… Ven y sígueme

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

No me resulta fácil expresar en unas líneas el proceso seguido en relación al descubrimiento de Jesucristo como centro de mi vida desde muy niña, y que por las circunstancias familiares de ser hija única, perder a mi madre en la adolescencia y vivir con mi padre de cierta edad, lo viví interiormente y, a veces, expresándolo de manera clara.  Fue un camino largo, pero que me ayudó a ir forjando mi ser, con esas ansias de entrega generosa a Él y al Reino por un lado,  y por otro no exento de momentos de oscuridad y de limitaciones en el camino.

La muerte de mi madre  fue un duro golpe, pues ella era una mujer sencilla, valiente y con una religiosidad ya un poco avanzada para la época y, por supuesto, yo estaba muy unida a ella. Fue quien me enseñó el camino espiritual y los valores del Evangelio. Este acontecimiento marcó mi vida y  me ayudó a madurar como persona, debiendo tomar responsabilidades avanzadas para la edad;  aunque supuso también el que hubiera en mí algunas  lagunas que,  aunque eran suplidas por otras realidades como puede ser el aspecto religioso y mi inclinación por vivir de la vida de Jesucristo, esas lagunas crearon en mí fallos y momentos de dificultad interior que con la gracia del Señor fui superando

No podría distinguir un tiempo exacto para situar la llamada entre esos años, la juventud y el momento de concretarla en el Instituto Vita et Pax. En todos esos años jóvenes viví dentro del ámbito de la Parroquia, con el acompañamiento de sacerdotes entregados que se desvivían para que nosotras, las jóvenes, viviéramos una espiritualidad centrada en la persona de Jesucristo y que nos culturizáramos con los medios de que disponíamos: biblioteca, cine, coro parroquial, preparación litúrgica y otros medios que yo procuraba aprovechar al máximo. Con todo ello la idea de una entrega total al Señor y la Misión, no se desvanecía de mi cabeza y de mi corazón.

Quiero destacar que en esa etapa viví con profundidad el Concilio Vaticano II que supuso grandes cambios en la Iglesia, manifestados en el cómo vivir la liturgia, la espiritualidad, entender la Iglesia como Pueblo de Dios etc., etc., y que marcó también mi vida.

Con todo este bagaje llegó el momento en que, tras la muerte de mi padre, me siento en la disyuntiva de dar un paso adelante en la concreción del cómo y cuál iba a ser el cauce de mi entrega. Durante un año intenté conocer y ver cómo podría encauzar mi vida: vivir una Consagración individual o entrar en una Comunidad de Consagradas. La vida religiosa en sí no me atraía. Entonces conocí esas comunidades de consagradas en el mundo y para el mundo, que vivían con bastante normalidad en la vida. Descubrí Vita et Pax, muy conocida por sus orígenes en Pamplona, las contacté y el año 1967 entré a formar parte de este Instituto.

Después de dos años de formación fui invitada a marchar a Japón,  donde un grupo de Vita et Pax colaboraba con la Misión Jesuítica en el país del Sol Naciente. Pasé cuatro años allí  en los que fui cultivando mi Oblación al Señor, acompañada por cinco compañeras de Vita et Pax y por la comunidad de Jesuitas con los que trabajábamos.

A la vuelta de Japón concreté  mi vocación profesional en el terreno social. Realizados los estudios sociales, fui invitada de nuevo por el Instituto para trabajar en la Emigración Española en Suiza. Allí fue concretándose mi Consagración desde el servicio a los emigrantes, en aquellos años el movimiento era muy importante en Europa. Procedían de los países del sur, necesitados de trabajo y los del norte de mano de obra. Viví unos años muy felices compartiendo, desde el espacio de la Misión Católica Española en Suiza, las necesidades que el colectivo español y una parte del  latino-americano tenían y necesitaban,  tanto en el terreno social, como en el pastoral. Tengo que decir que mi vocación se reafirmó, me sentí dando una respuesta concorde con los tiempos que se vivían y con una apertura grande a todas las dimensiones que la persona humana debe vivir: la religiosa, la social, la política… en fin, allí viví los años de la madurez humana y vocacional.

La llamada del Instituto a realizar un servicio en el interior de la propia Institución, cambió mi manera de realizar la Misión. Fue un servicio hacia adentro, compartiendo con mis hermanas la Misión que cada una desarrollaba, fuera en el terreno individual como en proyectos comunitarios o en la Misión “Ad gentes”. Fue otro periodo importante en mi proceso de seguimiento de Jesucristo.

Al final de esta etapa, ya en la madurez de vida, tuve el regalo de compartir mi vida en el proyecto de Vita et Pax en Rwanda. Misión difícil por la edad que tenía y por lo que supone enfrentarte a esa realidad mundial de las diferencias sociales, económicas, culturales y en todos los campos de la vida. Contemplar y vivir de cerca la pobreza, la exclusión, las injusticias… hacen que sientas una convulsión interior que no acabas de comprender ni de asimilar. Aquí sí que me tuve que agarrar fuerte al Señor, confiar en Él.

Hoy, desde mi situación de  jubilada, sigo disponible para el servicio allí donde se me necesite. Y puedo dar gracias al Señor y decir con el salmista: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

“Por esos gritos de ayuda, Por esas voces que no se escucharán más, ¡Me dueles Guatemala!”

Por:Chus Laveda.Licenciada en Pedagogía.Miembro del Núcleo Mujeres y Teología

Dicen que era nuestro día, el día Internacional de la Mujer, aunque muchas de nosotras no hablamos de celebración, sino de recuerdo y conmemoración por el asesinato de aquellas otras mujeres que dieron su vida en  defensa de los derechos de todas. Y mientras caminábamos, levantando nuestra voz, otras voces gritaban pidiendo ayuda para salvar sus vidas del fuego.

Pero el grito de las niñas y de otras organizaciones de defensa de sus derechos ya resonó en otro tiempo clamando humanidad y exigiendo justicia para sus cuerpos maltratados, violados por la prepotencia de quienes debían protegerlas, sobreviviendo en un mundo falto de ternura, amor, respeto y dignidad. No escucharon. No hicieron caso de sus denuncias. Ni las de ellas, ni las de los otros organismos que conociendo la realidad exigieron cambios. No escucharon. No eran importantes. No valían la pena.

Y hoy, a nosotras, a todo el país, nos faltan 40 niñas y adolescentes.

Una vez más, sea el día que sea y el mundo entero cante otra cosa, las mujeres seguimos siendo personas de segunda clase, sin derecho a ser respetadas, acogidas, reconocidas en nuestra dignidad.

Resuena en mi interior uno de los gritos escuchados en la concentración  organizada por la sociedad civil que decía:
¡Los cuerpos de las niñas, no se tocan, no se violan,  no se queman, no se matan!

Era un solo grito, pero no fue suficiente. La plaza se tiñó de rojo, de sangre inocente derramada y sumiendo al país es un desconcierto y un sentimiento de rabia, impotencia, incredulidad frente a lo sucedido.

¡Hasta cuando hemos de seguir sufriendo! ¡Hasta dónde nos es posible resistir, perder vidas humanas, rotas en sus sueños y robada su esperanza!

Nadie se hace responsable. Unos dicen: es un asesinato de Estado… otros comentan en voz baja, todos somos culpables… pero hoy 40 niñas ya no pueden levantar su voz.

Y esto va seguir así mientras a cada uno y una de nosotras no nos queme el alma, no nos salpique el dolor de esas niñas y sus familias que las lloran, mientras otras aún no saben donde se encuentran sus hijas.

¡Me quema…me quema!  En tantas otras oportunidades hemos levantado la voz exigiendo justicia para nosotras las mujeres, reconocimiento de nuestra dignidad, derecho a ser dueñas de nuestros cuerpos, de nuestra libertad, de nuestros sueños… hoy también gritamos pero hoy además, nos quema y duele el alma.

¿Y dónde queda la teología en toda esta experiencia?

Dice Jesús: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron… Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños, no me lo hicieron a mí” Mt. 25, 41 – 45

Jesús se encarna en nuestra realidad humana, se identifica con cada ser humano, se hace uno de nosotros, asume nuestra misma debilidad, por eso el daño causado a uno de los más pequeños, empobrecidos, marginados, violentados en su dignidad, se lo hacemos al mismo Jesús. Somos su mismo cuerpo, su misma sangre. Somos cuerpo de Cristo. Desde su encarnación ya no hay diferencia entre lo divino y lo humano. Todo es sagrado a los ojos de Dios.

Pero nuestra hipocresía, nuestra indiferencia nos permite seguir creyendo que estamos en el lado bueno de la historia, porque cumplimos leyes y realizamos ritos sagrados, olvidando reconocer en cada ser violado, excluido, en cada mujer violada, discriminada, al mismo Dios.

Nuestra dignidad nos viene de nuestro ser personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Nuestra imagen la expresamos en los dones recibidos de Él, nuestra libertad, inteligencia, capacidad de pensar y decidir, nuestra creatividad para el bien. Nuestra semejanza la expresamos en nuestros actos de bondad, rectitud, responsabilidad, servicio. Pero tenemos una falsa imagen de Dios y por lo mismo, una falsa imagen del ser humano. Por eso lo hacemos propiedad nuestra, y hacemos con él lo que se ajusta a nuestros intereses mezquinos y personales, violando, quemando sus cuerpos y rompiendo sus vidas. No nos interesan.

Es tiempo de despertar. Todas y todos.

Es tiempo de actuar de manera profética. No es suficiente romper el silencio. No son suficientes los gritos, el llanto y las palabras por fuertes que las pronunciemos. Hay que actuar. Desde la conciencia de nuestro ser personas y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano.

Aún ahora yo siento que levanto mi voz, pero ¿me arriesgo a la acción comprometida en defensa de todos los que sufren marginación y violencia?
Resulta, en cierto modo fácil reconocer el rostro de Dios en los empobrecidos, pero en los violadores, los corruptos, ¿logramos verlo? Resuena en mi interior la palabra de Pedro: “Si mi hermano me ofende, cuántas veces debo perdonarlo, ¿hasta siete veces?” Y la respuesta de Jesús: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. 
¿Cómo anidar estas actitudes en nuestro corazón dolido, indignado, cansado de tanto sufrimiento?
No es sencilla una respuesta al estilo de Jesús. Pero hay que dar pasos para un cambio de sociedad, más humana y digna.

Hay que exigir responsabilidades. Eso es lo que gritamos. Pero mientras no cambiemos nuestro interior, mientras no nos convirtamos todos y todas en un pueblo profético que trabaje por un mundo distinto, seguiremos gritando y nuestra cosecha será más muerte.

 

 

 

 

Descubriendo la Vida y la Paz

Por: Grupo Vida y Paz La Blanca, San Marcos, Guatemala

Nuestro caminar en Vida y Paz, comienza a raíz de la invitación hecha por una persona del Instituto Vida y Paz, que compartió con nosotras muchos años en nuestro pueblo. Iniciando en julio del año 2013; son ya cuatro años de vivencia de la Espiritualidad y el Carisma de Vida y Paz, al mismo tiempo son espacios de compartir nuestras experiencias de vida.  

Nuestra inquietud es la de formarnos, desde el conocimiento del Carisma y la Espiritualidad del Instituto Secular Vida y Paz; vivirla en nuestras familias, así como el deseo profundo, que como creyentes, seguidoras y seguidores de Jesús, vamos comprometiéndonos a la transformación de la sociedad, desde nuestros trabajos profesionales, siendo mensajeras y mensajeros de vida y paz en los espacios en que nos movemos.

Durante este tiempo hemos descubierto a un Dios humano, sencillo, cercano, humilde; se rompen los esquemas de un dios distante que se nos había enseñado. 

El Espíritu como NOVEDAD en nuestras vidas y la vida del mundo, que nos ayuda a vivir nuestra vida en armonía y, teniendo en cuenta que es un caminar en el día a día, va fortaleciendo la experiencia del encuentro personal con Jesús, en la Oración, en la Eucaristía y en las relaciones con las demás personas.

Pertenecer al grupo Vida y Paz es un regalo que nos permite acercarnos más a Dios que es Padre y Madre; tener la posibilidad de conocernos, apoyarnos para una vida en armonía en la familia y, lo más importante, el ideal del Instituto Vida y Paz que es pensar, sentir y actuar como Jesús. Tratamos de ser mujeres y hombres mensajeras y mensajeros de la VIDA y la PAZ, en nuestra sociedad tan dolida por la injusticia.

¡Cambia Señor nuestro corazón indiferente por un corazón de carne!

Oración ante el Mediterráneo

Por: Equipo de Difusión del Carisma. Vita et Pax.

 

Y el día 24 de marzo llegó. Eran las siete de la tarde y poco a poco, en el lugar acordado nos fuimos congregando un grupo de personas para rezar. Sí, para rezar. Nos convocaba el Instituto Secular Vida y Paz. Este Instituto lo formamos un grupo de mujeres laicas consagradas que trabajamos por la vida y la paz para hacer un mundo más justo, humano y fraterno. Desde hacía algunos meses veníamos acariciando la idea de reunirnos y orar ante el drama de tantos hermanos y hermanas muertos en el Mediterráneo, que vieron en este mar la antesala de la libertad y de una vida más justa.

El lema escogido fue Nuestra indiferencia les ahoga. Era una oración pública, con ella queríamos visibilizar tantas vidas truncadas, tantas ilusiones ahogadas, tantas familias rotas, tanto sacrificio y tanto sufrimiento, huyendo de guerras, persecuciones, hambrunas, en medio de una sociedad que quizá se conmueva pero hace poco o nada y peor aún, que no es sensible ni ante las situaciones desesperadas de cientos y miles de mujeres, niños y hombres que buscan un sitio a nuestro lado.

Hicimos nuestras las palabras del Papa Francisco en Lampedusa, ante la gran tragedia de los inmigrantes que vienen a Europa: “Sólo me viene la palabra vergüenza. Es una vergüenza. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’: la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar”.

El coro Emaús, de la Parroquia San Vicente Ferrer de Elche puso música a este drama con la canción “El sueño de la esperanza” de Pedro Sosa: Habrá que abrir las ventanas/ para asomarse a la playa/ y hacer una red de lazos,/ y un puente brazo con brazo/ para que vengan y vayan./ Habrá que abrir las cancelas/ para acercarse a la playa,/ a ver si así se nos callan/ los gritos por los oídos/ de tanto niño perdido…/ A ver si Europa se entera/ que no hay quien ponga barreras/ al sueño de la esperanza,/ que el alma se aferra a un sueño/ y el sueño mueve las barcas./ Para vivir de rodillas,/ mejor morir en el agua./ Ahogarse en la pena hiere/ y deja llagas que sangran./ Mejor ahogarse en las olas,/ las olas no dejan marcas.

El testimonio de Ousman Ndiaye, de Senegal, puso carne, cuerpo y rostro concreto a esta tragedia. Como tantos otros, acuciado por la necesidad y el hambre de los suyos, después de una conversación con su madre, una noche cualquiera de hace once años, en plena oscuridad, se metió en un cayuco, sin ver el horizonte ni a sus compañeros de viaje, y puso rumbo “a la tierra prometida”. La de Ousman es una historia con final feliz. Él mismo nos compartió que vino a España por necesidad, ahora se queda por amor. Porque ha encontrado personas que le acogen en su casa, que lo sientan a su mesa, que come la misma comida y que lo tratan como a uno de los suyos y así se siente él.

La Palabra de Dios iluminó el corazón de la oración. Escuchamos clamar por su liberación al pueblo de Dios en el libro del Deuteronomio; asesinar hermano a hermano en el Génesis; invitar a la acogida al forastero en el Levítico. Escuchamos la huida a Egipto de José y su familia por miedo a la muerte en Mateo y también en Mateo, la propia voz de Jesús nos dijo que todo lo que hagamos a uno de esos hermanos suyos más pequeños a Él se lo hacemos.

Desde nuestra pequeñez y fragilidad elevamos nuestra plegaria a Dios pidiéndole que cambie nuestro corazón indiferente en un corazón de carne. Pedimos también por los gobernantes, por quienes tienen en sus manos la posibilidad de abrir fronteras, quitar muros, tender puentes, firmar la paz, desarrollar políticas justas, crear empleo… Y agradecimos, por todas aquellas personas, grupos e instituciones que, superando la indiferencia, se dejan tocar el corazón y acogen en sus vidas y en sus casas a las personas que llegan buscando cobijo.

Cantamos y rezamos el Padrenuestro sintiéndonos hijas e hijos del mismo Padre, hermanas y hermanos de toda la humanidad, con la conciencia de que todos y todas pertenecemos a la única familia humana. Y concluimos nuestra oración con una danza de alabanza a Dios Padre-Madre, nuestro Creador y Salvador, que nos ofreció el grupo En-danza de la parroquia San Vicente Ferrer de Elche.

Con esta plegaria íntima volvimos a nuestros quehaceres cotidianos ¡Cambia Señor nuestro corazón indiferente por un corazón de carne!

 

La Palabra que hace vivir

 Domingo V de Cuaresma. Ciclo A

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

Antonio Machado nos invita a escuchar entre las voces una: escucho solamente entre las voces una … a distinguir me paro las voces de los ecos. No es cosa fácil. Son tantas las voces que se levantan a lo largo del día, tantos los discursos y palabras, tantas las urgencias que nos reclaman… que es difícil hacer silencio para escuchar y escuchar no cualquier voz, sino aquella que nos hace vivir. Las tres lecturas de hoy nos hablan, precisamente, de esto, de vida, de una Palabra que nos hace salir de nuestros sepulcros y nos da Vida.

En el Evangelio, la voz que despierta a Lázaro no es una voz cualquiera, sino la voz de un amigo. Desde el principio de la historia lo sabemos: Jesús amaba a Lázaro. Sus hermanas se lo recuerdan con delicadeza para que acuda velozmente: “el que amas está enfermo”. Además, “Jesús se echó a llorar”, es una palabra deshecha en llanto, palabra que ha llorado por Lázaro. Marta y María comprendieron, al ver tal conmoción, que a Jesús le importaba Lázaro. Y mucho.

Y es que para hacernos vivir no basta una voz cualquiera. Ha de ser una voz capaz de tocarnos por dentro, de llegar hasta el lugar donde nos habíamos retraído, de reavivar los rescoldos que todavía laten bajo nuestras cenizas y de hacernos salir fuera. La voz de Jesús no es fría: está llena de pasión, de amor y de deseo.

Lázaro ha vuelto a la vida. El Evangelio nos lo muestra saliendo del sepulcro y avanzando. Y, sin embargo, camina todavía con dificultad. “Lázaro, sal fuera”. Al obedecer esta voz no sospechaba las muchas sorpresas que encontraría. La luz que deslumbró sus ojos al salir del sepulcro no era la misma que le despidió cuando su muerte. Y es que encontraba ahora un sentido nuevo en sus tareas cotidianas, colores más vivos en el tejido que le ligaba a los suyos. Su casa, la de siempre, la que creía conocer tan bien, se descubre más acogedora y cálida. Seguir a Jesús no es huir de las propias ocupaciones y preocupaciones, sino volver a ellas, afrontarlas con mayor hondura, con otra perspectiva, descubrir el modo en que se abren al Misterio de Dios cercano. Lázaro comprendió mejor a su Amigo.

Empezábamos el comentario citando a un poeta y terminamos con otro: Gustavo Adolfo Bécquer. Piensa el poeta en el arpa, olvidada de su dueño y abandonada en un ángulo oscuro del salón. Cesaron ya sus arpegios y ha quedado muda su música. Esta visión evoca el estado de muchas personas que tal vez son genios, pero que han olvidado la llamada al asombro y la inagotable riqueza de sus vidas. Y exclama: Cuántas veces el genio/así duerme en el fondo del alma/y una voz, como Lázaro, espera/que le diga: ¡levántate y anda!

Entendemos que la resurrección de Lázaro se refiere también a nosotras. Significa algo que nos sucede a todas las que estamos dormidas y se nos invita a despertar. Lázaro son todas las personas que han perdido la esperanza, que han atrofiado su capacidad de escucha, que ya no reaccionan ante la alegría que nos envuelve y nos llama a vivir…

Nos hacemos así una idea del poder de la Palabra de Jesús. Es una Palabra que se dirige a alguien sin oídos, sin capacidad para recibir ningún mensaje. Es una Palabra que tiene que devolver la escucha a quien la oye. Palabra creativa, capaz de conformar el corazón que pueda recibirla. Es Palabra que debe regenerar no sólo la persona, sino las relaciones, el grupo, la familia, la comunidad.

Estamos llegando al final del camino cuaresmal. En nuestro interior habita una artista dormida que quiere despertar, una tímida bondad que quiere desbordarse, un amor que no conoce límite, una capacidad de riesgo que desconoce fronteras… aún tenemos tiempo de escuchar: ¡levántate y anda!

 

Manifiesto por la vida

Por: Equipo de Difusión del Carisma. Vita et Pax

El Instituto Secular Vida y Paz unido a otras manifestaciones y grupos como Justicia y Paz, Manos Unidas, Cáritas,… no puede permanecer impasible ante la injusticia y la magnitud del drama que están viviendo personas que solo buscan paz, tranquilidad,… VIDA.

Con la tapadera o coartada de una crisis y de los ataques terroristas… grupos de personas sufrientes están padeciendo la dejadez y la indiferencia que los aboca a unos a la muerte y a los que logran sobrevivir al mar, a unas condiciones de vida infrahumana con la amenaza constante de un regreso a la muerte segura.

Por ello, uniéndonos a otros grupos ya manifestados declaramos lo siguiente:

  1. Su llegada no es una invasión, es un apoyarse en personas que viven en mejores condiciones y pueden mejorar su vivir.
  2. Nuestra negación a la ayuda, a perder aquello que no es sólo nuestro, sino que pertenece a la casa común, por lo tanto, también de ellos, es un sinsentido.
  3. Una vez comprometidos no podemos retrasar y dejar a las personas abandonadas, no nos pueden engañar retrasando y diciendo que van a llegar pronto.
  4. Que estamos realizando un auxilio con trampa, mal realizado y para cubrir expediente.

Por todo ello exigimos:

  1. Se cumplan los convenios y tratados internacionales. Hacemos una llamada a la solidaridad de todos e informamos que la agencia de la ONU, Cruz Roja,… están llevando adelante proyectos de acogida con voluntariado. No olvidemos que lo que no pasa aquí, no significa que no esté pasando. Estamos poniendo en grave riesgo las vidas de miles de personas.
  2. Cambiar el enfoque de las políticas europeas de migración y asilo, hay que poner en el centro a la persona, no a las leyes.
  3. Agilizar la acogida de personas refugiadas a través de ampliación de plazas en los proyectos y programas que están ya abiertos.
  4. Reforzar la integración en barrios por medio de la educación y el diálogo intercultural que evite el surgimiento del racismo.
  5. Incrementar fondos de ayuda comunitaria.
  6. El cumplimiento de la legalidad y respeto a los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas.

 

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; quien me sigue tendrá la luz de la vida

Domingo IV de Cuaresma. Ciclo A

Por: Carmen García. Vita et Pax. Pamplona

La Cuaresma en su itinerario hacia la Muerte y Resurrección de Jesús, nos ofrece una gran riqueza  litúrgica a través de las Oraciones y   lecturas propias de este tiempo de Cuaresma, Semana Santa y Tiempo Pascual.

La primera Lectura  nos ofrece un relato muy interesante del primer  libro  de Samuel. Samuel recibe un mensaje de parte de Dios, le encarga una misión concreta: elegir entre los hijos de Jesé un Rey para el Señor. A primera vista, se fija en la buena apariencia de Eliab y dice: “Seguro que está su ungido ante el Señor” y así van pasando los  otros hijos.

El Señor hace caer en la cuenta a Samuel  de que sus criterios de elección no concuerdan con los  criterios de Dios: “El Señor dijo a Samuel”: “Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es éste”. Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos”. Vemos la importancia que tiene  el sentido de familia, de comunidad que busca en cada ocasión hacer la voluntad de Dios.

Termina la lectura diciendo: “El Espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante”.  

San Pablo en su carta a los Efesios, nos hace caer en la cuenta de que somos hijos de la luz porque hemos dejado de vivir en las tinieblas. Vivir como hijos de la luz nos exige practicar la bondad, la justicia,  la verdad, la honestidad, en definitiva, entregarnos  a los más necesitados.

Cada día, cuando leemos o vemos la televisión, podemos comprobar que existen  situaciones que necesitan  ser iluminadas por la luz de los criterios evangélicos. Nos corresponde a los cristianos vivir  en esa  luz de la que nos habla San Pablo al invitarnos a: “Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz”. Nos toca a los que nos llamamos cristianos ser testigos de esa Luz y, trabajar por la justicia, por la paz, para hacer un mundo más justo, más humano. Y, sobre todo, más sensible al sufrimiento de las personas.  

El Evangelio de este domingo nos llena de gozo porque pone de manifiesto la misericordia de Jesús hacia el ciego de nacimiento: Pero a la vez, vemos que a lo largo del texto se percibe la tensión entre los fariseos y Jesús. Inmediatamente se crea la polémica: “Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?”. Jesús aprovecha  esta pregunta para hacer una catequesis, para explicar a los discípulos en qué consiste la Misericordia de Dios.

Parece que existía una  falsa tradición  de que todo mal físico era efecto de un mal moral, que radicaba en el enfermo o en sus antepasados. De ahí la polémica que se crea entre Jesús y los fariseos.

Jesús se salta todas  esas normas y tradiciones y va a lo fundamental: Busca en el ciego su propia verdad a  través del diálogo que se entabla entre los dos.  De paso, Jesús arranca del ciego su mejor acto de fe: “Creo Señor”. Y se postró ante Él.    

Dios estará en el templo si allí hay amor

Domingo III de Cuaresma. Ciclo A

Por Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Al pueblo escogido, aquel que estaba perseguido, esclavizado, en minoría…, siempre son los mismos a los que se acerca Dios, a ellos les ofrece la libertad. Pero la libertad en la mayoría de los casos produce inseguridad, incertidumbre, riesgo… Y es que nuestro Dios es así, es  ARRIESGADO.

Ansiada libertad que cuando no la tenemos nos ahoga, no vivimos y cuando la tenemos nos desespera, nos confunde.

Pero Jesús sí entendió la libertad que Dios, el Padre como Él le llamó desde el principio, ponía en sus manos. Y con esa libertad que Dios nos da es con la que Jesús traspasa los límites entre lo sagrado, lo público, lo religioso y la vida cotidiana; porque piensa que todo lugar, persona, situación… todo es sagrado si nuestro Padre está allí y nosotros estamos con Él. Y Jesús se muestra como trasgresor de la norma de evitar su paso por Samaria.

¿Y por qué no iba a ser sagrado un pozo en Samaria? Cualquier sitio es bueno para llevar a Dios, cualquier sitio o circunstancia es adecuada para estar con nuestro Padre. En ocasiones la transgresión es necesaria para llegar a Dios.

Jesús siempre se muestra como una novedad, otra forma de “hacer”. Para re-crear vínculos, eliminar conflictos, ofrece su amistad a todos, una amistad que derriba muros, quizás porque no se presenta como el dador, si no como el que necesita estar con los demás, necesita de su compañía y necesita compartir con ellos, lo dice en el evangelio con esta expresión “tenía que pasar por Samaria”.

Se acerca a la Samaritana y Jesús le pide agua, “Dame tú agua” yo también puedo darte pero otra clase de agua, un agua que te sacia y se multiplica para que tú también puedas dar a los demás. No te daré solo un jarro de agua no, te daré lo suficiente y en abundancia para que puedas repartir.

Jesús no dona lo justo, siempre se ofrece en abundancia, para que haya para más, para que tú puedas dar, para que tú ames con el mismo amor que te ama Dios.

Libro recomendado para esta Cuaresma

La corrupción no se perdona

 

 

Autor: Bernardo Pérez Andreo

Edit: PPC

 

 

 

 

 

 

Tema tristemente actual el de este libro. El autor plantea que la corrupción en sí no se perdona porque es un pecado estructural y está ligado a un sistema injusto, que la Biblia llama satánico, identificándolo con las “bestias”. Ciertamente pueden ser perdonadas las personas corruptas, cuando cambian de mentalidad y de conducta, pero nunca la corrupción en sí, porque es intrínsecamente mala. Hay pecados personales de corrupción que pueden y deben denunciarse con nombre y apellidos, pero la corrupción en sí, como estructura demoníaca, ha de ser superada y destruida sin posibilidad de perdón.

Bernardo Pérez Andreo (Nîmes, 1970) es doctor en Teología (Valencia, 2006) y en Filosofía (Murcia, 2015). Es profesor de Teología en el Instituto Teológico de Murcia y coordinador del Máster en Teología por la Universidad de Murcia.

Lo más importante: escuchar a Jesús

Domingo II de Cuaresma. Ciclo A

Por: Javier García ( Equipo Eucaristía)

Sorpresas te da la vida

Mientras hacemos el camino de la vida, las personas nos vamos sorprendiendo unas a otras. A veces es una sorpresa desagradable: una traición, un egoísmo, una palabra hiriente, un desprecio, una crítica destructiva. En cambio, otras veces es una sorpresa agradable: una cualidad desconocida, una bondad insospechada, una fidelidad desconcertante, una amnesia que olvida el mal recibido, una mirada que acoge y perdona, etc.

En el grupo de Jesús no ganaban para sorpresas. Jesús les sorprendía cada día con su modo de ver la vida, su modo de estar con la gente, su preferencia por los más caídos, sus palabras sobre Dios. Les descolocaba, hacía añicos sus visiones y expectativas. Veían en Él tal determinación por la causa del Reino que, un día, sintieron temor pues, en el futuro que se dibujaba en el horizonte había sombras, noche y conflictivo.

Es bueno hacerse preguntas

Por ello, seguramente en cada uno de ellos y también en sus conversaciones aparecía una pregunta: ¿quién es este hombre que cada día nos sorprende con su palabra y su vida? ¿Quién es Jesús en lo más profundo de sí mismo? No hacía mucho tiempo, en un momento de crisis, el mismo Jesús les había preguntado: «y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16,15).

Cuando la vida nos sonríe no solemos hacernos grandes preguntas. Vivimos y disfrutamos. En cambio, cuando las dificultades asoman por la puerta comenzamos a hacernos preguntas: lo hacemos sobre el esposo o la esposa, sobre los hijos, sobre nosotros mismos, sobre las relaciones sociales, sobre el sentido de la vida, sobre la religión que practicamos, etc. 

Hoy, en esta época, caracterizada por tantos cambios tecnológicos, sociales, culturales y religiosos, a los cristianos nos toca, como aquellos primeros discípulos que veían y sentían la dificultad, preguntarnos por el sentido y valía de la fe que profesamos. Nos toca, a la vista de una realidad que pone en crisis las visiones, creencias y valores anteriores, preguntarnos qué merece la pena creer y, sobre todo, preguntarnos a quién merece la pena escuchar y seguir.

Lo más importante de todo

«Escuchadle» decía una voz desde la nube. «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle» (Mt, 17,5). Mateo parece estar pensando en los seguidores de Jesús de todos los tiempos para recordarnos lo que nunca hemos de olvidar: lo más importante es escuchar a Jesús: escuchar sus palabras, contemplar su modo de vivir, su modo de hacer. Y guardarlo adentro, en la mente y en el corazón. Y seguirlo.

Lo que la Iglesia diga y haga merecerá la pena si va en la dirección de ayudar a los propios cristianos e invitar a los hombres y mujeres de hoy a escuchar a Jesús. Descubriremos, a través de toda su vida que nos habla, por qué merece la pena vivir y morir, en qué consiste la felicidad que buscamos.

 

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