Cuestión de género: una opción imprescindible

Por: Rosa María Belda Moreno. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real.

Cuando hemos buscado en el diccionario la palabra “Género”, se ha despertado nuestro asombro y perplejidad, al darnos cuenta de que aparece la siguiente distinción: género masculino: fuerte, género femenino: débil. ¿Cómo en este siglo XXI, del que vamos a inaugurar la segunda década, se puede calificar así uno y otro género? ¿Fuerte para qué? ¿Débil en qué? ¡Sería reducir a la fuerza bruta la diferencia! Y de paso, descalificar a las mujeres.

 ¿Qué es el género?

Cuando hablamos de ‘género’ queremos decir que las mujeres y los hombres nos construimos social y culturalmente. Nacemos con un sexo biológico, eso es innegable, y somos diferentes, eso no es cuestionable. Pero sexo y género no es lo mismo. Lo que queremos resaltar al hablar de ‘género’ es que la educación y la cultura condicionan nuestros comportamientos, desde la más tierna infancia, y desde el principio de los tiempos. Por tanto, afirmamos que el género es, sobre todo, una construcción socio-cultural.

Resaltamos como ejemplo de hoy lo que ocurre en las profesiones donde hay más mujeres: trabajo social, sanidad, enseñanza. ¿Qué reconocimiento y salario tienen estas profesiones en relación a las ingenierías y la alta gestión, donde sobre todo hay hombres? Los datos están ahí.

Por otra parte, el género es una perspectiva de análisis de la realidad. Gracias a que se ha introducido la perspectiva de género en la sociología, se han podido sacar a la luz y explicar los comportamientos sociales, y hacer notar los mecanismos de opresión hacia las mujeres, las desigualdades e injusticias que existen en el terreno laboral y familiar, y las disculpas falsas con las que se ha perpetuado esta injusticia a lo largo de los siglos.

¿Por qué debemos seguir hablando de ‘género’ y optar por el feminismo, hoy?

El género, así entendido, es un medio, un instrumento de reivindicación, para conseguir un fin: una verdadera humanidad donde no exista desigualdad a la hora de los derechos y oportunidades. Deseamos un tiempo en el que mujeres y hombres, diferentes pero iguales, nos sentemos juntos en la mesa común. Deseamos superar “la cuestión de género”.

Pero, hoy, debemos hablar de ‘género’, y optar por el feminismo como medio para tomar conciencia de que la igualdad no está conseguida. Al mismo tiempo vendrá la desculpabilización de las mujeres y la nueva mirada, que nos permita actuar en el trabajo y en la familia, en los espacios sociales (que incluyen los eclesiales). Hemos de aprender los modos de introducir la mirada de género en la acción, mientras no hayamos logrado llegar a la utopía.

La violencia de género, en este contexto, es la punta del iceberg dolorosa y terrible del machismo existente, cuando la intimidación del “más fuerte”, físicamente, consigue subyugar al “más débil”.

Por supuesto, me permito ironizar con lo que dice el diccionario, para removernos y renovarnos en la opción feminista con sentido, en medio de voces que nos quieren conformar con lo “ya logrado”.

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