¿Difuntos?

Por: Faustino Vilabrille Linares. Párroco de Trevias, Valdés (Asturias).

1.-Todo lo que vive quiere vivir:

El día de todos los santos multitud de personas se acercan a los cementerios a llevar flores, lo que puede significar que seguimos recordando y queriendo a quienes han partido de este mundo, o que tenemos fe en la vida más allá de esta vida, o las dos cosas.

Personalmente pienso que solo tiene verdadero valor creer que hay vida más allá de la vida. Si no es así, lo demás no pasa de ser un rito para consuelo de ingenuos.

Por experiencia y los conocimientos más elementales de la física, sabemos que todo se transforma, pero nada desaparece. Todo está, de la forma que sea, en algún sitio. También tenemos muy claro que todo lo que vive quiere vivir, y mientras tiene capacidad para hacerlo quiere vivir. En el fondo siempre buscamos lo que nos parece que es lo mejor para nosotros, aunque sea buscando la muerte por el suicidio, consciente o inconscientemente.

2.-¿Es justo que queden muertos para siempre los que injustamente murieron?

Hay un hecho evidente: millones de seres vivos, incluido el hombre, murieron a lo largo de la historia de la humanidad y mueren hoy a diario de forma terriblemente injusta a causa de las injusticias, del hambre, las guerras, el odio, la violencia, la opresión, el mal trato, las torturas, la insolidaridad de unos seres humanos contra otros, los incendios, la violación de toda clase de derechos. Quemando un pequeño bosque destruimos más información genética que cabe en el ordenador o la biblioteca más grande del mundo. ¿Es justo que todos esos seres humanos y toda esa vida queden muertos para siempre? ¿Es justo que quede tanta injusticia por reparar? ¿No hace falta algo o alguien capaz de resarcir de tanto dolor y sufrimiento? Todo esto pide a gritos una respuesta.

3.-La respuesta de Jesús:

Supongamos que lleguemos a construir un mundo feliz, incluso hasta erradicar la muerte. Muy bien. Pero, ¿qué hacer con los que quedaron muertos para siempre? Ante esto nos vemos totalmente impotentes, incapaces, sin respuesta que ofrecerles. A este dramático problema, solo se enfrentó Jesucristo, con una respuesta, no solo inmanente proponiendo un proyecto de vida y salvación para este mundo (cosa que hicieron también en gran medida otros grandes hombres), sino también trascendente (esto es lo más original de Jesús), vinculando la lucha por la vida en este mundo con la vida para siempre, o vida eterna: “vine para que todos tengan vida, y vida en abundancia”, “quien cree en mi no morirá para siempre”.

4.-¿Qué es creer en Jesús?:

Pero, ¿qué es creer en Jesús? No es solo aceptar que es verdadero lo que El nos dijo, sino vivir lo que El practicó y enseñó. Por tanto, creer es ser justos, es amarnos, es hacernos felices, es ayudarnos, es apoyarnos, es respetarnos, es ser fieles, es ser nobles, es ser honrados, es ser solidarios, es luchar por ser iguales, es vivir y dar vida a todos y a todo. Quien lo practica está creyendo. Quien está creyendo de esta manera vivirá para siempre, pues dice Jesús: “en verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna”. Por tanto creer es mucho más que ir a misa o comulgar, o asistir a un funeral o aniversario, o llevar unas flores, o hacer una visita al cementerio. Se puede hacer todo eso y ser ateo, porque “la fe sin obras está muerta”.

5.-¿Donde están los genocidas, criminales y perversos?:

Los difuntos ya no están en nuestras manos. Están todos en las manos de Dios, seguro que sí. Pero, ¿y los que fueron unos criminales, perversos, genocidas, crueles hasta el mayor sadismo? Pues también están en las manos de Dios. ¿Están en la vida eterna?

Tienen que acabar estando en ella, pues no vinieron a este mundo por su propia voluntad. ¿Cómo se las arregla Dios para darles la vida eterna? Eso es cosa de El, El sabrá como hacerlo, pues para eso es Dios. Juzgar ahí ya no es competencia nuestra. Competencia nuestra es juzgar aquí en este mundo. ¿Cómo? Obrando la justicia, el amor, la fraternidad, la unidad, la solidaridad, la vida, la esperanza, la unidad, la colaboración, la igualdad, la comprensión, el perdón y la a paz: esto es creer. Eso es lo que nos piden los hermanos que están en la otra orilla de la vida que hagamos los que aun estamos en la orilla de esta vida. Al final tiene que haber plenitud para todos y para todo.

6.-¿A qué vamos a funerales y velatorios?:

Por tanto, aunque tengamos pena por los que marchan, no vayamos a funerales y velatorios a llorar la muerte, sino a celebrar la vida, el triunfo, la felicidad. Hagamos las celebraciones en la iglesia con vestiduras blancas, símbolo de triunfo como las de Jesús en la cumbre del Tabor, o las del ángel de Dios, blancas como el resplandor de la nieve, anunciando su resurrección. No vayamos a la iglesia o al cementerio a llorar aunque lloremos. Vayamos a dar gracias, por la vida del hermano vivo para siempre. Vayamos a perdonarle y pedirle perdón si nos quedó algún resentimiento. Vayamos a rectificar lo que sabemos que estamos haciendo mal. Vayamos a comprometernos a ser mejores, amando más, siendo más justos, más hermanos, más amigos, más conciliadores y reconciliadores, más solidarios con los empobrecidos, más amables, más serviciales, más honrados, más generosos, más austeros en nuestras vidas para que haya lo suficiente para todos. Este es el mejor camino para una vida feliz para este mundo y para la vida eterna.

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