Somos mujeres del Espíritu para el mundo

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

Un año más, hemos concluido nuestra Convivencia General, la sesenta y cinco, con la idea central Somos mujeres del Espíritu para el mundo. La hemos celebrado en El Escorial (Madrid) del 4 al 17 de agosto. Y hemos tenido una media de participación de 70 personas.

Nos daba la bienvenida Victoria Cañas, nuestra Directora General y nos decía: Parece que la situación mundial nos lleve con más facilidad a unirnos a los profetas de la desventura y desesperanza, pero nuestra sociedad necesita profetas de esperanza que se indignen con esta realidad y la sepan mirar con otros ojos para fijarse en lo que ha caído en tierra buena calladamente, y que sin hacer mucho ruido, va dando fruto. Pongamos rostro a tantas personas anónimas, organizaciones e instituciones que en nuestro mundo se solidarizan con los demás y quieren dar un vuelco a la sociedad, así también a   nuestros pequeños gestos de cada día que van cayendo en el surco.

Dios está implicado en la historia y ante nuestra incertidumbre, sigue diciéndonos “No tengáis miedo, yo estoy con vosotras” (Jn  1,8).

Los días 7 y 8 tuvimos el primer cursillo titulado, “Ser profetas en la vida cotidiana”, impartido por Pepa Torres, religiosa de la Congregación Apostólicas del Corazón de Jesús. Ella es Filóloga, Teóloga y Educadora Social. Pepa nos animó a despertar y despertarnos. Despertar de este sueño capitalista que nos adormece y atonta y considerar nuestro aquí y ahora como oportunidad para ejercer la profecía. Pepa nos invitó también a ser traficantes de sueños. Cinco sueños a traficar: todas las vidas valen lo mismo y nadie es descartable; la cultura de la acogida y el encuentro, que nos reta a ser mugalaris, cortar distancias y a saltar fronteras visibles e invisibles; el salto del yo al nosotros/as. Tejer común, para ganarle territorio al individualismo dominante; de la resistencia al empoderamiento; la cuidadanía.

Como todos los años, el Equipo de Difusión del Carisma compartió las diferentes actividades que han realizado durante el curso. También hubo un tiempo de encuentro entre el Equipo y todas las compañeras que animan, acompañan, alientan… a los diferentes grupos de Vida y Paz.

Los días 11 y 12 estuvieron dedicados al segundo cursillo: “Vidas desplazadas: refugiados, migrantes, nómadas…”. En este caso nos acompañó Ignacio María Fernández de Torres, sacerdote consiliario de la Comisión Diocesana de Justicia y Paz de Madrid y de las Hermandades del Trabajo. Es Doctor en Teología y profesor de Doctrina Social de la Iglesia. Ignacio María nos decía que junto con la acogida hay que tener una mirada larga para descubrir las causas de las migraciones forzosas. Es imprescindible asegurar la paz en los países de origen y de tránsito pero es igual de urgente atajar las causas, cambiar la política exterior occidental, aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo, controlar el gasto militar, abordar de raíz las causas de la trata de personas…

El domingo 13 fue de descanso para la mayoría pero las que ejercen el servicio de Directoras de Centro tuvieron que trabajar. Fue una mañana de trabajo muy interesante, nuestra compañera Maite nos impartió un taller sobre las emociones. Las emociones son fuerzas poderosas, son el motor que ejerce una gran influencia sobre la conducta. Es importante ponerles nombre, visibilizarlas y saber cómo las expreso.

El día 15 fue de gran fiesta, celebramos la Fiesta de la Asunción y las Bodas de Oro de tres compañeras. Una vez más quisieron decirle a Jesús: Mi buen Jesús yo quiero seguir haciendo algo por ti… Por la noche la carcajada estuvo servida. “Las Comedias” fueron un tiempo de humor, creatividad e, incluso, de reivindicación.

Y con rapidez llegamos a la evaluación, la recogida y las despedidas. Ha sido, en verdad, una Convivencia especial, tal vez porque celebraremos en septiembre el aniversario del nacimiento del fundador, el P. Cornelio, y su presencia se sentía en todos los rincones. Como no podía ser menos también tuvo su canción:

Celebramos el Centenario de un nacimiento

en un pueblo de los Pirineos llamado Espinal.

Fue el pequeño de los cinco hermanos, pronto se hizo cura,

le llamaron el Padre Cornelio y fundó Vita et Pax.

¡Aleluya, aleluya!, por este niño, por su sacerdocio y por su ideal.

¡Aleluya, aleluya!, por ser amigo de Jesucristo y como Él amar.

“Por esos gritos de ayuda, Por esas voces que no se escucharán más, ¡Me dueles Guatemala!”

Por:Chus Laveda.Licenciada en Pedagogía.Miembro del Núcleo Mujeres y Teología

Dicen que era nuestro día, el día Internacional de la Mujer, aunque muchas de nosotras no hablamos de celebración, sino de recuerdo y conmemoración por el asesinato de aquellas otras mujeres que dieron su vida en  defensa de los derechos de todas. Y mientras caminábamos, levantando nuestra voz, otras voces gritaban pidiendo ayuda para salvar sus vidas del fuego.

Pero el grito de las niñas y de otras organizaciones de defensa de sus derechos ya resonó en otro tiempo clamando humanidad y exigiendo justicia para sus cuerpos maltratados, violados por la prepotencia de quienes debían protegerlas, sobreviviendo en un mundo falto de ternura, amor, respeto y dignidad. No escucharon. No hicieron caso de sus denuncias. Ni las de ellas, ni las de los otros organismos que conociendo la realidad exigieron cambios. No escucharon. No eran importantes. No valían la pena.

Y hoy, a nosotras, a todo el país, nos faltan 40 niñas y adolescentes.

Una vez más, sea el día que sea y el mundo entero cante otra cosa, las mujeres seguimos siendo personas de segunda clase, sin derecho a ser respetadas, acogidas, reconocidas en nuestra dignidad.

Resuena en mi interior uno de los gritos escuchados en la concentración  organizada por la sociedad civil que decía:
¡Los cuerpos de las niñas, no se tocan, no se violan,  no se queman, no se matan!

Era un solo grito, pero no fue suficiente. La plaza se tiñó de rojo, de sangre inocente derramada y sumiendo al país es un desconcierto y un sentimiento de rabia, impotencia, incredulidad frente a lo sucedido.

¡Hasta cuando hemos de seguir sufriendo! ¡Hasta dónde nos es posible resistir, perder vidas humanas, rotas en sus sueños y robada su esperanza!

Nadie se hace responsable. Unos dicen: es un asesinato de Estado… otros comentan en voz baja, todos somos culpables… pero hoy 40 niñas ya no pueden levantar su voz.

Y esto va seguir así mientras a cada uno y una de nosotras no nos queme el alma, no nos salpique el dolor de esas niñas y sus familias que las lloran, mientras otras aún no saben donde se encuentran sus hijas.

¡Me quema…me quema!  En tantas otras oportunidades hemos levantado la voz exigiendo justicia para nosotras las mujeres, reconocimiento de nuestra dignidad, derecho a ser dueñas de nuestros cuerpos, de nuestra libertad, de nuestros sueños… hoy también gritamos pero hoy además, nos quema y duele el alma.

¿Y dónde queda la teología en toda esta experiencia?

Dice Jesús: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron… Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños, no me lo hicieron a mí” Mt. 25, 41 – 45

Jesús se encarna en nuestra realidad humana, se identifica con cada ser humano, se hace uno de nosotros, asume nuestra misma debilidad, por eso el daño causado a uno de los más pequeños, empobrecidos, marginados, violentados en su dignidad, se lo hacemos al mismo Jesús. Somos su mismo cuerpo, su misma sangre. Somos cuerpo de Cristo. Desde su encarnación ya no hay diferencia entre lo divino y lo humano. Todo es sagrado a los ojos de Dios.

Pero nuestra hipocresía, nuestra indiferencia nos permite seguir creyendo que estamos en el lado bueno de la historia, porque cumplimos leyes y realizamos ritos sagrados, olvidando reconocer en cada ser violado, excluido, en cada mujer violada, discriminada, al mismo Dios.

Nuestra dignidad nos viene de nuestro ser personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Nuestra imagen la expresamos en los dones recibidos de Él, nuestra libertad, inteligencia, capacidad de pensar y decidir, nuestra creatividad para el bien. Nuestra semejanza la expresamos en nuestros actos de bondad, rectitud, responsabilidad, servicio. Pero tenemos una falsa imagen de Dios y por lo mismo, una falsa imagen del ser humano. Por eso lo hacemos propiedad nuestra, y hacemos con él lo que se ajusta a nuestros intereses mezquinos y personales, violando, quemando sus cuerpos y rompiendo sus vidas. No nos interesan.

Es tiempo de despertar. Todas y todos.

Es tiempo de actuar de manera profética. No es suficiente romper el silencio. No son suficientes los gritos, el llanto y las palabras por fuertes que las pronunciemos. Hay que actuar. Desde la conciencia de nuestro ser personas y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano.

Aún ahora yo siento que levanto mi voz, pero ¿me arriesgo a la acción comprometida en defensa de todos los que sufren marginación y violencia?
Resulta, en cierto modo fácil reconocer el rostro de Dios en los empobrecidos, pero en los violadores, los corruptos, ¿logramos verlo? Resuena en mi interior la palabra de Pedro: “Si mi hermano me ofende, cuántas veces debo perdonarlo, ¿hasta siete veces?” Y la respuesta de Jesús: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. 
¿Cómo anidar estas actitudes en nuestro corazón dolido, indignado, cansado de tanto sufrimiento?
No es sencilla una respuesta al estilo de Jesús. Pero hay que dar pasos para un cambio de sociedad, más humana y digna.

Hay que exigir responsabilidades. Eso es lo que gritamos. Pero mientras no cambiemos nuestro interior, mientras no nos convirtamos todos y todas en un pueblo profético que trabaje por un mundo distinto, seguiremos gritando y nuestra cosecha será más muerte.

 

 

 

 

¡Cambia Señor nuestro corazón indiferente por un corazón de carne!

Oración ante el Mediterráneo

Por: Equipo de Difusión del Carisma. Vita et Pax.

 

Y el día 24 de marzo llegó. Eran las siete de la tarde y poco a poco, en el lugar acordado nos fuimos congregando un grupo de personas para rezar. Sí, para rezar. Nos convocaba el Instituto Secular Vida y Paz. Este Instituto lo formamos un grupo de mujeres laicas consagradas que trabajamos por la vida y la paz para hacer un mundo más justo, humano y fraterno. Desde hacía algunos meses veníamos acariciando la idea de reunirnos y orar ante el drama de tantos hermanos y hermanas muertos en el Mediterráneo, que vieron en este mar la antesala de la libertad y de una vida más justa.

El lema escogido fue Nuestra indiferencia les ahoga. Era una oración pública, con ella queríamos visibilizar tantas vidas truncadas, tantas ilusiones ahogadas, tantas familias rotas, tanto sacrificio y tanto sufrimiento, huyendo de guerras, persecuciones, hambrunas, en medio de una sociedad que quizá se conmueva pero hace poco o nada y peor aún, que no es sensible ni ante las situaciones desesperadas de cientos y miles de mujeres, niños y hombres que buscan un sitio a nuestro lado.

Hicimos nuestras las palabras del Papa Francisco en Lampedusa, ante la gran tragedia de los inmigrantes que vienen a Europa: “Sólo me viene la palabra vergüenza. Es una vergüenza. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’: la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar”.

El coro Emaús, de la Parroquia San Vicente Ferrer de Elche puso música a este drama con la canción “El sueño de la esperanza” de Pedro Sosa: Habrá que abrir las ventanas/ para asomarse a la playa/ y hacer una red de lazos,/ y un puente brazo con brazo/ para que vengan y vayan./ Habrá que abrir las cancelas/ para acercarse a la playa,/ a ver si así se nos callan/ los gritos por los oídos/ de tanto niño perdido…/ A ver si Europa se entera/ que no hay quien ponga barreras/ al sueño de la esperanza,/ que el alma se aferra a un sueño/ y el sueño mueve las barcas./ Para vivir de rodillas,/ mejor morir en el agua./ Ahogarse en la pena hiere/ y deja llagas que sangran./ Mejor ahogarse en las olas,/ las olas no dejan marcas.

El testimonio de Ousman Ndiaye, de Senegal, puso carne, cuerpo y rostro concreto a esta tragedia. Como tantos otros, acuciado por la necesidad y el hambre de los suyos, después de una conversación con su madre, una noche cualquiera de hace once años, en plena oscuridad, se metió en un cayuco, sin ver el horizonte ni a sus compañeros de viaje, y puso rumbo “a la tierra prometida”. La de Ousman es una historia con final feliz. Él mismo nos compartió que vino a España por necesidad, ahora se queda por amor. Porque ha encontrado personas que le acogen en su casa, que lo sientan a su mesa, que come la misma comida y que lo tratan como a uno de los suyos y así se siente él.

La Palabra de Dios iluminó el corazón de la oración. Escuchamos clamar por su liberación al pueblo de Dios en el libro del Deuteronomio; asesinar hermano a hermano en el Génesis; invitar a la acogida al forastero en el Levítico. Escuchamos la huida a Egipto de José y su familia por miedo a la muerte en Mateo y también en Mateo, la propia voz de Jesús nos dijo que todo lo que hagamos a uno de esos hermanos suyos más pequeños a Él se lo hacemos.

Desde nuestra pequeñez y fragilidad elevamos nuestra plegaria a Dios pidiéndole que cambie nuestro corazón indiferente en un corazón de carne. Pedimos también por los gobernantes, por quienes tienen en sus manos la posibilidad de abrir fronteras, quitar muros, tender puentes, firmar la paz, desarrollar políticas justas, crear empleo… Y agradecimos, por todas aquellas personas, grupos e instituciones que, superando la indiferencia, se dejan tocar el corazón y acogen en sus vidas y en sus casas a las personas que llegan buscando cobijo.

Cantamos y rezamos el Padrenuestro sintiéndonos hijas e hijos del mismo Padre, hermanas y hermanos de toda la humanidad, con la conciencia de que todos y todas pertenecemos a la única familia humana. Y concluimos nuestra oración con una danza de alabanza a Dios Padre-Madre, nuestro Creador y Salvador, que nos ofreció el grupo En-danza de la parroquia San Vicente Ferrer de Elche.

Con esta plegaria íntima volvimos a nuestros quehaceres cotidianos ¡Cambia Señor nuestro corazón indiferente por un corazón de carne!

 

Manifiesto por la vida

Por: Equipo de Difusión del Carisma. Vita et Pax

El Instituto Secular Vida y Paz unido a otras manifestaciones y grupos como Justicia y Paz, Manos Unidas, Cáritas,… no puede permanecer impasible ante la injusticia y la magnitud del drama que están viviendo personas que solo buscan paz, tranquilidad,… VIDA.

Con la tapadera o coartada de una crisis y de los ataques terroristas… grupos de personas sufrientes están padeciendo la dejadez y la indiferencia que los aboca a unos a la muerte y a los que logran sobrevivir al mar, a unas condiciones de vida infrahumana con la amenaza constante de un regreso a la muerte segura.

Por ello, uniéndonos a otros grupos ya manifestados declaramos lo siguiente:

  1. Su llegada no es una invasión, es un apoyarse en personas que viven en mejores condiciones y pueden mejorar su vivir.
  2. Nuestra negación a la ayuda, a perder aquello que no es sólo nuestro, sino que pertenece a la casa común, por lo tanto, también de ellos, es un sinsentido.
  3. Una vez comprometidos no podemos retrasar y dejar a las personas abandonadas, no nos pueden engañar retrasando y diciendo que van a llegar pronto.
  4. Que estamos realizando un auxilio con trampa, mal realizado y para cubrir expediente.

Por todo ello exigimos:

  1. Se cumplan los convenios y tratados internacionales. Hacemos una llamada a la solidaridad de todos e informamos que la agencia de la ONU, Cruz Roja,… están llevando adelante proyectos de acogida con voluntariado. No olvidemos que lo que no pasa aquí, no significa que no esté pasando. Estamos poniendo en grave riesgo las vidas de miles de personas.
  2. Cambiar el enfoque de las políticas europeas de migración y asilo, hay que poner en el centro a la persona, no a las leyes.
  3. Agilizar la acogida de personas refugiadas a través de ampliación de plazas en los proyectos y programas que están ya abiertos.
  4. Reforzar la integración en barrios por medio de la educación y el diálogo intercultural que evite el surgimiento del racismo.
  5. Incrementar fondos de ayuda comunitaria.
  6. El cumplimiento de la legalidad y respeto a los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas.

 

Mensaje sobre el 36 Congreso de Teología: “Migrantes, Refugiados y Fronteras. De la exclusión a la hospitalidad”

 Por: eclesalia@eclesalia.net

MENSAJE DEL 36 CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “MIGRANTES, REFUGIADOS Y FRONTERAS: DE LA EXCLUSIÓN A LA HOSPITALIDAD”

Celebrado en Madrid del 8 al 11 de septiembre de 2016
.36 Congreso de Teología

ECLESALIA, 12/09/16.- Del 8 al 11 de septiembre de 2016 hemos celebrado el 36 Congreso de Teología, que ha reunido a personas y colectivos procedentes de los diferentes continentes, pueblos, culturas y religiones para reflexionar sobre el tema “Migrantes, refugiados y fronteras: de la exclusión a la hospitalidad”. En él han participado activistas sociales comprometidos en los campos de refugiados y en las zonas fronterizas, que han aportado sus experiencias. Nos han acompañado representantes de pueblos oprimidos y olvidados. Hemos contado con especialistas en relaciones internacionales, procesos migratorios, trata de seres humanos, teoría de género, así como con teólogas y teólogos, que .han hecho análisis críticos de la situación y han ofrecido interpretaciones liberadoras de los textos religiosos.

1.     Existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y 4 millones de víctimas de trata. Las personas más vulnerables son los niños, las niñas, mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, sometidos a todo tipo de vejaciones: acoso sexual, agresiones físicas, trata de personas, tráfico de órganos, trabajos forzados, prostitución, violencia de género. Son personas sin nombre, sin cara, sin identidad reconocida. Viven una soledad social, política, moral y jurídica. Se les niega la dignidad y el derecho a la vida, como demuestran las miles de personas muertas en el legítimo intento de atravesar las fronteras.

2.     En expresión de Francisco, estas personas son consideradas “`población sobrante”, producto de la “cultura del descarte”, que nos vuelve incapaces para compadecernos ante los clamores de los otros. Son víctimas de un sistema basado en el Dios Dinero, del capitalismo perverso y de la acumulación mafiosa del capital. Quien se beneficia de esta situación es una elite político-económica, patriarcal, colonial, racista y antiecológica, que pone en marcha tres grandes negocios: el de la seguridad, el de la economía política de las migraciones y el de la gestión de las personas en movimiento.

3.     A pesar de las discriminaciones que sufren, las mujeres inmigrantes, refugiadas y desplazadas demuestran una gran capacidad de resistencia, resiliencia y empoderamiento.

4.     Los países de acogida son, en su mayoría, países del Sur, mientras que la mayoría de los del Norte cierran sus puertas a cal y canto, protegen sus fronteras con vallas, concertinas, policías y fuerza militar, niegan el derecho de asilo, siguen políticas equivocadas de seguridad, incumplen los protocolos internacionales y sus propios compromisos, y no demuestran voluntad de acogida.

5.     La insolidaridad de los Estados del Norte contrasta con la solidaridad que demuestra una parte importante de la sociedad, que adopta actitudes de hospitalidad, y con el trabajo de los movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y personas cooperantes, que colaboran en los campos de refugiados y en las fronteras.6. El papa Francisco está adoptando actitudes ejemplares de acompañamiento y acogida, al tiempo que denuncia la hipocresía de los gobernantes y de los poderes económicos y financieros europeos. Dirigiéndose a ellos en su visita a Lampedusa pronunció la palabra “vergüenza”. A los parlamentarios europeos les dijo que no es tolerable que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio ni que se niegue acogida a quienes llegan a diario a nuestras costas, muchas veces muriendo en el intento en las barcazas. Actuar de esta forma es negar su dignidad y favorecer el trabajo esclavo.

6.     La actitud hospitalaria del papa contrasta con la insensibilidad de un sector importante de la jerarquía católica española ante el drama de las personas migrantes y refugiadas, cuyos problemas parece serles ajenos o no son prioritarios en su agenda pastoral. Amén de insensibilidad, hay obispos que amparándose en un mal uso de la libertad de expresión, adoptan actitudes racistas, xenófobas, excluyentes e inhospitalarias cuando alertan irresponsablemente sobre la “invasión” de los refugiados, cuestionan que todas las personas que cruzan la frontera sean “trigo limpio” y afirman que a Europa vienen muy pocos porque sean perseguidos. Alguno ha llegado a decir que la llegada de los refugiados es el Caballo de Troya de las sociedades europeas y, en concreto de la española, y que la acogida de los refugiados puede quedar muy bien, pero que “hay que saber lo que hay detrás”.
Estas declaraciones se hacen desde la impunidad jurídica y el disfrute de privilegios de todo tipo de parte del Estado: educativos, sociales, fiscales, económicos, financieros. Privilegios s que los alejan del Evangelio como mensaje liberador de Jesús de Nazaret.

8.     Queremos denunciar enérgicamente tales declaraciones, que demuestran ausencia total de misericordia y falta de sentido de hospitalidad, se alejan del mensaje hospitalario de la Biblia, que pide amar a los emigrantes, no maltratarlos ni oprimirlos “porque emigrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto” (Éx 22,20), y son contrarias a la práctica acogedora de Jesús de Nazaret, él mismo perseguido, emigrante e identificado con los emigrantes (Mt 25,31-45).

9.     En nombre del Dios de la Vida y de la Paz condenamos el terrorismo, en este caso, el terrorismo que dice basarse en motivos religiosos y matar en nombre de Dios y que provoca la salida de poblaciones enteras para huir del terror.

10.   Exigimos a los Estados:

·         cumplir los protocolos internacionales en materia de inmigración, refugio y desplazamiento;

·         abrir rutas seguras que impidan caer en las redes de las mafias;

·         no participar en el negocio de venta de armas que se utilizan para apoyar al terrorismo y a los gobiernos dictatoriales;

·         combatir el racismo institucional; negar legitimidad a gobernantes corruptos y autócratas;

·         apoyar a las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno; –

·         fomentar políticas de desarrollo en los países de origen;

·         cumplir sus compromisos de acogida;

·         fomentar el diálogo intercultural, interreligioso e interétnico.

11.   El Congreso quiere expresar su solidaridad con los pueblos oprimidos y olvidados como el kurdo, el palestino y el saharaui, a quienes se les niega su derecho a la independencia y se los somete a todo tipo de vejaciones. Todos ellos tienen numerosos emigrantes, refugiados y desplazados.

12.   Las personas que hemos participado en este Congreso de Teología nos comprometemos a:

·         luchar contra la ideología y el sistema económico que provoca la exclusión de millones de personas,

·         denunciar la sistemática transgresión de los derechos humanos de las “personas en movimiento” por parte de los Gobiernos,

·         trabajar por otro mundo posible hospitalario,

·         seguir la práctica solidaria de Jesús de Nazaret;

·         hacer una nueva teología de la emigración;

·         pasar de la exclusión a la hospitalidad.

En Madrid, a 11 de septiembre de 2016

 

No nos mezclamos

Domingo XXII del T.O. Ciclo C 

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Hay que reconocer la realidad, no nos tratamos todos por igual, existen las diferencias. Así son nuestras relaciones sociales, relaciones cargadas de tratos desiguales; ajustamos nuestras relaciones desde una jerarquización, desde unas categorías…, porque cada uno debe ocupar su lugar. No nos mezclamos.

Y esta forma de vida, esta filosofía entorpece nuestro vivir como cristianos ¿Cómo nos vamos a querer si nos vivimos como competidores, como corredores de fondo hacia una meta donde solo uno es el ganador?

Sin embargo no funcionan así las relaciones sociales de Jesús, aunque también hay que decir que Jesús sí tiene privilegiados y con ellos comparte su proyecto y su caminar. Pero ¿Quiénes son los privilegiados? Los débiles, los enfermos… y ¿Por qué? Son los que necesitan ser levantados, alzados.

UNA MARAVILLOSA AVENTURA.

Seguir la aventura comenzada por Jesús de poder llegar a ser todos iguales y estamos hablando de esa igualdad que lleva al “trato igual a los desiguales”, la que nos aparta de las leyes y tradiciones rígidas y con ello nos ayuda a valorar por encima de todo la dignidad de cada persona.

Jesús conoce nuestro convivir, ha vivido entre nosotros y sabe “de qué vamos”, observa nuestro deseo de figurar, de perseguir el prestigio… lo difícil que nos resulta, a veces, vivir como “uno más” y nos entiende perfectamente, tanto nos entiende que manda pistas que nos ayude a “ser” y nos dice que la humildad es más importante que la generosidad, porque se puede ser generoso y poco humilde. Es a través de la humildad como se consigue levantar, alzar al otro y con ello conseguir el respeto a la dignidad de todo ser humano.

En el ejercicio de la humildad se esconde la protesta, el desacuerdo, la denuncia de la injusticia, el reproche social, la denuncia por estar fracturando la sociedad, el compromiso que tenemos como bautizados de transformar esta sociedad para conseguir un mundo mejor.

INCONDICIONAL.

Solo Dios. Incondicional solo es Dios, me decía una amiga y me produjo mucho pesar el pensar que no somos capaces de ser incondicionales. Me pregunto si seré incondicional para Dios en todos o algunos (por lo menos) aspectos de mi vida. Él sí lo es con todos. Sí lo es para mí.

Viendo los Juegos de Río me llamó la atención Feyisa Lilesa de nacionalidad etíope, medalla de plata en el maratón y perteneciente a los Oromo, quien cruzando la meta levantó sus brazos y los unió por las muñecas como protesta ante su gobierno por las matanzas y robo de tierras. Visibilizó de manera incondicional las injusticias que sufre su gente y los alzó.

Nosotros también podemos alzar a los empobrecidos y humillados de la tierra, de la misma manera, incondicionalmente.

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Durísima denuncia de Santiago Agrelo

Por: Santiago Agrelo Martínez, Arzobispo de Tánger.

En los alrededores de Ceuta hay emigrantes. No sé cuántos son. Sé que son seres humanos. Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados a estar donde están, pero tienen derecho a buscarse un futuro para sí mismos y para sus familias. Sé que las autoridades de las naciones los consideran una amenaza, aunque la realidad es que las autoridades son una amenaza para ellos.

El lunes les llevamos alimentos. El martes nos llaman para informar que las fuerzas del orden (ellos dicen “la policía”) se los han quitado. ¿Qué dirían ustedes de una sociedad que persiguiese a hombres, mujeres y niños vulnerables e indefensos -a los que leyes inicuas han hecho ilegales, irregulares, clandestinos-, los acosase como si fuesen alimañas, los persiguiera como si fuesen criminales, los golpease como no se permitiría hacer con los animales, y los cercase para rendirlos por hambre? Se diría que esa sociedad se había deshumanizado, corrompido, embrutecido, envilecido, degenerado.

Pues lo que no hace la sociedad marroquí, acogedora y humana, se nos dice que lo hacen agentes uniformados, miembros de fuerzas del orden del Estado, que entran en el bosque de Beliones, no para apartar de la frontera -de una maldita frontera que Dios no hizo ni quiso ni quiere-, a unos emigrantes, sino para apropiarse de los pocos alimentos que los emigrantes han recibido para subsistir.

¿Qué nombre te das a ti mismo, tú, agente de la autoridad, si te has llevado a tu cuartel o a tu casa lo que un hermano tuyo necesita para vivir? ¿Te has divertido? ¿Te has escondido para que nadie te viese? ¿Es lo que te han mandado hacer? ¿Lo has hecho por propia iniciativa? ¿Crees que no habrás de dar cuenta al único Dios?

Por si lo hubieses olvidado, te recuerdo lo que dice el Señor de todos, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de Jesús de Nazaret, el Dios de Mohamed: “He visto la opresión de mi pueblo, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos”. Te lo recuerdo por si quieres tener piedad de ti mismo, pues si comes el pan que has quitado a los pobres, estás comiendo tu propia condenación, estás comiendo el bocado que mete en tu cuerpo a Satanás.

Se lo recuerdo al soldado y al oficial que lo manda, al político que fija las normas y a los gobiernos que las ejecutan: Dios ve al opresor y al oprimido, y toma partido por el oprimido.

Tal vez pienses que puedes honrar a Dios y despreciar a los pobres. Un día comparecerás ante él y descubrirás aterrorizado que los pobres eran tan dignos de respeto como Dios. Aquel día, el Rey, el único Rey, el hermano de los pequeños a quienes hoy robamos el pan, lo creáis o no, nos juzgará y nos condenará, y de nada servirá que le llamemos “Señor”, pues sólo se recordará el pan que le hemos dado o le hemos negado.

“Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo”. A nadie le pediré que se convierta a Dios. Podéis tranquilamente no creer en él. No se os pedirá cuenta de semejante ignorancia. Pero estamos perdidos si no nos convertimos a los pobres. Entonces nuestra suerte estará entre los malditos.

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