Recordando a D. Cornelio, el amigo

Por: José Ramón Ortolá. Sacerdote Diócesis de Valencia (†)

Mi aportación, que siento no haberla hecho publica en su momento oportuno, en este breve escrito, quiere ser un cordial homenaje de gratitud y afecto hacia D. Cornelio, a quien me une una entrañable amistad desde hace 40 años.

Ciertamente que no puedo hablar de D. Cornelio antes de esos 40 años que le conocí. Aunque sé muchos pormenores de su vida anterior por testimonios muy directos de otras personas. Pero quiero limitarme a resaltar dos periodos de tiempo, que conviví más estrechamente con él, y que me parecen fundamentales para descubrir aspectos de la vida de D. Cornelio. Estos son: los años de Director del Convictorio Sacerdotal S. Eugenio de Valencia, y el tiempo que permanecimos juntos en la Iglesia Española de Monserrat en Roma.

Otros aspectos, quizá los más importantes de su vida, en especial como fundador del instituto secular VITA ET PAX, que sólo incidentalmente señalaré en este escrito, ya tiene competentes redactoras, que recogerán muchos datos del amplio archivo –grabado y escrito- que se conserva.

1. D. Cornelio, Director del Convictorio S. Eugenio de Valencia

D. Cornelio vino a Valencia en el año 1949 para dirigir el recién inaugurado “Convictorio Sacerdotal S. Eugenio”, llamado por D. Marcelino Olaechea, arzobispo de Valencia –(desde 1945)-, y de quien había sido secretario particular durante varios años en Pamplona. Creo que venía de Roma, recién licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Gregoriana.

Con cierto recelo, pues, se le aceptó. Pero tengo que confesaros que muy pronto se disiparon estos recelos, al comprobar la gran apertura de corazón y de mente, la confianza que inspiraba con su trato cordial y amistoso, a los que no estábamos acostumbrados. Y todo dentro de una profunda vivencia sacerdotal que nos hacía vibrar al hablarnos de nuestro “Amigo Jesucristo”.

Durante unos 6 cursos (hasta marzo 1955) –si no recuerdo mal- estuvo dirigiendo el Convictorio, alternando con las clases de Derecho Canónico que impartía en el Seminario y los numerosos Ejercicios Espirituales que tuvo que dirigir durante este tiempo, amén de las clases de Religión que dio –(no recuerdo en qué años)- en la Escuela de Enfermeras.

Refiriéndome en concreto al Convictorio, he de deciros que pasaron por él docenas de sacerdotes –(entonces eran muy numerosos los cursos; el mío, por ejemplo, éramos 33)-. Yo tuve la dicha de colaborar con D. Cornelio desde el año 1953, después de haber estado con él como convictor en el curso 1950-51 –(el segundo año de la fundación del Convictorio)- y dos años de coadjutor en Torrente.

Mi experiencia, y la de tantos y tantos neo-sacerdotes que pasaron por el Convictorio, pueden dar fe de la profunda huella que nos ha dejado a todos. Creo, y no es exagerado afirmarlo, que una parte considerable del clero valenciano, debe su identidad sacerdotal a la labor callada pero eficaz de estos años del Convictorio. Un reconocimiento que debería ser constatado en una futura historia del clero valentino.

Algunas otras experiencias vividas:

Mi primer contacto con “Vita et Pax”:

Yo no tenía idea de que el P. Cornelio era fundador. Hasta que en la Navidad del año 50, tiempo de vacaciones, fuimos a Pamplona por aquellas carreteras “infernales” de la posguerra; menos en Navarra, que era una bendición encontrarse con un firme en tan buen estado. Fuimos a Valle Egües, y allí, con las advertencias previas que nos había dado el Padre, descubrimos la fundación “Vita et Pax”. Ni que decir tiene que, desde entonces, mi relación con el Instituto ha sido muy cordial y profunda. Necesitaríamos varias páginas de esta ya larga crónica para describirla. Las “más viejas del lugar” –(con perdón)- podrán atestiguarlo…

Los “Amigos de Jesucristo”:

Una faceta del Padre Fundador que quizá las mas jóvenes no conozcáis. Una ambiciosa propuesta de fundación para que los sacerdotes pudiéramos santificarnos, con la ayuda mutua, dentro de un marco jurídico, también de instituto secular –(si no recuerdo mal), denominado “Amigos de Jesucristo”. Sacerdotes navarros y valencianos convivimos fraternalmente en varias ocasiones. Y creo que con mucho provecho espiritual. Pero por motivos que ahora sería tedioso comentar, se fue al traste esta fundación. “Todo coopera al bien…”, y, posiblemente, así convenía. Pero es un grato recuerdo de aquellas convivencias que, al menos en espíritu, todavía perdura…

  1. En la Iglesia Española de Montserrat, en Roma

En septiembre de 1960 me enviaron a Roma a estudiar. Después de diez años de ministerio, me concedieron, por lo visto, el año sabático, que se convirtieron en cuatro. Tuve la suerte, mejor dicho, la Providencia, de residir en Montserrat: un privilegio que nunca agradeceré bastante, a la benevolencia de D. Miguel Roca, entonces rector de dicha iglesia . A él también debemos que el Padre pudiera estar en la misma residencia, durante creo que dos años, antes de conseguir el pisito de Via Giulia. Este tiempo fue también providencial, porque fue entonces cuando se gestó fundamentalmente, los actuales Estatutos de Vita et Pax. Allí el Padre trabajó de lo lindo para redactarlos. El contacto entre nosotros, como podéis comprender, fue constante y enjundioso. Y allí nació lo que tanto tiempo se había pensado: fundar una librería en Roma.

Librería Española “SORGENTE”. Manos a la obra. Buscar local y dinero para alquilar y acomodar el local. Piso para vivir –(el de Vía Giulia se había quedado pequeño)-. Y con la precariedad que ahora nos hace sonreír, comenzamos la aventura de la inauguración de la Librería SORGENTE, en pleno Concilio Vaticano II.

Bueno creo que he recordado parte de lo positivo que encuentro al convivir con D. Cornelio. Y pienso que no hay vanidad en ello porque, -al menos me pasa a mí- al recordar los fallos y pecados, se disipa todo asomo de vanidad o vanagloria. Dejemos que el Señor juzgue misericordiosamente esos fallos y esos pecados. Pero demos gracias a Dios que, por la fuerza del Espíritu de Jesucristo –nuestro Amigo- hemos vivido gran parte de estos 50 años de misericordias del Señor. AD MULTOS ANNOS.

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