El servicio fuente de la verdadera felicidad

Domingo 33 del T.O. Ciclo B

Por: MaCarmen Calabuig. Vita et Pax. Ruanda

Nos acercamos al final del Año Litúrgico y las lecturas de este domingo nos hablan de la venida del Hijo del Hombre, en medio de grandes signos en la historia e incluso de la naturaleza… y nos invitan a la vigilancia, a vivir atentos a nuestro mundo, donde se manifiesta la presencia del Señor en los acontecimientos de cada día.

Al leer al profeta Daniel me parece escuchar a un locutor de TV ,  poniendo de manifiesto que son tiempos difíciles, sobre todo para esa muchedumbre inmensa de personas, que huyendo de la pobreza y de la muerte, camina buscando un futuro mejor.

Y aunque la respuesta es que el porvenir parece oscurecerse, que hay pocos signos de luz, ellos siguen adelante, confiando en esas luces de solidaridad que encuentran en su camino, que les dan cobijo, alimentos y aliento.

No tienen miedo a la alambrada ni a la muralla de militares. Quizá en su corazón resuenan las palabras de Jeremías: “Tengo designios de paz,… os congregaré de todos los países”. Son  la fuerza para seguir en ese camino de libertad y de liberación.

Son tiempos difíciles: los ha habido y los hay. Dolorosamente, la historia se repite y con demasiada frecuencia.

Estas imágenes, de personas que caminan, nos recuerdan el éxodo vivido por tantos ruandeses en 1994… diferentes razones, pero siempre hay algo en común: la huida del sufrimiento y de la muerte…

Cuántas personas en el mundo se ven obligadas, por estas razones u otras, a abandonar sus hogares y ¿qué respuesta encuentran?

Tanto el profeta Daniel, como el evangelista Marcos, nos dan un mensaje de ESPERANZA: El Señor está cerca, a la puerta.  “Cielo y tierra pasaran pero mis palabras no pasarán”,  será la victoria del bien sobre el mal, un cielo nuevo, una tierra nueva, cuyo centro es Cristo y en El, la persona reconocida en toda su dignidad.

 Vivimos en esperanza, porque aunque no sabemos ni el día ni la hora, tenemos plena confianza en la PALABRA del Señor, impresa en el corazón de tantas personas que buscan hacer posible este cielo y esta tierra nueva, donde habite la justicia y la paz.

Me ha impresionado que, al final del año litúrgico, las oraciones de la Eucaristía subrayen el aspecto del SERVICIO y el AMOR y se nos invite a reflexionar cómo hemos servido y a quien hemos servido.

¿Servimos con amor? ¿Es el servicio la fuente de nuestra felicidad?

¿Apoyamos o colaboramos con los movimientos o  personas, que se implican en la lucha por un mundo más justo, y luchamos para que en los países en vías de desarrollo, los jóvenes tengan allí acceso a la educación y al trabajo  y no se vean obligados a abandonar su país?

¿Nos conformamos con una tarea asistencial o intentamos formar, en las personas a las que servimos, un sentido crítico ante las situaciones que viven y despertar su deseo de vivir en pie, con dignidad, a pesar de que muchas veces se sientan paralizados por el miedo?

¿Somos los cristianos personas que vivimos nuestra vida  como un servicio: en la familia, en el trabajo, en nuestras relaciones con los demás?

Los ojos de nuestro corazón ¿reconocen la presencia del Hijo del Hombre, que viene, en nuestros próximos, pobres, enfermos, emigrantes, sin techo?

Cada vez que celebramos la Eucaristía somos invitados a ser el pan y vino  “que se convertirán en el Cuerpo y Sangre del Señor” para ser comidos y bebidos por todos.

Que cada Eucaristía nos haga crecer en el servicio, como expresión de amor.

 

 

Lo mejor de la Iglesia

Domingo 32 Tiempo ordinario – B 

Por: Jose Antonio Pagola. Presbítero

El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos: «¡Cuidado con los maestros de la Ley!», su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.

Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.

La religión les sirve para alimentar su fatuidad. Hacen «largos rezos» para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por encima de todos. En el fondo solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose de las personas débiles, a las que deberían servir.

Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.

En la segunda escena, Jesús está sentado frente al arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.

Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, «ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir». Mientras los maestros viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende por los demás, confiando totalmente en Dios.

Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los futuros dirigentes de su Iglesia.

También hoy tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros ni pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el Evangelio de Jesús. De ellos hemos de aprender los presbíteros y los obispos.

 

La conjunción copulativa

31 Domingo TO. Ciclo B

Por: Maricarmen Martín. Vita et Pax. Madrid

Amarás al Señor tu Dios y amarás a tu prójimo. Esta es la gran cuestión. La clave se encuentra en la conjunción copulativa ‘y’. Ni a Dios sin el prójimo ni al prójimo sin Dios. Hemos entendido demasiadas veces este amor de manera sensiblera, incluso ñoña, que nos apartaba de la realidad y nos introducía en una especie de nube sin acceso a internet. Por eso, las lecturas de hoy nos sumergen de lleno en la historia general y en las historias concretas de nuestros hermanos y hermanas. Nos invitan a no sentirnos nunca lo suficientemente buenas, lo suficientemente amadoras y comprometidas con Dios y con la humanidad.

No es posible amar a las gentes ni a Dios sin indignarnos con lo que está pasando en nuestro mundo, sin despertarnos del sueño letárgico, al que sucumbimos con tanta facilidad que nos lleva a vivir tan ricamente postradas en el ‘sofá’, y sin que ese amor se convierta en una fuerza moral poderosa para el cambio de rumbo en el mundo.

Hacen caso omiso de esta ‘y’ copulativa quienes solo se lamentan de lo que hoy está pasando pero son incapaces de ponerse manos a la obra para la acción constructiva. Sus quejas son ineficaces tanto para el prójimo como para Dios y ellas mismas cómplices del sistema cuyos efectos destructores critican. Hacen caso omiso de esta ‘y’ las que se dejan llevar por la inercia de los acontecimientos, de la indiferencia y de la banalización del mal. El desencanto es un buen material de combustión que ayuda a fortalecer la buena salud de este sistema dominante.

La ‘y’ copulativa brilla en todo su amor allí donde encontramos comportamientos humanos con el ‘aire de Jesús’. Allí donde una acción humana promueve vida antes que muerte para todas las personas y quiebra el sueño paralizante de la apatía que todo lo envuelve. Allí donde se oyen los anhelos de grupos de ciudadanos y ciudadanas que, a pesar de su debilidad, se empoderan como sociedad civil y reclaman democracia real e integral, aunque no conozcan muy bien ni el cómo ni el cuándo. Allí donde nadie mira para otro lado y se denuncia con rapidez la violencia de género y se grita con terquedad por las plazas públicas ‘las queremos vivas’. Allí donde escuchamos con cariño, acogemos con ternura y alimentamos con respeto…

Advertimos que permanecer cerca de esta ‘y’ copulativa resulta peligroso, hay riesgo de fuego, de incendio. Y sólo a la vista de este peligro resplandece la visión del Reino de Dios que en Jesús se ha hecho cercano. Aunque pueda sorprender, ‘Peligro’ es una categoría fundamental para la percepción de esta conjunción copulativa porque donde brilla en su esplendor aparece el riesgo de inseguridad, de desarraigo, de crítica, de no aceptación, de exclusión e incluso de muerte, como le sucedió a aquel que la llevó a plenitud: Jesús.

Quien se alía con esta ‘y’ copulativa se hace potente eco de la voz de Dios. Dios que ha visto el dolor de los suyos y no lo aguanta. Le encolerizan los rescates bancarios y las bajadas de las pensiones, los contratos precarios de los de abajo y los contratos blindados de los altos ejecutivos, las concertinas de Melilla para extranjeros pobres y las facilidades para los extranjeros ricos, los desahucios, el paro, las mujeres violadas, los pueblos olvidados, los niños sin poder jugar…

Seguramente nuestro mundo necesita de un milagro para desembarazarse de este modelo económico y social avasallador que padecemos. Pero mientras tanto, irrumpe con fuerza silenciosa las personas que empeñan su vida en esta ‘y’ copulativa y nos convocan a globalizar la fraternidad y a buscar la construcción de otro modelo económico y político alternativo aunque sea de manera parcial y fragmentaria. Estos actos, como los milagros de Jesús de Nazaret, son subversivos y provocan recelos desde el punto de vista de los que ostentan el poder.

Pero es en esta ‘y’ copulativa, pequeña y sencilla, diminuta y simple, peligrosa por cierto, por donde el Reino de Dios de la fraternidad, de la justicia, de la libertad y de la paz se va abriendo camino en la historia.

Ceguera – Iluminación – Seguimiento

XXX  Domingo T.O. Ciclo B

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

Nos vamos acercando ya al final del Año Litúrgico. Con el evangelista Marcos hemos contemplado  a Jesús en sus incansables jornadas de trabajo y últimamente  lo estamos acompañando por el camino de Galilea a Jerusalén donde es consciente que le van a matar –por tres veces se lo anuncia a los discípulos que también por tres veces rechazan que eso pueda llegar a ser-. En el episodio de este domingo, Jesús ha pasado ya la ciudad de Jericó y le falta una jornada para llegar a la ciudad Santa.

En este tramo va a realizar su último signo -según el evangelista Marcos-: va a dar luz a un ciego. Bartimeo es un mendigo que está a la orilla del camino pidiendo limosna. Es pobre en todos los sentidos: es ciego, no tiene recursos, es un marginado, un impuro, digno de lástima pero ni siquiera eso porque la multitud lo quiere hacer callar.  Sin embargo algo tiene: el agudo sentido del oído, se da cuenta de que algo ocurre a su alrededor y sí  puede preguntar y enterarse de que es Jesús de Nazareth el que estaba pasando.  En seguida comienza a gritar: “JESÚS!!! HIJO DE DAVID, TE COMPASIÓN DE MÍ”… asombroso, el secreto mejor guardado de Marcos, lo publica a voces un ciego.

Los acompañantes de Jesús lo quieren acallar pero él grita más fuerte. Jesús lo manda llamar –es su costumbre atender las necesidades que se le presentan aleccionando siempre a  quienes lo impiden-. Pero en este caso el llamado tiene un significado más profundo. Le dicen al ciego que Jesús lo llama y él da un salto, se desprende del manto –no tendría nada más-  y  se acerca a él.  Jesús le pregunta: ¿”qué quieres  que haga por ti?” El hombre le contesta sin duda: ”Maestro, que pueda ver” Y Jesús le dice: “Vete, TU FE TE HA SALVADO”.  “recobró la vista y comenzó a seguirle”.

 Curioso: la consecuencia de VER no fue pararse a contemplar y admirar lo que no conocía: la naturaleza  en toda su belleza, sus árboles, las flores, los montes, las personas, los animales, ¡tantas cosas! No, la consecuencia fue comenzar a seguirle, sin saber qué le esperaba- Algunos de los discípulos, mientras iban de camino, a la misma pregunta de Jesús, le habían pedido poder sentarse a la derecha y a la izquierda cuando llegase a su Reino, habían discutido quién era el mayor. El que fue curado, tuvo claridad suficiente para seguirle sin condiciones y completamente desprendido de todo. Un contraste también con el hombre rico que fue incapaz de desprenderse de sus riquezas y seguirle porque las riquezas no dan capacidad de riesgo, buscan seguridades, buscan negociar. El pobre se hizo evangélicamente rico, el rico en cambio, se empobreció .

En pocos y sencillos versículos, tenemos una bella síntesis evangélica  y  de realismo humano. El ciego era bien consciente de su necesidad. En nuestro mundo hay muchas cegueras, mucha gente inconsciente de que lo que les falta es luz para ver sus necesidades más profundas, viven obnubilados por tantos bienes materiales que no satisfacen pero son incapaces de reconocerlo y pedir luz a quien es la LUZ DEL MUNDO  El que, gracias a su fe ha obtenido la salvación y la integración a la sociedad, se convierte en el modelo del seguimiento a Jesús: va tras él sin “volver la vista atrás”, sin pedirle que le deje despedirse de su familia ni de enterrar a sus muertos, nada. Va con Él hacia Jerusalén sin miedo, fiado totalmente de El y dispuesto al seguimiento radical sin hacer alardes.

Ojalá que este relato nos invite a reflexionar a todo/as cuantos hemos optado por seguir  radicalmente a Jesús, asumiendo su mensaje y sus actitudes liberadoras, sin distracciones, sin ansias de poder, sin excusas estériles y atentos/as a las necesidades urgentes de nuestro alrededor  (estamos viviendo aquí en Centroamérica un drama migratorio de gigantescas proporciones). Es para reflexionar seriamente.

    El relato es también un llamado vocacional completo, no le falta ningún ingrediente y sin necesidad de largos discernimientos: al pobre ciego que recibió la luz  le bastó la fe, y la acción de gracias puesta en acción.

                  QUE TU LUZ SEÑOR, NOS HAGA VER LA LUZ

Servicio hasta dar la vida

Domingo 29º del T.O. Ciclo B

Por: Rosa Mary González. Vita et Pax. Tafalla. Navarra

En este domingo las lecturas nos hablan de la importancia de una vida dedicada al servicio con sus consecuencias: “Mi siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos”. “No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor”. Sin embargo, la tendencia natural de las personas cuando nos dejamos llevar por las comodidades es la contraria: ser servidos, estar cerca de los que ostentan el poder para poder subir de categoría, disfrutar de los bienes de la tierra aunque tantas personas  no tengan acceso a ellos y evitar todo lo que produce dolor buscando el placer al precio que sea.

El relato del evangelista Marcos de este domingo se sitúa en el final del recorrido de Jesús con sus discípulos antes de su entrada a Jerusalén. Ha sido un camino de enseñanzas: de preguntas y respuestas, de encuentros con las gentes, de curaciones, de manifestaciones. Se podría pensar que ya estaban preparados para emprender su misión; sin embargo, la condición humana, esta vez en búsqueda de poder, aparece en Santiago y Juan haciéndole una petición a Jesús: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.” Para el evangelista Mateo esa misma petición la hace la madre de los Zebedeos. La madre quería lo mejor para sus hijos y sus hijos querían lo mejor para ellos. Y el resto de sus discípulos, ¿no pretendían  lo mismo aunque no lo expresaran?

A la pregunta de Jesús de si eran  capaces de beber su mismo  cáliz y bautizarse con su mismo bautismo, ellos responden afirmativamente, aunque todavía no sabían el verdadero significado de “beber su mismo cáliz”,  pero Jesús les hace ver que a él no le toca conceder lo que piden.

A partir de esa petición, Jesús les reúne para decirles con claridad cuál tiene que ser la actitud de los que dicen y decimos querer seguir su camino: SERVICIO, hasta dar la vida.

Nos resulta muy fácil detectar y hablar sobre las ansias de poder de los políticos, de los que tienen autoridad en cualquier estamento de la sociedad, de los que buscan subir de categoría aunque sea pisando a los de al lado, de las trampas que realizan para no pagar los impuestos, de la corrupción que existe. Y hacemos muy bien teniendo una actitud crítica en la vida y denunciando cualquier injusticia a la vez que colaboramos para ir construyendo una sociedad más justa. Es nuestro deber de ciudadanía estar alerta y colaborar con todos los grupos comprometidos en exigir una sociedad más justa  y más humana.

Pero aquí Jesús está hablando y enseñando a sus discípulos, a los que van con Él durante todo el camino, a los que van a continuar su misión. Queremos pertenecer a ese  grupo dentro de la Iglesia  y es aquí donde tenemos que trabajar también para ser SERVIDORAS/ES. Un servicio que implica acogida, hospitalidad, empatía, respeto, donación, entrega al estilo de Jesús. Así actuaba Él  y así  nos corresponde actuar. No queremos una Iglesia que desde el poder y una mal entendida autoridad, se aproveche de su situación para todo tipo de abusos: sexuales, dominio, autoritarismo.  El Papa Francisco está siendo muy valiente al enfrentarse y, aunque le duela, denunciar todas estas conductas. Todos y todas tenemos una parcela de poder por pequeña que sea, de ahí la importancia de ser humildes y revisarnos para ver cómo la utilizamos. ¿Por qué se abusa?, ¿por qué en lugar de construir dividimos?, ¿por qué no vivimos la fraternidad? Muchas más preguntas podríamos hacernos y la respuesta del evangelio de hoy es clara y sencilla: actuamos así cuando no vivimos con fidelidad el mensaje del Maestro: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”. Cuando nos alejamos del servicio y buscamos el dominio, perdemos lo más genuino del mensaje de Jesús: Vivir el amor hasta las últimas consecuencias.

Si queremos colaborar en la construcción de una Iglesia más humanizada, más sencilla, más comprensiva, más evangélica, más coherente con las enseñanzas y vida de Jesús, tenemos un largo camino por recorrer; sabiendo que no depende solo de nuestra voluntad, aunque también, sino de dejarnos conducir por Él como su vida entera fue reflejo de la voluntad de su Padre.

 

FOESSA y la mirada de Jesús

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Por: José Luis TerolProfesor de Servicios Socioculturales a la Comunidad (Zaragoza)

Hace unas semanas la Fundación FOESSA (promovida por Cáritas española) nos adelantaba una foto del gran fracaso colectivo en el que nos encontramos en España: 8’6 millones de ciudadanos y ciudadanas españoles viven en exclusión social y, de ellos,  4 millones en exclusión social severa.

Esta constatación “cuasipornográfica” hurga en la impotencia que sentimos muchos ciudadanas cuando constatamos que, en demasiadas ocasiones, nuestras instituciones, nuestros recursos, nuestra estructura social están al servicio de unos privilegiados y de unas élites intocables que se ocupan concienzudamente de que nada cambie, y de que podamos seguir digiriendo y normalizando desahucios, suicidios y todo tipo de precariedades y sufrimiento, mientras ellos siguen protegiendo sus beneficios y generando “doctrina” y miedo, a la vez que manteniendo la impunidad de su engaño masivo.

¿Cómo nos puede iluminar la Palabra que es siempre “espada de doble filo” y escruta los deseos y las intenciones de nuestro corazón (Hebreos 4, 12-13)?

¿Cómo buscar en el presente “el espíritu de sabiduría y prudencia” que hace que cualquier cosa o riqueza a su lado se convierta en un poco de arena o de barro (Sabiduría 7, 1-11)?

¿Qué hubiera dicho Jesús, sentado en la mesa de la rueda de prensa junto a los portavoces de la Fundación FOESSA?

Probablemente habría intentado buscar un encuentro con ese reducido grupo de grandes capitalistas millonarios, defraudadores y evasores fiscales, que están chupando la sangre de la gente, minando la fraternidad, y al que algunos partidos están empeñados en blindar y proteger.

En ese encuentro, en un clima cálido y fraterno, les habría mirado a los ojos con gran ternura, y les habría planteado con enorme confianza y respeto algunas preguntas (Marcos 10, 17-30):

¿A qué dedicáis vuestra vida; en qué estáis invirtiendo vuestras energías y vuestro corazón?

¿Por qué no le dais la vuelta al orden de vuestras seguridades?

¿Por qué no os dejáis mirar por Dios, vuestro Padre y vuestra Madre, ante quien todos hemos de rendir cuentas?

¿Por qué no invertís en humanidad y fraternidad?

¿Por qué no buscáis la compañía y la sabiduría de las personas sin hogar y de las familias refugiadas?

¿Por qué no escucháis el clamor de los desempleados, de los trabajadores pobres, de las empleadas del hogar, de las víctimas de la trata y de todas las violencias?

¿Por qué no construís desde abajo, con la gente, unas relaciones nuevas?

Nosotras, cada una de nosotras, habríamos asistido discretamente a este encuentro, probablemente tras las cortinas, para no perdérnoslo, y con el convencimiento de que no iba con nosotras y de que, por fin, alguien iba a cantarles las cuarenta a los de siempre.

De manera inesperada, una vez más, nos habríamos sentido salpicadas y removidas por estas preguntas que considerábamos no dirigidas a nosotras. Y, probablemente, cada una habríamos sentido el peso y el lastre de nuestras seguridades y riquezas, y de manera discreta, habríamos dado un paso atrás –no abatidas como el joven rico-pero sí un poco más convencidas de que sólo Dios es bueno y de que necesitamos cada día el auxilio de su Espíritu y a la comunidad para seguir cambiando el orden de nuestras seguridades y apuestas vitales.

¡Sigamos, entonces, acompañándonos en este duro camino de cuestionar nuestro “desorden” vital para reconstruirlo desde abajo con las hermanas y todos los desposeídos y excluidas de nuestra sociedad!

 

 

De los que son como niños es el Reino de Dios

Domingo XXVII del T.O. Ciclo B

Por: Cecilia Pérez Nadal. Vita et Pax. Valencia

Sin darnos apenas cuenta nos hemos colado en el otoño y caminando hacia el final del año nos encontramos rebuscando en los cajones del espíritu, porque el tiempo de hacer balance está cada vez más cerca.

En este domingo la Iglesia nos muestra, con el libro del Génesis, a Dios como origen y señor de la creación haciendo surgir como máxima obra al ser humano, hombre y mujer, mujer y hombre, para “que no esté solo” para “que no esté sola”. Igualdad y complementariedad y una misión de señorío amoroso sobre el resto de los seres  a quienes deben “poner nombre” con lo que ello significa de dignidad y reconocimiento.

Nos planteamos una primera responsabilidad que es la de amar, sostener, cuidar y agradecer los bienes recibidos como don. “Loado seas mi Señor”

Y, como hemos dicho que estamos llegando a otro final, cabe preguntarse cómo ha sido realizada esa misión personal y grupal de cuidado de nuestros semejantes: seres humanos y criaturas todas de Dios. Mi mirada ante el mundo y los seres humanos ¿es corresponsable y compasiva o estoy sumida en un individualismo personal o de casta que me hace insensible, más o menos, ante la situación desconsolada de otros y tantos… a lo mejor, o a lo peor, de los que viven muy cerca?

Traído en el evangelio este tema de la unión, del compartir, de la ayuda, de la responsabilidad, al terreno del amor conyugal surge una exigencia para fortalecerlo y elevarlo a ese rango de señorío sobre uno mismo y sobre todos los afectos, deseos, inclinaciones: la fidelidad, que es entrega y generosidad, servicio y honestidad en el  bien común. Para el hombre y para la mujer, en igualdad de dignidad.

Grandeza de la unión matrimonial elevada al rango de Sacramento por su valor como signo del amor de Cristo a su Iglesia, elevando a categorías no solamente humanas esa unión base de la sociedad familiar a veces tan denostada y por ello portadora de mucha infelicidad.

Analizamos una fidelidad que nos atañe a todos en todas las circunstancias: fidelidad a la palabra dada, al compromiso adquirido, a la verdad proclamada, al sentimiento manifiesto. Y en esta nuestra sociedad donde el “usar y tirar” está a la orden del día, donde el propio beneficio, la propia diversión, el placer inmediato, la acumulación de poder, se apoderan de cada situación, relación, objetivo… nosotros hablamos de verdad, de fidelidad, de entrega, de generoso compromiso, desde la palabra de Jesús. Y tenemos que nadar contra corriente porque así es el amor que nos proclama el Señor y porque sabemos que él es fiel y nos invita a serlo desde su total comprensión y misericordia, porque ésa es la voluntad del Padre

Unidad de destino de Cristo y de su Iglesia, proclamada en la segunda lectura de la carta a los Hebreos. ¡Qué gran dignidad el que nos llame hermanos!

Después nos invita a ser como niños para tener los criterios y actitudes del Reino, sostenidos por la confianza, necesitados de ayuda y bendición, acogiéndolos, como Él, precisamente por su debilidad e indefensión.

De los que son como niños” excluye la prepotencia, la superioridad, el dominio de los otros.

Al final, Jesús, nos propone abrirnos a su Palabra y su Vida para poder acoger como Él a los pequeños, para vivir como quiere su Padre.

¡¡Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida!!

La corrupción no se perdona

Domingo 26 del T.O. Ciclo B

Por: M.Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid 

La predicación del Evangelio no es un sermón neutral que pueda satisfacer a todo el mundo y tranquilizar conciencias, sino una denuncia clara de las desigualdades económicas y sociales que dividen artificialmente a la humanidad en clases. Un claro ejemplo de ello es la carta de Santiago. Esta carta denuncia con audacia y arrojo la avaricia de los ricos y la corrupción pertinaz. Recuerda la importancia de la relación entre la fe y la vida social, económica y política; justo lo que muchos habían olvidado ya en tiempos de los primeros discípulos y lo que estamos olvidando los discípulos y discípulas de hoy. La fe está vinculada con la justicia. Cualquier intento por separar la fe de la vida no es cristiano y está condenado al fracaso.

En la sociedad que vive Santiago, tan parecida a la actual, los ricos se aprovechan para engordar sus riquezas, mientras que los pobres, la mayoría, viven en la indigencia. La carta nos permite ver cómo el problema de la corrupción social afecta a todos. A unos porque viven sin preocuparse de sus hermanos y explotándolos; a otros porque no tienen lo suficiente para vivir. Por eso el ataque a los ricos en esta carta no tiene parangón.

En España, la corrupción, por desgracia, sigue estando muy presente. La emergencia de multitud de escándalos y la correspondiente preocupación por este fenómeno, erosiona la confianza en las instituciones. La corrupción puede ser de muchos y variados tipos, entre los que se incluyen: el soborno, la connivencia, la malversación, el robo, el fraude, la extorsión, el abuso de discrecionalidad, el favoritismo, el nepotismo, el clientelismo…

En el año 2009, el ex-Fiscal General del Estado, hablando de la corrupción política, reveló en el Congreso que las causas que se estaban investigando en la Fiscalía en ese momento eran 730, por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Desde entonces, algunas de estas causas han sido cerradas, pero otras muchas abiertas. Y de importantes causas abiertas han ido surgiendo numerosos casos anexos que han dado lugar a piezas separadas de extraordinaria repercusión política y social. Obviamente, los casos más significativos han sido ampliamente tratados por los medios de comunicación. Muchos otros han pasado desapercibidos.

Pero lo que más daño ha hecho en España no son los casos de corrupción, sino el hecho de que la ciudadanía consintiéramos, por activa o por pasiva, estas prácticas y actitudes. A menudo se oye aquello de “yo también lo habría hecho” o “si tú hubieras tenido la oportunidad, seguro que también habrías pillado tajada”. Es decir, se ha socializado la corrupción como una realidad más que puede ser tolerada.

Sin embargo, ya es hora de no mirar para otro lado. Es fundamental que caigamos en la cuenta de que, por importante que sea la gestión de los gobernantes, más importante es la honradez de la ciudadanía. Es más, podemos asegurar que los gobernantes o personajes públicos corruptos pierden la vergüenza y la dignidad porque saben que pueden perderla y no pasa nada. Gozan de impunidad por los que callan, los que no quieren meterse en líos, los que saben que, con su silencio y su pasividad, podrán medrar y subir.

Un país en el que las cosas funcionan así no podrá salir de la corrupción. Sólo con nuestra honradez cuando no nos mordemos la lengua ante la corrupción, sea de quien sea, cuando esa corrupción se publica a los cuatro vientos, cuando se denuncia y no se tolera, entonces es cuando somos ciudadanas y ciudadanos cabales. El día que reaccionemos así ese día se acaban los corruptos; ese día habrá más justicia y el sol brillará con más luz.

Santiago, además, nos recuerda que la última respuesta a la corrupción viene de Dios, único juez, y el Papa Francisco con valentía profética declaró que la corrupción no puede ser perdonada. Ciertamente pueden ser perdonadas las personas corruptas cuando cambian de mente y de conducta pero nunca la corrupción en sí.

Por desgracia la Iglesia tampoco ha escapado a la seducción de la corrupción pero de esto hablaremos otro día.

Siguiendo a Jesús

Domingo 25 del T.O.  – Ciclo B

Por: Sagrario Olza Leone . Vita et Pax . Pamplona

Los Evangelios nos hablan de Jesús como el predicador y profeta siempre en camino.  En muchos lugares la gente sale a su encuentro porque quiere escucharle, otras veces le presentan enfermos pidiéndole que les cure… pero hay otras personas  que le siguen, van con él, recorriendo los distintos lugares por los que Jesús va.  Acompañantes permanentes son los Doce, a los que  había elegido “para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar”. (Mc. 3, 14)

En estos últimos domingos San Marcos  sitúa a Jesús y a los discípulos en Galilea y en la región de Tiro, terreno pagano, donde curó a la hija de la mujer sirofenicia.  En el camino se dirige de manera particular, más directa, a los más asiduos y cercanos.  Recordamos la pregunta que les hacía el domingo pasado: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”  Y Pedro responde, parece ser que en nombre del grupo: “Tú eres el Mesías”… (Mc. 8, 29).  El prometido, el libertador, el que tenía que venir… Todo el Pueblo lo esperaba.  Para Pedro y sus compañeros estaba claro: el Mesías había llegado.

Durante  este recorrido Jesús quiere instruirlos, son sus seguidores y los elegidos para colaborar con él en su misión mesiánica.  Les va señalando unas condiciones  para poder compartir esa misión y  anunciando lo que le va a ocurrir  a partir de entonces: va a sufrir, las autoridades religiosas lo van a rechazar y, finalmente, lo condenarán a muerte.  Pedro se indigna, ¿cómo va a pasarle eso al Elegido, al que ellos siguen y del que “algo” esperan?  ¿Es que esa será también su propia suerte? Jesús les habló también de la Resurrección “pero ellos no entendían lo que decía y les daba miedo preguntarle” (Mc.9,30-32).  Y continuaban  hablando entre ellos.

Ese “algo” que esperaban tenía que ver con los posibles puestos que ocuparían en el Reino que Jesús anunciaba… y aunque les hablaba del sufrimiento y de la muerte “ellos no entendían”… y seguían con su discusión sobre los cargos a ocupar y quién sería el mayor.

Llegados a Cafarnaúm y una vez en casa, Jesús les preguntó: “De qué veníais discutiendo por el camino?”  Ellos callaban pero, poco a poco, se lo fueron diciendo… Entonces Jesús les explicó la “organización del Reino” y la forma de ejercer las responsabilidades: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc. 9,35).

Nosotras/os somos los seguidores de Jesús del siglo XXI.  Podemos reflexionar sobre si nos pasa algo parecido  a lo que pensaban y hablaban los que le acompañaban por los caminos de Palestina.  Sabemos que se cumplió lo que Jesús les iba anunciando: la persecución y condena de las autoridades religiosas que le llevaron a la cruz.  Sabemos que resucitó, porque creemos en el testimonio de los que lo experimentaron vivo… Conocemos lo que Jesús predicó, lo que Jesús hizo, y en qué consiste el Reino que anunciaba: la realización del Proyecto de su Padre y nuestro Padre, del Padre de todos,  que nos hace una sola familia en la que los hermanos se respetan, se apoyan y se ayudan, teniendo en cuenta, en primer lugar, a los más débiles y necesitados.

No nos desanimemos si nuestros sentimientos y reacciones se parecen a las de aquellos primeros seguidores… Ante la perspectiva de aquel futuro  nada agradable y tan poco glorioso que les presentaba el Maestro algunos se marcharon. Jesús preguntó a los doce: “¿También vosotros queréis marcharos? Y Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6, 67-68).

Los doce siguieron a Jesús hasta el final, con sus dudas y temores.  Pedro llegó a negarle en un momento muy difícil.  Pero, para ellos, pudo más su seguridad y confianza interior,  manifestada en aquella respuesta del mismo Pedro: “Tú tienes palabras de vida eterna”.  Después de la resurrección el Espíritu Santo les dio claridad sobre lo que “no entendían” y fuerza para anunciarlo por el ancho mundo.

Su predicación ha llegado hasta nosotras/os,  que también seguimos a Jesús. Conocemos su vida, su enseñanza, su pasión por el Reino como realización del Proyecto del Padre, su sencillez  y trato cercano  con la gente, su preferencia por los enfermos, marginados, pecadores… Conocemos las condiciones que ponía a los que querían seguirle y compartir su misión… Revisemos nuestras actitudes: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”  (Mc. 9,35) Miremos a nuestro interior  y revisemos nuestras convicciones profundas: “Tú tienes palabras de vida eterna”. (Jn.6,68).  Conscientes de nuestra fragilidad y nuestros fallos  acudamos al mismo Espíritu que fortaleció a los primeros…  Siguiendo a Jesús hagamos posible la construcción de la única familia humana, la fraternidad universal, la llegada del Reino. Recemos con el Canto “Libertador de Nazaret”, de Carmelo Erdozáin:

“Yo sé que eres camino, que eres la vida y la verdad;

                             yo sé que el que te sigue sabe a dónde va…”

 

Dios nos sale al encuentro en los otros, ¿lo reconocemos?

 DomingoXXIV del T.O. Ciclo B

Por: Maite Menor Esteve. Vita et Pax. Guatemala

Las lecturas de este domingo son muy iluminadoras para la vida de los y las que queremos ser discípulas de Jesús. La primera de Isaías, nos presenta a un hombre sufriente y despreciado por sus semejantes, y que a pesar de eso, tiene una total confianza en Dios, siente que le acompaña en su sufrimiento y le da fuerzas para resistir, tiene la experiencia de que Dios está con él y no le dejará en ningún momento. ¡Qué diferente se viven los problemas y las dificultades cuando se experimenta la presencia envolvente de Dios! ¡Cuántas personas viven su dolor y sufrimiento en soledad! Cuántas personas necesitan a alguien que les escuche, que les demuestre que no están solos, que les haga sentir la presencia de Dios a través de una mano amiga. Es un buen momento para que nos preguntemos cuánto escuchamos, cuánto de nuestro tiempo cedemos para acoger al otro, a la otra. Dios nos sale al encuentro en los otros, ¿lo reconoceremos?

La segunda lectura de Santiago nos dice que la fe si no tiene obras está muerta, y nos invita a demostrar la fe con las obras y con las obras, demostrar nuestra fe. Los cristianos corremos el riesgo de quedarnos en ritos y cumplimientos de las normas establecidas, de refugiarnos en una religión que nos tranquiliza y, a veces, hasta nos anestesia, y olvidarnos de que es la coherencia entre lo que decimos y hacemos, entre lo que creemos y vivimos, lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos hace, en definitiva, ser seguidoras de Jesús: “No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre del cielo.” (Mt 7, 21-23).

La realidad nos presenta constantemente, oportunidades para demostrar nuestra fe, a través de nuestras acciones. Vivimos en un mundo lleno de injusticias, que excluye y margina, que rechaza y expulsa a los que no son de nuestro país, a los que no piensan como nosotros, a los que son diferentes, a los que entienden la vida de una manera distinta a la nuestra, etc. ¿Qué estamos haciendo los cristianos y cristianas con la realidad de los que huyen del hambre y la miseria? ¿Qué estamos haciendo con las violaciones a los derechos humanos? ¿Con la violencia contra grupos étnicos o de género? ¿De parte de quién nos ponemos, de los indefensos o de los poderosos? Hoy Santiago interpela nuestra coherencia y nos invita a tomar cartas en los asuntos que conciernen a los que sufren, a los que no cuentan para este mundo. ¿Nos dejaremos interpelar?

Por último, en el evangelio de Marcos, Jesús nos pregunta igual que en su día les preguntó a sus discípulos y discípulas: “Y vosotros, vosotras, ¿quién decís que soy?” (Mc 8, 29). ¿Soy alguien vivo en tu vida que te invita a salir al encuentro de los que sufren? ¿Es el sufrimiento de los otros lo que te mueve a actuar y a salir de tus comodidades y de tu vida hecha? Si es así, miremos la realidad que nos rodea con los ojos de la compasión, de la empatía, de ver la situación de los excluidos y marginados, sea por la razón que sea. Convirtámonos los y las seguidoras de Jesús, en defensoras de los grupos marginados sean los pobres, los marginados, las mujeres violentadas, los grupos LGTBI, etc., cualquier persona que sufra, y demostremos con hechos y no con palabras, que seguimos a Jesús que vino a restaurar la vida, a liberar a los oprimidos por el sistema y devolver la esperanza a todos los desesperanzados.

 

 

 

 

 

 

                                                                                                         

 

 

                                                                                                               

 

 

 

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