Día 1 de mayo: la lealtad en el trabajo

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

El inicio del libro del Éxodo nos narra la esclavitud del pueblo de Dios en Egipto y cómo fueron explotados y forzados a duros trabajos por parte del faraón. En el capítulo 5 encontramos la que podríamos llamar primera protesta de directivos de la que habla la Biblia: la de los inspectores. Los directivos de los campos de trabajo estaban divididos en dos categorías: los capataces y los inspectores. Cada uno se va a situar de manera diferente ante el faraón y los trabajadores.

“Son holgazanes”. Estas son las palabras que el rey de Egipto dirigió a sus funcionarios después de su encuentro con Moisés y Aarón, cuando le pidieron en nombre de Yahveh que dejase ir al pueblo tres días al desierto para una celebración. Y, a continuación, da órdenes de fabricar los mismos ladrillos que venían haciendo pero sin disponer de paja para ello, por lo que tienen que salir a buscarla por todo el territorio. Los trabajadores, que ya estaban sometidos a condiciones extremas (1,14), no podían llegar a cumplirlas. Y así sucedió (5,14).

Los capataces, que eran egipcios dependientes del faraón, al no alcanzarse los objetivos de producción, la tomaron con los inspectores de los campos de trabajo, que eran hebreos, hermanos de los trabajadores: “A los inspectores de los israelitas, que los capataces del Faraón habían puesto al frente de aquellos, se los castigó, diciéndoles: por qué no habéis hecho ni ayer ni hoy la misma cantidad de ladrillos que antes” (5,14).

A pesar del castigo recibido, los inspectores no castigaron a su vez a los trabajadores de las fábricas. Eligieron, libre y a un alto coste, ponerse de parte de los trabajadores y de la verdad y desobedecer las órdenes del faraón. Eligieron ser hermanos de los explotados, compartiendo su misma suerte. Así, en lugar de ensañarse con sus compañeros, fueron a protestar al faraón (5,15-16). Como era de esperar, no tuvieron éxito. Se ganaron insultos y arriesgaron sus puestos de trabajo (5,19).

Esto es lo que se gana la mayoría de las veces quienes se ponen a defender a los débiles. Ningún mediador y ningún directivo es un buen inspector si no está dispuesto a que lo asocien con los que defiende y a ser castigado junto con ellos y como ellos. Cargar una misma con los castigos sin descargarlos sobre las personas que tenemos a nuestro cargo es, entre otras cosas, una imagen grande y bella de la caridad cristiana que va mucho más allá de la justicia.

Ni siquiera después del fracaso de su protesta al faraón, los inspectores fueron a desquitarse con los trabajadores. Siguieron ejerciendo su lealtad y se enfrentaron directamente con Moisés y Aarón (5,21). No sabemos hasta dónde puede llegar un acto de verdadera lealtad, ni qué puede suceder en nuestros campos si desobedecemos las órdenes injustas de los faraones y permanecemos fieles a la verdad y a la dignidad de los que trabajan con nosotros. Pero sí sabemos que esta lealtad hace posible que entre el cuadro directivo y los trabajadores se genere esa relación que algunos llamamos fraternidad. Nos convertimos en verdaderos hermanos y hermanas de los que trabajan a nuestro lado cuando ponemos nuestras espaldas entre ellos y las órdenes injustas de los faraones de turno.

En nuestros trabajos, empresas y organizaciones siguen conviviendo, unos junto a otros, los capataces y los inspectores. Los directivos que cargan contra sus empleados, dispuestos a todo con tal de satisfacer cualquier petición de los jefes; y responsables que prefieren ser castigados con tal de permanecer leales a sus compañeros.

Por desgracia, muchos empiezan como inspectores y con el tiempo se transforman en capataces, pero no es raro que ocurra también el proceso inverso. No olvidemos que si hoy no mueren más trabajadores bajo el peso de “imposibles producciones de ladrillos”, es porque en medio de nosotras hay muchos herederos y herederas de los leales inspectores de Egipto, ciertamente más de los que somos capaces de reconocer a nuestro alrededor. Tal vez, tú o yo seamos uno de ellos.

 

Dios estará en el templo si allí hay amor

Domingo III de Cuaresma. Ciclo A

Por Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Al pueblo escogido, aquel que estaba perseguido, esclavizado, en minoría…, siempre son los mismos a los que se acerca Dios, a ellos les ofrece la libertad. Pero la libertad en la mayoría de los casos produce inseguridad, incertidumbre, riesgo… Y es que nuestro Dios es así, es  ARRIESGADO.

Ansiada libertad que cuando no la tenemos nos ahoga, no vivimos y cuando la tenemos nos desespera, nos confunde.

Pero Jesús sí entendió la libertad que Dios, el Padre como Él le llamó desde el principio, ponía en sus manos. Y con esa libertad que Dios nos da es con la que Jesús traspasa los límites entre lo sagrado, lo público, lo religioso y la vida cotidiana; porque piensa que todo lugar, persona, situación… todo es sagrado si nuestro Padre está allí y nosotros estamos con Él. Y Jesús se muestra como trasgresor de la norma de evitar su paso por Samaria.

¿Y por qué no iba a ser sagrado un pozo en Samaria? Cualquier sitio es bueno para llevar a Dios, cualquier sitio o circunstancia es adecuada para estar con nuestro Padre. En ocasiones la transgresión es necesaria para llegar a Dios.

Jesús siempre se muestra como una novedad, otra forma de “hacer”. Para re-crear vínculos, eliminar conflictos, ofrece su amistad a todos, una amistad que derriba muros, quizás porque no se presenta como el dador, si no como el que necesita estar con los demás, necesita de su compañía y necesita compartir con ellos, lo dice en el evangelio con esta expresión “tenía que pasar por Samaria”.

Se acerca a la Samaritana y Jesús le pide agua, “Dame tú agua” yo también puedo darte pero otra clase de agua, un agua que te sacia y se multiplica para que tú también puedas dar a los demás. No te daré solo un jarro de agua no, te daré lo suficiente y en abundancia para que puedas repartir.

Jesús no dona lo justo, siempre se ofrece en abundancia, para que haya para más, para que tú puedas dar, para que tú ames con el mismo amor que te ama Dios.

Libro recomendado para esta Cuaresma

La corrupción no se perdona

 

 

Autor: Bernardo Pérez Andreo

Edit: PPC

 

 

 

 

 

 

Tema tristemente actual el de este libro. El autor plantea que la corrupción en sí no se perdona porque es un pecado estructural y está ligado a un sistema injusto, que la Biblia llama satánico, identificándolo con las “bestias”. Ciertamente pueden ser perdonadas las personas corruptas, cuando cambian de mentalidad y de conducta, pero nunca la corrupción en sí, porque es intrínsecamente mala. Hay pecados personales de corrupción que pueden y deben denunciarse con nombre y apellidos, pero la corrupción en sí, como estructura demoníaca, ha de ser superada y destruida sin posibilidad de perdón.

Bernardo Pérez Andreo (Nîmes, 1970) es doctor en Teología (Valencia, 2006) y en Filosofía (Murcia, 2015). Es profesor de Teología en el Instituto Teológico de Murcia y coordinador del Máster en Teología por la Universidad de Murcia.

Oración ante el Mediterráneo

Nuestra indiferencia les ahoga

Por: Equipo de Difusión del Carisma. Vita et Pax.

 

Con fecha de 24 de marzo del presente año se va a celebrar una ORACIÓN por todas las vidas perdidas en nuestro mar Mediterráneo, convoca el Instituto Secular Vita et Pax en la Playa del Postiget de Alicante a las 19 horas.

Nos juntaremos para unidos reforzar nuestro “querer” salvar vidas y recordar, a todas las personas, que han huido del hambre, de las guerras, de las persecuciones,… de la MUERTE y acuden a nosotros pidiendo auxilio, un auxilio no escuchado y MUEREN, mueren buscando VIDA, una vida que se merecen como cada uno de nosotros.

ACOMPÁÑANOS para orar por TODOS los que no llegaron.

Jericó, ciudad de victorias

Domingo XXXI del TO, ciclo C

Por: Jose Oller. Vita et Pax. Guatemala.

Con un esfuerzo imaginativo –como si presentes nos halláramos- aterrizamos en Jericó, ciudad que, según dicen, es un maravilloso oasis en medio de un paisaje desértico. Ciudad bíblica en la que han ocurrido acontecimientos espléndidos de victoriosa salvación: uno de los principales en el Antiguo Testamento fue  su conquista por parte de los israelitas y la caída en su  poder  al desprenderse espectacularmente las  murallas. Ya en el Nuevo Testamento, nos cuentan los evangelistas otros relatos yendo o viniendo Jesús de Jericó: por ejemplo el buen samaritano, el ciego de nacimiento.

Hoy nos conduce la liturgia a contemplar otro importantísimo episodio, hecho de imágenes casi imperceptibles por la multitud que rodeaba a Jesús, pero buscando verle por parte de un  -bajo de estatura-  recaudador de impuestos, jefe de recaudadores y por lo tanto muy rico y también por lo mismo, despreciado y marginado por el pueblo.

Además de su curiosidad por ver a Jesús sin duda “algo” ardía en su corazón, -Dios lleva siempre la delantera aunque no seamos conscientes de ello-. Zaqueo tiene impulsos de correr y subirse a un  sicómoro para verle pasar. No le importa si hace el ridículo pero posiblemente la gente ni se da cuenta. Sin embargo Jesús –siempre atento a lo que ocurre a su alrededor-  sí lo ve, lo mira y le ordena: “Zaqueo, baja que hoy tengo  que hospedarme en tu casa”. El relato adquiere aquí  velocidad en varios sentidos: Zaqueo baja, rápidamente,  acoge a Jesús en su casa y lo “acoge al interior de su corazón”, en su morada más profunda, caen sus murallas, caen las escamas de sus ojos, se abren sus oídos: ve y escucha a los “lázaros” que tiene en la puerta, toma conciencia de todo lo que ha extorsionado y le sale espontáneamente manifestar el comienzo de su conversión directa, llegando o mejor, empezando por “el bolsillo”: “devolveré cuatro veces más lo robado, la mitad de mis bienes daré a los pobres”. Curioso. Jesús no ha tenido necesidad de pronunciar palabra, no hace ninguna homilía.  Su sola presencia provoca el milagro. Solo habla Jesús para confirmar su misión ante las críticas de la gente: “Hoy ha entrado la salvación esta casa” claro, ha entrado EL.- “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

 Este relato, en su brevedad, es síntesis de la primera lectura y de todo el camino del discipulado que ha venido describiendo hasta aquí, con bellas parábolas  y con exigentes mensajes, el evangelio de Lucas. El libro de la Sabiduría nos presenta a Dios como todopoderoso y al mundo como una insignificancia ante Él. Pero  precisamente porque todo lo puede, puede manifestar su poder compasivamente.  Él ama la VIDA y todas las vidas, a toda persona acoge dentro de su bondad y su misericordia, sea cual sea su condición porque ama todo lo que ha creado. Y esta forma original de actuar se expresa pedagógicamente en el perdón y conduce al arrepentimiento. Zaqueo es un buen ejemplo de ello.

El evangelio de Lucas nos va señalando las exigencias de la auténtica conversión y del seguimiento de Jesús la primera de las cuales es el desprendimiento tanto material como afectivo: “vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres, después VEN Y SÍGUEME”; “no podéis servir a Dios y al dinero”….

Aplicado todo ello a las globales situaciones que estamos viviendo, ¿quién no desearía que hubiera muchas ciudades del mundo que fueran “JERICÓ”  que dejaran entrar la salvación en sus casas y en los corazones de tantos hombres y mujeres, enfermos de egoísmo y de poder, amurallados tras el dinero y cegados por una arrolladora ambición que solo causa pobreza y más pobreza, que margina y oprime; que crea campos de refugiados en lugar de oasis de libertad?  Se creen grandes, pero son “pequeños de estatura”. Ojalá se suban al ÁRBOL DE LA VIDA  que les permita “ver” a este Jesús que está siempre atento a quien le busca y quiere hospedarse en su casa para “derribar muros” y ”hacer caer escamas de los ojos” para liberarles y darles el gozo del perdón y la alegría de la paz. Porque  sigue siendo cierto  que “Dios quiere que todos las personas se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Es misión de quienes tenemos el privilegio de seguir a Jesús, orar y trabajar para que esto pueda llegar a ser.

                 ¡¡¡ SEÑOR, QUE TODAS LAS CRIATURAS SIENTAN TU

           PRESENCIA COMPASIVA Y MISERICORDIOSA EN SUS CORAZONES

     Y REORIENTEN SUS VIDAS HACIA  TI, AMIGO DE LA VIDA Y DE LA PAZ!!!

Las lepras de nuestro tiempo

Absolutamente nada es castigo de Dios

Domingo XXVIII del T O. Ciclo C

Extracto del comentario de Faustino Vilabrille. Presbítero.

La Lepra: Aún hoy hay 115 países donde la lepra no ha sido erradicada, a pesar de que es fácil de curar, y detectada a tiempo no deja secuelas, pero aun se producen más de 200.000 nuevos casos cada año, sobre todo en regiones de países pobres, como la India o Brasil. La lepra es una enfermedad muy cruel porque empieza a afectar a las zonas frías: cartílagos, nariz, orejas, y se manifiesta mucho de cara al exterior, con diversas deformaciones. El enfermo está consciente y tiene los órganos vitales bien, pero se siente muy mal, tanto física como moralmente, y más aun las mujeres, pues la exclusión social mata tanto o más que la propia enfermedad. La OMS proporciona tratamiento gratuito a todos los enfermos de los países que reconocen tener la enfermedad, pero algunos no lo hacen por cuestión de imagen, por lo que hay bastantes más de los que recogen las estadísticas.

Esa no fue la actitud de Jesús. En su tiempo la lepra era considerada castigo de Dios. Pero nada es castigo de Dios: Jesús lo deja claro curando a los diez. Ninguna enfermedad es castigo de Dios. Si así fuera Jesús no curaría, como curaba, a toda clase de enfermos. Jesús es la humanización de Dios, para liberar de todo sufrimiento, de todo mal, de toda esclavitud. Donde hay liberación ahí está Dios, donde hay opresión falta Dios. Amenazar con el castigo de Dios, como se hizo tantas y tantas veces, incluso con los niños, es vilipendiar, distorsionar e injuriar el nombre de Dios. Toda religión que no es liberadora es falsa.

Los ritos: De los diez leprosos curados por Jesús, nueve se marcharon corriendo al templo a cumplir con los ritos que mandaba la religión. Solo uno, extranjero, que nada sabe de aquellos ritos, vuelve a hacer lo más lógico y normal, darle gracias a Jesús porque le devolvió la salud. Los ritos por los ritos son una trampa.

LAS LEPRAS DE NUESTRO TIEMPO: Otra clase de lepra mucho más grave, sigue impidiendo curar a los leprosos de hoy y a los afectados por otras muchas enfermedades: Es la lepra del egoísmo, de la avaricia, de la insolidaridad, de la injusticia, de la falta de compromiso con los más empobrecidos del mundo. Esta lepra causa las más grandes y numerosas víctimas de nuestro tiempo. Hoy hay muchas víctimas porque hay grandes y terribles victimadores. Son victimadores los fabricantes de armas de guerra, las multinacionales que explotan y oprimen a los países pobres, los gobiernos y empresarios corruptos y corruptores, los fabricantes de ídolos (modas, deportes de élite) para domesticar a las masas y explotarlas con el consumismo…

Todo el sistema del capitalismo neoliberal y cuantos lo secundan activa o pasivamente conformes con él sin combatirlo, son la lepra y la lacra más grande y nociva de nuestro tiempo, que produce una inmensa riada de millones de víctimas.

¿COMO COMBATIR ESTA LEPRA? No se combate con medicamentos ni hospitales. Es tarea de todo@s, de toda la sociedad; es tarea de educación crítica, es tarea de creer que es posible, es compromiso con los grandes valores del ser humano; es promoción y lucha por los Derechos Humanos; es preguntarnos por la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros; es conversión de nuestra propia mente y nuestro corazón; es elegir y discernir a la hora de votar… es un compromiso inquebrantable con la ética, la honradez, la honestidad, la justicia, la solidaridad, la fraternidad universal, la vida, el amor como ceñidor de la felicidad de toda la creación, como lo fue hasta la muerte, si hace falta, el de Jesús de Nazaret, luchando por los victimados y denunciando y pidiendo la conversión a los victimadores, de los cuales El mismo acabó siendo víctima y perdonándoles “Padre perdónales porque no saben lo que hacen”. Por creer que otro mundo mejor es posible, que podamos oír de El: “tu fe te ha salvado”, como el leproso número 10.

Abismos de indiferencia

Domingo XXVI   T.O. Ciclo C.

Por: Teodoro Nieto. Burgos.

El evangelio de este domingo es una parábola de Jesús que nos llega a través de la pluma del evangelista Lucas. Siempre es oportuno recordar que  las parábolas evangélicas no son ingenuos cuentos para divertir a niños ni tranquilizantes de conciencias.  Jesús recurre a ellas para  cuestionar la vida de sus oyentes y  desenmascarar sus comportamientos. Son como “espada de dos filos”, que penetran “hasta lo más profundo del ser”, “de los  pensamientos y las intenciones  del corazón” (Heb 4, 12). Y no deja de ser significativo que sea precisamente Lucas, el evangelista de los pobres, quien nos brinde la oportunidad de reflexionar sobre ella.

La parábola de hoy, que parece narrada para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, viene a denunciar uno de los mayores males, si no el mayor, de nuestra sociedad: la indiferencia.

Jesús nos habla de un mendigo. No está cubierto de lino ni de púrpura, sino que son  llagas repugnantes su ropaje. Pero tiene nombre propio: Lázaro, que en hebreo significa “Dios es mi ayuda”.  Nos habla también de un hombre rico que, al parecer, lo tiene todo. Y se siente tan “seguro” que no necesita ayuda de Aquel que por esencia  es TODO.  Pero por mucho que tenga el rico, es innominado. En la cultura hebrea, no tener nombre equivalía a no existir. El nombre que la tradición ha dado al rico es Epulón, del latín “epulo”, el que presidía los “epulae” o  grandes banquetes públicos en el Imperio Romano.

La suerte definitiva del pobre y del rico es bien diferente. No se menciona funeral alguno  para el pobre, pero “los ángeles lo llevan al seno de Abrahán”, imagen popular del descanso pleno para el judío piadoso. Cabe suponer, en cambio,  que el rico fuera enterrado con toda pompa fúnebre, pero es llevado al Hades o Seol, el “reino de los muertos”, según la creencia judía en aquel tiempo.

Curioso resulta también el diálogo entre el rico y Abrahám, que  tiene su explicación en otra de las creencias del judaísmo, según la cual los muertos podían hablar entre sí.

Detalles secundarios aparte, lo más importante para los hombres y mujeres de hoy es descubrir claves que  ayuden a comprender y, sobre todo, a responder a los retos que  lanza esta parábola.

Abrahám dice al rico que entre la morada de los justos y el reino de los muertos se abre un abismo infranqueable. Pero ¿quién creó ese abismo sino el rico que en vida miró con indiferencia al pobre Lázaro?

Ya el profeta Amós, como se desprende de la primera lectura de este domingo, denunció la brecha existente entre los pobres que mueren de inanición y los ricos que “gozan tranquilos y seguros, tendidos en camas de marfil o apoltronados en sus sofás”. Recordemos, por otro lado,  al sacerdote que en la parábola del “buen samaritano”  pasó de largo para no ver al herido al borde del camino. Y en la parábola del juicio final, a quienes no supieron o no quisieron “ver” a las personas con hambre o con sed, sin ropa que ponerse o privadas de libertad entre unas rejas.

La parábola del rico epulón y el pobre Lázaro nos dirige sin rodeos esta pregunta: ¿Somos más propensos a crear abismos de indiferencia que a tender puentes de solidaridad? Creamos más  abismos que puentes cuando endurecemos nuestro corazón y cerramos los ojos a la realidad angustiante de las personas que los ricos empobrecen: a  las mujeres, niños y hombres inmigrantes y refugiados que no acogemos; cuando somos incapaces de ponernos en su piel y no vibramos con ellos y por ellos. Abrimos abismos cuando pretendemos vivir como si no hubiera guerras crueles que destrozan tantas vidas y desastres naturales que siembran tanto dolor y mortandad. Creamos abismos incluso en nuestro propio interior entre nuestro pensar y nuestro actuar, al no dar coherentes respuestas a los desafíos de una realidad como  la nuestra, invadida de injusticia, de corrupción y de mentira que victima a ingentes masas de seres humanos en este planeta. Aunque no siempre seamos conscientes de ello ¿no somos todos los humanos agua del mismo Océano?  Por muy diferentes que sean sus olas, todas ellas son agua de ese mismo Océano.

“No podéis servir a Dios y al dinero”

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid.

Con esta frase clara y contundente, termina el relato del Evangelio de este domingo 25 del Tiempo Ordinario, y que para los cristianos es de suma importancia, ya que el dinero se ha convertido en un ídolo, en un Dios, y servir a los dos dioses es completamente antagónico

La lectura primera y el Evangelio nos traen a la reflexión este tema de gran actualidad, hoy, como lo fue en tiempos de Jesús y ocho siglos antes, en tiempos del profeta Amós. El tema de la acumulación de bienes y de la insolidaridad humana  se viven en épocas muy diferentes, mostrándonos claramente que tanto las sociedades como el ser humano poco han cambiado en el transcurso de la historia.

El profeta Amós ya denunciaba en aquella sociedad, que vivía un momento de esplendor, las injusticias y trampas que en la vida ordinaria se realizaban y que hoy podemos contemplarlas en nuestro mundo, y también en tiempos de Jesús. “Disminuís las  medidas, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampas, compráis por dinero al pobre….” ¿Qué podríamos decir hoy? Los fraudes están a la orden del día, usamos las mismas trampas y fraudes para acrecentar las cuentas en paraísos fiscales y engordar nuestras arcas traspasando las líneas rojas y un largo etc. que todos conocemos bien y que no facilitan la convivencia humana.

Jesús en el Evangelio nos pone de manifiesto  que seguirle a Él es vivir en justicia y verdad, seguirle sirviendo a Dios, no al dinero, servir a Dios es vivir como El nos lo ha mandado, es decir en el amor, sin fraudes ni trampas, poniendo al ser humano en el centro de nuestras actuaciones.

Nosotros, como el administrador de la parábola, tenemos que dar cuenta al Dueño de la gestión que hemos hecho de los bienes que se nos han encomendado, dispuestos a no utilizar tantas artimañas para ganarnos amigos que nos faciliten las “puertas  giratorias” donde podamos seguir viviendo con la misma desfachatez de lucro y  despilfarro. Este es el reto que tenemos los cristianos y que hoy la liturgia nos invita a pensar y repensar, cómo son nuestras actuaciones, dónde ponemos nuestro corazón, qué podemos hacer de cara a un cambio de mentalidad, a un cambio de estructuras donde podamos ir creando fraternidad, hacer un mundo más humano, esto en definitiva, es el Reino de Dios, un Reino donde los poderes económicos no sean los dueños del mundo, donde las desigualdades sean menores, y nos alejemos de la globalidad de la indiferencia, como tanto gusta  repetir al Papa Francisco.

¿A qué nos invita la Palabra de Dios hoy? ¿Qué tenemos que cambiar en nuestra vida para que nuestro seguimiento al Señor sea de servicio a Él y no al dinero? Nos invita a vivir una cultura de ojos abiertos, siendo críticos con las políticas de fraude e injusticias que se viven en el mundo de hoy, y, por supuesto, a la solidaridad.

Con el salmo 112 podemos decir “Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre para hacer que se siente entre príncipes, los príncipes de su pueblo”.

La carta de Pablo a Timoteo nos puede ayudar a vivir un intensa vida de oración de los unos hacia los otros, por los que ocupan cargos de responsabilidad en la sociedad, ayudándonos a ser coherentes con la fe, siendo buenos administradores de los bienes que se nos han confiado para que cuando El vuelva no tenga que reprocharnos una mala administración de los bienes que son de todos, y que el dinero sepamos utilizarlo como una ayuda para una vida más digna para cada hombre/mujer, y para todos los seres humanos.

Mensaje sobre el 36 Congreso de Teología: “Migrantes, Refugiados y Fronteras. De la exclusión a la hospitalidad”

 Por: eclesalia@eclesalia.net

MENSAJE DEL 36 CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “MIGRANTES, REFUGIADOS Y FRONTERAS: DE LA EXCLUSIÓN A LA HOSPITALIDAD”

Celebrado en Madrid del 8 al 11 de septiembre de 2016
.36 Congreso de Teología

ECLESALIA, 12/09/16.- Del 8 al 11 de septiembre de 2016 hemos celebrado el 36 Congreso de Teología, que ha reunido a personas y colectivos procedentes de los diferentes continentes, pueblos, culturas y religiones para reflexionar sobre el tema “Migrantes, refugiados y fronteras: de la exclusión a la hospitalidad”. En él han participado activistas sociales comprometidos en los campos de refugiados y en las zonas fronterizas, que han aportado sus experiencias. Nos han acompañado representantes de pueblos oprimidos y olvidados. Hemos contado con especialistas en relaciones internacionales, procesos migratorios, trata de seres humanos, teoría de género, así como con teólogas y teólogos, que .han hecho análisis críticos de la situación y han ofrecido interpretaciones liberadoras de los textos religiosos.

1.     Existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y 4 millones de víctimas de trata. Las personas más vulnerables son los niños, las niñas, mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, sometidos a todo tipo de vejaciones: acoso sexual, agresiones físicas, trata de personas, tráfico de órganos, trabajos forzados, prostitución, violencia de género. Son personas sin nombre, sin cara, sin identidad reconocida. Viven una soledad social, política, moral y jurídica. Se les niega la dignidad y el derecho a la vida, como demuestran las miles de personas muertas en el legítimo intento de atravesar las fronteras.

2.     En expresión de Francisco, estas personas son consideradas “`población sobrante”, producto de la “cultura del descarte”, que nos vuelve incapaces para compadecernos ante los clamores de los otros. Son víctimas de un sistema basado en el Dios Dinero, del capitalismo perverso y de la acumulación mafiosa del capital. Quien se beneficia de esta situación es una elite político-económica, patriarcal, colonial, racista y antiecológica, que pone en marcha tres grandes negocios: el de la seguridad, el de la economía política de las migraciones y el de la gestión de las personas en movimiento.

3.     A pesar de las discriminaciones que sufren, las mujeres inmigrantes, refugiadas y desplazadas demuestran una gran capacidad de resistencia, resiliencia y empoderamiento.

4.     Los países de acogida son, en su mayoría, países del Sur, mientras que la mayoría de los del Norte cierran sus puertas a cal y canto, protegen sus fronteras con vallas, concertinas, policías y fuerza militar, niegan el derecho de asilo, siguen políticas equivocadas de seguridad, incumplen los protocolos internacionales y sus propios compromisos, y no demuestran voluntad de acogida.

5.     La insolidaridad de los Estados del Norte contrasta con la solidaridad que demuestra una parte importante de la sociedad, que adopta actitudes de hospitalidad, y con el trabajo de los movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y personas cooperantes, que colaboran en los campos de refugiados y en las fronteras.6. El papa Francisco está adoptando actitudes ejemplares de acompañamiento y acogida, al tiempo que denuncia la hipocresía de los gobernantes y de los poderes económicos y financieros europeos. Dirigiéndose a ellos en su visita a Lampedusa pronunció la palabra “vergüenza”. A los parlamentarios europeos les dijo que no es tolerable que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio ni que se niegue acogida a quienes llegan a diario a nuestras costas, muchas veces muriendo en el intento en las barcazas. Actuar de esta forma es negar su dignidad y favorecer el trabajo esclavo.

6.     La actitud hospitalaria del papa contrasta con la insensibilidad de un sector importante de la jerarquía católica española ante el drama de las personas migrantes y refugiadas, cuyos problemas parece serles ajenos o no son prioritarios en su agenda pastoral. Amén de insensibilidad, hay obispos que amparándose en un mal uso de la libertad de expresión, adoptan actitudes racistas, xenófobas, excluyentes e inhospitalarias cuando alertan irresponsablemente sobre la “invasión” de los refugiados, cuestionan que todas las personas que cruzan la frontera sean “trigo limpio” y afirman que a Europa vienen muy pocos porque sean perseguidos. Alguno ha llegado a decir que la llegada de los refugiados es el Caballo de Troya de las sociedades europeas y, en concreto de la española, y que la acogida de los refugiados puede quedar muy bien, pero que “hay que saber lo que hay detrás”.
Estas declaraciones se hacen desde la impunidad jurídica y el disfrute de privilegios de todo tipo de parte del Estado: educativos, sociales, fiscales, económicos, financieros. Privilegios s que los alejan del Evangelio como mensaje liberador de Jesús de Nazaret.

8.     Queremos denunciar enérgicamente tales declaraciones, que demuestran ausencia total de misericordia y falta de sentido de hospitalidad, se alejan del mensaje hospitalario de la Biblia, que pide amar a los emigrantes, no maltratarlos ni oprimirlos “porque emigrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto” (Éx 22,20), y son contrarias a la práctica acogedora de Jesús de Nazaret, él mismo perseguido, emigrante e identificado con los emigrantes (Mt 25,31-45).

9.     En nombre del Dios de la Vida y de la Paz condenamos el terrorismo, en este caso, el terrorismo que dice basarse en motivos religiosos y matar en nombre de Dios y que provoca la salida de poblaciones enteras para huir del terror.

10.   Exigimos a los Estados:

·         cumplir los protocolos internacionales en materia de inmigración, refugio y desplazamiento;

·         abrir rutas seguras que impidan caer en las redes de las mafias;

·         no participar en el negocio de venta de armas que se utilizan para apoyar al terrorismo y a los gobiernos dictatoriales;

·         combatir el racismo institucional; negar legitimidad a gobernantes corruptos y autócratas;

·         apoyar a las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno; –

·         fomentar políticas de desarrollo en los países de origen;

·         cumplir sus compromisos de acogida;

·         fomentar el diálogo intercultural, interreligioso e interétnico.

11.   El Congreso quiere expresar su solidaridad con los pueblos oprimidos y olvidados como el kurdo, el palestino y el saharaui, a quienes se les niega su derecho a la independencia y se los somete a todo tipo de vejaciones. Todos ellos tienen numerosos emigrantes, refugiados y desplazados.

12.   Las personas que hemos participado en este Congreso de Teología nos comprometemos a:

·         luchar contra la ideología y el sistema económico que provoca la exclusión de millones de personas,

·         denunciar la sistemática transgresión de los derechos humanos de las “personas en movimiento” por parte de los Gobiernos,

·         trabajar por otro mundo posible hospitalario,

·         seguir la práctica solidaria de Jesús de Nazaret;

·         hacer una nueva teología de la emigración;

·         pasar de la exclusión a la hospitalidad.

En Madrid, a 11 de septiembre de 2016

 

No nos mezclamos

Domingo XXII del T.O. Ciclo C 

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Hay que reconocer la realidad, no nos tratamos todos por igual, existen las diferencias. Así son nuestras relaciones sociales, relaciones cargadas de tratos desiguales; ajustamos nuestras relaciones desde una jerarquización, desde unas categorías…, porque cada uno debe ocupar su lugar. No nos mezclamos.

Y esta forma de vida, esta filosofía entorpece nuestro vivir como cristianos ¿Cómo nos vamos a querer si nos vivimos como competidores, como corredores de fondo hacia una meta donde solo uno es el ganador?

Sin embargo no funcionan así las relaciones sociales de Jesús, aunque también hay que decir que Jesús sí tiene privilegiados y con ellos comparte su proyecto y su caminar. Pero ¿Quiénes son los privilegiados? Los débiles, los enfermos… y ¿Por qué? Son los que necesitan ser levantados, alzados.

UNA MARAVILLOSA AVENTURA.

Seguir la aventura comenzada por Jesús de poder llegar a ser todos iguales y estamos hablando de esa igualdad que lleva al “trato igual a los desiguales”, la que nos aparta de las leyes y tradiciones rígidas y con ello nos ayuda a valorar por encima de todo la dignidad de cada persona.

Jesús conoce nuestro convivir, ha vivido entre nosotros y sabe “de qué vamos”, observa nuestro deseo de figurar, de perseguir el prestigio… lo difícil que nos resulta, a veces, vivir como “uno más” y nos entiende perfectamente, tanto nos entiende que manda pistas que nos ayude a “ser” y nos dice que la humildad es más importante que la generosidad, porque se puede ser generoso y poco humilde. Es a través de la humildad como se consigue levantar, alzar al otro y con ello conseguir el respeto a la dignidad de todo ser humano.

En el ejercicio de la humildad se esconde la protesta, el desacuerdo, la denuncia de la injusticia, el reproche social, la denuncia por estar fracturando la sociedad, el compromiso que tenemos como bautizados de transformar esta sociedad para conseguir un mundo mejor.

INCONDICIONAL.

Solo Dios. Incondicional solo es Dios, me decía una amiga y me produjo mucho pesar el pensar que no somos capaces de ser incondicionales. Me pregunto si seré incondicional para Dios en todos o algunos (por lo menos) aspectos de mi vida. Él sí lo es con todos. Sí lo es para mí.

Viendo los Juegos de Río me llamó la atención Feyisa Lilesa de nacionalidad etíope, medalla de plata en el maratón y perteneciente a los Oromo, quien cruzando la meta levantó sus brazos y los unió por las muñecas como protesta ante su gobierno por las matanzas y robo de tierras. Visibilizó de manera incondicional las injusticias que sufre su gente y los alzó.

Nosotros también podemos alzar a los empobrecidos y humillados de la tierra, de la misma manera, incondicionalmente.

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