Tiempo de Pasión

Por: D. Cornelio Urtasun

Con este tiempo comienza una nueva etapa de la Cuaresma. Hasta aquí todos los esfuerzos de la Iglesia han ido encaminados a limpiar y purificar nuestras almas, de todo cuanto pudiera impedir nuestra marcha hacía Dios, nuestra identificación con Jesucristo.

Ahora parece dejar a un lado todas estas cosas y levantándose majestuosa sobre todas nuestras imperfecciones y mezquindades, va a poner ante nuestros ojos una grandiosa realidad, la más sublime de todas, una realidad que cada uno de nosotros tiene que imitar y ¡vivirla! Realidad que no puede ser otra que Jesucristo y Este, crucificado. La Pasión y muerte, la cruz del Señor va a ocupar en este tiempo santo de Pasión el centro de toda la liturgia, del eje alrededor del cual debe girar toda nuestra vida. Por eso la Iglesia cubría todas las imágenes con negro velo, como exhortándonos a pensar solo en Jesucristo crucificado. Los misterios que van a tener lugar estos días son demasiado grandes y sublimes para que nos distraigamos con cosas de menor importancia.

Desde hoy debe ocuparnos totalmente la Pasión y muerte del Redentor. Una sola idea es la que campea en el misal y en el breviario, el sentimiento del Justo ante la inicua persecución que ve levantarse contra El; no obstante de reconocer que es inocente, el odio de los adversarios llega hasta hacerle imposible todo auxilio retornándose en cambio sin cesar hacia su Padre a quien manifiesta su inocencia y le pide no le abandone en el día de su prueba. Aparece el Profeta Jeremías, prototipo de Cristo paciente.

Tanto quiere la Iglesia que nos penetremos del espíritu que caracteriza a este tiempo, que comienza el ciclo de Pasión celebrando sus oficios en el Vaticano es decir, en la colina donde tiempo atrás había Nerón alzado la cruz del primer Vicario de Cristo, sobre la cual se construyó después un oratorio en honor de la Santa Cruz, que fue llamada Santa Jerusalén. De aquel oratorio pasaron a la liturgia estos versos: Sálvanos o Cristo Redentor por la virtud de tu cruz. Tú que salvaste a Pedro en el mar, compadécete de nosotros.

Las palabras del Señor en este tiempo no pueden ser sino estas: quien quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Esta es la consigna que nos da la Iglesia para este tiempo de Pasión. Apreciar, comprender y amar la cruz. Comprender la cruz… pues a veces puede uno soñar con grandes cosas, con grandes cruces, olvidándose de la realidad de la vida, olvidándose de la más segura y pesada cruz, la cruz de nuestras diarias ocupaciones, la cruz de las cosas pequeñas. De la cruz brota la salud del género humano. El árbol del paraíso trajo la muerte, el árbol de la cruz la vida. En el árbol del Paraíso venció Satanás al hombre, en el de la cruz el demonio fue vencido por Cristo Nuestro Señor.

Oración del Viernes Santo

Por: Carmen Álvarez Ricart. Vita et Pax. Valencia

¡Oh Jesús! danos luz y sensibilidad

para reconocerte en tantos crucificados hoy;

en tantas y tantos injustamente tratados,

empobrecidos, hambrientos…

No nos dejes quedar indiferentes

ante tanto dolor, mientras giramos sobre nosotros mismos,

sin tenerte en cuenta, “Cristo total”. Tú te identificas

con los sedientos, los enfermos, los encarcelados…

Que nos sea imposible no unir tu suerte a la de quienes

son emigrantes, refugiados, desplazados, perseguidos,

maltratados, privados de derechos humanos…

hasta del derecho a vivir; quienes no tienen trabajo…

Quienes viven en soledad, sin sentirse queridos,

valorados, tenidos en cuenta, comprendidos.

Señor: si separamos tu Pasión del dolor del mundo,

no te hemos entendido. ¡Ábrenos los ojos y el corazón!

Concédenos vivir en la fe, la experiencia de tu Muerte, Primogénito de entre los

muertos, Jesús muerto y sepultado. Danos el gozo de las Bienaventuranzas para que

tu Reino sea realidad , y ya que has sido levantado sobre la tierra, atrae a todos a ti y

asócianos al triunfo de tu Resurrección.

¿Se puede tener fe el viernes santo?

VIERNES SANTO. La Pasión del Señor

Por: José Antonio Ruiz Cañamares SJ. Madrid

¿Se puede tener fe el viernes santo? –se preguntaba Rahner- Y la pregunta tiene pleno sentido. Ante el Crucificado cómo tener fe en alguien tan fracasado, tan vulnerable, tan abandonado de los suyos, tan “poca cosa”. “Algo habrá hecho”, debieron pensar algunos. Porque parece que la fe-confianza debemos ponerla en el poder, el éxito, la belleza, lo grandioso, etc. Y, por si todavía teníamos algo de duda en darle nuestra fe al Crucificado, la tradición bíblica afirmaba que era “maldito el que cuelga de un madero” (Dt 21,23).

Sobran razones para no tener fe el viernes santo. Así al menos lo piensan muchos. Sin embargo, el teólogo que plantea la pregunta punzante barruntando una respuesta negativa, responde diciendo: “SÍ, por la gracia de Dios”. Claro que se puede mantener la fe en viernes santo, pero con la ayuda de Dios que nos haga ver con la mirada de fe más allá de lo que perciben nuestros sentidos ante la cruz del Señor Jesús y el sufrimiento de cualquier hombre o mujer.

Cualquier religión si quiere ser mínimamente seria tiene que intentar darle un sentido al dolor del inocente, al sufrimiento no buscado, a la muerte. Al contemplar la Pasión del Señor Jesús no encontramos un tratado teórico sobre el sufrimiento y la muerte. Lo que vemos, oímos y palpamos es al mismo Hijo de Dios, plenamente hombre, sufrir sin ser causa de ello, y afrontar una muerte prematura en unas condiciones tremendamente dolorosas e injustas. La mirada siente tentaciones de volverse hacia otro lado más agradable cuando contemplamos al Jesús de la Pasión o cuando contemplamos las pasiones humanas, propias y ajenas. Pero no podemos caer en esta tentación de desviar la mirada, porque en la pasión y muerte de Jesús encontramos salvación. Sí, no me he equivocado, salvación.

Salvación porque vemos que en Jesús nuestro Dios entiende de dolor. De dolor físico, de dolor humano (el fracaso), de dolor afectivo (todos lo abandonan) y de dolor creyente (el amado Padre guarda silencio y parece que está ausente). A un Dios que no hubiese experimentado algo tan propio de la condición humana como es el sufrimiento y la muerte, por muy bueno que fuese, yo no le doy mi fe-confianza. Sólo al Dios de Jesús que entiende plenamente de estas realidades, a éste, y sólo a éste, lo considero yo digno de fe. Pero no cabe duda que para seguir creyendo en el viernes santo, se necesita la gracia de Dios, como bien apuntaba Rahner.

La resurrección es el telón de fondo de la pasión. Esto sin duda. Pero necesitamos dialogar mucho con el Crucificado, sobre todo, cuando nos visita lo que no entendemos, lo que nos rompe por dentro, lo que nos quita la esperanza y el sentido. Obtenemos salvación cogiendo un taburete y poniéndonos al pie del Crucificado y dialogar con Él. O simplemente guardar silencio, con la plena convicción de estar siendo escuchados y comprendidos.

“En el calvario, a los pies del Señor, se halla todo consuelo y alivio”, repetía Rosa Mª Molas. Y allí, en donde muchos otros ni pueden sospechar, encontramos la fuerza para seguir caminando en la vida, la esperanza que se había perdido, el horizonte nuevo que se había escondido. De tal manera, que lo que podría ser causa de perdición para nosotros se puede convertir, por la gracia, en causa de salvación, en ocasión de encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios. Pero esto ya es el misterio pascual que celebraremos el domingo.

El techo del agradecimiento

JUEVES SANTO, La cena del Señor

Por: José Antonio Ruiz Cañamares SJ. Madrid.

Muchas cosas de calado celebramos hoy: institución de la Eucaristía y del sacerdocio y día del amor fraterno. Todo en un solo acontecimiento: la Cena del Señor. Nuestro peligro es sabérnoslo ya. Y la realidad de la Cena, como tantas otras de hondura humana y espiritual, nunca acabamos de descubrirlas del todo. Acerquémonos por tanto al misterio de la Cena con “pies descalzos” y con ingenuidad renovada, como si fuera la primera vez.

Muchas aproximaciones se pueden hacer al misterio de la Cena, pero si nos fijamos en las lecturas encontramos dos invitaciones por parte del Señor Jesús. La primera nos la transmite San Pablo: “haced esto en memoria mía” (1Cor 11, 24.25), invitación a celebrar su Cena, la acción de gracias, la Eucaristía. Y la segunda es del Evangelio (Jn 13,15): “también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.

Todos sabemos que tanto la Eucaristía como el lavatorio de los pies son la misma realidad teológica aunque contemplada por distinto lado. Yo me atrevo a afirmar que necesitamos primero de la celebración de la Eucaristía para poder vivir en actitud de toalla en la cintura y palangana en mano. Intentaré explicarme.

En la vida de cada uno de nosotros hay cosas que nos desgastan y otras que nos nutren y alimentan. Pararse a discernir lo uno de lo otro es de capital importancia. Por poner solo un ejemplo. Una buena conversación con una amiga nos puede alimentar mucho porque llegamos a experimentar lo que significa escucha, hondura humana y espiritual, proyecto de vida con coherencia, etc. Sin embargo, un encuentro con otra persona en donde se critica a terceros nos desgasta porque saca de nosotros lo peor.

Si algo es Alimento para los creyentes es celebrar la Eucaristía. Nos alimentamos de la Palabra y del Cuerpo del Señor, y eso en comunidad. Aun con el riesgo de homilías que desgasten un poco, la Palabra es la Palabra y el pan es el Cuerpo. Cuando esto se hace con asiduidad (ir a misa entre semana no es “pecado”) vamos notando la transformación que se va dando en nosotros. Sólo desde el agradecimiento de que el Señor es nuestro alimento diario se puede llevar a cabo vivir la vida “lavando los pies a los demás”. Sin la experiencia de que el Señor se pone a nuestro servicio en cada Eucaristía no podemos tener servicio duradero a los demás. La toalla se acaba aflojando y la palangana la acabamos dejando en alguna esquina.

Claro que hay no creyentes que nos aventajan en vivir la vida como servicio. Menos mal que así es. Y claro que el riesgo de atontamiento ante las necesidades humanas se puede dar en personas de “comunión diaria”. De aquí la necesidad constante del discernimiento. La grandeza de la fe en el Dios de Jesús es que es un Dios que primero se pone a nuestro servicio, y gratuitamente sin esperar nada a cambio. No nos movemos debajo de “un techo moral” sino debajo de “el techo del agradecimiento”, dice un compañero de mi comunidad. A esto es a lo que me refería al afirmar que primero necesitamos celebrar la Eucaristía para después poder agarrar la toalla.

Ojalá que la celebración de la Cena del Señor en este Jueves Santo nos haga “sentir y gustar” más de qué va cada Eucaristía, para que podamos “en todo amar y servir”.

“Me sedujiste Yavé…”

Me sedujiste Yavé, yo me dejé seducir, eres más fuerte que yo y me venciste” (Jr. 20, 7)

Por: Carmen García. Vita et Pax. Pamplona

Mi vocación no tiene nada de espectacular, el Señor no tuvo necesidad de “derribarme” del caballo como a San Pablo”. Mi vocación surge desde el ambiente de una familia cristiana. He vivido rodeada de familiares religiosos y religiosas, ellos fueron como un “icono” para mí.

Otro ambiente que propició mi vocación, fue el Colegio de religiosas. De ellas recibí, además de cultura, valores humanos y religiosos.

La Parroquia con sus buenísimos sacerdotes, me fueron llevando a compromisos desde los diferentes grupos de la Acción Católica. Luego vinieron los Coloquios con sus atrayentes propuestas y oportunidades de ir creciendo en la fe y en el compromiso. Todo ellos fue la base desde donde surgió mi vocación.

A través de uno de los sacerdotes de mi Parroquia, conocí al Instituto Secular Vita et Pax in Christo Jesu, fundado por el sacerdote diocesano Cornelio Urtasun Irisarri.

En aquel momento, no conocía lo que eran los Institutos Seculares. Me informé, conocí a Vita et Pax, ví y creí. Tuve la certeza de que había encontrado lo que andaba buscando. Vita et Pax sería el cauce para mi consagración Secular.

Han pasado 52 años y puedo decir con el Salmista: “ Mil años en tu presencia, son como un ayer que pasó”…(Sal. 89)

Mi trayectoria dentro del Instituto ha sido muy rica y variada. He realizado diferentes tareas y misiones en distintos lugares de España y del mundo. Destaco los 25 años vividos en Japón.

Terminé la formación inicial y marché al País del Sol Naciente, junto con otras compañeras. Era el año 1965. Colaboramos con los Jesuitas, con el P. Pedro Arrupe, S. J. y el P. José María Maruri, S.J. Nuestro trabajo consistía en dar a conocer la Misión de los Jesuitas en Japón.

La Iglesia de Japón, las congregaciones y todo el pueblo japonés, estaban sufriendo las consecuencias de la Bomba Atómica. Japón necesitaba de todo: bienes espirituales y materiales. Todos tratamos de ayudarles a reconstruir, no sólo, los daños materiales, también y, con mayor urgencia, los daños morales.

Otra misión realizada en Japón fue la atención a emigrantes de América Latina descendientes de los japoneses que emigraron a: Brasil, Perú, Bolivia, etc. Tratamos de proporcionarles los medios para una mejor adaptación e inculturación a la tierra de sus antepasados. Hubo diferentes actividades: reuniones mensuales para compartir sus alegrías y dificultades, clases de japonés para adultos y niños, clases de costumbres del país, cocina japonesa, Ikebana (arreglos florales. Eucaristías celebradas en castellano, así como, la celebración de los demás Sacramentos. Encuentros lúdicos, etc. Destaco la importancia de ponerles, a los recién llegados, en contacto con personas de sus propios países para que se pudieran comunicar entre ellos.

Termino expresando mi acción de gracias a Dios por haber podido vivir en Japón. Por el hecho de ser de Navarra, sentía una gran admiración hacia San Francisco Javier. Después de mi estancia en Japón, la admiración se ha convertido en pasión. ¿Cómo pudo Javier llevar la semilla del Evangelio en aquellas circunstancias? Y me respondo: “uno es el que siembra y Otro el que hace germinar la semilla”.

Termino con una frase que nos dijo el P. Manuel Amorós, S.J. al llegar a Japón: “no venimos a Japón a traerles a Dios. Dios ya está con ellos. Venimos a ayudarles a descubrirlo”.

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Domingo de Ramos, Ciclo B

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia

Decir Domingo de Ramos es entrar en la Semana más Santa, en el Misterio del Amor, de la entrega y del dolor, en el Misterio de la Gloria.

Para morir hay que nacer, es verdad, pero es que aquel Jesús de la Encarnación, aquel pequeño de María y José, es el que va a morir para enseñarnos que para Nacer hay que morir.

Parece un contrasentido pero es la verdad. Y de contrasentidos, sin sentido, está la vida llena y en este  pórtico de la Semana Grande, por Santa, entrando en la Jerusalén en la que el Señor quiso juntar a sus hijos como la gallina salvaguardar a sus polluelos bajo sus alas, se oyen gritos de alabanza que en pocos días serán gritos de ira y de odio.

¿Naturaleza humana? Sí, naturaleza humana y realeza de Cristo que muestra su dignidad de Rey con los atributos de la paz y la humildad. Este es el Mesías, justo, manso, paciente.

¡Qué alegría, Señor!

Cantan las hijas e hijos de Jerusalén, los niños alborotan, y ramos, palmas y vestiduras alfombran el paso de un Rey sobre un pollino… ¡Hosanna!

Me gusta hacer silencio sobre el ¡Hosanna! del Domingo de Ramos, silencio reverente. Y verme allí entre el polvo y las apreturas, participando del bullicio de la fiesta, del canto enardecido al paso del Señor.

¿Le entendían aquellos que le acompañaban? ¿Entiendo yo a este Señor que es mi Señor?

Y siguiendo con mi imaginación ¿dónde más me puedo ver? ¿Durmiéndome por el cansancio incapaz de ser compañía y amiga? ¿Tras una puerta en el pretorio? ¿Alrededor de un fuego porque tirito de frío y de vergüenza? ¿Atenazada por el miedo?

Qué hermosos, por otro lado, la Cena familiar, el extraño lavatorio de mis pies, la mirada y  las manos de Jesús ofreciéndose como comida, como pan y vino que nos hace fraternos.

Qué cúmulo de traiciones, de sin sentidos, de dolor… como lo explica Isaías con el Canto del Siervo de Yahvhe  que es la primera lectura de la Eucaristía (Is. 50,4-7), completada con esa confesión de fe de Pablo que nos presenta el Misterio de principio a fin con una plasticidad que invita a la oración y a la contemplación (Flp.2,6-11).

Pórtico de la Semana, que nos hace vivir como en un concierto todos los momentos de una sinfonía: Jesús aclamado  ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Jesús Amigo entregado  Este es mi cuerpo, esta es mi sangre.

Jesús traicionado  No le conozco.

Jesús escarnecido y humillado  No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

Jesús solo y abandonado  Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

Aquí hay un impas de espera, hemos de vivir el misterio de la entrega, del sufrimiento, del amor más grande, ése que da la vida por los amigos.

Aquí es donde parece que hemos llegado a un punto final.

Pero no, llegaremos a la Pascua tras este camino cuaresmal que hoy concluye.

Llegaremos a la Pascua tras este recorrido que comienza con el alzar de palmas y ramos, con mantos extendidos al paso de un pollino que porta al único Señor.

Quedamos esperando “la noche más gloriosa” pero hoy es Domingo de Ramos ¡¡¡Hosanna!!!

El sabor de la vida

El sabor de la vida. La dimensión corporal de la experiencia espiritualEl sabor de la vida

Giovanni Cucci

Narcea

Este libro presenta algunos signos característicos de la experiencia humana que también pueden ser reconocidos en la base de la experiencia religiosa: los afectos, las relaciones, el deseo, la narración, la imaginación, el símbolo…

La vía bíblica por excelencia para el encuentro con Dios es la Encarnación; por eso, el reconocimiento de esos signos, que expresan la condición esencialmente corporal de la experiencia religiosa, resulta necesario en la vida de la persona cristiana, sobre todo, en momentos importantes de su vida.

Giovanni Cucci, jesuita, es licenciado en Filosofía por la Universidad Católica de Milán. Después de estudiar Teología se licenció en Psicología e hizo el doctorado en Filosofía en la Pontifica Universidad Gregoriana de Roma, donde actualmente enseña. Es autor de varios libros.

Un retiro muy especial

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad

En el corazón de la Cuaresma y de las fiestas falleras, el Centro de Pintor López (Valencia) realizó su habitual retiro de preparación para la Pascua. Estas fechas ya, de por sí, le proporcionan sonidos, olores, colores… especiales.

Acogida

Acogida

Reencuentro

Reencuentro

Nos reunimos diecisiete personas: las componentes del Centro que son once, más otra compañera de otro Centro que se unió, una amiga también quiso participar y tres personas que, en otro tiempo, fueron compañeras de Vita et Pax y, en un momento de su vida, sintieron que esa no era su llamada de Dios y emprendieron la búsqueda de otros caminos. Esta variedad de participantes también contribuyó a que fuera especial.

El tema de reflexión tampoco fue el habitual para este tiempo: “… os lo repito, estad alegres”: Flp 4,4. Año tras año, con incuestionable regularidad, llega la Cuaresma y con ella trae asociadas toda una serie de palabras en la mentalidad creyente: conversión, desierto, tentación, oración, ayuno, limosna… Y este año, también, alegría. Los seres humanos estamos creados para la alegría… todos, todas y siempre. La alegría de vivir, del vivir con sentido, la alegría de la propia dignidad, la alegría de encontrar el lugar en el mundo… Este puede ser nuestro camino cuaresmal 2015: ser cristianos, hombres y mujeres, alegres.

El Papa Francisco no se cansa de invitarnos a la alegría, a quitar de nuestro rostro, de una vez por todas, la “cara de vinagre” (EG85). Ya mucho antes San Pablo nos invitaba e insistía en lo mismo: “Estad siempre alegres en el Señor…” (Flp 4,4). Pero cómo podemos estar alegres con la que está cayendo. Cómo estar alegres con la situación de dolor que vive nuestro mundo, con la crisis que estamos padeciendo, con el número de personas paradas que hay en nuestro país, con las vallas que separan y matan, con el hambre reflejado en la mirada de los niños…

Tanto San Pablo como el Papa conocen la situación de su época y, a pesar de ella, o, tal vez, junto a ella, nos siguen llamando a la “alegría”. Una alegría que no es euforia fácil, ni risa floja, ni ilusión superficial des-implicada, ni un estado provisional o efímero de bienestar… Es más bien, un encontrar sentido, causas y un horizonte hacia el que avanzar. Es saber lidiar con la vida en su complejidad. Es la alegría del riesgo, de la mano tendida y del abrazo tierno, aun en medio del sufrimiento… Esta alegría es contagiosa, se contagia, hace ir adelante… Un crucificado resucitado es la causa de nuestra alegría.

Eucaristía

Eucaristía

Después de una larga reflexión y oración personal tuvimos un rico compartir y como colofón la celebración de la Eucaristía. Pero no terminamos ahí, aún faltaba una sorpresa, los típicos buñuelos y chocolate de estas fiestas. Así, con el corazón y el cuerpo caldeados nos dispersamos en dirección a nuestras vidas cotidianas.

Buñuelera mayor

Buñuelera mayor

buñuelos

buñuelos

Reunión de Directoras

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad

Del 6 al 8 de marzo tuvo lugar nuestra habitual reunión de Directoras de Centros en Madrid. Participamos once Directoras y los cinco miembros del Consejo. Las Directoras ausentes también enviaron puntualmente el trabajo realizado. Después de la acogida por parte de Victoria tuvimos un rato largo de oración que nos ayudó a centrarnos y a situarnos en la tarea pendiente.

Reunión general

Reunión general

Revisamos nuestra vida institucional, esta vez, le tocó el turno a los Objetivos de curso. Se nos recuerda que los Objetivos son propuestos por la Asamblea General y, como tales, asumidos por la Asamblea y todo el Instituto. Mirados desde diferentes ángulos siempre harán referencia a nuestro seguimiento de Jesús y a nuestra participación en el proyecto del Reino. Ayudan a consolidar nuestra pertenencia y vinculación al Instituto, nos hacen adherirnos al proyecto común de vida institucional. Por eso, es necesario preguntarnos si nos hacen crecer y madurar en nuestra vida de fe y seguimiento, cómo los animamos, qué sentido tienen para nosotras, cómo los potenciamos, si son carga o ayuda…

El sábado, después de la Eucaristía que compartimos con otro grupo de Pastoral Penitenciaria, lo centramos en el estudio y reflexión del documento: “Cuando estoy débil, entonces soy fuerte” (2Cor 12,10), elaborado por M. Carmen Martín. Este trabajo está enmarcado dentro del año dedicado a la Vida Consagrada. Este año lo podemos vivir como una oportunidad, un auténtico kairòs, un tiempo de Dios lleno de gracia que nos empuje y aliente o como un año más que dejamos pasar.

Vivimos a nivel institucional momentos de fragilidad, de debilidad, originados por diversas causas. Pero de nosotras depende decir como San Pablo: “Cuando estoy débil, entonces soy fuerte” (2Cor 12,10) y vivir en consecuencia. La experiencia de vivir tanta fragilidad es la ocasión para desnudar el corazón, para ponderarlo, para ponernos confiadamente en las manos de Dios. Es muy importante que la vida, a estas alturas, no nos sorprenda construyendo sobre arena.

A la vivencia sana de la debilidad va dirigido también este año:“Que este Año de la Vida Consagrada sea también una ocasión para confesar con humildad, y a la vez con gran confianza en el Dios Amor (cf. 1Jn 4,8), la propia fragilidad y para vivirla como una experiencia del amor misericordioso del Señor; una ocasión para proclamar al mundo con entusiasmo y dar testimonio con gozo de la santidad y vitalidad que hay en la mayor parte de los que han sido llamados a seguir a Cristo en la vida consagrada (P. Francisco).

En esta reunión de Directoras quisimos reflexionar sobre esta llamada que se nos hace hoy y responder lo mejor posible. Nos servimos de la carta apostólica que el Papa dirigió a todos los consagrados y consagradas con motivo de este acontecimiento. En ella expresa los tres objetivos marcados para este año: 1. Mirar el pasado con gratitud 2. Vivir el presente con pasión 3. Abrazar el futuro con esperanza.

Pero no todo fue trabajo, también hubo momentos de encuentros gratuitos para la fraternidad-sororidad, momentos lúdicos de “chupito”, momentos de intercambio y risas… Con el corazón caldeado por el encuentro, partimos cada una para nuestra tarea cotidiana.

Sororidad

Sororidad

Chupito

chupito

Jesucristo, Vida y Paz

Por: Carmen Álvarez. Vita et Pax. Valencia.

Vida

Vida

Quiero vivir la Vida que me ofreces,
quiero vivir la Vida que me das.
Quiero seguir la senda de tus pasos,
te quiero a ti, Luz, Camino y Verdad.

Vida de Dios, de Dios tu Padre y nuestro;
Vida que se desborda, se irradia sin cesar.
Vida que cada día en tu Pan y en tu Cáliz,
sella el pacto de Amor para la eternidad.

Sólo la Paz que en tu corazón brota,
es la que a mí me da serenidad.
La que con Sangre en la Cruz obtuviste;
la que nos diste y que el mundo no da.

Quiero construir Paz, siempre por donde pase;

Paz

Paz

es un don que te pido y no me negarás.
Recibida de ti, yo no puedo guardarla,
yo necesito darla a los demás.

¡Oh Jesucristo! sólo Tú eres la Vida.
Verbo de Dios, sólo Tú eres la Paz.
Quiero vivir de ti, vivir tu Vida.
Quiero, viviendo en ti, sembrar tu Paz.

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