Una tarea preferida de Dios: llamar para enviar

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

JoseBUSCAR COLABORADORES PARA LLEVAR A CABO SUS PROYECTOS, es una de las tareas que tiene Dios. No ha querido hacer su obra solo. Ha querido y quiere incorporar a los hombres y mujeres, creados a su imagen, a sus proyectos: el de la Creación para que la desarrollen y el de lograr que todo contribuya a la consecución de sus bondadosos planes.

Esto es un gran regalo que hay que agradecer y que está envuelto en el misterio de la elección. Al recorrer la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento, nos encontramos con distintas llamadas a cuál más original. En todas ellas, las personas se sienten abrumadas, incapaces de responder, buscan excusas para no ir adelante. Pero luego…¡qué maravillosas respuestas y qué variedad de vocaciones y misiones! Será una gozada contemplar algún día las inmensas constelaciones conformadas por los caminos que el Señor ha recorrido para buscar a sus colaboradores y el trabajo que la Ruah ha hecho al interior de cada uno. Todos y todas pueden cantar, como María, un “MAGNIFICAT”.

Bueno pues, también yo fui llamada y claro está “para” pero, aunque el para asomaba tímidamente en mis inquietudes, se fue manifestando y se ha ido manifestando poco a poco a lo largo de mi vida.

Mis principios vocacionales fueron muy sencillos sin ningún sobresalto espectacular. Fueron fruto del ambiente que vivía y de la siembra que hacían mis padres, las religiosas, educadores, los sacerdotes que nos acompañaban y dirigían. Pero también es verdad que no en todos y todas los que escuchábamos, tenía la misma caja de resonancia el mensaje. Fue siempre un misterio para mí. Nací en el seno de una familia muy profundamente iniciada en la vida espiritual, que iba cultivando los valores evangélicos no sólo en la parte religiosa sino también. y muy cuidadosamente, en la parte social. Podría contar bellos ejemplos.

Teníamos en el pueblo un buen párroco preocupado por el bien de las personas y con criterios claros y avanzados. Llegaron hacia los años cincuenta jóvenes coadjutores, entregados a la juventud, formados ellos exigentemente en el Seminario. Impulsaron los movimientos de Acción Católica y nos sembraron la inquietud de “ser apóstoles”, -no se estilaba entonces la palabra “evangelizar”-. En todo caso, se nos invitaba y urgía a transmitir lo que teníamos. Nos iniciaron también en la vida espiritual, a la amistad con Jesucristo. Íbamos diariamente a hacer “la visita a Jesús”. Poco a poco fue naciendo en mí el deseo de la entrega al proyecto del Reino impulsado también por el Papa Pío XII. Valía la pena consagrarle la vida.

En los años de mi adolescencia fue creciendo serenamente este deseo. Pero llegó un momento en el que hizo crisis. Debido a varias circunstancias, viví una fuerte crisis existencial, de falta de sentido de la vida y de falta de fe. Busqué ayuda y la encontré. Llegó el momento en que sentí el convencimiento interior de lo que significaba para mí CREER. Recuerdo que así se lo expresé a mi papá en un momento confidencial. De ahí el paso siguiente fue relativamente rápido. La opción de vida se iba clarificando: la entrega al Señor y desde él, al Reino dónde y cómo quisiera.

Pero, ¿cuál iba a ser el cauce por donde canalizar mis inquietudes? Tenía delante muchas ofertas. Rezaba y más rezaba para que el Señor me diera luz para acertar con su voluntad sobre mí. Me daba miedo equivocarme. En mis años de internado conocí algunos miembros de “VITA ET PAX” pero no fui adelante porque en aquel momento no me interesaba tomar decisiones. Ya cuando me decidí, pasados los veinte años, de nuevo aparecieron en mi camino y entré en contacto con toda seriedad. Después de correspondencias, conversaciones y visitas, me pareció que el Instituto respondía a lo que yo quería y bullía en mi interior.

Aparecieron de nuevo algunas dificultades fuertes, esta vez de salud, tuve una seria intervención quirúrgica que, gracias a Dios y a la ciencia -así lo digo siempre porque mi historia de salud es también larga- superé. Finalmente el día DOS DE FEBRERO DE 1964, FIESTA DE LA PRESENTACION DEL SEÑOR, entré a formar parte de la familia de “VITA ET PAX IN CHRISTO JESU”. Con su carisma siempre me sentí plenamente identificada. “Vivir de la vida de Jesucristo, pensar como él y llegar a sentir y amar como él” es apasionante y una estrella, punto de referencia porque alcanzarla es casi imposible.

Hasta aquí la historia vocacional: “TE LLAMÉ PARA….”. Las misiones que me ha tocado realizar han sido variadas y todas ellas, muy enriquecedoras. Por ser “Vida y Paz” un Instituto Secular, su misión primordial es estar en medio de las estructuras del mundo siendo sal y fermento, es decir sin que se note pero dándoles sabor y haciéndolas fermentar según el plan de Dios. Entonces, en un principio colaboré en la librería de Pamplona y luego fui enviada a Chile. Allí estuve trabajando en un barrio periférico dando clases y en la pastoral. Tuve experiencias importantes como conocer de cerca la naciente Teología de la Liberación, a continuación, el “golpe de estado” en el que asesinaron a Allende y asumió el poder el general Pinochet. ¡Vivimos infinidad de situaciones difíciles y comprometidas!

Pasados siete años, regresé a España por haber sido llamada al servicio directo del Instituto. También ahí tuve buenas y sorprendentes experiencias. Es estar en el corazón del la institución y conocer a las personas por dentro: un regalo de Dios y una bonita tarea ayudarles a ser lo que El quiere que sean.

Finalmente, hace casi veinte años que estoy de nuevo en América Latina, en Guatemala, un país multiétnico, plurilingüístico y con variedad de culturas. A pesar de poderse entender una con la mayor parte de la gente porque, o bien hablan el español o bien los indígenas, especialmente los hombres, lo tienen como segunda lengua, te encuentras con una cosmovisión distinta y manifestaciones culturales dignas de admiración por su contenido y por su colorido. Y aquí estoy, hasta que el Señor, por medio de las circunstancias normales de la vida, disponga otra cosa.

Acabo de celebrar en estos últimos meses mis BODAS DE ORO: Cincuenta años que han sido una bendición de nuestro BUEN DIOS, UNO Y TRINO, PADRE Y MADRE. No me cansaré de cantar siempre sus misericordias, de manera especial, en este año dedicado a la vida consagrada y en el siguiente, en el que las contemplaremos en el ROSTRO DE JESUS.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

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Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

Jesús nos invita a dar un paso más

Domingo 18º del T.O. Ciclo B

Por: Dina Martínez. Vita et Pax. Madrid

Hoy, como casi todos los domingos, la primera lectura (Ex 16, 2-4.12-15) y el evangelio (Jn 6, 24-35) tocan el mismo tema, es como si nos asomáramos a diferentes momentos históricos para ver cómo se vive el mismo mensaje.

La lectura del Éxodo nos describe lo que vivieron los israelitas, en el desierto, camino de la tierra prometida. Dios los ha liberado de la esclavitud de Egipto, pero esta liberación pide al pueblo una serie de sacrificios que llegan a pesarle demasiado y se revela contra Moisés y Aarón diciéndoles: ¡Ojala hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! El pueblo de Israel hubiera preferido morir en la esclavitud, a pagar el precio de la libertad. Dios escucha su lamento y les da una respuesta. Sí, Él siempre nos escucha y nos ofrece lo necesario para seguir avanzando hacia la meta que nos propone.

El Evangelio es la continuación de lo que leímos el domingo pasado. Nos narra la reacción de los que se saciaron de comer del fruto de la multiplicación de los panes y los peces. Dios, a través de Jesús, reacciona una vez más ante la necesidad vital de aquellos que lo seguían y que tenían hambre de pan y, con la colaboración de los discípulos, sacia su hambre. Ellos le siguen buscando atraídos por el milagro, pero Jesús los invita a dar un paso más en su búsqueda: Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre Dios.

Nuestro Dios, nos va revelando, a través de la historia, que somos mucho más que un cuerpo material que necesita comer y beber. Jesús, en el diálogo que mantiene con los que le buscan, va despertando en ellos su verdadero deseo. Entonces le dijeron: Señor danos siempre de ese pan y Jesús se les manifiesta como el único que puede colmar su hambre y su sed profunda: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en no pasará sed.

¿Qué nos dice este mensaje en el hoy de nuestra vida personal, familiar, eclesial, comunitaria…? Cada uno tendremos que hacer nuestra propia lectura, si queremos descubrir lo que el Espíritu nos va pidiendo para dar un paso más en el conocimiento y el seguimiento de Jesús, lo que nos conduce a la plenitud. Yo tengo la impresión de que no hemos avanzado mucho y que, como los israelitas en el desierto, pasamos mucho tiempo lamentándonos por la pérdida de derechos y por defender esa “sociedad del bienestar”, que tanto añoramos y que nos encierra en nuestro egoísmo y nos separa de millones de seres humanos que no llegan a cubrir sus necesidades primarias.

Pablo, en la carta a los efesios (Ef 4, 17. 20-24) nos invita, entre otras cosas, a: no andar en la vaciedad de criterios… y a revestirnos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. Estos dos consejos de Pablo me parecen muy importantes, para seguir avanzando hacia la meta que nos propone Jesús.

Del pan y los peces… al PAN de VIDA

Domingo 17º del T. O. Ciclo B

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona.

En este domingo dejamos el Evangelio de San Marcos y tomamos el de San Juan, en el capítulo 6, que nos acompañará también en las próximas  semanas.

Mucha gente, una muchedumbre, seguía a Jesús, “porque veían los signos que hacía con los enfermos”. Llega un momento en que Jesús se sienta y con él también los discípulos. Mira a la gente que tiene delante…  y quiere hacer  otro signo para manifestarles su verdadera identidad.

Tiene un diálogo intencionado con los Apóstoles, Felipe y Andrés: “¿Con qué compraremos pan para que coman todos éstos?” La respuesta de Felipe es lógica, ¿cómo se le ocurre esto al Maestro? “¡Ni con doscientos denarios…!”. Andrés tiene mejor voluntad y le habla del muchacho que tiene cinco panes y dos peces pero… ¿qué solucionan para tanta gente?

Jesús multiplica la pequeña aportación del muchacho y toda aquella muchedumbre come pan y pescado.  Y queda maravillada. Y proclama: “Este hombre tiene que ser el profeta que debía venir al mundo”

“Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces se retiró de nuevo al monte, él solo”.  Jesús no busca ese reconocimiento, él quiere que la gente capte algo más profundo. Esos panes y esos peces, que  han alimentado sus estómagos, son signo del mismo Jesús,  el Pan de Vida, el verdadero Profeta, el Mesías enviado por el Padre.

En los próximos domingos el Evangelio de Juan nos irá relatando el discurso sobre este Pan, que es Jesús. Él mismo se manifestará: “Yo soy el Pan Vivo bajado del cielo. El que come de este Pan vivirá siempre. Y el Pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo” (Jn.6, 51-52)

Jesús es Pan, Jesús es Carne, Jesús es Alimento, Jesús es Vida y da Vida. “El que come mi Carne y bebe mi Sangre vive en mí y yo en él”.  Los cristianos conocemos el significado de la multiplicación de los panes y los peces. En la Eucaristía nos alimentamos del verdadero Pan de Vida. Si vivimos en Jesús y Jesús vive en nosotros estaremos haciéndole hoy presente entre los que nos rodean y nuestras vidas serán Vida para los demás. ¡Qué misión y qué servicio! Y el mundo Le necesita.

Libro recomendado para este verano

Letra pequeña. La cotidianidad infinita

 

36ad90c18b973cd749dd2a170364b64e_w350Benjamín González Buelta. SJ

Sal Terrae

 

Vivimos en un mundo de grandes titulares que recogen los hechos más relevantes, los nombres más mediáticos, las novedades más impactantes, que serán rápidamente desplazadas de nuestra atención por las siguientes noticias en un mundo de cambios profundos y vertiginosos. Con frecuencia solo leemos los titulares que nos llevan de la mano por el mundo virtual. Pero la vida cotidiana se teje puntada a puntada, en la letra pequeña de nuestras actividades, y la calidad de nuestras relaciones se juega en el tono justo de una palabra, en los segundos que sostienen una mirada que busca un corazón hospitalario.

El papa Francisco ha hecho un milagro. Ha logrado convertir en noticia lo común: ponerse unos zapatos negros, pagar la cuenta del hotel, llevar su propio maletín al subir al avión, usar un automóvil de obrero, acercarse a la gente que quiere saludarlo sin la distancia de un papamóvil blindado, besar a un niño, acercar hasta su rostro un discapacitado que no puede alzarse sobre sus propios pies. «La revolución del Papa Francisco es la revolución de la normalidad» (Adolfo Nicolás, sj).

Nuestra vida, aun en sus más pequeñas expresiones, está abierta al Infinito por su mismo centro. Cuando lo percibimos en las entrañas de lo real, nuestro vivir se llena de calidad, de sabor, de sentido, y es creador de futuro nuevo y consistente que resiste las apariencias volátiles y efímeras que pueden seducir nuestros sentidos.

BENJAMÍN GONZÁLEZ BUELTA es un jesuita español con una intensa experiencia de inserción entre los pobres. Ha vivido treinta y siete años en la República Dominicana, donde fue maestro de novicios y Provincial. Actualmente, es encargado de la formación final de los jesuitas («Tercera Probación») en Cuba. 

Seducidas por el Espíritu: Bodas de Oro

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad. Vita et Pax.

Estamos celebrando las Bodas de Oro: ¡Cincuenta años seducidas por el Espíritu de: Jose Oller, Ana Roca, Adela Martí, Mª Angeles Sanabria y Ramona Tellechea!. Seducción que entraña una relación viva, en la que reconocemos a Dios presente en nuestra existencia, con la certeza de que siempre nos acoge, nos apoya, nos guía, nos impulsa y nos habla de tantas formas y maneras. La palabra hebrea Ruah es femenina y traducimos como Espíritu, es decir, esa presencia de Dios que nos habita, que penetra hasta lo más profundo del ser humano y hasta lo más profundo de nosotras misma.

Llevamos Cincuenta años viviendo en la seducción del Espíritu, cautivadas por la experiencia de sentirnos llamadas hijas por Dios y de poder llamar a Dios, Padre (Rm 8,16). ¡Cincuenta años dan para mucho! Vivir de la seducción del Espíritu no es otra cosa que poner en práctica la gracia recibida de Dios; nos impulsa a compartir solidariamente los proyectos liberadores de los pobres y su destino; nos acompaña en la tarea de hacer más real la fraternidad de los hijos e hijas de Dios.

Cincuenta años seducidas por el Espíritu en la vida corriente, en medio del mundo, el lugar donde hombres y mujeres viven, luchan, trabajan, sufren y gozan, pero además, el mundo es “el taller donde el Espíritu trabaja”, y trabaja sin descanso, incluso cuando el mundo duerme. Nos ha tocado vivir en una sociedad bien compleja y con profundos cambios que plantean nuevos desafíos. Es en ella donde nuestra persona y nuestro existir están animados y movidos desde dentro por ese Espíritu de Jesús. Y es en esa sociedad donde escuchamos el “susurro” del Espíritu. Susurro que nos empuja a ser y a crecer, nos restaura y cura nuestras heridas, da sentido a nuestro vivir, anima nuestro corazón y nuestras relaciones.

El Espíritu, la Ruah, es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones (Cf Rm 5,5; Gal 4,6), que provoca lo que de más humano, personal y original hay en nosotras y nos impulsa a trabajar en favor de todo aquello que constituye la vida y la vida en plenitud. Esta ha sido la experiencia de seducción de estos cincuenta años y lo que nos embarga es el agradecimiento.

Este año es un año para AGRADECER. Estamos en el momento de la sabiduría, del “saboreo” del sentido y significado de nuestra existencia y es un momento privilegiado para la comunicación de corazón a corazón. Comunicación con Dios, con amigos, compañeras, familia…

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

 

La vida llama a mi puerta, me está llamando…

Domingo 16º del T.O. Ciclo B

Por: MaJesús Antón. Vita et Pax. Madrid

Los apóstoles están en plena actividad, llenos de entusiasmo y con ganas de contarle a Jesús las tareas que les ha encomendado (evangelio del domingo pasado). Y Jesús les dice: venid vosotros aparte a un lugar solitario a descansar. A Jesús no le preocupa solo el contenido de la enseñanza, de nuestros trabajos, sino, cómo va nuestra misión, la calidad de nuestro testimonio, cómo está nuestro ser. El mismo Jesús que les empuja a la actividad, les lleva ahora a dedicarse a ellos mismos, y no solo al descanso sino a dar sentido a lo que hacemos.

Del texto llama la atención dos cosas importantes: el descanso y la compasión.

En medio del descanso Jesús ve una multitud que les busca, que van como ovejas sin pastor, desorientados por la vida, con hambre. A Jesús le importa cómo vive la gente,   él nunca les va a abandonar,  no es indiferente a ninguna realidad, por eso, el estar apartado no le impide ver lo que pasa a su alrededor, les enseña con calma y les alimenta con su palabra.

Si el domingo pasado Jesús los envía de dos en dos a la misión, despojados, sin alforja ni dinero, ligeros de equipaje, este domingo los prepara para compartir la vida y las preocupaciones de todos los hombres y mujeres que encuentren en los caminos. ¡Hay tanto por hacer!

En una vida de seguimiento a Jesús no se pueden separar estas dos dimensiones: Acción-Contemplación.

El encuentro con Dios en lo más íntimo nos mantiene los ojos bien abiertos, nos lleva a no quedarnos en la superficie  de las cosas y ver la realidad que nos rodea, nos alienta a escuchar el clamor y dolor de las gentes que vagan hoy sin horizonte por el mundo. Un mundo en el que Dios sigue  presente y nos pide que,  como a su Hijo, se nos conmuevan las entrañas.

Parecen lecturas apropiadas para el verano: descansar, compartir experiencias, alimentarse interiormente para salir al encuentro de la gente que nos está esperando, pero, como les pasó a los discípulos, con la misma exigencia que Jesús les pidió ir a descansar, nos dice a nosotros/as: ¡miradlos, como vagan sin sentido!

“…la vida llama a mi puerta, me está llamando…me pide manos tendidas, me pide tanto…”

 En el descanso también pasa Dios…

Convencimiento

Agenda para el Tercer Trimestre 2015

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad

 

  • Del 31 de julio al 3 de agosto en la Casa de Encuentros San José, El Escorial (Madrid), preparación para la celebración de las Bodas de Oro de:

Josefina Oller
Adela Martí
Ana Roca
Mª Angeles Sanabria
Ramona Tellechea

Descargar (Portada-BO-15.pdf, PDF, 54KB)

 

  • Del 4 al 17 de agosto en la Casa de Encuentros San José, El Escorial (Madrid): LXIII Convivencia

Descargar (Programa-Convivencia-2015.pdf, PDF, Desconocido)

 

  • Del 14 al 24 de septiembre en Pamplona se llevará a cabo las reuniones del Equipo de Consejo para programar el nuevo curso

Equipo Consejo de Gobierno

  • Septiembre: Inicio de curso de los grupos Vida y Paz de Alboraya y Pintor López (Valencia)

Momento de oración

 

Tejedores de vida

15º Domingo del T.O. Ciclo B

Por: Teodoro Nieto. Burgos

Jesús convoca a los “Doce” para enviarlos a proclamar la gozosa Nueva del Evangelio. El número 12 no es más que una resonancia de las Doce tribus de Israel y, por consiguiente, no tenemos que interpretarlo literalmente. Los “Doce” representan al nuevo pueblo de Dios, compuesto de mujeres y hombres, a los que Jesús envía para hacer realidad en este mundo su proyecto de vida. Pero no los envía de cualquier manera.

El texto aporta algunos datos significativos: Son enviados “de dos en dos”. En el mundo judío se acostumbraba a enviar por parejas a los mensajeros,  para defenderse en el camino de posibles salteadores y para  avalar  la autenticidad de su mensaje. Además, el mero hecho de ir de dos en dos excluye todo atisbo de superioridad de uno sobre otro. Los dos son iguales y mutuamente solidarios.

Los discípulos y discípulas de Jesús no necesitan llevar provisiones para el camino: Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja, ni dos túnicas, porque sería demasiado ambicioso en un pueblo como el de Palestina plagado de mendigos. Podríamos objetar a Jesús que sus palabras tuvieron sentido en una sociedad seminómada, pero ya no en una sociedad post-moderna. Y él nos respondería hoy que no se trata de interpretar sus palabras al pie de la letra, sino de descubrir el Espíritu que las inspira. Parece ser un hecho que nos creamos necesidades que están reñidas con una vida humanamente decorosa y digna. No hay mayor esclavitud que convertirnos en rehenes de las cosas. Es gratificante descubrir la necesidad de volver a un estilo de vida sencillo y sobrio. No basta aumentar la producción y alcanzar mayores niveles de vida.

Jesús advierte también a sus seguidores y seguidoras que acepten la hospitalidad, en cualquier casa, incluso en  la de los paganos. Según la Ley judía,  no podían entrar en ellas, por miedo a contaminarse. Pero el seguimiento de Jesús les exige un cambio radical de mentalidad. Mucho más importante que creerse pueblo elegido y separado es ser y vivir como ciudadanos y ciudadanas de un mundo sin fronteras.

La advertencia de quedarse en la misma casa nos recuerda el dato curioso de que no faltaban listillos que se hacían pasar por misioneros e iban de casa en casa, comiendo a costa de los demás.

El relato evangélico contempla también el caso de que determinado lugar o grupo humano no acepte a los mensajeros. Y ésta puede ser una oportuna llamada de atención para una sociedad como la nuestra, aquejada de  xenofobia. Nos empeñamos en pensar que quienes vienen de fuera y lo que viene de fuera no tiene nada que aportarnos, cerrándonos, para desdicha nuestra, a la inmensa riqueza que nos proporcionan la comunicación y al diálogo. Y echamos en cara a quienes llamamos y tratamos como “extranjeros” que no se integran en nuestra sociedad.

Recibidas las instrucciones, los “Doce”, es decir, todos y todas como nuevo pueblo de Dios, nos ponemos en marcha. ¿Cuál es la misión y tarea en nuestra vida diaria? Los discípulos y discípulas de Jesús expulsaban muchos demonios. Pero, ¿quiénes son los demonios?

Los demonios o espíritus inmundos son una personificación o encarnación de las fuerzas del mal, de todo y cualquier mal que  puede amenazar y hacer sufrir a los seres humanos. Jesús vino para aliviar el sufrimiento humano; a darnos vida en abundancia (Jn 10, 10). Él se preocupó de curar a la persona herida en su ser total, de su alimento material, y de crear entre hombres y mujeres unas relaciones de igualdad y de fraternidad, sin jerarquías dominadoras: “Todos vosotros sois hermanos”. “No os dejéis llamar jefes” (Mt 23, 10).

Si de verdad optamos por seguir a Jesús, nuestra tarea es aliarnos con la vida del ser humano más amenazado y vulnerable, de la Madre Tierra, de la Naturaleza, del Cosmos entero. No somos Iglesia para hacer proselitismo,  para convertir a nadie, ni para imponer dogmas y normas que, como nos recuerda el Papa Francisco, “nos vuelven jueces implacables… mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: “Dadles vosotros de comer” (Mc 6, 37) (La Alegría del Evangelio, nº 49).

Por encima de cualquier etiqueta de profesión, de credo religioso o de afiliación  política, somos seres humanos que, en una solidaridad sin fronteras, queremos  hacer de este mundo un hogar sin muros, más tierno, misericordioso y acogedor, aliviando el sufrimiento y empeñándonos en tejer día a día esa red inmensa  que somos con todos los seres.

 

 

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