Retiro de Cuaresma 2019

Una cena muy especial

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

Iniciamos la Cuaresma, ese camino que recorremos cada año en dirección a la Pascua. Pero antes de llegar a la meta, está la cena. Una cena muy especial, la que llamamos “Última Cena”. Una de las principales características de la vida de Jesús fue sus encuentros de mesa y mantel con gente de todo tipo: ricos y pobres, pecadores y justos, recaudadores y contribuyentes, líderes religiosos y personas corrientes, fariseos y discípulos, mujeres y hombres…

Jesús dijo que el Reino de Dios es una gran mesa repleta de comida. Y no nos extraña esta comparación ya que la comida es para vivir, para reparar las fuerzas, para festejar la exquisitez de un alimento, de una amistad… para estar y sentirnos juntas y juntos. La “comida”, como el Reino, nos remite a la vida. Incluso en las tradiciones más antiguas de la Biblia, aparecen el alimento y la comida familiar asociados al encuentro con el Dios de Israel. También para Jesús, el alimento es un signo del encuentro con su Padre; porque siempre son el padre y la madre los primeros responsables en buscar el alimento de los hijos y de las hijas.

La Última Cena no es una más, una entre otras, sino precisamente la última, aquella que asume y ratifica el valor de todas las anteriores. Esta Cuaresma del año 2019 viene con una tarjeta de invitación personal para cada una y cada uno, una invitación a cenar; pero aparte de la peluquería, el vestido nuevo y los adornos complementarios, también es bueno prepararnos por dentro para asistir como dignas seguidoras de Jesús.

  1. La Pasión empezó con una fiesta (Mt 26,14-29)

Hace poco leí esta frase y me impactó: “La Pasión empezó con una fiesta”; es verdad. A veces se nos olvida que aquel grupo de personas se juntaron a cenar, a compartir un momento especial de amistad, de encuentro, de disfrute. Nos podemos imaginar las risas, las bromas de un lado a otro de la mesa, las conversaciones mezcladas. Eran los que habían compartido, de un modo más cercano, tres años de intemperie, de caminos, de aprendizaje, y seguro que traían un buen cargamento de anécdotas, historias y nombres.

Como ocurre en las grandes ocasiones, tenían un motivo, la fiesta de la Pascua. Jesús, lo vemos una y otra vez en los Evangelios, fue un hombre al que le gustaba celebrar la vida. “Amigo de comilones y bebedores” llegaron a llamarle. Alrededor de la mesa, comiendo y conversando con gentes de todo tipo, fue abriendo mentes y corazones, sanando heridas, acogiendo historias…

Es en esta cena donde Juan ubicará un largo discurso de Jesús sobre el amor y la amistad. Es aquí, en su gesto de partir y repartir el vino y el pan, relacionándolo con su propia persona, donde luego leerán la institución de una nueva alianza. Es bonito pensar en el papel que desempeña la Última Cena en nuestra memoria de la Pasión porque es un momento de júbilo, de gozo y de encuentro.

A veces, en nuestra vida nos falta la fiesta. Celebrar que no estamos solas. Que nos reconocemos hermanas y compañeras de camino a pesar de nuestras limitaciones y fragilidades. Celebrar que estamos vivas, gozando de muchísimas oportunidades que nos pasan desapercibidas y, sin embargo, para buena parte de la humanidad son casi inconcebibles. Celebrar el tener aseguradas las condiciones básicas para llevar una vida digna. La dicha de contar con muchos nombres y rostros que van formando parte de nuestro camino. El ser testigos de cómo la ciencia, la capacidad humana en todos sus aspectos, se desarrolla alcanzando cotas insospechadas. Celebrar la posibilidad de echar una mano. Que te la echen a ti. Aceptar la ayuda porque, juntas, se puede más…

Comienzo la Cuaresma tomando conciencia de todo lo que hay de fiesta en mi vida, de lo mucho que tengo para agradecer y celebrar.

  1. La Pasión empezó con una crisis (Mc 14,10-31)

No todo fue fiesta. La Última Cena marcó un momento de crisis en la relación de Jesús con sus discípulos. Uno de ellos ya le había vendido, otro le negará y la mayoría de los restantes se darán a la fuga. El grupo se deshace, los lazos de compañerismo se verán desgarrados. Enfrentados al hecho de la pasión y muerte de Jesucristo, no tenían futuro al que agarrarse. En el momento en que este frágil grupo se estaba desmoronando, Jesús tomó pan, lo bendijo y lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo, entregado por vosotros”.

Esta es la paradoja fundamental del cristianismo. Como cristianos, nos reunimos para recordar la historia de aquella Última Cena. Es nuestra historia fundacional y, sin embargo, es una historia que habla de un gran fracaso. Nos reunimos como comunidad en torno al altar y recordamos la noche en la que se deshizo la comunidad; cuando celebramos la Eucaristía, recordamos el momento en el que Jesús se vio enfrentado a la muerte y la deserción.

Pero Jesús asumió esta crisis y la volvió fecunda. La verdadera comunidad nació en medio de una gran crisis de esperanza, cuando el futuro desaparecía. Por eso, la Última Cena nos invita a no salir huyendo de las crisis, sino a acogerlas, enfrentarlas, confiando en que pueden dar sus frutos. Si salimos corriendo, el momento será estéril, al igual que si Jesús se hubiese escabullido por la puerta de atrás en lugar de afrontar aquella noche oscura de traición. Las crisis nos rejuvenecen.

Es difícil ponerse en el lugar de Jesús. Parece evidente que no fue fácil dar cara al conflicto, y que el choque final iba resultando cada vez más inevitable. Es legítimo suponer que Jesús tuvo miedo al imaginar lo que se le venía encima. ¿Quién no ha tenido miedo? Miedo a equivocarse. Miedo a no ser lo bastante fuerte, coherente o capaz en según qué circunstancias. Miedo a no estar a la altura de lo que se espera de una. Al dolor. Al rechazo. Al fracaso. A la muerte… Es tan humano que seríamos unas imprudentes si no mirásemos la realidad con lucidez. Jesús también tendría miedo. Y tuvo que lidiar con él. La clave no está en no temer, sino en no dejar que el temor nos paralice.

Con sinceridad, pongo nombre a mis miedos de hoy y los comparto.

  1. La Pasión empezó abierta a la esperanza (Jn 18)

En la Última Cena se produce un enfrentamiento entre dos formas de poder. Está el poder de las autoridades políticas y religiosas que es un poder brutal y mudo; el poder de tomar a Jesucristo por la fuerza, de encerrarlo, de humillarlo y de matarlo; el poder de Pilatos, quien le dice a Jesús: “¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?” (Jn 19,10). Pero la historia de Jesús, particularmente en el Evangelio de San Juan, trata de otra forma de poder; es el poder del signo y de la palabra.

En este Evangelio, Jesús realiza signos: convierte el agua en vino, abre los ojos a los ciegos, hace hablar a los mudos… Por ello, la Última Cena marca el enfrentamiento entre el poder de la fuerza bruta y el poder del signo. Está el poder de Pilatos por un lado, y el poder del hombre débil y vulnerable que toma el pan, lo parte y lo comparte ante la perspectiva de la muerte.

En la Última Cena, Jesús no se limitó a hacer cualquier signo. El suyo fue un acto creativo y transformador. Iba a ser entregado a manos de sus enemigos. Sería confiado por uno de los suyos al poder brutal del Imperio, pero no se limitó a aceptar esto pasivamente: lo transformó en un momento de gracia. Hizo de la traición un momento de entrega.

A través de este signo Jesús acoge la traición y la vuelve fructífera. Razón por la cual no hay nada en la historia de la humanidad, tanto negativo como positivo, que, de algún modo, en formas que no somos capaces de anticipar, no pueda ser acogido y dar su fruto. Nuestro Sacramento de Esperanza se celebra en un momento en el que no parecía haber ninguna esperanza. Toda Eucaristía es una celebración de nuestra confianza acerca de que en Cristo el sentido acabará triunfando de una forma que no somos capaces de adivinar.

Ahí está el reto que se nos plantea en esta Cuaresma a cada una de nosotras: vivir con esperanza en medio de nuestras propias circunstancias y las de nuestro mundo. Recordamos lo dicho ya en otras ocasiones: la esperanza no es la convicción de que algo va a salir bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo salga. Es la convicción de que todo aquello por lo que vivimos, con sus alegrías y sus penas, sus logros y sus fracasos, revelará tener un sentido.

Junto al sentido, también tejemos esperanza para otras personas cuando ejercemos el poder que tenemos, sea mucho o poco, para servir. Cuando colocamos nuestras capacidades, nuestra valía, nuestros recursos, al servicio, especialmente, de los sencillos, de los pobres, de los hombres y mujeres que encontramos en la vida y que pueden necesitarnos. Tejemos esperanza cuando nuestro poder es signo de servicio al prójimo, tratando de que su vida sea más plena. Imagina un mundo en el que todos viviéramos así, seguiría siendo un mundo imperfecto, frágil y complicado, pero sería un mundo mejor.

Qué está ocurriendo ahora en mi vida o en el mundo a lo que me cuesta encontrarle sentido.

  1. La Pasión empezó con un acto de libertad (Lc 22,1-34)

En la Última Cena, Jesús es la víctima inocente. Ha sido traicionado y en breve será entregado. Pero continúa eligiendo libremente. Sus opciones son muy limitadas, pero elige reunirse con sus discípulos para celebrar una última comida juntos en lugar de salir huyendo de Jerusalén. Elige cruzar el valle del Cedrón e ir al jardín de Getsemaní para enfrentarse con sus enemigos. No es una simple víctima.

“Este es mi cuerpo, entregado por vosotros”. Esta no fue únicamente una acción solidaria que Jesucristo tenía la posibilidad de hacer o de no hacer. Los Evangelios ponen de relieve que todo lo que Jesús había venido haciendo anteriormente desemboca necesariamente en esto. Toda la libertad que Jesucristo había manifestado al perdonar los pecados, tocar a los leprosos, trascender la ley, todo ello culmina en este acto de absoluta libertad. Se trata de lo que Jesucristo debe hacer pero también de lo que hace más libremente.

Cuando pensamos en la libertad como elección, es en relación a algo que poseemos. Pero tenemos la posibilidad de identificar una libertad más profunda, que es la de ser lo que somos. Relata un prisionero en Auschwitz: “La libertad es algo que tú y yo consideramos que tenemos y si nos encierran, nos la quitan. Pero en los campos de concentración, la libertad consistía en lo que éramos, lo cual configuraba nuestras actitudes respecto de nuestra situación y de nuestro destino”.

En este mundo consumista solemos dar por supuesto que cuantas más opciones tengamos, más libres seremos. Si podemos elegir entre diez clases distintas de yogures, somos más libres que los que sólo tienen dos. Pero cuando hemos evolucionado en dirección a esa libertad más profunda, la realidad es exactamente lo contrario. No hay más que unas pocas opciones profundas y fundamentales a elegir; y tienen que ver con llegar a ser libres y felices en Dios. Además, la libertad jamás es meramente individual, como la del consumidor dudando en escoger entre distintos productos. La libertad es el espacio en el que florecemos juntas.

Y aquí aparece una consecuencia difícil: la renuncia. Es el reverso de toda decisión. Eliges un camino y rechazas otro. Se trata de apostar por algo a lo que das tanta importancia que lo antepones a todo lo demás. Jesús se ve en la encrucijada de elegir entre su seguridad y bienestar o mantener la coherencia con lo que ha hecho y dicho hasta el final. Sabe que si huye ahora, tendrá que seguir huyendo siempre. Si huye, salva su vida, pero a costa de dejar de ser quien es, de hablar en nombre de los pobres, los desesperados y los excluidos. A costa de dejar de hablar del Dios Abbá que vuelve del revés la Ley. Por lo tanto, opta por afrontar el juicio de los que no comprenden su Evangelio. Elige afirmar, contra viento y marea, la verdad del Dios que viene a revelar y su Buena Noticia. Aunque le cueste la vida.

Qué renuncias me han dejado huella.

  1. La Pasión empezó con un amor entregado (1Cor 11,23-26)

En la Última Cena, Jesucristo realiza el más libre de todos los actos habidos en la historia de la humanidad. Jesús da su propia vida: “Este es mi cuerpo, entregado por vosotros”. Parece un acto casi temerario el ponerse en manos de sus discípulos, las mismas personas que le traicionarán, le negarán y se apartarán de él. Parece incluso la pérdida de toda libertad.

Jesús se entrega y corre el riesgo del rechazo. La Última Cena nos muestra con un realismo extremo los peligros de darnos a alguien. Esta cena no se trata de una cita romántica en un pequeño restaurante a la luz de las velas. La Última Cena es la historia del riesgo que supone el darnos a los demás. Esta es la razón de que Jesús muriera, porque amó.

La Pasión no es el itinerario ideado por un Dios vengativo para castigar, en su Hijo, a la humanidad. Es, y quizá del modo más definitivo, la hora de la verdad y el escenario donde se despliega una historia de amor. Un amor infinito pero libre, entregado pero no impuesto, eterno pero encarnado. Un amor asimétrico, porque se da sin exigir nada a cambio.

El amor entregado de Jesús lo llevará hasta la cruz y allí amará a quienes lo acompañan y a quienes lo ejecutan. Un amor que le impulsa a perdonar a los que ni tan siquiera son conscientes de lo que están haciéndole. Un amor que le hace volverse al ser humano que, a su lado, necesita una palabra de esperanza. Un amor que, lejos de toda posesión o victimismo, sigue tendiendo lazos entre los que quedan detrás, madre y amigo, y en ellos a tantos otros y otras que buscamos aliviar la soledad. Un amor que busca su fuente última en Dios y por eso llama, pregunta, grita, expresa necesidad…, porque el amor no es todopoderoso sino pobre. Un amor que se da hasta el final, que se derrama hasta la última gota, hasta el último aliento, hasta que no queda nada más por dar, cuando ya todo se ha cumplido.

Agradezco a Jesús su invitación a la cena y le presento todo lo que hay en mi vida de fiesta y júbilo, mis miedos, los ‘sin-sentidos’ que vivo, las renuncias… y le agradezco de corazón su amor gratuito y entregado por mí y por toda la humanidad…

Dios nos quiere a todos con Él

7º Domingo TO. Ciclo C

Dionilo Sánchez Lucas. Laico de Ciudad Real.

Cada  mañana cuando me levanto debo bendecir al Señor, cada día que sale el sol debo dar gracias a  Dios, por esas cosas cotidianas que acontecen, que pasan desapercibidas, que parecen no tener importancia, pero que nos dan la vida; por esa persona que está a nuestro lado y nos pregunta: ¿qué tal has dormido?, por el agua caliente que nos limpia y nos refresca; por el desayuno que nos alimenta y da energía para luego afrontar nuestro trabajo; por poder sentir la brisa de la mañana, desplazarnos a pie o en transporte; saludar a las personas que vamos encontrando y sobre todo a las que estaremos juntos gran parte del día.

Reconozcamos cuánto me ha dado Dios a mí en tan poco tiempo, para también nosotros hacer el bien, nos pongamos a disposición de los demás. Seamos el profesor o maestro que procura que sus alumnos aprendan conocimientos, respeten a sus compañeros, cuiden su entorno, despierten su fraternidad. Seamos el médico, el enfermero, el cuidador que escucha, observa y anima al enfermo, acompaña a la persona en su dificultad. Seamos la persona que está en la oficina que atiende al que llega, que resuelve sus problemas. Seamos la persona que está en la fábrica o el taller para hacer un buen producto que sirva a quien lo vaya a utilizar. Seamos quien está en la tienda o en el restaurante procurando agradar a los demás. Seamos el agricultor, pescador o minero, que ofrezca su sudor para obtener alimentos y bienes básicos, cuidando la naturaleza.

Llegarán otros momentos del día por los que ser agradecidos, en los que seguimos recibiendo el bien por el espíritu de amor del Señor. El encuentro y el compartir con nuestros padres, con nuestros hijos; el disfrutar un tiempo de lectura o escuchar música; el practicar algún deporte, pasear; asistir a reuniones, conferencias, encuentros en asociaciones; el poder tener tiempo para la oración o reflexión, dedicar tiempo a un voluntariado o entrega a otras personas.

Por todo lo que nos ofrece la vida debemos de reconocer a Dios tanto que hace por nosotros, en lo cotidiano de la vida y también por lo extraordinario: la enfermedad que se cura, la adicción superada, el trabajo deseado y encontrado, la amistad y el amor reencontrado, el hijo que nace.

Pero esa relación con las personas y con el mundo no siempre la vivimos bien: La falta de amor, respeto y comprensión en la familia; los desprecios, rencores y envidias en el entorno social; la falta de honradez y responsabilidad en el trabajo y otros ámbitos de la vida; la falta de solidaridad y cuidado con el pobre y el débil; la no acogida al inmigrante. Pero ahí está el Padre que nos trata siempre mejor de lo que merecemos, que es paciente y nos espera, que es compasivo y misericordioso.

En la Palabra de este domingo Jesús nos enseña el centro de su Evangelio, el amor por encima de todo. “Amad a vuestros enemigos, orad por los que os injurian; al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también el manto. Al que se lleve lo tuyo no se lo reclames”. Así escuchadas o leídas podemos pensar que es una llamada a la necedad, que es darle la razón al mal, aceptar y hasta arrodillarnos ante la injusticia. Pero todo lo contrario, es interiorizar que el odio no se combate con rencor, que la injuria se cambia con la verdad, que la guerra termina cuando surge la paz, que nuestros bienes son para compartirlos con los demás. Estas actitudes positivas más allá de pretender hacer méritos para que nos sean reconocidos, han de servir para cuestionar a aquellos que viven con el odio, la mentira, la injusticia, la violencia, la lujuria, atesorando riquezas. El juicio y la condena castigan a la persona, la ternura y el perdón son su libertad.

Que nuestra vida sirva para cambiar el corazón de las personas que no han conocido a Jesucristo, que el amor sea el principio y el fin de la humanidad, que el Reino de Dios esté presente en el universo, porque Dios nos quiere a todos con Él. 

La familia aumenta

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

La familia aumenta. La semana pasada tuve la suerte de participar en el encuentro del nuevo grupo de Vida y Paz que se ha formado en Alicante. Se reúnen los segundos martes de cada mes y, por el momento, el grupo lo componen cinco mujeres más otras dos que acompañan de Vita et Pax. Había muy buen ambiente, confianza y naturalidad. Parecía que se conocían de toda la vida, compartieron su historia personal y su experiencia de Dios, desde lo hondo.

Desde el Instituto Vita et Pax, una vez más, volvimos a presentar nuestra oferta, ofrecimos lo mejor que somos y tenemos: nuestro Carisma y Misión para que lo vivan desde su propia condición laical. Este fue un sueño que surgió casi al mismo tiempo de fraguarse Vita et Pax como Institución, la inquietud de que este regalo, que teníamos y disfrutábamos, no era sólo para nosotras. Y,  en la actualidad, son ya casi doce años los que han transcurrido desde que los primeros grupos Vida y Paz se iniciaron.

Cualquier Carisma es, en realidad, un camino concreto para vivir el Evangelio. Este camino será el elemento unificador, el puente que nos permitirá el encuentro con todas las personas que se sientan llamadas a vivir esta misma aventura.

El espíritu que nos anima en este proyecto es el que nos dejó el Concilio. El Concilio Vaticano II nos ofreció la eclesiología de comunión donde todos los miembros de la Iglesia se reúnen y sobre la que se establecen sus relaciones y su estrategia para servir a la misión común. Es decir, no buscamos establecer relaciones de dependencia sino de comunión.

Es una suerte el que tengamos ya mucho camino andando en común porque nos movemos en el ámbito de la secularidad. Somos un Instituto Secular, es decir, somos laicas que queremos compartir Carisma y Misión con otras laicas y laicos; de ahí, que la Teología del laicado sea la base de la cual partimos.

No tenemos prisa, las cosas de Dios van despacio. Somos conscientes de que los tiempos que corren nos llevan a ponernos ante el misterio del grano de mostaza del Evangelio y obrar desde su maestría (Lc 13,18-19). No pensamos en grandes grupos ni grandes proyectos. El grano de mostaza enseña a crecer con lentitud, a esperar y a depender de la bondad del terreno, de que no haya zarzas ni piedras en exceso…

Avanzamos sin prisa, sí, pero con esperanza. Estamos convencidas de que el Espíritu nos convoca e impulsa, barruntando que algo nuevo está naciendo… y ya lo notamos… (Is 43,18). Ese algo nuevo que nace hoy, es este segundo grupo de Vida y Paz en Alicante. ¡Bienvenidas a vuestra casa!

¿Dónde buscamos la felicidad?

Domingo VI del T.O. Ciclo C

Por: Conchi Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real

El profeta Jeremías en la primera lectura describe dos posturas opuestas ante la vida: las personas que ponen todo su interés en lo terreno, fugaz y superfluo de la vida y, por otro lado, las personas que vuelcan su confianza en el Señor. Las primeras habitarán en la aridez del desierto, como el cardo que es una planta hostil, poco acogedora, propia de lugares secos, de suelos poco profundos, inhóspitos. Las personas que ponen su confianza en el Señor vivirán en una tierra rica y fértil, donde los árboles son frondosos, hunden sus raíces hasta la profundidad de la tierra buscando el agua necesaria para vivir, producen fruto abundante y sirven de cobijo a los seres vivos. Así pueden ser nuestras vidas. Lo que es una tierra inhóspita, donde la supervivencia es difícil, se convierte en tierra hospitalaria, generosa y abundante, en la que la vida fluye en sí misma y las personas son felices. Es hermosa esta comparación, nos anima a poner nuestro centro en el Señor ¡Cuán diferente es la vida confiando en Él! Su presencia es transformadora, personal y comunitaria.

Para Jeremías vivir en el Señor, confiar en Él, es sinónimo de vida, de dar fruto abundante, de felicidad, de fuerza y esperanza en la adversidad.

Esta lectura del profeta Jeremías nos prepara para comprender mejor el evangelio de las Bienaventuranzas de S. Lucas. Un texto, desde mi punto de vista, difícil de explicar y que me producía cierta zozobra, puesto que me consideraba una mujer rica y, algún día, pagaría por esta situación de privilegio. La severidad con que Jesús habla me hacía sentir fuera del grupo de sus preferidos. Hoy lo veo de otro modo, desde la experiencia de sentirme acompañada por el Dios de los sencillos y sencillas, en camino para hacer un mundo más habitable y humano.

Es la propuesta que Jesús nos hace. Una propuesta en total actualidad. Nos advierte que poner nuestro ser en los afanes que esta sociedad de consumo nos ofrece: ganar más, tener más, lucir una figura cien, viajar más, ser prisioneros de las cosas y olvidarnos de aquellos a los que les falta lo básico para subsistir; eso no es humano, eso no es colaborar en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y habitable; eso no lo quiere Dios. Yo tampoco lo quiero. Hoy es fácil vivir de espaldas a las situaciones de pobreza y vulnerabilidad de tantas personas, ir tras la felicidad que la publicidad nos ofrece, llenándonos de cosas que nos nublan la vista, e impiden ver la realidad.

La propuesta de Jesús es la propuesta de hacer posible el Reino de fraternidad y humanidad hoy, aquí. Optar por poner nuestros dones al servicio de los demás, entregarnos a esta tarea que trae verdadera felicidad y fecundidad al mundo, que genera esa tierra fértil de que nos hablaba Jeremías: tierra profunda, que acoge y protege ante la adversidad, donde la vida de todas las personas es posible. Este es el proyecto de Jesús, El Reino aún por construir. Queda mucho camino por recorrer ¿Te animas? Yo sí quiero.

 

 

 

Institutos Seculares, una joya en Valencia

Descargar (Vida-y-paz-1.pdf, PDF, Desconocido)

Estamos de fiesta

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad. Vita et Pax.

Vita et Pax está de fiesta, una Buena Noticia se nos ha dado, nos encontramos a las puertas de nuestra IX Asamblea General. Con fecha 3 de noviembre 2018, Victoria Cañas, Directora General, convocaba a todo el Instituto a la misma. Y nos decía: es Buena Noticia porque,

Una Asamblea es siempre una celebración pascual, de paso del Señor por nuestro Instituto, de recreación en el Espíritu, de esperanza y compromiso.

La Asamblea General es una de tantas oportunidades que el Señor pone en nuestras manos para reflexionar sobre  el camino que estamos recorriendo y mejorarlo según el proyecto del Padre, revisar a la Luz de la fe nuestra historia con ojos y actitud de misericordia como nos enseña Jesús.

Es tiempo para invocar al Espíritu y dejarnos iluminar y conducir por Él, para recrear el Carisma que Dios nos regaló, para el cual nos congregó y consagró.

Tiempo propicio para abrirse al soplo del Espíritu y buscar con Él, qué es lo bueno que Dios quiere para nosotras desde nuestra realidad. Todas podemos y tenemos que seguir siendo señal de la Vida y de la Paz en nuestros ambientes.

El lema que nos guiará es ya un signo inequívoco del Espíritu: Vita et Pax, un camino de fraternidad en el mundo. Con ello expresamos tres ‘quereres’ que nos movilizan y dinamizan nuestro Ser y Misión:

  • Queremos fortalecer nuestro ser propio de sentido de familia y de fraternidad
  • Queremos revisar y reflexionar sobre nuestras estructuras para mejor adaptarlas a la realidad y vida fraterna
  • Queremos revitalizar nuestra vida de fraternidad, entrega y servicio en nuestro mundo para llegar a la mesa común, a un lugar para todos.

La Asamblea tendrá lugar en San Lorenzo del Escorial del 19 de julio al 3 de agosto de 2019. Y con palabras de D. Cornelio, nuestro fundador, pedimos al Espíritu: Que sea una Asamblea valiente, realista, sincera, esperanza y anclada en el Carisma…

No temas mujer

5º Domingo TO. Ciclo C

Por: Rosa María Belda Moreno. Mujeres y Teología de Ciudad Real

1ª lectura: Isaías 6, 1-2a.3-8

En este relato, que produce un cierto vértigo, resuenan en mí dos frases puestas en boca del profeta. La primera es “Ay de mí, estoy perdido”. Es la expresión de un sentimiento de derrota que aparece en tantos momentos de la vida que se ponen cuesta arriba, y que nos sitúan al límite de nuestras fuerzas físicas y mentales.

La segunda frase es la que dice: “Aquí estoy, mándame”. Pareciera que el profeta pasa de tocar fondo a experimentar que toca ponerse en marcha en favor de los demás, al servicio de Dios. A veces será de maneras muy sencillas. En cualquier caso, es pasar de estar mirando hacia nuestras penurias a responder, con las fuerza que tengamos, a la llamada de Dios.

2ª lectura: 1 Corintios 15, 1-11

Pablo nos sitúa frente al humilde reconocimiento de saberse el último, el pecador, el menos importante, pero al mismo tiempo el digno de ser mirado por Dios, de ser acompañado por su Gracia. Y añade: “su gracia no se ha frustrado en mí”. Ante esta expresión, me pregunto si su gracia se ha frustrado o no en mí. ¿Qué haré para que se plenifique Dios en mí? ¿Cómo iré dejando hueco en mí, despojada de lo que no es de Él, propiciando que se haga su obra, su voluntad en mí, en el mundo? La expresión en la que me detengo es un reto para el seguimiento.

Evangelio: San Lucas 5, 1-11

Lucas relata un signo de Jesús en el que Pedro deja, tal vez como Pablo,  que la gracia de Dios no se frustre en Él. Y es que sus palabras: “por tu palabra, echaré las redes”, son una metáfora de la superación de las dudas para dar un paso adelante. Nos metemos en la faena de la vida, de los quehaceres a favor de los demás, de la responsabilidad, del seguimiento de los valores del Evangelio, dejando a parte las inercias, las dudas, los miedos, y hasta las evidencias de que “esto no funciona”. Nos rodean las voces que nos tientan: trabajar lo mínimo para cumplir, esperar a ver si otra toma la iniciativa, hacer solo aquello que me da placer, recompensarme en exceso, consumir sin tregua, quejarme o hacerme la víctima… En definitiva todo lo que me centra más en mí y menos en Él, que es lo mismo que decir, lo que no me hace mirar por el bien ajeno, al menos tanto como por el mío.

Las dudas, las inquietudes, los interrogantes, incluso la propia vulnerabilidad, no son el problema. Bien claro dice Jesús: “No temas”. Por eso, basta ya de los “no puedo”, de las zozobras, que nadie nos quiere perfectas, ni el mismo Jesús, que como amante Dios nos mira con afecto entrañable, le gustamos así, como somos, con tantas virtudes como defectos, con tanta luz como sombra.

Hoy, desde el corazón, dejamos que Jesús suba a la barca de nuestra historia, le decimos, “aquí estoy, mándame”, y dispuestas a escuchar su palabra y despejar los obstáculos sobre todo internos (nuestras defensas psicológicas, los automensajes paralizantes), nos abrimos a su confianza. Él nos da la mano y nos repite: “No temas, mujer”.

Encuentro del Equipo de Difusión del Carisma

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax (EDC). Madrid

 Los días 25, 26 y 27 de enero 2019, como cada año, nos reunimos en Moncada (Valencia) el Equipo de Difusión del Carisma (EDC) de Vita et Pax, en la Casa de las Franciscanas Misioneras de la Inmaculada, con una agenda bien cargada, pero teniendo como centro el intercambio, concreciones, organización… de los trabajos realizados por cada una en la puesta al día del libro de nuestro fundador Don Cornelio Urtasun, “Mi Amigo Jesucristo”.

Además, hicimos también la revisión del funcionamiento de los grupos de Vida y Paz, así como establecer y distribuir responsabilidades en cuanto a la próxima Asamblea General y la Convivencia de Agosto.

El viernes por la tarde, después de la Oración introductoria en la que el Espíritu Santo tuvo su parte central, hicimos un intercambio sobre cómo nos encontrábamos cada una, todo lo vivido desde la última vez que nos vimos: gozos, preocupaciones, esperanzas, tanto a nivel personal como familiar e institucional. Qué hermoso es tener con quién compartir fraternalmente, ésta es una de las riquezas de la vida comunitaria, que nos ayuda a vivir con más profundidad.

Una buena cena, preparada por las hermanas, completó la riqueza del encuentro del primer día, seguido de un tiempo para degustar los frutos de nuestras tierras y seguir con el programa establecido.

El sábado, nos metimos de lleno en lo que  cada una había preparado. El trabajo que estamos realizando consta de una introducción, presentación del libro ‘Mi Amigo Jesucristo’, proceso espiritual seguido por el P. Cornelio y los temas centrales que en sus apuntes va desarrollando y que forman parte de la Espiritualidad de Vita et Pax:  Jesucristo, la Palabra de Dios, Oración y Eucaristía. Todo ello intentando guardar la sencillez y frescura que el libro original contiene; tratando de transcribir lo que él quiso plasmar, teniendo en cuenta los años en los que se escribieron y el lenguaje que se usaba.

Por la noche, después de la cena, continuamos con la vida de los grupos Vida y Paz, lo hecho hasta ahora y algunas perspectivas de futuro. Al final del día, hicimos la Oración de la tarde y la preparación del día del Señor, en el que la liturgia nos ofrecía unos temas muy ricos: la importancia de la Ley, ‘la Tora’ del pueblo judío, el símil del cuerpo humano en cuanto a la importancia de cada uno de los miembros y la actuación de Jesús en los comienzos de su vida pública: Envío y Misión.

El domingo, celebración de la Eucaristía con las religiosas y pueblo, con frío, pero intentando caldear el ambiente dominical, desayuno y continuación del trabajo; así llegamos al medio día con un sol resplandeciente y un aperitivo en ese bonito y querido pueblo de Moncada que tantos recuerdos nos trae. Después de la comida y con el corazón alegre y contento, agradeciendo al Señor todo lo vivido, nos volvimos a Valencia donde nuestras compañeras nos obsequiaron con un buen chocolate y las conocidas ‘cocas valencianas’.

 

Agenda Primer Trimestre 2019

Agenda Vita et Pax

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax

  • Del 8 al 16 de Enero: Reuniones del Equipo de Consejo en Pamplona

 

  • 9 de Enero: Primer escrutinio para la elección de asambleístas que participarán en la IX Asamblea General

  • Del 25 al 27 de Enero: Reunión del Equipo de Difusión del Carisma de Vita et Pax en Moncada (Valencia)

 

 

  • 22 de Febrero: Segundo escrutinio para la elección de asambleístas que participarán en la IX Asamblea General

 

 

 

 

 

 

  • Del 22 al 24 de Marzo: Reunión de Asambleístas en Madrid

Jesús no se arrugó

4º Domingo TO. Ciclo C

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Jesús no se arrugó cuando nos dijo que traía un programa diseñado por su Padre: comenzar una nueva humanidad. Venía a iniciar un proyecto, el proyecto del Reino de Dios: un reinado donde los hombres pudieran encontrarse, como nos decía Pablo, en un único camino; en el sendero que traza la andadura en el AMOR: su práctica.

Qué diferentes son las llamadas de este Amigo que siempre nos sorprende y nos intuye. Todos coincidimos en algo: es Él el que nos llama. Es el “Rey de la Iniciativa, del Riesgo”. Jeremías debía de ser un hombre sosegado y así le entra Dios, desde la serenidad de su Palabra “Recibí esta palabra del Señor”. No es lo mismo en Pablo, donde Jesús se vio obligado a “parar su caballo, tirarlo a tierra y dejarlo ciego”. Establece con Jeremías una relación estrecha“yo te escogí, te consagré y te nombré profeta”, pero ABIERTA, es una relación encaminada a salir de nosotros mismos e ir hacia “los otros” y no a cualquier otro, se enfrentará a los poderosos.

¡¡Su llamada!! Cuantas veces, en mi vida cotidiana, echo mano de esos momentos para mirar desde lejos ese camino comenzado y comprobar que sigo sus huellas, que no me dejo llevar por la permisividad hacia mí misma, por el temor,…y que el amor sigue siendo mi premisa primera, cuántas veces concluyo pidiendo perdón por permitir que mis decisiones pasen por delante de las suyas… entre otras cosillas.

Y me consuela el saber que Dios me sostiene y que tras un reconocimiento, sabe que voy a volver a comenzar, ¡claro! a comenzar con todo. Pero su Espíritu estará en los próximos momentos con la misma calidez que estaba desde el principio. Y le digo: Jesús, que te siga siempre.

Nos habla Pablo en la carta a los corintios de campana ruidosa y platillos estridentes: “… si no tengo amor, no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes”; estos días también podemos escucharlo en boca de nuestros políticos. Nosotros vivimos en ese camino hacia el amor fraterno, es el momento de acallar nuestros ruidos y hablar de JESÚS, de su camino, de nuestro camino. Momento de que nos conozcan por el interés sincero, efectivo y eficaz por el bien de los demás y ello arropado por el Amor, sin el Amor todo quehacer carece de valor. Con el Amor como motivación para “ser y estar” se llega a vivir la salvación, en muchas ocasiones lo hemos vivido, lo hemos palpado. En el Amor encuentras a todos los amigos, encuentras a nuestro Amigo.

Y llega Jesús a proclamar la Palabra en Isaías y se come el final “el día de la venganza de nuestro Dios”, en ocasiones nos quedamos con lo que nos interesa para nosotros mismo, para esos momentos que vivimos y nos vienen bien; pero Jesús no quería que ocurriera eso, los conocía y sabía que ese punto era el que más fuerza tenía para ellos. Jesús se queda con el año de gracia del Señor, PARA TODOS, porque somos TODOS DEL SEÑOR. Así lo recuerda Jesús cuando habla de la viuda de Sarepta, de Naamàn el Sirio.

Jesús quiere que dejemos de pensar en que Dios es Señor de un solo pueblo para que pasemos a pensar que es PADRE de TODOS. Y el pueblo se enfada con él, al igual que nosotros que a veces nos enfadamos con Dios, no por lo que creemos entender si no por lo que sentimos que no nos dice.

Lo estamos viendo en nuestra sociedad. No se confía en la actitud de diálogo, la actitud de conciliación, la escucha del otro, el silencio de tu palabra, la actitud de saber ceder…, ante esas actitudes surge en muchas ocasiones la decepción “así no vamos a conseguir nada…”. Pues Dios actúa bajo esas premisas de propuesta, oferta, conciliación y si fuera necesaria, la reconciliación, el acercamiento al otro, aunque se pierdan momentos y peldaños, y hacerlo como Jesús, SIN ARRUGARNOS.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies