Retazos de vida

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax

El 16 de septiembre pasado celebramos el Centenario del nacimiento de nuestro fundador, el P. Cornelio Urtasun. Las compañeras más creativas lo relataban cantando: A la una de la madrugada en el pueblo de Espinal, un dieciséis de septiembre, vino al mundo D. Cornelio, que mucha guerra iba a dar…

Guatemala, España, Ruanda… por todos los lugares donde estamos insertas elevamos una oración de acción de gracias a Dios por su vida y su ministerio. Él mismo nos ofrece retazos de su vida:

Nací un 16 de septiembre de 1917, Yo era el quinto y último hijo de una familia asentada en un pueblo de la montaña de Navarra, Espinal.

En la ordenación al diaconado, El Espíritu del Señor me selló con su sello. Cuando el Sr. Obispo ordenante me impuso las manos, apretándolas fuertemente sobre mi cabeza, mientras decía la fórmula sacramental: – “Recibe el Espíritu Santo…”, me vi, junto a la Virgen María, en Nazaret: también, sobre mí, descendía la fuerza del Espíritu Santo.

Después de la comunión dije: Mi Buen Jesús, yo quiero hacer algo por ti. No podía imaginar que aquella frase se convertiría casi en frase de consagración. No me podía imaginar nada de fundación, ni de fundador.  Yo jamás pensé en ser padre fundador, yo he sido un hombre, si se puede decir, que me he sentido “atropellado” por el Espíritu Santo, que me ha hecho ir por donde yo no hubiera querido y, sobre todo, por donde yo nunca pensé.

… Ciertamente dificultades hubo, todavía más en aquella hora primera en la que veían que se jugaban tantas responsabilidades y tantas vidas humanas que se ponían en mis manos, que las consideraba extremadamente frágiles. La dificultad de no tener puntos de referencia concretos, porque entonces los Institutos Seculares en muchos ambientes estaban muy en la mente de Dios. Después dificultades de todo género: desde la crítica mordaz hasta la murmuración más o menos justificada. Ciertamente hubo un momento en que tuve mucho miedo…Fue un trance muy augusto. Pero también de todo aquello nos libró Dios.

…Dios ha hecho esto con mi colaboración, pero es Dios quien ha hecho Vita et Pax a pesar de mí. Esto me incapacita para tener orgullo. Reconozco que soy un instrumento torpe.

…Es un misterio de Dios, ante el cual no cabe otra cosa que adorar, bendecir, dar gracias y repetir con el sentido de la más viva gratitud y más aturdida humildad: “Mi Buen Jesús, yo quiero seguir haciendo algo por Ti…” 

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