“Me sedujiste Yavé…”

Me sedujiste Yavé, yo me dejé seducir, eres más fuerte que yo y me venciste” (Jr. 20, 7)

Por: Carmen García. Vita et Pax. Pamplona

Mi vocación no tiene nada de espectacular, el Señor no tuvo necesidad de “derribarme” del caballo como a San Pablo”. Mi vocación surge desde el ambiente de una familia cristiana. He vivido rodeada de familiares religiosos y religiosas, ellos fueron como un “icono” para mí.

Otro ambiente que propició mi vocación, fue el Colegio de religiosas. De ellas recibí, además de cultura, valores humanos y religiosos.

La Parroquia con sus buenísimos sacerdotes, me fueron llevando a compromisos desde los diferentes grupos de la Acción Católica. Luego vinieron los Coloquios con sus atrayentes propuestas y oportunidades de ir creciendo en la fe y en el compromiso. Todo ellos fue la base desde donde surgió mi vocación.

A través de uno de los sacerdotes de mi Parroquia, conocí al Instituto Secular Vita et Pax in Christo Jesu, fundado por el sacerdote diocesano Cornelio Urtasun Irisarri.

En aquel momento, no conocía lo que eran los Institutos Seculares. Me informé, conocí a Vita et Pax, ví y creí. Tuve la certeza de que había encontrado lo que andaba buscando. Vita et Pax sería el cauce para mi consagración Secular.

Han pasado 52 años y puedo decir con el Salmista: “ Mil años en tu presencia, son como un ayer que pasó”…(Sal. 89)

Mi trayectoria dentro del Instituto ha sido muy rica y variada. He realizado diferentes tareas y misiones en distintos lugares de España y del mundo. Destaco los 25 años vividos en Japón.

Terminé la formación inicial y marché al País del Sol Naciente, junto con otras compañeras. Era el año 1965. Colaboramos con los Jesuitas, con el P. Pedro Arrupe, S. J. y el P. José María Maruri, S.J. Nuestro trabajo consistía en dar a conocer la Misión de los Jesuitas en Japón.

La Iglesia de Japón, las congregaciones y todo el pueblo japonés, estaban sufriendo las consecuencias de la Bomba Atómica. Japón necesitaba de todo: bienes espirituales y materiales. Todos tratamos de ayudarles a reconstruir, no sólo, los daños materiales, también y, con mayor urgencia, los daños morales.

Otra misión realizada en Japón fue la atención a emigrantes de América Latina descendientes de los japoneses que emigraron a: Brasil, Perú, Bolivia, etc. Tratamos de proporcionarles los medios para una mejor adaptación e inculturación a la tierra de sus antepasados. Hubo diferentes actividades: reuniones mensuales para compartir sus alegrías y dificultades, clases de japonés para adultos y niños, clases de costumbres del país, cocina japonesa, Ikebana (arreglos florales. Eucaristías celebradas en castellano, así como, la celebración de los demás Sacramentos. Encuentros lúdicos, etc. Destaco la importancia de ponerles, a los recién llegados, en contacto con personas de sus propios países para que se pudieran comunicar entre ellos.

Termino expresando mi acción de gracias a Dios por haber podido vivir en Japón. Por el hecho de ser de Navarra, sentía una gran admiración hacia San Francisco Javier. Después de mi estancia en Japón, la admiración se ha convertido en pasión. ¿Cómo pudo Javier llevar la semilla del Evangelio en aquellas circunstancias? Y me respondo: “uno es el que siembra y Otro el que hace germinar la semilla”.

Termino con una frase que nos dijo el P. Manuel Amorós, S.J. al llegar a Japón: “no venimos a Japón a traerles a Dios. Dios ya está con ellos. Venimos a ayudarles a descubrirlo”.

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

Llamada a la vida secular consagrada

Por: Ana Roca. Vita et Pax. Barcelona.

En el año dedicado a la Vida Consagrada, quiero compartir cómo sentí la llamada que el Señor me hizo a seguirle más de cerca.

En los años 50 yo colaboraba en el movimiento de Acción Católica. En este movimiento conocí a Dios, la devoción al Espíritu Santo y a la Virgen. Me impactó de tal manera, que descubrí que era ése el lugar para hacer apostolado: estar en el mundo sin ser del mundo. Fueron años de búsqueda e incertidumbre.

Por fin conocí en Vic a personas que pertenecían al Instituto Secular “Vita et Pax”, cuyos miembros aspiran vigorosamente a participar de la Vida de Jesucristo y a ser vida y paz, con una entrega total al apostolado seglar y me uní a ellos. Después de un periodo de formación y estudio empecé a trabajar como enfermera en el mundo de los enfermos.

Cuando terminé mi trabajo laboral fui a prestar mi servicio en unos campos de refugiados del Congo, situados en la región de Bucavu. Los desplazados eran, principalmente, ruandeses. Estaban agrupados por miles. Cuando empezó la guerra, muchos de ellos murieron y los que sobrevivieron volvieron a Ruanda.

Actualmente colaboro en la Parroquia San Ambrosio del Barrio La Pau (Barcelona), en el grupo de la Pastoral de la Salud. Desde esta Pastoral acompañamos, visitamos y llevamos la Sagrada Comunión a quienes lo desean y no pueden participar en las misas de la Parroquia.

Y para concluir, quiero comunicaros que a finales de año celebraré 50 años de mi Consagración al Señor en el Instituto Vita et Pax. Serán mis “Bodas de Oro”.

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

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Mi vocación a la Vida

Mi vocación a la Vida

Por: P. Cornelio Urtasun. Fundador Vita et Pax. († 1.999)

Entre los propósitos que hiciera en los inolvidables Ejercicios para el subdiaconado figuró el de leer el Nuevo testamento, primeramente, los evangelios después todo lo demás. En los evangelios tantas veces leídos y comentados yo no hacía más que encontrar perfiles y más perfiles del Señor, a cual más encantadores, en los que jamás había reparado. A los evangelistas los miraba yo como amigos del alma que me hablaban con más cariño de Jesucristo.

Sobre todo, el encuentro con S. Juan, a quien tenía mi miaja de manía porque su evangelio era muy raro, fue algo encantador. De una de aquellas lecturas data mi vocación a la VIDA.

Aquella frase del pan vivo que baja del cielo, del alimento que da la inmortalidad… me sonaban con fuerza y armonía arrebatadoras:

El que come mi carne y bebe mi sangre
ese se mete dentro de Mí y Yo dentro de él.
Pues así como Yo vivo de la vida de mi Padre
-Fuente de vida- que me envió,
de igual manera el que me come
vivirá de mi misma VIDA”

La impresión fue enorme. Yo le como todos los días en mi comunión, esa es la gran verdad. Más claro no lo pudo decir el Señor: el que me come vivirá, ¡VIVIRA DE MI VIDA! No recordaba nunca hablar de vivir la vida de Jesucristo. Sin embargo, ni por un momento vacilé en tirarme de cabeza hacia aquel océano de Vida que acababa de descubrir.

Loco como andaba con todo lo que oliera a Eucaristía me fue sencillísimo encontrar mi petición. La encontré en el Adorote Devote: “DE TE VIVERE”.

Mi enamoramiento con Jesucristo me llevará instintivamente a vivir unido a él. ¿Unido hasta qué punto? Hasta la fusión plena con Él. Hasta llegar los dos a ser una sola y misma cosa, un único Amado, un solo Jesús, viviendo de una misma vida, la de Jesucristo, pensando con un idéntico pensar, queriendo y amando con un mismo sentir

¿Posible? Nos vamos al evangelio de Juan: “El que come la carne de Jesucristo y bebe su sangre permanece, está , se incrusta, en Jesucristo y Jesucristo en él”. ¿Cómo? Viviendo una misma vida, la de Jesucristo.

Como ejemplo de la fusión que entre comulgante y Comulgado, amante y Amado existe, sube nada menos el Señor al seno del Padre, a la fusión que entre Él y su Padre existe. Así como él vive de su Padre y son una misma cosa, porque viven de una misma vida. ¿Qué vida es esa? La VIDA de Jesucristo. Qué unión tan perfecta la que entre el Padre y el Hijo vemos que existe en todo momento. Qué concordia la de su querer, qué identidad la de su pensar.

Qué dicha la del Señor, vivir en el Padre y el Padre en él, verle a él es ver al Padre.

Qué dicha la mía, la vuestra, la de nosotros que comulgamos; vivimos en Él y Él en nosotros; viviremos en Él y Él en nosotros, ver a nosotros, ver a Jesucristo.

Así como los sarmientos viven de la vida de la vid y son una misma y sola cosa porque viven del mismo flujo vital, así nosotros sarmientos, vivimos de la Vid: Jesucristo, y formamos una sola y misma cosa, un único Amado un solo Jesús, pues vivimos de una misma vida, la suya , la del Padre.

El que me come vivirá de mi vida”. ¡Vaya programa! Discurrir con idéntica mentalidad, tener una misma mentalidad! ¡Pensar como Él!¡Querer como Él!

Esa es la gran verdad, le comemos, viviremos de su Vida: se irá grabando en nosotros toda su manera de ser, todas sus ideas, sus afectos, todo. Iremos reaccionando poco a poco a lo Jesucristo.

¡VIVIR DE SU VIDA!

Impregnándome de Él, respirando con su mismo aliento, siendo un mismo pensar, un idéntico sentir, una misma mentalidad, un mismo afán. Que Él fuera apoderándose de mí como la gangrena se va cebando en el cuerpo herido. Que Él, divina semilla, fuera creciendo en la tierra de mi alma hasta apoderarse de ella por completo. Que Él me fuera impregnando nada más que a Él por todos los poros. Que me fuera coloreando de Él, para que se perdiera todo mi “yo”. Que mi vida entera nacida de la Vida, fuera una perenne Epifanía de ella, de su oración, de su sacrificio, de su amor

¿Cómo? POR LA EUCARÍSTIA

Así miro yo al alma que comulga: como una buena cantidad de agua insípida, incolora. Cada mañana va cayendo sobre ella esa gota de Jesucristo que viene en la comunión de su Cuerpo y de su Sangre. Día a día, año tras año, van cayendo sobre mi alma esas gotas de Jesucristo, esas gotas van coloreando a mi alma de Él. ¿Qué pasa? Que mi alma se va impregnando de Jesucristo. Los que se asomen a mi alma ya no le verán más que a Él.

Vivir de la Vida de Jesucristo y vivir zambullidos en Él. ¿Cómo es vivir de Jesucristo y en Jesucristo “in Chisto Jesu”? Caemos en Jesucristo como las gotas de agua caen sobre el vino que cada mañana pongo en el cáliz. Y así como ellas desaparecen y no queda a la vista más que el vino vertido, de igual manera desaparecemos nosotros y no se ve otra cosa que a Jesucristo que vive en nosotros. Nosotros vivimos de El y en El, perdidos, escondidos por completo.

Eso debe de ser zambullirse In Christo. Ahora sí que comprendo bien aquella frase de Pablo: “Revestíos, empapaos de entrañas de misericordia”. Al zambullirnos en ese océano de Vida que es Jesucristo, se comprende que se empapen las entrañas de la misericordia de Aquel que fue todo misericordia. Somos dos que terminamos siendo uno, pues vivimos de una sola Vida, con un solo pensar y un idéntico sentir. La transformación en Jesucristo es lenta, suave, de cada día, de cada año, hasta el final de mis días…

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

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Mi llamada

Por: Cecilia Pérez Nadal. Vita et Pax. Valencia.

La Palabra de Dios se comprende desde el corazón cuando en momentos concretos, en tu propia experiencia vital has visto, ves, que se ha hecho, se hace realidad en tu misma vida.

Me remito al profeta Isaías cuando dice “mis planes no son vuestros planes ni mis caminos son vuestros caminos” o a esa parábola de los jornaleros llamados a trabajar en la viña que lo fueron a distintas horas del día y después asalariados con el mismo denario al final de la jornada.

¿Por qué digo esto? Porque es una forma de explicar lo que “escuché” en ese momento de mi vida en que el Señor me llamó ante una gran ¿“sorpresa” podría decir?

Soy hija de una familia numerosa, de unos padres que dedicaron su vida a amar, trabajar y vivir para sus hijas. Estudié Magisterio y esa ha sido la gran vocación de mi vida, hasta entonces en solitario y después de este momento ensamblada con la vocación al seguimiento radical de Jesucristo en la consagración secular.

Llamada a dejar mi casa, mi familia, mi trabajo, mi independencia, mis planes… en un espacio de tiempo corto, sin apremios pero sin resquicios, sin dudas, con firmeza, con determinación y además casi sin conciencia de lo que estaba pasando. Me llamaba para ser suya y de los demás con mi propia identidad, tal y como soy.

Sé muy bien lo que son las mediaciones, sé muy bien cómo Dios llega al corazón y te hace consciente de su presencia en ti sutilmente, y te habla a través de personas, de situaciones, de acontecimientos, hasta que ves que algo se ilumina y deja de ser confuso, hasta que adquiere en tu realidad su verdadera realidad, hasta que oyes y respondes sí.

Antes de eso, una y otra vez, en lo que podría llamar el periodo de búsqueda, de clarificación, ante un enorme Cristo crucificado de una céntrica iglesia de mi ciudad, Valencia, le repetía las palabras parecidas de una canción de moda de entonces que me hacía decir “quiero en tus brazos abiertos buscar mi camino…” Ahora cuando le visito allí mismo me sonrío y le doy gracias.

Mis encuentros con el Señor eran cada vez más frecuentes y me sentía conducida. Había conocido Vita et Pax y él me iba mostrando lo que era este Instituto Secular y lo que para aquellas mujeres y su Fundador, era vivir la Amistad con Jesucristo.

Fue un año rico de experiencias donde mi vida cotidiana iba ampliando horizontes y las posibilidades de algo más creo que iban calando dentro como la lluvia suave, como la música que te conmueve.

Tras unos Ejercicios a los que fui invitada, durante una conversación con el Padre Cornelio, Fundador del Instituto, él me hizo alusión a la parábola de los talentos y a la posibilidad de hacer fructificar los dones que Dios me había regalado.

Nada más.

Ni me daba cuenta del camino que estaba recorriendo, lo vivía contenta y serena. Y una noche muy concreta, la de la Vigilia de la Fiesta de Pentecostés, fui consciente de su llamada y le dije que sí al Señor. Recuerdo qué feliz estaba y también con quién lo compartí.

Estaba claro todo, estaba segura de lo que iba a hacer aunque no sabía qué era exactamente pero tenía la determinación de seguir el dictado de mi corazón donde Jesús ocupaba ya un espacio y un lugar tan importantes que ningún problema, resistencia, dificultad, podrían desplazarle. Hubo comprensión y afecto junto a incomprensión y fuertes dificultades.

Quería seguir siendo maestra, hija, hermana, amiga, pero con otra manera de mirar, con otros criterios para vivir, con otras motivaciones, para ser fecunda y feliz. Y me marché de casa para iniciar mi Formación.

Desde aquellos momentos Jesucristo ha sido el centro de mi ser y actuar; mi consagración secular, mi identidad, y Vita et Pax mi segunda familia. Lo he vivido y lo vivo sintiéndome amada desde un gran amor y respeto hacia mi propia manera de ser, sensibilidad, cualidades y defectos.

Hoy, ya jubilada profesionalmente y después de un recorrido fructífero y enriquecedor, vivo con mi madre muy anciana; hasta hace tres años también pude cuidar de mi padre los últimos de su vida.

Soy plenamente consciente de que el Señor me llama cada día con tánta ternura y misericordia y que debo responder en cada momento, situación y realidad que comparta, que viva.

Me gusta repetir con el salmista ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Y proclamar que Jesucristo es mi Vida y es mi Paz y yo debo serlo, desde él, para los demás.

“Mi buen Jesús, yo quiero hacer algo por ti”

Mi historia hasta hoy

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Soy nacida en Pamplona en 1934. 80 años de historia en este mundo. Pero creo que antes ya me pensó Dios. Y los nueve meses que estuve en el seno de mi madre.  Y antes, el tiempo que me soñaron ella y mi padre.  A todos les agradezco que me trajeran a este mundo. Doy gracias por el Don de la vida.

Soy la mayor de cuatro hermanos. Fui a un colegio de monjas y aprendí lo más básico. Mi padre tenía un pequeño comercio y pronto tuve que ayudar a vender. ¡Me gustó mucho el oficio y sabía hacerlo! El trato con las clientes –casi todas eran mujeres- me ayudó a aprender cosas de la vida. Amplié  mi formación en una Academia de Contabilidad y en un Taller de Costura.

Mi infancia y juventud estuvieron envueltas en un ambiente religioso, propio de aquellos años en Pamplona y, fundamentalmente, en mi familia. Sobre los 18 años conocí la HOAC y a los 20 la JOC. A esa edad comencé a trabajar como asalariada, también como vendedora. Continuaba gustándome mi oficio y valoraba el trabajo pero la JOC me ayudó a ampliar esa valoración y a vivir y proyectar mi fe cristiana en el trabajo de cada día.  Fue una formación muy importante para mi vida y lo he agradecido siempre.

Durante esos años me fui planteando el futuro: ¿Qué quería hacer con mi vida?  Mejor dicho: ¿Qué quería Dios de mí?  Rezaba y pedía orientación, pero sin prisa. A los 24 años concreté mi orientación: consagraría mi vida a Dios para servir a los demás, de manera parecida a como lo que venía haciendo: en el trabajo, en los compromisos sociales, familiares, de amistad… desde la JOC.

Así conocí el Instituto Secular “Vita et Pax in Christo Jesu” y a los 25 años, con mi bagaje de vida y trabajo, en él inicié la formación  para la Secularidad Consagrada y el Carisma propio de “Vita et Pax”: Vivir de la Vida de Jesucristo para ser en el mundo su Vida y su Paz. Casi al mismo tiempo cursé los estudios que me prepararon para ser Trabajadora Social. Mi vida se iba enriqueciendo, mi conocimiento del mundo se hacía más grande y el campo de actuación se me iba ampliando, los límites de mi Pamplona natal se iban abriendo hasta poder sentir y decir: ¡Mi casa es el mundo!  ¡Mi corazón se hacía más grande!

Profesionalmente he trabajado en el mundo de la Empresa, con familias de Discapacitados, con Emigrantes españoles en un país europeo.  Por responsabilidades propias en “Vita et Pax” he  trabajado en y he conocido otros países, otras culturas.  Mi fe cristiana se ha enriquecido al contacto con  otros credos y religiones. Rezo el Padre Nuestro sabiendo y sintiendo que la entera familia humana tiene un solo Padre: el Nuestro, el de TODOS.  Desde ahí sé que esos TODOS somos hermanos y sé que eso comporta una responsabilidad: la solidaridad, más todavía, la FRATERNIDAD.  Intento vivirla aunque también sé que “ando” muy lejos cuando pienso en el 80% de los que no pertenecen al mundo que llamamos desarrollado, el nuestro, el mío.  Claro que hoy, también tenemos tan cerca a los parados, a los que ya no cobran el paro ni otras pensiones, a los niños mal alimentados, etc., etc.

Vivo ahora en un grupo de “Vita et Pax”, con varias compañeras jubiladas. Poco a poco, vamos despidiendo a las que se marchan a la Casa Definitiva, la del Padre. Cuestan estas despedidas pero nos ayudan a preparar la propia. Hay que avivar el fuego de la fe para que se afiancen la esperanza y la confianza. Y es el momento, más que nunca, de echar una mirada hacia atrás y comprobar todo lo recibido. Es momento de ensanchar el corazón para decir, con pleno convencimiento:

¡GRACIAS POR HABER TENIDO LA OPORTUNIDAD DE VIVIR TAN “RICAMENTE”!

¡Y POR CREER Y ESPERAR QUE LLEGARÉ A VIVIR PLENAMENTE!

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