Reseña Jornadas Núcleo Mujeres y Teología (Guatemala)

Por: Maite Menor Esteve. Vita et Pax. Guatemala

Un año más hemos celebrado las XXI Jornadas Mujeres y Teología. En esta ocasión hemos profundizado en la hermenéutica bíblica con el tema: La Biblia desde otras orillas, impartidas por Cristina Conti exegeta bíblica.

Las conferencias nos han invitado a romper los esquemas de lectura e interpretación patriarcal, a través de desarrollar temas de inclusión, de género y diversidad, desde otra mirada y desde la lectura e interpretación bíblica que libera.

“La Biblia desde otras orillas”, pone al descubierto que las mujeres han sido invisibilizadas y muchas veces oprimidas en la Biblia. Ha sido una propuesta de deconstrucción y construcción de nuestros aprendizajes bíblicos, para avanzar hacia la experiencia de humanización que inició Jesús.

A través de las distintas ponencias, hemos aclarado conceptos y definido algunos términos, se nos han dado claves hermenéuticas para una lectura desde el margen. Posteriormente, reflexionamos sobre la plena humanidad de las mujeres, conociendo cómo surgió el sistema patriarcal, aproximándonos a los movimientos feministas tanto en la historia como en la actualidad, para llegar a la solidaridad con todas las personas marginadas.

A través de la lectura de distintos textos bíblicos, fuimos conociendo las invisibles de la Biblia, para acercarnos a las mujeres en el movimiento de Jesús y su gran protagonismo en la Pascua y en Pentecostés. Nos presenta a Jesús como clave hermenéutica.

Hacia el final de las Jornadas, Cristina motiva a hilar muy fino en los textos bíblicos y a sospechar de todo para tratar de descubrir qué es lo que dicen y lo que se lee entre líneas, descubriendo como la Ruah, se cuela por las grietas de los textos, para desvelar lo que realmente Dios quiere. Termina comentando los pasos de la danza de la hermenéutica feminista que propone Schüssler Fiorenza.

Toda esta manera de aproximarnos a los textos bíblicos, es para dignificar a las mujeres y a todos los grupos excluidos y así, acercarnos a la plena humanización de todas las personas, que es lo que Dios desea.

 

                                                                                                                                                                               

 

 

La corrupción no se perdona

Domingo 26 del T.O. Ciclo B

Por: M.Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid 

La predicación del Evangelio no es un sermón neutral que pueda satisfacer a todo el mundo y tranquilizar conciencias, sino una denuncia clara de las desigualdades económicas y sociales que dividen artificialmente a la humanidad en clases. Un claro ejemplo de ello es la carta de Santiago. Esta carta denuncia con audacia y arrojo la avaricia de los ricos y la corrupción pertinaz. Recuerda la importancia de la relación entre la fe y la vida social, económica y política; justo lo que muchos habían olvidado ya en tiempos de los primeros discípulos y lo que estamos olvidando los discípulos y discípulas de hoy. La fe está vinculada con la justicia. Cualquier intento por separar la fe de la vida no es cristiano y está condenado al fracaso.

En la sociedad que vive Santiago, tan parecida a la actual, los ricos se aprovechan para engordar sus riquezas, mientras que los pobres, la mayoría, viven en la indigencia. La carta nos permite ver cómo el problema de la corrupción social afecta a todos. A unos porque viven sin preocuparse de sus hermanos y explotándolos; a otros porque no tienen lo suficiente para vivir. Por eso el ataque a los ricos en esta carta no tiene parangón.

En España, la corrupción, por desgracia, sigue estando muy presente. La emergencia de multitud de escándalos y la correspondiente preocupación por este fenómeno, erosiona la confianza en las instituciones. La corrupción puede ser de muchos y variados tipos, entre los que se incluyen: el soborno, la connivencia, la malversación, el robo, el fraude, la extorsión, el abuso de discrecionalidad, el favoritismo, el nepotismo, el clientelismo…

En el año 2009, el ex-Fiscal General del Estado, hablando de la corrupción política, reveló en el Congreso que las causas que se estaban investigando en la Fiscalía en ese momento eran 730, por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Desde entonces, algunas de estas causas han sido cerradas, pero otras muchas abiertas. Y de importantes causas abiertas han ido surgiendo numerosos casos anexos que han dado lugar a piezas separadas de extraordinaria repercusión política y social. Obviamente, los casos más significativos han sido ampliamente tratados por los medios de comunicación. Muchos otros han pasado desapercibidos.

Pero lo que más daño ha hecho en España no son los casos de corrupción, sino el hecho de que la ciudadanía consintiéramos, por activa o por pasiva, estas prácticas y actitudes. A menudo se oye aquello de “yo también lo habría hecho” o “si tú hubieras tenido la oportunidad, seguro que también habrías pillado tajada”. Es decir, se ha socializado la corrupción como una realidad más que puede ser tolerada.

Sin embargo, ya es hora de no mirar para otro lado. Es fundamental que caigamos en la cuenta de que, por importante que sea la gestión de los gobernantes, más importante es la honradez de la ciudadanía. Es más, podemos asegurar que los gobernantes o personajes públicos corruptos pierden la vergüenza y la dignidad porque saben que pueden perderla y no pasa nada. Gozan de impunidad por los que callan, los que no quieren meterse en líos, los que saben que, con su silencio y su pasividad, podrán medrar y subir.

Un país en el que las cosas funcionan así no podrá salir de la corrupción. Sólo con nuestra honradez cuando no nos mordemos la lengua ante la corrupción, sea de quien sea, cuando esa corrupción se publica a los cuatro vientos, cuando se denuncia y no se tolera, entonces es cuando somos ciudadanas y ciudadanos cabales. El día que reaccionemos así ese día se acaban los corruptos; ese día habrá más justicia y el sol brillará con más luz.

Santiago, además, nos recuerda que la última respuesta a la corrupción viene de Dios, único juez, y el Papa Francisco con valentía profética declaró que la corrupción no puede ser perdonada. Ciertamente pueden ser perdonadas las personas corruptas cuando cambian de mente y de conducta pero nunca la corrupción en sí.

Por desgracia la Iglesia tampoco ha escapado a la seducción de la corrupción pero de esto hablaremos otro día.

En salida

Por Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

El día 18 de septiembre nos reunimos en Alicante los dos grupos de Vida y Paz para celebrar el aniversario del nacimiento y del bautismo de D. Cornelio Urtasun, fundador de nuestro Instituto, aunque realmente su fecha es el día 16, pero fue complicado reunirnos ese día puesto que queríamos celebrar una Eucaristía y para los sacerdotes los domingos son difíciles, así que cambiamos la fecha.

Nos reunimos casi todos los componentes de los dos grupos seríamos unos 16, siempre es difícil ajustar una fecha. Todos contentos de encontrarnos de nuevo después del verano, se alegraron que el encuentro se produjera con motivo de la celebración eucarística, y así lo expresaron, era un buen comienzo.

El sacerdote que nos celebró traía sus conclusiones sobre el fundador D. Cornelio y compartió algunas expresiones y experiencias que le habían llamado la atención de lo leído en el libro “Autobiografía de D. Cornelio Urtasun”   cuando se expresaba que: Yo jamás pensé ser padre fundador, yo he sido un hombre, si se puede decir, que me he sentido “atropellado” por el Espíritu Santo. Fue una expresión que le llamó mucho la atención. También subrayó la gran pasión que se podía leer y que le hizo mantenerse junto a Jesucristo desde bien pequeño hasta el final de su vida, como bien lo expresa al decir: Viviendo de su misma Vida hasta dejar de sobra. No son muchas las cosas por las que valga la pena de complicarse la vida,… Pero reencarnar a Jesucristo en nuestras existencias, ser otro Cristo…, dar la vida al mundo, amando hasta el extremo y dándole la Paz, sí que vale la pena,… de una vida y de mil vidas.

El celebrante recordó a D. Cornelio durante toda la celebración haciéndolo presente con sus comentarios y comparaciones con el evangelio. También las participantes compartieron sus reflexiones sobre el evangelio y lo que conocían del fundador. Fue una celebración viva y alegre, agradeciendo a nuestro Amigo Jesucristo el don regalado a nuestro fundador.

Una vez finalizada la celebración compartimos de forma más distendida los momentos vividos estos meses y nos alegramos de estar de nuevo “en salida”, dispuestas a comenzar una nueva etapa llena de encuentros. Nuestro siguiente encuentro será el día 4 de octubre y ya comenzamos a organizarlo. Hasta pronto, un saludo cariñoso desde Alicante.

 

 

III Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

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Siguiendo a Jesús

Domingo 25 del T.O.  – Ciclo B

Por: Sagrario Olza Leone . Vita et Pax . Pamplona

Los Evangelios nos hablan de Jesús como el predicador y profeta siempre en camino.  En muchos lugares la gente sale a su encuentro porque quiere escucharle, otras veces le presentan enfermos pidiéndole que les cure… pero hay otras personas  que le siguen, van con él, recorriendo los distintos lugares por los que Jesús va.  Acompañantes permanentes son los Doce, a los que  había elegido “para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar”. (Mc. 3, 14)

En estos últimos domingos San Marcos  sitúa a Jesús y a los discípulos en Galilea y en la región de Tiro, terreno pagano, donde curó a la hija de la mujer sirofenicia.  En el camino se dirige de manera particular, más directa, a los más asiduos y cercanos.  Recordamos la pregunta que les hacía el domingo pasado: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”  Y Pedro responde, parece ser que en nombre del grupo: “Tú eres el Mesías”… (Mc. 8, 29).  El prometido, el libertador, el que tenía que venir… Todo el Pueblo lo esperaba.  Para Pedro y sus compañeros estaba claro: el Mesías había llegado.

Durante  este recorrido Jesús quiere instruirlos, son sus seguidores y los elegidos para colaborar con él en su misión mesiánica.  Les va señalando unas condiciones  para poder compartir esa misión y  anunciando lo que le va a ocurrir  a partir de entonces: va a sufrir, las autoridades religiosas lo van a rechazar y, finalmente, lo condenarán a muerte.  Pedro se indigna, ¿cómo va a pasarle eso al Elegido, al que ellos siguen y del que “algo” esperan?  ¿Es que esa será también su propia suerte? Jesús les habló también de la Resurrección “pero ellos no entendían lo que decía y les daba miedo preguntarle” (Mc.9,30-32).  Y continuaban  hablando entre ellos.

Ese “algo” que esperaban tenía que ver con los posibles puestos que ocuparían en el Reino que Jesús anunciaba… y aunque les hablaba del sufrimiento y de la muerte “ellos no entendían”… y seguían con su discusión sobre los cargos a ocupar y quién sería el mayor.

Llegados a Cafarnaúm y una vez en casa, Jesús les preguntó: “De qué veníais discutiendo por el camino?”  Ellos callaban pero, poco a poco, se lo fueron diciendo… Entonces Jesús les explicó la “organización del Reino” y la forma de ejercer las responsabilidades: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc. 9,35).

Nosotras/os somos los seguidores de Jesús del siglo XXI.  Podemos reflexionar sobre si nos pasa algo parecido  a lo que pensaban y hablaban los que le acompañaban por los caminos de Palestina.  Sabemos que se cumplió lo que Jesús les iba anunciando: la persecución y condena de las autoridades religiosas que le llevaron a la cruz.  Sabemos que resucitó, porque creemos en el testimonio de los que lo experimentaron vivo… Conocemos lo que Jesús predicó, lo que Jesús hizo, y en qué consiste el Reino que anunciaba: la realización del Proyecto de su Padre y nuestro Padre, del Padre de todos,  que nos hace una sola familia en la que los hermanos se respetan, se apoyan y se ayudan, teniendo en cuenta, en primer lugar, a los más débiles y necesitados.

No nos desanimemos si nuestros sentimientos y reacciones se parecen a las de aquellos primeros seguidores… Ante la perspectiva de aquel futuro  nada agradable y tan poco glorioso que les presentaba el Maestro algunos se marcharon. Jesús preguntó a los doce: “¿También vosotros queréis marcharos? Y Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6, 67-68).

Los doce siguieron a Jesús hasta el final, con sus dudas y temores.  Pedro llegó a negarle en un momento muy difícil.  Pero, para ellos, pudo más su seguridad y confianza interior,  manifestada en aquella respuesta del mismo Pedro: “Tú tienes palabras de vida eterna”.  Después de la resurrección el Espíritu Santo les dio claridad sobre lo que “no entendían” y fuerza para anunciarlo por el ancho mundo.

Su predicación ha llegado hasta nosotras/os,  que también seguimos a Jesús. Conocemos su vida, su enseñanza, su pasión por el Reino como realización del Proyecto del Padre, su sencillez  y trato cercano  con la gente, su preferencia por los enfermos, marginados, pecadores… Conocemos las condiciones que ponía a los que querían seguirle y compartir su misión… Revisemos nuestras actitudes: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”  (Mc. 9,35) Miremos a nuestro interior  y revisemos nuestras convicciones profundas: “Tú tienes palabras de vida eterna”. (Jn.6,68).  Conscientes de nuestra fragilidad y nuestros fallos  acudamos al mismo Espíritu que fortaleció a los primeros…  Siguiendo a Jesús hagamos posible la construcción de la única familia humana, la fraternidad universal, la llegada del Reino. Recemos con el Canto “Libertador de Nazaret”, de Carmelo Erdozáin:

“Yo sé que eres camino, que eres la vida y la verdad;

                             yo sé que el que te sigue sabe a dónde va…”

 

Dios nos sale al encuentro en los otros, ¿lo reconocemos?

 DomingoXXIV del T.O. Ciclo B

Por: Maite Menor Esteve. Vita et Pax. Guatemala

Las lecturas de este domingo son muy iluminadoras para la vida de los y las que queremos ser discípulas de Jesús. La primera de Isaías, nos presenta a un hombre sufriente y despreciado por sus semejantes, y que a pesar de eso, tiene una total confianza en Dios, siente que le acompaña en su sufrimiento y le da fuerzas para resistir, tiene la experiencia de que Dios está con él y no le dejará en ningún momento. ¡Qué diferente se viven los problemas y las dificultades cuando se experimenta la presencia envolvente de Dios! ¡Cuántas personas viven su dolor y sufrimiento en soledad! Cuántas personas necesitan a alguien que les escuche, que les demuestre que no están solos, que les haga sentir la presencia de Dios a través de una mano amiga. Es un buen momento para que nos preguntemos cuánto escuchamos, cuánto de nuestro tiempo cedemos para acoger al otro, a la otra. Dios nos sale al encuentro en los otros, ¿lo reconoceremos?

La segunda lectura de Santiago nos dice que la fe si no tiene obras está muerta, y nos invita a demostrar la fe con las obras y con las obras, demostrar nuestra fe. Los cristianos corremos el riesgo de quedarnos en ritos y cumplimientos de las normas establecidas, de refugiarnos en una religión que nos tranquiliza y, a veces, hasta nos anestesia, y olvidarnos de que es la coherencia entre lo que decimos y hacemos, entre lo que creemos y vivimos, lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos hace, en definitiva, ser seguidoras de Jesús: “No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre del cielo.” (Mt 7, 21-23).

La realidad nos presenta constantemente, oportunidades para demostrar nuestra fe, a través de nuestras acciones. Vivimos en un mundo lleno de injusticias, que excluye y margina, que rechaza y expulsa a los que no son de nuestro país, a los que no piensan como nosotros, a los que son diferentes, a los que entienden la vida de una manera distinta a la nuestra, etc. ¿Qué estamos haciendo los cristianos y cristianas con la realidad de los que huyen del hambre y la miseria? ¿Qué estamos haciendo con las violaciones a los derechos humanos? ¿Con la violencia contra grupos étnicos o de género? ¿De parte de quién nos ponemos, de los indefensos o de los poderosos? Hoy Santiago interpela nuestra coherencia y nos invita a tomar cartas en los asuntos que conciernen a los que sufren, a los que no cuentan para este mundo. ¿Nos dejaremos interpelar?

Por último, en el evangelio de Marcos, Jesús nos pregunta igual que en su día les preguntó a sus discípulos y discípulas: “Y vosotros, vosotras, ¿quién decís que soy?” (Mc 8, 29). ¿Soy alguien vivo en tu vida que te invita a salir al encuentro de los que sufren? ¿Es el sufrimiento de los otros lo que te mueve a actuar y a salir de tus comodidades y de tu vida hecha? Si es así, miremos la realidad que nos rodea con los ojos de la compasión, de la empatía, de ver la situación de los excluidos y marginados, sea por la razón que sea. Convirtámonos los y las seguidoras de Jesús, en defensoras de los grupos marginados sean los pobres, los marginados, las mujeres violentadas, los grupos LGTBI, etc., cualquier persona que sufra, y demostremos con hechos y no con palabras, que seguimos a Jesús que vino a restaurar la vida, a liberar a los oprimidos por el sistema y devolver la esperanza a todos los desesperanzados.

 

 

 

 

 

 

                                                                                                         

 

 

                                                                                                               

 

 

 

Sigo diciendo sí al Señor

Experiencia en Madrid, calle Alustante

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid.

Ante la invitación de Mary Carmen a que compartiera mi experiencia de este tiempo en Madrid, me sentía que no tenía gran cosa que decir, pues es una continuación de lo que estaba haciendo en Pamplona, en ese vivir la “misión escondida” que es lo que en este momento me toca.

Como todas sabemos me encuentro en Madrid en la calle Alustante desde el mes de febrero de 2016, compartiendo vida con dos miembros del Consejo, M. Jesús Antón y Mary Carmen Martín, así como con Verena Mukabarisa y Odette Mukeshimana, grupo muy heterogéneo desde varios puntos de vista: edad, misiones, culturas, pero con el mismo objetivo seguir a Jesucristo en Vita et Pax.

Formo parte del Centro Madrid-Ciudad Real-Ceinos del Campo, somos nueve y los encuentros los compartimos entre Campamento, Alustante y Ciudad Real.

Así comencé la andadura, no sin dificultades, con la doble dimensión de reforzar la vida grupal y la misión de acogida que conlleva esta casa y alguna proyección al exterior acompañando a las gentes que viven una dificultad.

En los primeros tiempos en los que las dos compas comenzaban el aprendizaje del castellano, seguimos un programa de clases reforzando lo que en la academia aprendían, compartiendo también algunos temas de formación que Mary Carmen proponía. Así fue todo el primer curso. En el segundo ya veis  que no es necesaria mi aportación a la integración de Odette y Verena, así que sigo con el plan de acogida en la casa, vida de grupo y proyección al exterior.

La  parte hacia el exterior que aún me sentía con fuerzas para realizarla, no tenía ninguna expectativa en esta gran megápolis de Madrid, con muchos interrogantes y cuestionamientos fui viendo por dónde podría dirigir mis pasos y fue en la Parroquia donde vi que podría colaborar. No es fácil pues lo que constatas es que las actividades funcionan, no te espera nadie y yo diría también no eres necesaria, solamente en la medida en que manifiestas tu interés por colaborar y algunas posibilidades, te abren las puertas, además a estas alturas de la vida, y con un desconocimiento total de su funcionamiento, tienes que ir muy poco a poco.

Con todo esto después de unos meses comencé alguna actividad en las que hoy sigo. Colaboro en la Pastoral de la salud, visitando personas incapacitadas, les llevo la Comunión y compartimos vida y fe.

Participo también en la Liturgia, nos reunimos una vez por semana para preparar la celebración de la Eucaristía del domingo. También en el coro de mayores animando algunas celebraciones y en el Consejo Pastoral. Me siento acogida y aporto lo que puedo y por supuesto recibo mucho. Además de esto, participo en los encuentros de CEDIS Madrid y concretamente estoy apuntada al proyecto Lánzate por la justicia en el que participa CEDIS con otros grupos Cáritas, Confer, Manos Unidas, Redes……. en el que todavía no hacemos gran cosa.

A nivel Institucional participo en el Equipo de Difusión del Carisma, EDC, tanto en el grupo de Ciudad Real compartiendo con Pepa y Ascen en la marcha del grupo Vida y Paz,  así como con el equipo coordinador todo lo que esto lleva consigo de encuentros, correspondencia y preparación de temas.

Esta es mi vida y misión en Madrid, es sencilla y no sé hasta cuándo. Intento vivirla con serenidad, aportando lo que soy y tengo, con luces y sombras que nunca faltan, haciendo posible lo que he dicho más arriba, creo que es de Javier Vitoria  vivir “la misión escondida”.

No sé qué más deciros. Madrid cuesta por su tamaño y sus cuestas, pero toda mi vida gira alrededor de donde vivo como si fuera mi pueblo. Comparto con sus gentes y sin grandes aspiraciones intento seguir diciendo el Sí al Señor.

¡Qué bien lo hace todo!

23º Domingo  T.O. Ciclo B

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

El evangelio de hoy nos habla de una curación  que Jesús hace en tierras de la región de Decápolis, zona pagana, y  en camino hacia el mar de Galilea, zona donde realiza su anuncio del Reino. Pero, para Jesús, el espacio es lo de menos, porque su corazón solo entiende de sanación y buenas noticias para todos.

Lo suyo es promover la vida, sanar, regalar esperanza y restaurar la dignidad de las personas, aquellas que por su fragilidad, enfermedad o pequeñez, están marginadas, invisibilizadas  en  la sociedad y rechazadas por  su comunidad.

Y escucha el grito agradecido de quienes acompañan al que  se sabe sanado, salvado por su encuentro con él.  “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.”

En verdad este gesto sanador de Jesús permite al hombre mudo y sordo volver a ser él mismo. Puede, de nuevo, expresar su palabra, compartir su verdad, hablar de sus sueños y esperanzas, decir y decirse.  También escuchar los sueños, las inquietudes y la verdad de los otros y las otras.  Incluso, puede, si lo quiere, ser agradecido con quienes le han acercado a Jesús y su sanación.

Dos reflexiones:

  1. Hoy tantos seres humanos que, teniendo el “poder de sanar” y devolver la voz y la palabra a quienes están marginados, invisibilizados, descartados de la sociedad y de sus bienes y recursos, vengan de donde vengan, solo piensan en sus propios intereses, y utilizan su fuerza y posición para su propio beneficio, olvidando que su misión es servir al pueblo y a quienes más lo necesitan. Sus ojos y sus oídos están cerrados al clamor de su pueblo. Siguen ciegos de egoísmo y soberbia. Piensan que ellos no necesitan de esa sanación que ofrece Jesús y que nos permite, a todas y todos los que lo buscamos, mirar  y sentir la vida de otra manera, más incluyente, más sororal, más cercana a la propuesta del proyecto de reino que Jesús oferta y que nos viene de Dios Padre misericordioso, que solo busca la felicidad de sus hijos. Pero no lo “vemos”…

 Ellos, – y nosotras/os, ciegos y sordos tantas veces-, no escucharán el canto agradecido “Todo lo hace bien…”

  1. En nuestro mundo y nuestra sociedad, donde constatamos tantas bocas silenciadas y tantos ojos que se cierran a la realidad dura que hermanas y hermanos nuestros viven, estamos llamadas/os a ser como esas personas de las que nos habla el evangelio de hoy que se adelantan a llevar a Jesús al hombre enfermo, para que él, con su fuerza sanadora, le devuelva a la vida digna e integradora. Tal vez necesitamos, antes, escuchar de Jesús la palabra clave “¡Effetá!  ¡Ábrete!”

Que sea él quien nos abra los ojos a los signos de los tiempos que nos hablan de mujeres marginadas y maltratadas, personas que van de un lugar a otros buscando acogida y son echados fuera, niños que crecen en la soledad y la ignorancia…

Y nuestros ojos siguen cerrados y nuestros oídos no quieren escuchar su llanto y desesperanza.

¿Quién los llevará a Jesús para que les restaure la vida?

¿Quién recreará hoy en nuestra historia, la historia de sanación y vida que realizó Jesús? ¿Quién devolverá la voz a los sin voz, la luz a los que viven en la soledad de su silencio?

No se trata de “hacer milagros”, sino de recrear en nuestra propia vida lo que  Jesús hizo. Desde nuestra fragilidad y sencillez, desde las cosas pequeñas que podamos realizar cada día en nuestro trabajo y entorno, desde lo que somos y tenemos, desde lo que creemos y fortalecidas/os en nuestra certeza de que otro mundo es posible.

Yo creo que esa es la invitación que hoy se nos hace desde la palabra evangélica.

Y tal vez, si nos lanzamos a la tarea, podamos escuchar resonando en el silencio del corazón esa palabra agradecida y solidaria  ¡Qué bien lo hace todo!… o, al menos lo intenta.

 

 

 

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