Consumir sin consumirse

Domingo 18 del T.O. Ciclo C

Por: Juan Velázquez. Laico (Eq.Eucaristía) Zaragoza

El Evangelio relata la parábola de aquel hombre avaricioso que no podía comprarse la vida con su fortuna. La historia se repite hoy a pequeña o a gran escala de forma que, si somos sinceros, no nos costaría mucho identificarnos con este hombre: ciudadanos de un país rico, ambiciosos por tener siempre un poco más (desde un puesto de trabajo mejor remunerado hasta el deseado golpe de suerte en la lotería) y, sobre todo, siendo consumidores empedernidos: nuevo jersey, nuevo móvil, nuevo coche, nuevo piso…

Consumir novedades

Con razón algunos dicen que vivimos en la época del hiperconsumo: la adquisición de algo nuevo no responde a una necesidad básica y tampoco al deseo de disfrutar de lo que se compra, sino a una necesidad más bien compulsiva de poseerlo por la sencilla razón de que es nuevo. Las marcas se sirven de esta patología colectiva del «consumo de novedades», y la propician para ganar dinero. Las personas se someten a ella y a sus síntomas: esperar vivir mejor, diferenciarse de los demás, ser valorado por lo que uno tiene.

La novedad evangélica

Lo nuevo del mensaje evangélico es la novedad más radical, que sin embargo no se somete a la lógica hiperconsumista. No lo hace porque la invierte. Si aquella se nutre del egoísmo y la acumulación de bienes, la lógica cristiana parte de la convicción de que todos somos iguales en el amor, y del deseo de asemejarnos al Dios que da todo lo que posee. El mensaje del Evangelio no es por tanto un anuncio publicitario que promete, sino una llamada que compromete a la renovación, como invitaba Pablo a los colosenses.

La renovación personal

Aunque las estructuras sociales, económicas y políticas tengan que ser transformadas, estas solo lo serán a golpe de acciones concretas de personas comprometidas: unas veces a título personal, otras en colectivo.Por eso Jesús se dirige a las personas en concreto, mostrándoles cómo la propia vida se plenifica cuando uno ama y se entrega; pero se agota y consume cuando uno se encierra sobre sí mismo. El creyente descubre entonces que al margen de la novedad del Reino de Dios la vida es vana y vieja.

Opciones evangélicas

 Las diferentes opciones que tomamos en nuestra vida, incluyendo las decisiones de consumo, tienen que ver con el proyecto del Reino y con la renovación al que este nos invita. Al consumir hacemos también opciones evangélicas: no se trata de comprar más, gastar menos o poder ahorrar mejor sino, como decía Jesús, de elegir: o atesorar para sí o de hacerse rico ante Dios.

 

Recibe, Señor, mi humilde don…

Testimonio en el II Encuentro Nacional de los Grupos Vida y Paz en Valencia

Por: Charo Catalá. Grupo Vida y Paz de Alboraya.

Contar mi experiencia y lo que representa Vita et Pax para mí, lo resumiría en dos palabras: acercamiento a Dios.

Cuando Mari Dolz me invitó a participar en el grupo que se iba a formar en Alboraya, le dije que sí, sin ser consciente de lo importante que iba a ser para mi formación cristiana.

Me he puesto a repasar los temas con los que hemos trabajado estos cuatro años y han sido todos ellos enriquecedores y me han aportado unos conocimientos a cuál de ellos más interesantes, llenando mi alma de amor y comprensión.

Porque tengo que ser sincera, mi vida, a nivel espiritual, se había vuelto una práctica rutinaria y desde que empecé a ir a los encuentros del Instituto Vita et Pax, con Cecilia como guía, mi vida interior se ha vuelto más nítida.

A su vez, quiero recordar a mis compañeras del grupo, porque también  ha sido importante su aportación, con todas las dudas y esperanzas que hemos compartido.

Creo que el Padre Cornelio supo lo importante que es ver a Dios como un amigo y lo fácil que a partir de ahí resulta el acercamiento a Jesucristo, sin olvidar nunca al Espíritu Santo.

Sé que me queda mucho por recorrer para llegar a esa humildad y generosidad y sobre todo al Carisma que el Padre Cornelio predicaba, pero estoy en ello, solo espero que el Espíritu Santo me infunda fuerzas para no caer en la comodidad y la pereza.

Recibe, Señor, mi humilde don…

Cuestión de confianza…

Domingo XVII T.O. Ciclo C

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona.

Cuestión de confianza, de amistad, de filiación… Orar es hablar con Dios, relacionarnos con él, hablarle como se habla con un amigo, como un hijo que dialoga con su padre o con su madre.  Así se relacionó Jesús con el Padre al que llamó cariñosamente Abba, Papaíto.

El Evangelio de hoy nos dice que los discípulos veían orar a Jesús. Ellos querían hacer lo mismo y  le pidieron que les enseñara cómo hacerlo. Les responde, en primer lugar, que han de dirigirse a Dios llamándole Padre.  Lo que vayan a decir partirá de una actitud de confianza en ese Padre que siempre está dispuesto a escuchar y a dialogar.  Después les indica qué es lo que pueden decir, en este caso pedir.

Y Jesús amplía su enseñanza sobre la oración con un ejemplo muy humano, muy nuestro. Ante una necesidad, ¿quién no acude a su amigo para pedirle un favor? A un amigo nos dirigimos porque confiamos en él, porque sabemos que nos puede ayudar y nos ayudará.

La primera lectura, del Libro del Génesis, nos presenta la figura de Abrahán, “El eterno creyente, el Amigo de Dios”, cantamos.  Abrahán habla-dialoga con Dios, como se habla con un amigo.  Intercede por el Pueblo, le pide a Dios que no lo castigue, porque no todos los de ese Pueblo han pecado, también hay justos, que han sido fieles a la Ley-voluntad del Señor…  La insistencia de Abrahán sólo se comprende desde la confianza que tiene con el que dialoga: está hablando con un Amigo.

En una conversación entre amigos no solo nos pedimos cosas. Dialogamos, escuchamos al otro, estamos dispuestos/as a ayudarnos. La confianza es mutua.  Dios también confía en nosotras/os. Somos hijas/os y tenemos parte en su herencia y la hemos de gestionar. Abrahán, Jesús, hablaban con Dios porque se sabían responsables del Pueblo, el Pueblo de Dios del que ellos formaban parte.

Para Jesús, el Pueblo ya no tenía los límites de Israel, el Pueblo es toda la familia humana.  Enseña a orar a sus discípulos con  mirada universal y les enseña a pedir lo más importante:

“Santificado sea tu nombre” significa reconocer a Dios como el autor de todo lo creado, el único que merece nuestro reconocimiento por lo que él es –Creador y Padre de todos-, por lo que somos –hijas/os-, creados a su imagen, y por todo lo que él puso a nuestro servicio.

“Venga tu Reino”, el Reino que él quiere para los suyos, para todos, para el mundo: “Reino de Paz y Justicia, Reino de Vida y Verdad”. Se lo pedimos a Dios, sabiéndonos responsables de colaborar a construirlo.

“Danos el pan de cada día”, para todos.  En otro momento Jesús les había dicho: “Dadles vosotros de comer”, pidiendo su colaboración, enseñándoles a compartir nuestra pequeñez, poniendo nuestra inteligencia y nuestro corazón para distribuir bien los bienes de la tierra que Dios los ofrece para todos.

“Perdona nuestras ofensas porque también nosotros perdonamos…” Es la manera de vivir fraternalmente, de vivir en armonía y en paz… “Ved qué gozo ver a los hermanos unidos…” solemos cantar. Todos cometemos errores, todos necesitamos el perdón de Dios y el de los demás y hemos de estar dispuestas/os a perdonar.

Y, conscientes, de nuestra debilidad,  pedimos: “…no nos dejes caer en la tentación”. Cualquier tentación, toda tentación: adorar a “dioses falsos” –dinero, poder, confort, consumismo, etc.-, priorizar mis intereses, cerrar el corazón  a las necesidades y al sufrimiento de los demás, de los que son nuestros hermanos, “carne de nuestra carne”, porque somos una sola familia, la familia humana.

Cuestión de confianza… y de responsabilidad.  Filiación, amistad, fraternidad… Relaciones de confianza, respeto, afecto, ayuda mutua… “Justicia + Amor = PAZ”.  Nuestro mundo presume del Progreso que ha alcanzado pero ese “Progreso” –que no es tal- solo alcanza a un 20% de la humanidad. La verdad es que somos un mundo pobre, frágil, necesitado. Con razón podemos y debemos rezar la oración que nos sigue enseñando Jesús. Hablemos con nuestro Padre-Madre con toda verdad y confianza: pidámosle que nos ayude a vivir como hijos suyos y como hermanos entre nosotros.

La novedad que ha llegado a nosotros

Por: Inés y Ricardo. Vida y Paz Alicante.

Testimonio en el II Encuentro Nacional de los Grupos Vida y Paz en Valencia

Surgió la idea de que compartiéramos nuestra experiencia en ese día de encuentro que ahora estamos celebrando. En un principio nuestra intención era acudir, por supuesto, pero la vida nos convocó en otro lugar: en la mesa de estas elecciones, así que desde allí os saludamos y os ofrecemos nuestra novedad.

La imagen del Dios que hemos recibido en nuestra educación religiosa no responde a un Dios cercano, es el de un Dios Padre que nos acompaña en nuestro caminar, desde su estar, desde su lugar; un Dios ante el cual nos arrodillamos y miramos hacia arriba y sabemos que podemos contar con Él, siempre nos hemos sentido creyentes de esa imagen.

Al llegar de nuestra patria, somos de Uruguay, buscamos un grupo para vivir nuestra fe en familia, como una familia cristiana. Estuvimos en búsqueda algún tiempo sin encontrar lo que nos ayudaba a vivir nuestra fe. Pasamos una época de escepticismo en cuanto a nuestra integración e incorporación eclesial.

Pasado un tiempo nos incorporamos a la actividad de Pastoral de la Calle y en esos espacios de encuentro con los más pobres nos encontramos con Vita et Pax a través de Paky que era una de nosotros.

En los distintos momentos de visitar a aquellos que no tenían un techo y pasaban necesidades nos fuimos acercando unos a otros y llegamos a compartir nuestra fe; nuestra búsqueda se activó de nuevo, sentimos curiosidad por conocer al Instituto Vita et Pax y a su Amigo Jesucristo. Le preguntamos a Paky y ella nos invitó a acudir al grupo que se reunía una vez al mes, tuvimos nuestras dudas pero allá fuimos.

Desde entonces hemos acudido a las reuniones y se ha ido transformando esa imagen de Dios, aunque bueno, un tanto alejada del día a día, para sentir a un Jesús cercano que habita dentro de nosotros, que es nuestro AMIGO con mayúsculas y que nos acompaña en nuestro caminar, que nos enseña a vivir y a solucionar las cosas de todos los días. Esa es la novedad que ha llegado a nuestra vida y se ha ido haciendo poco a poco, compartiendo y orando.

Desde Alicante, muchas gracias a todos y gracias a la colaboración de mis compañeras que han hecho posible que llegue a vosotros estas letras y nuestro sentir. Buen verano.

Caminando juntas

Por: Sonia Elizabeth Norato Pinto. Grupo Vida y Paz Quetzaltenango (Guatemala).

Testimonio en el II Encuentro Nacional de los Grupos Vida y Paz en Valencia

Primer Acercamiento

No tengo muy claro cómo o en qué fecha se presentó Chus en mi oficina, en la Universidad Rafael Landívar a decir que estaba a la orden para poder apoyar en las diferentes actividades que desde Pastoral Universitaria se realizaran, que era pedagoga y aprendiz de teología, que trabajaba en el Instituto del Llano, y así fue como todo empezó;  contextualizo esto porque sin aquella visita, sin ese momento, no seríamos hoy un grupo de Vida y Paz.

Iniciamos un trabajo muy especial, primero en talleres formativos con jóvenes  universitarios, después con catequistas y más adelante con personal administrativo, pero un día dijimos que sería genial juntarnos solo las catequistas y realizar un cuchubal, una reunión en la que pudiéramos compartir de manera más cercana en nuestras casas y además pudiéramos ahorrar algo de dinerito para ayudarnos (esta es una tradición muy común en nuestro círculo). Esto lo realizamos  durante un año y fue muy bonito. Crecimos, pero sentíamos que hacía falta algo más, que estas reuniones podían tener otro matiz y fue entonces cuando llegó una nueva propuesta.

Un Nuevo Caminar juntas

En una reunión, Chus nos contó que existían grupos de Laicos que se reunían a compartir sobre la Espiritualidad del Instituto al que ellas pertenecían, la mayoría de nosotras no tenía muy claro cómo era el Instituto o la opción de vida; así que se empezó con eso, contando cómo era el Instituto, quién lo había fundado, cuáles eran sus bases, su identidad, su espiritualidad…

Todas quedamos entonces más curiosas y queríamos  saber más y le dijimos: y ahora qué sigue;  como retando a que no quedara solo así, creo, si soy honesta, que  realmente lo que hizo fue colocar en nuestro corazón la inquietud de querer unirnos a un grupo así.

Entonces,  en nuestra reunión del mes de octubre 2015, ya se nos lanzó la propuesta más formal de formar  en Quetzaltenango el  primer grupo Vida y Paz; ampliando y explicando qué sería, ya que debía contener una hora de formación, seguimiento y que éste lo daría Chus y Presen. Todas muy motivadas aceptamos, incluso quedamos en invitar a más personas, finalmente se acordó que en la siguiente reunión de mes se nos presentaría ya cómo trabajaríamos y cómo sería el horario y demás detalles.

Grupo Vida y Paz Quetzaltenango

En la reunión mensual de noviembre, ya con un esquema, se nos presentó cómo sería el grupo, acordamos reunirnos una vez al mes a las 18:30 hrs. en casa de una de nosotras, se tendría una hora de formación y seguimiento, para luego tener un corto tiempo de compartir con una refacción.

Y así lo hicimos, participamos Guisela Pérez, Alba Morales,  Rosario Pérez, Anabella Pérez, Rossana Cafaro,  Sonia Pinto, Ana María de Paz, Nicte Mérida, Flory Moscoso, Sonia Norato y  las tres compañeras de Vida y Paz, Presen, María y Chus.

Cada mes que nos reunimos nos ha servido para ir descubriendo en las palabras Vida y Paz un significado muy especial que ha cambiado nuestra vida y la forma en que ahora realizamos todo lo que hacemos.

Vida, como don de Dios pero también como esa oportunidad que tenemos de dar vida a través de nuestras acciones, en nuestro quehacer diario, en nuestro trabajo y en todos aquellos detalles que realizamos con el prójimo; Paz, esa que brota del amor misericordioso de Dios y que nos ayuda a seguir a pesar de las tribulaciones que cada una de nosotras vive, ese don también que podemos compartir y hacer vida con las personas que están cerca de nosotras.

En resumen, puedo decir que este grupo nos ha cambiado la vida, nos da aliento nuevo para seguir, para que como grupo nos unamos más, con un fin o un punto en común: crecer en la fe pero más conscientes de que,  como laicas, tenemos un compromiso ya dado, y que éste debemos hacerlo vida a través de nuestra vida y acciones, y que la paz debemos fomentarla primero en nosotras y luego en los demás.

En lo personal debo reconocer que he aprendido de cada compartir de mis compañeras porque en ellas encuentro sabiduría y un compromiso firme de fe, un seguimiento de Jesús más cercano, más humano. Esto nos ha hecho siempre estar en la búsqueda incansable de encontrar los medios para poder servir a Dios a través de nosotras mismas y a través de todos aquellos que nos rodean, dígase familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.

Les enviamos un saludo desde esta lejana tierra, rodeada de volcanes, con un clima frío, pero con mucho calor humano. Saber que del otro lado del mundo hay personas como nosotras recibiendo esta misma formación y carisma, le hace a una sentirse bendecida y especial a los ojos de Dios. Él es quien nos une a través de ese lazo invisible de la fe. Les enviamos también un ÁNIMO a no dejar de reunirse, a seguir caminando juntas de la mano de Dios.

Lo mío con Jesús

Por: Amparo Carbonell. Vita et Pax. Valencia.

Testimonio en el II Encuentro Nacional de los Grupos Vida y Paz en Valencia

Lo mío con Jesús no fue el flechazo de un momento, ha sido el proceso de toda una vida.

He tenido la suerte de nacer en una familia cristiana, desde muy pequeños en casa ya se nos inculcaba el amor a Jesús y su Iglesia, también reforzaron esta vivencia las catequistas que me prepararon para la primera comunión, la Acción Católica, el contacto con la parroquia… todo ello me ayudó a descubrir a JESÚS como a mi Amigo.

En la primera comunión ya nos hicimos Amigos para siempre, fue nuestro pacto secreto. Yo no quería ir por la vida detrás de Él, quería ir con Él, si era su amiga y él mi Amigo, tenía que ir a su lado, cogida de su mano para poder hablar con Él, contarle mis secretos, compartir todo con Él, como hacen los amigos. Más o menos así transcurrió mi infancia, muy feliz.

La adolescencia transcurrió con los altibajos normales del momento, pero nunca se desfiguró la imagen del Amigo que estaba siempre a mi lado.

La juventud también fue normal; amigas, amigos; tenía dos pandillas, la de salir y divertirme y la de la Acción Católica; con la de AC teníamos nuestros planes; acercarnos cada vez más a Jesús, quererle cada vez más y prepararnos cada vez mejor para que así fuera, y con ello poder contribuir para que las personas le conocieran más y le amasen cada vez más como Él se merecía.

Todo esto creaba un interrogante fuerte en mi vida, ¿qué hacer?, ¿cómo hacer? con toda la vivencia que tenía de amigas, amigos, algún amigo “más fuerte”, la parroquia y el Amigo secreto, que cada vez apretaba más su mano, que cada vez me recordaba lo que nos habíamos prometido, y que no se separaba de mi lado y me recordaba aquello de… “amigos fuertes para siempre”.

¿Cómo hacer?… Todo era valioso en mi vida; me sentía útil, casi importante, pero me faltaba algo… hice mis sondeos, busqué apoyos… y un sacerdote que estaba de coadjutor en la parroquia de Alboraya, D. José Lluch, me habló de una entrega plena el Señor dada mi fijación por Jesucristo, de varias opciones de consagración… ¡ni hablar! No quería ser monja; no quería nada que oliese a hábito ni a ningún signo externo que revelase mi secreto a la gente, quería seguir con mi “Amigo para siempre” y con las personas, con todas sus consecuencias; darle a conocer al mundo sí, pero sin nada que fuese ostentoso, ningún signo externo que revelase mi secreto, tampoco quería encerrarme en un convento, ni estar lejos de las personas, quería llegar a ellas con mi Amigo Jesús.

D. José me habló de unas conferencias que daba en el Ateneo de Alboraya un sacerdote que también estaba chiflado por Jesús, como yo. Fui con muy pocas ganas, ya había visto demasiadas cosas… Pero aquel sacerdote (D. Cornelio Urtasun), me entusiasmó cómo hablaba de su Amigo Jesucristo, con el que mantenía una relación íntima, normal de amigo; y entre otras muchas cosas que nos contó de su Amigo dijo: “si las circunstancias de la vida pueden mucho, tienen mucha fuerza, Jesucristo puede mucho más”… Esto, con toda la “empanada mental” que yo tenía de mi vida, con lo importante que me sentía, con lo casi imprescindible que pensaba que era, esto me hizo apearme del “burrito”… intenté serenarme, rezar, rezar, confiar y fiarme. Pero sobre todo rezar… “Señor, qué quieres de mí”. “No voy a ser capaz…”. Y seguía rezando.

Aquello me superaba… contacté con aquella gente de la conferencia que era bastante normal, alegre; hablaba de Jesucristo sin ambages, como de su Amigo. Ahí descubrí a Vita et Pax.

No fue fácil dejar todo, actividades de la parroquia, trabajo laboral y, sobre todo, a mis padres, ya mayores y en situación muy precaria. Pero aquello de “Jesucristo puede mucho más” era la fijación que tenía. Y… pudo.

Llegué a Pamplona y me encontré con gente que trabajaba, que estudiaba, que vivía austeramente, que vivía la caridad dentro y fuera de casa, que rezaba… y todo con mucho orden, paz y alegría. Ya no me importaba nada, la relación con mi Amigo a “TOPE”.

Desde ahí se me abrió el mundo: casa de formación, Bertiz, Tudela, Barcelona, Casa sacerdotal de Pamplona, Casa sacerdotal de Vigo, Madrid y desde ahí 13 años en Alboraya cuidando a mis padres. Cumplida la misión con ellos, fui a Ruanda. De allí salí en el 94, por el conflicto bélico del país.

Ya en España me incorporé laboralmente a mi trabajo de Sanidad, tenía plaza en Valencia, -al irme a Ruanda había solicitado excedencia- y permanecí hasta la jubilación.

He vivido siempre en grupo, ahora en el de la calle Ayora. Desde la jubilación he colaborado en trabajos de voluntariado hasta hoy, pero siempre de la mano del “Amigo fuerte”. Y ahora ya en el “dique seco” hasta el encuentro definitivo con el Amigo.

 

Agenda de verano 2016

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad Vita et Pax.

 

  • Del 1 al 6 de julio, reunión del Equipo de Consejo de Vita et Pax en Pamplona

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  • Del 4 al 17 de agosto, en El Escorial (Madrid), LXIV Convivencia General

Descargar (Programa-Convivencia-16.pdf, PDF, Desconocido)

 

  • Del 21 al 25 de agosto, Asamblea General de la Conferencia Mundial de Institutos Seculares (CMIS) en Roma

 

Encuentro con el Señor

Domingo XVI   T.O.  Ciclo C

Por: M. Carmen Calabuig. Vita et Pax. Ruanda.

La Palabra este domingo nos habla del encuentro con el Señor de Sara y Abraham y de Marta y María. La Palabra, Cristo mismo, se invita a entrar en la vida de cada uno de nosotros.

La primera lectura nos narra que Abraham estaba sentado a la entrada de su tienda,  y de repente, vio tres hombres de pie delante de él… corrió hacia ellos y se postró de rodillas. Reconoció en ellos al Señor que pasaba por su casa y por su vida. Llamó a Sara y les ofrecieron agua para lavar sus pies cansados del camino y comida para reparar fuerzas.

El Evangelio nos dice que Marta y María, recibieron a su AMIGO Jesús en su casa.

Cada una lo acoge con una actitud diferente. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra. Marta ejerce de anfitriona y se dedica a preparar la comida para Jesús y sus discípulos, que como los hombres que acogió Abraham, llegaban cansados del camino.

Estas actitudes de Marta y María se dan en cada uno de nosotros.

Nuestra vida deberá ser la síntesis de Marta y María: escucha de la Palabra y servicio. Una síntesis difícil, que la vivimos en un “equilibrio inestable”, y nos obliga a estar atentos al paso del Señor por nuestras vidas. El día a día nos muestra que, en muchas ocasiones, vivimos desasosegados, inquietos. Nos sentimos cogidos por el trabajo, la familia, los compromisos… y al mismo tiempo tenemos  necesidad de pararnos para escuchar, acoger, dar sentido a lo que estamos haciendo. Nos resulta difícil mantener la actividad y la atención, la escucha que necesitan quienes nos rodean.

Necesitamos escuchar la Palabra.

Necesitamos sentarnos a los pies de Jesús como discípulos, escuchar la Palabra, y realizar la misión que el Señor nos ha confiado: anunciar que Jesús está en medio de nosotros, que El es nuestra esperanza y el amor que da sentido a nuestra vida.

Urge su anuncio con nuestras palabras, pero sobre todo, con la coherencia de una vida entregada a la construcción del Reino.

 “Contemplativas en la acción, activas en la contemplación”, así lo queremos vivir en Vita et Pax.

¿Dónde encontrarnos hoy con Jesús Resucitado?

Me gusta mucho una frase de la Madre Sacramento: “El mundo es para mí un sagrario”.

Es en el mundo donde nos encontramos con el Señor, y donde tenemos que  postrarnos y adorarle en  los más empobrecidos, en los ancianos, en los enfermos, en los niños explotados y en los desnutridos, en las prostitutas, en los millones  de desplazados a causa de la pobreza, de las guerras y de la falta de libertad, en las personas excluidas de la sociedad y en cada una de las personas que conviven con nosotros…  lavar sus pies cansados del camino y ofrecerles comida que repare sus fuerzas.

En la Eucaristía, presencia sacramental de Jesús entre nosotros, memorial de su entrega para que el mundo tenga VIDA.

A ella acudimos para comer su Cuerpo y reparar nuestras fuerzas para continuar el camino, para sentarnos a los pies de Jesús, escucharle y hablar con Él, como se habla con un AMIGO. Será difícil acoger el signo del pan, partido y repartido, si no nos dejamos alimentar por la Palabra.

En la celebración de la Eucaristía, Jesús nos invita a hacer de nuestra vida una Eucaristía unida a la suya, para entregar también nuestra vida en servicio.

El Papa Francisco nos dice: “Sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado… Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn.13, 8) y así pueden servir al hombre… dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él.” (Mensaje del Papa para la Cuaresma 2015.)

Que los gestos de bondad, servicio y acogida, que recibimos de quienes nos rodean, los experimentemos como la presencia de Jesús que nos sirve, para que nosotros seamos capaces de vivir también en actitud de servicio.

 

La herencia de Jesús

Domingo  XV  T. O.  Ciclo C

Por: Dina Martínez. Vita et Pax. Madrid.

Las lecturas de este domingo XV del tiempo ordinario, dan una respuesta clara y profunda a muchos problemas que vivimos en la actualidad.

El Dt 30, 10-14 nos dice, entre otras cosas, que lo que Dios nos pide para caminar hacia la plenitud y ser felices no es algo inalcanzable: “El mandamiento está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas”. Todo el texto encuentra una gran sintonía con en el evangelio de hoy.

El texto de Lc 10, 25-37, parece que está escrito para iluminar el momento que estamos viviendo con la diferencia de que este pasaje nos habla de un hombre que cayó en manos de unos bandidos y hoy son cientos de miles, los hombres, mujeres y niños que caen, cada día, en manos de los bandidos.

El encargo de Jesús sigue siendo el mismo: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad. Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del “buen samaritano”. En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano.

En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia. Hoy, podríamos describir la situación con términos más concretos. En las fronteras que separan el mundo de los ricos y de los pobres, hay miles de seres humanos, robados, agredidos, violados, despojados; muchos ya han muerto y yacen en el fondo del mar y otros siguen luchando para seguir adelante.

En el horizonte aparecen dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: “ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo”. Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana? Este párrafo también lo podemos actualizar poniendo nombres concretos a los actores de nuestro tiempo, pero aquí dejo que cada uno/a haga su propia reflexión.

Por el camino viene un tercer personaje. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar, “ve al herido, se conmueve y se acerca”. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús ha introducido en el mundo y gracias a ella, la vida sigue siendo posible.

Lo primero que tenemos que hacer es no cerrar los ojos. Saber “mirar” de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada puede despertar en nosotros la compasión” y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros. Lo importante es reaccionar y “acercarnos” al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir de cerca que es un ser necesitado y que cuando ayudo al otro, yo estoy creciendo en plenitud y en felicidad y es nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana.

Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida y su dignidad y al mismo tiempo está respondiendo a su sed interior de misericordia y de compasión. Jesús concluye con estas palabras. “Vete y haz tú lo mismo”.

Son mucha/os la/os que están respondiendo con manos abiertas y tendidas: haciendo un hueco en su casa, esperando en la orilla para curar heridas de piel y de corazón, para cubrir con mantas de calor y de protección…

Es mucha la gente que lucha por la VIDA de quienes ya no tienen fuerza para luchar: ONGs que hacen visible lo invisible, asociaciones y movimientos que ponen voz a los que no la tienen, una Iglesia, desde sus múltiples formas (Cáritas, Cónfer…), que acompaña y busca respuesta a tanta situaciones difíciles.

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