… y la Palabra era Dios

2º Domingo de Navidad. Ciclo C

Por: MaJesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala

y la Palabra era Dios. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Así se nos relata, en el comienzo del evangelio de Juan. Se nos va preparando para comprender quién es el que viene de parte de Dios. Es Dios mismo que quiere hacerse uno con el ser humano, en la persona de Jesús. Luz, vida, que plenifique la vida de cada persona.

Lo anuncia Juan el Bautista, él es testigo de la luz, que existía desde el principio junto a Dios.

Jesús es el rostro humano de Dios. Y si queremos conocer a Dios, hemos de contemplar, escuchar y acoger a Jesús. A Dios nadie lo ha visto, y sin embargo, tantas y tantos creen tener la verdad sobre Dios. Tenemos tantas imágenes distorsionadas de Dios; hablamos mucho de Él, pero no sabemos reconocerlo en su rostro humano, en su verdad más profunda y desde la que podemos acercarnos a la verdad del ser humano, también el proyecto del Padre para la humanidad. Porque el proyecto de Dios es el del Reino que nos anunciará Jesús. Un proyecto de fraternidad, libertad, amor y justicia para  todos los seres humanos.

Hoy estamos cansados de palabras, de teologías que buscanImagen1 “explicar” a Dios, pero que no siempre saben mostrar su rostro humano, amoroso, acogedor, que ilumina y da cobijo al ser pequeño y necesitado.

Estamos ciegos y no vemos que Dios llega a nuestro mundo para darle sentido y calor. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron.  Nuestra iglesia tantas veces cerrada en conceptos y cargas pesadas, nuestros pastores empeñados en decir quién es Dios, pero no cómo es su rostro y su sueño; nuestras comunidades, nosotras/os mismas/os, que hablamos de Dios, pero no lo expresamos en nuestras vidas. Nosotras mismas, lo dejamos fuera de nuestras vidas en tantas ocasiones. Y lo buscamos fuera, cuando Dios mismo está dentro de nosotras, en cada corazón sencillo que busca con honestidad la verdad de sí mismo, de todo ser humano, de nuestro mundo.

La Palabra se hizo carne, carne de la nuestra. Jesús es el único que nos enseña cómo es Dios y lo que espera de nosotras/os. Él es quien nos lo da a conocer.

Pero desconcierta en su novedad ¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?, preguntan los discípulos de Juan.

Jesús, el rostro humano de Dios ha puesto su tienda entre  nosotras/os. Ya no es necesario mirar hacia arriba para descubrir a Dios, porque está en medio de nosotras/os. Y hemos de saber reconocerlo y buscarlo en los lugares donde Jesús frecuenta la vida, clave para nuestro encuentro con Él.

Hemos de redescubrir a Jesús, Palabra del Padre, encarnada en nuestra humanidad, liberador de opresiones, pobre en medio de los pobres, luchando por la justicia y la verdad, manifestando su bondad y misericordia de tantas maneras, con tantos acentos y lenguajes, que no se le puede encerrar en una sola expresión, contagiando libertad, crítico de su propia religión, hombre de paz en medio del conflicto.

Y con un secreto sosteniendo todo lo que dice y hace: El Padre, ABBA, amado por él y dócil a él. Lo que sostiene a Jesús es el Dios del Reino y el Reino de Dios.

 Y este es Jesús, la Palabra de Dios hecha carne, que de nuevo nos invita y nos regala otra oportunidad para acogerlo entre nosotras/os, dejarle que plante su tienda en nuestro mundo y recibirlo como Buena Noticia para toda la humanidad. En Él se esconde la verdad más profunda de nuestro anhelo de felicidad. ¿Tienes las puertas abiertas para hacerle entrar en tu casa?

Si es así, la Navidad no será cosa de unos días.

 

 

Los “niños Jesús” que nacen en asentamientos

 

Navidad 2015. Mi visión de esta Navidad” de Francesc Mateu

(Publicado en Ecclesalia.net)

Estos días ha estallado con más fuerza el conflicto en el país. Diez millones de personas han tenido que huir de sus casas y cuatro millones han cruzado la frontera hacia los países vecinos.

Se han instalado al otro lado de la frontera, en pequeñas agrupaciones de personas que vienen del mismo pueblo o zona. La frontera a este lado es un valle fértil, agrícola, poco poblado, con cultivos dispersos, que no estaba preparado para acoger gente. No hay campos de refugiados sino asentamientos ilegales diseminados,  porque no son reconocidos como refugiados debido a problemas oficiales que no entienden.


José y María habían decidido no marchar como todo el mundo porque María estaba embarazada y le faltaban pocos días para que la criatura naciera. Pero la proximidad de los combates les ha hecho cambiar de opinión y unas semanas más tarde han partido, a pesar del riesgo.

Debido al estado de aría, el trayecto se hace largo y pesado. Después de caminar unos días, de noche y a escondidas, han cruzado la frontera por las montañas (hace días que la frontera está cerrada)

Al amanecer han llegado al valle y han buscado a los suyos entre los diversos asentamientos. Nadie les ha sabido indicar dónde estaban. Han intentado llamarles con el poco saldo que quedaba en el móvil, pero sin éxito. No ha tenido respuesta ni a las llamadas ni a los WhatsApps.

Después de buscar todo el día dónde alojarse y a su gente, cuando ha oscurecido sin haberlos encontrado han decidido refugiarse en un cobertizo de maquinaria agrícola. María ya tenía dolores de parto y al comenzar la noche ha dado a luz a su hijo. Están cerca del tractor que ha faenado los campos todo el día y todavía tiene el motor caliente. Esto les conforta un poco. Afuera hace mucho frío. Al nacer han envuelto a su hijo con un jersey y lo han puesto en el asiento del tractor, que es el lugar más caliente y protegido.

Ya de noche, cuando Ángel, su vecino del pueblo -también refugiado- ha conseguido cargar su móvil y disponer de wifi, ha encontrado todas las llamadas perdidas y todos los WhatsApps de José y María. El último enviado era una geolocalización de donde estaban. Cuando Ángel lo ha visto, ha ido corriendo a avisar a todo el mundo y han decidido ir a buscarlos.

El cobertizo se ha ido llenando de gente de todos los lugares adonde ha llegado el mensaje. Ahora sí que el WhatsApp hierve con las fotos del niño que están enviando los primeros que han llegado.

Ha sido una fiesta. Unos llevaban mantas, otros comida, leña para calentarse y poco más porque los refugiados no tienen casi nada. Uno de ellos los apuntará mañana por la mañana en las listas del ACNUR a pesar de que ya no inscriben más refugiados. Otro les ha prometido que buscará un espacio con un alquiler asequible para que puedan plantar su tienda de refugiados. Todo el mundo ha ido ofreciendo lo que podía.

Al mismo tiempo la comunidad internacional ha acordado un plan de pacificación de su país. Este niño les ha devuelto la alegría y la esperanza. El desinterés internacional de su problema les tenía profundamente desanimados. Y por eso María y José han decidido que se llamará Jesús, que quiere decir “el salvador”.

Unos días después han pasado tres ONG internacionales. La primera les ha ofrecido un gran plástico y maderas para poder hacer su casa. La segunda un depósito de agua y una letrina. Y la tercera unos vales para alimentación durante dos meses.

Mientras, algunos compatriotas siguen llegando a Europa. Están centrando la atención de los medios europeos que ya hablan de crisis de refugiados a pesar de ser solo una pequeñísima parte de los refugiados del país. Y a pesar de ello siguen maltratados, humillados, muriendo ahogados en el Mediterráneo, en manos de mafias inhumanas o considerados terroristas por algunos políticos irresponsables.

La potente Europa -con todos sus recursos- se ve incapaz de resolver la pequeña parte visible del iceberg aunque  la inmensa mayoría de los refugiados hay que buscarlos lejos de las fronteras europeas. Los países vecinos siempre son los que llevan la peor parte

Y José y María -y los “niños Jesús” que nacen en estos asentamientos- sólo sueñan en poder volver, algún día, a su país.

Les da mucha fuerza, coraje y esperanza ver que en todo el mundo hay personas que, sin conocerlos de nada, han decidido acogerles, reivindicar sus derechos y exigir a los gobiernos que trabajen por la paz y la justicia (no por la guerra) en su país de origen.

Familia de entrañas abiertas

Fiesta de la Sagrada Familia

Por: Teodoro Nieto. Burgos

Del 4 al 25 del pasado mes de Octubre, tuvo lugar en Roma el Sínodo de los Obispos sobre “la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. El Sínodo no centró exclusivamente su atención en el modelo de la familia tradicional que conocemos. Porque también en nuestra cultura y en nuestra sociedad, estemos o no de acuerdo, existen otros formatos de familia que, por nuestros condicionamientos religiosos, nos cuesta admitir y respetar.

Entre otros posibles enfoques, esta festividad, puede, tal vez, brindarnos una oportunidad para preguntarnos qué piensa y qué dice Jesús en el Evangelio sobre la familia. Si leemos con atención algunos textos, nos encontramos con afirmaciones que pueden resultarnos tan fuertes como éstas: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra, sino discordia. Porque he venido a separar al hijo de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su casa” (Lc 10, 34). “Se levantarán los hijos contra los padres para matarlos” (Mc 13, 12). Y cuando Jesús invita a unos pescadores a seguirle, “ellos dejan inmediatamente la barca y a su padre…” (Mt 4, 22).

Estos, por citar algunos, y otros textos nos revelan que Jesús fue intencionadamente crítico con la familia. ¿Por qué? Porque no toleraba el modelo “patriarcal” de familia, en la que solo el hombre, el padre era el centro y dueño absoluto, imponiendo así unas relaciones verticales de desigualdad y dominación. Según el pensamiento de Jesús, la relación entre los miembros de una familia debe ser horizontal y de igualdad en dignidad, en derechos y en oportunidades. Por eso entró en conflicto con la institución familiar de su tiempo, siendo incluso blanco del desprecio de sus parientes, que llegaron a tratarlo de “loco” (Mc 3, 21). No es de extrañar, por tanto, que Jesús fuera desechado como “profeta entre sus parientes y entre los suyos” (Mc 6, 4).

Más todavía, recordemos aquel otro pasaje: “¡Oye!, (le dicen a Jesús), tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan”, Y él responde: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3, 33-34). Jesús quiere decirnos quién es realmente su verdadera familia. No la integran precisamente las personas ligadas por los vínculos de la sangre ni quienes le lanzan piropos, como hizo aquella mujer, que proclamó dichoso el seno que lo llevo y los pechos que lo amamantaron (Lc 11, 27-28).

Jesús amplía el horizonte de la familia. Rebasa los muros del cálido y recoleto hogar. En la familia con la que Jesús sueña se cumple el anhelo profético del Segundo Isaías: “Ensancha el espacio de tu tienda y de tus lonas, extiende tus moradas con libertad, clava tus estacas y alarga tus cuerdas” (Is 54, 2). Jesús sueña con una familia de entrañas abiertas, hospitalaria y acogedora con cualquiera, sea quien sea, que llame a su puerta. Porque, como dice Leonardo Boff, “la acogida saca a luz la estructura básica del ser humano (…) Existimos porque de alguna manera hemos sido acogidos por la Tierra, por la corriente de Vida, por la naturaleza, por nuestros padres, por la sociedad”. Y nunca es tan actual esta exigencia como en nuestros días en que, se cierran fronteras a hombres y mujeres que huyen de la guerra y del hambre, en busca de una vida mejor y más feliz destino.

Ya el libro bíblico del Levítico hace esta contundente afirmación: “El extranjero que resida con vosotros será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo…” (Lev 19, 34). Solo en la medida que hagamos sitio a la persona, al ser humano diferente de nosotros, viviremos según los criterios de Aquel que dijo: “Fui forastero y me recibisteis en vuestra casa” (Mat 25, 43). Y podemos abrigar la certeza de que cuando dejemos de hacerlo con uno de los más pequeños de sus hermanos o hermanas, dejamos de hacérselo a Él. (Mt 25, 43).

Si abrimos nuestro corazón al ser humano más vulnerable como es el inmigrante y el refugiado, y nos sentimos identificados con ellos, puede ser que cambie nuestro modo de ver el mundo y nuestro modo de vivir en este Planeta. Porque ese ser al que acogemos es capaz de traernos nueva sabiduría y aleccionadoras experiencias, aires nuevos y perspectivas diferentes desde las que podamos mirar la vida. Será entonces distinta y totalmente “otra” nuestra manera de relacionarlos con ellos y con ellas y, juntos, en un abrazo fraterno, intercultural y de recíproco aprendizaje, iremos creando las condiciones para hacer de esta Tierra nuestra el hogar sin concertinas ni fronteras de la gran familia humana, a la medida del Proyecto del Creador.

Grupo Vida y Paz, Alicante

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

El lunes 14 nos reunimos el grupo de Vida y Paz en Alicante, estábamos casi todas y las que faltaron fue porque ya se marchaban al pueblo o les había atacado algún que otro virus de los que andan sueltos.

Comenzamos la reunión a las 17’30 h. inaugurando nuevo horario, que al final comprobamos que nos va mucho mejor.

misionCompartimos la respuesta a la pregunta que nos llevamos en la pasada
reunión a casa para reflexionar ¿Cuál es mi misión en el mundo?

Partimos de la base de que como persona y  creyente, todos tenemos una misión común: la de trabajar por el Reino, la de proclamar el Evangelio. Pero también es cierto que dentro de esa misión le vamos dando forma desde el don o dones que Dios ha depositado en cada uno de nosotros.

Al principio nos costó un poquito pero pronto nos pusimos en rodaje y todo fue un compartir sereno y relajado, descubriéndonos los unos a los otros. Encendimos cada una nuestra luz en el corazón del mundo.

ReunionY terminamos nuestra reunión con una idea muy clara Jesús vino con una misión “humanizar el mundo” esa es también nuestra misión en el corazón del mundo: Intentar con nuestra vida que la sociedad sea más humana y que nuestra vida sea poco a poco reflejo de la suya.

Una vez finalizada la reunión y con un café entre las manos nos deseamos unas felices navidades. Y también aprovechar la ocasión para desear a toda la familia de Vita et Pax un alegre encuentro con el Amigo de la Vida.

“Sin hacer ruido”

 Navidad 2015

Por: Auxi Fernández.Mujeres y Teología. Ciudad Real

“Sin hacer ruido”

En el silencio de una fría noche, sin orquestas ni repique de campanas…
Sólo el anuncio de una Gran Noticia a los pastores, a la gente marginada.
Así llegas y te encarnas.
¡Sin hacer ruido!

No te gusta el espectáculo, ni los fuegos de artificio;
no eres un Dios que busca aplausos, ni quiere honores;
huyes de todo lo grande y ostentoso….
Y te vas a nacer en un pesebre.
Así llegas y te encarnas.
¡Sin hacer ruido!

  Y elijes a María, la Mujer del silencio;
la que guardó en su interior la Palabra encarnada.
Y a José, el obrero precario, el que supo vencer la duda.
Ambos dando tumbos por las calles y plazas,
de un pueblo todo lleno de puertas bien cerradas.
Así llegas y te encarnas.
¡Sin hacer ruido!

Y tu voz silenciosa, hecha brisa suave, susurro que habla,
nos invita con fuerza a lavarnos la cara, a limpiar los oídos,
para escuchar con gozo tu Palabra callada,
la que sólo la escuchan quienes saben mucho de silencios,
y muy poco de huecas palabras.

Llega el Dios del silencio, ese que no hace ruido.
¡Abrid las ventanas. No cerréis más las puertas!
Llega en la ternura de un Niño anunciando un Año de Gracia,
para abrir las fronteras, cancelar toda deuda, romper cadenas…
Y que sólo hablen quienes su voz ha sido arrebatada,
quienes no tienen nombre.

Es Navidad, pura Misericordia, limpio silencio, delicado susurro….
El que sólo lo escuchan las personas que patean los pesebres del mundo;
quienes siguen a una pequeña Estrella, que en medio de la noche cerrada,
avisa la presencia del Dios del silencio.

 

 

Para Él somos su preocupación y desvelo

4º Domingo de Adviento, Ciclo C

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Seglar. Ciudad Real.

“Mirad, el Señor sale de su morada y camina sobre las alturas de la tierra.” (Mi 5, 3). El Señor no permanece oculto desde que el hombre habita la tierra, para Él somos su preocupación y desvelo, nos ama tanto desde el principio que no deja de recorrer cada rincón  de la tierra donde haya un hombre necesitado de su gracia, de su justicia y de su paz. Nada, ni nadie podrá esconderse a su mirada, también resonará el eco de su palabra. Él toma la iniciativa y nosotros debemos dar respuesta a su presencia.

“ Despierta tu poder y ven a salvarnos” (Sal 79, 3), este puede ser el grito de toda la humanidad que sufre, de quien tiene hambre y no puede saciarse; quien tiene deseos de trabajar y no es contratado; quien se encuentra enfermo o mayor y no es cuidado y acompañado; quien tiene que salir de su país para poder vivir con dignidad o porque es perseguido; de la mujer que es acosada y violentada; del niño abandonado y del joven insatisfecho y atrapado por adicciones.

También es el deseo de quien necesita apoyo para educar a sus hijos; quien necesita consuelo cuando está triste o vive en soledad; quien no tiene fuerzas para sobreponerse a las adversidades; quien tiene miedo a manifestarse como es, viéndose anulada su personalidad; quien no se atreve a pedir perdón y reconciliarse con su hermano; quien no tiene paciencia con el que convive o trabaja a su lado; quien desea amar y no sabe cómo expresarlo.

Y Dios no está dormido en ningún momento, está permanentemente cerca de nosotros, “Dios es compasivo y misericordioso, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34, 6). Él quiere que el hombre tenga vida en abundancia y sea feliz, que sea saciada nuestra hambre y nuestra sed; los humildes y sencillos sean los que lideren la humanidad; la comprensión, el respeto y el acercamiento al otro sea nuestro estilo de vida; tengamos un corazón limpio, confiado, abierto, sin odios ni venganzas.

Al mismo tiempo nos está llamando a hacer su voluntad que no es más que dar plenitud a su Reino, a ser constructores de un mundo en paz, defender y luchar por la justicia, a que se manifieste la misericordia y el perdón y crezca el amor.

Pero Dios que es conocedor nuestro, que sabe de nuestras debilidades, nuestros cansancios, nuestras asperezas, nuestra dejadez, nuestras complacencias, nuestra desconfianza, nuestra falta de entusiasmo, nuestro egoísmo; nos ha enviado a su Hijo: “ Aquí vengo, oh Dios , para hacer tu voluntad” (He 10, 7).

Viene Jesús a este mundo para que seamos felices, demos gracias a Dios, para restaurarnos cada uno en nuestro ser, para que se cumpla la voluntad de Dios; por eso Juan el Bautista exultó de alegría cuando supo de su presencia, como nosotros estaremos contentos cuando llegue la Navidad.

Con el nacimiento de Jesús brota una nueva vida, nace un nuevo Reino, su testimonio y su palabra sobrepasan cualquier pensamiento humano: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian” (Lc 6, 27-28).

A nosotros con la confianza que nos dan las palabras de San Pablo: “Gracias a la ofrenda de Cristo, nosotros hemos quedado consagrados a Dios” (He 10, 10), nos queda seguir lo más fielmente posible a Jesús, ser testigos de su palabra para que seamos dichosos como María, porque todo lo que nos ha dicho el Señor se cumplirá.

Sororidad.Diciembre 2015. nº41

Descargar (sororidad-41-email.pdf, PDF, Desconocido)

Lo mejor está por venir

Lo mejor..

Habrá un día en que todos, al levantar la vista,
veremos una tierra que ponga libertad.

Sonarán las campanas desde los campanarios,
y los campos desiertos volverán a granar
unas espigas altas,
dispuestas para el pan.

También será posible que esa hermosa mañana ni tú,
ni yo ni el otro la lleguemos a ver;
pero habrá que empujarla para que pueda ser.

(José Antonio Labordeta).

 

 

 

Hoy ¿es posible vivir la alegría?

3º domingo de Adviento, Ciclo C

Por: Conchi Ruiz. Mujeres y Teología. Ciudad Real

 Vivimos entre prisas, agobios, desencanto, guerras, movimientos de familias enteras que dejan atrás sus raíces en busca de un mundo donde, al menos, haya paz, trabajo y una vida digna. El paro, los empleos precarios de los jóvenes, atentados, la violencia doméstica, el panorama político incierto, el individualismo, el desencanto, las diferencias sociales… Mujeres y varones vivimos rodeados de dificultades y sufrimiento.

Todas estas situaciones y muchas más nos atrapan como una tela de araña y nos impiden ver más allá. Cuando estamos tan preocupados y ocupados difícilmente puede brotar la alegría del corazón. ¡Qué tristes parecemos los cristianos y cristianas! ¡Qué triste parece nuestra Iglesia!

Mil anuncios nos presentan un mundo perfecto, que nos invita a consumir y a vivir sin preocupaciones para alcanzar la “felicidad”.

Y frente a todo esto las lecturas de este domingo nos hablan de la ALEGRÍA. San Pablo en la carta a los Filipenses nos dice: “Estad alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres…” insiste en la alegría, en poner nuestras preocupaciones en manos del Señor, que nada nos angustie.

Dios viene un año más. Es una historia que se repite, que se hace real en este momento concreto de nuestra historia personal. Viene a iluminar y alegrar nuestras vidas cansadas. En el fondo, estamos tan necesitados de ello.

Cuando miro estas lecturas, pienso: en la teoría todo está muy bien, qué palabras tan bonitas, tan gratificantes, reconfortantes. Qué fácil es estar alegres cuando todo va bien. Ser bondadosos con los que queremos y nos quieren. Pero el día a día es complejo, es ahí donde nos la jugamos.

Estos textos son una invitación a estar en sintonía con el Señor. A compartirle nuestras dificultades, desasosiegos, también las alegrías más profundas. A pasar tiempo con Él, en su presencia. Vivir preocupados y ocupados, en tensión, pero confiando en el Padre/Madre, sosteniéndonos en Él, dejándonos conducir, iluminar.

Continúa S. Pablo: “Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará vuestros corazones”. Cuando el corazón vive en paz las decisiones, las relaciones complicadas, los conflictos, se viven de otra manera: pensamos, sentimos y actuamos desde Él.

Dejarnos conquistar por el Señor. Dejar que nos robe el corazón, que se produzca ese encuentro personal con Jesús de Nazaret, este personaje tan popular, que viene todos los años, que tanto nos suena, pero que, no terminamos de conocer  en profundidad, no terminamos de establecer una relación de intimidad con Él. Esta nueva relación hará que la alegría brote de dentro, a pesar de los obstáculos. Llenará esos agujeros interiores vacíos, que intentamos tapar con otras cosas. Abrirá el corazón a los demás, a los pobres, a los que no cuentan, a sus necesidades, a los tristes. Romperá nuestro aislamiento, nuestra rigidez, dará sentido a nuestras acciones, a nuestra vida.

En el corazón generoso, entregado, confiado, habita el Señor. Y en este corazón reina la alegría. Alegría que no se puede disimular, que contagia, que construye. Hoy se nos invita a llevar la alegría del evangelio a los demás. Hoy sí es posible vivir la alegría en este mundo tan convulso que habitamos. Hoy sí es posible vivir la alegría desde Jesús de Nazaret. Para ello ¡Acojamos, conscientemente, al Niño de Belén en nuestro corazón!

Y termino con unas palabras del papa Francisco: “La Iglesia no es un refugio para personas tristes, la Iglesia es la casa de la alegría”.

Voces de mujeres

Inmaculada Concepción de María. Ciclo C

Por: M. Carmen Martín. Vitaet Pax. Ciudad Real

En medio de un ir y venir de acontecimientos se está dando en el mundo un hecho genuinamente nuevo, a saber, la aparición de voces femeninas. Es un signo de los tiempos que las mujeres, marginadas durante milenios en culturas dominadas por el varón, somos cada vez más conscientes de nuestra dignidad y, en palabras proféticas del papa Juan XXIII, “la mujer no tolerará que se la trate como una cosa inanimada o un mero instrumento; exige, por el contrario, que, tanto en el ámbito de la vida doméstica como en el de la vida pública, se le reconozcan los derechos y obligaciones propios de la persona humana”.

Una de esas voces habla sobre María. En todos los continentes, mujeres estudiosas están llevando al lenguaje formal de la teología las experiencias y reflexiones sobre María. Pero sus escritos de mariología no son más que una pequeña parte del esfuerzo más amplio de hacer teología “con ojos de mujer”, cosa que es posible por el nuevo fenómeno sociológico de mujeres que avanzan en el mundo académico y consiguen en él una voz pública.

Es un error pensar que esta teología sólo se interesa por “temas de mujeres”. Al contrario, su reflexión abarca el marco completo de la fe cristiana, intentando interpretar creencias, valores morales, experiencias, ritos, símbolos, estructuras… de manera que dé vida, también, a la mitad de la raza humana hasta el momento excluida.

Estas voces de mujeres tienen como referente la voz de otra mujer, María. Mujer judía del siglo I que llevó una vida dura en un país ocupado por un imperio extranjero. La Inmaculada que celebramos hoy es la María pobre de Nazareth, insignificante en la estructura social de su tiempo. Esta mujer lleva en sí la confirmación de la preferencia de Dios por los más humildes, los más pequeños, los más oprimidos…

En el Evangelio de hoy, María advierte la voz de Dios en su vida que la envía para una misión de suma importancia. Actuando con independencia de pensamiento y obra, toma la palabra, plantea cuestiones, reflexiona y, al final, se decide por el sí. Es su decisión, y ella cambia su vida. Mujer del Espíritu se embarca en la tarea de colaborar con Dios en la obra de la redención. En esta escena María encuentra su voz más que perderla. Por eso, responde ante Dios, diciendo: “Heme aquí”.

El recuerdo de que la decisión de esta mujer no es una reacción pasiva, tímida, sino un acto libre y autónomo alienta y respalda los esfuerzos de las mujeres para asumir la responsabilidad de sus propias vidas y tomar la palabra. Tomar la palabra también para decir no. Efectivamente, en la anunciación María dijo su sí a la llamada del Espíritu de Dios. Y en el Magníficat ella hace suyo el no divino a cuanto aplasta al humilde, se mantiene firme sin miedo y canta que eso cambiará.

María es una mujer del Espíritu y esa es la clave de una nueva mariología. El Espíritu rodea su vida llena de momentos de alegría, sufrimiento intensos y tramos de cotidiana normalidad. Recordar a esta mujer consuela y alumbra la esperanza en la lucha contra toda forma de injusticia y discriminación.

Kar Rahner advertía que la imagen de María en la Iglesia siempre ha estado íntimamente ligada a la imagen de la mujer en un momento determinado. En nuestros días la imagen de las mujeres, en su condicionamiento cultural, está conociendo un cambio radial. En consecuencia, él sugería que tal vez es hora de que paren los varones de escribir libros sobre María y dejen que sean las mujeres las que se encarguen de ello, porque hay en ese ámbito mucha sabiduría que aún no ha salido a la luz: “La mariología, hoy y en el futuro, tiene una gran tarea por delante si quiere lograr una imagen de María que realmente se adecue a la existencia religiosa de la mujer en cuanto tal. Probablemente se trate de una imagen que sólo pueden producir con autenticidad las mujeres, mujeres teólogas”.

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