… Ven y sígueme

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

No me resulta fácil expresar en unas líneas el proceso seguido en relación al descubrimiento de Jesucristo como centro de mi vida desde muy niña, y que por las circunstancias familiares de ser hija única, perder a mi madre en la adolescencia y vivir con mi padre de cierta edad, lo viví interiormente y, a veces, expresándolo de manera clara.  Fue un camino largo, pero que me ayudó a ir forjando mi ser, con esas ansias de entrega generosa a Él y al Reino por un lado,  y por otro no exento de momentos de oscuridad y de limitaciones en el camino.

La muerte de mi madre  fue un duro golpe, pues ella era una mujer sencilla, valiente y con una religiosidad ya un poco avanzada para la época y, por supuesto, yo estaba muy unida a ella. Fue quien me enseñó el camino espiritual y los valores del Evangelio. Este acontecimiento marcó mi vida y  me ayudó a madurar como persona, debiendo tomar responsabilidades avanzadas para la edad;  aunque supuso también el que hubiera en mí algunas  lagunas que,  aunque eran suplidas por otras realidades como puede ser el aspecto religioso y mi inclinación por vivir de la vida de Jesucristo, esas lagunas crearon en mí fallos y momentos de dificultad interior que con la gracia del Señor fui superando

No podría distinguir un tiempo exacto para situar la llamada entre esos años, la juventud y el momento de concretarla en el Instituto Vita et Pax. En todos esos años jóvenes viví dentro del ámbito de la Parroquia, con el acompañamiento de sacerdotes entregados que se desvivían para que nosotras, las jóvenes, viviéramos una espiritualidad centrada en la persona de Jesucristo y que nos culturizáramos con los medios de que disponíamos: biblioteca, cine, coro parroquial, preparación litúrgica y otros medios que yo procuraba aprovechar al máximo. Con todo ello la idea de una entrega total al Señor y la Misión, no se desvanecía de mi cabeza y de mi corazón.

Quiero destacar que en esa etapa viví con profundidad el Concilio Vaticano II que supuso grandes cambios en la Iglesia, manifestados en el cómo vivir la liturgia, la espiritualidad, entender la Iglesia como Pueblo de Dios etc., etc., y que marcó también mi vida.

Con todo este bagaje llegó el momento en que, tras la muerte de mi padre, me siento en la disyuntiva de dar un paso adelante en la concreción del cómo y cuál iba a ser el cauce de mi entrega. Durante un año intenté conocer y ver cómo podría encauzar mi vida: vivir una Consagración individual o entrar en una Comunidad de Consagradas. La vida religiosa en sí no me atraía. Entonces conocí esas comunidades de consagradas en el mundo y para el mundo, que vivían con bastante normalidad en la vida. Descubrí Vita et Pax, muy conocida por sus orígenes en Pamplona, las contacté y el año 1967 entré a formar parte de este Instituto.

Después de dos años de formación fui invitada a marchar a Japón,  donde un grupo de Vita et Pax colaboraba con la Misión Jesuítica en el país del Sol Naciente. Pasé cuatro años allí  en los que fui cultivando mi Oblación al Señor, acompañada por cinco compañeras de Vita et Pax y por la comunidad de Jesuitas con los que trabajábamos.

A la vuelta de Japón concreté  mi vocación profesional en el terreno social. Realizados los estudios sociales, fui invitada de nuevo por el Instituto para trabajar en la Emigración Española en Suiza. Allí fue concretándose mi Consagración desde el servicio a los emigrantes, en aquellos años el movimiento era muy importante en Europa. Procedían de los países del sur, necesitados de trabajo y los del norte de mano de obra. Viví unos años muy felices compartiendo, desde el espacio de la Misión Católica Española en Suiza, las necesidades que el colectivo español y una parte del  latino-americano tenían y necesitaban,  tanto en el terreno social, como en el pastoral. Tengo que decir que mi vocación se reafirmó, me sentí dando una respuesta concorde con los tiempos que se vivían y con una apertura grande a todas las dimensiones que la persona humana debe vivir: la religiosa, la social, la política… en fin, allí viví los años de la madurez humana y vocacional.

La llamada del Instituto a realizar un servicio en el interior de la propia Institución, cambió mi manera de realizar la Misión. Fue un servicio hacia adentro, compartiendo con mis hermanas la Misión que cada una desarrollaba, fuera en el terreno individual como en proyectos comunitarios o en la Misión “Ad gentes”. Fue otro periodo importante en mi proceso de seguimiento de Jesucristo.

Al final de esta etapa, ya en la madurez de vida, tuve el regalo de compartir mi vida en el proyecto de Vita et Pax en Rwanda. Misión difícil por la edad que tenía y por lo que supone enfrentarte a esa realidad mundial de las diferencias sociales, económicas, culturales y en todos los campos de la vida. Contemplar y vivir de cerca la pobreza, la exclusión, las injusticias… hacen que sientas una convulsión interior que no acabas de comprender ni de asimilar. Aquí sí que me tuve que agarrar fuerte al Señor, confiar en Él.

Hoy, desde mi situación de  jubilada, sigo disponible para el servicio allí donde se me necesite. Y puedo dar gracias al Señor y decir con el salmista: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Lo mío con Jesús

Por: Amparo Carbonell. Vita et Pax. Valencia.

Testimonio en el II Encuentro Nacional de los Grupos Vida y Paz en Valencia

Lo mío con Jesús no fue el flechazo de un momento, ha sido el proceso de toda una vida.

He tenido la suerte de nacer en una familia cristiana, desde muy pequeños en casa ya se nos inculcaba el amor a Jesús y su Iglesia, también reforzaron esta vivencia las catequistas que me prepararon para la primera comunión, la Acción Católica, el contacto con la parroquia… todo ello me ayudó a descubrir a JESÚS como a mi Amigo.

En la primera comunión ya nos hicimos Amigos para siempre, fue nuestro pacto secreto. Yo no quería ir por la vida detrás de Él, quería ir con Él, si era su amiga y él mi Amigo, tenía que ir a su lado, cogida de su mano para poder hablar con Él, contarle mis secretos, compartir todo con Él, como hacen los amigos. Más o menos así transcurrió mi infancia, muy feliz.

La adolescencia transcurrió con los altibajos normales del momento, pero nunca se desfiguró la imagen del Amigo que estaba siempre a mi lado.

La juventud también fue normal; amigas, amigos; tenía dos pandillas, la de salir y divertirme y la de la Acción Católica; con la de AC teníamos nuestros planes; acercarnos cada vez más a Jesús, quererle cada vez más y prepararnos cada vez mejor para que así fuera, y con ello poder contribuir para que las personas le conocieran más y le amasen cada vez más como Él se merecía.

Todo esto creaba un interrogante fuerte en mi vida, ¿qué hacer?, ¿cómo hacer? con toda la vivencia que tenía de amigas, amigos, algún amigo “más fuerte”, la parroquia y el Amigo secreto, que cada vez apretaba más su mano, que cada vez me recordaba lo que nos habíamos prometido, y que no se separaba de mi lado y me recordaba aquello de… “amigos fuertes para siempre”.

¿Cómo hacer?… Todo era valioso en mi vida; me sentía útil, casi importante, pero me faltaba algo… hice mis sondeos, busqué apoyos… y un sacerdote que estaba de coadjutor en la parroquia de Alboraya, D. José Lluch, me habló de una entrega plena el Señor dada mi fijación por Jesucristo, de varias opciones de consagración… ¡ni hablar! No quería ser monja; no quería nada que oliese a hábito ni a ningún signo externo que revelase mi secreto a la gente, quería seguir con mi “Amigo para siempre” y con las personas, con todas sus consecuencias; darle a conocer al mundo sí, pero sin nada que fuese ostentoso, ningún signo externo que revelase mi secreto, tampoco quería encerrarme en un convento, ni estar lejos de las personas, quería llegar a ellas con mi Amigo Jesús.

D. José me habló de unas conferencias que daba en el Ateneo de Alboraya un sacerdote que también estaba chiflado por Jesús, como yo. Fui con muy pocas ganas, ya había visto demasiadas cosas… Pero aquel sacerdote (D. Cornelio Urtasun), me entusiasmó cómo hablaba de su Amigo Jesucristo, con el que mantenía una relación íntima, normal de amigo; y entre otras muchas cosas que nos contó de su Amigo dijo: “si las circunstancias de la vida pueden mucho, tienen mucha fuerza, Jesucristo puede mucho más”… Esto, con toda la “empanada mental” que yo tenía de mi vida, con lo importante que me sentía, con lo casi imprescindible que pensaba que era, esto me hizo apearme del “burrito”… intenté serenarme, rezar, rezar, confiar y fiarme. Pero sobre todo rezar… “Señor, qué quieres de mí”. “No voy a ser capaz…”. Y seguía rezando.

Aquello me superaba… contacté con aquella gente de la conferencia que era bastante normal, alegre; hablaba de Jesucristo sin ambages, como de su Amigo. Ahí descubrí a Vita et Pax.

No fue fácil dejar todo, actividades de la parroquia, trabajo laboral y, sobre todo, a mis padres, ya mayores y en situación muy precaria. Pero aquello de “Jesucristo puede mucho más” era la fijación que tenía. Y… pudo.

Llegué a Pamplona y me encontré con gente que trabajaba, que estudiaba, que vivía austeramente, que vivía la caridad dentro y fuera de casa, que rezaba… y todo con mucho orden, paz y alegría. Ya no me importaba nada, la relación con mi Amigo a “TOPE”.

Desde ahí se me abrió el mundo: casa de formación, Bertiz, Tudela, Barcelona, Casa sacerdotal de Pamplona, Casa sacerdotal de Vigo, Madrid y desde ahí 13 años en Alboraya cuidando a mis padres. Cumplida la misión con ellos, fui a Ruanda. De allí salí en el 94, por el conflicto bélico del país.

Ya en España me incorporé laboralmente a mi trabajo de Sanidad, tenía plaza en Valencia, -al irme a Ruanda había solicitado excedencia- y permanecí hasta la jubilación.

He vivido siempre en grupo, ahora en el de la calle Ayora. Desde la jubilación he colaborado en trabajos de voluntariado hasta hoy, pero siempre de la mano del “Amigo fuerte”. Y ahora ya en el “dique seco” hasta el encuentro definitivo con el Amigo.

 

Merece la pena

Por: Secretariados de Espiritualidad y Formación. Vita et Pax.

Del 16 al 19 de abril tuvo lugar en Nyarurema (Ruanda) una sesión vocacional organizada por Vita et Pax. Aunque parezca increíble Dios sigue llamando y hay jóvenes que tienen el coraje y la DSCF5202honestidad de ponerse a la escucha e intentar responder.

Cuatro mujeres jóvenes sintieron esa llamada y quisieron discernir para atinar en su opción de vida. El primer día nos centramos en descubrir las llamadas de Dios que encontramos en la Biblia. De esta manera profundizamos en la vocación de Abrahám, Moisés, algunos profetas, María de Nazareth… descubrimos también los obstáculos que aparecen a la hora de responder pero cómo Dios siempre da la fuerza para poder hacerlo en libertad.

El segundo día, siguiendo la enseñanza del P. Cornelio, fundador de Vita et Pax, nos acercamos a Jesucristo como nuestro amigo. Para ello, nos ayudaron cuatro amigas de Jesús: la samaritana (Jn 4), María Magdalena (Jn 20,11-18), la cananea (Mt 15,21-28) y María de Betania (Jn 12,1-11). De ellas aprendimos el coraje para hacer lo que creemos que tenemos que hacer, la intimidad que podemos llegar a tener con Jesús, el amor desbordante que busca sin descanso y la generosidad gratuita.

El tercer día presentamos los Institutos Seculares, esos Institutos de vida consagrada formados por personas que comprometen radicalmente su vida en el seguimiento de Jesucristo y, dentro de ellos, presentamos el Instituto Secular Vita et Pax in Christo Jesu. Nos detuvimos en ese regalo fascinante que es su carisma. Regalo dado por el Espíritu de Dios al P. Cornelio Urtasun para servicio de la Iglesia y del mundo. Es nuestro don y a la vez nuestra tarea. Nuestro don es ser Vida y Paz en Cristo Jesús y nuestra tarea consiste en ser Vida y Paz en Cristo Jesús para la Iglesia y el mundo.

En la liturgia celebrábamos todo lo que íbamos aprendiendo y cada una de ellas, en diálogo sincero, iba poniendo palabras a esa intuición que percibía en lo más profundo de su ser y que llamamos vocación.

DSCF5231

DSCF5243Que el Espíritu del Resucitado os llene de su fuerza para responder con valentía y honradez a la propuesta recibida. Sólo deciros que ¡¡¡Merece la pena!!!

Cuatro mujeres valientes

Por: Secretariados de Espiritualidad y Formación. Vita et Pax.

DSCF5011La vida en la casa de formación de Vita et Pax Ruanda transcurre entre la cotidianidad más evidente y el trabajo escondido del Espíritu que se intuye en lo profundo de cada persona que vive y convive en la casa. En este momento hay tres jóvenes en formación y una en discernimiento. Las cuatro a la escucha del Espíritu para descubrir la llamada de Dios para sus vidas. Las cuatro con ilusión, coraje y deseo enérgico de responder a esa llamada con la mayor honestidad posible.

Llegaron cada una desde diferentes rincones del país, con su historia personal y familiar al hombro, con un idioma nuevo para aprender y un Idioma DSCF5169diferente para comunicar. Las dificultades, que las hay,  no han truncado sus anhelos de búsqueda, al contrario, las han confirmado y fortalecido para la respuesta valiente.

Quieren seguir a Jesús, comprometer por entero sus vidas al servicio de su Reino, entregar la vida al servicio de otras vidas y lo quieren hacer en medio de su pueblo, por eso, han elegido un Instituto Secular como medio de consagración. No quieren alejarse, salir de su entorno, ni vivir en la seguridad de claustros o conventos, al contrario, quieren encarnarse allí donde las gentes gozan y sufren; correr sus mismos riesgos y con ellas caminar por los caminos del mundo.

Y el Espíritu las trajo hasta Vita et Pax. Hacia ese lugar donde se vive de la Vida de Jesús como Jesús vive de la Vida de su Padre. Ese espacio donde, por gracia y por esfuerzo, nos vamos convirtiendo en tejedoras de Vida y artesanas de Paz. Y, con sencillez, les vamos enseñando quiénes somos, nuestra identidad regalada:

Somos un gesto significativo de DiosDSCF5037

Mujeres de paz en el corazón del mundo

Parteras de vida dando Vida a la vida

Siempre en camino, nunca quietas…

Por eso, nuestra vocación es fascinante.

Gracias Polinne, Caty, Bety y Cristine. No estáis solas, contad con nosotras, las mayores.

 

¿Señor, dónde vives? Venid y lo veréis ( Jn 1,38)

Por: Pilar Riera. Vita et Pax. Valencia

Está claro que Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere. La respuesta está en nosotras/os.

Tenía 20 años, la vida me sonreía, una buena familia, religiosa, normal en esos años. Tenía relación con un chico que era la ilusión de mis padres y la “envidia” de mis amigas y con el que quería formar una familia.

Estudié en el Colegio de las Dominicas de la Anunciata y con frecuencia nos visitaba un dominico joven, muy dinámico, que nos hablaba de Jesucristo con mucha familiaridad y a mí me entusiasmaba. Empecé a leer el evangelio y fui descubriendo facetas de Jesús: cómo trataba a la gente, cómo hablaba, cómo vivía, cómo rezaba, etc. etc.

Mi juventud fue la de una chica normal, me gustaban las fiestas, los bailes, divertirme…pero todo eso en el fondo me dejaba insatisfecha.

Decidí hacer Ejercicios Espirituales para aclarar mis ideas y allí sentí la llamada del Señor, con tal claridad, que no me quedó la menor duda de que me pedía consagrarme a El en el mundo. Al tomar esa decisión recuerdo que me inundó una gran paz. Lo difícil y doloroso fue el tener que comunicar mi decisión a mis padres y al chico que tanto quería…

No conocía los Institutos Seculares y todo era rezarle al Señor: “¿dónde moras?”. Después de un año de búsqueda, conocí Vita et Pax y entendí la respuesta del Señor: “ven y lo verás”… Fui, vi y me quedé.

Mi primer contacto fue con el Fundador D. Cornelio Urtasun que, desde el principio, supo encaminarme y lanzarme a la gran aventura de ir descubriendo la humanidad de Jesucristo, hasta enamorarme cada vez más de El.

Yo no sabía de apostolado, solo quería hacer la voluntad de Dios.

Estuve en Japón colaborando con los PP. Jesuitas. En Brasil viviendo con “niños de la calle” y compartiendo la vida con la buena gente de las “favelas”. Allí aprendí cómo se puede vivir con tan poco, ser feliz y tan agradecidos a Dios!!! Esto para mí fue una bendición. Luego estuve en Roma y en España trabajando en nuestras “Librerías Manantial”.

En ese empeño de seguir a Jesús, no todo ha sido claro y fácil. He pasado años de oscuridad, baches, luchas… Buscaba ayuda y al final la encontré en un padre jesuita. El me ayudó a darme cuenta de que “estaba buscando fuera, al que tenía dentro” y me sale decir de corazón: ¡Dios compasivo y misericordioso!.

Ahora comparto mi vida con compañeras un poco más mayores que yo, algunas dependientes. Soy feliz y agradezco a Dios lo pasado y lo presente, sobre todo esta etapa en la que puedo afirmar con toda sencillez que: “EL MEJOR VINO SE SIRVE AL FINAL”.

Una tarea preferida de Dios: llamar para enviar

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

JoseBUSCAR COLABORADORES PARA LLEVAR A CABO SUS PROYECTOS, es una de las tareas que tiene Dios. No ha querido hacer su obra solo. Ha querido y quiere incorporar a los hombres y mujeres, creados a su imagen, a sus proyectos: el de la Creación para que la desarrollen y el de lograr que todo contribuya a la consecución de sus bondadosos planes.

Esto es un gran regalo que hay que agradecer y que está envuelto en el misterio de la elección. Al recorrer la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento, nos encontramos con distintas llamadas a cuál más original. En todas ellas, las personas se sienten abrumadas, incapaces de responder, buscan excusas para no ir adelante. Pero luego…¡qué maravillosas respuestas y qué variedad de vocaciones y misiones! Será una gozada contemplar algún día las inmensas constelaciones conformadas por los caminos que el Señor ha recorrido para buscar a sus colaboradores y el trabajo que la Ruah ha hecho al interior de cada uno. Todos y todas pueden cantar, como María, un “MAGNIFICAT”.

Bueno pues, también yo fui llamada y claro está “para” pero, aunque el para asomaba tímidamente en mis inquietudes, se fue manifestando y se ha ido manifestando poco a poco a lo largo de mi vida.

Mis principios vocacionales fueron muy sencillos sin ningún sobresalto espectacular. Fueron fruto del ambiente que vivía y de la siembra que hacían mis padres, las religiosas, educadores, los sacerdotes que nos acompañaban y dirigían. Pero también es verdad que no en todos y todas los que escuchábamos, tenía la misma caja de resonancia el mensaje. Fue siempre un misterio para mí. Nací en el seno de una familia muy profundamente iniciada en la vida espiritual, que iba cultivando los valores evangélicos no sólo en la parte religiosa sino también. y muy cuidadosamente, en la parte social. Podría contar bellos ejemplos.

Teníamos en el pueblo un buen párroco preocupado por el bien de las personas y con criterios claros y avanzados. Llegaron hacia los años cincuenta jóvenes coadjutores, entregados a la juventud, formados ellos exigentemente en el Seminario. Impulsaron los movimientos de Acción Católica y nos sembraron la inquietud de “ser apóstoles”, -no se estilaba entonces la palabra “evangelizar”-. En todo caso, se nos invitaba y urgía a transmitir lo que teníamos. Nos iniciaron también en la vida espiritual, a la amistad con Jesucristo. Íbamos diariamente a hacer “la visita a Jesús”. Poco a poco fue naciendo en mí el deseo de la entrega al proyecto del Reino impulsado también por el Papa Pío XII. Valía la pena consagrarle la vida.

En los años de mi adolescencia fue creciendo serenamente este deseo. Pero llegó un momento en el que hizo crisis. Debido a varias circunstancias, viví una fuerte crisis existencial, de falta de sentido de la vida y de falta de fe. Busqué ayuda y la encontré. Llegó el momento en que sentí el convencimiento interior de lo que significaba para mí CREER. Recuerdo que así se lo expresé a mi papá en un momento confidencial. De ahí el paso siguiente fue relativamente rápido. La opción de vida se iba clarificando: la entrega al Señor y desde él, al Reino dónde y cómo quisiera.

Pero, ¿cuál iba a ser el cauce por donde canalizar mis inquietudes? Tenía delante muchas ofertas. Rezaba y más rezaba para que el Señor me diera luz para acertar con su voluntad sobre mí. Me daba miedo equivocarme. En mis años de internado conocí algunos miembros de “VITA ET PAX” pero no fui adelante porque en aquel momento no me interesaba tomar decisiones. Ya cuando me decidí, pasados los veinte años, de nuevo aparecieron en mi camino y entré en contacto con toda seriedad. Después de correspondencias, conversaciones y visitas, me pareció que el Instituto respondía a lo que yo quería y bullía en mi interior.

Aparecieron de nuevo algunas dificultades fuertes, esta vez de salud, tuve una seria intervención quirúrgica que, gracias a Dios y a la ciencia -así lo digo siempre porque mi historia de salud es también larga- superé. Finalmente el día DOS DE FEBRERO DE 1964, FIESTA DE LA PRESENTACION DEL SEÑOR, entré a formar parte de la familia de “VITA ET PAX IN CHRISTO JESU”. Con su carisma siempre me sentí plenamente identificada. “Vivir de la vida de Jesucristo, pensar como él y llegar a sentir y amar como él” es apasionante y una estrella, punto de referencia porque alcanzarla es casi imposible.

Hasta aquí la historia vocacional: “TE LLAMÉ PARA….”. Las misiones que me ha tocado realizar han sido variadas y todas ellas, muy enriquecedoras. Por ser “Vida y Paz” un Instituto Secular, su misión primordial es estar en medio de las estructuras del mundo siendo sal y fermento, es decir sin que se note pero dándoles sabor y haciéndolas fermentar según el plan de Dios. Entonces, en un principio colaboré en la librería de Pamplona y luego fui enviada a Chile. Allí estuve trabajando en un barrio periférico dando clases y en la pastoral. Tuve experiencias importantes como conocer de cerca la naciente Teología de la Liberación, a continuación, el “golpe de estado” en el que asesinaron a Allende y asumió el poder el general Pinochet. ¡Vivimos infinidad de situaciones difíciles y comprometidas!

Pasados siete años, regresé a España por haber sido llamada al servicio directo del Instituto. También ahí tuve buenas y sorprendentes experiencias. Es estar en el corazón del la institución y conocer a las personas por dentro: un regalo de Dios y una bonita tarea ayudarles a ser lo que El quiere que sean.

Finalmente, hace casi veinte años que estoy de nuevo en América Latina, en Guatemala, un país multiétnico, plurilingüístico y con variedad de culturas. A pesar de poderse entender una con la mayor parte de la gente porque, o bien hablan el español o bien los indígenas, especialmente los hombres, lo tienen como segunda lengua, te encuentras con una cosmovisión distinta y manifestaciones culturales dignas de admiración por su contenido y por su colorido. Y aquí estoy, hasta que el Señor, por medio de las circunstancias normales de la vida, disponga otra cosa.

Acabo de celebrar en estos últimos meses mis BODAS DE ORO: Cincuenta años que han sido una bendición de nuestro BUEN DIOS, UNO Y TRINO, PADRE Y MADRE. No me cansaré de cantar siempre sus misericordias, de manera especial, en este año dedicado a la vida consagrada y en el siguiente, en el que las contemplaremos en el ROSTRO DE JESUS.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

celebración

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: [email protected]

Seducidas por el Espíritu: Bodas de Oro

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad. Vita et Pax.

Estamos celebrando las Bodas de Oro: ¡Cincuenta años seducidas por el Espíritu de: Jose Oller, Ana Roca, Adela Martí, Mª Angeles Sanabria y Ramona Tellechea!. Seducción que entraña una relación viva, en la que reconocemos a Dios presente en nuestra existencia, con la certeza de que siempre nos acoge, nos apoya, nos guía, nos impulsa y nos habla de tantas formas y maneras. La palabra hebrea Ruah es femenina y traducimos como Espíritu, es decir, esa presencia de Dios que nos habita, que penetra hasta lo más profundo del ser humano y hasta lo más profundo de nosotras misma.

Llevamos Cincuenta años viviendo en la seducción del Espíritu, cautivadas por la experiencia de sentirnos llamadas hijas por Dios y de poder llamar a Dios, Padre (Rm 8,16). ¡Cincuenta años dan para mucho! Vivir de la seducción del Espíritu no es otra cosa que poner en práctica la gracia recibida de Dios; nos impulsa a compartir solidariamente los proyectos liberadores de los pobres y su destino; nos acompaña en la tarea de hacer más real la fraternidad de los hijos e hijas de Dios.

Cincuenta años seducidas por el Espíritu en la vida corriente, en medio del mundo, el lugar donde hombres y mujeres viven, luchan, trabajan, sufren y gozan, pero además, el mundo es “el taller donde el Espíritu trabaja”, y trabaja sin descanso, incluso cuando el mundo duerme. Nos ha tocado vivir en una sociedad bien compleja y con profundos cambios que plantean nuevos desafíos. Es en ella donde nuestra persona y nuestro existir están animados y movidos desde dentro por ese Espíritu de Jesús. Y es en esa sociedad donde escuchamos el “susurro” del Espíritu. Susurro que nos empuja a ser y a crecer, nos restaura y cura nuestras heridas, da sentido a nuestro vivir, anima nuestro corazón y nuestras relaciones.

El Espíritu, la Ruah, es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones (Cf Rm 5,5; Gal 4,6), que provoca lo que de más humano, personal y original hay en nosotras y nos impulsa a trabajar en favor de todo aquello que constituye la vida y la vida en plenitud. Esta ha sido la experiencia de seducción de estos cincuenta años y lo que nos embarga es el agradecimiento.

Este año es un año para AGRADECER. Estamos en el momento de la sabiduría, del “saboreo” del sentido y significado de nuestra existencia y es un momento privilegiado para la comunicación de corazón a corazón. Comunicación con Dios, con amigos, compañeras, familia…

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: [email protected]

 

“Me sedujiste Yavé…”

Me sedujiste Yavé, yo me dejé seducir, eres más fuerte que yo y me venciste” (Jr. 20, 7)

Por: Carmen García. Vita et Pax. Pamplona

Mi vocación no tiene nada de espectacular, el Señor no tuvo necesidad de “derribarme” del caballo como a San Pablo”. Mi vocación surge desde el ambiente de una familia cristiana. He vivido rodeada de familiares religiosos y religiosas, ellos fueron como un “icono” para mí.

Otro ambiente que propició mi vocación, fue el Colegio de religiosas. De ellas recibí, además de cultura, valores humanos y religiosos.

La Parroquia con sus buenísimos sacerdotes, me fueron llevando a compromisos desde los diferentes grupos de la Acción Católica. Luego vinieron los Coloquios con sus atrayentes propuestas y oportunidades de ir creciendo en la fe y en el compromiso. Todo ellos fue la base desde donde surgió mi vocación.

A través de uno de los sacerdotes de mi Parroquia, conocí al Instituto Secular Vita et Pax in Christo Jesu, fundado por el sacerdote diocesano Cornelio Urtasun Irisarri.

En aquel momento, no conocía lo que eran los Institutos Seculares. Me informé, conocí a Vita et Pax, ví y creí. Tuve la certeza de que había encontrado lo que andaba buscando. Vita et Pax sería el cauce para mi consagración Secular.

Han pasado 52 años y puedo decir con el Salmista: “ Mil años en tu presencia, son como un ayer que pasó”…(Sal. 89)

Mi trayectoria dentro del Instituto ha sido muy rica y variada. He realizado diferentes tareas y misiones en distintos lugares de España y del mundo. Destaco los 25 años vividos en Japón.

Terminé la formación inicial y marché al País del Sol Naciente, junto con otras compañeras. Era el año 1965. Colaboramos con los Jesuitas, con el P. Pedro Arrupe, S. J. y el P. José María Maruri, S.J. Nuestro trabajo consistía en dar a conocer la Misión de los Jesuitas en Japón.

La Iglesia de Japón, las congregaciones y todo el pueblo japonés, estaban sufriendo las consecuencias de la Bomba Atómica. Japón necesitaba de todo: bienes espirituales y materiales. Todos tratamos de ayudarles a reconstruir, no sólo, los daños materiales, también y, con mayor urgencia, los daños morales.

Otra misión realizada en Japón fue la atención a emigrantes de América Latina descendientes de los japoneses que emigraron a: Brasil, Perú, Bolivia, etc. Tratamos de proporcionarles los medios para una mejor adaptación e inculturación a la tierra de sus antepasados. Hubo diferentes actividades: reuniones mensuales para compartir sus alegrías y dificultades, clases de japonés para adultos y niños, clases de costumbres del país, cocina japonesa, Ikebana (arreglos florales. Eucaristías celebradas en castellano, así como, la celebración de los demás Sacramentos. Encuentros lúdicos, etc. Destaco la importancia de ponerles, a los recién llegados, en contacto con personas de sus propios países para que se pudieran comunicar entre ellos.

Termino expresando mi acción de gracias a Dios por haber podido vivir en Japón. Por el hecho de ser de Navarra, sentía una gran admiración hacia San Francisco Javier. Después de mi estancia en Japón, la admiración se ha convertido en pasión. ¿Cómo pudo Javier llevar la semilla del Evangelio en aquellas circunstancias? Y me respondo: “uno es el que siembra y Otro el que hace germinar la semilla”.

Termino con una frase que nos dijo el P. Manuel Amorós, S.J. al llegar a Japón: “no venimos a Japón a traerles a Dios. Dios ya está con ellos. Venimos a ayudarles a descubrirlo”.

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: [email protected]

Llamada a la vida secular consagrada

Por: Ana Roca. Vita et Pax. Barcelona.

En el año dedicado a la Vida Consagrada, quiero compartir cómo sentí la llamada que el Señor me hizo a seguirle más de cerca.

En los años 50 yo colaboraba en el movimiento de Acción Católica. En este movimiento conocí a Dios, la devoción al Espíritu Santo y a la Virgen. Me impactó de tal manera, que descubrí que era ése el lugar para hacer apostolado: estar en el mundo sin ser del mundo. Fueron años de búsqueda e incertidumbre.

Por fin conocí en Vic a personas que pertenecían al Instituto Secular “Vita et Pax”, cuyos miembros aspiran vigorosamente a participar de la Vida de Jesucristo y a ser vida y paz, con una entrega total al apostolado seglar y me uní a ellos. Después de un periodo de formación y estudio empecé a trabajar como enfermera en el mundo de los enfermos.

Cuando terminé mi trabajo laboral fui a prestar mi servicio en unos campos de refugiados del Congo, situados en la región de Bucavu. Los desplazados eran, principalmente, ruandeses. Estaban agrupados por miles. Cuando empezó la guerra, muchos de ellos murieron y los que sobrevivieron volvieron a Ruanda.

Actualmente colaboro en la Parroquia San Ambrosio del Barrio La Pau (Barcelona), en el grupo de la Pastoral de la Salud. Desde esta Pastoral acompañamos, visitamos y llevamos la Sagrada Comunión a quienes lo desean y no pueden participar en las misas de la Parroquia.

Y para concluir, quiero comunicaros que a finales de año celebraré 50 años de mi Consagración al Señor en el Instituto Vita et Pax. Serán mis “Bodas de Oro”.

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: [email protected]

Mi vocación a la Vida

Mi vocación a la Vida

Por: P. Cornelio Urtasun. Fundador Vita et Pax. († 1.999)

Entre los propósitos que hiciera en los inolvidables Ejercicios para el subdiaconado figuró el de leer el Nuevo testamento, primeramente, los evangelios después todo lo demás. En los evangelios tantas veces leídos y comentados yo no hacía más que encontrar perfiles y más perfiles del Señor, a cual más encantadores, en los que jamás había reparado. A los evangelistas los miraba yo como amigos del alma que me hablaban con más cariño de Jesucristo.

Sobre todo, el encuentro con S. Juan, a quien tenía mi miaja de manía porque su evangelio era muy raro, fue algo encantador. De una de aquellas lecturas data mi vocación a la VIDA.

Aquella frase del pan vivo que baja del cielo, del alimento que da la inmortalidad… me sonaban con fuerza y armonía arrebatadoras:

El que come mi carne y bebe mi sangre
ese se mete dentro de Mí y Yo dentro de él.
Pues así como Yo vivo de la vida de mi Padre
-Fuente de vida- que me envió,
de igual manera el que me come
vivirá de mi misma VIDA”

La impresión fue enorme. Yo le como todos los días en mi comunión, esa es la gran verdad. Más claro no lo pudo decir el Señor: el que me come vivirá, ¡VIVIRA DE MI VIDA! No recordaba nunca hablar de vivir la vida de Jesucristo. Sin embargo, ni por un momento vacilé en tirarme de cabeza hacia aquel océano de Vida que acababa de descubrir.

Loco como andaba con todo lo que oliera a Eucaristía me fue sencillísimo encontrar mi petición. La encontré en el Adorote Devote: “DE TE VIVERE”.

Mi enamoramiento con Jesucristo me llevará instintivamente a vivir unido a él. ¿Unido hasta qué punto? Hasta la fusión plena con Él. Hasta llegar los dos a ser una sola y misma cosa, un único Amado, un solo Jesús, viviendo de una misma vida, la de Jesucristo, pensando con un idéntico pensar, queriendo y amando con un mismo sentir

¿Posible? Nos vamos al evangelio de Juan: “El que come la carne de Jesucristo y bebe su sangre permanece, está , se incrusta, en Jesucristo y Jesucristo en él”. ¿Cómo? Viviendo una misma vida, la de Jesucristo.

Como ejemplo de la fusión que entre comulgante y Comulgado, amante y Amado existe, sube nada menos el Señor al seno del Padre, a la fusión que entre Él y su Padre existe. Así como él vive de su Padre y son una misma cosa, porque viven de una misma vida. ¿Qué vida es esa? La VIDA de Jesucristo. Qué unión tan perfecta la que entre el Padre y el Hijo vemos que existe en todo momento. Qué concordia la de su querer, qué identidad la de su pensar.

Qué dicha la del Señor, vivir en el Padre y el Padre en él, verle a él es ver al Padre.

Qué dicha la mía, la vuestra, la de nosotros que comulgamos; vivimos en Él y Él en nosotros; viviremos en Él y Él en nosotros, ver a nosotros, ver a Jesucristo.

Así como los sarmientos viven de la vida de la vid y son una misma y sola cosa porque viven del mismo flujo vital, así nosotros sarmientos, vivimos de la Vid: Jesucristo, y formamos una sola y misma cosa, un único Amado un solo Jesús, pues vivimos de una misma vida, la suya , la del Padre.

El que me come vivirá de mi vida”. ¡Vaya programa! Discurrir con idéntica mentalidad, tener una misma mentalidad! ¡Pensar como Él!¡Querer como Él!

Esa es la gran verdad, le comemos, viviremos de su Vida: se irá grabando en nosotros toda su manera de ser, todas sus ideas, sus afectos, todo. Iremos reaccionando poco a poco a lo Jesucristo.

¡VIVIR DE SU VIDA!

Impregnándome de Él, respirando con su mismo aliento, siendo un mismo pensar, un idéntico sentir, una misma mentalidad, un mismo afán. Que Él fuera apoderándose de mí como la gangrena se va cebando en el cuerpo herido. Que Él, divina semilla, fuera creciendo en la tierra de mi alma hasta apoderarse de ella por completo. Que Él me fuera impregnando nada más que a Él por todos los poros. Que me fuera coloreando de Él, para que se perdiera todo mi “yo”. Que mi vida entera nacida de la Vida, fuera una perenne Epifanía de ella, de su oración, de su sacrificio, de su amor

¿Cómo? POR LA EUCARÍSTIA

Así miro yo al alma que comulga: como una buena cantidad de agua insípida, incolora. Cada mañana va cayendo sobre ella esa gota de Jesucristo que viene en la comunión de su Cuerpo y de su Sangre. Día a día, año tras año, van cayendo sobre mi alma esas gotas de Jesucristo, esas gotas van coloreando a mi alma de Él. ¿Qué pasa? Que mi alma se va impregnando de Jesucristo. Los que se asomen a mi alma ya no le verán más que a Él.

Vivir de la Vida de Jesucristo y vivir zambullidos en Él. ¿Cómo es vivir de Jesucristo y en Jesucristo “in Chisto Jesu”? Caemos en Jesucristo como las gotas de agua caen sobre el vino que cada mañana pongo en el cáliz. Y así como ellas desaparecen y no queda a la vista más que el vino vertido, de igual manera desaparecemos nosotros y no se ve otra cosa que a Jesucristo que vive en nosotros. Nosotros vivimos de El y en El, perdidos, escondidos por completo.

Eso debe de ser zambullirse In Christo. Ahora sí que comprendo bien aquella frase de Pablo: “Revestíos, empapaos de entrañas de misericordia”. Al zambullirnos en ese océano de Vida que es Jesucristo, se comprende que se empapen las entrañas de la misericordia de Aquel que fue todo misericordia. Somos dos que terminamos siendo uno, pues vivimos de una sola Vida, con un solo pensar y un idéntico sentir. La transformación en Jesucristo es lenta, suave, de cada día, de cada año, hasta el final de mis días…

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: [email protected]

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies