Vida en plenitud

10º Domingo, T.O. Ciclo C

Por: Maricarmen Martín Gavillero. Vita et Pax. Madrid

Seguro que recordamos esas pastillas que comprábamos hace algún tiempo en las farmacias y que se llamaban “pastillas contra el dolor ajeno”. La ONG Médicos sin fronteras ideó esta original campaña para colaborar en la lucha contra ciertas enfermedades. Lo normal es ir a la farmacia a comprar pastillas para el propio dolor o para el dolor de las personas más próximas. Lo no normal es comprar medicamentos para el ajeno; no tiene sentido perseguir la curación del ajeno, de no ser que el tal ajeno llegue a ser prójimo y cercano.

Esto ocurre con Jesús de Nazaret: salió a los caminos para aliviar, acompañar… curar el dolor ajeno. Curanderos al estilo de Jesús tenía que haber muchos en su tiempo, dadas las “penurias” en las que estaba el tema médico de la época. ¿Cómo y por qué las primeras comunidades vieron precisamente en las curaciones de Jesús la llegada del Reino de Dios? ¿Por qué las otras curaciones, que las habría más “milagrosas”, no suscitaron en el ánimo de las comunidades la intuición de la venida del Reino?

¿Sería porque, además de ser curados, se percibía de algún modo la misericordia de un Dios cercano a la gente, interesado por las dolencias del pueblo humilde, solidario con las angustias que afectaban a los empobrecidos? Porque hablar de curaciones es, en definitiva, hablar de misericordia, de eso primario que es necesario para entender la vida y para entender a Dios.

La misericordia de Dios no es una bella teoría sugerida por las palabras de Jesús, ni por el Papa actual. Es una realidad fascinante. Junto a Jesús todos los ajenos se convierten en próximos. Los enfermos recuperan la salud, los poseídos por el demonio son rescatados, los excluidos son integrados en una sociedad nueva, más sana y fraternal… Jesús proclama el Reino de Dios poniendo salud y vida en las personas y en la sociedad entera.

Lo que Jesús busca, antes que nada, es que las gentes disfruten de una vida saludable y más liberada del poder del mal. La mirada de Jesús se dirige prioritariamente hacia los que sufren la enfermedad o el desvalimiento y anhelan vivir bien. Incluso el evangelio de Juan entiende la actividad de Jesús como enteramente encaminada a potenciar la vida: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

Ciertamente Jesús no es un médico de profesión, no examina a los enfermos para hacer un diagnóstico, no emplea técnicas médicas ni receta remedios… Su actuación es muy diferente. La terapia que Jesús pone en marcha es su propia persona, su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo o enferma, su fuerza para regenerar a la persona desde sus raíces, su capacidad de contagiar su fe en la bondad de Dios…

Si algo desea el ser humano es vivir, y vivir bien. Y si algo busca Dios es que ese deseo se haga realidad. Cuanto mejor vive la gente, mejor se realiza el Reino de Dios. Para Jesús, la voluntad de Dios no es ningún misterio: consiste en que todos y todas lleguemos a disfrutar la vida en plenitud. No vemos nunca a Jesús explicando su idea de Dios, para Él es una experiencia que lo transforma y le hace vivir buscando siempre aliviar todo dolor ajeno … Sin embargo, a veces, no reconozco al dios de quien hablamos.

Fuerza para el camino

Por: Jose Antonio Ruiz Cañamares. SJ.

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO. Ciclo C

La Solemnidad de hoy es un eco del jueves santo. El Señor Jesús quiso quedarse con nosotros. Y lo hace en cada Eucaristía, en donde somos convocados a la mesa de la Palabra y a la mesa de su Cuerpo y de su Sangre. El Evangelio de hoy nos habla de una característica importante de nuestro Dios: la generosidad. Cuando Dios da lo hace de tal manera que todos quedamos saciados, e incluso sobra.

No se nos da el alimento que nutre como si fuera “la sopa boba” que tomamos inconscientemente y que ni siquiera provoca en nosotros el agradecimiento. Necesitamos antes poner en la mesa nuestras pobrezas, lo poco que podemos aportar, casi nada, algo insignificante: “no tenemos más que cinco panes y dos peces” (Lc 9,13).  Sin estos dones no habrá luego Presencia y generosidad sin límites por parte del Señor Jesús. No pasar nunca por alto el ofertorio.

Ignacio de Loyola, cuando en la sacristía se preparaba para celebrar la Eucaristía, dice en su diario espiritual que se emocionaba con abundantes lágrimas. A la Eucaristía llevaba su vida y “sus negocios” apostólicos. Y en ella encontraba la luz y la fuerza para seguir adelante según Dios quería. El cristiano medio no nos solemos enterar “de la misa la media” y por eso ni nos emocionamos ni nos estremecemos con lo que en cada Eucaristía acontece.

Deberíamos hacer de la Eucaristía el centro de nuestra vida y de nuestras comunidades. En broma suelo a veces decir que “no es pecado ir a misa entre semana”. Es una invitación a participar lo más que se pueda en la Eucaristía. No salimos igual que entramos cuando acudimos a la celebración. En cada Eucaristía volvemos a experimentar la generosidad sin límites que es Dios. Lo repito, aunque nos parezca lo contrario, no salimos igual que entramos.

Me encuentro con frecuencia con cristianos que viven mucho su experiencia de fe hacia dentro; sin demasiadas, o más bien pocas, manifestaciones visibles de su ser creyentes. Las causas de este hecho pueden ser muchas y variadas. Desde el falso respeto a los no creyentes, el posible miedo a ser cuestionados por la fe que viven, o el pudor que provoca en algunos hablar de lo que sucede por dentro y de los valores que vertebran su vida. Cada cual sabe…

La devoción a la exposición del Santísimo tiene sus raíces en el siglo XIII. Es el Concilio de Trento el que anima a sacar a la calle en procesión el Cuerpo de Cristo y a ser venerado fuera del templo. Y así se sigue haciendo todavía en muchos lugares. Quizá también deberíamos hoy, en medio de una sociedad que tiene tanto desconocimiento de Dios, hacer más pública nuestra fe. No olvidemos que Dios quiere “darse a conocer” porque le importan sus criaturas y porque su generosidad no conoce límites.

“Misericordear”

Retiro de Primavera 2016

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid.

Como viene siendo habitual, el Instituto Vita et Pax organiza en Daimiel (Ciudad Real), el Retiro de Primavera. Este año coincidía con la fiesta de Pentecostés, el 14 y 15 de mayo. Allí fuimos, convocados por la Ruah, dieciséis personas. Estábamos miembros de cuatro Institutos Seculares diferentes, personas casadas, otras solteras, mujeres, hombres… La variedad es un distintivo de este Retiro. Es muy enriquecedor porque la diferencia la vivimos como riqueza.

Daimiel

El tema no podía ser otro: la misericordia. Y la invitación del Espíritu en cada espacio de oración era a “misericordear”. Misericordia es la palabra clave que revela a nuestro Dios. La confianza absoluta y constante de Israel en el amor misericordioso y tierno de Yahve se manifiesta en cada una de las páginas de la Biblia. Pues bien, este amor misericordioso de Dios se ha hecho visible y tangible en Jesús.

Hay quienes invocan la misericordia como subterfugio para justificar la impunidad. Están equivocados. En su etimología latina misericordia tiene que ver con corazón y con pobreza. Es decir, quien tiene misericordia posee un corazón que se pone de parte de los pobres. La misericordia no es permisiva. Eso sería banalizarla. La misericordia acerca el corazón, pone el corazón en la miseria del otro, de la otra. Por eso, la misericordia duele. El corazón sufre cuando se acerca a la miseria de la otra persona.

Por otra parte, la misericordia conduce a la alegría. Nos lo enseña Jesús en esas parábolas de la misericordia del capítulo 15 de San Lucas. En concreto nos cuenta la alegría de una mujer que ha perdido una moneda, se pone a buscarla cuidadosamente y la encuentra. Y dice Jesús: ¡Así es Dios! Como esta pobre mujer que pone la casa patas arriba buscando su moneda y cuando la encuentra le brota la alegría, el compartir, la fiesta.

Una alegría que hace ligera la carga, que no guarda memoria de lo perdido sino gozo por lo encontrado, que necesita comunicarse y que tiene que ver con estar en camino, buscando. ¿No es eso lo mismo que hace Jesús cuando nos ha encontrado, cuando estábamos perdidos y nos ha hallado y necesita comunicarlo al Padre y a los otros, celebrando el banquete con su propio cuerpo?

Precisamente, con la celebración de la Eucaristía concluimos el Retiro, nos animamos a “misericordear” en nuestra vida cotidiana como lo hizo Jesús y nos dimos cita para el año que viene.

diálogosreflexión

Vida de comunión

Santísima Trinidad. Ciclo C

Por:Rosa Belda Moreno.Grupo Mujeres y Teología de Ciudad Real

Proverbios 8, 22-31

La sabiduría del Señor, esa que a menudo no pedimos, esa que olvidamos… y sin la cuál nada es lo que es, pues nada tiene sujeción, ni relieve. Antes de penetrar en el Misterio, quizá hemos de pedir sabiduría. No un conocimiento cualquiera, ni un arte adivinatorio, ni siquiera una mirada perspicaz. Tal vez, la sabiduría de Dios tiene que ver con la liberación de los prejuicios, con la lucidez del que quiere conocer con los ojos de la fe.

Salmos 8, 4-5. 6-7a. 7b-9.

Con el salmo alabamos a Dios que ha puesto “todo” en nuestras manos, y hacemos un homenaje a esta Tierra, maltratada y dominada con nuestro afán utilitarista. Ni los pequeños ni los grandes (a nivel de posibilidades de transformación) estamos logrando tener una relación armónica y simbiótica con la Madre Tierra. Cantamos a Dios, verdadero Señor, pidiendo sabiduría para gestionar mejor el regalo de vida que pone en nuestras manos.

Lect. de la carta del apóstol san Pablo a los romanos 5, 1-5.

“La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Con esta frase, y con el texto entero, Pablo me invita a recordar lo que siempre permanece, lo que no será destruido, y como un torrente llegará a nosotros, anclados a la promesa, en la certeza de que alcanzaremos la gloria de Dios, de la que somos coparticipes, eso que no se nos arrebatará pase lo que pase.

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15.

Jesús sigue intentando transmitir que el Espíritu habita en nosotros, entre nosotros. No se cansa de mantener la llama encendida y ardiente. Solo así podremos esperar. La esperanza no tendría fundamento si todo acabara en la muerte. En este día especial, el anuncio del Espíritu se enmarca en la Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu, las tres formas que dicen “Dios”. De la mano de la sabiduría de Dios me adentro en este misterio de comunión, que me llama a permanecer unida, dentro, en Él, viviendo más armónicamente, proclamando la misericordia, haciéndola cada día un poco más verdad en mi vida. Llegados a este punto, es como si el círculo, señal de plenitud, se cerrara, y sobraran todas las palabras. A veces no podemos con tantas palabras, ya lo decía Jesús. Vanamente intentamos abarcar con palabras la profundidad del ser y del amor. Vanamente, muchas veces, tratamos de dar razones que sostengan en el sufrimiento. Tal vez hoy no hagan falta muchas explicaciones. Basta con forjar tú y yo, nosotras, una vida de comunión que exige sabiduría, regalo de Dios que habla a lo profundo del corazón y que pide ser escuchado. Vida que alaba y protege la Tierra y todo lo creado. Vida que exige renuncia, constancia en la tribulación, como dice Pablo. Vida que anuncia la gloria de Dios que vive.

Dones del Espíritu Santo

Por: P. Cornelio Urtasun

  1. Don de la sabiduría: “Conocimiento sabroso de las cosas de Dios” (San Bernardo) que perfecciona la virtud de la caridad dándonos gracia para discernir y juzgar acerca de Dios y de las cosas divinas.

Elementos: Luz que ilumina nuestro entendimiento. Gusto que actúa sobre la voluntad a la que hace saborear las cosas divinas.

Efectos de este don: La fe se hace inconmovible. Da firmeza a nuestra esperanza. Aumenta la unidad. Nos fuerza a vivir a Jesucristo en nuestras vidas.

         2. Don de entendimiento: Un DON que por la acción iluminadora del Espíritu Santo nos da una intuición de las verdades reveladas, pero sin declararnos el misterio.

Elementos: Es una mirada iluminada e iluminadora. Mirada penetrante que parece que lee y contempla la entraña del misterio.

Efectos: nos hace penetrar en el interior de las verdades reveladas.

        3. Don de ciencia: El don del Espíritu Santo que ilumina nuestra fe para darnos a conocer las cosas creadas en sus relaciones para con Dios y el valor de esas cosas creadas en sus justas proporciones.

Elementos: No es un conocimiento filosófico por vía de razonamiento. Es la Ciencia de Dios del Prefacio de Pentecostés.

Efectos: el conocimiento de las cosas creadas que nos hablan de su Creador. Mirando su naturaleza vemos en ellas la imagen de Dios: el amanecer, el atardecer, las flores, la música….

         4. Don de consejo: Es el Don del Espíritu Santo que nos da a conocer de una manera pronta y segura lo que conviene hacer, especialmente, en las cosas difíciles, por una especie de intuición sobrenatural.

Elementos: La virtud de la prudencia que discurre, razona y reduce a la vista de lo pasado, en previsión del porvenir. La buena dirección de las acciones concretas en cada caso particular, teniendo en cuenta las circunstancias de personas lugar y tiempo.

Efectos: Ilumina lo que hay que hacer en los casos difíciles. Potencia y vigoriza la razón humana que es falible, incierta y lenta; la ilumina y orienta para que sepa a dónde va, el camino a seguir y la meta a alcanzar.

        5. Don de fortaleza: El don del Espíritu Santo que da al alma coraje y energía para poder hacer, a veces, hasta intrépidamente cosas grandes, a pesar de todas las dificultades, perfeccionando la virtud de la fortaleza.

Elementos: La virtud de la fortaleza. Decisión, seguridad, alegría, esperanza

Efectos: Vivir en estado de sacrificio. El enfrentamiento con el heroísmo.

         6. Don de piedad: es el Don del Espíritu Santo que produce en nuestro corazón un afecto filial para con Dios y una gran ternura para con las personas y cosas divinas de manera que cumplamos con gozo y entusiasmo nuestros deberes religiosos.

Elementos: Amor de ternura para con Dios nuestro Padre, cuya misericordia y bondad percibimos y palpamos y que prende en nosotros.

Efectos: Respeto filial, hijos de un inmenso cariño, esto hace que todo lo de Dios nos sea grato en extremo. Amor de ternura para con las personas y cosas más vinculadas a Dios:

          7. Don te temor: EL Don del Espíritu Santo que nos inclina al respeto filial de Dios, nos aparta de todo pecado en cuanto que desagrada al Señor y nos da una particular sensibilidad para evitar todo cuanto pueda estar en disconformidad con su querer.

Elementos: No es temor llamado servil, es decir, que teme a Dios porque es Juez y puede castigar por nuestros pecados. No es tampoco el miedo al juicio de Dios, provocado por una vida de desorden. Supone un vivo sentimiento de la Grandeza, de la Bondad, de la Misericordia, del Perdón de Dios…

Efectos: Provoca una viva contrición por los pecados cometidos: al alma le duele en el alma la indelicadeza para con Dios.

El Espíritu Santo y la Misericordia

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

Después de haber vivido con serena alegría la experiencia pascual, contemplando cada una de las apariciones del Señor Resucitado que ha fortalecido nuestra fe y nuestra esperanza con su luz, concluimos hoy  esta  cincuentena, celebrando la solemnidad de Pentecostés que supone un nuevo impulso evangelizador para toda la comunidad cristiana.

Durante estas semanas hemos  leído, reflexionado y seguido paso a paso la actividad misionera de los Apóstoles, anunciando con valentía el kerigma evangelizador: “ESTE JESUS QUE FUE CRUCIFICADO, EL PADRE LO HA RESUCITADO”,  hoy nos invita la liturgia a releer el principio de la misma, el acontecimiento fundante  que rompió temores, disipó miedos y universalizó a la iglesia naciente. Todos los pueblos, reunidos en aquel momento pudieron maravillarse de toda la obra que había realizado el Espíritu en los corazones de sus fieles y en sus jóvenes comunidades: todos entendían a los apóstoles en su “propia lengua” porque ya conocían el lenguaje del amor.

Quizás sería una sugerencia  interesante para nosotras y nosotros hacer también relectura festiva de  nuestros  recorridos de fe personales, institucionales y hasta eclesiales,  con la mirada  de nuestros propios  “pentecostés”  para maravillarnos humildemente de lo que el Espíritu ha ido haciendo en cada persona y en cada comunidad, para admirarla, para agradecerla con la seguridad de que se van realizando en nosotras/os “aquellas mismas maravillas que el Espíritu obró en los comienzos de la predicación evangélica” (cfr.: oración colecta solemnidad de Pentecostés).

No hay duda que este mismo Espíritu “eterno inquieto” en expresión del  P. Cornelio, impulsa y suscita actualmente nuevas iniciativas que renueven los corazones y nuestro mundo. El  ha inspirado este año la celebración del JUBILEO DE LA MISERICORDIA. En estos tiempos  sacudidos por tantos vendavales, por tanta incertidumbre, por tanta violencia, por la ausencia de paz, nos hacía falta hacer experiencia del Dios misericordioso,  lleno de ternura, volcado compasivamente hacia la persona humana.

Y este es el Dios que nos manifestó durante toda su vida, Jesús de Nazaret. Él  fue acompañado continuamente por la RUAH, que con su femenina delicadeza, estuvo presente en su concepción y nacimiento, al inicio de su vida pública en el Jordán, en el desierto, en su predicación y en su misión liberadora. En El, el Espíritu actuó de manera constante, haciéndole revelar los rasgos de su querido ABBA.  El Espíritu estuvo sobre El para ungirlo, enviarlo a anunciar la Buena Noticia a los pobres, a liberar, a curar, a perdonar.

Y, al final de su vida, tuvo claro Jesús que llegaba el momento de desaparecer porque humanamente somos limitados: no podemos entrar al interior de las personas para lograr su conversión. Es  el Espíritu el que puede penetrar en los corazones, guiarlos a la verdad plena  y convencer. Por eso Jesús lo prometió a sus discípulos asegurándoles su presencia permanente hasta el fin de los tiempos. Resucitado, lo exhaló sobre ellos -lo había exhalado en la cruz horas antes- y les dio el poder de perdonar, ¡qué gran regalo! Junto con el mandato de dispersarse por el mundo llevando a las gentes el mensaje de salvación.

La invitación ahora para nosotras/as es volver a partir de esta  fecunda experiencia pentecostal. Salir de nuestros cenáculos para dispersarnos y hacer llegar a las gentes que nos rodean y a las más lejanas la Buena Noticia que subraya de manera especial  este aña jubilar:  Dios, rico en misericordia, Dios perdonando sin cansarse, Dios Padre e Hijo, ofreciéndonos generosamente la RUAH para que seamos testigos de su bondad y compasión.

 Y al vivir con hondura esta experiencia seamos capaces de reflejarla. De tener gestos de amor misericordioso, de cercanía a los que padecen cualquier carencia material o espiritual. Ocasiones no nos faltan, es cuestión de “no pasar de largo” ante tantas y tan variadas necesidades como se nos presentan día a día.

Ojalá que al finalizar este año y hacer su “relectura”, podamos constatar que el Espíritu nos ha renovado, nos ha hecho más sensibles, más solidarios/as más

                              MISERICORDIOSOS/AS COMO EL PADRE

 

XVI Jornada Regional de Pastoral Penitenciaria

Lema: “Alcanzados por la Misericordia”

Por: M: Carmen Latre. Vita et Pax. Alicante

El día 30 de abril nos reunimos en Castellón en el Seminario “Mater Dei”. Acudimos los voluntarios de Castellón, Valencia y Alicante. A las 9,30 comenzamos con la acogida y a las 10,00 tuvimos una oración con la invocación al Espíritu Santo seguido del salmo 145 ¡Grande es Dios!, después, unas preces por los presos, funcionarios, voluntarios, familias, pastoral penitenciaria, por la Jornada, etc…

M. CarmenA las 10,30 la Ponencia “EL ROSTRO DE LA MISERICORDIA EN LA CARCEL”. Por el P. Florencio Roselló Avellanas, mercedario. Nos decía que el preso está necesitado de Misericordia. Hay que lograr cambiar el rostro del que está en la cárcel.

Los voluntarios somos el rostro de la Iglesia en la cárcel, el rostro de la Misericordia de Dios, somos mediación y testigos de la Misericordia. Pero para contagiarla hemos de haber experimentado antes esa Misericordia de Dios en nosotros, que Dios me quiere.

Para comenzar la reflexión nos lanzó esta pregunta: ¿Qué nos encontramos en la cárcel? Personas necesitadas de misericordia, que son incapaces de amar, de perdonar… ¿Cuál es nuestra tarea? Hemos de llevarles esa experiencia de saber amar y perdonar. El Amor todo lo puede, disculpa sin límites, respeta las situaciones. Hemos de respetar las situaciones, acompañar. Amar con pasión, conocer a las personas. Encarnarnos en la cárcel porque el preso también nos evangeliza.

La Misericordia en la cárcel es igual al abrazo del Hijo Prodigo. El Año de la Misericordia es una oportunidad para la renovación.

Para “Misericordear” en la cárcel hace falta ESCUCHAR, aceptación incondicional, empatía, coherencia. No nos olvidamos de las dificultades que suponen el encontrarnos con historias de fracasos, carencias afectivas, decepciones humanas, justicia, justicia y más justicia; la misericordia no es debilidad (aunque en la cárcel lo parezca), ni indiferencia, ni habitualidad. Sin embargo, existen espacios que favorecen a los voluntarios para ver la Misericordia de Dios. Falta lo humano. Dios no juzga. La misericordia es para todos. Lo cierto es que hemos de encarnar la Misericordia en un mundo dominado por la justicia.

El reto de la Pastoral penitenciaria es: que los capellanes y voluntarios han de ser el rostro de la Misericordia para el hombre y mujer en la prisión. Que el preso sea misericordia para el Eucaristíatomando cafépreso. Dios es Paciente y Misericordia.

A las 12,15 tuvimos testimonios  de misericordia en el ámbito penitenciario. A las 13,00 celebramos la Eucaristía presidida por el Sr. Obispo de Segorbe-Castellón, D. Casimiro López, y sacerdotes capellanes de las diversas cárceles de la región. A las 14,00 compartimos la comida y luego tuvimos un rato de distracción con el “Mago Llaves”. A las 16,00 espacio para compartir y aprender.

También contamos con  talleres formativos: jurídicos/enfermos mentales en prisión y prevención. No faltaron espacios para compartir experiencias: talleres ocupacionales/ Área religiosa y trabajo de reinserción. A las 17,00: Clausura de la Jornada.

Fue un día muy bueno de compartir, conocernos y aprender, especialmente, a ser MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE.

La próxima jornada será el año 2018 en Valencia.

 

Expo-vocacional en Quetzaltenango. Guatemala

Por: Catarina Sánchez. Vida y Paz. Guatemala

El domingo  1  de mayo, participamos como Instituto  Vida  y  Paz  en la Expo Vocacional   que  se celebra  año con año, en Quetzaltenango. Fue un día muy  emotivo  con  la participación  de   jóvenes  inquietos   por  hacer  algo por  el Reino  de Dios.Expo vocacional 16

Se inició el encuentro con cantos, juegos y dinámicas, tan propias del estilo de nuestros jóvenes.

Hubo participación de varias instituciones mediante vídeos de motivación, cuestionando a los participantes a plantearse su propia vocación de vida.

 En esta jornada  participaron  varias  Congregaciones  Religiosas y   dos  Institutos  Seculares, uno de ellos fue el nuestro, Vida y Paz. Compartimos   la misión  y carisma de cada  uno. Dimos a conocer nuestra experiencia de vida, los diferentes  trabajos  que  realizamos  en los lugares donde  estamos  presentes y que guardan relación con la   educación,  la salud y pastoral.

Yo tuve la oportunidad de compartir la identidad de nuestro Instituto.

Hubo  momentos  de reflexión, temas  de  diferentes  estilos de vida, visitas  a las diferentes mesas  donde cada  grupo compartió su carisma, estilo de vida, fundadores y lugares donde están  presentes. También hubo un tiempo de preguntas, donde nuestra compañera  Presen compartió  cómo sintió la llamada  de  Dios  en su vida.

La jornada se clausuró con la Eucaristía  celebrada por  Monseñor  Mario Molina Obispo de  Quetzaltenango.

 

Echar a andar cada día

7º Domingo de Pascua. Ciclo C. La Ascensión del Señor.

Por: Rosamary González. Vita et Pax. Tafalla (Navarra).

Esta fiesta nos habla de plenitud; todo se ha cumplido como Jesús ha ido anunciando  a sus discípulos: “Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre” (Jn 16, 28).

El círculo se completa; Jesús es enviado por amor, toda su vida ha estado  orientada y realizada en el amor, en ser para los y las demás, hasta dar lo más profundo del Ser: la vida. Una vida entregada en plenitud no podía terminar con la muerte, se prolongará junto al Padre y su mensaje de amor seguirá actualizándose a través de nosotros/as, allí donde se viva el Amor, se dignifique la Vida, se trabaje por construir la Paz.

Para celebrar esta fiesta de La Ascensión del Señor, hemos ido siguiendo, de manera especial, la última etapa de su vida. Antes de comenzar la Pascua, Jesús tuvo que dar un paso fundamental como veíamos en el evangelio del Domingo de Ramos: “En aquel tiempo, Jesús echó a andar delante, subiendo a Jerusalén”. Esta subida fue el paso definitivo para que todo se cumpliera según la voluntad del Padre. No evitó el dolor que le aguardaba, continuó hasta el final de su vida mirando de frente y posicionándose del lado de los más indefensos: de los que no cuentan, de las mujeres y de los niños, de los enfermos y de las personas marginadas. Eso tenía un precio y lo pagó caro. Hoy lo contemplamos dándonos su bendición y llevado al lado de su Padre. Celebramos pues esta fiesta con gran gozo, sabiendo que Él estará a nuestro lado acompañándonos en la misión que nos encomendó con la fuerza de su Espíritu: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra”.

Si queremos vivir fielmente su mensaje, no podemos quedarnos “mirando al cielo”. Continuaremos su misión si nos dejamos habitar por su Espíritu; si contemplamos con los ojos y el corazón abierto el mundo real en el que vivimos. Si no “volvemos el rostro” ante tanta degradación humana, ante tanto despotismo de los poderosos, ante tanta humillación a las personas refugiadas……

María, la madre de los desamparados, cuya fiesta celebramos hoy, nos marca el camino de cercanía, de acogida, de entrega, de disponibilidad total al plan de Dios en su vida. De ella encontramos también la fuerza para echar a andar cada día, para subir a Jerusalén y para ayudar a otros a subir.

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