Las veinticuatro horas más extraordinarias de la historia

Jueves y Viernes Santo 2019

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

 Después de habernos preparado en el tiempo cuaresmal para revivir intensamente el MISTERIO PASCUAL, nos encontramos ya en su plena celebración. Dejémonos pues, impregnar de su sentido profundo y acompañemos a Jesús en estas sus últimas veinticuatro horas que físicamente estuvo en este mundo. Intentemos penetrar en su corazón y en sus sentimientos.

Jesús es consciente de que su camino hacia el Padre está tocando a su fin porque sabe, como verdadero profeta que es, que se ha comprometido al máximo denunciando hipocresías, anunciando el Reino y mostrando el rostro misericordioso de su Padre.  Desde esta conciencia, siente tensión interior reflejada en la expresión del evangelista Juan: “sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. El amor de Jesús por los suyos, por los que formaron la primera comunidad, fue patente desde el primer momento en que los eligió y a lo largo de su proceso de formación en el que los fue educando con el mayor cariño. Pero llegado este momento brilla de una manera especial.

Según las palabras introductorias, parece que va a pasar algo grande, provocan expectación,

Y SÍ pasa algo importante pero humilde y sencillo: se pone a lavarles los pies. Impresionante,

Jesús con este gesto da la última lección: el amor debe expresarse en servicio continuo, de hecho, se ciñe la toalla y no se la quita  después del lavatorio. Es simbólico, sus seguidores, sus amigos, las futuras comunidades cristianas, la iglesia que nacerá de su entrega total, deben  tener incrustada esta actitud: estar humildemente al servicio. “¿Comprendéis lo que acabo de hacer?”  dirá luego, “pues así ha de ser entre vosotros”. Jesús es totalmente consecuente, por activa y por pasiva ha inculcado que quien quiera estar arriba sea el servidor de todos. Reflexión seria para esta noche.

Seguidamente viene la cena pascual con todos sus salmos y sus  ritos. Pero en ella encuentra Jesús el modo de que la alianza sea actual para siempre y en ella asegura su presencia continua entre los suyos. Al comer el pan y tomar la copa se estremece, intuye la muerte que se le avecina y hace del pan su carne y del vino su sangre. Había llegado la hora de llevar a cumplimiento lo que había anunciado al multiplicar los panes y peces. Nadie podía comprender entonces cómo podría ser posible semejante afirmación. Él encontró la manera pero para que fuera real tenía que ser envuelta de terribles sufrimientos y desemboca en la crucifixión. Sus sentimientos en esta noche debieron ser encontrados y mezclados. Por un lado, sentiría el gozo de haber llevado a cabo la misión que el Padre le había confiado, casi obsesivamente quería insistir en el amor y señalar el punto ideal del mismo: “como el Padre me ama, así os he amado YO”. Así os estoy amando, así debéis amaros los unos a los otros.  Por otro lado, sentiría el dolor inmenso de la traición, del abandono, de la negación  y no solo de las pocas horas siguientes sino de todas las traiciones, negaciones, abandonos que a lo largo de la historia sufriría su transparente mensaje.  Muy duro sentir  todo eso, por eso no es extraño que, puesto en oración, llegara a sudar  sangre.                           

Y la noche iba transcurriendo. Llegó el prendimiento, las falsas acusaciones, los falsos testimonios, el ir y venir de “Herodes a Pilato”; nadie encontraba motivos suficientes que justificaran la condena. Burlas, azotes, coronación de espinas y finalmente el más injusto juicio de la historia seguida también de una injusta sentencia. Y en medio de todo ello, el admirable silencio de Jesús, roto únicamente ante las preguntas del sumo sacerdote y el interrogatorio de Pilato. Sus respuestas son serenas, claras, provocan indignación o bien hacen reflexionar. Ante ellos, y según el relato de Juan, Jesús controla los acontecimientos y se revela dueño de sí y testigo de la VERDAD. Imposible entenderse, transmiten en distintas “ondas”. Por eso, sin entender y presionado por las autoridades judías, el procurador romano lo envía a la crucifixión.

Jesús ya en la cruz, después de tanto tormento y seguramente con fiebre alta, siente dentro de sí la pasión por el Reino y quiere dejar concluida su misión: perdona y excusa a los que lo han crucificado: efectivamente no saben lo que han hecho. Se llevará consigo al paraíso el ladrón que reconoce su culpa. Tendrá sed, quizá aún le parezca poco lo que ha pasado para conseguir que la humanidad se rinda a los planes del Padre. Mira a los que tiene al pie de la cruz y con toda ternura nos deja la Madre y la confía al discípulo amado. Ahora sí: TODO ESTÁ CONSUMADO.  Le falta solo derramar la última gota de sangre y agua. Entrega el Espíritu. Es el gran PENTECOSTÉS, el NACIMIENTO DE LA IGLESIA y de la NUEVA VIDA SACRAMENTAL.

GRACIAS INFINITAS JESÚS, POR TU VIDA, TU PASIÓN, TU MUERTE. CON  ESPERANZA ANHELAMOS TU GRAN TRIUNFO: ¡TU  VIDA RESUCITADA!.

Desde Guatemala, con su particular vivencia de esta semana, alfombradas sus calles al paso de  nazarenos y sepultados, con fervor popular al más alto nivel,

¡¡¡GOZOSA PASCUA PARA TODOS Y TODAS!!!

Gustad y ved qué bueno es el Señor

Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo C

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia

Lo definiría, en este momento ya avanzado de la Cuaresma, aunque ésta todavía con muchas cosas por decir, como el domingo de la reconciliación por la misericordia.

Las lecturas con tema recurrente, pero página sublime en el relato de Lucas y un precioso texto de Pablo instruyendo y asegurando una reconciliación total; un salmo de alegría y confianza y una primera lectura que introduce en este cuadro y ambiente de fidelidad, de amor, de ternura de Dios en la historia de antes y de ahora. Todo rubricado por la experiencia siempre, no teórica sino práctica, que de estos atributos de Dios tuvieron y tenemos los creyentes de entonces y nosotros, los cristianos del siglo XXI, los que creemos y confiamos en Jesucristo, portavoz, salvador y mediador del Padre en el mundo.

El Dios liberador se dirige a Josué para decirle: Hoy os he despojado del oprobio de Egipto y la vida del Pueblo, que ha debido ir purificándose en la travesía por el desierto de sus desatinos e infidelidades, pasa a reconocer el valor de la libertad obtenida y a celebrar ese Paso del Señor que llega a convertirse en la razón fundamental de su fe.

El salmo 33 es el reconocimiento de tanto don e impulsa e invita a la alabanza, a la alegría, a bendecir al Señor que es bueno, escucha y responde librando de angustias y ansias.

El segundo texto de Corintios nos habla de criatura nueva y anticipa el mensaje pascual, la celebración de la Pascua a la cual nos preparamos, esperanzados e ilusionados, con todos los medios a nuestro alcance.

Cristo reconciliador, Cristo que nos quiere reconciliados con Dios, con el mundo, entre nosotros. Cristo que nos hace continuadores de esa misión suya ofreciéndonos el ser privilegiados con su amor y nos pide actuar como enviados suyos. El mundo, nuestra sociedad, necesitan la bondad de la reconciliación. ¡Qué pobres y qué necesitados de ella!

El mensaje es tan hermoso que caemos de nuestros miedos y temores, de nuestras reticencias e idolatrías, incoherencias y desamores, y nos dejamos abrazar por la mirada y los brazos amorosos de este Dios nuestro, el Dios de Jesús y de Israel.

Rememorando el Evangelio con el texto maravilloso de Lucas, texto resumen de la esencia de nuestra fe en el Padre Misericordioso y de la necesidad de cumplir el mandato doble del Amor, me encanta mirar el cuadro de Rembrandt; invito a ello y a meditar la escena ambientada con ropajes y escenografía del siglo XVII y tan actual como el propio relato de Jesús del siglo primero. Todo ello es impresionante y atemporal porque así es el corazón de ese Padre-Madre como también lo son las actitudes de los dos hermanos: un “balaperdida” y un “cumplidor” de mirada torva y corazón envidioso. A veces, a caballo entre los dos, andamos o mejor dicho, cabalgamos. Se nos pide mirar, amar y abrazar, como lo hace ese padre. Nada más y nada menos; la historia e interpretación es demasiado conocida, la intención de Jesús al relatárnosla es pedagogía pura e invitación amorosa.

Domingo de la reconciliación, del amor generoso y de la calidez de la mirada y el abrazo del Padre que nos quiere, sobre todo, hermanos.

El Espíritu Santo en Vita et Pax

Grupo Vida y Paz de Alicante

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

El jueves nos reunimos de nuevo como todos los meses y esta vez no sólo con una invocación al Espíritu sino que íbamos a pasar todo nuestro encuentro con Él, el tema que traíamos era “el Espíritu Santo en Vita et Pax”.

Como siempre comenzamos por la invocación al Espíritu para que sea Él el que nos acompañe y nos inspire, esta vez la oración nos trajo muchos ecos de nuestra vida y fue una oración compartida y extensa. Luego pasamos al tema del Espíritu que llena nuestra tierra, la tierra de nuestro camino, a través de la lectura pudimos ver la trayectoria de D. Cornelio, y no solo leerla si no vivirla en parte, nos imaginábamos su camino y surgía muchas preguntas a las que con gusto y cariño intentábamos contestar ampliamente.

Ha sido una reunión muy compartida y muy interesante. El cómo D. Cornelio había seguido un camino marcado por ese Espíritu, el seguir “un poco” paso a paso sus dudas, su discernimiento, sus preocupaciones,… fue cómo encontrarse con la interioridad de la persona.

Al mismo tiempo nos preguntábamos cómo hacerlo en nuestra vida, cómo discernir qué es lo más importante de lo importante.

Terminamos la reunión exponiendo cada una un don del Espíritu e intentando comprender el significado de ello en la vida diaria.

Fue una reunión rica, porque el compartir es una riqueza.

Hay gente buena en la vida

8º Domingo T.O. Ciclo C

Por: M. Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax. Madrid

“La persona que es buena, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien…”. Sí, hay personas así. A menudo, las noticias, con su énfasis en las tragedias y los dramas, no lo recogen. Pasan desapercibidas, procuran no hacerse notar. Pero lo que tocan lo transforman. Sin grandes aspavientos. Sin buscar reconocimiento ni aplauso. Por el gusto de hacer las cosas, o por la satisfacción de dar alegría al prójimo.

Seguro que todas y todos conocemos personas así. Ahí están. Sin teorías, sin demasiado bombo. No se dan importancia ni se colocan medallas. Hay gente buena en la vida. Personas sencillas que se han acostumbrado a pensar en la otra, en las otras, y han optado por dedicar su tiempo, sus energías, su corazón, a sembrar bienestar, a compartir alegría, a desvivirse un poco por los demás.

Quizá esta forma de ser ni siquiera la vivan de manera consciente. Sencillamente, han aprendido a mirar el mundo de otra manera, con otra perspectiva. Si nos paramos a pensarlo, en tu vida y en la mía, también nos hemos encontrado con gente así.

No piden recompensa, ni aplauso, ni elogio, aunque todo ello lo merecen. No se dan importancia, no hacen un drama enorme de lo que no funciona, ni están constantemente diciendo a los demás cuanto hacen. Se ríen, seguramente, un poco de sí mismas y otro poco de las tonterías de este mundo. No juzgan ni comparan. Son admirablemente capaces de ponerse en el lugar de otras. Y, por eso, cuando estás con ellas, te hacen sentir que tu vida puede ser mejor y que tu vida importa.

Claro está, tienen también sus flaquezas, sus límites y sus debilidades. Aman con diferentes intensidades, como hacemos todas. Las hay alegres y las hay refunfuñonas. Las hay viejas y jóvenes, hombres y, sobre todo, mujeres. Todas ellas son reales como la vida misma. No tienen nada en común ni con los viejos mitos ni con los nuevos relatos virtuales. No son héroes ni poseen poderes fantásticos. Son mujeres y hombres de carne y hueso, vulnerables, como todo lo humano. Son las personas a las que no dudamos en acudir porque siempre tienen un “sí” en los labios.

Esa gente es bendición y tesoro de este mundo nuestro. Posiblemente no subirán a los altares, pero desde la fe, son santas. Las santas cotidianas. Las santas de todos los días. Son vidas que reflejan esa Vida de Dios que ama sin artificio ni publicidad. Gente anónima de historias admirables. Con su bondad nos enseñan la auténtica espiritualidad: vivir en la vida cotidiana, seducidas, movidas y consoladas por el Espíritu de Jesús.

La luz de estas personas desvela algo latente en todos los corazones humanos, a saber, el deseo profundo de bondad, el anhelo de ser buenas como Dios es bueno, aunque no lo consigamos plenamente. Estas historias contemporáneas de sabor evangélico son memoria viva y actual de Jesús. Con sus vidas sencillas, hacen correr rumores o noticias del Dios de la Vida por nuestro mundo, nos evocan la voz de Dios que habla y canta en el barullo de la noche, desprenden el seductor perfume del Evangelio y contagian el talante humano de Jesús. Por eso, nos permiten recuperar la esperanza en los seres humanos.  

Estas gentes buenas indefensas son –como suele repetir Jon Sobrino- una convocatoria pública a hacer el bien, practicar la justicia y caminar humildemente con Dios (cf. Miq 6,8), abriendo espacios reales a la fraternidad de la familia humana en nuestro mundo. Y ante ellas y por ellas, solo podemos dar gracias e inclinar la cabeza con respeto y reverencia porque en sus rostros asoma Dios.

Dios nos quiere a todos con Él

7º Domingo TO. Ciclo C

Dionilo Sánchez Lucas. Laico de Ciudad Real.

Cada  mañana cuando me levanto debo bendecir al Señor, cada día que sale el sol debo dar gracias a  Dios, por esas cosas cotidianas que acontecen, que pasan desapercibidas, que parecen no tener importancia, pero que nos dan la vida; por esa persona que está a nuestro lado y nos pregunta: ¿qué tal has dormido?, por el agua caliente que nos limpia y nos refresca; por el desayuno que nos alimenta y da energía para luego afrontar nuestro trabajo; por poder sentir la brisa de la mañana, desplazarnos a pie o en transporte; saludar a las personas que vamos encontrando y sobre todo a las que estaremos juntos gran parte del día.

Reconozcamos cuánto me ha dado Dios a mí en tan poco tiempo, para también nosotros hacer el bien, nos pongamos a disposición de los demás. Seamos el profesor o maestro que procura que sus alumnos aprendan conocimientos, respeten a sus compañeros, cuiden su entorno, despierten su fraternidad. Seamos el médico, el enfermero, el cuidador que escucha, observa y anima al enfermo, acompaña a la persona en su dificultad. Seamos la persona que está en la oficina que atiende al que llega, que resuelve sus problemas. Seamos la persona que está en la fábrica o el taller para hacer un buen producto que sirva a quien lo vaya a utilizar. Seamos quien está en la tienda o en el restaurante procurando agradar a los demás. Seamos el agricultor, pescador o minero, que ofrezca su sudor para obtener alimentos y bienes básicos, cuidando la naturaleza.

Llegarán otros momentos del día por los que ser agradecidos, en los que seguimos recibiendo el bien por el espíritu de amor del Señor. El encuentro y el compartir con nuestros padres, con nuestros hijos; el disfrutar un tiempo de lectura o escuchar música; el practicar algún deporte, pasear; asistir a reuniones, conferencias, encuentros en asociaciones; el poder tener tiempo para la oración o reflexión, dedicar tiempo a un voluntariado o entrega a otras personas.

Por todo lo que nos ofrece la vida debemos de reconocer a Dios tanto que hace por nosotros, en lo cotidiano de la vida y también por lo extraordinario: la enfermedad que se cura, la adicción superada, el trabajo deseado y encontrado, la amistad y el amor reencontrado, el hijo que nace.

Pero esa relación con las personas y con el mundo no siempre la vivimos bien: La falta de amor, respeto y comprensión en la familia; los desprecios, rencores y envidias en el entorno social; la falta de honradez y responsabilidad en el trabajo y otros ámbitos de la vida; la falta de solidaridad y cuidado con el pobre y el débil; la no acogida al inmigrante. Pero ahí está el Padre que nos trata siempre mejor de lo que merecemos, que es paciente y nos espera, que es compasivo y misericordioso.

En la Palabra de este domingo Jesús nos enseña el centro de su Evangelio, el amor por encima de todo. “Amad a vuestros enemigos, orad por los que os injurian; al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también el manto. Al que se lleve lo tuyo no se lo reclames”. Así escuchadas o leídas podemos pensar que es una llamada a la necedad, que es darle la razón al mal, aceptar y hasta arrodillarnos ante la injusticia. Pero todo lo contrario, es interiorizar que el odio no se combate con rencor, que la injuria se cambia con la verdad, que la guerra termina cuando surge la paz, que nuestros bienes son para compartirlos con los demás. Estas actitudes positivas más allá de pretender hacer méritos para que nos sean reconocidos, han de servir para cuestionar a aquellos que viven con el odio, la mentira, la injusticia, la violencia, la lujuria, atesorando riquezas. El juicio y la condena castigan a la persona, la ternura y el perdón son su libertad.

Que nuestra vida sirva para cambiar el corazón de las personas que no han conocido a Jesucristo, que el amor sea el principio y el fin de la humanidad, que el Reino de Dios esté presente en el universo, porque Dios nos quiere a todos con Él. 

No temas mujer

5º Domingo TO. Ciclo C

Por: Rosa María Belda Moreno. Mujeres y Teología de Ciudad Real

1ª lectura: Isaías 6, 1-2a.3-8

En este relato, que produce un cierto vértigo, resuenan en mí dos frases puestas en boca del profeta. La primera es “Ay de mí, estoy perdido”. Es la expresión de un sentimiento de derrota que aparece en tantos momentos de la vida que se ponen cuesta arriba, y que nos sitúan al límite de nuestras fuerzas físicas y mentales.

La segunda frase es la que dice: “Aquí estoy, mándame”. Pareciera que el profeta pasa de tocar fondo a experimentar que toca ponerse en marcha en favor de los demás, al servicio de Dios. A veces será de maneras muy sencillas. En cualquier caso, es pasar de estar mirando hacia nuestras penurias a responder, con las fuerza que tengamos, a la llamada de Dios.

2ª lectura: 1 Corintios 15, 1-11

Pablo nos sitúa frente al humilde reconocimiento de saberse el último, el pecador, el menos importante, pero al mismo tiempo el digno de ser mirado por Dios, de ser acompañado por su Gracia. Y añade: “su gracia no se ha frustrado en mí”. Ante esta expresión, me pregunto si su gracia se ha frustrado o no en mí. ¿Qué haré para que se plenifique Dios en mí? ¿Cómo iré dejando hueco en mí, despojada de lo que no es de Él, propiciando que se haga su obra, su voluntad en mí, en el mundo? La expresión en la que me detengo es un reto para el seguimiento.

Evangelio: San Lucas 5, 1-11

Lucas relata un signo de Jesús en el que Pedro deja, tal vez como Pablo,  que la gracia de Dios no se frustre en Él. Y es que sus palabras: “por tu palabra, echaré las redes”, son una metáfora de la superación de las dudas para dar un paso adelante. Nos metemos en la faena de la vida, de los quehaceres a favor de los demás, de la responsabilidad, del seguimiento de los valores del Evangelio, dejando a parte las inercias, las dudas, los miedos, y hasta las evidencias de que “esto no funciona”. Nos rodean las voces que nos tientan: trabajar lo mínimo para cumplir, esperar a ver si otra toma la iniciativa, hacer solo aquello que me da placer, recompensarme en exceso, consumir sin tregua, quejarme o hacerme la víctima… En definitiva todo lo que me centra más en mí y menos en Él, que es lo mismo que decir, lo que no me hace mirar por el bien ajeno, al menos tanto como por el mío.

Las dudas, las inquietudes, los interrogantes, incluso la propia vulnerabilidad, no son el problema. Bien claro dice Jesús: “No temas”. Por eso, basta ya de los “no puedo”, de las zozobras, que nadie nos quiere perfectas, ni el mismo Jesús, que como amante Dios nos mira con afecto entrañable, le gustamos así, como somos, con tantas virtudes como defectos, con tanta luz como sombra.

Hoy, desde el corazón, dejamos que Jesús suba a la barca de nuestra historia, le decimos, “aquí estoy, mándame”, y dispuestas a escuchar su palabra y despejar los obstáculos sobre todo internos (nuestras defensas psicológicas, los automensajes paralizantes), nos abrimos a su confianza. Él nos da la mano y nos repite: “No temas, mujer”.

Jesús no se arrugó

4º Domingo TO. Ciclo C

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Jesús no se arrugó cuando nos dijo que traía un programa diseñado por su Padre: comenzar una nueva humanidad. Venía a iniciar un proyecto, el proyecto del Reino de Dios: un reinado donde los hombres pudieran encontrarse, como nos decía Pablo, en un único camino; en el sendero que traza la andadura en el AMOR: su práctica.

Qué diferentes son las llamadas de este Amigo que siempre nos sorprende y nos intuye. Todos coincidimos en algo: es Él el que nos llama. Es el “Rey de la Iniciativa, del Riesgo”. Jeremías debía de ser un hombre sosegado y así le entra Dios, desde la serenidad de su Palabra “Recibí esta palabra del Señor”. No es lo mismo en Pablo, donde Jesús se vio obligado a “parar su caballo, tirarlo a tierra y dejarlo ciego”. Establece con Jeremías una relación estrecha“yo te escogí, te consagré y te nombré profeta”, pero ABIERTA, es una relación encaminada a salir de nosotros mismos e ir hacia “los otros” y no a cualquier otro, se enfrentará a los poderosos.

¡¡Su llamada!! Cuantas veces, en mi vida cotidiana, echo mano de esos momentos para mirar desde lejos ese camino comenzado y comprobar que sigo sus huellas, que no me dejo llevar por la permisividad hacia mí misma, por el temor,…y que el amor sigue siendo mi premisa primera, cuántas veces concluyo pidiendo perdón por permitir que mis decisiones pasen por delante de las suyas… entre otras cosillas.

Y me consuela el saber que Dios me sostiene y que tras un reconocimiento, sabe que voy a volver a comenzar, ¡claro! a comenzar con todo. Pero su Espíritu estará en los próximos momentos con la misma calidez que estaba desde el principio. Y le digo: Jesús, que te siga siempre.

Nos habla Pablo en la carta a los corintios de campana ruidosa y platillos estridentes: “… si no tengo amor, no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes”; estos días también podemos escucharlo en boca de nuestros políticos. Nosotros vivimos en ese camino hacia el amor fraterno, es el momento de acallar nuestros ruidos y hablar de JESÚS, de su camino, de nuestro camino. Momento de que nos conozcan por el interés sincero, efectivo y eficaz por el bien de los demás y ello arropado por el Amor, sin el Amor todo quehacer carece de valor. Con el Amor como motivación para “ser y estar” se llega a vivir la salvación, en muchas ocasiones lo hemos vivido, lo hemos palpado. En el Amor encuentras a todos los amigos, encuentras a nuestro Amigo.

Y llega Jesús a proclamar la Palabra en Isaías y se come el final “el día de la venganza de nuestro Dios”, en ocasiones nos quedamos con lo que nos interesa para nosotros mismo, para esos momentos que vivimos y nos vienen bien; pero Jesús no quería que ocurriera eso, los conocía y sabía que ese punto era el que más fuerza tenía para ellos. Jesús se queda con el año de gracia del Señor, PARA TODOS, porque somos TODOS DEL SEÑOR. Así lo recuerda Jesús cuando habla de la viuda de Sarepta, de Naamàn el Sirio.

Jesús quiere que dejemos de pensar en que Dios es Señor de un solo pueblo para que pasemos a pensar que es PADRE de TODOS. Y el pueblo se enfada con él, al igual que nosotros que a veces nos enfadamos con Dios, no por lo que creemos entender si no por lo que sentimos que no nos dice.

Lo estamos viendo en nuestra sociedad. No se confía en la actitud de diálogo, la actitud de conciliación, la escucha del otro, el silencio de tu palabra, la actitud de saber ceder…, ante esas actitudes surge en muchas ocasiones la decepción “así no vamos a conseguir nada…”. Pues Dios actúa bajo esas premisas de propuesta, oferta, conciliación y si fuera necesaria, la reconciliación, el acercamiento al otro, aunque se pierdan momentos y peldaños, y hacerlo como Jesús, SIN ARRUGARNOS.

Un viaje de fe

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid   

“El nombre de la doncella era María”, así la presenta el Evangelio de Lucas (Lc 1,27). No cabe mayor sencillez. Los textos evangélicos nada nos dicen sobre su lugar de origen. Ni sobre sus padres. De pronto aparece en Nazaret, un pueblo del que se dudaba si podría salir algo bueno (Jn 1,46).

Miriam de Nazaret es una joven judía del siglo I d.C. que vive en una aldea campesina de Galilea, ocupada por los romanos. Económicamente es pobre, los impuestos romanos explotan a la gente del pueblo condenando a muchos a la indigencia. Políticamente, la sociedad es violenta y está arruinada, porque el ejército invasor se desentiende de ciertos tipos de violencia y provoca otras. Socialmente, ocupa un puesto bajo en la escala cultural, probablemente era analfabeta.

Vista desde fuera, la suya fue una vida trivial y sin brillo, la de cualquier mujer media en un perdido rincón de un pequeño país, lejos de los grandes acontecimientos de la historia. La vida no la trató con delicadeza. Cuando se entera de que está embarazada se pone en camino a visitar a su prima Isabel y cuando ésta la saluda, entona un canto profético de alabanza a Dios. María se mueve dentro de la larga tradición judía de mujeres que cantan subversivos cánticos de salvación como Miriam (Ex 15,20-21), Débora (Jue 5,1-31), Ana (1Sam 2,1-10), Judit (Jdt 16,1-17)…

María, al igual que cualquier ser humano, vivió un proceso personal de fe, etapas que la fueron madurando para ser la primera discípula de Jesús y la madre del Salvador. Ella da el primer paso cuando, al entrar el ángel y hablarle “se conturbó por estas palabras” (Lc 1,29). La turbación, la sorpresa… suele ser la primera reacción espontánea ante la llamada de Dios.

A partir de aquí María inicia todo un proceso con altos y bajos.  En la visita a su prima se subraya la perfecta armonía entre ella y el plan de Dios, pero el Evangelio hace notar que pronto comienzan para María los que se pueden llamar “tiempos oscuros” y no comprenderá lo que está sucediendo (Lc 2,48); su propio hijo la invitará a descubrir la verdadera maternidad en la escucha de la Palabra (Lc 11,27-28)…; al final del Evangelio la encontramos al pie de la Cruz y, a la vez, ella será, también testigo de la Resurrección y del nacimiento de la Iglesia.

Según Lucas, María es una mujer que guarda en su corazón todo cuanto le ocurre. En la escena de hoy lo apunta cuando los pastores se marcharon; doce años más tarde se la describe de nuevo pensando, después de haber perdido a Jesús y haber sido hallado en el templo (Lc 2,51). Ambas escenas tienen que ver con la revelación de la identidad de este niño. Todo lo que él significa no se ve de forma inmediata y por eso María guarda estas cosas dándole vueltas.

Ella no entiende del todo lo que está viviendo y entonces lo repiensa en su mente,  sopesa. No es ninguna tonta, intenta interpretar su vida; procura entender las cosas difíciles que tienen que ver con las vidas de los que ama. Espera distinguir cómo se manifiesta Dios en todo esto. Reflexiona con el fin de penetrar en su significado y seguir el camino acertado. En medio de todo lo que le acontece María conserva, recuerda, atesora los hechos en su corazón, cavila sobre el significado de su vida y de las vidas de sus seres amados y avanza en su camino de fe con Dios.

En verdad, la vida de María fue un viaje de fe, desde su domicilio aldeano en Nazaret hasta la Iglesia doméstica en Jerusalén; desde el pesebre hasta la cruz; desde la juventud hasta el matrimonio y, tal vez, la viudedad; desde el nacimiento de su primogénito hasta la horrorosa muerte del mismo y… hasta oír que se le proclamaba Señor, Mesías y Salvador.

Familia planetaria

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Por: Teodoro Nieto. Burgos.

En el marco del ciclo navideño celebramos la fiesta de la familia de Nazaret, cuyo centro es Jesús. El evangelista Lucas nos presenta un texto parecido al de otros relatos legendarios extrabíblicos sobre personajes famosos de la antigüedad, a los que ya desde niños se les atribuía unas dotes intelectuales especiales. Y Lucas construye un relato en el que quiere poner de relieve la sabiduría de Jesús. No deja de resultar curioso que en algunos evangelios apócrifos aparezca discutiendo sobre astronomía o medicina.
Si bien es cierto que a lo largo de la tradición cristiana, la Sagrada Familia ha inspirado durante siglos el comportamiento de padres e hijos, esta fiesta se ha idealizado a fin de mantener un modelo tradicional de familia en la que estaban clara e indiscutiblemente definidas las funciones de sus integrantes: el esposo dedicado al trabajo; la esposa, a la crianza y cuidado de los hijos; y estos sumisos y obedientes a sus progenitores, como atestigua el libro del Eclesiástico, escrito en las primeras décadas del siglo II antes de Cristo, con una mentalidad mítico-tribal.
En la fase tribal de la humanidad, las comunidades humanas vivieron centradas en sus propios territorios, muy celosas de su propia identidad. La familia, tribu o nación lo eran todo. Eran extremadamente rígidas las fronteras entre “los nuestros” y “los de fuera”. Y esto hace comprensible que la familia estuviera volcada y centrada en si misma. Este es el contexto vital del libro del Eclesiástico, que nos ofrece un manual de reglas y comportamientos para judías y judíos piadosos. Por eso, no es de extrañar que defienda posiciones conservadoras que hoy nos chocan bastante, como las que se refieren al rol de la mujer en la sociedad (Eclo 25, 12 y siguientes).
Ahora bien, Jesús, como fiel seguidor de los antiguos profetas, ensancha los horizontes de la familia. Ya el segundo Isaías se dirigía con palabras como éstas a su pueblo:
“Ensancha el espacio de tu tienda
y de tus lonas,
extiende tus moradas con libertad,
clava tus estacas y alarga tus cuerdas..” (Is 54, 2).
La familia doméstica no está llamada a replegarse sobre sí mima. Por eso, con desconcertante novedad, Jesús propone un nuevo estilo de familia al lanzar a sus oyentes este desafiante cuestionamiento: “Quiénes son mi madre y mis hermanos”. Y recurre a un criterio de pertenencia a esa familia: “el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mc 3, 35). “Son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 8, 21). Jesús trasciende los lazos de la sangre. Rebasa el nivel tribal de consciencia. Jesús no sabe de fronteras ni muros. “ “Todos vosotros”, nos dice, “sois hermanos” (Mt 23, 8).
Para Jesús, la voluntad de Dios no tiene tanto en cuenta el cumplimiento de unos preceptos o normas para poder hacer “méritos” quienes los cumplen. Dios es también “bueno con los ingratos y malos” (Lc 6, 35). “Hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). En una palabra, Dios es gratuito. Cuando Jesús habla del cumplimiento de la voluntad del Padre, no parece referirse al seguimiento de normas establecidas por un “superior” o “superiora”. Va mucho más allá. Toda su vida fue un decir Sí a la voluntad del Padre, en las duras y en las maduras. “En Él todo ha sido sí” (2ª Cor 1, 19). Cumplir la voluntad de Dios es alinearnos con la realidad, tal como se nos presente en cada momento de nuestro diario vivir. Significa hacer nuestras las palabras de Jesús: “Padre, que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú” (Mc 14, 36). O aquellas de María, la pobre de Nazaret: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).
Hoy en día, nos encontramos en nuestra sociedad con nuevos perfiles de familia que se salen del patrón tradicional familiar. Y son notorios los juicios, las descalificaciones, los chistes, los acosos y hasta el mal trato contra personas que optan por ese estilo de convivencia. Etiquetamos con ligereza a esas personas, violando incluso la dignidad de su ser más profundo. Llegamos incluso a escandalizarnos cuando surgen voces de comprensión y de misericordia hacia ellas, porque en el fondo estamos contagiados de legalismo. Pensamos que la ley está por encima del respeto al ser humano. Y nos preguntamos: Qué misericordia cabe hacia matrimonios que han vuelto a casarse. Esta forma de expresarnos solo son propias de aquellos fariseos y letrados que colocaban la “ley de Dios” por encima de la vida de las personas. Reconozcamos, al menos que no pocas veces son improvisados y ligeros nuestros juicios, burlando así el criterio de Jesús: “No juzguéis, para que Dios no los juzgue; porque Dios los juzgará del mismo modo que vosotros hayáis juzgado, y los medirá con la medida con que hayan medido a los demás” (Mt 7. 1-2).
Como familia planetaria que somos, la festividad de la Sagrada familia nos apremia a ejercitarnos cada día en la práctica de una convivencia respetuosa. Y en esta familia, como nos recuerda el teólogo y antropólogo jesuita, Javier Melloni, “debemos aprender a escucharnos, a no cegarnos mutuamente ni luchar por apagar la luz que nos rodea o contradice, sino que es urgente que aprendamos a iluminarnos conjuntamente. Tenemos que aprender a encender juntos el fuego que calienta la tierra, que arda sin destruirla. No se trata de discutir por la verdad, sino de conspirar juntos por ella: no se trata de competir por nuevos territorios, sino que es tiempo de construir juntos espacios verdaderamente humanos, de labrar juntos terrenos sagrados que hagan habitable el planeta” (“Hacia un Tiempo de Síntesis”, Fragmenta Editorial. Primera edición, mayo del 2011; p. 53).

Os traigo una gran NOTICIA

Natividad del Señor

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

Os  traigo una gran NOTICIA: HOY EN BELÉN DE JUDÁ os ha nacido un Salvador

Sí, hoy nos ha nacido un Salvador, es la gran Noticia que debemos proclamar a todo el mundo, es Navidad, palabra que suena a fiesta, a villancicos, a regalos que la sociedad del consumo se atreve  a presentarla como el centro de la vida, pero para nosotros los cristianos es la gran fiesta, fiesta que se celebra de manera global, es decir por todo el mundo.

Reconoce oh cristiano tu dignidad” dice San León Magno. Los cristianos tenemos motivos suficientes para el gozo y la alegría “pues un niño  nos ha nacido, un hijo se nos dado y se llama Emmanuel, Dios con nosotros” (Isaías 9, 6). Celebramos que Dios se hace presente entre nosotros, se hace uno de nosotros, toma nuestra humanidad, se encarna, con todas sus consecuencias, nace pobre, en un portal, “pues no había sitio para ellos en el mesón”, por lo que con el evangelista Juan podemos decir: “Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS”.

Las lecturas de este día, que tiene el privilegio de tres celebraciones Eucarísticas, nos presentan,  sobre todo los evangelios, la realidad del misterio en toda su amplitud. Lucas nos relata el nacimiento en Belén, pobre y humilde; la Adoración de los pastores que fueron los primeros, los privilegiados en recibir la Buena Noticia y Juan en su prólogo nos dice que el acontecimiento de Jesús de Nazaret es la PALABRA ENCARNADA.

Las  lecturas de los tres esquemas de las  Eucaristías  nos invitan a vivir en profundidad el misterio,  a no dejarnos captar por las llamadas que la publicidad y los medios de comunicación nos presentan,  una Navidad de cenas y comilonas, de fiestas mundanas y de encuentros familiares, pero también a sentir la cercanía de los pobres y marginados, de los que se sienten solos, de los emigrantes  y de todos los excluidos de la sociedad, y con hechos decirles que Jesús, el Hijo de Dios se ha encarnado y tratar de vivir como El vivió.

No es fácil ir a contracorriente, pero es la llamada que la Iglesia nos hace. El Papa Francisco en su discurso programático dice  “Sueño con una Iglesia pobre para los pobres”, discurso que sigue ofreciendo, no solo a los creyentes sino también a todos los hombres de buena voluntad con palabras, pero sobre todo con su vida, y en otros momentos de su magisterio nos lo va repitiendo.

En la Oración colecta de la Misa del día, le pedimos al Señor “compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre la condición humana”. Es una oración literariamente perfecta y teológicamente sublime. Viene a ser una síntesis del Misterio de Navidad que estamos celebrando (D. Cornelio Urtasun, Oraciones del Misal.)

Qué puedo hacer yo hoy. Cómo podemos vivir las comunidades eclesiales esta Navidad. Qué respuesta podemos dar en este mundo conflictivo donde los hombres y las mujeres vivimos enfrentados, donde las desigualdades, las violencias, las guerras están a la orden del día. Desde nuestras realidades, por pequeñas que nos parezcan podemos colaborar y hacer posible un mundo más humano y fraterno, participando en acciones que pacifiquen las relaciones humanas, que luchen por la justicia,  desde la solidaridad  y el compromiso.

También podemos reconocer y agradecer a tantos hombres y mujeres que en el mundo trabajan por mejorar la vida de los excluidos. Gentes creyentes y no creyentes, gentes de Iglesia, consagradas/os que trabajan en los países en vías de desarrollo, con problemas graves de convivencia, en los barcos que tratan de recuperar a los emigrantes que viven a la deriva en el mar que vienen en pateras, cerca siempre de los que sufren y viven en condiciones infrahumanas, ellos hacen posible la Navidad, la presencia del Dios con nosotros

GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA  PAZ

Acércate a esos lugares del mundo
donde hoy acampa silenciosamente
el Verbo, sin derechos y sin palabra,
donde se refugia su humanidad
desnuda, doliente, maltratada.

Acércate y ofrécele acogida,
casa donde pueda morar y descansar,
porque ha venido y está en lo suyo,
aunque no tenga credenciales.
ni permiso legal de residencia.

Acércate y escucha, en silencio, el clamor
de sus gritos, gemidos y palabras,
reivindicando sus derechos
y los nuestros que están pisoteados;
acércate sin miedo, quiere ser nuestro amigo.

Acércate y déjate querer
por quien ha plantado su tienda entre nosotros,
y en medio de este mundo tenso,
hostil, cerrado y acotado,
pone la ternura de Dios en nuestras manos.

Acércate a Belén como los pastores
y contempla a Dios encarnado;
acércate alegre y raudo
aunque ya no haya estrellas
ni rumor de ángeles ni cantos.

Acércate ahora que puedes
comenzar un año nuevo
lleno de vida y presentes
y se te abre el horizonte
porque hay alguien que te quiere.

Florentino Ulibarri

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies