Buena Noticia para el mundo

Santísima Trinidad. Ciclo B

Por: M.Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax. Ciudad Real

“No diré nada que no sepa por experiencia” es una frase de Teresa de Jesús, que he tenido muy presente al hacer este comentario que, dicho sea de paso, siempre me incomoda cuando me toca en  esta fiesta. Hablar hoy de nuestra fe en un Dios trinitario pareciera un trabajo de paleontóloga, un acercamiento a esos peculiares fósiles vivientes que todavía caminamos sobre la tierra: especies raras, en vías de extinción. Incluso los términos, “Dios trinitario”, mezclados con otros de más actualidad como iPad, selfie, whatsapp… parecen de épocas remotas.

No es fácil, lo reconozco, pero más allá de cómo expliquemos el Misterio de la Trinidad, lo que sí podemos afirmar, desde la experiencia, es que el Dios en quien creemos y que late en el interior de ese Misterio es Comunión. Esta experiencia conecta directamente con la de los cristianos y cristianas del siglo I, de la que nos da cuenta San Pablo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean siempre con vosotros” (2Cor 13,13). Y esto es una Buena Noticia para el mundo. Un mundo en donde crece la incomunicación, la soledad, el aislamiento, el anonimato, la vulnerabilidad, la frialdad, el pragmatismo en las relaciones…

La fe cristiana en un Dios trinitario proviene de una experiencia religiosa anterior a la explicación de cómo un solo Dios puede ser Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los cristianos no creemos en tres dioses, sino en uno solo, en una comunión de amor desbordante y gratuito que envuelve el mundo de compasión. Creemos que el Dios Vivo que se ha dado a conocer a través de Jesús y del Espíritu es Amor incondicional que abraza el universo entero y que actúa para salvar. En el fondo, es como decir “Dios es amor” (1 Jn 4,16).

Así nos lo mostró Jesús al predicar el Reino de Dios. El Reino de Dios establece un nuevo tipo de comunidad donde quedan incluidos “los más pequeños” de los hermanos y hermanas, donde la mujer samaritana, el recaudador de impuestos y el leproso se encuentran en su casa. En esta comunidad, el egoísmo es vedado a la luz del estilo desinteresado de Dios; hombre y mujer son compañeros de camino en pie de igualdad, al igual que lo son los judíos y los griegos. El objetivo lo constituyen la justicia, la paz y el bienestar de todas las criaturas…

Como creyentes no podemos desvincular lo que creemos de lo que hacemos, si creemos en un Dios Comunión, hacemos comunión. Nos acercamos a este mundo como la comunidad trinitaria de Dios se acercó a nosotras y nosotros en Jesús. Una comunidad firme para combatir a todas las fuerzas que destruyen la vida de las personas y las esperanzas de los pecadores, una comunidad que rechaza la relaciones jerárquicas de la sociedad e Iglesia patriarcal, una comunidad expuesta al diálogo con otras tradiciones religiosas y otros pueblos y culturas, una comunidad que vive y anuncia la utopía del Reino de Dios aquí y ahora…

La fiesta de hoy nos invita al compromiso y también a la mística, a hacer la experiencia de Dios trinidad: no un Dios concebido como un monarca aislado, o como una tríada de personas encerradas en sí, ni un Dios que observa desde la distancia de forma imparcial y descomprometido, ni un Dios que necesita ser convencido para que cuide de sus criaturas…: un Dios así no existe. Ese es un falso Dios, una fantasía ajena a la experiencia cristiana de la salvación. Creemos que “Dios es Amor”, relacionado con el mundo en un triple modo de comunión. Asimilar esta verdad nos permite hacer acopio de nuevas energías para imaginar el mundo de una manera más bondadosa.

Allí donde se regala una caricia, se cuida la luz de la cocina, se da un vaso de agua fresca, se ofrece un libro a una niña deseosa de aprender… allí la comunidad humana y la tierra reflejan, en fragmentos, el rostro del Dios trinitario. Sostenidas por “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo”, nos comprometemos con un futuro desbordante de Vida y de Paz que incluya a todos los pueblos, culturas, naciones… a todas las criaturas de la tierra.

Encuentro grupo Vida y Paz de Ciudad Real

Por: M. Carmen Martín. Ciudad Real

El día 21 de mayo, como todos los terceros jueves de cada mes, el grupo Vida y Paz de Ciudad Real se reunió en su sede de la calle Esperanza. Invocamos al Espíritu en el inicio de nuestra reunión, esta vez, con la Secuencia de Pentecostés por la cercanía de esta fiesta.

Todas querían saber cosas de nuestro encuentro de Valencia, las preguntas y las interrupciones eran incesantes. Y compartimos con el corazón caldeado todo lo que habíamos vivido en ese encuentro y cómo las habíamos recordado. También compartimos otros acontecimientos importantes: la boda de una hija, el nacimiento de una nieta… la vida se nos hace presente de mil maneras.

Y pasamos a nuestro tema de reflexión que sigue siendo María, nuestra compañera de camino. En este caso fue con el relato bíblico de las Bodas de Caná (Jn 2,1-12). En este evangelio todas las personas que asistían a la boda tenían algo que hacer, al igual que María, pero ella ve el conjunto. Tiene la facultad de abarcar toda la escena y se da cuenta de qué es lo que sucede y qué es lo que falta y le pone palabras: “No tienen vino”.

En el fondo, el hecho de que en un banquete falte vino no es tan importante. La gente podría haberse marchado tan satisfecha. La falta que nota María, por tanto, no es esencial, no es cuestión de vida o muerte: es falta de bien-estar por dentro, es ese no sé qué de alegría, de entusiasmo, de pasión… que hace que todo esté en su punto y que nos sintamos satisfechas.

Además, el evangelista repite tres veces el adjetivo “bueno”. Jesús quiere buen vino y lo quiere tanto para nuestra vida, como para nuestras familias, el conjunto de la Iglesia y de nuestra sociedad. Todo esto nos llevó a un rico compartir desde nuestra vida cotidiana y a preguntarnos qué nos puede estar faltando para que aparezca nuestro mejor vino. Y cómo desde el grupo Vida y Paz cuidamos nuestra vida interior.

Terminamos con tarta de cumpleaños y despidiendo a dos que salen para un largo viaje al otro lado del mar. Las demás se verán en la Eucaristía de final de curso el día 18 de junio.

Encuentro del 21 de mayo

Encuentro del 21 de mayo

Primer Encuentro de los Grupos Vida y Paz

Por: Equipo de Difusión del Carisma.

Acogida

Acogida

El día 17 de mayo, en la casa de Pintor López (Valencia) tuvo lugar el Primer Encuentro de los grupos Vida y Paz. Un encuentro histórico, precisamente, por ser el primero y por el deseo de todos los participantes de que se sigan repitiendo. Fue un encuentro sencillo, entrañable, fraterno y muy participativo. La acogida fue cálida, cordial; las compañeras de la casa se desvivieron para que todo estuviese a punto y nos sintiéramos bien.

Como todos nuestros encuentros iniciamos invocando al Espíritu Santo, esta vez, con agradecimiento. Con una sola voz le decíamos: Gracias por el modo en que nos has llamado y convocado a este Primer Encuentro de los Grupos Vida y Paz, gracias porque Tú nos has traído hasta “Pintor López” y nos tienes en la palma de tu mano.

Después leímos unas letras de bienvenida que nos había enviado Victoria Cañas, nuestra Directora General, e hicimos presentes a todas las ausentes, especialmente, al grupo de Barcelona y Guatemala. Y, cómo no, hicimos memoria del “inventor” de todo esto porque como en una primavera de la vida, los grupos Vida y Paz florecen. Y son fruto del Espíritu Santo y de la impronta del fundador de Vita et Pax, el Padre Cornelio Urtasun, que había soñado con estos grupos durante toda su vida. “Estar abiertos a grupos de casados, jóvenes, sacerdotes y a todos aquellos que quieran vivir de nuestra espiritualidad” fue una intuición, un deseo que siempre estuvo en su mente y en su corazón.

Presentaciones

Presentaciones

En el tema de reflexión

En el tema de reflexión

A continuación, con gran participación, nos fuimos presentando y compartiendo la experiencia tan rica que supone para nuestra vida la pertenencia a estos grupos Vida y Paz. Algunas personas llevan ya cinco años, otras menos, pero todas coinciden que el “nutrirse” espiritualmente les fortalece para la misión de cada una y cada uno allí donde están.

Compartiendo experiencias

Compartiendo experiencias

Y pasamos después a trabajar un tema de reflexión muy propio de nuestra espiritualidad: “Nuestro amigo Jesucristo”. Ser amigas, amigos de Dios es la posibilidad más asombrosa que podemos tener. En la Sagrada Escritura, el mismo Dios se presenta como amigo de la humanidad: un pacto de amistad sella con Abraham, con Moisés, con los profetas… Al enviar a Cristo se mostró como amigo de los hombres y mujeres. Por los Evangelios sabemos que Jesús dio a esta amistad de Dios un rostro de carne viniendo a ser amigo de los seres humanos.

En nuestra espiritualidad, orar es vivir en amistad. Y abarca todo lo que somos y hacemos en su infinidad de formas y matices, nada de nuestra vida queda fuera de la relación con Dios, nada queda a la intemperie, ni le es ajeno. La Amistad con Jesús nos cala la vida entera y nos hace renacer y rehacer.

Entrar en relación con el Amigo es ir creando una relación personal, en el encuentro, en la vida que se va compartiendo, en el silencio o en las palabras… porque la amistad pide correspondencia de vida, adhesión íntima, pide hacer juntos la vida. “Quien tenga fe no puede menos que lanzarse en picado hacia Él a trenzar la más fiera de las amistades. La ley del “dime con quién andas y te diré quién eres” es, entre otras, la razón que nos avasalla para buscar la amistad que Jesucristo nos brinda” (P. Cornelio).

Comida

Comida

Paella

Paella

Después de toda la mañana de trabajo nos esperaba una comida suculenta. Una paella que nos reconfortó y una sobremesa larga para poder seguir conociéndonos más.

Preparando la Eucaristía

Preparando la Eucaristía

La Eucaristía, presidida por José Vidal, fue el broche final a una jornada inolvidable. La fiesta litúrgica del día nos mandaba a la misión y el Primer Encuentro de los Grupos Vida y Paz también: Que tu Espíritu nos haga capaces de afrontar los desafíos del mundo de hoy, con corazones compasivos y arriesgados, siempre fieles al don recibido en nuestro Carisma.

Eucaristía

Eucaristía

¿Qué hemos hecho con el sueño de Dios?

Solemnidad de Pentecostés, Ciclo B

Por: Concepción Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

Hch 2, 1-11 

Estaban todos juntos en el mismo lugar…Aparecieron lenguas como de fuego

Es difícil vivir la fe en solitario. La fe quiere vivirse desde el grupo, la comunidad. Quiere ser compartida, comunicada, discernida, animada. La comunidad genera lazos, en ella compartimos nuestras vidas. La comunidad interpela, hace crecer, acuerpa, acompaña, lidera, nos hacemos responsables los unos de los otros.

El fuego,  ¿acaso nuestros corazones no arden cuando tomamos consciencia de que somos habitados por el Espíritu Santo?

El Espíritu no es sólo presencia interior.  Éste nos mueve a salir fuera de nosotros, a dar testimonio, a proclamar la buena nueva. A veces, nos cuesta tanto continuar en la tarea… Los discípulos y discípulas fueron capaces de llegar muy lejos y anunciar el mensaje de Jesús a todas las gentes.Eran personas sencillísimas, sentían miedos, ponían reparos a su compromiso, a la amistad con Jesús. Sin embargo, sus vidas se transformaron con la presencia del Espíritu. El viene personalmente a cada uno,  comparten el mismo regalo gratuito, la misma fuerza. Después cada cual saldrá a vivir su ministerio y hablará un lenguaje propio, único.

Salmo 103, 1-34

“¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría. Envías tu espíritu, los creas y renuevas la faz de la tierra…”

¡Señor, qué grande eres!, nos creas para que vivamos con plenitud. Nos quieres así. Son grandes tus obras, nos regalas cada día la luz, el aire, el agua,  para hacer  más grata nuestra existencia. Haces brotar la hierba para el ganado y los cultivos con sus frutos para las personas. Has hecho una tierra fecunda para que los seres vivos, todas las personas, podamos alimentarnos y vivir con dignidad, participar de los beneficios de la naturaleza.

También nos has hecho libres y esa libertad, en ocasiones, nos aleja de tu proyecto, se deja llevar por el poder del dinero que adormece nuestro corazón. Se nos olvida que la tierra es de todos, que todos tenemos un hueco en ella. Si nos falta el alimento, si las enfermedades, la incultura, la falta de trabajo…  son seña de identidad de nuestros pueblos. ¿Que hemos hecho con el sueño de Dios?

Todos y todas somos responsables de llevar a plenitud el mundo que Dios ha soñado para nosotros.  El evangelio no será buena noticia hasta que todas las personas vivan con dignidad.

1ª Co 12, 3b-7. 12-13

A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos

Dios ha puesto en nuestros corazones la herramienta principal, su amor, su espíritu. El habita en nuestro corazón, sólo hay que hacer silencio y mirar hacia dentro para descubrirlo. La fuerza está ahí guardada, es la materia prima de nuestros esfuerzos para el beneficio de la humanidad.Entonces, ¿qué hacemos con el corazón cerrado como una caja fuerte?, esto decía la frase de un poster que tenía en mi habitación cuando era joven.

¿Es necesario hacer grandes cosas? Basta con trabajar en lo pequeño, en lo cotidiano, a veces, en lo que menos se ve, con los que menos cuentan.En los cuidados, en generar luz y esperanza en los caminos sin rumbo de muchas personas, animar las comunidades, comprometernos en las asociaciones, practicar el derecho a la democracia, votar con responsabilidad aquello que esté más cerca del evangelio y favorezca a los últimos, …

Trabajar desde nuestras diferencias, desde la variedad de dones, aceptándolos y asumiéndolos. Poniéndolos al servicio de los demás podemos colaborar en hacer posible un mundo mejor, en la construcción del Reino, del bien común.

Jn 20, 19-23

Dos veces se dirige Jesús a sus discípulos con el saludo de la paz.

Hoy fiesta de Pentecostés tal vez sea el momento de tomar más consciencia del encargo que Jesús nos hace. Nos envía al mundo a trabajar por el bien de todos y todas. No estáis solos os acompaña el Espíritu de la paz.

La manifestación de que el espíritu nos habita es ser personas de paz, tener paz, vivir con paz, transmitir-llevar paz.

No es tarea fácil tomar el testigo, nosotros solos no podemos. Por ello, necesitamos la fuerza del Espíritu para que impulse las horas bajas, los momentos duros. Danos fuego para que nuestro corazón se estremezca ante las miserias del mundo, danos la esperanza para empezar cada día de nuevo con la misma alegría, para perdonarnos y perdonar, para mirar hacia delante, para creer en la utopía, para vivir en la confianza de que otro mundo es posible si el Espíritu de  Jesús resucitado está en nosotros.

Jornada vocacional Expo-Xela

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala.

1El pasado domingo tres de mayo celebramos, como cada año en Quetzaltenango, la EXPO-XELA, de animación vocacional.

Ha sido una linda y fecunda experiencia que logró reunir a 140 jóvenes en torno a la escucha de la llamada a ser seguidoras y seguidores de Jesús. Podemos decir que hoy, Jesús, sigue teniendo poder de convocatoria. Y no puede ser de otro modo, porque la invitación a seguirle y trabajar por un mundo diferente con la certeza de que es posible el cambio, es atrayente.

Lo más importante, el poder comunicar y compartir la propia vivencia de la vocación y la alegría de una vida plena al servicio del Reino.

Iniciamos la jornada con cantos, música, juegos y aplausos, tan propio de los jóvenes.

Escuchamos el testimonio de varias personas consagradas y el proceso, no siempre fácil, de ir2 descubriendo, aceptando y asumiendo la llamada al seguimiento. Las dificultades planteadas para decir sí, que tanta veces vienen de la propia familia, las rupturas… los jóvenes escucharon con atención.

Después, todos los participantes de la Jornada pudieron caminar entre los diferentes stands en donde se fueron presentando las distintas formas de consagración, los diferentes carismas, misión, espiritualidad, de las congregaciones religiosas y los institutos seculares que estamos presentes en la Arquidiócesis de Los Altos – Totonicapán.

Celebramos la eucaristía acompañados del Arzobispo de la Arquidiócesis y luego compartimos un rico y solidario almuerzo. Hubo preguntas, deseos de hacer bien las cosas y responder a lo que intuyen en su corazón, y mucha disponibilidad de los ya consagrados y consagradas para acoger el sentir y la inquietud de los y las jóvenes.

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45Fue una fiesta de todas y todos en donde cada persona pudo observar, escuchar y acoger la alegría que significa responder a la llamada de Jesús a ser colaboradores y colaboradoras de su Reino, en un seguimiento radical evangélico.

Hasta el próximo año.

Entonces, ¿qué es el cielo?

Fiesta de la Ascensión, Ciclo B

Por: Teodoro Nieto. Laico. Burgos.

Cuarenta días después de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de su Ascensión al cielo. Pero, ¿cómo podemos sentirla y saborearla interiormente si no intentamos, por lo menos, descubrir qué nos dice a los seres humanos esta fiesta? ¿Cómo entender el texto bíblico del Evangelio de Marcos y lo que nos dice Lucas en el Libro de los Hechos de los Apóstoles sobre la Ascensión? ¿Nos contentamos con  creer estos textos al pie de la letra? ¿Cómo interpretarlos desde una óptica más profunda y con una fe adulta?

Una persona creyente madura necesita saber que quienes escribieron los Evangelios expresan el Misterio de la Ascensión con unas imágenes que podríamos comparar con una vidriera. En una vidriera no es lo más importante la vidriera en sí misma, sino la luz que brilla detrás de ella. Lo que verdaderamente importa en un texto del Evangelio no son las palabras, sino el misterio que se esconde detrás de ellas. El cielo, por tanto, no es esa bóveda azul que contemplan nuestros ojos. La Ascensión no significa  que Jesús se elevó desde esta tierra a las alturas y nos dejó huérfanos. De ninguna manera. Él es fiel a sus promesas: “Nos os dejaré huérfanos” (Jn 14, 18). “Estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20). La Ascensión no es el viaje de un extra-terrestre que vuelve al  lugar lejano de donde descendiera un día. El cielo no es un lugar material que esté por encima de nosotros. No está ni arriba ni abajo, ni a derecha ni izquierda. Entonces, ¿qué es el cielo?

El cielo es caer en la cuenta de que los escritos del Nuevo Testamento nos dan pie para afirmar que somos seres divinos, porque como dice el evangelista Juan, “hemos nacido de Dios” (Jn 1, 13). Somos “partícipes del Ser divino”, como leemos en la segunda Carta de Pedro (2, 1-4). El Dios que nos revela Jesús no es un Dios lejano o externo a nosotros, sino un Dios íntimo, porque “en Él vivimos, nos movemos y existimos”(He 17, 28). En una palabra, Dios está en todo y en todos los seres. Y todo y todos los seres están en Dios. Él “está sobre todos, actúa en todos y habita en todos” (Ef 4, 6).

A este respecto, es impactante el lenguaje de los grandes místicos y místicas del Cristianismo, que hicieron una profunda experiencia de Dios. El maestro Eckhart, dominico alemán, que vivió entre los años 1260 y 1328, nos ilumina para entender de alguna manera lo que es el cielo: “Soy una chispa de Dios”. Teresa de Ávila dice ser “una gota del océano divino”. Y mucho antes san Agustín hablaba del “Deus intimior intimo meo”, es decir, de ese “Dios más íntimo que mi propia intimidad”. El Dios de Jesús no es un Dios distante, ni tan solo cercano, sino íntimo. Es el Misterio que nos habita. Dios es en sus hijos e hijas. Y sus hijos e hijas son en Él.

Después de decirnos el Evangelio de Marcos que “Jesús fue elevado al cielo”, añade: “Y se sentó a la derecha de Dios”. Nos encontramos con otra expresión que tampoco cabe entenderla así como suena. En Dios, que es Misterio, no hay ni derecha ni izquierda. “Estar sentado a la derecha de Dios” quiere decir que Jesús vive en íntima y misteriosa unión con su Padre, como él mismo dijo una vez a  Felipe, uno de sus discípulos: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn 14, 10). Y se atreve a decir a los judíos que le rechazaban: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10, 30).

Aunque nuestro lenguaje humano tenga necesidad de recurrir a imágenes para asomarnos al Misterio de la Ascensión, siempre inefable, es decir, inexpresable, podemos experimentar lo que experimentó Jesús. Y Jesús experimentó que el cielo siempre está en el Aquí y en el Ahora de nuestra cotidianidad. Aquí y ahora vive Dios en todos y todas. Y todos y todas viven en Él como esponjas sumergidas en la inmensidad del océano divino.

Creer en el Misterio de la Ascensión es comprometernos en hacer un trabajo de reflexión, a nivel  personal y comunitario, de manera que seamos capaces de  vivir conscientes, recorriendo cada quien su propio camino y con todas nuestras diferencias,  de que somos aquí y ahora una Unidad con Dios, con esta Tierra nuestra maltratada y herida, con el Cosmos entero, es decir, con todo y con todos los seres vivos, sobre todo con los más vulnerables y a los que nos apremia el impostergable deber de cuidar con inmensa ternura.

En la medida que nos empeñemos en construir solidariamente una nueva humanidad, armónica, fraterna y sororal, sin guerras ni violencia, con vivienda digna para todo ser humano, sin exclusiones; con una educación y salud integrales; con una riqueza equitativamente repartida; ayudándonos mutuamente a ser felices y a llevar nuestras cargas con amor, podremos experimentar y gozar ya, aquí en la tierra, lo que es el cielo.

 

 

 

 

Permanecer en el amor trinitario

6º domingo de Pascua, Ciclo B

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

Serenamente ha ido avanzado este tiempo pascual en el que hemos contemplado las apariciones del RESUCITADO para fortalecer la fe de los discípulos y discípulas.  Delicadeza del Señor Jesús que, sin reproche alguno, sigue educándoles con su fina  pedagogía, en   este difícil aprendizaje de vivir sin su presencia física y dejándose conducir por el Espíritu. Así lo contemplamos también en los Hechos de los apóstoles que estamos reflexionando estos días.

En estos dos domingos: el pasado y el actual, las lecturas evangélicas nos sitúan al lado de Jesús despidiéndose de sus amigos y amigas: retroceso histórico y preludio de su ascensión definitiva. Y, puestos a su lado, vamos escuchando sus últimas palabras, su testamento: la maravillosa síntesis de su mensaje, la esencia de lo que ha venido diciendo –con palabras y obras-  durante los años que ha vivido en la tierra.  Síntesis que, convertida en mandato, ha de ser la norma fundamental de sus seguidores, quienes tendrán pronto la apasionante tarea de evangelizar, la misión de anunciar la buena Nueva del Reino.

Y, ¿cuál es ese deseo tan obsesivo de Jesús para que sus seguidores puedan cumplir su misión?

El pasado domingo  nos comunicaba una parte: nos decía: “permaneced unidos a la vid, no podréis dar fruto si no estáis unidos a la vid.”  Es más, “el sarmiento que no da fruto será arrancado y el que lo da, será podado para que dé más”. Y en el domingo que estamos celebrando, continúa y va dando un paso más: porque Él ha amado como el Padre le ha amado, nos ordena: “permaneced en mi amor”.  Y permaneceremos en su amor si guardamos sus mandamientos o mejo: el único   mandamiento: “amaos como yo os he amado”.

Esa será la fuente de la profunda alegría y el sello que los identifique, la señal que hará exclamar a cuantos les observen: “ved cómo se aman”. Es el círculo trinitario en el que la comunidad de discípulos/as está inmersa y que por sí sola debería hermanarnos tan estrechamente  que fuéramos testigos inconfundibles del amor de Dios.

¿Cómo, pues cumpliremos este mandato? Porque no hay vuelta de hoja: es exigencia, es norma que, o se cumple o no somos auténticos amigos y amigas de Jesús. Descendiendo a lo concreto, una se emociona  y se estremece al contemplar cómo el Padre ama a su Hijo y cómo los dos, en el Espíritu,  aman universalmente a toda la humanidad.  El amor del Padre por el mundo es inconmensurable puesto que es capaz de enviarle a su Hijo a sabiendas de lo que iba a suceder. Su misericordia es infinita como no se cansa de anunciar el papa Francisco.

Los tres planearon el proyecto salvífico y en perfecta obediencia, el Hijo aceptó, también consciente de lo que iba a pasar, si mostraba fielmente el rostro de su Padre.  Pero Jesús vive en ÉL, se siente amado plenamente por Él y está seguro que este amor es el que hará feliz al mundo, a los hombres y mujeres, el que garantizará la armonía en la convivencia humana,  el que creará relaciones de fraternidad,  el que despertará la solidaridad universal. Porque por ser puro, está limpio de egoísmos y de ambiciones. Por eso es capaz de exigirlo y convertirlo en mandato a quienes están dispuestos a seguirle.

Para ello, hay que permanecer en este amor. En primer lugar, hay que permanecer  unidos a ÉL, en continuo contacto personal y comunitario, buscando sus gustos, descubriendo y discerniendo en todo momento su pensar en las situaciones actuales que nos toca vivir.

Permanecer luego en el servicio constante ejercitándonos en “tener a los demás por superiores” y estando a los pies de quienes necesitan que les sean lavados y curados, en generosa actitud samaritana. Permanecer en la entrega diaria, dando la vida gota a gota, en  valiente actitud profética. Permanecer en los grupos comunitarios con todo lo que comporta:  de escucha, de diálogo, de apoyo mutuo. De aportar ilusión y esperanza

¡CUANTÁS COSAS ENCIERRA EL  “PERMANECER EN EL AMOR”!!!  ¡y cuán difícil es actualmente la fidelidad cuando estamos rodeados de tanta inestabilidad, de tantas relaciones inconsistentes y provisionales!

Escuchando y contemplando este mensaje que nos brinda esta despedida de Jesús, somos invitadas/os a buscar esta fuente trinitaria: “¡qué bien sé yo la fonte do mana, aunque es de noche!”, a beber de ella, a VIVIR DE SU VIDA!!!

 

 

 

 

 

Caminar años arriba

Caminar años arriba

 

José María Fernández-Martos. Dolores Aleixandrecaminar-anos-arriba

Sal Terrae

El título encierra una invitación a levantarse y ponerse en marcha en unos años que, aunque empinados y en cuesta, pueden regalar vistas no soñadas. Eso sí, hay que abandonar la mecedora y tanta televisión, para, con pasos lastrados por los años, proseguir este maratón que corona a los que nunca dejaron de apostar por la vida.

El libro nace del convencimiento de que la vejez no es destino falta con su cohorte de limitaciones y goteras. Es también tarea para que la libertad le dé forma y brillo tras prepararse para acogerla. Estos “altos años” no se nos regalan para quejarse de médicos, amistades fallidas, desencuentros familiares, estirpe que no siguió el camino soñado. Vejez así es triste balance cerrado. “¡Enséñame a calcular mis años para adquirir un corazón sensato!” es una petición bíblica nacida de la insuficiencia de las fechas y partidas de nacimiento para saborear lo que brinden los años de arriba.

Los autores del libro, bordeando los ochenta, viven y proponen otro modo de caminar años arriba, en que, sin ignorar el decaer doloroso en salud y en otras menguas, se abren a horizontes en los que lo bueno no queda atrás en alguna Arcadia feliz de antaño, sino que está delante, por llegar y construir.

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