Una búsqueda continua

Por: M. Jesús Antón. Vita et Pax. Madrid

Mirar con perspectiva la vida desde los 70 años es un buen ejercicio. No es difícil recordar “cómo apareciste en mi vida” pero sí lo es, expresarlo por escrito.  De familia religiosa, mujer entre dos varones y muy querida, fui educada en escuelas nacionales y con la suerte de tener maestras que dejaron huella. No tuve traumas en mi vida respecto a la vida religiosa, no sé si muy consciente, fui despertando y creciendo en la fe.

Me marcaron las campañas que celebrábamos cada año en la escuela: la  Santa Infancia y el  Domund. En mi juventud pertenecí a A.C. Anduve conociendo y más tarde buscando entre la vida contemplativa y las misiones. Y, de repente, a través del testimonio de una misionera seglar que estaba de vacaciones, el Señor me tocó, y comencé a tomarme más en serio mi seguimiento a Jesús con un compromiso temporal  en OCAHSA-Cristianos con el Sur. Y partí para Guatemala.

Allí, fue creciendo en mí una fe más personal, y también me nació la conciencia social descubriendo un mundo de pobreza, sufrimiento y desigualdades; también una Iglesia más viva y comprometida con esta realidad social (eran los tiempos del post-concilio, y la recién terminada 1ª Conferencia Episcopal en L. A. de Medellín, el comienzo de la Teología de la Liberación).

Sigo dando gracias a Dios que me llamó a conocerle más de cerca en una realidad tan diferente a la que yo conocía, repito muchas veces que allí aprendí a rezar el Padrenuestro y  que el seguimiento a Jesús, que pasó por la vida haciendo el bien,  ni es fácil, ni se hace de una vez para siempre, y que si estás alerta, cada día te sale al encuentro de manera diferente.

Pero yo seguía inquieta, seguía buscando algo más, parecía que Dios quería complicarme la vida y sentía que su llamada no era solo para un tiempo, y como la vida del creyente es una búsqueda continua, seguí buscando. Jesús también anduvo en su vida buscando, buscaba a los más pobres y marginados de su tiempo, a los enfermos,…y  ser fiel a su Padre.

 Todavía en Guatemala conocí otro modo de vivir el seguimiento a Jesús desde la consagración secular. Al terminar mi misión en Guatemala, entré a formar parte del Instituto Secular Vita et Pax, en él continúo inquieta y andariega, sigo teniendo mis dudas y mantengo esa búsqueda continua en nuestra Iglesia y en este mundo tan necesitado de fraternidad, para no acomodarme y me peleo conmigo misma, exigiéndome e intentando vivir la radicalidad evangélica.

Han crecido mis relaciones conociendo otras gentes, otras culturas, aprendiendo de todas y sigo dando gracias a Dios por seguir en su búsqueda, intentando cada día,  ser  VIDA y PAZ  en este mundo.

Y en estos tiempos recios que nos toca vivir, donde es necesario estar con los ojos y el corazón atento, al ver y acercarnos al sufrimiento de tantos hombres, mujeres y niños marginados de esta sociedad opulenta, sedientos de acogida, me gusta  mucho el pensamiento de Etty Hillesum “Tendremos que ayudar a Dios…”,  y desde la solidaridad y la fraternidad, dar razón de nuestra esperanza.

Ecos de nuestra convivencia…

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

El día 4 de agosto iniciamos nuestra LXVI Convivencia General en El Escorial (Madrid). Los saludos y abrazos se oían por toda la casa. Al día siguiente, con más calma, Victoria, nuestra Directora General nos daba la bienvenida. Nos decía: Nuestra larga tradición nos convoca para celebrar la 66 Convivencia General. Bienvenidas a todas las presentes y un recuerdo a las ausentes por misión o enfermedad, que sin duda estáis entre nosotras. Después de hacer un recorrido por los acontecimientos institucionales y mundiales de este año, nos invitaba a ser, en medio de nuestra realidad concreta, profetas de esperanza. Y nos daba algunas pistas para ello: siendo mujeres con una profunda experiencia de Dios, teniendo oído y corazón atento, optando por una vida más sencilla, dejándonos que nos duela el mundo, siendo signo de fraternidad.

Por la tarde rezamos juntas con un mismo sentir y pensar: “encontrarme contigo, Jesús” que nos caldeó el corazón. El día seis llegó sin darnos cuenta y después de diferentes informaciones institucionales, el Equipo de Difusión del Carisma (EDC) nos informó de todas las actividades que traen entre manos, que no son pocas. También nos dieron una buena noticia, un nuevo grupo Vida y Paz se ha formado en Alicante. Por la tarde nos invitaron a la oración vocacional con el sugerente título “Desde lo ‘más’ pequeño”.

Los días 7 y 8 tuvimos un cursillo sobre: “Discernir los signos de los tiempos”. Lo impartió José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete, Natxo. En principio abordó los signos de los tiempos en clave evangélica y después aterrizó en algunos signos concretos. El que más desarrolló fue la desigualdad estructural. Ha sido un cursillo rico, intenso y nos motivó a mirar la realidad siempre, siempre, desde el más frágil.

El día dedicado a la economía, Mª Jesús comenzó con una profunda reflexión que nos caldeó, situándonos en la realidad de carencias y pobrezas que nos rodean, en las dificultades que tantos hombres y mujeres tienen para vivir, basándose en estadísticas que miden la precariedad en España. A continuación, hizo una minuciosa presentación de “nuestras cuentas”. Por la tarde tuvimos la proyección de una película belga-francesa “Dos días y una noche”. Cine social sobre moral y dignidad personal frente a los intereses patronales.

Después de evaluar los objetivos de estos seis años desde la última Asamblea y la reunión de Directoras, pasamos tres días preparando nuestra IX Asamblea General. Lo hicimos por grupos “generacionales”. Fue un trabajo serio, responsable y mirando al futuro inmediato. Terminamos cansadas, menos mal que, a continuación, llegó el gran día de fiesta de la Asunción. Pudimos descansar, compartir a gusto, celebrar la Eucaristía con profundidad, comimos de forma suculenta y, a la noche, nos reímos con ganas de nosotras mismas en las comedias.

Aún tuvimos tiempo de escuchar a algunas compañeras que compartieron su vida con nosotras: qué hacen en estos momentos, cuál es su misión, dónde están, cómo se encuentran… Siempre nos gusta y ayuda este espacio del compartir. Es bonito saber y saborear a las otras.

Evaluamos, recogimos… y muchas más cosas que se quedan en el tintero. Esto ha sido sólo unos pequeños ecos de todo lo vivido estos días. A todas las que no habéis podido venir os hemos tenido muy presentes.

 

Una enferma agradecida

Por: Ana Roca. Vita et Pax. Barcelona

BUENOS DÍAS.

Me llamo Ana Roca.

Muchos me conocéis de verme por el barrio y en la parroquia.

Hoy que la Iglesia celebra el día del enfermo, os expongo el testimonio de cómo vivo mi enfermedad.

Hace unos años me diagnosticaron una anemia importante y poco a poco mi médula iba dejando de funcionar y, hace un año aproximadamente, tuvieron que empezar a poner transfusiones de sangre.

Hoy doy gracias a DIOS y también manifiesto mi agradecimiento a todas las personas que, de forma anónima y desinteresada, donan parte de su sangre para que las personas como yo, podamos seguir teniendo vida y desarrollar una actividad cada día.

También mi agradecimiento a todo el personal sanitario que, con su trabajo, alivian nuestra enfermedad.

Muchas gracias.

Somos mujeres del Espíritu para el mundo

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

Un año más, hemos concluido nuestra Convivencia General, la sesenta y cinco, con la idea central Somos mujeres del Espíritu para el mundo. La hemos celebrado en El Escorial (Madrid) del 4 al 17 de agosto. Y hemos tenido una media de participación de 70 personas.

Nos daba la bienvenida Victoria Cañas, nuestra Directora General y nos decía: Parece que la situación mundial nos lleve con más facilidad a unirnos a los profetas de la desventura y desesperanza, pero nuestra sociedad necesita profetas de esperanza que se indignen con esta realidad y la sepan mirar con otros ojos para fijarse en lo que ha caído en tierra buena calladamente, y que sin hacer mucho ruido, va dando fruto. Pongamos rostro a tantas personas anónimas, organizaciones e instituciones que en nuestro mundo se solidarizan con los demás y quieren dar un vuelco a la sociedad, así también a   nuestros pequeños gestos de cada día que van cayendo en el surco.

Dios está implicado en la historia y ante nuestra incertidumbre, sigue diciéndonos “No tengáis miedo, yo estoy con vosotras” (Jn  1,8).

Los días 7 y 8 tuvimos el primer cursillo titulado, “Ser profetas en la vida cotidiana”, impartido por Pepa Torres, religiosa de la Congregación Apostólicas del Corazón de Jesús. Ella es Filóloga, Teóloga y Educadora Social. Pepa nos animó a despertar y despertarnos. Despertar de este sueño capitalista que nos adormece y atonta y considerar nuestro aquí y ahora como oportunidad para ejercer la profecía. Pepa nos invitó también a ser traficantes de sueños. Cinco sueños a traficar: todas las vidas valen lo mismo y nadie es descartable; la cultura de la acogida y el encuentro, que nos reta a ser mugalaris, cortar distancias y a saltar fronteras visibles e invisibles; el salto del yo al nosotros/as. Tejer común, para ganarle territorio al individualismo dominante; de la resistencia al empoderamiento; la cuidadanía.

Como todos los años, el Equipo de Difusión del Carisma compartió las diferentes actividades que han realizado durante el curso. También hubo un tiempo de encuentro entre el Equipo y todas las compañeras que animan, acompañan, alientan… a los diferentes grupos de Vida y Paz.

Los días 11 y 12 estuvieron dedicados al segundo cursillo: “Vidas desplazadas: refugiados, migrantes, nómadas…”. En este caso nos acompañó Ignacio María Fernández de Torres, sacerdote consiliario de la Comisión Diocesana de Justicia y Paz de Madrid y de las Hermandades del Trabajo. Es Doctor en Teología y profesor de Doctrina Social de la Iglesia. Ignacio María nos decía que junto con la acogida hay que tener una mirada larga para descubrir las causas de las migraciones forzosas. Es imprescindible asegurar la paz en los países de origen y de tránsito pero es igual de urgente atajar las causas, cambiar la política exterior occidental, aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo, controlar el gasto militar, abordar de raíz las causas de la trata de personas…

El domingo 13 fue de descanso para la mayoría pero las que ejercen el servicio de Directoras de Centro tuvieron que trabajar. Fue una mañana de trabajo muy interesante, nuestra compañera Maite nos impartió un taller sobre las emociones. Las emociones son fuerzas poderosas, son el motor que ejerce una gran influencia sobre la conducta. Es importante ponerles nombre, visibilizarlas y saber cómo las expreso.

El día 15 fue de gran fiesta, celebramos la Fiesta de la Asunción y las Bodas de Oro de tres compañeras. Una vez más quisieron decirle a Jesús: Mi buen Jesús yo quiero seguir haciendo algo por ti… Por la noche la carcajada estuvo servida. “Las Comedias” fueron un tiempo de humor, creatividad e, incluso, de reivindicación.

Y con rapidez llegamos a la evaluación, la recogida y las despedidas. Ha sido, en verdad, una Convivencia especial, tal vez porque celebraremos en septiembre el aniversario del nacimiento del fundador, el P. Cornelio, y su presencia se sentía en todos los rincones. Como no podía ser menos también tuvo su canción:

Celebramos el Centenario de un nacimiento

en un pueblo de los Pirineos llamado Espinal.

Fue el pequeño de los cinco hermanos, pronto se hizo cura,

le llamaron el Padre Cornelio y fundó Vita et Pax.

¡Aleluya, aleluya!, por este niño, por su sacerdocio y por su ideal.

¡Aleluya, aleluya!, por ser amigo de Jesucristo y como Él amar.

¡Ojalá Dios nos conceda esa sensatez!

16º Domingo TO. Ciclo A

Por: María Jesús Moreno Beteta.  Mujeres y Teología de Ciudad Real

“¿Quieres que vayamos a arrancar la cizaña?”. Pero Él les dijo: “No, porque al arrancar la cizaña podéis arrancar también el trigo.”

Siempre que leo este Evangelio me vienen a la memoria las palabras de aquella visión deformante, infantil y simplista de un Dios-compendio de una determinada moral, que aún  resuena en muchas cabezas, y que se resumen en “Dios premia a los buenos y castiga a los malos.” Es fácil dividir el mundo entre buenos y malos y pueril querer situarnos entre los primeros.

 En nosotros mismos habita el trigo y la cizaña aunque no queramos verlo. Evitamos darnos cuenta de nuestro feroz individualismo, de nuestra prepotencia, de nuestra exigencia en relación  a los demás, de nuestra indiferencia o desconfianza hacia Dios…

Queremos mantener, también ante nosotros mismos, nuestra imagen social, para así sentirnos con derecho a juzgar si otros son cizaña, y después excluirlos de “los buenos.” Como si Dios no fuera el de “Yo tampoco te condeno…”

 Además, en medio de este mundo saturado de información, también  podemos llegar a confundirnos tanto que no distingamos el mal que hay a nuestro alrededor, y consideremos normal la exclusión y la injusticia que sufren tantas personas iguales a nosotros. Entonces también somos cizaña, cuando excluimos, ignoramos, codiciamos y sólo nos vemos a nosotros mismos como el único criterio de excelencia moral.

Pero Dios Padre-Madre, que se ha dado por cada uno de nosotros, independientemente de los méritos de cada cual, es Dios de respeto, cuidado y libertad. Es Quien sabe, mejor que nosotros, de nuestras heridas, de nuestro dolor escondido, de nuestros miedos e incertidumbres. Por eso nos ha dicho “No juzguéis…”

El Creador y Dador de vida sabe también de convertir males en bienes cuando nos dejamos guiar por el Espíritu. La flaqueza humana es nuestra naturaleza y a través de ella nos vamos convirtiendo en lo que elegimos ser hasta el último momento de nuestra vida. Por eso, hasta ese último momento hay una oferta de Dios a acogerle y acoger al diferente. Los diferentes, sean por religión, cultura, sexualidad, etnia, grupo social, por heterodoxia, por falta de salud… muestran otros rostros de la Vida en quienes Dios habita. En ellos Dios nos llama a “salir de nuestra tierra”, ahora se diría “de nuestra zona de confort”, para avistar otros horizontes, que en ellos quiere mostrarnos, para derribar los muros de nuestra autosuficiencia.

Además, el considerar nuestras limitaciones y carencias, nuestros fallos y aristas sólo puede llevarnos a comprender la misma naturaleza e indigencia en el hermano. La aceptación del otro tal como es, sin juzgar o condenar, ni creerse superior es criterio de sabiduría humana y de amistad con Dios.  ¡Ojalá Dios nos conceda esa sensatez!

Por el bautismo nos incorporamos a Cristo

13º Domingo, T.O. Ciclo A

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia

La hospitalidad hacia el profeta provoca la generosidad de Dios. Cuántas veces nos hemos encontrado este mismo caso a lo largo de la historia de este Pueblo que fue el primer elegido por el Amor y para amar.

Al leer el primer texto de la liturgia de este domingo decimotercero, (1Re.) he recordado unas palabras que me fueron dichas muchas veces por una persona muy querida: “Dios no se deja ganar en generosidad”. Y debo decir que muchas veces lo he sentido como experiencia propia. Es lo de la siembra y la cosecha, es lo de recibir el ciento por uno, es lo de ser capaz de bajar de tu situación tan privilegiada y ponerte al nivel del que necesita que le mires, le toques, le hables…

Es el evangelio de la vida, no la teoría de las palabras sino la profundidad y belleza de los hechos.

Y nos ha quedado para siempre este canto de persona agradecida “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”.

Las misericordias de su corazón por mí misma, por todos, por el mundo tan enfermo, por el mundo necesitado y triste desde la pobreza o la opulencia. ¡Qué más da! Pero… ¿y verlo, y sentirlo? Eso es puro DON.

Afortunado poeta, que nos dejó su experiencia conjugando armoniosamente las dos palabras clave: “misericordia y eternidad”.

Cada día, cada domingo, al tomar en las manos la Palabra, hay una lección donde la vida misma es cruzada, cual urdimbre, por esa sabiduría que nos hace, poco a poco, verlo todo con ojos y mirada distinta. Es un nuevo tejido el que aparecerá ante nosotros.

Y aquí tenemos el ejemplo clarísimo de S. Pablo en su carta a los romanos cuando asegura que “los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte…y si hemos muerto con Cristo creemos que también viviremos con él”.

Esperanza y promesa de vida nueva, vida de resucitados, vida de Dios, vida de Cristo.

¿Cómo se explica todo esto? Cuestión de amor, de respuesta incuestionable, de clarísima escala de valores donde sabemos que Cristo es cabeza y corazón; centralidad en el ser del cristiano, del discípulo, que vive por Él, para Él, y por tanto para los demás.

Con cruz, eso sí,  y adelante; sin buscarla pero sin rehuirla, perdiendo la vida propia la que mira para uno mismo engordando de vanidad, de riqueza, de poder, de gloria…,  para ofrecerla generosamente. Y acogiendo,  para formar comunión de vida, para que Cristo se comparta.

Domingo de misericordia y de eternidad, de canto agradecido. El tiempo Ordinario da para mucho y este domingo trece nos hace sentirnos felices porque el bautismo nos incorpora a la vida nueva, por el Espíritu.

 

La Trinidad: su identidad y su misión

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

Es un gusto que, después de haber celebrado el ciclo pascual tan centrado en Jesucristo, su Pasión, su Muerte, su Resurrección y sus Apariciones fortaleciendo la fe de los discípulos,  celebremos hoy a la TRINIDAD adorándola, bendiciéndola y agradeciendo toda su obra en  conjunto. Solemnidad puesta cabalmente al comienzo de la segunda y más larga parte del tiempo ordinario para que ilumine la vida cotidiana de los seguidores de Jesús.

La Trinidad es, por excelencia,  el mejor punto de referencia de la vida cristiana, individual y comunitariamente considerada. Ella es diálogo, comunicación y comunión. Nuestro Dios es cercanía, generosidad, amor puro sin ninguna adherencia de egoísmo: ESTA ES SU IDENTIDAD, SU “ADN”.

Las lecturas de  hoy, de manera particular la del Éxodo y la evangélica, son una clara muestra de ello. El pueblo en el desierto sufría la amenaza de fracasar en su camino de liberación. Se les hacía difícil  caminar sin “ver”, sin “sentir” al Dios que los había sacado de la esclavitud: –el camino de la fe antes y ahora es duro-. Cayeron en la idolatría –también ahora nos hacemos ídolos-.  Pero  YAHWE es fiel y da de nuevo la oportunidad: ordena a Moisés subir a la montaña y a su vez, EL desciende. Y se da el encuentro. Moisés se atreve a pronunciar su nombre y el Señor se revela: “YAHWE, DIOS COMPASIVO Y BONDADOSO, PACIENTE, RICO EN AMOR Y FIDELIDAD” son sus características esenciales. Dios no rompió la alianza con su pueblo, siguió caminando con él. Dios comprometido con un pequeño pueblo que en su travesía tendría momentos de grandes seguridades: “Qué Dios es tan grande como nuestro Dios”  y momentos de grandes infidelidades.

Pero el Dios trinitario, dispuesto siempre a buscar soluciones abrió el diálogo entre sí, entre los tres  –deliciosamente lo intuye y lo cuenta S. Juan de la Cruz en el romance de la Encarnación-: El Padre, preocupado por toda la humanidad ve necesario eliminar distancias y le propone al Hijo que se iguale a la que considera su esposa. El Hijo responde: “mi voluntad es la tuya y mi gloria, cumplirla”. Así de sencillo, así de fácil.  Por eso podemos saborear hoy en el texto evangélico, las palabras de Jesús a Nicodemo: “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único…”. 

Dios ama a cada hombre y a cada mujer, a todos ofrece gratuita y anticipadamente la  VIDA EN PLENITUD. Depende de cada persona la aceptación o el rechazo. Dios no puede hacer más: el Padre en el Hijo nos lo ha dicho y nos lo ha dado TODO.  El Hijo, con sus palabras, actitudes y gestos liberadores nos ha transmitido, con total fidelidad, el retrato exacto del Padre: “el Padre y yo somos una misma cosa”, nos ha detallado su proyecto y el camino a seguir y el Espíritu de los dos es el que trabaja incesantemente en los corazones de las personas consolando, dándoles a gustar lo que es bueno; trabaja en el corazón de las comunidades eclesiales  animándolas, sugiriendo iniciativas, impulsándolas a “salir”  y trabaja  en el  corazón de la historia conduciéndola hacia la plenitud y para que progresivamente  sea realidad el sueño de los TRES: LA FRATERNIDAD UNIVERSAL. QUE LA HUMANIDAD REBOSE DE LA VERDADERA VIDA.

La fiesta de la Santísima  Trinidad, es  la fiesta de la comunidad cristiana y ha de iluminar toda su vida y su caminar. Ha de ser su brújula. Las recomendaciones paulinas revelan el rostro que debe transparentar, caracterizado por la alegría, la animación mutua, la búsqueda y cumplimiento de lo que quiere el Señor, la unidad  -obsesión de Jesús en su última cena con los discípulos, hecha oración al Padre- el vivir en paz. Todo ello conduce a la capacidad de superar los conflictos, al diálogo, a la solidaridad, a tener un único objetivo: EVANGELIZAR, dar testimonio del Dios rico en misericordia.

La Trinidad impregna toda la vida cristiana. Toda la liturgia de la Iglesia, cualquier actividad empieza y termina en su nombre. Ojalá seamos cada día más conscientes de que  decir:  EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO, es un compromiso de amor, de fidelidad, de coherencia, de comportarnos como hijos/as, hermanos/as, colaboradores eficaces en el proyecto del REINO:  

       Que toda nuestra vida sea un canto de bendición y alabanza a los TRES que han

                               querido hacer de nuestros corazones su morada.

            

Reconocer al Resucitado

3º Domingo de Pascua. Ciclo A

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Seglar. Ciudad Real.

“Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”. Lc. 24,15. Es Él quien se acerca a cada uno de nosotros, viene a ponerse a nuestro lado cuando nos sentimos en soledad, cuando estamos necesitados, cuando nos vienen las dificultades, cuando el camino está pendiente hacia arriba, cuando estamos cansados y agobiados, cuando la esperanza se desvanece, cuando la impotencia nos abruma, cuando la vida se apaga por el desánimo o la enfermedad.

Pero tenemos que abrir nuestros ojos y sobre todo nuestro corazón porque Él se hace más próximo cuanto mayor es el sufrimiento, cuanto mayor la desesperanza, cuanto mayor la necesidad. Él prefiere y ama la vida.

Pero hay una presencia más visible de Jesús junto a nosotros que nos cuesta más ver y reconocer. Debemos reconocerlo en la persona que está en cada momento con nosotros, en nuestro padre y madre que nos han dado la vida, nos han cuidado y se han desvivido por nosotros; en nuestra esposa o esposo que nos acompaña en nuestro caminar diario compartiendo la vida, las alegrías y las tristezas, la salud y la enfermedad; en nuestros hijos e hijas que son el futuro, la esperanza y la continuidad de la vida; en nuestros compañeros de trabajo que afrontan el mismo con responsabilidad, construyendo, creando o sirviendo para el bien de todos; en nuestras comunidades o grupos de amigos donde encontramos la fuerza, el aliento y la cercanía para seguir caminando.

Pero sobre todo tenemos que reconocerlo en las personas que están en nuestras calles, que pasan frente a nosotros, que quizás están lejos, pero sabemos y sentimos su presencia a través de la información que recibimos por un medio de comunicación,  leyendo un informe, asistiendo a una conferencia, escuchando un testimonio. Son las personas que están sufriendo en su vida como sufrió Cristo en la cruz, que no encuentran el trabajo que los realice y remunere para desarrollar su vida; que por la codicia de algunos o su  debilidad son atrapados por una adicción y pierden su libertad; que son víctimas de la violencia en la familia o en la calle, sintiéndose humillados, dolidos y hasta encuentran la muerte; que pasan hambre, les imponen la guerra o les faltan medios para poder vivir con dignidad. Son vidas entregadas y condenadas por otros que utilizan su fuerza o poder para interés propio, o simplemente porque no hay quien interfiera por ellos, los acompañe en su situación de víctimas, sean abandonados y lleguen también a morir, al igual que Cristo solo les queda lanzar el grito “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Lc. 23, 46.

Como perdura en la historia de la humanidad y a veces hasta florece, parece que fuera necesario el padecimiento y tuviéramos que resignarnos, pero ya se encarnó quien nos trajo la salvación, es Jesús , resucitado para quedarse con nosotros, para que no estemos solos, ser nuestro guía, acompañarnos en el camino, alegrarse con nosotros, transmitirnos su palabra, abrir y sentir nuestro corazón, llenarnos de ilusión y esperanza, iluminar nuestra vida, compartiendo el pan y el vino ( su vida), para acercarnos al Padre compasivo y misericordioso.

De esto fueron testigos los seguidores de Jesucristo, “A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros”. Hechos 2.32, cuando Pedro pronunció estas palabras, “aquel día se les agregaron unas tres mil personas”. Hechos 2.41. Nosotros somos los seguidores de este testimonio para que Jesús siga vivo en cada persona para dar gloria de Dios.

 

“Por esos gritos de ayuda, Por esas voces que no se escucharán más, ¡Me dueles Guatemala!”

Por:Chus Laveda.Licenciada en Pedagogía.Miembro del Núcleo Mujeres y Teología

Dicen que era nuestro día, el día Internacional de la Mujer, aunque muchas de nosotras no hablamos de celebración, sino de recuerdo y conmemoración por el asesinato de aquellas otras mujeres que dieron su vida en  defensa de los derechos de todas. Y mientras caminábamos, levantando nuestra voz, otras voces gritaban pidiendo ayuda para salvar sus vidas del fuego.

Pero el grito de las niñas y de otras organizaciones de defensa de sus derechos ya resonó en otro tiempo clamando humanidad y exigiendo justicia para sus cuerpos maltratados, violados por la prepotencia de quienes debían protegerlas, sobreviviendo en un mundo falto de ternura, amor, respeto y dignidad. No escucharon. No hicieron caso de sus denuncias. Ni las de ellas, ni las de los otros organismos que conociendo la realidad exigieron cambios. No escucharon. No eran importantes. No valían la pena.

Y hoy, a nosotras, a todo el país, nos faltan 40 niñas y adolescentes.

Una vez más, sea el día que sea y el mundo entero cante otra cosa, las mujeres seguimos siendo personas de segunda clase, sin derecho a ser respetadas, acogidas, reconocidas en nuestra dignidad.

Resuena en mi interior uno de los gritos escuchados en la concentración  organizada por la sociedad civil que decía:
¡Los cuerpos de las niñas, no se tocan, no se violan,  no se queman, no se matan!

Era un solo grito, pero no fue suficiente. La plaza se tiñó de rojo, de sangre inocente derramada y sumiendo al país es un desconcierto y un sentimiento de rabia, impotencia, incredulidad frente a lo sucedido.

¡Hasta cuando hemos de seguir sufriendo! ¡Hasta dónde nos es posible resistir, perder vidas humanas, rotas en sus sueños y robada su esperanza!

Nadie se hace responsable. Unos dicen: es un asesinato de Estado… otros comentan en voz baja, todos somos culpables… pero hoy 40 niñas ya no pueden levantar su voz.

Y esto va seguir así mientras a cada uno y una de nosotras no nos queme el alma, no nos salpique el dolor de esas niñas y sus familias que las lloran, mientras otras aún no saben donde se encuentran sus hijas.

¡Me quema…me quema!  En tantas otras oportunidades hemos levantado la voz exigiendo justicia para nosotras las mujeres, reconocimiento de nuestra dignidad, derecho a ser dueñas de nuestros cuerpos, de nuestra libertad, de nuestros sueños… hoy también gritamos pero hoy además, nos quema y duele el alma.

¿Y dónde queda la teología en toda esta experiencia?

Dice Jesús: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron… Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños, no me lo hicieron a mí” Mt. 25, 41 – 45

Jesús se encarna en nuestra realidad humana, se identifica con cada ser humano, se hace uno de nosotros, asume nuestra misma debilidad, por eso el daño causado a uno de los más pequeños, empobrecidos, marginados, violentados en su dignidad, se lo hacemos al mismo Jesús. Somos su mismo cuerpo, su misma sangre. Somos cuerpo de Cristo. Desde su encarnación ya no hay diferencia entre lo divino y lo humano. Todo es sagrado a los ojos de Dios.

Pero nuestra hipocresía, nuestra indiferencia nos permite seguir creyendo que estamos en el lado bueno de la historia, porque cumplimos leyes y realizamos ritos sagrados, olvidando reconocer en cada ser violado, excluido, en cada mujer violada, discriminada, al mismo Dios.

Nuestra dignidad nos viene de nuestro ser personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Nuestra imagen la expresamos en los dones recibidos de Él, nuestra libertad, inteligencia, capacidad de pensar y decidir, nuestra creatividad para el bien. Nuestra semejanza la expresamos en nuestros actos de bondad, rectitud, responsabilidad, servicio. Pero tenemos una falsa imagen de Dios y por lo mismo, una falsa imagen del ser humano. Por eso lo hacemos propiedad nuestra, y hacemos con él lo que se ajusta a nuestros intereses mezquinos y personales, violando, quemando sus cuerpos y rompiendo sus vidas. No nos interesan.

Es tiempo de despertar. Todas y todos.

Es tiempo de actuar de manera profética. No es suficiente romper el silencio. No son suficientes los gritos, el llanto y las palabras por fuertes que las pronunciemos. Hay que actuar. Desde la conciencia de nuestro ser personas y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano.

Aún ahora yo siento que levanto mi voz, pero ¿me arriesgo a la acción comprometida en defensa de todos los que sufren marginación y violencia?
Resulta, en cierto modo fácil reconocer el rostro de Dios en los empobrecidos, pero en los violadores, los corruptos, ¿logramos verlo? Resuena en mi interior la palabra de Pedro: “Si mi hermano me ofende, cuántas veces debo perdonarlo, ¿hasta siete veces?” Y la respuesta de Jesús: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. 
¿Cómo anidar estas actitudes en nuestro corazón dolido, indignado, cansado de tanto sufrimiento?
No es sencilla una respuesta al estilo de Jesús. Pero hay que dar pasos para un cambio de sociedad, más humana y digna.

Hay que exigir responsabilidades. Eso es lo que gritamos. Pero mientras no cambiemos nuestro interior, mientras no nos convirtamos todos y todas en un pueblo profético que trabaje por un mundo distinto, seguiremos gritando y nuestra cosecha será más muerte.

 

 

 

 

… mi paz os doy …

6º  Domingo de Pascua. Ciclo C 

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

¡Vaya regalazo el de Jesús hoy! Nos han tocado todos los boletos de la lotería a la vez. Nos regala su paz. Esta humanidad nuestra necesita con urgencia la paz. Las guerras y los atentados terroristas, los secuestros de personas, las persecuciones por motivos étnicos o religiosos, la violencia machista, las crispaciones crónicas… marcan nuestro hoy, multiplicándose de tal manera en muchas regiones del mundo, hasta asumir la forma de lo que algunos llaman “tercera guerra mundial en fases”.

Sin embargo, una vez más, Jesús nos regala su paz. Y lo hace no de forma individual sino colectiva, en grupo, en comunidad, os doy mi paz.  ¡Qué bien nos conoce Jesús! Es importante que la paz de Dios, se haga visible en una fraternidad humana. No importa si es pequeña y sencilla, si está formada por jóvenes o mayores, hombres o mujeres, muchos o pocos, valientes o cobardes… Sólo desde la fraternidad tenemos la posibilidad de que nuestro esfuerzo por la paz sirva más al bien común que a nosotras mismas.

Esta fraternidad de paz se convierte en una fraternidad y en una paz alternativa a nuestro mundo, donde lo más importante no es el hacer, aunque sean cosas muy buenas para la paz; lo más importante es el ser. Debe ofrecer algo más que un simple contexto protector, no es sólo medio para realizar la paz, sino que es el lugar donde la paz que andamos buscando recibe su primera forma.

En esta fraternidad existen los problemas, las controversias, las discusiones… como aparecen en la primera lectura, pero se les pone nombre, se sitúan encima de la mesa y se buscan soluciones juntos y juntas a la luz de la Palabra. Utilizamos nuestra palabra como regalo para construir, nunca para destruir, controlando la violencia verbal. Y escuchando.

En esta fraternidad compuesta por personas normales y corrientes reconocen que el perdón es el gran don divino que Jesús nos ofrece. Y perdona. La paz es una misión de perdón, de reconciliación (Col 1, 15-20); el perdón rompe el círculo del eterno retorno de la violencia (Jn 20,19-23). Jesús no ofreció un optimismo basado en las estadísticas, en el análisis político, en el equilibrio de poder o en la capacidad para destruir, sino una esperanza basada en la promesa del perdón de Dios a todas las personas, en la promesa de su amor incondicional hasta dar la vida.

Una paz que se logra con armas no es paz, sino dictadura de los poderosos. Un orden que se alcanza sometiendo y acallando con violencia a los posibles disidentes es coacción. La paz no se impone ni negocia, sino que brota donde hay hombres y mujeres que acogen y se perdonan gratuitamente. Por eso, la fraternidad no es una serie de personas que se han agrupado para unir sus fuerzas y hacer que la victoria sea más probable. No. La fraternidad es la expresión de una victoria ya conseguida. San Pablo dice: “la muerte ha sido vencida” (1 Cor 15,54), por eso, son personas de esperanza y agradecidas. Capaces de reconocer y celebrar la paz de Dios.

Esta fraternidad de paz abre su casas y acepta el regalo de las víctimas. La vida no crece y se extiende por la lucha entre fuertes sino por la presencia y palabras de aquellos que no tienen ni lugar, porque no tienen derechos. La verdadera paz nace de los expulsados del sistema: huérfanos, viudas, extranjeros, refugiados… y de aquellos que los acogen para vivir en Cristo. Nos regalan la paz sin saberlo, sin exigir homenajes, sin enfadarse porque nadie les hace un monumento. Por eso es preciso estar cerca de ellos: no por misericordia ni compasión, sino por mera necesidad, porque la paz solo es posible cuando alborea la justicia (St 3,18).

Una fraternidad, en fin, que tiene el “deber de memoria”, es decir, de repensar la vida y la muerte toda desde la memoria del sufrimiento de las víctimas. La memoria es justicia y, por tanto, paz; el olvido, injusticia y, por tanto… no paz.

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