España: país de desigualdad

Por: Secretariado de Formación Vita et Pax.

El Director General de Intermón Oxfam, José María Vera, denunció este jueves que “la desigualdad se ha disparado en España durante 2011 y 2012 a causa de la crisis”.

Vera señaló durante la presentación del informe de la ONG “Iguales: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas”, que España es el segundo país más desigual de la UE, “solo por detrás de Letonia”. Si hemos elegido España entre los 40 países en que Oxfam Internacional lanza su campaña ‘Iguales’ para presentar este informe, se debe precisamente a ello”, resaltó.

Así, destacó que las 20 mayores fortunas de España acumulan lo mismo que el 30% más pobre de la población, esto es, unos 14 millones de personas. Estos 20 “super ricos” pasaron de ganar 99.950 millones de dólares en 2013 a 115.400 en 2014, lo que supone un aumento de 15.450 millones de dólares durante el último año (42,33 millones al día), apuntó.

Del mismo modo, los tres mayores patrimonios del país tienen más del doble de lo que ganan el 20% más pobre, y el 1% más rico posee tanto como el 70% más desfavorecido. Esto son solo algunas pruebas de “cómo la desigualdad en España se ha disparado durante la crisis”, afirmó Vera.

Sin embargo, precisó que esta no se va a superar “esperando a un mero repunte económico”, sino con “políticas redistributivas”. “El crecimiento económico no tiene por qué conducir a una sociedad más justa” y, de hecho, la desigualdad en España “ya había crecido en los años anteriores a la crisis, “en concreto, empezó a crecer a partir de 1995”, y “desde 2011 se ha descontrolado”.

Las causas de esta situación se encuentran en “la escasa capacidad de recaudación de nuestro sistema fiscal; la reducción obligada del déficit, que ha impactado mucho en las política sociales y ello perjudica de forma especial a los más pobres, y en la precarización del empleo”.

Por eso, Vera criticó la reforma fiscal, puesto que entiende que “permitirá a las multinacionales pagar de forma efectiva el 3,5% de sus beneficios y seguirá cargando todo el peso en las pymes y en las familias”, y arremetió contra Los Presupuestos Generales del Estado de 2015, ya que aseguró “vuelven a olvidarse de la sanidad y la educación”. Además, apuntó que algunas partidas como las referidas a dependencia e inserción social “prácticamente desaparecen”.


CONCIENCIAR
A través de la campaña Iguales, Oxfam pretende poner fin a “la desigualdad extrema” y denunciar sus dos causas fundamentales: “el fundamentalismo de mercado” y “el secuestro de la democracia por parte de las élites”.

Al llamaros…

Extracto de Alegraos. Carta hacia el año dedicado a la vida consagrada

«Al llamaros Dios os dice: “¡Tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo!” Jesús a cada uno de nosotros nos dice esto. ¡De ahí nace la alegría! La alegría del momento en el que Jesús me ha mirado. Comprender y sentir esto es el secreto de nuestra alegría. Sentirse amado por Dios, sentir que para Él no somos números, sino personas; y sentir que es Él quien nos llama».

El Papa Francisco orienta nuestra mirada al fundamento espiritual de nuestra humanidad para reconocer lo que hemos recibido por gracia de Dios y libre respuesta humana:Oyendo esto Jesús, le dijo: “aún te falta una cosa. Vende todo cuanto tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme”(Lc 8, 22).

El Papa hace memoria: «Jesús, en la última Cena, se dirige a los Apóstoles con estas palabras: No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido (Jn 15, 16), que recuerdan a todos, no sólo a nosotros sacerdotes, que la vocación es siempre una iniciativa de Dios. Es Cristo que os ha llamado a seguirlo en la vida consagrada y esto significa realizar continuamente un «éxodo» de vosotras mismas para centrar vuestra existencia en Cristo y en su Evangelio, en la voluntad de Dios, despojándoos de vuestros proyectos, para poder decir con san Pablo: No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí (Ga 2, 20)».

El Papa nos invita a una peregrinatio hacia atrás, un camino sapiencial para encontrarnos en las calles de Palestina o junto a la barca del humilde pescador de Galilea; nos invita a contemplar los inicios de un camino o mejor de un acontecimiento que, inaugurado por Cristo, nos lleva a dejar las redes en la orilla, el banco de los impuestos en el arcén de la carretera, las veleidades del zelote entre las intenciones del pasado. Medios todos inadecuados para estar con Él.

Nos invita a detenernos con paz, como peregrinación interior, en el horizonte de la primera hora, donde los espacios están caldeados de relación amistosa, la inteligencia se abre al misterio, la decisión entiende que es bueno entregarse al seguimiento de ese Maestro que sólo tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6,68). Nos invita a hacer de toda la «existencia una peregrinación de transformación en el amor».

El Papa Francisco nos llama a detenernos en el fotograma inicial: «La alegría del momento en que Jesús me ha mirado» y evocar significados y exigencias relacionadas con nuestra vocación: «Es la respuesta a una llamada y a una llamada de amor». Estar con Cristo supone compartir su vida y sus opciones; requiere la obediencia de fe, la bienaventuranza de los pobres, la radicalidad del amor.

Se trata de renacer por vocación. «Invito a cada cristiano […] a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso».

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

 

La llamada del todo

Por: Benjamín González Buelta, sj

Hay que dejarlo todo
en el seguimiento a Jesús.

Bodas de Oro

Bodas de Oro

Primero se dejan las cosas:
lo que se recibe heredado
y viene grapado al apellido,
lo que es fruto del trabajo
y lleva nuestra huella.

También hay que dejarse a sí mismo:

Renovación

Renovación


los propios miedos,
con su parálisis y los propios saberes,
con sus rutas ya trazadas.

Asociación

Asociación

Después hay que entregar
las llaves del futuro,
acoger lo que nos ofrece
el Señor de la historia
y avanzar en diálogo
de libertades encontradas
mutuamente para siempre,
que se unifican en un único paso
en la nueva puntada de tejido.

Encuentro entre Institutos Seculares

Por: Secretariado de Formación. Vita et Pax.

Los días 25 y 26 de Octubre, M. Carmen Martín de Vita et Pax tuvo un encuentro bíblico con el Instituto Secular Hijas de la Natividad de María. El tema era Envejecer con Dios. Para ello, tomamos como referencia otras personas que vivieron antes que nosotras y que pasaron por estos momentos de vejez. Sus historias están repletas de vida, una vida que, como la nuestra, nunca acontece espectacularmente; sus comienzos son discretos, casi imperceptibles, pero son como la savia que recorre el árbol fecundándolo silenciosamente…

Estos personajes y sus historias son:

  • María: El mejor vino: Jn 2,1-10

  • Isabel: El encuentro de María e Isabel: Lc 1,39-45

  • Simeón y Ana: Reconciliados con sus propias vidas: Lc 2,25-38

  • Viuda pobre: La vida como ofrenda: Lc 21,1-4

  • Nicodemo: Parteras de vida: Jn 3,1-8

Envejecer, en un sentido, comienza en el instante del nacimiento, pero sólo lo sentimos realmente en un determinado momento de la vida. Sin embargo, envejecer, en muchos lugares del mundo, se convierte en un privilegio. Por una parte, una violencia desproporcionada interrumpe la vida de muchos jóvenes, por otra, las enfermedades, las malas condiciones de vida, la falta de asistencia materna… mata a millares de mujeres… He aquí por qué envejecer es casi un privilegio y una experiencia rara en medio de los miserables y de los excluidos del mundo. Ellos son excluidos hasta de envejecer, de poder hacer la experiencia de vivir con dignidad hasta el final de sus días.

Nosotras tenemos el privilegio de envejecer y, más aún, de reflexionar sobre el envejecimiento. El envejecimiento puede traer consigo tanto dificultades como retos u oportunidades. No faltan dificultades físicas, anímicas, relacionales, éticas, espirituales… Como también existen oportunidades de mayor profundidad espiritual, de entrega más generosa, de acogida incondicional, de tiempo para regalar…

Salimos del encuentro con el corazón caldeado. Como mujeres consagradas, hoy tenemos menos fuerzas, es verdad, pero más sabiduría de Dios. Por eso, queremos envejecer como el buen vino. Nuestro vino se contiene en tinajas desbordantes que se derraman allí donde estamos y que están más llenas en la medida en que cumplimos años. Un vino que, con la edad, no sólo aumenta en cantidad sino, sobre todo, en calidad y eso lo perciben rápidamente quienes nos rodean, por eso, podemos escuchar: “Tú has reservado el vino de mejor calidad para última hora”.

Encuentro

Encuentro

Hijas de la Natividad

Hijas de la Natividad

V Centenario de Santa Teresa de Jesús

Con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús recomendamos tres libros elaborados por sus hermanas, las Carmelitas Descalzas de Puçol (Valencia), en los cuales nos introducen en tres de las grandes obras de su vida:

  • Las Moradas
  • Camino de Perfección
  • Libro de la Vida

De manera actual y pedagógica las carmelitas nos introducen en todo el rico mundo interior de Santa Teresa presentándonos páginas escogidas de estas tres obras.

Una luz tan diferenteJuntos andemosAmor con amor

 

Nuestro final es la vida de Dios

Conmemoración de los fieles difuntos. Ciclo A

Por: Jose Antonio Ruiz Cañamares. SJ. Madrid.

Con independencia de la importancia que cada cultura dé a sus antepasados, a todos nos gusta saber cuáles son nuestras raíces familiares. Romper con ellas no nos haría bien.

La fiesta de hoy tiene su importancia para los creyentes. Por eso la liturgia la conserva aunque coincida en domingo. A veces, en las esquelas de los periódicos se leen mensajes de este tipo “siempre estarás vivo, porque siempre te recordaremos”. La frase habla naturalmente del cariño de los familiares del difunto, pero no es cristiana. Los cristianos recordamos a nuestros difuntos, no para “mantenerlos” vivos, sino que los recordamos precisamente porque están vivos, participando de la resurrección de Cristo.

Las vidas de las personas son muy variadas. Casi podemos decir que cada uno caminamos por un camino único, por parecido que pueda ser con el del vecino. Hacer memoria de nuestros difuntos, como creyentes, es caer en la cuenta de los efectos de la resurrección de Cristo. No por derecho, sino por gracia, nuestro final no es el caos, ni la oscuridad, ni el vacío. Nuestro final es la Vida de Dios.

“En la casa de mi Padre hay muchas estancias”, nos dice Jesús. Los cementerios con frecuencia hay que ampliarlos. En la casa del Padre hay sitio para todos. No hay que ampliarla. Esto es lo mismo que decir que, haya sido la vida de las personas la que haya sido, el final que nos espera como hijos e hijas de Dios siempre es la plenitud. Nuestra fe así lo afirma. Dios tiene manos de comadrona (Salmo 22,11) que nos recibe al nacer, tiene manos de pastor que nos conduce por la vida (Salmo 23), y tiene manos que nos acogen al final de esta vida (Lc 23, 46).

Esta es nuestra esperanza. Nadie ha vuelto, ni va a venir para confirmarlo, pero esta es nuestra fe. Y por eso hoy, de una manera especial, y en todas las eucaristías, pedimos a Dios que acoja a los que ya se fueron.

Hacia aquí caminamos, aunque en el fondo muchos pensemos, porque somos poco creyentes, que como en la casa de uno en ninguna otra, aunque sea la del Padre. Pero nuestra vocación es caminar hacia allí. Y no de cualquier manera. Me parece que no valoramos ni agradecemos suficiente que los cristianos tengamos en Cristo “el Camino, la Verdad y la Vida”. Posiblemente “ser ciudadanos del cielo”, a lo que nos invita San Pablo en la carta a los Filipenses, quiera decir vivir en donde cada uno lo hacemos pero con el deseo de que se cumpla en nosotros que no tenemos otro Camino que Cristo, que no nos engañan con mentiras porque nuestra Verdad es Cristo, y que tampoco nos dejamos deslumbrar con estilos de vida que al final nos dejan mortecinos e insatisfechos porque nuestra Vida es Cristo.

Claro que nos ayuda como creyentes conmemorar a nuestros difuntos. Pedimos por ellos y ellas para que tengan la plenitud prometida en Cristo, y también les pedimos a los que ya no están con nosotros que nos ayuden a vivir con plenitud y entrega nuestra vida, sin distracciones, para que tengamos a Cristo por Camino, Verdad y Vida.

Mi llamada

Por: Cecilia Pérez Nadal. Vita et Pax. Valencia.

La Palabra de Dios se comprende desde el corazón cuando en momentos concretos, en tu propia experiencia vital has visto, ves, que se ha hecho, se hace realidad en tu misma vida.

Me remito al profeta Isaías cuando dice “mis planes no son vuestros planes ni mis caminos son vuestros caminos” o a esa parábola de los jornaleros llamados a trabajar en la viña que lo fueron a distintas horas del día y después asalariados con el mismo denario al final de la jornada.

¿Por qué digo esto? Porque es una forma de explicar lo que “escuché” en ese momento de mi vida en que el Señor me llamó ante una gran ¿“sorpresa” podría decir?

Soy hija de una familia numerosa, de unos padres que dedicaron su vida a amar, trabajar y vivir para sus hijas. Estudié Magisterio y esa ha sido la gran vocación de mi vida, hasta entonces en solitario y después de este momento ensamblada con la vocación al seguimiento radical de Jesucristo en la consagración secular.

Llamada a dejar mi casa, mi familia, mi trabajo, mi independencia, mis planes… en un espacio de tiempo corto, sin apremios pero sin resquicios, sin dudas, con firmeza, con determinación y además casi sin conciencia de lo que estaba pasando. Me llamaba para ser suya y de los demás con mi propia identidad, tal y como soy.

Sé muy bien lo que son las mediaciones, sé muy bien cómo Dios llega al corazón y te hace consciente de su presencia en ti sutilmente, y te habla a través de personas, de situaciones, de acontecimientos, hasta que ves que algo se ilumina y deja de ser confuso, hasta que adquiere en tu realidad su verdadera realidad, hasta que oyes y respondes sí.

Antes de eso, una y otra vez, en lo que podría llamar el periodo de búsqueda, de clarificación, ante un enorme Cristo crucificado de una céntrica iglesia de mi ciudad, Valencia, le repetía las palabras parecidas de una canción de moda de entonces que me hacía decir “quiero en tus brazos abiertos buscar mi camino…” Ahora cuando le visito allí mismo me sonrío y le doy gracias.

Mis encuentros con el Señor eran cada vez más frecuentes y me sentía conducida. Había conocido Vita et Pax y él me iba mostrando lo que era este Instituto Secular y lo que para aquellas mujeres y su Fundador, era vivir la Amistad con Jesucristo.

Fue un año rico de experiencias donde mi vida cotidiana iba ampliando horizontes y las posibilidades de algo más creo que iban calando dentro como la lluvia suave, como la música que te conmueve.

Tras unos Ejercicios a los que fui invitada, durante una conversación con el Padre Cornelio, Fundador del Instituto, él me hizo alusión a la parábola de los talentos y a la posibilidad de hacer fructificar los dones que Dios me había regalado.

Nada más.

Ni me daba cuenta del camino que estaba recorriendo, lo vivía contenta y serena. Y una noche muy concreta, la de la Vigilia de la Fiesta de Pentecostés, fui consciente de su llamada y le dije que sí al Señor. Recuerdo qué feliz estaba y también con quién lo compartí.

Estaba claro todo, estaba segura de lo que iba a hacer aunque no sabía qué era exactamente pero tenía la determinación de seguir el dictado de mi corazón donde Jesús ocupaba ya un espacio y un lugar tan importantes que ningún problema, resistencia, dificultad, podrían desplazarle. Hubo comprensión y afecto junto a incomprensión y fuertes dificultades.

Quería seguir siendo maestra, hija, hermana, amiga, pero con otra manera de mirar, con otros criterios para vivir, con otras motivaciones, para ser fecunda y feliz. Y me marché de casa para iniciar mi Formación.

Desde aquellos momentos Jesucristo ha sido el centro de mi ser y actuar; mi consagración secular, mi identidad, y Vita et Pax mi segunda familia. Lo he vivido y lo vivo sintiéndome amada desde un gran amor y respeto hacia mi propia manera de ser, sensibilidad, cualidades y defectos.

Hoy, ya jubilada profesionalmente y después de un recorrido fructífero y enriquecedor, vivo con mi madre muy anciana; hasta hace tres años también pude cuidar de mi padre los últimos de su vida.

Soy plenamente consciente de que el Señor me llama cada día con tánta ternura y misericordia y que debo responder en cada momento, situación y realidad que comparta, que viva.

Me gusta repetir con el salmista ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Y proclamar que Jesucristo es mi Vida y es mi Paz y yo debo serlo, desde él, para los demás.

“Mi buen Jesús, yo quiero hacer algo por ti”

Qué significa amar a Dios

30ºDomingo del T.O. Ciclo A

Por: Teodoro Nieto. Burgos.

 El pasaje evangélico de este domingo puede suscitar en nosotros algunas preguntas. El testimonio del evangelista Juan nos sugiere en la primera de sus Cartas que ya las primeras comunidades cristianas se preguntaron: ¿Cómo podemos amar a Dios si a Dios nadie lo ha visto nunca? ¿Qué es, entonces, amar a Dios y cómo podemos amarlo con gestos concretos?

Cuando el evangelista Juan nos habla del amor a Dios no pueden ser más realistas y contundentes sus palabras: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1ª Jn 4, 19-20). El pensamiento central de Jesús en el Evangelio de hoy es que, de hecho, no es posible amar a Dios viviendo de espaldas a todos sus hijos e hijas que la sociedad excluye, discrimina e incluso desprecia. ¿No seremos víctimas de una gran mentira si creemos que podemos entendernos a solas con Dios en el templo, mientras nuestro corazón es un nido de odios, envidias y rencores?

Ahora bien, el amor no es sensiblero, es decir, no se queda en puros sentimientos ni en palabras vacías. A este respecto, nos dice en tono desafiante la carta de Santiago: “Si a un hermano o a una hermana les falta la ropa o el pan de cada día, y uno de vosotros les dice: que os vaya bien; que no sintáis frío ni hambre, pero no les dais lo que necesitan, ¿de qué os sirve?” (Sant. 2, 15-16). O como diríamos hoy en castellano puro y llano: “Obras son amores y no buenas razones”.

Vayamos por un momento a la oración del Padrenuestro que rezamos tantas veces y recapacitemos cuando decimos estas palabras: “Padre, hágase tu voluntad”. Amar a Dios es amar su voluntad. Amar su voluntad es amar lo que Él ama. Y Dios “ama todo cuanto existe. No desprecia nada de lo que ha hecho” (Sab. 11, 24-25).

Amar a Dios es cuidar con amor a nuestra Madre Tierra, nuestra Casa Común, la única que tenemos para vivir. Pero si no cuidamos esta Tierra nuestra que tan maternalmente nos envuelve, es impensable la supervivencia de la raza humana.

Si Dios es el “Amigo de la Vida”, como nos dice el libro bíblico de la Sabiduría, amarle a Él es cuidar la propia vida y la de sus hijos e hijas. Es interesarnos por nuestra salud y la de nuestros hermanos y hermanas. Entendemos la salud no simplemente como ausencia de enfermedad, sino como un vivir en armonía con nosotros mismos, con el Misterio que nos habita, con todos los seres vivos, con el Cosmos entero.

Amar a Dios es reconocer y respetar la dignidad y los derechos de todo ser humano, sobre todo de los seres más necesitados. Porque nada hay más opuesto al amor que nuestro desinterés e indiferencia ante millones de seres humanos empobrecidos y excluidos: inmigrantes sin patria a los que cerramos las puertas de nuestras fronteras y de nuestro corazón; familias sin techo, sin trabajo, sin tierra; hermanas y hermanos nuestros discriminados por el color de su piel, por sus creencias religiosas o por sus opciones políticas; mujeres violadas, maltratadas y asesinadas; niñas y niños víctimas del hambre y de la sed, de enfermedades curables, de abusos sexuales; ancianas y ancianos abandonados. Todo lo que hagamos o dejemos de hacer por todos estos seres, imágenes vivas del Dios Vivo, se lo hacemos o dejamos de hacérselo al mismo Dios (Mt. 25, 40-45).

Y ¿qué queremos decir cuando hablamos del amor a Dios “sobre todas las cosas”? No se trata de renunciar a amar todo lo que Dios ama ni de despreciar lo que Dios no puede de ninguna manera

despreciar, porque todo lo que existe es un reflejo de su amor. Con razón que Dante, al finalizar su Divina Comedia, vea a Dios como el “amor que mueve el sol y las estrellas”. Amar a Dios sobre todas las cosas es amarlo en todas las cosas, porque Dios está en todo y todo está en Él.

Este fue el asombroso descubrimiento de Francisco de Asís, que supo amar a Dios en el hermano sol y en la hermana luna, en las estrellas bellas, en el hermano fuego, en la preciosa y casta hermana agua.

Según una antigua leyenda, Francisco dijo un día a Dios entre lágrimas:

“Yo amo al sol y a las estrellas.
Amo a Clara y a sus hermanas.
Amo todas las cosas bellas.
Perdoname, Señor,
porque solo debería amarte a ti.
El Señor, sonriente, respondió:
Yo amo al sol y a las estrellas.
Amo a Clara y a sus hermanas.
Amo todas las cosas bellas.
Mi querido Francisco,
no tienes por qué llorar,
pues todo eso lo amo yo también.

Amar a Dios no es solo amar lo que Él ama, sino amar como Él ama. Y ¿cómo ama Dios? .

El Dios que nos ha revelado Jesús en el Evangelio ama gratuitamente, es decir su amor no es interesado; no se compra ni se vende como lo expresa bellamente el profeta Isaías:

“Venid por agua todos los sedientos;
venid aunque no tengáis dinero,
comprad trigo y comed gratuitamente,
comprad vino y leche sin tener que pagar” (Is. 55,1

Dios no nos ama por nuestros méritos, ni por nuestras buenas obras. No nos ama porque nosotros le amemos (1ª Jn. 4, 10). Es Él quien por propia iniciativa se nos adelanta en el amor. “Él nos amó primero” (1ª Jn 4, 19).

El amor del Dios de Jesús no tiene acepción de personas (Rom. 2, 11). Su amor es como el sol que alumbra a buenos y malos y como la lluvia que cae sobre justos e injustos (Mt. 5, 45). Y, pase lo que pase, el amor del Dios de Jesús es indefectiblemente fiel, pudiendo aplicarse todo ser humano estas palabras del profeta Isaías:

“Aunque las montañas cambien de lugar,
y se desmoronen los cerros,
no cambiará mi amor por ti…” (Is. 54, 10).

Ahora bien, el amor de Dios nos apremia y compromete a amarlo cada día en todo lo que Él ama, en sus hijos e hijas que Él ama y con el amor gratuito  que Él ama

VI Encuentro de Reflexión y Diálogo

Descargar (díptico-evento-2014.pdf, PDF, Desconocido)

Dos mundo diferentes y tan iguales

Por: Dina Martínez. Vita et Pax. Madrid

Me alegro de poderos compartir mi experiencia misionera vivida en uno de esos países que acertadamente llamamos “países empobrecidos”. He trabajado en Rwanda 34 años, más de la mitad de mi vida y esto provoca en mí un mestizaje africano-manchego que no me ha cambiado el color de la piel, aunque si ha modificado mi manera de entender la vida y de leer los acontecimientos y el momento histórico que vivimos. Como suelen decir los jóvenes, esto es lo mejor que me ha pasado hasta ahora.

La imagen que tenemos de los africanos, la mayoría de nosotros, es la que nos muestran los medios de comunicación:

  • Niños desnutridos y harapientos

  • Episodios de guerras interétnicas, donde se matan unos a otros sin piedad (Siria, Irak, Palestina, Sudán, RDC y tantas otras…).

  • Colas de gente recibiendo ayuda humanitaria que generalmente enviamos los países ricos para compensar los destrozos que han causado las guerras, las malas cosechas, las epidemias y las catástrofes naturales.

  • Epidemias incontrolables que matan a la gente porque no tienen medios económicos ni personal lo suficientemente formado para hacerles frente (SIDA, Colera y en nuestros días el Ébola).

  • Otra imagen poco atractiva que nos llega de África son las elecciones fraudulentas, los políticos corruptos que se resisten a dejar el poder, los grandes mafiosos y estafadores que viven con un pie en el Sur donde roban y otro en el Norte donde disfrutan sus beneficios.

  • La imagen de un continente alejado hasta hace unos años, pero que se nos acerca en pateras y que últimamente nos invade y nos protegemos con murallas, concertinas, policía y muchas veces con rechazo de la población…

Todo esto existe, pero hay otra parte de la sociedad mucho más numerosa y más atractiva de la que os quiero hablar desde mi experiencia.

El pueblo ruandés, me recuerda mucho a la gente sencilla de nuestros pueblos manchegos donde yo crecí hace ya bastantes años. Son personas amables, alegres, solidarias, luchadoras. Todos estos valores y otros muchos los desarrollan los pobres para conseguir el milagro diario de la supervivencia.

Llegué a Rwanda con 24 años, con un diploma de enfermera recién estrenado, sin experiencia de trabajo y poca de la vida. Mi origen sencillo tampoco me invitaba a pensar que tenía que transformar el mundo y así empecé a vivir y a trabajar con los ruandeses en un centro de salud que gestionaba un equipo del Instituto Secular Vita et Pax al que pertenezco. Pronto descubrí que las jóvenes enfermeras ruandesas sabían mucho más que yo en todos los campos: medicina tropical, arte de curar con pocos medios, idioma, costumbres y de una manera natural fui aprendiendo de ellas.

Otro factor importante que favoreció mi apertura a trabajar estrechamente con los ruandeses fue que varias de mis compañeras de Instituto, por una serie de circunstancias familiares y personales, tuvieron que venirse a España y esto me obligó a delegar responsabilidades entre los miembros del equipo de trabajo con el fin de poder seguir gestionando el centro de salud, que seguía creciendo, para dar respuesta a nuevas necesidades que la población iba expresando.

Todas estas circunstancias, que en su momento las viví como negativas, más tarde he descubierto que me ayudaron a integrarme más en el país y a colaborar más estrechamente con la población local. Los resultados han sido muy positivos para todos:

  • Se ha creado un centro de salud sólido, pues está construido sobre las verdaderas necesidades que ha ido expresando el pueblo.

  • Los ruandeses han jugado y juegan un papel importante en la organización y en la gestión del centro, porque son ellos los que conocen sus necesidades y los que saben cómo satisfacerlas.

  • Los que aportamos los recursos económicos hemos jugado también un papel importante en la gestión del dinero, no porque somos más inteligentes o más honrados que los africanos, sino porque somos más libres al no tener las presiones familiares y sociales que tienen ellos para desviar el dinero hacia otras necesidades urgentes.

  • Esta experiencia de estrecha colaboración, donde cada uno hemos aportado lo que somos y tenemos, nos ha permitido valorarnos mutuamente y salir todos enriquecidos. La dinámica paternalista nos disminuye siempre y nos deja insatisfechos.

Esta larga experiencia entre los africanos me permite analizar su mundo y el nuestro. En los dos mundos hay cosas buenas y malas y todos nos podemos ofrecer lo mejor que somos y tenemos para enriquecernos mutuamente. Sin lugar a dudas en nuestros países del Norte hay más medios materiales y económicos (a pesar de la crisis que tanto nos inquieta). Los habitantes de los países empobrecidos, para poder sobrevivir, han desarrollado más la fuerza interior que tenemos los seres humanos a la que llamamos VALORES:

    • valores humanos

    • valores psicológicos

    • valores espirituales

Si pudiéramos entender la Cooperación Internacional a gran escala en estos términos, seguramente ya no moriría nadie de hambre en nuestro mundo, pero la Cooperación Internacional va por otros caminos porque lo que es una realidad es que en la actualidad mueren de hambre todos los días 40.000 personas.

Sí, los Organismos Internacionales, que despertaron tanta esperanza hace algunas décadas, hoy tienen mucho que cambiar para resolver los problemas urgentes de la humanidad y para recuperar su credibilidad y su autoridad moral.

El jueves pasado, estuve en un acto organizado por INTERMON en el que nos hablaron del hambre en el momento actual. Todos los que tomaron la palabra eran gentes interesantes y competentes, pero entre ellos había un hombre mayor que nos impresionó a todos. Se trata de José Esquinas, ingeniero agrónomo, hijo y nieto de agricultores manchegos y que tiene una larga carrera en los OI, ha trabajado 30 años en la FAO. Nos decía entre otras muchas cosas: “Los europeos estamos pagando la crisis con parados, pero ellos, los habitantes de los países empobrecidos, la están pagando con muertos. Cada día mueren 40.000 personas como consecuencia del hambre y se gastan 4.000 millones de dólares en armamento. El hambre es un lujo que el mundo no se puede permitir y si no se actúa por generosidad que se haga, al menos, por egoísmo inteligente. La lucha contra el hambre es una necesidad hoy más que nunca y, aunque sea solamente porque la seguridad alimentaria va unida a la seguridad mundial y a la paz en el mundo, es imprescindible terminar con esta lacra de la humanidad. En el fondo, no es un problema de carencia de alimentos, sino de reparto. O acabamos entre todos con el hambre en el mundo o seremos la última generación de este planeta.”

Y posiblemente muchos de vosotros estaréis pensando que esto nos supera, que en realidad, ¿qué podemos hacer para que no mueran de hambre 40.000 personas todos los días y para que no se gasten 4.000 millones de dólares en armamento?. Si además ya ponemos nuestro granito de arena para ayudar a la gente que nos rodea, ¿qué más podemos hacer?

Los discípulos de Jesús seguramente pensaron lo mismo cuando dijeron a Jesús, con mucho sentido común, que despidiera a los 5.000 que le estaban escuchando, para que fueran a comer a las aldeas vecinas. Pero Jesús les sorprendió diciéndoles: dadles vosotros de comer.

Yo ahora sé, por experiencia, que el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, del que nos habla el Evangelio y que tanto nos cuesta entender y más todavía creer, es una realidad cotidiana que permite que la vida sea posible para muchos habitantes de los países empobrecidos.

Cuantas veces le he preguntado a Jesús, como lo hicieron los apóstoles, ¿qué haremos este año con tantos enfermos, con la gente que se muere de hambre, con los que sufren las consecuencias de la guerra, con los enfermos del SIDA…, si no sabemos si tendremos medios para hacer frente a tantos problemas? Y la respuesta se expresa en ese deseo que nace en nosotros de seguir ayudando. Los que estamos aquí ofreciendo nuestra pequeña contribución, los que están allí repartiendo lo que les llega con respeto, cariño y profesionalidad y Dios sigue haciendo el milagro.

También me parece importante tener un recuerdo por los misioneros y misioneras para que no solo den, que también sepan recibir y aprender de la gente sencilla con la que viven y que se vengan satisfechos y agradecidos de haber sido elegidos para vivir con los preferidos de Dios.

Y les digo a estos jóvenes que están escuchando con tanta atención, que si un día Dios los llama a compartir la vida con sus predilectos, que no duden en dar ese paso porque, si van con el corazón abierto, seguro que recibirán mucho más de lo que han dado.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies