Llegar a ser radiante Epifanía

P. Cornelio Urtasun

P. Cornelio

P. Cornelio

Porque el Maestro nos dijo que no se encendía la luz para esconderla debajo del celemín, nosotros pensamos en hacer de cristal radiante que dejara transparentar su luz; esa luz que El encendió en nosotros, en el día Santo de Navidad; esa Luz cuyos fulgores hizo llegar a los confines todos de la tierra en el día de su Epifanía.

Estamos aun dentro de la Octava de la Fiesta de la aparición al mundo del Engendrado y, he aquí, que de repente, esa Luz tan jubilosamente acogida por la Iglesia y por nosotros, desaparece en un instante, para desaparecer entre las virutas de un pobre taller de carpintería.

Le vienen a uno ganas de gritarle al Maestro: Tú que decías que no se enciende la luz para esconderla debajo del celemín ¿Por qué la escondes? ¿No nos has dicho que Tú eres la luz del mundo? ¿Por qué te encubres? ¡Médico: empieza por curarte a ti mismo!

Esas son las apariencias. Pero la verdad es muy otra.

La verdad es que, al ver los resplandores gigantescos de Su Luz, quedamos todos fascinados cuando nos dimos cuenta que su ilusión era el irradiar esos mismos resplandores desde cada uno de nosotros, haciéndonos una autentica Epifanía suya.

El Señor, pronto a realizar en nosotros sus planes, ha puesto manos a la obra, de una manera muy original, muy divina.

Se ha escondido entre cuatro paredes y se ha enfundado en el mísero turbante de un carpintero vulgar. Y escondido y enfundado, sin decir palabra, ha comenzado su gran lección. La gran lección de cómo se llega a ser la radiante Epifanía suya, la proyección fulgurante de su Luz.

¿Qué nos dice?

Primero: Que hay que tener mucha LUZ.

Segundo: Que hay que ser muy transparentes.

Tercero: Que hay que saber esperar.

1º.- QUE HAY QUE TENER MUCHA LUZ

¿Qué luz? ¡Él! La luz verdadera que ha iluminado a todos los hombres de buena voluntad. ¡Él!, luz del mundo que no deja a oscuras a quien se decide a marchar de Él en pos. ¡Él!, remanso de VIDA. VIDA que es la LUZ de los hombres y que resplandece con fulgores celestiales en medio de las tinieblas en que los hombres viven su vida de desterrados hijos de Eva.

¿Cómo tener mucha luz? Sencillamente; teniéndole a Él; haciendo que ÉL VIVA y crezca vigoroso y pujante dentro de nosotros. Dándole a comer de su Pan. Pan de recogimiento, pan de silencio, pan de pobreza, pan de obediencia, pan de abnegación, pan de humildad, pan de negación total de sí, pan don pleno del yo, pan de oración perenne, pan de victimación callada, escondida en el seno del Padre…

2º SER MUY TRANSPARENTES

Tú y yo tenemos entre manos una gran lente que cuidar; la lente a través de la cual tiene que proyectarse la luz, la silueta radiante del Maestro, que vive en nosotros. Días y días, meses y años, tenemos que estar ocupados, muy escondidos, muy en silencio, muy en retiro, en pulir la superficie de nuestro cristal, a fin de que desaparezcan todas las motas que han podido ir dejando nuestros pecados y nuestras infidelidades, para que a la hora de alumbrar la Luz, al que es nuestra Luz, la transparencia sea perfecta: auténticamente maravillosa.

Es labor lenta, de semanas, de meses, de años. ¡De toda la vida!

3º SABER ESPERAR

Cuando nuestro cristal vaya adquiriendo limpieza inmaculada, transparencia iluminada, nitidez perfecta, entonces, ahora y siempre, tenemos que SABER ESPERAR el día de Dios, su tiempo y su hora.

Nosotros tenemos prisa, mucha prisa, demasiada prisa, en enseñar lo que llevamos. En que la gente se fije en nuestro tesoro, en que repare en nuestra Luz. Y si bien es, a las veces, noble deseo, no es el mejor.

Tenemos que saber esperar la hora de Dios, como la esperó este Dios a quien hoy vemos escondido entre cuatro misérrimas paredes y dos herramientas de carpintería. ¡Treinta años escondido! ¡¡Treinta, treinta!!

¿Cuántos llevamos tú y yo? A lo mejor, más de una vez nos hemos quejado de que nadie se fija en el que vive en mí…

¡Qué gran lección la de Nazaret, para ti y para mí, hombres de las prisas!

¿Quieres ser una Epifanía radiante, fulgurante, arrebatadora? Fíjate en el Maestro. Él dijo que era el camino. Si quieres llegar a su Transfiguración tienes que recorrer su camino. Cuando a los treinta años de recorrerlo con toda sinceridad y generosidad, te encuentres “como si no”, entonces, ven, te acompañaré a presentar la queja ante Él.

Mientras tanto, preocúpate de que Su Luz crezca día a día, y tu alma sea como un gigantesco acumulador de esa Luz. Vigila porque de ella desaparezca hasta la última mota de pecado, imperfección y egoísmo y ¡¡confía!!

Estas en manos de Aquel que tiene palabra de Vida eterna.

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