“Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-“

2º Domingo de Adviento, Ciclo B

Por: Rosa Ma. González Elduayen. Vita et Pax. Tafalla

En este II domingo de Adviento nos llega el primer capítulo del Evangelio de Jesucristo, según S. Marcos, con dos personajes típicos de este tiempo litúrgico: el profeta Isaías y Juan el Bautista.

La persona de Juan atrae por su austeridad de vida: en el vestir, en el comer, en su sencillez, en el cumplimiento de su misión….., pero sobre todo en el anuncio del mensaje que proclamaba:”detrás de mí viene el que puede más que yo…”. Él se sabe enviado y para qué lo ha sido. Prepara el camino del Señor, bautiza y perdona.

Hoy Juan el Bautista sigue marcándonos el camino si queremos vivir en fidelidad al Evangelio, siendo como él anunciadores de la Buena Nueva desde la sencillez, la austeridad, la verdad.

En la primera lectura el profeta Isaías nos muestra el actuar de Dios para con su pueblo y el mandato recibido de él. “Dice vuestro Dios: Consolad, consolad a mi pueblo; hablad al corazón de Jerusalén…”

Dios conoce el sufrimiento del pueblo y no empieza a recriminarle que se haya alejado de Él, sino que lo hace consolándole, hablándole al corazón. Ya llegará el momento de aclarar nuestra conducta pero primero hay que sentirse acogida, escuchada, amada. A esto mismo estamos llamados/as hoy también, a saber escuchar y hablar desde el corazón. Desde esa acogida hacemos juicios mucho más humanos y  misericordiosos.

Tarea tenemos si queremos preparar este tiempo de Adviento con todos los imperativos que trae la lectura. Llamada a ser mensajeras/os del Señor, con una misión bien clara: trabajar para que “los valles se levanten y los montes y colinas se abajen”. Y como rezamos con el salmista: “Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre”(salmo 112). Y también nos unimos a María que con el mismo mensaje proclamó:“Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”(Magnificat).

Esto significa ir totalmente a contracorriente de todo lo que vivimos y escuchamos cada día. Se busca ser cada vez más poderosos aunque los demás no tengan para vivir dignamente; arrimarse a los que tienen influencia para escalar un puesto más alto en la sociedad.

Como conocemos nuestra fragilidad, pediremos al Dios de la vida que en este  tiempo especial preparemos el nacimiento de Jesús tratando de vivir el día a día dejándonos levantar y ayudando a otros a levantarse para alcanzar la dignidad de hijos e hijas de Dios.

 

 

Otra vez, llega el Adviento

Domingo 1º de Adviento. Ciclo B

Por: Rosa María Belda Moreno. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real

Otra vez, llega el Adviento. ¿Sabremos acogerlo con novedad? ¿Es un tiempo de espera ilusionante? Ojalá que sí. Ese Dios que es personal y es misterio se abaja hasta ti y hasta mí, se mete en la cocina, en la clase, en la oficina, en la sala del hospital. Ha apostado por el “hacerse de carne”, y se cuela en los entresijos de la historia humana, para abrazarnos con ternura e incondicionalidad, abarcándonos enteros, tal y como somos.

Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia(Is 63, 16b-17.19b; 64, 2b-7)

Así dice la lectura de Isaías. Es una preciosa expresión, que casi hace sonreír de gusto. Y sigue: “Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él”. Es para quedarse boquiabierto. Ansiamos a Dios. Y Dios, es “demasiado”. Desbordante de amor por su criatura, se vuelve a nosotros desmedidamente. Un Dios así, ¿quién puede siquiera imaginarlo? Es la clave de nuestra fe. Creer en un Dios que es persona, que se hace uno de tantos, que sufre y padece como el ser humano.  Tal vez, lo más particular de nuestro creer sea este Misterio de la Encarnación que se anuncia al empezar el Adviento.

Al ejemplo de nuestro Dios, derrochador de misericordia, ¿seremos nosotros capaces de bajar a aquellos lugares en los que habita la más profunda debilidad, de agacharnos para llevar allí la bondad y la paz?

Tal vez eso quiere decir Pablo cuando en la segunda lectura (1 Corintios 1, 3-9) nos invita a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo. No fue una vida fácil. Y ya que lo tenemos todo, y todo lo hemos recibido, llega el momento de darlo todo, sin mesura, sin límites.

“Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento” (Mc 13, 33-37)

La iniciativa de Dios es lo primero. Él nos convoca porque nos amó primero. Ahora, nosotros respondemos, allá donde estemos, haciendo verdad la fe en el Evangelio. En ese darnos sin límites podemos caer en algunas trampas. Jesús dice a sus discípulos: “Estad atentos”. También nos lo dice a nosotros hoy. Cuidado con que andemos despistados en la vorágine, perdidos en la actividad, enredados en todos los afanes de la vida, en dar las respuestas a todo, en llegar a todo y llegar bien. Cuidado que podemos perdernos lo más importante. Solo una vez en la vida pasamos por este momento, y a veces no lo preside el amor sino el éxito, el prestigio, u otros valores ambigüos. Estad atentos, podría decir hoy Jesús, que con forma de bien, el mal tiene muchas trampas.

Este Adviento es una buena oportunidad para detenerse en cada rincón de nuestra vida, en cada persona que pasa a nuestro lado, y dedicarle toda la atención, al modo del Dios desbordante y encarnado, que se abaja hasta cada ser. ¿Son así de profundos nuestros encuentros? Bajemos el ritmo, que Dios es más, siempre más. Si nuestro paso por el mundo ha de anunciarlo, que el encuentro con él y con los hermanos sea expresión, en este tiempo, de su misericordia infinita.

 

 

Viene el Señor

Por: D. Cornelio Urtasun

Cuando acaba un año litúrgico brota la necesidad de una mirada de conjunto del año que pasó y una mirada de previsión del que comienza. Para:

  • Dar gracias
  • Pedir perdón
  • Ordenar las cosas según Dios
  1. Dar gracias al Señor porque es bueno y siempre nos ayuda en lo humano y en lo divino.
  2. Pedir perdón porque nos sentimos culpables y confesamos ante El nuestros pecados. Y mirando el cuadro de las generosidades del Señor, brota la pregunta ¿yo, nosotros, cómo hemos correspondido a la bondad de nuestro Dios?. Digamos al Señor: “Ten misericordia de nosotros y danos la abundancia de tu Vida y de tu Paz.”
  3. Ordenar las cosas según Dios. Buscar y pedir su ayuda para que nuestro trabajo y afanes resulten siempre provechosos y contribuyan al cumplimiento de los designios de Dios. Pedir también un conocimiento perfecto de su voluntad. Orar siempre sin desanimarse: “No dejes de ayudarnos con tu gracia en los quehaceres temporales”

 A D V I E N T O 

Viene el Señor. Adviento: venida. ¿Venida de quién?:  de Jesucristo.    ¿Cómo es posible hablar de que viene Jesucristo cuando en tantas ocasiones se nos habla de las presencias de Jesucristo en las celebraciones, asambleas…?

Ese es precisamente uno de los grandes  misterios  en  la celebración del Misterio de Jesucristo: celebrar a Jesucristo anhelando su venida, cuando es El, precisamente, quien preside nuestras celebraciones.

San Anselmo aborda este tema; entre otras cosas, dice:

“Enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte”

“Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien”

“Deseando te buscaré, te desearé buscando, amándote te hallaré  y

           encontrándote te amaré ..”

EL JÚBILO DE LA ESPOSA ANTE LA VENIDA DEL  ESPOSO: es lo  que  conmueve  más  en  la celebración  del  Adviento: el  gozo del Espíritu Santo que inunda el corazón de la Iglesia ante la nueva venida del Esposo, como si  se tratara  de la primera o  celebrara su definitiva  venida.

Veamos el contraste: desde que  celebramos  Pentecostés, estuvimos viviendo a J.C  y recibimos sus enseñanzas, consignas, orientaciones…  dentro de un clima de santo entusiasmo y de identificarnos plenamente con Jesucristo, vivir de su Vida, ver por sus ojos, respirar por sus pulmones… y  en las últimas semanas, vibraremos y cantaremos con la gloria de Jesucristo Rey.

            El Señor vino, viene y vendrá.

CÓMO PREPARARNOS: Preparando los caminos, preparando los ambientes y ofrendando al Señor, como  decía  San Juan, “un  pueblo bien dispuesto”.

Toda la pedagogía de la Iglesia en el Adviento, va en esa dirección: crear una mentalidad en la venida actual del Señor, tan real como la del inicio, tan decisiva como la del fin de los tiempos; suscitar un santo entusiasmo ante la presencia del Señor que llega; crear una santa desazón en cada creyente a fin de que el  DON que recibe, lo transfunda y transmita a los demás.

Haciendo un esbozo de síntesis de los planteamientos que hace la Iglesia, podríamos puntualizar estas grandes actitudes como típicas del Adviento:

–   Creer, que  viene el Señor y que viene a salvarnos.

–   Esperar  en vigilante espera.

–  Amar  a la persona de Jesucristo que viene, porque nos amó hasta el  extremo   y nos sigue amando hasta el fin. Amarle porque es nuestra Vida y nuestra Paz.

–   Orar  mientras se vigila, y cantar la alabanza del Señor. Oración personal de alabanza, de bendición. Oración litúrgica, laudativa y sacrifical.

–  Preparar los caminos del Señor: Abajar, levantar, destruir, allanar, enderezar, suavizar. Dar testimonio de la verdad.

Ser un auténtico canto y poema para nuestro Dios, con nuestra vida santa, haciendo que Jesucristo se transparente en nuestra vida y en nuestro espíritu y que seamos eco de su voz y resplandor de su Luz

 

 

Lo decisivo es la compasión

34º Domingo T.O. Ciclo A. Jesucristo, rey del universo

Por: Mª Auxiliadora Fernández Fernández.Mujeres y Teología. Ciudad Real.

Siempre me ha gustado celebrar esta fiesta de Cristo Rey. Y siempre, en este día, me hago la misma pregunta: ¿De verdad es Cristo el Rey y Señor de mi vida? Y a veces me quedo casi sin respuesta, o con una respuesta tenue….. Porque nuestro Dios es un Rey sorprendente. Un Rey radicalmente diferente a otros reyes que puedo conocer o leer en los cuentos. Un Rey muy especial, que huye de tronos y servidumbres y pone el centro de su realeza en el servicio y la compasión con las personas que menos cuentan o que nada cuentan para otros “reinados”. Así es nuestro Dios: Permanentemente es el Dios de la sorpresa, de la novedad y le encanta revolucionar el orden establecido, o lo “políticamente correcto”.

Una cosa buena tiene nuestro Dios. Bueno, tiene muchas cosas buenísimas nuestro Rey. Pero en el Evangelio de este domingo, creo que “se pasa tres pueblos”: Va y nos dice las preguntas del examen final. ¿Será para que no nos agobiemos con el examen? Tal vez sea para que lo vayamos preparando y hasta saquemos muy buena nota.

También uno de nuestros grandes místicos -San Juan de la Cruz-, nos adelantó el contenido del examen final: “Al atardecer de la vida, nos examinarán del amor”, afirmó, comentando justo el texto que hoy nos regala la Liturgia. “NOS EXAMINARÁN DEL AMOR”. Porque quien se atreve a amar sin límites, como nuestro Rey, no tiene por menos que “padecer-con” = “con-padecer”.

Tenemos, pues, muy claras las preguntas del examen, pues vamos a empezar o a continuar  preparándolo ya que llevamos ventaja al conocer de antemano las preguntas, para no conformarnos sólo con un simple “aprobado”.

En este examen final, lo decisivo va a ser la COMPASIÓN: Es claro que no se nos va a preguntar por cuántas misas hemos oído –que no celebradas-; por cuántos rezos llevamos en el cuerpo –que no por los ratos de oración y encuentro profundo con el Señor-; por cuántas veces hemos dejando de comer carne en Cuaresma –que no por otras abstinencias más costosas-….. Lo decisivo va a ser la COMPASIÓN.

Me quiero imaginar mi encuentro definitivo con el Señor y poder decirle: “Tu cara me suena”: Te he visto en los fríos pasillos de la cárcel, cuando me contabas tus grandes errores y me pedías comprensión y acogida incondicional. Te he visto en las vidas rotas de tantas personas enfermas por la sin-razón de la droga. Te he reconocido en quienes  nos atrevemos a llamar “sin papeles” o “ilegales”. Te he visto por la tele desnutrido por la tragedia del hambre. Te he tocado en los jóvenes con un futuro incierto por el drama del desempleo, o por empleos altamente precarios…..

Y también te he reconocido en tantas y tantas personas que están sedientas y hambrientas de justicia; personas que tienen un corazón que desborda misericordia; que continúan –sin tregua- en la lucha incansable por hacer posible tu sueño de un mundo en fraternidad, y me  ayudan cada día a no ceder al desaliento, y seguir apostando por la Utopía de tu Reino….. Personas que me saben a Ti

Y hasta me imagino que tú me puedas decir: Anda, pasa, que has aprobado el examen, y disfruta para siempre de mi presencia.

¡Muchas gracias, Rey y Señor de mi vida, por chivarme las preguntas del examen!

La Vida Consagrada: Adviento de Dios

Retiro de Adviento 2014

Por: M. Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax. Ciudad Real. 

“Quería deciros una palabra, y la palabra era alegría. Siempre, donde están los consagrados, siempre hay alegría”, con estas palabras del Papa Francisco inicia la carta circular que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica ha dado a conocer con ocasión del Año de la Vida Consagrada y, de ahí, que la carta se titule “Alegraos”. El 2015 es el Año dedicado a la Vida Consagrada, que se abrirá el 30 de noviembre 2014 (I Domingo de Adviento) y se clausurará el 2 de Febrero 2016, para incluir esta fecha que es la Jornada de la Vida Consagrada.

Según se nos dice, esta carta es una invitación a la reflexión compartida, que permita una confrontación leal entre Evangelio y vida. Y la hemos tomado como base para nuestro retiro de Adviento. Las citas del papa en las que sólo aparece su nombre entre paréntesis son copias literales de esta carta circular, cuando la copia es de otro documento aclaramos la procedencia. Los párrafos precedidos por una flecha son una invitación a la reflexión, al compartir y al compromiso, que nos hace el propio Papa Francisco.

Este Adviento 2014 es tiempo de gracia, un tiempo de salvación, por eso, nos ponemos a la espera junto con toda la Iglesia y, en especial, la Vida Consagrada (VC). No una espera acomodada y rutinaria, sino una espera expectante, diferente, nueva, alegre… rebelde. Queremos dar un paso cualitativo hacia Dios. Ese Dios siempre el mismo y siempre nuevo. Ese Dios que, aún hoy, como esos viejos matrimonios que se miran con amor, nos hace arder el corazón.

Y nuestra manera de vivir el Adviento este año es nueva porque cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, nos brotan deseos nuevos, caminos inéditos, otras formas de expresión, compromisos diferentes… más ganas de vivir.

  1. Situación de la Vida Consagra hoy

No exageramos al comenzar diciendo que la VC hoy, está metida en una crisis sin precedentes. La falta de vocaciones, las numerosas salidas de miembros que abandonan sus Institutos, el inevitable envejecimiento de los y las que siguen dentro, el inmovilismo, muchas veces, de costumbres y hábitos de vida, de formas de pensar y esquemas de actuación no renovados… obliga a plantearse la pregunta por el futuro. ¿Se trata de una crisis coyuntural que, dentro de algunos años, se habrá superado? ¿o se trata de que la VC va perdiendo progresivamente su razón de ser en la Iglesia y en la sociedad, de tal manera que, dentro de algún tiempo, llegará a desaparecer o a quedar reducida a grupos insignificantes?

Por otra parte, no hay que tener miedo a hacerse estas preguntas porque, ante una situación como la que se está viviendo en la VC, lo primero que hemos de tener presente es que la VC no pertenece a la estructura esencial de la Iglesia. La VC, en sus primeros orígenes, nació en la segunda mitad del siglo III. Esto quiere decir, obviamente, que la Iglesia vivió sin VC durante más de dos siglos. Y es claro que la Iglesia de los tres primeros siglos era tan verdadera como la de los siglos siguientes. El Concilio Vaticano II dijo que la VC “aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de una manera indiscutible a su vida y a su santidad” (LG 44,4). Pero esto no significa que la VC tenga que existir siempre. Porque la vida y la santidad de la Iglesia se pueden concretar y manifestar de otras formas, como de hecho ya ocurrió en esos tres primeros siglos.

Hay que tener en cuenta, además, que la crisis que estamos viviendo no es la crisis de alguno o de algunos Institutos de VC. De una forma o de otra, nos afecta a todos. Por tanto, el problema no se resuelve solamente volviendo al “carisma fundacional” de cada uno. Porque, dada la generalización de la crisis, lo que está en cuestión no es la razón de ser de tal o cual Instituto, sino el sentido mismo de esta forma de vida en la Iglesia y en la sociedad, tal como es vivida en la actualidad.

Todo esto genera incertidumbre, preocupación, pesimismo… Cuando no se sabe o no se ve con claridad cómo hay que vivir en una época es fácil la desorientación, el desconcierto y el pesimismo. Si no vemos con claridad cómo hemos de vivir el carisma de la VC en este momento eclesial y social es fácil caer en el apagamiento espiritual, la rutina, la falta de entusiasmo… Por eso, este tiempo de Adviento nos puede ayudar para aclararnos en cosas fundamentales:

 ¿Qué es lo importante en estos momentos?

  • ¿Preservar el pasado? El objetivo de las VC no es preservar el pasado. Es importante recordar las raíces y alimentar los valores del pasado para mantener vivo el carisma, pero nadie entra en la VC para mantener lo pasado. El mundo y la Iglesia necesitan un carisma para hoy que inquiete, estimule y comunique Evangelio, Buena Noticia de Dios a las mujeres y hombres de nuestro tiempo, el siglo XXI.
  • ¿Sobrevivir? El objetivo de la VC no es tampoco sobrevivir. Nadie está en la VC para ayudarla a sobrevivir. Corremos, sin embargo, el riesgo, más o menos consciente, de hacer hoy de la supervivencia el objetivo secreto o la orientación subliminal de fondo. Una cosa es clara, hemos de actuar movidas no por el instinto de conservación, sino por el Espíritu del Resucitado, alma de la Iglesia. Nuestros talentos se están reduciendo. Pues bien, aunque nos quedemos con un solo talento, no es para enterrarlo y conservarlo seguro, es para hacerlo fructificar.
  • ¿Hacer algo? El objetivo no es tampoco hacer algo, lo que sea, por hacer. Nadie tiene hoy la receta. Nadie conoce el futuro. Sólo sabemos que se está gestando ahora, en el presente. Esta generación está decidiendo, en buena parte, el futuro de la VC en la Iglesia. Es importante reflexionar, proyectar, impulsar nuevas formas y caminos, pero todo ello ha de nacer de un espíritu nuevo.
  • ¿Número o calidad de vida? Sin duda, el número tiene su importancia y puede ser un índice de vigor, pero puede ser también resultado de otros muchos factores socio-culturales. Para que en el interior de la Iglesia y la sociedad arda el carisma de la VC lo importante no es ser muchos o pocos. Lo decisivo es la calidad de vida evangélica que puedan irradiar.
  • ¿Eficiencia o testimonio? Pensamos también que lo importante sería contar con personas jóvenes y valiosas, bien preparadas para las diferentes tareas. Esto es importante, sin duda, pero lo decisivo es contar con testigos, es decir, con personas y grupos en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora, transformadora, sanadora que se encierra en el Evangelio cuando es acogido de manera responsable.
  • ¿Acedía o pasión? Encerradas en lamentos y quejas se puede caer en lo que los santos padres llamaban acedía, descuido, negligencia… una mezcla de indiferencia, desaliento y apatía. Se instala en nuestro interior, junto con el desánimo, el tedio y el disgusto, esa banda sonora repetitiva del “esas son cosas de cuando era joven…”; “ya estoy demasiado mayor para…”. Sin embargo, estamos en el momento oportuno para la pasión. La pasión por Dios es un lento aprendizaje del amor cristiano, que es un amor bien extraño. Una amor que no rivaliza con ningún otro amor humano pero que es, a la vez, exclusivo y no excluyente. Es una pasión lúcida pero no interesada porque nos enseña a amar también a los que no nos aman.
  1. La Vida Consagrada: Adviento de Dios 

Y, a pesar de todo lo anterior, o mejor, junto a todo lo anterior afirmamos, sin ninguna duda, que la Vida Consagrada es el Adviento de Dios. Caminamos con María, nuestra compañera de camino. Como ella, la VC sigue esperando. Somos gentes de espera. En momentos podemos pensar que todo está acabado, que las promesas no se cumplirán pero la fe nos hace levantar la vista y mirar al futuro, al mañana de Dios, aunque no sepamos cómo será. Y lo hacemos con esperanza e ilusión porque estamos convencidas de que “vuestra vocación es fascinante, porque es una vocación justo ahí, donde se juega la salvación no sólo de las personas, sino también de las instituciones. Y de tantas instituciones laicas necesarias en el mundo. ¡Por eso, yo creo que sí, que con la Provida Mater Ecclesia la Iglesia hizo un gesto realmente revolucionario!” (Francisco, II.SS. italianos). 

La VC no somos sólo gente que espera sino que somos el “Adviento de Dios”: “Vosotros podéis devolver esperanza a los jóvenes, ayudar a los ancianos, abrir caminos hacia el futuro, difundir el amor en cada lugar y en cada situación. Si esto no sucede, si en vuestra vida ordinaria falta el testimonio y la profecía, entonces, os repito nuevamente, es urgente una conversión” (Francisco. II. SS. italianos). 

Somos el Adviento de Dios porque somos testigos en el mundo de:

  1. Superar el riesgo de la mediocridad. En todas las épocas, y también en la nuestra, corremos el riesgo de sostener una mediocridad espiritual generalizada que no se debe a la infidelidad de éste o de aquella sino, sobre todo, a un clima que creamos por nuestra forma empobrecida de entender y vivir la experiencia cristiana. De ahí la necesidad de volver al punto de partida. El punto de partida que desencadenó todo fue el encuentro sorprendente y transformador de un grupo de mujeres y hombres con Jesús, el Cristo, el “Ungido por el Espíritu” de Dios (Lc 4,18). Este es también nuestro punto de partida como Instituto y personalmente, nos lo recuerda así el papa Francisco: “Al llamaros Dios os dice: ‘¡Tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo!’. Jesús a cada uno de nosotros nos dice esto. ¡De ahí nace la alegría! La alegría del momento en el que Jesús me ha mirado… Sentirse amado por Dios, sentir que para Él no somos números, sino personas; y sentir que es Él quien nos llama” (Francisco). Y nos hace esta invitación: “Invito a cada cristiano … a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (Francisco). Renovar nuestro encuentro para seguir siendo lo que somos: “Pobres entre los pobres pero con el corazón ardiente. Nunca quietos, siempre en camino. Juntos y enviados, también cuando estáis solos, porque la consagración hace de vosotros un destello vivo de Iglesia. Siempre en camino con esa virtud que es una virtud peregrina: la alegría” (Francisco. II.SS. italianos).

 

  → “Mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo y pregúntate: ¿hay un        corazón que desea cosas grandes o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha   conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que          terminan por atrofiarlo?” (P. Francisco)…

 La VC contribuye de manera muy significativa a desarrollar una vida fraterna más acogedora y cercana, donde se sepa escuchar y acompañar. Sabemos forjar fraternidades con una vida de familia, “Una fraternidad sin alegría es una fraternidad que se apaga… Una fraternidad cuyo signo distintivo es una ternura eucarística porque la ternura nos hace bien…” (Francisco). Formar grupos sencillos, donde se pueda experimentar la amistad cristiana y se pueda compartir la vida real, donde se hable menos y se escuche más. “Es la Palabra de Dios la que suscita la fe, la nutre, la regenera. Es la Palabra de Dios la que toca los corazones, los convierte a Dios y a su lógica, que es muy distinta a la nuestra; es la Palabra de Dios la que renueva continuamente nuestras comunidades”. Cuidar la amistad entre vosotras, la vida de familia, el amor entre vosotras. Que el monasterio no sea un Purgatorio, que sea una familia. Los problemas están, estarán pero, como se hace en una familia, con amor, buscar la solución con amor; no destruir esto para resolver aquello; no competir…” (Francisco).

   → “No hablar mal de los otros. ‘Pero padre, hay problemas…’ … No se lo digas a quien no          puede ayudar. Esto es importante: ¡Fraternidad! Pero dime, ¿hablarías mal de tu mamá,       de tu papá, de tus hermanos? Jamás. ¿Y por qué lo haces en la vida consagrada…?            (Francisco).

 

  1. La VC y, en especial, los Institutos Seculares, contribuimos a impulsar a la propia Iglesia a un desplazamiento hacia la vida, hacia el mundo. “Estáis en el mundo pero no sois del mundo, llevando dentro de vosotros lo esencial del mensaje cristiano: el amor del Padre que salva. Estáis en el corazón del mundo con el corazón de Dios… Sois como antenas listas para acoger las semillas de novedad suscitadas por el Espíritu Santo y podéis ayudar a la comunidad eclesial a hacer suya esta mirada de bien y encontrar nuevos y valientes caminos para llegar a todos.” (Francisco. II. SS. italianos). La Iglesia no debe quedarse encerrada en sus actividades y problemas, sino que ha de mirar hacia fuera, más atenta a lo que se vive, se piensa, se goza y se sufre entre la gente. Los miembros de II. SS. estamos en contacto más directo y cercano con las gentes… podemos traer esa vida hacia el interior de la Iglesia y la Iglesia hacia el interior de esa vida.

   → He aquí el movimiento al que os compromete vuestra vocación: pasar junto a cada     hombre y haceros prójimo de cada persona que encontráis; porque vuestro permanecer     en el mundo no es simplemente una condición sociológica, sino una realidad teologal que        os llama a un ser conscientes, atentos, que sabe avistar, ver y tocar la carne del hermano”    (Francisco. II.SS. Italianos).

 Somos testigos de un Dios amigo y salvador. La VC se siente llamada a comunicar con su anuncio, su vida y su hacer la Buena Noticia de Dios. La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!” (Francisco). La VC por su manera de ser, de actuar, por su compromiso a favor de los débiles e indefensos, introduce algo bueno de Dios en la vida de la gente. La VC es testigo de la misericordia y la ternura de Dios hacia todo ser humano. Testigos de ese Dios Padre y Madre. Un Dios Amigo y Amante.

→   “La tristeza y el miedo deben dejar paso a la alegría: ‘Festejad… gozad… alegraos’, dice el       Profeta Isaías (66,10)… Todo cristiano, sobre todo nosotros, estamos llamados a ser      portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: la consolación de         Dios, su ternura… Pero sólo podremos ser portadores si nosotros experimentamos antes la    alegría de ser consolados por Él, de ser amados por Él…” (Francisco).

  1. La VC enviada a los pobres. El Espíritu está en Jesús enviándolo a los pobres. Lo urge para establecer en el mundo el Reinado de Dios y su justicia, para expulsar el mal que oprime, para aliviar el dolor que deshumaniza (Lc 4,18). El Espíritu nos envía también hoy a los pobres e indefensos como los primeros destinatarios de nuestro servicio. Son las víctimas, los agredidos, los excluidos, los maltratados por la vida y por los violentos. “Estamos llamados a salir para dirigirnos hacia las periferias geográficas, urbanas y existenciales -las del misterio del pecado, del dolor, de las injusticias, de la miseria-, hacia los lugares escondidos del alma donde la persona experimenta la alegría y el sufrimiento de la vida (Francisco). Porque “nuestra fe no es una fe-laboratorio, sino una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un compendio de verdades abstractas… No hay que llevarse la frontera a casa, sino vivir en frontera y ser audaces” (Francisco).

  → “Despojarse de toda acción que no es por Dios, de toda acción que no es de Dios; del   miedo de abrir las puertas y de salir al encuentro de todos, especialmente de los más            pobres, necesitados, lejanos, sin esperar… despojarse de la tranquilidad aparente que dan      las estructuras…” (Francisco).

 La VC como alternativa al sistema establecido. Hay situaciones en la vida en las que no caben soluciones de tipo reformista. Se trata de las situaciones en las que se ve claramente que solamente son eficaces las soluciones de tipo alternativo. Una alternativa fue lo que Jesús de Nazarteh presentó en la situación concreta de su pueblo y de su religión, en aquel momento determinado. Ahora nos toca a la VC presentar nuestra vida como alternativa en el siglo XXI, porque “vivimos en una cultura del desencuentro… una cultura en la que lo que no me sirve lo tiro…, hoy, hallar a un vagabundo muerto de frío no es noticia, sin embargo ‘la pobreza es una categoría teologal porque el Hijo de Dios se abajó… una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo…” (Francisco). De ahí la llamada que el Papa nos hace:No perdáis nunca el ímpetu de caminar por los caminos del mundo, la conciencia de que caminar, andar aunque sea con paso incierto o tropezando, es siempre mejor que permanecer inmóviles, encerrados en las preguntas que se hace uno mismo o en las propias seguridades” (Francisco. II.SS. italianos).

 

  → “¡Despertar al mundo! ¡Sean testimonio de un modo distinto de hacer, de actuar, de    vivir! Es posible vivir de un modo distinto en este mundo…” (Francisco).

Arriesgarnos sin temor, por amor

33º Domingo del T.O. Ciclo A

Por: Teresa Miñana. Vita et Pax. Valencia

“La mujer que teme al Señor merece  alabanza”. Así nos indica  el libro de Proverbios y también nos describe muchas de las cualidades de la mujer hacendosa: dice que es trabajadora, generosa, fiel, habilidosa…

También el Salmo expresa que Dios bendice a la persona que teme al Señor.

Pero vamos a dar un salto al Nuevo Testamento y a apropiarnos de las palabras de San Juan cuando afirma que en el amor no hay temor (1 Jn. 4,18).

El evangelio de este domingo nos hace una llamada a salir de nosotros mismos y a arriesgarnos a trabajar por el Reino. Arriesgar sin temor, arriesgar por amor, porque el Señor nos acompaña en nuestra misión.

Pero el riesgo que debemos correr debe ser sensato y por lo tanto debe tener unas cualidades:

  • Primero: Conocer y reconocer los valores y potencialidades que hemos recibido de Dios y que son un regalo y que por lo tanto tenemos que compartir con una actitud de agradecimiento.
  • Segundo: Entregar estos valores en su justa medida, con alegría para poder producir los frutos que Dios espera de nosotros.
  • Tercero: Estar atentos para no desear o imaginar que podemos producir frutos que no poseemos porque nos crearíamos un conflicto personal, además de un sinsabor comunitario.

Y este riesgo sensato y generoso tiene que estar apoyado en la prudencia personal, pero fundamentado en el Señor  que es nuestra fortaleza. Seguramente que en ocasiones nos producirá algunos problemas pero que superaremos, precisamente porque hemos puesto nuestra confianza en Aquel que nos conforta y nos da ánimo para seguir construyendo el Reino de vida, justicia, paz y amor.

También  el texto de hoy nos predispone a hacer un ejercicio de evaluación y nos impulsa a reflexionar cómo estamos utilizando los talentos recibidos, cómo los administramos porque verdaderamente el dueño es el Padre Dios que es el Amor.

Pero en el mundo que hoy vivimos ofrece muchas dificultades que debemos vencer para ser fieles al compromiso evangélico.  La corrupción sin medida, la avaricia, la falta de compasión, el egoísmo impenitente pueden ser un obstáculo para conmovernos ante las necesidades de los de cerca y de los de lejos. Las noticias que nos llegan a través de los informativos pueden llegar a hacernos impasibles y quedarnos solamente en la crítica. Todas estas realidades exigen que hagamos un esfuerzo añadido para vivir la fe comunitariamente, para acoger la Palabra con frecuencia, orarla y compartirla y desde la luz de evangelio sacudir nuestras conciencias, para volver a lo esencial del evangelio, a nuestras raíces. En resumen: Convertirnos, purificarnos y volver a Jesús. Centrar nuestras vidas en Jesús y aprender de El, que pasó haciendo el bien.

Recordemos la aclamación previa al evangelio que propone la liturgia: Jn. 15.4:

“… el que permanece en Mí da fruto abundante”

 

 

 

El grupo Vida y Paz de Alboraya inicia el curso

Por: Cecilia Pérez. Valencia

Después de un largo verano se notó la alegría por volvernos a ver y a estas alturas , recién iniciado el curso, hemos tenido ya dos encuentros. El primero fue a finales de septiembre y con Mari Carmen Martín tuvimos el Retiro que va siendo ya costumbre y muy buena: el tema el “Mi Buen Jesús yo quiero hacer Algo por ti” .

Nos reunimos quince personas y la tarde fue entrañable. Se notaba en el ambiente creado que eran muchas las ganas de volvernos a encontrar para continuar esta andadura emprendida hace más de dos años. Nuestra alegría estuvo potenciada por la unión al grupo de otra nueva Amparo. Se nota que estamos en la tierra de la Mare dels Desamparats.

A finales de octubre, último miércoles de mes, tuvimos la segunda reunión; el tema con el que la iniciamos fue nuestra Fórmula de Oblación y Consagración que nos parecía era bonito compartir  completa, ampliando el pequeño texto que sirvió de base a la tarde de Retiro, y que dio lugar a un intercambio  de algunas de nuestras llamadas vocacionales.

El Espíritu fue invocado como cada vez hacemos; es el compañero y guía, y la Palabra que centró e iluminó la reunión, siendo prólogo  de la lectura de la Fórmula, el capítulo 5 del evangelio de Mateo que nos narra Las Bienaventuranzas.

Como siempre el ambiente fraterno y en confianza; los comentarios sinceros y profundos. El Señor  va perfilándonos como grupo, nos motiva e impulsa a una vida cristiana más sincera y coherente.

La propuesta a hacer una vez al mes la entrañable “preparación del Día del Señor”  fue aceptada y en principio parte del grupo se reunirá el jueves central de cada mes.

Otra tarde estupenda que finalizó con una merienda rápida que caldeó un poco más la habitación del encuentro pues tenemos buenas reposteras que endulzan cada final.

 

 

Jesús y las mujeres

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Burgos

Burgos

El día 22 de Octubre, invitada por el Foro Iglesia Viva de Burgos, M. Carmen Martín, miembro de Vita et Pax, participó en dicho foro con la charla “Jesús y las mujeres”. El Foro Iglesia Viva nace en el año 2011 como espacio de encuentro, de reflexión y de compartir. De encuentro entre bautizados que sintonizan con el espíritu de lo diseñado en el Concilio Vaticano II a propósito de la Iglesia: iglesia en el mundo, al servicio del Reino, más laical y corresponsable, verdaderamente misionera, de los pobres… La intencionalidad de fondo de este Foro es claramente propositiva. Quiere ser instrumento del Espíritu para ayudar a descubrir los signos de los tiempos. Él sigue abriendo paso a toda labor evangelizadora.

Con estas inquietudes es por lo que les interesa y mucho, descubrir y profundizar en el propio Jesús de Nazareth sus dichos y hechos, y más en concreto sus dichos y hechos con las mujeres. No es necesario justificar la importancia de la recuperación de las historias de las mujeres en todos los campos. Hace años que la Teología feminista siente la necesidad de encontrar raíces e identidad, de conocer sus propios antecedentes y su historia. En estas historias se conservan las huellas de mujeres que siguieron a Jesús y testimoniaron con sus vidas el Reino.

A través de su ministerio, Jesús va generando una esperanza, una visión y una experiencia de relaciones liberadoras que las mujeres y los hombres saborean como espacio de plenitud, libre de dominación patriarcal. Las mujeres interactúan con Jesús en el respeto, el apoyo y el consuelo mutuos. Ellas dan amistad, apoyan económicamente y aconsejan a Jesús, parten el pan con él y evangelizan en su nombre. Otras reciben el regalo de su curación. Una mujer, cuyo nombre ha sido olvidado por la tradición patriarcal, ungió proféticamente su cabeza en un acto que preanunciaba su muerte. Entre las mujeres y los hombres que respondieron y se unieron a su círculo fueron floreciendo nuevas posibilidades de relación, inspiradas más en el modelo de servicio mutuo de amistad que en el de dominio-subordinación. Y formaron una comunidad de discipulado entre iguales, Jesús no hace distinción entre varones y mujeres. Jamás propone una moral o un código de conducta específico para las mujeres. Todos son llamados a la conversión…

Todo esto era demasiado para quienes se hallaban metidos hasta el cuello en el status quo político y religioso. Amenazado de muerte, conspiraron para desembarazarse de él. La muerte de Jesús incluyó todo lo que tiene la muerte de terrorífico: tortura patrocinada por el estado, angustia física, injusticia brutal, odio de sus enemigos, burlas de sus vencedores, colapso de la obra de su vida, traición de algunos de sus amigos más íntimos, experiencia de abandono por parte de Dios…

Para la comunidad cristiana la historia no termina aquí. La fe en la resurrección es testigo de que el don de la vida se manifiesta de un modo nuevo e inimaginable. La victoria del amor, tanto humano como divino, capaz de sacar nueva vida de este desastre, es expresada en la fe en Cristo resucitado.

Salón

Salón

Conviene observar que, en el momento de la crisis final, María Magdalena, María la madre de Santiago y José, Salomé y “otrasmuchas mujeres” discípulas (Mc 15,41) aparecen decisivamente en la historia, y de hecho forman el eslabón de continuidad entre ministerio, muerte, entierro y resurrección de Jesús. De cerca o de lejos, velan ante la cruz, permaneciendo solidarias con esta víctima vilipendiada, todo un ejemplo de la capacidad de relación que han tenido las mujeres a lo largo de la historia. Su presencia es un sacramento de la propia fidelidad de Dios a Jesús agonizante; su fiel amistad, un testimonio de la esperanza de que no está totalmente abandonado.

Al no ocultarse como otros de su propio círculo, ellas conocen el camino que conduce a la tumba. Entristecidas, pero estando dispuestas a hacer lo que haya que hacer, son las primeras en encontrarse con Cristo resucitado, en reconocerlo, en encargarse de la misión de llevar la buena nueva a quienes están escondidos. Esto es lo que nos dice el Evangelio que hacen: “Fueron María Magdalena, Juana, María la madre de Santiago y las demás mujeres que estaban con ellas las que contaron estas cosas a los discípulos” (Lc 24,10), persistiendo a pesar del ridículo y la increencia: “pero estas palabras les parecían desatinos y no les crecían” (v.11).

Las mujeres forman parte del círculo de discípulos en la habitación superior, cuando el Espíritu dinamiza a la comunidad con el viento y el fuego de Pentecostés. Todos parten como comisionados y colaboradores creativos del evangelio por todo el imperio: apóstoles, profetas, predicadores, misioneros, sanadores, líderes de iglesias domésticas… prolongando a lo largo de la historia la misión sanadora y liberadora de Jesús con el poder del Espíritu.

Las mujeres bíblicas son para nosotras compañeras de camino, referencia y símbolo de nuestra vocación profética. Ellas nos señalan las sendas que debemos transitar para desarrollarla. Sus historias están repletas de vida, una vida que nunca acontece espectacularmente; sus comienzos son discretos, casi imperceptibles, pero es como la savia que recorre el árbol fecundándolo silenciosamente.

Una casa para Dios

32º  Domingo del  T.O. Ciclo A

Por: M.Carmen Martín Gavillero.Vita et Pax. Ciudad Real

La liturgia de este domingo celebra la Dedicación de la Basílica de Letrán y, sin quitarle importancia a esta fiesta, no queremos olvidar la basílica que somos cada persona, ese espacio sagrado en el que habita Dios. Con buena intención la mayoría de las veces los seres humanos hemos tenido la pretensión de construirle a Dios una casa y encerrarlo allí.

También los cristianos, a quienes se nos ha dejado bien claro que no hay otro templo para el Dios de Abraham y de Jesús que el ámbito más sagrado de un corazón sincero, hemos querido encerrar a Dios en un templo, tenerlo allí a buen recaudo e ir a visitarlo en algunos momentos puntuales de nuestra vida. Es una pretensión bastante inútil, porque el Señor tiene el gran templo de la creación entera para habitar a sus anchas, y el no menos grande del corazón humano, donde se mudó hace rato.

Y es que el Dios bíblico, el Dios de Jesús se hace cercano y familiar. Es el Dios “de casa”, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. Ese es el apelativo con el que se le nombra desde el Horeb. Es el amigo de Abraham y de Sara, nómadas que buscan en él su verdadera casa, y por eso viven en tiendas. Es el Dios apegado a una familia que va re-creando sus tradiciones y orientando sus inquietudes, es un Dios que los visita, los atiende y les procura bendiciones.

También es el Dios de la zarza, que baja de las alturas inaccesibles del Sinaí porque ha escuchado el clamor de los esclavos y ha visto sus sufrimientos; el que se hace cargo de su liberación y quiere mover el corazón de un hombre para que los saque de la tierra de la opresión.

Es el Dios que se deja atraer por lo más débil. Se crea un pequeño pueblo de pobres y se vincula con ellos en un pacto recíproco de protección. El Dios que les hace nacer a una mutua pertenencia: vosotros seréis mi pueblo, yo seré vuestro Dios. Es el Dios que se acerca a proteger al huérfano desvalido, que se ocupa de la viuda y del extranjero…

Y después de muchos años, Dios se hace infinitamente más cercano, se hace uno de nosotros en la persona de Jesús y nos enseña que el corazón humano es la tienda donde quiere habitar y sentirse como en su casa. El Dios del Reino se vino a vivir a nuestra casa. No es un extraño, es uno de los nuestros, con quien se puede establecer una relación de amistad, que nos invita a entrar en su intimidad y nos ofrece un estilo de vida y una tarea apasionante.

Desde el principio hasta el final de su vida, la presencia de Jesús en nuestro mundo cambia radicalmente la manera de ver dónde y cómo habita la divinidad. Sus padres tienen que refugiarse en un establo, porque no había para ellos lugar en la posada cuando vino a este mundo. Los primeros meses de su existencia los pasó en una casa ajena, la de Isabel, adonde su madre María le llevó en un viaje apresurado. Fue acogido en la casa de José, no sin vacilaciones.

Cuando crece, es un hombre de paso que recorre los caminos de Palestina sin bastón ni sandalias, pero que sabe hacer de la hospitalidad y la mesa compartida y abundante un lugar de encuentro con pecadores, de acogida y de perdón incondicional. Hombre desinstalado y sin lugar donde reclinar la cabeza, hace de sus discípulos y amigos su propia familia, y lo confesó abiertamente. La exigencia de dejar casas, familias y posesiones está presente en todos los momentos en los que  decide buscar compañeros y compañeras para su misión. Y demuestra, con creces, que el Reinado de Dios quiere una actitud de itinerancia y disponibilidad.

Y, además, este hombre tan libre y sin hogar sabe crear los lazos de una familia más fuerte que la de la sangre. Se empeña en hacernos ver que la red de amistad y comunión es el secreto del arraigo. Que volver a casa no significa volver a lo de antes, sino más bien empezar de nuevo a construir las relaciones. Unas relaciones de fraternidad y sororidad para toda la humanidad. Esa es su casa.

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