El Señor es compasivo y misericordioso

Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo C

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Llevamos varias Jornadas haciendo el Camino de Cuaresma, Tiempo de Gracia para nuestro vivir cristiano. Acompañamos a Jesús en las últimas etapas de su vida, subiendo hacia Jerusalén donde sabía que iba a ser entregado y que esa entrega le llevaría a la muerte (Lc. 9, 44-45). Peregrinamos, pues, hacia la Pascua –Paso de la Muerte a la Vida-, el acontecimiento central y definitivo de la  vida y misión de Jesús y de la vida de los que queremos seguirle: “Porque esperó Dios lo libró y de la muerte lo sacó; Alegría y Paz, Hermanos, que el Señor resucitó”  (Canto Pascual de Kiko Argüello).

Los peregrinos deben caminar ligeros de equipaje.  Tiempo de Gracia para librarnos de lo que nos puede hacer más pesado el viaje, de lo que nos dificulta realizar las etapas previstas, de lo que entorpece el ritmo necesario para llegar a alcanzar la meta propuesta.  Las posibles renuncias de ese desprendernos  de lo que  dificulta o entorpece la marcha nos favorecen y ayudan  para llegar mejor a la meta, objetivo principal por el que caminamos.

Jesús fue un Pregonero de Buenas Noticias. El Profeta de Noticias liberadoras. Liberaba de la imagen de un Dios opresor, predominante en aquel tiempo, mantenida por las autoridades religiosas, exigente del cumplimiento de reglas que aprisionaba la vida de la gente sencilla, de los más pobres sobre todo. En la primera lectura de hoy, del Libro del Éxodo, Dios mismo se manifiesta como el Dios que se hace cargo del sufrimiento de su Pueblo en Egipto y envía a Moisés para que lo conduzca a una Tierra que le dará sustento y posibilidad de vivir en libertad.

Jesús recupera la imagen de ese Dios cercano a su Pueblo, compasivo y misericordioso, que sabe esperar, que “no quiere la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva” (Ez. 18, 21-28). Y todos somos pecadores, responsables de nuestros actos y beneficiarios de esa misericordia. No podemos juzgar a los demás como pecadores  ni acusar a  Dios como castigador (Sal.102).

El Evangelio de hoy (Lc. 13, 1-9) nos invita a la conversión, a liberarnos –cada uno/una- del peso que nos impide o dificulta el camino peregrino hacia la Pascua. Nos llama a no ser “higueras estériles”, “perjudicando el terreno” que ocupamos en el mundo. Aprovechemos la paciencia y la misericordia de Dios, que quiere “cavar a nuestro alrededor y abonar” el terreno de nuestras vidas para que demos fruto.  Cuaresma, “Tiempo de Gracia…”

Saber mirar las presencias de Dios

Domingo 2º de Cuaresma. Ciclo C

Por: Maite Menor Esteve. Vita et Pax. Guatemala

Iniciamos el segundo domingo de cuaresma, tiempo que nos invita a mirar hacia dentro de nosotros y nosotras mismas, pero también hacia fuera para no desanclarnos de la realidad en la que vivimos. Las lecturas nos invitan a ver cómo Dios se manifiesta  tanto  a Abraham en la primera lectura, como a Pedro, Santiago y Juan, en el evangelio. Del mismo modo Dios se nos manifiesta hoy a todos y todas nosotras en nuestra vida y acontecer diario.

La liturgia nos invita a saber mirar las presencias de Dios, en ocasiones, aparentemente escondidas, que solo una actitud atenta, puede descubrir. Nos podemos preguntar ¿Qué actitud suelo mantener en mi vida cotidiana? ¿Miro más allá de las apariencias o estoy contaminada por una sociedad en la que las prisas y carreras nos agobian y apenas se reflexiona y se contempla? ¿Trato de leer lo que sucede a mi alrededor y en el mundo desde los ojos de Dios, o me conformo con lo que escucho en los medios de comunicación, pero sin apenas una reflexión personal?

Moisés y Elías que representan la ley, lo normado, conversan con Jesús, pero se retiran, desaparecen, quedando solo Jesús que es quien nos muestra el verdadero rostro de Dios. La voz que se escucha desde la nube, manifiesta quién es el predilecto de Dios, al que Dios quiere que escuchemos. “¡Escúchenlo!” dice la voz. ¿A quién escuchamos, a Jesús o a las voces que nos dejan en nuestra zona de confort sin cuestionarnos? ¿Es el mensaje de Jesús, en el evangelio, la brújula que orienta nuestro camino o es la ley, lo normado, lo que está escrito, lo que toca, lo que nos da seguridad, lo que hace que actuemos? No confundamos a Jesús con la Ley.

Después de mirar nuestro entorno y las crudas realidades de nuestro mundo, el texto también nos invita reflexionar sobre desde donde vivimos. ¿Desde el centro de nuestro interior o vivimos, más bien, descentrados y descentradas de nosotras mismas? ¿Escuchamos la voz de Dios que resuena en lo profundo de nuestro ser, o como Pedro no terminamos de captar la magia del momento? ¿Vivimos en el presente, en el aquí y en el ahora o seguimos viviendo presas del pasado, añorando los ajos y las cebollas de tiempos anteriores?

Xavier Melloni, experto en espiritualidad, nos invita a la conexión con lo profundo de nosotras, a sentir a Dios en nuestra vida y en lo cotidiano, y para ello sugiere capacidad de silencio, mirar alrededor, escuchar la naturaleza, el ruido de las ciudades que nos abruma y, en medio de eso, descubrir la presencia de Dios que nos sigue manifestando lo que Él quiere y por dónde debemos de ir. Dios se manifiesta y habla de múltiples maneras, solo es cuestión de que tengamos una actitud de escucha, de búsqueda, de saber contemplar en medio del bullicio y de la cotidianidad, en medio del tráfico y de las prisas. Es experimentar la presencia de Dios que nos desborda, nos envuelve y nos impulsa a vivir en profundidad el hoy, el aquí y el ahora, mirando el mundo como lo ve Él.

Que este tiempo de cuaresma nos ayude a profundizar y a desarrollar más, una actitud contemplativa y contempladora del mundo.

 

                                                                                  

 

                                                                                              

 

 

                                                                                    

 

 

No estamos solas en el camino del desierto

Domingo 1º de Cuaresma. Ciclo C

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

Después de la celebración del miércoles de ceniza, donde iniciamos el recorrido cuaresmal de este año, las lecturas de este domingo nos sitúan en cual debe ser la razón fundamental de nuestro ser como seguidoras de Jesús, siguiendo su mismo pensar y sentir: la certeza de que Dios acompaña nuestra andadura y su fidelidad para con nuestra historia y la respuesta personal a ese Dios que busca nuestra felicidad.

La primera lectura nos recuerda la importancia de hacer memoria histórica de nuestro ser pueblo. Moisés motiva a que, en la presencia del Dios de Israel y al presentar las ofrendas ante el altar, la persona haga presente la historia de su pueblo y cómo Dios lo fue guiando hasta su liberación, dándoles una tierra que mana leche y miel.

Pablo recuerda a los romanos cómo deben reconocer la salvación que les llega de parte de Dios y la importancia de acogerla y proclamarla, esta vez, por medio de la ofrenda del Hijo resucitado por su Padre Dios. Creer con el corazón, proclamarlo con la boca, anunciarlo a las gentes y vivirlo en los gestos y acciones de cada día, que son el testimonio de esa liberación, reconocida en Jesús.

El evangelio nos ofrece el testimonio del mismo Jesús, que, ante las ofertas del tentador que le presenta la inmediatez para lograr el poder, el tener, la riqueza, la solución a los problemas del hambre y la dominación del cosmos, al costo que sea, Jesús tiene conciencia de la presencia de Dios en su historia y sabe que el ceder a esas tentaciones no es el camino para la felicidad. Y mantiene su fidelidad al Dios que siempre ha acompañado a su pueblo.

Se nos olvida la historia. Caemos en la tentación de pensar que el poder, el tener, la fuerza es lo que va a resolver nuestros problemas y olvidamos al Dios paciente, misericordioso, acogedor de todas y todos, que acompaña en fidelidad y trasciende la historia.

También hoy, frente a tantos problemas, tanta injusticia, tanto dolor y soledad que viven los pueblos, especialmente los más empobrecidos, sentimos la tentación de resolver desde la inmediatez, la violencia, la solución rápida a tanta necesidad.

Es complicada esta historia y nos resulta difícil “mirarla” y descubrir en ella signos de esa presencia de Dios que libera y acompaña en fidelidad al ser humano, creado a su imagen y semejanza.

La sociedad nos invita a buscar la felicidad en el poder, el tener, el prestigio y ponerlos al servicio de nosotras/os mismas/os. Y no reconocemos la tentación que está en la entraña de esa propuesta.

  Ser diferente, trabajar a contracorriente, poner nuestro corazón en lo que Dios sueña para todas y todos es difícil. Y Hay que mantenernos en la fidelidad a la búsqueda de una vida plena y para todas/os, al estilo de Dios.

Hoy se nos invita, de nuevo, sin olvidar nuestra historia como pueblo de Dios, a seguir intentando convertirnos a su proyecto y entender la vida de otra manera. Y a proclamar, desde la palabra de Jesús y su ejemplo que  “no solo de pan vive el hombre, no tentarás al Señor tu Dios”.

 

 

Hay gente buena en la vida

8º Domingo T.O. Ciclo C

Por: M. Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax. Madrid

“La persona que es buena, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien…”. Sí, hay personas así. A menudo, las noticias, con su énfasis en las tragedias y los dramas, no lo recogen. Pasan desapercibidas, procuran no hacerse notar. Pero lo que tocan lo transforman. Sin grandes aspavientos. Sin buscar reconocimiento ni aplauso. Por el gusto de hacer las cosas, o por la satisfacción de dar alegría al prójimo.

Seguro que todas y todos conocemos personas así. Ahí están. Sin teorías, sin demasiado bombo. No se dan importancia ni se colocan medallas. Hay gente buena en la vida. Personas sencillas que se han acostumbrado a pensar en la otra, en las otras, y han optado por dedicar su tiempo, sus energías, su corazón, a sembrar bienestar, a compartir alegría, a desvivirse un poco por los demás.

Quizá esta forma de ser ni siquiera la vivan de manera consciente. Sencillamente, han aprendido a mirar el mundo de otra manera, con otra perspectiva. Si nos paramos a pensarlo, en tu vida y en la mía, también nos hemos encontrado con gente así.

No piden recompensa, ni aplauso, ni elogio, aunque todo ello lo merecen. No se dan importancia, no hacen un drama enorme de lo que no funciona, ni están constantemente diciendo a los demás cuanto hacen. Se ríen, seguramente, un poco de sí mismas y otro poco de las tonterías de este mundo. No juzgan ni comparan. Son admirablemente capaces de ponerse en el lugar de otras. Y, por eso, cuando estás con ellas, te hacen sentir que tu vida puede ser mejor y que tu vida importa.

Claro está, tienen también sus flaquezas, sus límites y sus debilidades. Aman con diferentes intensidades, como hacemos todas. Las hay alegres y las hay refunfuñonas. Las hay viejas y jóvenes, hombres y, sobre todo, mujeres. Todas ellas son reales como la vida misma. No tienen nada en común ni con los viejos mitos ni con los nuevos relatos virtuales. No son héroes ni poseen poderes fantásticos. Son mujeres y hombres de carne y hueso, vulnerables, como todo lo humano. Son las personas a las que no dudamos en acudir porque siempre tienen un “sí” en los labios.

Esa gente es bendición y tesoro de este mundo nuestro. Posiblemente no subirán a los altares, pero desde la fe, son santas. Las santas cotidianas. Las santas de todos los días. Son vidas que reflejan esa Vida de Dios que ama sin artificio ni publicidad. Gente anónima de historias admirables. Con su bondad nos enseñan la auténtica espiritualidad: vivir en la vida cotidiana, seducidas, movidas y consoladas por el Espíritu de Jesús.

La luz de estas personas desvela algo latente en todos los corazones humanos, a saber, el deseo profundo de bondad, el anhelo de ser buenas como Dios es bueno, aunque no lo consigamos plenamente. Estas historias contemporáneas de sabor evangélico son memoria viva y actual de Jesús. Con sus vidas sencillas, hacen correr rumores o noticias del Dios de la Vida por nuestro mundo, nos evocan la voz de Dios que habla y canta en el barullo de la noche, desprenden el seductor perfume del Evangelio y contagian el talante humano de Jesús. Por eso, nos permiten recuperar la esperanza en los seres humanos.  

Estas gentes buenas indefensas son –como suele repetir Jon Sobrino- una convocatoria pública a hacer el bien, practicar la justicia y caminar humildemente con Dios (cf. Miq 6,8), abriendo espacios reales a la fraternidad de la familia humana en nuestro mundo. Y ante ellas y por ellas, solo podemos dar gracias e inclinar la cabeza con respeto y reverencia porque en sus rostros asoma Dios.

Dios nos quiere a todos con Él

7º Domingo TO. Ciclo C

Dionilo Sánchez Lucas. Laico de Ciudad Real.

Cada  mañana cuando me levanto debo bendecir al Señor, cada día que sale el sol debo dar gracias a  Dios, por esas cosas cotidianas que acontecen, que pasan desapercibidas, que parecen no tener importancia, pero que nos dan la vida; por esa persona que está a nuestro lado y nos pregunta: ¿qué tal has dormido?, por el agua caliente que nos limpia y nos refresca; por el desayuno que nos alimenta y da energía para luego afrontar nuestro trabajo; por poder sentir la brisa de la mañana, desplazarnos a pie o en transporte; saludar a las personas que vamos encontrando y sobre todo a las que estaremos juntos gran parte del día.

Reconozcamos cuánto me ha dado Dios a mí en tan poco tiempo, para también nosotros hacer el bien, nos pongamos a disposición de los demás. Seamos el profesor o maestro que procura que sus alumnos aprendan conocimientos, respeten a sus compañeros, cuiden su entorno, despierten su fraternidad. Seamos el médico, el enfermero, el cuidador que escucha, observa y anima al enfermo, acompaña a la persona en su dificultad. Seamos la persona que está en la oficina que atiende al que llega, que resuelve sus problemas. Seamos la persona que está en la fábrica o el taller para hacer un buen producto que sirva a quien lo vaya a utilizar. Seamos quien está en la tienda o en el restaurante procurando agradar a los demás. Seamos el agricultor, pescador o minero, que ofrezca su sudor para obtener alimentos y bienes básicos, cuidando la naturaleza.

Llegarán otros momentos del día por los que ser agradecidos, en los que seguimos recibiendo el bien por el espíritu de amor del Señor. El encuentro y el compartir con nuestros padres, con nuestros hijos; el disfrutar un tiempo de lectura o escuchar música; el practicar algún deporte, pasear; asistir a reuniones, conferencias, encuentros en asociaciones; el poder tener tiempo para la oración o reflexión, dedicar tiempo a un voluntariado o entrega a otras personas.

Por todo lo que nos ofrece la vida debemos de reconocer a Dios tanto que hace por nosotros, en lo cotidiano de la vida y también por lo extraordinario: la enfermedad que se cura, la adicción superada, el trabajo deseado y encontrado, la amistad y el amor reencontrado, el hijo que nace.

Pero esa relación con las personas y con el mundo no siempre la vivimos bien: La falta de amor, respeto y comprensión en la familia; los desprecios, rencores y envidias en el entorno social; la falta de honradez y responsabilidad en el trabajo y otros ámbitos de la vida; la falta de solidaridad y cuidado con el pobre y el débil; la no acogida al inmigrante. Pero ahí está el Padre que nos trata siempre mejor de lo que merecemos, que es paciente y nos espera, que es compasivo y misericordioso.

En la Palabra de este domingo Jesús nos enseña el centro de su Evangelio, el amor por encima de todo. “Amad a vuestros enemigos, orad por los que os injurian; al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también el manto. Al que se lleve lo tuyo no se lo reclames”. Así escuchadas o leídas podemos pensar que es una llamada a la necedad, que es darle la razón al mal, aceptar y hasta arrodillarnos ante la injusticia. Pero todo lo contrario, es interiorizar que el odio no se combate con rencor, que la injuria se cambia con la verdad, que la guerra termina cuando surge la paz, que nuestros bienes son para compartirlos con los demás. Estas actitudes positivas más allá de pretender hacer méritos para que nos sean reconocidos, han de servir para cuestionar a aquellos que viven con el odio, la mentira, la injusticia, la violencia, la lujuria, atesorando riquezas. El juicio y la condena castigan a la persona, la ternura y el perdón son su libertad.

Que nuestra vida sirva para cambiar el corazón de las personas que no han conocido a Jesucristo, que el amor sea el principio y el fin de la humanidad, que el Reino de Dios esté presente en el universo, porque Dios nos quiere a todos con Él. 

¿Dónde buscamos la felicidad?

Domingo VI del T.O. Ciclo C

Por: Conchi Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real

El profeta Jeremías en la primera lectura describe dos posturas opuestas ante la vida: las personas que ponen todo su interés en lo terreno, fugaz y superfluo de la vida y, por otro lado, las personas que vuelcan su confianza en el Señor. Las primeras habitarán en la aridez del desierto, como el cardo que es una planta hostil, poco acogedora, propia de lugares secos, de suelos poco profundos, inhóspitos. Las personas que ponen su confianza en el Señor vivirán en una tierra rica y fértil, donde los árboles son frondosos, hunden sus raíces hasta la profundidad de la tierra buscando el agua necesaria para vivir, producen fruto abundante y sirven de cobijo a los seres vivos. Así pueden ser nuestras vidas. Lo que es una tierra inhóspita, donde la supervivencia es difícil, se convierte en tierra hospitalaria, generosa y abundante, en la que la vida fluye en sí misma y las personas son felices. Es hermosa esta comparación, nos anima a poner nuestro centro en el Señor ¡Cuán diferente es la vida confiando en Él! Su presencia es transformadora, personal y comunitaria.

Para Jeremías vivir en el Señor, confiar en Él, es sinónimo de vida, de dar fruto abundante, de felicidad, de fuerza y esperanza en la adversidad.

Esta lectura del profeta Jeremías nos prepara para comprender mejor el evangelio de las Bienaventuranzas de S. Lucas. Un texto, desde mi punto de vista, difícil de explicar y que me producía cierta zozobra, puesto que me consideraba una mujer rica y, algún día, pagaría por esta situación de privilegio. La severidad con que Jesús habla me hacía sentir fuera del grupo de sus preferidos. Hoy lo veo de otro modo, desde la experiencia de sentirme acompañada por el Dios de los sencillos y sencillas, en camino para hacer un mundo más habitable y humano.

Es la propuesta que Jesús nos hace. Una propuesta en total actualidad. Nos advierte que poner nuestro ser en los afanes que esta sociedad de consumo nos ofrece: ganar más, tener más, lucir una figura cien, viajar más, ser prisioneros de las cosas y olvidarnos de aquellos a los que les falta lo básico para subsistir; eso no es humano, eso no es colaborar en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y habitable; eso no lo quiere Dios. Yo tampoco lo quiero. Hoy es fácil vivir de espaldas a las situaciones de pobreza y vulnerabilidad de tantas personas, ir tras la felicidad que la publicidad nos ofrece, llenándonos de cosas que nos nublan la vista, e impiden ver la realidad.

La propuesta de Jesús es la propuesta de hacer posible el Reino de fraternidad y humanidad hoy, aquí. Optar por poner nuestros dones al servicio de los demás, entregarnos a esta tarea que trae verdadera felicidad y fecundidad al mundo, que genera esa tierra fértil de que nos hablaba Jeremías: tierra profunda, que acoge y protege ante la adversidad, donde la vida de todas las personas es posible. Este es el proyecto de Jesús, El Reino aún por construir. Queda mucho camino por recorrer ¿Te animas? Yo sí quiero.

 

 

 

No temas mujer

5º Domingo TO. Ciclo C

Por: Rosa María Belda Moreno. Mujeres y Teología de Ciudad Real

1ª lectura: Isaías 6, 1-2a.3-8

En este relato, que produce un cierto vértigo, resuenan en mí dos frases puestas en boca del profeta. La primera es “Ay de mí, estoy perdido”. Es la expresión de un sentimiento de derrota que aparece en tantos momentos de la vida que se ponen cuesta arriba, y que nos sitúan al límite de nuestras fuerzas físicas y mentales.

La segunda frase es la que dice: “Aquí estoy, mándame”. Pareciera que el profeta pasa de tocar fondo a experimentar que toca ponerse en marcha en favor de los demás, al servicio de Dios. A veces será de maneras muy sencillas. En cualquier caso, es pasar de estar mirando hacia nuestras penurias a responder, con las fuerza que tengamos, a la llamada de Dios.

2ª lectura: 1 Corintios 15, 1-11

Pablo nos sitúa frente al humilde reconocimiento de saberse el último, el pecador, el menos importante, pero al mismo tiempo el digno de ser mirado por Dios, de ser acompañado por su Gracia. Y añade: “su gracia no se ha frustrado en mí”. Ante esta expresión, me pregunto si su gracia se ha frustrado o no en mí. ¿Qué haré para que se plenifique Dios en mí? ¿Cómo iré dejando hueco en mí, despojada de lo que no es de Él, propiciando que se haga su obra, su voluntad en mí, en el mundo? La expresión en la que me detengo es un reto para el seguimiento.

Evangelio: San Lucas 5, 1-11

Lucas relata un signo de Jesús en el que Pedro deja, tal vez como Pablo,  que la gracia de Dios no se frustre en Él. Y es que sus palabras: “por tu palabra, echaré las redes”, son una metáfora de la superación de las dudas para dar un paso adelante. Nos metemos en la faena de la vida, de los quehaceres a favor de los demás, de la responsabilidad, del seguimiento de los valores del Evangelio, dejando a parte las inercias, las dudas, los miedos, y hasta las evidencias de que “esto no funciona”. Nos rodean las voces que nos tientan: trabajar lo mínimo para cumplir, esperar a ver si otra toma la iniciativa, hacer solo aquello que me da placer, recompensarme en exceso, consumir sin tregua, quejarme o hacerme la víctima… En definitiva todo lo que me centra más en mí y menos en Él, que es lo mismo que decir, lo que no me hace mirar por el bien ajeno, al menos tanto como por el mío.

Las dudas, las inquietudes, los interrogantes, incluso la propia vulnerabilidad, no son el problema. Bien claro dice Jesús: “No temas”. Por eso, basta ya de los “no puedo”, de las zozobras, que nadie nos quiere perfectas, ni el mismo Jesús, que como amante Dios nos mira con afecto entrañable, le gustamos así, como somos, con tantas virtudes como defectos, con tanta luz como sombra.

Hoy, desde el corazón, dejamos que Jesús suba a la barca de nuestra historia, le decimos, “aquí estoy, mándame”, y dispuestas a escuchar su palabra y despejar los obstáculos sobre todo internos (nuestras defensas psicológicas, los automensajes paralizantes), nos abrimos a su confianza. Él nos da la mano y nos repite: “No temas, mujer”.

Jesús no se arrugó

4º Domingo TO. Ciclo C

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Jesús no se arrugó cuando nos dijo que traía un programa diseñado por su Padre: comenzar una nueva humanidad. Venía a iniciar un proyecto, el proyecto del Reino de Dios: un reinado donde los hombres pudieran encontrarse, como nos decía Pablo, en un único camino; en el sendero que traza la andadura en el AMOR: su práctica.

Qué diferentes son las llamadas de este Amigo que siempre nos sorprende y nos intuye. Todos coincidimos en algo: es Él el que nos llama. Es el “Rey de la Iniciativa, del Riesgo”. Jeremías debía de ser un hombre sosegado y así le entra Dios, desde la serenidad de su Palabra “Recibí esta palabra del Señor”. No es lo mismo en Pablo, donde Jesús se vio obligado a “parar su caballo, tirarlo a tierra y dejarlo ciego”. Establece con Jeremías una relación estrecha“yo te escogí, te consagré y te nombré profeta”, pero ABIERTA, es una relación encaminada a salir de nosotros mismos e ir hacia “los otros” y no a cualquier otro, se enfrentará a los poderosos.

¡¡Su llamada!! Cuantas veces, en mi vida cotidiana, echo mano de esos momentos para mirar desde lejos ese camino comenzado y comprobar que sigo sus huellas, que no me dejo llevar por la permisividad hacia mí misma, por el temor,…y que el amor sigue siendo mi premisa primera, cuántas veces concluyo pidiendo perdón por permitir que mis decisiones pasen por delante de las suyas… entre otras cosillas.

Y me consuela el saber que Dios me sostiene y que tras un reconocimiento, sabe que voy a volver a comenzar, ¡claro! a comenzar con todo. Pero su Espíritu estará en los próximos momentos con la misma calidez que estaba desde el principio. Y le digo: Jesús, que te siga siempre.

Nos habla Pablo en la carta a los corintios de campana ruidosa y platillos estridentes: “… si no tengo amor, no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes”; estos días también podemos escucharlo en boca de nuestros políticos. Nosotros vivimos en ese camino hacia el amor fraterno, es el momento de acallar nuestros ruidos y hablar de JESÚS, de su camino, de nuestro camino. Momento de que nos conozcan por el interés sincero, efectivo y eficaz por el bien de los demás y ello arropado por el Amor, sin el Amor todo quehacer carece de valor. Con el Amor como motivación para “ser y estar” se llega a vivir la salvación, en muchas ocasiones lo hemos vivido, lo hemos palpado. En el Amor encuentras a todos los amigos, encuentras a nuestro Amigo.

Y llega Jesús a proclamar la Palabra en Isaías y se come el final “el día de la venganza de nuestro Dios”, en ocasiones nos quedamos con lo que nos interesa para nosotros mismo, para esos momentos que vivimos y nos vienen bien; pero Jesús no quería que ocurriera eso, los conocía y sabía que ese punto era el que más fuerza tenía para ellos. Jesús se queda con el año de gracia del Señor, PARA TODOS, porque somos TODOS DEL SEÑOR. Así lo recuerda Jesús cuando habla de la viuda de Sarepta, de Naamàn el Sirio.

Jesús quiere que dejemos de pensar en que Dios es Señor de un solo pueblo para que pasemos a pensar que es PADRE de TODOS. Y el pueblo se enfada con él, al igual que nosotros que a veces nos enfadamos con Dios, no por lo que creemos entender si no por lo que sentimos que no nos dice.

Lo estamos viendo en nuestra sociedad. No se confía en la actitud de diálogo, la actitud de conciliación, la escucha del otro, el silencio de tu palabra, la actitud de saber ceder…, ante esas actitudes surge en muchas ocasiones la decepción “así no vamos a conseguir nada…”. Pues Dios actúa bajo esas premisas de propuesta, oferta, conciliación y si fuera necesaria, la reconciliación, el acercamiento al otro, aunque se pierdan momentos y peldaños, y hacerlo como Jesús, SIN ARRUGARNOS.

Vivir con confianza, ungidas/os por el Espíritu

Domingo 3º del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Por: María Ángeles del Real. Mujeres y Teología de Ciudad Real

…«Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza»… Neh (8,2-4a.5-6.8-10)

Es una buena noticia, un día de fiesta, Dios está con su pueblo, Israel no ha sido abandonado, es un día para agradecer, un día para ser bendecido y bendecir, pero no aislados, la alegría, no es posible de forma aislada, el individualismo parece no tener cabida en lo que Dios espera de cada uno de nosotros, por eso a la par que invita a no estar triste, insta a compartir, “enviad porciones a quien no tiene”. En el Señor solo es posible la alegría si se comparte, si nadie es excluido de la fiesta.

…Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo… 1 Co (12,12-30)

Y es que, la vida del que sigue a Cristo, tiene sentido solo en la unidad, no podemos concebirnos cada uno por su lado, formamos un solo cuerpo, no se comprende que queramos ser los primeros, los mas importantes, dejando de lado a los otros. Es muy difícil en un mundo tan materializado, en donde lo transcendente y el prójimo y su cuidado, están tan denostados, pero, ¿podemos prescindir de los demás y continuar pretendiendo ser felices?. Con mirada generosa podremos ver que los dones de cada uno nos son necesarios, y los nuestros lo son para los demás, la diversidad compartida es riqueza enorme. La desigualdad, la dominación de unos sobre otros y el menosprecio de los dones de cada persona, es contrario al Reino de Dios.

Ilustre Teófilo:…para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido…
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; … Un sábado entro en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la  vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Lc (1,1-4;4,14-21)

Jesús, lleno del Espíritu, loco de alegría porque ha percibido en su corazón y con todo su ser, que Dios está presente, que los pequeños, los pobres, quienquiera que sufre, son los preferidos del Padre, siente que ha sido enviado a todos los necesitados, a quien no ha sido o no se siente amado, o incluso es tan pobre que ni siquiera se atreve a desear ser amado. Tiene la certeza de ser enviado para sanar y dar libertad, liberar y salvar, para amar sin medida. Es tanto su gozo y tanto lo que tiene que comunicar, que cuando lee el pasaje de Isaías, no puede mas que decir, es así, hoy, es decir ya, ahora, se ha cumplido cuanto dice la Escritura. Ahora también nos dice: “dejaros sanar y liberar, estoy con vosotros siempre”. Pero no se queda ahí, se ha hecho uno con nosotros, San Pablo lo expresa en la imagen del cuerpo, unidos a Él, cuenta con nosotros y hace su obra hoy, a través de quien se deja empapar por su Espíritu, que mueve a llevar la sanación, la vista, la libertad a todas las personas a quien ama, y a nadie excluye. Todos tenemos el don de ser mediadores y mediadoras de su amor, que no nos excluyamos y que nadie nos excluya, porque es obra del Espíritu, no podemos hacer nada por nosotros mismos, contando solo con nuestros confusos deseos o nuestra mas que débil voluntad. Nadie puede otorgarse el tener mas derechos o mas capacidad,  es el Espíritu quien mueve y quien empodera y obra, hoy como ayer.

Que nuestra confianza, generosidad e intrepidez sea tal que hagamos presente el Reino de Dios y que el gozo en el señor sea nuestra fortaleza, dejémonos ungir por su Espíritu.

 

Tu Palabra nos transforma

2º Domingo TO. Ciclo C

Por: Blanca Lara Narbona. Mujeres y Teología. Ciudad Real.

“Por amor a Sión no callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como una antorcha” (Is 62, 1-5)

“Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; (…) hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos” (1 Cor 12, 4-11)

“No tienen vino” (…) “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 1-11)

Cada vez que nos acercamos a tu palabra para escucharte, para encontrarnos contigo, late en nosotros la profunda emoción de saber que eres Tú el que nos sales al encuentro para hablar con nosotros. Con esa confianza comparto lo que siento que, las escrituras de este domingo, quieren enseñarnos y animarnos a vivir.

Isaías nos llama a perseverar, a no rendirse, a no dejar de gritar ni dar descanso a Dios, hasta que establezca su justicia en este mundo tan perdido. No podemos ser espectadores indiferentes recluidos en nuestra pequeña burbuja de realidad, con miedo a que los acontecimientos del exterior puedan alterar la comodidad, la seguridad que, con tanto esfuerzo, hemos construido, dejando fuera, a la intemperie, todo y a todos los que pueden descolocarnos. Urge aprender a gritar “justicia” y a trabajar para hacerla posible, no solo para mí y los míos, sino, también y especialmente, para los “nadies” que sufren la indignidad y el olvido.

San Pablo nos habla de nuestros carismas, de cómo, el Espíritu de Dios se manifiesta de una manera singular en cada uno de nosotros, para que realicemos “los trabajos de Dios” en bien de todos. Nos exhorta a ser uno con Él en el obrar, teniendo presente, que la obra es suya no nuestra. ¡Cuánta tonta vanidad nos atrapa en el frenesí de hacer el bien! ¡Cuánta tonta vanidad nos hace esclavos del resentimiento que surge al compararnos! Olvidamos que el Padre nos quiere, a todos y a cada uno, única y totalmente. Aprendamos a gozar internamente del Espíritu que nos habita y dejémonos mover por él.

El evangelista Juan nos relata una fiesta de bodas, a la que fueron invitados María, Jesús y sus discípulos. De cómo María, con sus ojos y su corazón atentos a la novedad de Dios en su vida, se da cuenta que no hay vino para la celebración. El vino en la Biblia es símbolo de la alegría profunda del corazón, del disfrute y del amor nupcial, por lo que no podía faltar en una boda. Así que, María mediadora, interviene, no deja a los novios e invitados en la carencia. Busca a Jesús, y sencillamente le dice: “No tienen vino”. Ni pide ni exige. Confiadamente pone en manos de su hijo una necesidad para que él actúe. Aunque a nosotros la respuesta de Jesús nos desconcierta, María no parece alterarse y pone en marcha la transformación, cuando le dice a los criados: “haced lo que él os diga”. Estos dispusieron las tinajas llenas de agua como Jesús les había pedido para después transformar esas tinajas de agua en tinajas de vino. Jesús no hace aparecer el vino de la nada. Jesús toma lo que tiene, el agua, y la transforma en algo mejor, en algo superior, en vino. Eso hace con nuestras vidas.

Aprendamos de María a presentar a Jesús nuestras carencias. Busquemos un encuentro de intimidad con él, y humildemente reconozcamos que “no tenemos vino”. Que a nuestra vida le falta sentido profundo, celebración y goce de vivir. Que le falta la alegría que da, saberle en nosotros, vivirle en nosotros. María nos muestra el camino y nos dice, como a los sirvientes:” haced lo que él os diga”. Y ¿Qué quiere Jesús que hagamos?  Quiere que pongamos ante él nuestras pobres tinajas llenas de agua para transformarlas en tinajas llenas de vino. Quiere tomar el agua de nuestras vidas, lo que somos y tenemos, nuestros vacíos y dudas; nuestros apegos, nuestros dolores, nuestros miedos y rebeldías, y convertirla en vino de vida nueva. De vida plena de confianza, de hondura, de libertad, de alegría, de esperanza. Quiere que nuestras tinajas se desborden y que el vino llegue a los lugares menos transitados, y a las personas excluidas de este mundo que no se sienten invitadas al banquete del Padre.

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