En memoria del Rvdo. D. Cornelio Urtasun: Recuerdos y vivencias

martes, marzo 19th, 2013

Por: Luis F. Formentín Peñalosa. Cullera. Valencia

Recuerdo a D. Cornelio siendo yo pequeño en la década de los años cincuenta, concretamente, de 1953 a 1960, cuando venía a Cullera con aquél Citroën negro, y del que bajaban cuatro o cinco sacerdotes con sotana. A mí me llamaba la atención. Venían a comer a casa, invitados por mi hermano sacerdote, amigo de D. Cornelio, que disfrutaba degustando la paella que se cocinaba en nuestra casa, que tan bien preparaba la chica que teníamos, ya muchos años, a nuestro servicio.

En aquellas comidas aprovechaban los sacerdotes allí reunidos para charlar de una forma distendida y D. Cornelio empezó a querer a Cullera…

De D. Cornelio guardo gratísimos recuerdos y vivencias. Con el paso de los años, hoy podemos afirmar que fue un avanzado de abrir nuevas ventanas, –  como dijo aquél gran Papa, hoy Beato, Juan XXIII – para que entrara nuevos aires en la Iglesia, con la creación del Instituto Secular “Vita et Pax in Christo Jesu”, un fruto más del Concilio Vaticano II.

De aquella década de los años 50, recuerdo los varios viajes que D. Cornelio hizo a Cullera y, concretamente, a nuestra casa donde se reunía con mi hermano D. José; además de su participación en la I Semana de la Juventud, que se hizo en el cine Aurora de Cullera, con la proyección de escogidas películas y charla de D. Cornelio.

También recuerdo, por lo que oí, que D. Cornelio tuvo una actuación destacada en la riada de Valencia de 1957. En los días posteriores a la misma, él prestó una gran ayuda con aquel coche negro Citroën con los damnificados trasladándolos de un sitio a otro. Recuerdo que tuvo problemas con el agua del radiador del coche y se quemó sus manos.

Por aquellas fechas el Señor  actuó por medio de la persona de mi hermano sacerdote, que suscitó vocaciones para Vita et Pax, entre el grupo de jóvenes muchachas militantes de los movimientos apostólicos de aquella hora que, siguiendo las enseñanzas de aquel gran sacerdote D. Cornelio, pensaron en una consagración integral al Señor, dentro de la secularidad.

En aquella época no se comprendía esto. La Iglesia estaba muy cerrada y vivía muy de espaldas a los cambios que se estaban produciendo en el mundo, y empezaban muy levemente a experimentarse en la España de aquellos años finales de los 50 y principio de los 60. Decía la gente en general: “las cornelias son monjas que van de particular, y pueden entrar en todos los sitios”…. no se comprendía aquello.

De Cullera salieron unas cuantas buenas vocaciones: Tere Signes, Isabel Sanjuán, Mercedes Pellicer, Carmen Bayona, Encarnación Piris, Dorita Bertomeu, Elisa Adam…

Con todas ellas, que me han visto crecer, he mantenido una buena amistad y relación,  especialmente, con Carmen Bayona, mujer de carácter y gran altura, y no lo digo por su altura física (que era muy alta), sino por su altura de miras. Durante el tiempo que estuvo en Valencia, en “Manantial”, conversábamos y yo le preguntaba por D. Cornelio, y ella me respondía: Está en Pamplona…, está en Roma…, está en Japón…, está en Guatemala…, la semana próxima viene a Valencia, etc.  Eran tiempos de la expansión de Vita et Pax.

En Agosto de 1960, trasladan a mi hermano a Casinos y al quedarme en Cullera, ya no tenía noticias tan asiduas sobre D. Cornelio. Allí el Señor suscitó también una nueva vocación: Fina Lázaro, hoy una enamorada del país africano Ruanda; país que ha dado frutos de las primeras mártires con ocho de sus miembros de nacionalidad ruandesa inmolados en plena juventud en 1994.

Durante mi etapa del Servicio Militar, preparé las oposiciones para ingresar en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, era el año 1967. D. Cornelio se interesó por mí. Nos presentamos 1300 personas para 110 plazas. Yo obtuve el número 13 de la promoción. Cuando le di la noticia a D. Cornelio se alegró mucho y guardo la carta que me envió felicitándome. Como él solía hacer aprovechaba cualquier oportunidad para hacernos pensar, me decía entre otras cosas: ¿Crees más y más en Dios…? Pregunta que con el paso de los años he intentado siempre responder, con la experiencia de vida. Tienes que tener experiencia en tu vida, de que Dios existe.

Recuerdo que en el primer viaje  a Valencia, (1968) me recibió en Pintor López y pude charlar con él. Me impresionaba, después de algunos años sin verle, su cercanía. Tenía ante mí un hombre de una talla intelectual, humilde y humano; un hombre de fe, un hombre de Dios. Cuando le contabas algo, él con ese acento navarrico y con admiración repetía: ¡No me digas….!

En Marzo de 1999, visitamos a D. Cornelio mi esposa Encarna, mi hermano y yo. Se llevó una inmensa alegría. A mi esposa le impactaron sus manos… repetía, manos de santo. Con una serenidad tremenda, a pesar de su ya avanzada y penosa enfermedad, nos preguntaba por nuestros hijos…. Se interesaba por la parroquia donde estaba mi hermano, etc. Al final le dijo a mi hermano: “Dame la bendición” y mi hermano le dio la absolución.

Un mes después, el 1 de Abril de 1999, D. Cornelio subió a la Casa del Padre. La noticia me llegó al final de la Eucaristía del Jueves Santo en la parroquia Santo Domingo Savio de Valencia. Yo pensé enseguida: el Señor le reservó para llevárselo el mejor día, el día de la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio; él, que era tan amante de la Eucaristía y de los sacerdotes.

Entre sus escritos y obras destaca para mí: “Las oraciones del misal. Escuela de espiritualidad de la Iglesia. Domingos y solemnidades” Barcelona, Centre de Pastoral Litúrgica” 1995. Libro para leerlo y, sobre todo, para meditarlo. Es la Palabra de Dios en clave de plegaria. Me impresiona el prólogo de Adalbert Franquesa, monje de Montserrat, que estuvo en el exilio en el Balneario de Belascoin (1936-1939), cuando dice refiriéndose a D. Cornelio, que dicha obra es “fruto de laborioso trabajo, de profunda oración y contemplación” y, sobre todo, cuando dice: “El autor se retrata de cuerpo entero”.

D. Cornelio fue un gran liturgo, con un carisma especial enraizado en el Evangelio y centrado en la Eucaristía.

El gran historiador Dr. D. Vicente Cárcel Ortí, pone de manifiesto en el libro “Caídos. Víctimas y Mártires. La hecatombe de 1936” Ed. Espasa Calpe S.A, 2008; libro que he podido leer varias veces, un hecho relativo a D. Cornelio, una labor callada y que hoy es casi desconocida y que a mí, particularmente, me impresiona. Es en Septiembre de 1939, siendo recientemente nombrado secretario del Obispo D. Marcelino Olaechea, en aquel entonces obispo de Pamplona – Tudela.

 La carta a los huerfanitos de Navarra, hijos de fusilados navarros en los primeros meses de la Guerra Civil, y el comienzo del peregrinar al obispado de los familiares de los presos del Fuerte de San Cristóbal.

“Los condenados a muerte, concentrados de toda España en el tristemente conocido Fuerte de San Cristóbal, sumaron muchos miles de personas. Sus familiares empezaron a llamar a las puertas del Obispado, que se abrieron de par en par.

La noticia de la buena acogida, corrió por toda España y el número de visitantes creció día a día. Todos fueron recibidos uno por uno por el Obispo Olaechea, provocando una actividad agotadora a su secretario Cornelio Urtasum Irisarri, recién estrenado y con una actividad que duró con intensidad creciente varios años.

Olaechea consiguió la conmutación de muchas penas de muerte y la liberación de miles de encarcelados; labor callada realizada por D. Cornelio y su amado Obispo Olaechea, y que hoy continua siendo casi desconocida.”

Me impresiona leer y volver a leer la biografía de D. Cornelio, descrita en la obra del Dr. D. Vicente Carcel Ortí “Obispos y sacerdotes valencianos de los siglos XIX y XX” Diccionario histórico. Edicep 2010 y que, según manifiesta el autor del libro, la redactó el mismo D. Cornelio, poco tiempo antes de morir (B.O. Pamplona y Tudela 1999, 338)

Quiero terminar estos breves recuerdos con parte de la oración del Jueves Santo de su obra “Las oraciones del misal…”: “Que la celebración de misterio tan soberano nos lleve a alcanzar la plenitud del amor y de la vida”, y D. Cornelio apostaba a continuación: ¿Cabe más en el corazón del hombre?

Él, que ya llegó, precisamente un Jueves Santo a la plenitud del Amor y de la Vida, vela desde lo Alto por su amadísima obra “El Instituto Vita et Pax”  e intercede por nosotros. Creo firmemente en ello.

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