Vuestra soy, para Vos nací

Por: Santa Teresa de Jesús. Liturgia de las Horas

teresaVuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
La gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criasteis,
vuestra, pues me redimisteis,
vuestra, pues que me sufristeis,
vuestra, pues que me llamasteis.
Vuestra, porque me esperasteis,
vuestra, pues no me perdí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad;
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo:
pues del todo me rendí,
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Jesucristo, Vida y Paz

Por: Carmen Álvarez. Vita et Pax. Valencia.

Vida

Vida

Quiero vivir la Vida que me ofreces,
quiero vivir la Vida que me das.
Quiero seguir la senda de tus pasos,
te quiero a ti, Luz, Camino y Verdad.

Vida de Dios, de Dios tu Padre y nuestro;
Vida que se desborda, se irradia sin cesar.
Vida que cada día en tu Pan y en tu Cáliz,
sella el pacto de Amor para la eternidad.

Sólo la Paz que en tu corazón brota,
es la que a mí me da serenidad.
La que con Sangre en la Cruz obtuviste;
la que nos diste y que el mundo no da.

Quiero construir Paz, siempre por donde pase;

Paz

Paz

es un don que te pido y no me negarás.
Recibida de ti, yo no puedo guardarla,
yo necesito darla a los demás.

¡Oh Jesucristo! sólo Tú eres la Vida.
Verbo de Dios, sólo Tú eres la Paz.
Quiero vivir de ti, vivir tu Vida.
Quiero, viviendo en ti, sembrar tu Paz.

Mi vida, tu vida

Por: Patxi Loidi en “Mar Rojo”. Verbo Divino.

Mi vida
en tus manos.
Como una pelota que pasamos de mano
en mano, jugando,
lanzándola a lo alto y dejándola caer.

Así mi vida
en tus manos.
Pero tú no juegas.
Respetas.
¡Dueña y señora de sus destinos
la pelota!
Sagrada para ti.

Tú la tienes en movimiento.
Eres la turbina que agita el agua de la balsa,
para que no se estanque
y se muera.

Das vida a mi vida.
Y yo decido.
Yo quiero.
Yo odio y amo.
Yo beso y muerdo los labios
de mi amor,
y lo levanto,
y lo profano,
y lo hago fecundo.

Yo sostengo al dominador
y lo combato,
y hundo a la débil,
y derribo a pedazos al opresor.
Yo construyo y destruyo.

Tú callado,
dando juego a mi vida,
como la mano que lanza al aire la pelota,
como el viento que refresca y sofoca,
que ahoga y reanima.

Tú todo,
yo todo.
Tú dando la vida,
yo viviéndola.

Tú moviendo la sangre de mis venas
y los músculos de mis brazos
y los nervios que llevan chispas al cerebro.
Yo siendo sangre y venas,
y músculos y brazos, y chispas y cerebro,
y haciendo luz
y haciendo oscuridad
en el mundo.

¡Oh, cómo siento el misterio
de tu vida en mi vida,
que vive por ti,
que vive en mí!

Yo contigo.
Tú conmigo.
Yo sostenida por tu aliento.
Tú sometido a mi odio y mi amor.
Yo, tu juego,
y tú, mi juego,
y las gentes, mi juego…

¡Oh, cómo me pesa tu gravidez!
¡Que te tengo que dar a luz, mi Dios,
a ti que me has engendrado
y me amamantas
con tus pechos!

¡Oh, cómo me sacude la emoción
de tu vida en mi vida,
de mi vida en tu vida!
¡Que voy a reventar
porque me explotas dentro!

Mi vida
en tus manos.
¡Qué sosiego!
Y en las mías.
¡Qué responsabilidad!
Y la tuya.
¡Qué temblor!
¡Cuánto pesas!
¡Cuánto pesamos
los dos,
Dios mío!

Mi vida, tu vida

Mi vida, tu vida

Salmo desde la entrega total

Gracias, Señor, porque me ayudas a romper mis cadenas.

árbol

árbol

Me conoces por dentro y por fuera
y sabes muy bien todo lo que me ata
y me impide seguirte por entero, sin condiciones.

Tú quieres habitar en mi corazón.
Has llamado, has entrado
y me has dicho: «Conmigo lo puedes todo».
Algo dentro de mí empieza a cambiar
y mi alma, que sin ti estaba muerta,
comienza a revivir al sentir tu presencia.

¡Qué bueno eres conmigo, Señor!
¡Con qué cariño me mimas! ¡Con qué amor me miras!
A pesar de alejarme tantas veces de ti
tú no dejas de estar a mi lado.

A pesar de despreciarte en múltiples ocasiones,
tú no te alejas ni un solo momento de mí.
A pesar de todo, Señor, a pesar de todo,
siempre estás conmigo.

Contigo estoy vencida, Señor.
Por más que luche, tú acabas conquistándome.
Contigo nunca me perderé.
Por más que ame lo que tú no amas,
cuando te siento en mi alma
termino amando lo que tú amas.

Tu mano poderosa me va cambiando por dentro.
Soy todo tuya.
Tu brazo poderoso me aleja de las vanidades que me rodean.

Aquí estoy, sola para ti,
porque me haces libre de verdad;
porque rompes todas las cadenas que me atan;
porque me has traspasado el corazón
y te he amado,
porque te he gustado
y ardo en deseos de tu amor.

Aquí estoy, sola para ti, mi Dios.
Aquí estoy, sola para ti, porque eres mi Señor.
Aquí estoy, sola para ti. Eres mi Salvador.
Aquí estoy, toda tuya, sola para ti.

La llamada del todo

Por: Benjamín González Buelta, sj

Hay que dejarlo todo
en el seguimiento a Jesús.

Bodas de Oro

Bodas de Oro

Primero se dejan las cosas:
lo que se recibe heredado
y viene grapado al apellido,
lo que es fruto del trabajo
y lleva nuestra huella.

También hay que dejarse a sí mismo:

Renovación

Renovación


los propios miedos,
con su parálisis y los propios saberes,
con sus rutas ya trazadas.

Asociación

Asociación

Después hay que entregar
las llaves del futuro,
acoger lo que nos ofrece
el Señor de la historia
y avanzar en diálogo
de libertades encontradas
mutuamente para siempre,
que se unifican en un único paso
en la nueva puntada de tejido.

Salmo desde la entrega total

Por: Autor desconocido

Gracias, Señor, porque me ayudas a romper mis cadenas.

Tierra buena

Tierra buena

Me conoces por dentro y por fuera
y sabes muy bien todo lo que me ata
y me impide seguirte por entero, sin condiciones.

Tú quieres habitar en mi corazón.
Has llamado, has entrado
y me has dicho: «Conmigo lo puedes todo».
Algo dentro de mí empieza a cambiar
y mi alma, que sin ti estaba muerta,
comienza a revivir al sentir tu presencia.

¡Qué bueno eres conmigo, Señor!
¡Con qué cariño me mimas! ¡Con qué amor me miras!
A pesar de alejarme tantas veces de ti,
tú no dejas de estar a mi lado.
A pesar de despreciarte en múltiples ocasiones,
tú no te alejas ni un solo momento de mí.

A pesar de todo, Señor, a pesar de todo,
siempre estás conmigo.
Aunque yo parezca más fuerte que tú,
tu bondad y tu amor pueden conmigo.
A veces parece imposible que pueda cambiar,
pero ahí estás tú, Señor, rompiendo mis cadenas.
Rompiendo todas las ataduras que me alejan de ti.

Por eso, Dios mío, te puedo decir con el corazón en la mano
que aquí estoy, todo tuyo, toda tuya.

 

Padre

Por: Charles de Foucauld

alfarero

alfarero

Padre, me pongo en tus manos
haz de mí lo que quieras;
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad
se cumpla en mí y en todas sus criaturas,
no deseo nada más, Padre.

Te confío mi alma,
te la doy
con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo
y necesito darme,
ponerme en tus manos
sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

 

 

 

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