Agenda Primer Trimestre 2019

Agenda Vita et Pax

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax

  • Del 8 al 16 de Enero: Reuniones del Equipo de Consejo en Pamplona

 

  • 9 de Enero: Primer escrutinio para la elección de asambleístas que participarán en la IX Asamblea General

  • Del 25 al 27 de Enero: Reunión del Equipo de Difusión del Carisma de Vita et Pax en Moncada (Valencia)

 

 

  • 22 de Febrero: Segundo escrutinio para la elección de asambleístas que participarán en la IX Asamblea General

 

 

 

 

 

 

  • Del 22 al 24 de Marzo: Reunión de Asambleístas en Madrid

Jesús no se arrugó

4º Domingo TO. Ciclo C

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Jesús no se arrugó cuando nos dijo que traía un programa diseñado por su Padre: comenzar una nueva humanidad. Venía a iniciar un proyecto, el proyecto del Reino de Dios: un reinado donde los hombres pudieran encontrarse, como nos decía Pablo, en un único camino; en el sendero que traza la andadura en el AMOR: su práctica.

Qué diferentes son las llamadas de este Amigo que siempre nos sorprende y nos intuye. Todos coincidimos en algo: es Él el que nos llama. Es el “Rey de la Iniciativa, del Riesgo”. Jeremías debía de ser un hombre sosegado y así le entra Dios, desde la serenidad de su Palabra “Recibí esta palabra del Señor”. No es lo mismo en Pablo, donde Jesús se vio obligado a “parar su caballo, tirarlo a tierra y dejarlo ciego”. Establece con Jeremías una relación estrecha“yo te escogí, te consagré y te nombré profeta”, pero ABIERTA, es una relación encaminada a salir de nosotros mismos e ir hacia “los otros” y no a cualquier otro, se enfrentará a los poderosos.

¡¡Su llamada!! Cuantas veces, en mi vida cotidiana, echo mano de esos momentos para mirar desde lejos ese camino comenzado y comprobar que sigo sus huellas, que no me dejo llevar por la permisividad hacia mí misma, por el temor,…y que el amor sigue siendo mi premisa primera, cuántas veces concluyo pidiendo perdón por permitir que mis decisiones pasen por delante de las suyas… entre otras cosillas.

Y me consuela el saber que Dios me sostiene y que tras un reconocimiento, sabe que voy a volver a comenzar, ¡claro! a comenzar con todo. Pero su Espíritu estará en los próximos momentos con la misma calidez que estaba desde el principio. Y le digo: Jesús, que te siga siempre.

Nos habla Pablo en la carta a los corintios de campana ruidosa y platillos estridentes: “… si no tengo amor, no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes”; estos días también podemos escucharlo en boca de nuestros políticos. Nosotros vivimos en ese camino hacia el amor fraterno, es el momento de acallar nuestros ruidos y hablar de JESÚS, de su camino, de nuestro camino. Momento de que nos conozcan por el interés sincero, efectivo y eficaz por el bien de los demás y ello arropado por el Amor, sin el Amor todo quehacer carece de valor. Con el Amor como motivación para “ser y estar” se llega a vivir la salvación, en muchas ocasiones lo hemos vivido, lo hemos palpado. En el Amor encuentras a todos los amigos, encuentras a nuestro Amigo.

Y llega Jesús a proclamar la Palabra en Isaías y se come el final “el día de la venganza de nuestro Dios”, en ocasiones nos quedamos con lo que nos interesa para nosotros mismo, para esos momentos que vivimos y nos vienen bien; pero Jesús no quería que ocurriera eso, los conocía y sabía que ese punto era el que más fuerza tenía para ellos. Jesús se queda con el año de gracia del Señor, PARA TODOS, porque somos TODOS DEL SEÑOR. Así lo recuerda Jesús cuando habla de la viuda de Sarepta, de Naamàn el Sirio.

Jesús quiere que dejemos de pensar en que Dios es Señor de un solo pueblo para que pasemos a pensar que es PADRE de TODOS. Y el pueblo se enfada con él, al igual que nosotros que a veces nos enfadamos con Dios, no por lo que creemos entender si no por lo que sentimos que no nos dice.

Lo estamos viendo en nuestra sociedad. No se confía en la actitud de diálogo, la actitud de conciliación, la escucha del otro, el silencio de tu palabra, la actitud de saber ceder…, ante esas actitudes surge en muchas ocasiones la decepción “así no vamos a conseguir nada…”. Pues Dios actúa bajo esas premisas de propuesta, oferta, conciliación y si fuera necesaria, la reconciliación, el acercamiento al otro, aunque se pierdan momentos y peldaños, y hacerlo como Jesús, SIN ARRUGARNOS.

Vivir con confianza, ungidas/os por el Espíritu

Domingo 3º del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Por: María Ángeles del Real. Mujeres y Teología de Ciudad Real

…«Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza»… Neh (8,2-4a.5-6.8-10)

Es una buena noticia, un día de fiesta, Dios está con su pueblo, Israel no ha sido abandonado, es un día para agradecer, un día para ser bendecido y bendecir, pero no aislados, la alegría, no es posible de forma aislada, el individualismo parece no tener cabida en lo que Dios espera de cada uno de nosotros, por eso a la par que invita a no estar triste, insta a compartir, “enviad porciones a quien no tiene”. En el Señor solo es posible la alegría si se comparte, si nadie es excluido de la fiesta.

…Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo… 1 Co (12,12-30)

Y es que, la vida del que sigue a Cristo, tiene sentido solo en la unidad, no podemos concebirnos cada uno por su lado, formamos un solo cuerpo, no se comprende que queramos ser los primeros, los mas importantes, dejando de lado a los otros. Es muy difícil en un mundo tan materializado, en donde lo transcendente y el prójimo y su cuidado, están tan denostados, pero, ¿podemos prescindir de los demás y continuar pretendiendo ser felices?. Con mirada generosa podremos ver que los dones de cada uno nos son necesarios, y los nuestros lo son para los demás, la diversidad compartida es riqueza enorme. La desigualdad, la dominación de unos sobre otros y el menosprecio de los dones de cada persona, es contrario al Reino de Dios.

Ilustre Teófilo:…para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido…
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; … Un sábado entro en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la  vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Lc (1,1-4;4,14-21)

Jesús, lleno del Espíritu, loco de alegría porque ha percibido en su corazón y con todo su ser, que Dios está presente, que los pequeños, los pobres, quienquiera que sufre, son los preferidos del Padre, siente que ha sido enviado a todos los necesitados, a quien no ha sido o no se siente amado, o incluso es tan pobre que ni siquiera se atreve a desear ser amado. Tiene la certeza de ser enviado para sanar y dar libertad, liberar y salvar, para amar sin medida. Es tanto su gozo y tanto lo que tiene que comunicar, que cuando lee el pasaje de Isaías, no puede mas que decir, es así, hoy, es decir ya, ahora, se ha cumplido cuanto dice la Escritura. Ahora también nos dice: “dejaros sanar y liberar, estoy con vosotros siempre”. Pero no se queda ahí, se ha hecho uno con nosotros, San Pablo lo expresa en la imagen del cuerpo, unidos a Él, cuenta con nosotros y hace su obra hoy, a través de quien se deja empapar por su Espíritu, que mueve a llevar la sanación, la vista, la libertad a todas las personas a quien ama, y a nadie excluye. Todos tenemos el don de ser mediadores y mediadoras de su amor, que no nos excluyamos y que nadie nos excluya, porque es obra del Espíritu, no podemos hacer nada por nosotros mismos, contando solo con nuestros confusos deseos o nuestra mas que débil voluntad. Nadie puede otorgarse el tener mas derechos o mas capacidad,  es el Espíritu quien mueve y quien empodera y obra, hoy como ayer.

Que nuestra confianza, generosidad e intrepidez sea tal que hagamos presente el Reino de Dios y que el gozo en el señor sea nuestra fortaleza, dejémonos ungir por su Espíritu.

 

Tu Palabra nos transforma

2º Domingo TO. Ciclo C

Por: Blanca Lara Narbona. Mujeres y Teología. Ciudad Real.

“Por amor a Sión no callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como una antorcha” (Is 62, 1-5)

“Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; (…) hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos” (1 Cor 12, 4-11)

“No tienen vino” (…) “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 1-11)

Cada vez que nos acercamos a tu palabra para escucharte, para encontrarnos contigo, late en nosotros la profunda emoción de saber que eres Tú el que nos sales al encuentro para hablar con nosotros. Con esa confianza comparto lo que siento que, las escrituras de este domingo, quieren enseñarnos y animarnos a vivir.

Isaías nos llama a perseverar, a no rendirse, a no dejar de gritar ni dar descanso a Dios, hasta que establezca su justicia en este mundo tan perdido. No podemos ser espectadores indiferentes recluidos en nuestra pequeña burbuja de realidad, con miedo a que los acontecimientos del exterior puedan alterar la comodidad, la seguridad que, con tanto esfuerzo, hemos construido, dejando fuera, a la intemperie, todo y a todos los que pueden descolocarnos. Urge aprender a gritar “justicia” y a trabajar para hacerla posible, no solo para mí y los míos, sino, también y especialmente, para los “nadies” que sufren la indignidad y el olvido.

San Pablo nos habla de nuestros carismas, de cómo, el Espíritu de Dios se manifiesta de una manera singular en cada uno de nosotros, para que realicemos “los trabajos de Dios” en bien de todos. Nos exhorta a ser uno con Él en el obrar, teniendo presente, que la obra es suya no nuestra. ¡Cuánta tonta vanidad nos atrapa en el frenesí de hacer el bien! ¡Cuánta tonta vanidad nos hace esclavos del resentimiento que surge al compararnos! Olvidamos que el Padre nos quiere, a todos y a cada uno, única y totalmente. Aprendamos a gozar internamente del Espíritu que nos habita y dejémonos mover por él.

El evangelista Juan nos relata una fiesta de bodas, a la que fueron invitados María, Jesús y sus discípulos. De cómo María, con sus ojos y su corazón atentos a la novedad de Dios en su vida, se da cuenta que no hay vino para la celebración. El vino en la Biblia es símbolo de la alegría profunda del corazón, del disfrute y del amor nupcial, por lo que no podía faltar en una boda. Así que, María mediadora, interviene, no deja a los novios e invitados en la carencia. Busca a Jesús, y sencillamente le dice: “No tienen vino”. Ni pide ni exige. Confiadamente pone en manos de su hijo una necesidad para que él actúe. Aunque a nosotros la respuesta de Jesús nos desconcierta, María no parece alterarse y pone en marcha la transformación, cuando le dice a los criados: “haced lo que él os diga”. Estos dispusieron las tinajas llenas de agua como Jesús les había pedido para después transformar esas tinajas de agua en tinajas de vino. Jesús no hace aparecer el vino de la nada. Jesús toma lo que tiene, el agua, y la transforma en algo mejor, en algo superior, en vino. Eso hace con nuestras vidas.

Aprendamos de María a presentar a Jesús nuestras carencias. Busquemos un encuentro de intimidad con él, y humildemente reconozcamos que “no tenemos vino”. Que a nuestra vida le falta sentido profundo, celebración y goce de vivir. Que le falta la alegría que da, saberle en nosotros, vivirle en nosotros. María nos muestra el camino y nos dice, como a los sirvientes:” haced lo que él os diga”. Y ¿Qué quiere Jesús que hagamos?  Quiere que pongamos ante él nuestras pobres tinajas llenas de agua para transformarlas en tinajas llenas de vino. Quiere tomar el agua de nuestras vidas, lo que somos y tenemos, nuestros vacíos y dudas; nuestros apegos, nuestros dolores, nuestros miedos y rebeldías, y convertirla en vino de vida nueva. De vida plena de confianza, de hondura, de libertad, de alegría, de esperanza. Quiere que nuestras tinajas se desborden y que el vino llegue a los lugares menos transitados, y a las personas excluidas de este mundo que no se sienten invitadas al banquete del Padre.

Iniciar la reacción

Bautismo de Jesús. Ciclo C

Por:  José Antonio Pagola
 
El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los «bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia de hoy es «la mediocridad espiritual». La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

En no pocos cristianos esta creciendo el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los «signos de los tiempos».

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categorías premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos cristianos.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida».

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Que importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

 

 

Nació en un refugio

Epifanía del Señor 

Por: Juan Velázquez.Zaragoza.Eq. Eucaristía 

«Nació hace apenas unos días, después de cuarenta semanas de nervios e ilusión, de sonrisas cruzadas y de caricias en la tripa que le refugiaba. No fue fácil; las circunstancias no ayudaban; pero cuando lo vimos abrir grandes los ojos, llorar con su gran boca abierta, mover sus bracitos con grandilocuencia, supimos que algo grande había pasado en nuestras vidas, en este sencillo rincón del mundo que compartimos. Y después vinieron las visitas, de muy lejos, inesperadas, con regalos y alabanzas, para compartir también la alegría que nos embargaba».

Nació con una estrella. Cuando un bebé nace, algo se ilumina en el mundo, con una luz perdurable, que se reconoce en los ojos de quienes, incluso ya antes de nacer, lo quieren, empezando por Dios, Padre y Madre, bueno. Una luz singular, irrepetible, leve pero intensa como la de una estrella entre muchas en un cielo de verano. Pero además, Jesús nació en Belén con una estrella que guiaba a otros hacia él: que servía y sirve de referencia para no perdernos en la oscuridad de la noche.

Nació en un refugio. Nació cuando, como dice el profeta, las tinieblas cubrían la tierra: las tierras que se creían seguras y de las que ahora hay que huir por miedo, como hacen tantas personas que, como antes María y José, hoy caminan por África, por Próximo Oriente, o por las fronteras de Occidente. Todas ellas siguen andando cargadas de maltratos, humillaciones y sufrimientos, pero también de ilusiones y sueños. Jesús nació como refugiado, en un humilde refugio, conociendo la oscuridad y la tiniebla para disiparlas con una luz nueva: resplandor, amanecer, aurora.

Nació entre alegría. Al encontrarlo, los Magos de Oriente –cuenta el Evangelio– se llenaron de inmensa alegría, y cuando lo vieron junto a su madre, lo único que pudieron hacer fue caer de rodillas y adorarlo, sin dar más explicaciones. Nació entre la alegría de quienes ven nacer la vida y, con ella, la esperanza, pero también de esos sabios que sabían que la Vida y la Esperanza a la que asistían era Promesa ya cumplida, de un mundo mejor para todos.

Nació como Mesías. En Belén, entre los brazos de María y de José, el Hijo de Dios nació como Mesías de los judíos, pero también como Promesa y Buena Nueva para todos: extranjeros, como esos magos tras la estrella; refugiados, como sus padres; gentiles, como decía san Pablo. Y nació para cada uno de nosotros, que acudimos a verlo con una sonrisa de alegría en los labios, porque sabemos que Alguien muy grande ha llegado a nuestras vidas

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