Pregón Pascual 2018

PREGÓN PASCUAL 2018

Por: Auxiliadora Fernández Fernández. Mujeres y Teología de Ciudad Real

Descargar (PREGÓN-PASCUAL-2018.pdf, PDF, 31KB)

 

La VIDA empuja

Domingo de Resurrección

Por:Maite Menor Esteve. Vita et Pax. Guatemala

Este el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”

Hoy es una día grande, tal vez el más grande que los y las seguidoras de Jesús podemos celebrar. La VIDA empuja con toda su fuerza y vitalidad, la LUZ vence las tinieblas y la oscuridad de nuestro mundo, la muerte no tiene la última palabra… ¡Cuánto está necesitado nuestro mundo de esta buena noticia! Hoy tenemos que estar radiantes, alegres, felices porque Dios, Padre y Madre, ha resucitado a Jesús. Dios resucitando a Jesús confirma su vida, su mensaje, su opción por los marginados y excluidos, y nos dice: así es como hay que vivir y actuar, pasar por la vida haciendo el bien, haciendo el bien cotidianamente, liberando a los que viven oprimidos por la angustia, la desesperación, la falta de oportunidades, la avaricia y el egoísmo, el sin sentido…

Hoy comienza el tiempo pascual, tiempo para profundizar, degustar y saborear el verdadero significado de la resurrección de Jesús. Hoy comienza el tiempo de la Ruah, ese Espíritu que impulsó, animó y fortaleció a Jesús a lo largo de su vida. Ese Espíritu que Jesús prometió que nos acompañaría a todos y todas los que creemos en Él. Ese Espíritu que dio fuerza y valor a los discípulos y discípulas para anunciar que Dios había resucitado a Jesús de entre los muertos. Ese Espíritu que nos invita a seguir hoy anunciando que Jesús es el que Vive, el Viviente, como dice el Apocalipsis 1, 18: El viviente, el que era y el que es.

La tumba está vacía. Muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. Resucitó de verás mi amor y mi esperanza. ¿Cómo sería nuestro mundo si las que decimos creer en Jesús viviéramos con este convencimiento? ¿Cómo sería nuestra vida si en los momentos difíciles, de dificultades, oscuridad, etc., viviéramos con esta certeza?

La experiencia de la resurrección nos invita a salir de nuestra zona de confort, de nuestras seguridades, comodidades y gritar con voz fuerte que Jesús está Vivo y camina con nosotras y nosotros. Hoy como a María de Magdala, Jesús nos dice: “ve y dile a mis hermanos…” No podemos quedarnos esta experiencia solo para nosotras, hemos de anunciar que Jesús ha resucitado, que la vida triunfa sobre la muerte y que los poderes de este mundo se acabarán.

Hoy, más que nunca, hemos de dejarnos impulsar por el Espíritu de Jesús resucitado y continuar trabajando y esforzándonos por la construcción de un mundo más justo, humano y digno para todos y todas. Hoy se nos invita a ser la levadura de un nuevo mundo donde la dignidad de las personas sea respetada, donde reconozcamos los derechos de todos y nos convirtamos en defensoras de los más vulnerables y excluidos.

Que en este tiempo pascual que comenzamos hoy, seamos sembradores y sembradoras de semillas de Reino.

 

 

 

                                                                                                         

El mandato de Jesús y la ofrenda de su vida, dos momentos de una misma experiencia

Jueves y Viernes Santo

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

Los relatos del evangelista Juan, nos llevan a recorrer  la experiencia de los últimos días de Jesús  vividos con sus amigos y amigas.

Son dos tiempos distintos, dos momentos, pero que expresan una misma realidad y forman parte de una misma experiencia de donación y amor de parte de Jesús.

Cuando releemos los textos evangélicos de estos dos días en que se nos invita a repensar y acoger lo que Jesús hizo y las razones por las que dio su vida, nos adentramos en ese misterio de amor que hasta hoy nos es difícil de comprender en toda su magnitud.

 Y necesitamos releerlos a la luz de lo que aconteció más tarde, cuando el Padre Bueno confirma, en la Resurrección de su Hijo Jesús, cada uno de los gestos y palabras que nos regaló a través de su vida entre los que conformamos su pueblo, por fe.

No se puede entender el Paso de Jesús en el encuentro del Cenáculo, cuando celebra la pascua judía con sus discípulos y discípulas, ni su muerte como un malhechor en una cruz, sin la luz y fuerza que nos da el reconocerlo resucitado por su Padre. Después de esta experiencia nueva, al igual que los discípulos y discípulas, comenzamos a entrever y comprender el significado de su vida, su paso entre nosotros y su muerte, donde se nos regala la VIDA.

¿Qué rescatamos de aquella memorable cena pascual? El servicio por amor. Aún sin entender del todo, los amigos de Jesús, ante el gesto que les propone de lavarles los pies, aceptan, porque quieren “tener parte con Él”. Ya han caminado a su lado, ya han podido descubrir el significado del servicio a los demás, lo hay testificado cada vez que Jesús ha sanado, ha abrazado a alguien que vive el dolor, la soledad, el rechazo, cada vez que Jesús dignifica la vida de cada persona excluida o marginada. Y quieren ser parte de ese modo de entender la vida.  Con Jesús, miran de otra manera al ser humano y el sentido de sus vidas cambia. Pero lo comprenden después, cuando lo reconocen vivo, resucitado, repitiendo los mismos gestos que él hacía cuando estaba entre ellos.

No convirtamos el gesto de “lavar los pies” al hermano, a la hermana,

en solo eso, un gesto repetido cada año, que solo emociona, pero no cambia el corazón.

¿Y qué es hoy lavar los pies a la persona que lo necesita?

Hay tantas oportunidades hoy de servicio… Nuestro mundo no mira hacia abajo, hacia las personas más desposeídas, las rechazadas por su ignorancia, las que viven en la soledad, o metidas en el mundo de la violencia, la droga, las víctimas del poder y la corrupción. Hoy repetimos la historia y, maltratamos injustamente a los sencillos y desprotegidos.

Atrevámonos a repetir, también, la historia de la donación, la denuncia de lo injusto y el servicio a quien es maltratado e ignorado. Los niños y niñas, las mujeres, los que viven en la pobreza más severa, y no son  reconocidos por causa de su etnia, sexo, religión.

Así nos lo enseñó Jesús con su vida, su palabra y su acción mientras estuvo entre nosotros.

Y eso es lo que en este nuevo año, como una nueva oportunidad, nos presenta la liturgia del jueves grande, producto del amor incondicional de Jesús a sus amigas y amigos. Y con ese gesto, hizo presente su Buena Noticia de lo que El expresaba como Reinado de Dios.

Aprendamos la lección…

Pero cuando vivimos con coherencia nuestra fe en Jesús y nuestra opción por Él como seguidoras y seguidores suyos, no podemos olvidar que hay que acoger y asumir, como Él, el precio de la cruz. No hay resurrección verdadera, sin muerte ni sufrimiento.

En este viernes, santo, porque a quien hacemos presente es el Santo de Dios, recorremos con Jesús su camino de dolor, humillación, sufrimiento e incomprensión, no solo de su pueblo, sino también de sus amigos. Y contemplamos que lo recorre en silencio, con humildad, sabiendo en su interior que esa sentencia de muerte es fruto de su coherencia de vida. “No me quitan la vida, la doy yo…” puesta su confianza en  Abba, su Padre.

Una nueva propuesta para entender cómo tiene que ser nuestra andadura y adónde nos va a llevar, si nos comprometemos a seguirle con su mismo estilo de vida. 

Una nueva invitación a mantener nuestro compromiso  de bajar a los crucificados de nuestro mundo de hoy, para que puedan gozar de una vida plena y resucitada, como Jesús lo sueña.

Sabemos que si levantamos la voz por los que no tienen voz; si defendemos la vida de los más pobres; si optamos por dignificar la vida de las mujeres y las niñas; si señalamos la violencia y la corrupción de los que sustentan el  poder y solo buscan su propio beneficio… nuestro camino no será un camino de rosas ni de alabanzas. Quien dice la verdad molesta y  acaban por condenarlo. Como a Jesús.

Mandato de servicio. Amor incondicional. Muerte y sufrimiento. Es verdad. Momentos de una misma experiencia. Pero sin perder la perspectiva de que caminamos hacia la Vida plena, resucitadas y resucitados en Jesús, Señor de la Historia. Y esa certeza nos tiene que dar la fuerza y la energía, emanados de la Ruah, su mismo Espíritu, para caminar decidas y decididos hacia la PASCUA de hoy. El Paso del Señor por nuestras vidas.

 

 

 

 

 

Saber decir al abatido una palabra de aliento

Domingo de Ramos, Ciclo B

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Seglar. Ciudad Real.

Son numerosas las personas abatidas, caídas, desesperanzadas en el caminar de su vida.

 Padres y madres que no tienen trabajo para poder tener unos ingresos con los que cuidar a sus hijos, estos viven en situación de pobreza, en un entorno familiar difícil, que obstaculiza su educación, formación y desarrollo.

Personas, por lo general jóvenes, que se han visto obligadas a salir de su tierra por la guerra o violencia, a veces perseguidas, o porque han decidido dejar atrás unas condiciones infrahumanas y abrirse camino para vivir con dignidad.

La llegada de una enfermedad grave, una enfermedad mental, una adicción, falta de ganas de vivir, que hace sufrir a la persona enferma, pero afecta a toda la familia que no encuentra explicación, que no está preparada para afrontarla, sobrepasada, sin aliento para continuar.

Ahí está Cristo encarnado en cada persona sufriente, aguantando los golpes duros a los que está siendo sometida, soportando los maltratos y vejaciones, padeciendo el hambre cuando no hay alimentos, conviviendo con la enfermedad que va minando el cuerpo, al lado del padre y madre que temen perder a su hijo, junto a la persona que vive en soledad, abandonado en la calle o postrado en algún sitio esperando la muerte.

Ahí debemos estar también nosotros, los seguidores de Cristo, combatiendo también nuestras dificultades, pero aliviados porque lo sentimos cercano; mirando al necesitado que pueda estar a nuestro lado, clavar nuestro ojos en él por si nos quiere decir algo; escuchar para oír todas las voces, las de cerca y las de lejos, la de quienes alzan la voz y las de quienes no tiene fuerza para hacerse oír; tenemos que saber decir al abatido una palabra de aliento, animar al que no tiene fuerzas para continuar la vida, transmitir esperanza porque la situación puede cambiar; comunicar que el Señor no se aparta de nuestro lado cuando confiamos en Él.

La Palabra nos muestra a Jesús dispuesto a entregarse al máximo, tomando la condición de esclavo, dejándose golpear, escupir, permitiendo que hagan con Él lo que quieran, dispuesto a entregar su vida y morir desnudo en la Cruz.

Difícilmente tengamos nosotros la fuerza para llegar a ese extremo, pero sí que podríamos hacer un intento por ser humildes, por no presentarnos con poder en la sociedad, en nuestro trabajo, en la vida familiar; por no considerarnos sabedores de no se cuantas cosas, cuando realmente sabemos muy poco. Al igual que Jesús subámonos a un borriquillo porque reyes somos todos y Dios nos lleva en volandas; está bien que sigamos comprometidos en la sociedad, responsables en nuestro trabajo y familia, acompañando a quien nos necesita, aprendiendo nuevos saberes para darlos a conocer a otros, pero no nos subamos a esplendorosos caballos para ser vistos, oídos y aclamados.

Parezcámonos más a Simón de Cirene, obligados a llevar la Cruz, pero cumpliendo con nuestra misión, y aunque a veces nos falten las fuerzas, digamos: “El señor me ayuda, sabiendo que no quedaré defraudado. Isaías 50,7”.       

 

 

Ser signos de Pascua, vida, esperanza en el mundo.

5º Domingo de Cuaresma, Ciclo B

Por:Concepción Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología. Ciudad Real

Celebramos el V domingo de cuaresma. Cerca de la muerte y resurrección del Señor las lecturas nos urgen a la reconciliación con el Padre/Madre y al seguimiento de Jesús.

En la primera lectura el profeta Jeremías nos muestra cómo Dios anuncia una nueva alianza, un nuevo pacto con Israel y Judá. Proclama un tiempo nuevo en la relación de Dios con las personas. Lejos está el Dios vengativo y castigador. Su ley, EL AMOR, está grabada en nuestro ser. Ya no tendrá en cuenta nuestras faltas porque nos ama, acoge y no se cansa de ofrecernos su abrazo generoso.

El salmo 50 es un cántico al deseo ardiente de volver a Dios y reconciliarse con Él, de vivir en su presencia. Queremos estar cerca de Él, sentirnos habitados/as por su espíritu. Sentir, de nuevo, la alegría del perdón, la fuerza, la frescura y el empuje de su espíritu. Este gozo no podremos callarlo, tendremos que transmitirlo, anunciarlo al mundo.

El evangelio de San Juan nos traza la clave del seguimiento de Jesús. Es una lección opuesta a lo que la sociedad de hoy nos propone.

La fama de Jesús se extendía y también los griegos querían verlo y conocerlo. Nosotros ya lo conocemos, sabemos de su vida y su mensaje. Pero hoy las palabras del maestro son rotundas y radicales “el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera…”.

Cubiertos de un barniz de religiosidad vivimos muchos cristianos y cristianas sumidos en las rutinas, atrapados por las preocupaciones cotidianas, por las prisas que la sociedad nos impone, por salvaguardar el bienestar personal y nos olvidamos de priorizar en nuestras vidas la relación con Jesús de Nazaret, desde la oración, la Eucaristía. Dejamos para el final ese encuentro personal con Él que nos nutre y nos sostiene. Encuentro que conduce al compromiso con los hermanos y hermanas.

Pero cada día es nuevo, cada día es una ocasión para recomenzar, para pedir con fuerza cambiar desde dentro, para ir quitando ese barniz que nos estorba e ir poniendo más verdad y sinceridad en nuestras vidas. Cada día es una ocasión para recuperar el abrazo generoso del Padre.

Queremos seguirte con humildad, desde las dudas, inseguridades, con sinceridad de corazón. Tú también tuviste horas bajas, momentos de crisis y vacilación.

Danos lucidez para hacer real en nuestras vidas el proyecto que tienes pensado para cada una y cada uno de nosotros.

Que el amor que has puesto en nuestros corazones se manifieste en misericordia y generosidad hacia nuestros hermanos y hermanas.

Que nuestras vidas sean signos de Pascua, signos de vida, signos de esperanza y resurrección en el mundo.

Grupo Vida y Paz de Alboraya

Por: Cecilia Pérez Nadal. Vita et Pax. Valencia

La primera aportación de este curso, del Grupo Vida y Paz de Alboraya se realiza ya con el camino cuaresmal iniciado. Hace poco estrenamos año y ahora estrenamos nuevo tiempo de gracia e invitación a replantear nuestra vida según el modelo de Jesús.

El grupo de mujeres nos reunimos, como cada mes, el último miércoles de febrero en amigable compañía y estamos a punto de concluir el sexto año de nuestros encuentros. ¡Parece mentira…!

Sentimos que vamos caminando y creciendo como personas y grupo que inspiran su ser cristiano en Jesucristo Vida y Paz para el mundo y eso es lo que también nos gustaría ser a nosotras en nuestras familias, trabajos, voluntariados, amistades, vecinos.

Estamos finalizando el segundo bloque de temas y la Hospitalidad es el que ahora tratamos.

Destacamos algunas de sus frases:

*La hospitalidad se relaciona directamente con la voluntad de compartir, si no existe esa voluntad no se dará. No basta solo con tolerar al extraño sino que se necesita la voluntad de compartir espacios, tiempos, proyectos, ideales, afectos…

*Desterrando la desconfianza hacia el recién llegado, estaremos apostando por la fraternidad frente a la exclusión, eficaz modo de denuncia de las injusticias y anticipo del Reino.

*Desde el ideal cristiano, la hospitalidad únicamente es posible si nos sabemos visitados primero. Quien se abre a la fe en Jesús experimenta y sabe que Dios eligió poner su morada entre los suyos, soñó el universo como una “casa común”.

*El Fundador, D. Cornelio Urtasun, nos exhortó siempre a la práctica de la hospitalidad considerándola como algo esencial de la vida en caridad: “No olvidéis la hospitalidad y sabed que en cada persona viene el Señor”.

Estupendas reflexiones las compartidas y, al final, un piscolabis como muestra de acogida y cariño de nuestras compañeras de la casa.

Os deseamos a todos una santa Cuaresma y feliz celebración de la Pascua.

Con Jesús vino la Luz al mundo

Domingo 4º de Cuaresma, Ciclo B

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Y esa Luz permanece y hoy también nos ilumina. Sabemos que es difícil caminar a oscuras, no vemos los posibles obstáculos, no sabemos dónde hemos de poner el pie para no tropezar, necesitamos claridad para caminar seguros/as.

Mientras vivimos vamos haciendo un camino. Nuestro andar por la vida tiene días buenos y otros menos buenos. La vida hay que saber vivirla. Todos queremos vivir bien pero no siempre acertamos, somos conscientes de nuestras limitaciones, de nuestra debilidad y de los obstáculos que nos vienen de fuera. Jesús fue enviado por el Padre para enseñarnos a vivir.  Él mismo se definió como Camino –Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida- y también dijo que era la Luz del mundo.

La vida de Jesús y su Evangelio son la Buena Noticia para todos los tiempos, son Buena Noticia para nosotros/as hoy. Para los cristianos y para cualquier persona de buena voluntad.  Si miramos a Jesús y escuchamos sus palabras podemos aprender a vivir, a vivir bien: sin guerras y en paz porque rechazaremos las armas y los conflictos y buscaremos ponernos de  acuerdo  por medio del diálogo y del “saber perder” algo de lo que, en principio, pensamos que es nuestro derecho. Aprenderemos a vivir sin acaparar y sin robar –coger como mío lo que es de todos- para “asegurarnos un porvenir”; entonces repartiremos justamente los bienes de la tierra y a nadie le faltará lo necesario para poder desarrollar sus capacidades y vivir dignamente. Aprenderemos a respetarnos unos a otros y sabremos vivir en armonía: mujeres y hombres, negros y blancos,  del este y del oeste, del sur y del norte, de unas u otras religiones.

Nos dice el Evangelio de hoy que “Dios no envió a su Hijo al mundo  para  condenarlo sino para que se salve por Él”.  Pero “la Luz vino al mundo y los hombres prefirieron la tiniebla porque su obras eran malas… Pues todo el que obra el mal detesta la luz y no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras” (Jn 3,14-21).

En nuestro caminar, en nuestro vivir, encontramos muchos obstáculos, muchas dificultades. Necesitamos luz, claridad, para no tropezar, para vivir bien, para que otros vivan bien y para que todos/as podamos vivir en armonía. Cristianos y no cristianos tenemos una Luz que nos ayuda a caminar con pie seguro.  Nosotros/as hemos de poner nuestro esfuerzo para evitar tropezar porque gracias a la Luz vemos dónde están los obstáculos, los que nacen de nuestro interior y los que nos vienen de fuera. Y esta Luz no solo nos ofrece claridad sino que anima nuestro caminar, nos estimula  a vivir bien, a ese vivir fraterno que nos enseñó Jesús, con sus palabras, con sus actitudes  y con su actuar.

Gracias, Jesús, porque tú no fuiste enviado para condenar al mundo sino para enseñarnos a vivir. Tú eres la Luz que ilumina y facilita nuestro andar por la vida. Tú eres el buen Maestro, el que enseña la teoría y la confirma con la práctica. Eres el Camino y el que acompaña en el camino. Tú eres el Hijo, pendiente siempre de hacer la voluntad del Padre, de realizar la Misión que él te encomendó: Tú, como Hermano mayor, enseñarnos a vivir como hermanos, hijos todos de un mismo Padre, tu Padre y nuestro Padre.

 

Vía Crucis de la paz

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

 Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

  • PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Lc 21,16: Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros

El mundo está iniciando su etapa más peligrosa desde hace décadas. El marcado incremento de las guerras en los últimos años está desbordando nuestra capacidad de afrontar las consecuencias. Desde la crisis mundial de los refugiados hasta la extensión del terrorismo, nuestro fracaso colectivo a la hora de resolver conflictos está engendrando nuevas amenazas y emergencias. Incluso en sociedades pacíficas, la política del miedo está provocando más violencia y exclusión. Entre otros conflictos aún siguen abiertos: guerra en Siria, conflicto entre la India y Pakistán, disputa en el mar de China Oriental, tensión en Asia Oriental, guerra civil en Ucrania…

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

1 Cor 1,11: Porque, hermanos míos, estoy informado por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros

En la actual situación nuestra vida es una vida amenazada. Vivimos angustiados. Nos sentimos frágiles. Tenemos miedo. Hoy los países padecen guerras que desencadenan las organizaciones terroristas y otras las provocan los países para prevenir la misma guerra. Las multinacionales de las armas florecen. Aparece el choque de las civilizaciones. Sufrimos violencia en nuestra vida ordinaria de relaciones, en la calle, en el trabajo. Es fácil recurrir a la violencia para hacer valer el propio interés o para hacer notar la presencia…

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

St 3,14: Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad

La violencia física es una de las principales causas de muerte. Poner fin a esta violencia física es sin duda importante, pero no es suficiente. El concepto moderno de violencia estructural pone de manifiesto que podemos matar sin necesidad de recurrir a la violencia directa. No hace falta, por ejemplo, emplear armas contra los etíopes o contra los mozambiqueños para que mueran antes de tiempo. Basta negarles los recursos alimentarios y la atención sanitaria que necesitarían para llegar a viejos.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Lc 6,27: Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien

Según las cifras oficiales de la OTAN, en el año 2016, los Estados Unidos gastó 604.000 millones de dólares en defensa, China invirtió 145.000 millones de dólares, Rusia gastó 58.900 millones, 56.900 gastó Arabia Saudí, Gran Bretaña 52.000 millones, España 11.064 millones … Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • QUINTA ESTACIÓN: SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

St 3,18: Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz

Son muchas las causas que destruyen la paz e impiden su construcción. Una de las más importantes es: la profunda desigualdad social mundial. Desigualdad que se expresa en el simple hecho de que alrededor del 1% de multibillonarios controlen gran parte de los ingresos, es decir, ingresos altísimos para unos pocos y pobreza infame para las grandes mayorías. Según las estadísticas, España es el país más desigual de la Unión Europea, seguido por Letonia. Y el agravamiento de la desigualdad va en aumento.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO A JESÚS

Mt 10,16: Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos

La violencia doméstica es una muerte segura para muchas mujeres hoy, también en nuestro mundo rico. Según las estadísticas, el lugar más peligroso para las mujeres es su propia casa. En un informe de Unicef, que recoge datos de 23 países, se afirma que entre el 20% y el 50% de las mujeres, según el país, sufren algún tipo de maltrato en el seno de la familia. En bastantes ocasiones, el hogar se convierte en hoguera donde se consumen los sueños o languidece la salud física, psíquica y espiritual de muchas mujeres. En nuestro país, 866 mujeres fueron asesinadas en 13 años, récord de llamadas al 016, 40 muertas en un año, más de 53.000 mujeres maltratadas… y lo que no se sabe.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Col 3,15: Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados…

La guerra no nace en los campos de batalla, entre soldados con armas, sino en la misma casa, en la intimidad de la familia o de la propia institución. Mucho antes de empezar a guerrear, matar personas o destruir naciones, ya hemos matado a las personas mentalmente. Cuánta violencia fue mental antes de convertirse en violencia física. Se comienza a decir “sí” a la muerte mucho antes de decir “sí” a la violencia física. La construcción de la paz se inicia por el corazón de la persona. Porque en el corazón se genera la violencia, de él proceden el orgullo y la prepotencia que la engendran.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Mt 5,38-39: Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal…

Necesitamos parar la espiral de violencia que se origina desde el fondo de nuestro interior y desarmar nuestras conciencias. Pero la construcción de la paz no se agota en el interior, pasa por la familia, la comunidad cristiana, por la Iglesia, la sociedad… La construcción de la paz pasa también por el difícil terreno de las relaciones sociales. Y va precedida por la justicia. Para garantizar la paz es necesario luchar por el derecho al trabajo, a un salario digno, a unos ingresos mínimos de subsistencia para quienes no puedan trabajar, a la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, la salud…

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA

Mt 10,13: Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros

En el año 2000 se concluyó lo que se llamó “La Carta de la Tierra”, que fue el producto de un diálogo intercultural que se llevó a cabo durante una década a nivel mundial en torno a diversos objetivos en común y valores compartidos. Esta carta aportó una definición rica de la paz: «la paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, otras culturas, otras formas de vida, con la Tierra y con el Todo del cual formamos parte» (n.16, f). Sin estas relaciones correctas, esto es la justicia, nunca disfrutaremos de la paz.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

Jn 14,27: Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo

Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se precisa valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez. Para todo esto se requiere valor, mucho valor y una gran fuerza de ánimo. La paz de Dios es un don suyo, pero es tarea nuestra difundirla. Somos gentes de la no violencia. La no violencia exige, ante todo, la no cooperación con el mal y la denuncia pública de las injusticias. Nuestras “armas” se reducen a la fuerza de la verdad.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios  (Mt 5,9)

  • UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ 

Col 1,20: Y reconciliar por Él y para Él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos

Nadie olvida una ofensa recibida, especialmente, cuando ésta ha tenido un relieve importante en nuestra vida. Es necesario que los recuerdos envenenados se conviertan en recuerdos pacificados. Esto no es fácil, desgraciadamente, nuestro tiempo ha descuidado la educación en el perdón y la reconciliación. Perdonar es una gracia y un proceso. Hemos de poner nombre al dolor, reconocer nuestra parte de responsabilidad y, si es posible, dialogar con la otra persona. No buscamos el castigo, llegados a este punto, sólo el perdón y la reconciliación abren la puerta a una relación nueva. El perdón es la posibilidad de cambiar las reglas del juego; dejar de culpabilizar. Carece de importancia saber quién ha comenzado; lo importante es ver quién quiere terminar.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DUOCÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Ef 2,14: Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separa, la enemistad

También con nuestra “casa común” tenemos que reconciliarnos para alcanzar la paz. La contaminación, el cambio climático, la escasez de agua potable, la pérdida de la biodiversidad… son algunos de los problemas que sufre la naturaleza por la violencia que le infringimos. Es indispensable abandonar la actitud de dominio y de explotación con que nos relacionamos con ella y aprender de nuevo a mirarla con ojos contemplativos que sepan descubrir su belleza, comulgar con sus energías y desarrollar sus posibilidades. Somos cuidadores de la creación con nuestras pequeñas acciones cotidianas.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

Jn 16,33: Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo

Ser constructor de paz no se puede hacer en solitario. Es importante que la paz de Dios se haga visible en una fraternidad humana. Sólo desde la fraternidad tenemos la posibilidad de que nuestro esfuerzo por la paz sirva más al bien común que a nosotras mismas. Si la Iglesia quiere ser esta fraternidad debe ofrecer algo más que un simple espacio donde se está bien; debe ser la primera realización de “los nuevos cielos y la nueva tierra” (2 P 3,13).  La comunidad cristiana no es sólo medio para realizar la paz, sino que es el lugar donde la paz que andamos buscando recibe su primera forma.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

Ap 1,4: … Gracia y paz a vosotros de parte de ‘Aquel que es, que era y que va a venir’

Ser artífice de paz exige que el contacto personal con Jesucristo se haga visible en nuestras acciones concretas. Para los cristianos ser constructores de paz no es una opción. Es una “obligación sagrada” sea cual sea nuestra situación. Es una vocación a tiempo completo y, en este momento de la historia, tal vez, la más urgente de todas nuestras tareas. Es una forma de vida que compromete continuamente todo nuestro ser. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DECIMOQUINTA ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS

Jn 20, 19-21: Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘la paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado…

La comunidad cristiana es constructora de paz siendo testigo de esperanza. La esperanza se asienta en la experiencia de la fe en el Dios vivo, una fe más fuerte que la violencia, la división, el juicio o la guerra. No somos un grupo de personas que se han agrupado para unir sus fuerzas y hacer que la victoria sea más probable. No. La comunidad cristiana es la expresión de una victoria ya conseguida: “la muerte ha sido vencida” (1Cor 15,54), por eso, somos gentes de paz, de esperanza y agradecidas.

Dichosas las  personas  que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

 

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies