor, misericordia y perdón que Él siempre está dispuesto a ofrecer. El hombre en esta época, bien por las imágenes de los medios de comunicación o por la facilidad de viajar, puede mirar todo lo que acontece a su alrededor: la bella naturaleza creada por Dios; los monumentos y manifestaciones culturales, hechos forma y vida por el hombre, pero no se detiene en contemplar que todo es para alegría, gozo y bien de toda la humanidad.

Dios no se conforma con crear la naturaleza y el ser humano, con entregarle las plantas y los animales, con darle el dominio sobre todo lo creado, Él desea la felicidad de todos, quiere que su reino se vaya construyendo porque sabe que es la salvación de todos los hombres. Nos ofrece su palabra  para dar fecundidad a nuestro ser y obtengamos  abundantes frutos.

Dios da plena libertad al hombre, pero es conocedor de que éste a pesar de tener oídos no escucha, a pesar de mirar con los ojos bien abiertos no llega a ver lo cercano y menos aun lo que está lejos en el horizonte, porque tiene un pensamiento y un corazón sólo para sí mismo, sobre todo porque se le olvida con frecuencia que a quién tiene que mirar, escuchar y amar es a los otros; a la persona que está a nuestro lado porque forma parte de nuestra familia; al que vive en nuestro pueblo y en nuestro país porque sufre la falta de empleo o está enfermo; al que habita en otro continente pasando hambre, soportando la injusticia y humillada su dignidad.

Por eso viene Jesús, su Hijo, para sentarse con nosotros, para mostrarnos su paciencia, para hablarnos a nuestro corazón, para utilizar un lenguaje que todos lo entiendan, para darle fuerza y sentido a la palabra, de manera que pueda ser comprendida  por todos.

Jesús vino dispuesto a sembrar, a extender su mano para dejar caer la semilla en esa tierra que somos cada uno de nosotros, que no siempre estamos con la misma disposición y actitud de acogerla.

Sabemos que hay personas que están tan cerradas en sí mismas, tan seguras de sí, tan poco acogedoras, tan alejadas de los otros, autosuficientes, que no queda una rendija en la tierra para que pueda penetrar la semilla.

También sabemos de otras en las que la semilla brota pronto, muestran buenos deseos, ponen buena cara, presentan buenos proyectos, dan a conocer sus sueños, pero cuando surgen las dificultades, sobreviene algún fracaso o el proyecto parece inalcanzable, todo se viene abajo porque falta hondura de pensamiento y vida.

Otros gozando de buena tierra, la semilla muere y crece la planta, pero pronto es asfixiada y sofocada por estilos de vida marcados por la moda, las marcas comerciales, la envidia, los deseos de tener, la ostentación de bienes y anhelos de poder.

También hay otros dispuestos a escuchar con profundidad la palabra, a abrir su corazón a lo que procede de Dios, a promover el Reino, a hacer crecer la paz, a proclamar y luchar por la libertad y la justicia, a ser testimonio de entrega y amor, ser al mismo tiempo tierra fecunda y semilla que muere siguiendo a Jesús para dar fruto abundante de alegría y felicidad.

Tal vez no seamos cada uno de nosotros siempre la misma tierra y seamos, según qué momentos, situaciones o etapas de nuestra vida, un tipo de terreno u otro, pero si hemos de estar seguros que Jesús es la buena semilla que se esparce con amor y esperanza para que produzca en nosotros una conversión agradecida al amor del Padre.

 

 

 

 

Grupos mediterráneos de la Vida y de la Paz

Grupos Vida y Paz de Alboraya y Alicante

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia.

Llegamos al mes de julio y otro curso que nos dice adiós con todo su bagaje particular de vida personal, familiar y de grupo. Un bagaje para agradecer e ir añadiendo a ese proceso de madurez física, y espiritual, que vamos realizando, casi sin darnos cuenta, con ayuda de los demás siempre pero que tiene como autor al Espíritu Santo invocado cada día como don obsequio, luz, huésped, salud, gozo y no sé cuántas cosas más, todas buenas.

Nuestros dos Grupos Vida y Paz de Alboraya y Alicante lo han clausurado con los encuentros respectivos de mes que, junto a una pequeña revisión y breve compartir a propósito de posibles “novedades” de cara al próximo, especialmente referidas a fecha y horario, tuvieron como celebración especial la Eucaristía en Alicante y la Oración centrada en el Corazón del Buen Jesús, en Alboraya, que recopilaron e impulsaron y estimularon nuestro caminar como grupo que desde el conocimiento cada vez más profundo de Jesucristo y con el deseo de ser como Él aspira a ser Vida y Paz en la sociedad en que vivimos.

Eucaristía Alicante

Eucaristía Alicante

Vida y Paz Alboraya

Vida y Paz Alboraya

En Alicante nos acompañó José Luis Azorín, sacerdote diocesano, que compartió con todos nosotros la Acción de Gracias y la alegría de la fe; en Alboraya también nos acompañó Vicente Estrems, sacerdote y amigo que acaba de fallecer y cuya presencia-ausencia, recordada vivamente por la celebración del año pasado, nos estimuló a vivir unidas en el Señor Jesús.

Continuaremos, si Dios quiere, esta bonita experiencia con renovada ilusión pidiendo al Señor que nuestro compromiso sea real, verdadero y trascienda en una coherencia de vida que refleje la bondad y el amor de nuestro Dios.

¿Cómo terminamos estos dos encuentros? La mesas de la Oración, la Palabra, la Eucaristía, se transformaron en mesas de la horchata, los granizados, los “fartons”, los dulces…

Alegría y abrazos de despedida.

El verano nos dispersa e invita a un descanso renovador y el otoño nos volverá a reunir con fuerzas y deseos renovados.

¡Hasta pronto! ¡Buen verano!

Es el deseo de todos los que formamos estos dos Grupos mediterráneos de la VIDA y de la PAZ.

 

Gente sencilla

Por: Mercedes Marín. Vita et Pax. Brasil.

Las lecturas de este domingo nos recuerdan   que si realmente el Espíritu de Dios vive en nosotras, alabaremos a Dios como Señor del cielo y de la tierra. Alabar al Señor del cielo y de la tierra requiere ser un alma “pequeña”, desprendida de nosotras mismas, abiertas a la contemplación de tantos rostros de manos vacías y corazones llenos de alegría.

Un alma “pequeña” o “la gente sencilla” de la que habla el evangelio, son la multitud de compañeros(as) de camino que no tienen bienes materiales y consiguen vivir mirando el cielo y agradeciendo la vida. Compañeros(as) que sienten y por eso viven la presencia de Dios en sus vidas. Ellos no cuentan más con las leyes o la justicia de los hombres, ellos saben y conocen lo que Dios desde su grande amor realiza en su favor.

Son los compañeros(as)  que hacen de su día a día una total referencia a Dios. El pan es fruto de Dios, el agua es el don de Dios, la tierra es herencia de Dios, el sol es el amigo de Dios…, todo lo que respira es obra de Dios. El Reino es una palabra incomprensible, la fraternidad es vivida sin muchas normas porque saben que agrada a todos(as) que quieren vivir en Paz.

Son los amigos que nos ayudan a estar más cerca del Padre porque están sedientos(as) para conocer y escuchar lo que El Hijo tiene para comunicar. Son los rostros fatigados por las desigualdades, los pequeños que tienden su mano hoy para nuestra Iglesia y nos envían  para la periferia a compartir el Mensaje de Amor.

Es el convite de Jesús actualizado… ¿estás cansada pero abierta a la novedad de Dios? ven y encontrarás descanso, si llegas sin arrogancia y humildad. Solo el alma mansa y humilde encontrará “en Mí” la sabiduría para caminar con las multitudes de compañeros(as), amigos(as) que sufren sin voz ni derechos respectados. Recuerda que son hermanos que incluyen en sus comunidades a todos(as) aquellos(as) que miran de cerca y hacen la experiencia de conocer lo que se da en el corazón de cada pueblo.

Mira cómo Jesús es Hijo y deja que Dios Reine en su vida: anunciando la Buena Noticia del Reino, el Discurso de la Montaña y caminando de un lugar para otro compartiendo con las personas pobres y abandonadas de su tierra. Jesús es tan feliz que todos(as) se paraban, se dejaban contagiar y le seguían. Compartía en la orilla del lago, en la sinagoga, en la montaña, en la casa del herrero y en la mesa de Marta. Toda su vida es la imagen del Padre y, por eso, los enfermos lo buscan y hasta hoy millones de personas encontramos en sus hombros el descanso y la vida.

En la sociedad de la copa mundial, del mercado, de las apariciones en los periódicos de los grandes ídolos…, desde nuestros sueños y pequeñez agradecemos la llamada de Jesús a saber de buena tinta los Secretos del Padre y vivirlos tornándonos HIJAS DE DIOS.

 

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