Agenda segundo trimestre año 2017

Agenda segundo trimestre año 2017

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad. Vita et Pax.

  • 22 y 23 abril: Retiro de primavera en Daimiel (Ciudad Real). Organiza Instituto Vita et Pax.


 

  • 10 y 11 junio: Jornada de Formación-Convivencia y Asamblea de Cedis. Madrid.

 

  • Del 13 al 20 de junio: Reuniones Equipo de Consejo. Pamplona

 

 

  • 23, 24 y 25 de junio: Preparación Bodas de Oro. Huarte (Pamplona)

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Somos vida de su misma Vida

Viernes Santo

Por: Teodoro Nieto. Burgos

El Viernes Santo, Jesús se nos revela como el Siervo que “nos sana con sus heridas” (Is. 53, 5), como canta el profeta Isaías, y comparte nuestra suerte y nuestra muerte, reclinando en la cruz su cabeza y entregándonos su Espíritu (Jn 19, 30).

Pero la suya no es la muerte desesperada de un crucificado de tantos, como pudieron contemplar los indiferentes espectadores del Gólgota. La muerte de Jesús no interrumpe el flujo de la vida. El gesto espontáneo de reclinar la cabeza indica que él entrega su vida libre y voluntariamente: “Yo doy mi vida para recuperarla de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela; soy yo quien la da por mi propia voluntad. Yo tengo poder para darla y recuperarla de nuevo” (Jn 10, 18). Y Jesús no expira sin antes comunicarnos  su propio aliento, su  Espíritu vivificante.

Según el Evangelio de Juan, del costado de Jesús, abierto con una lanza, “salió inmediatamente sangre y agua”. La sangre era para los judíos la sede de la vida. Y el agua que brota es símbolo del manantial inagotable del Espíritu que apaga la sed y alivia el cansancio, como él mismo  lo había anunciado: “Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba… De lo más profundo de quien cree en mí brotarán ríos de agua viva. Y esto lo decía refiriéndose al Espíritu que recibirían quienes creyeran en él” (Jn 7, 37-38).

La muerte de Jesús, que  el cuarto Evangelio contempla como vida triunfante y victoriosa, da al traste con nuestra errónea, estrecha y tétrica visión de la muerte. Hasta los pueblos  así llamados “primitivos” no veían la muerte como punto final de la vida, sino como vida sin ocaso.  Y Jesús, más que en la muerte, insiste mucho más en la Vida que Él es y que Él nos  da en abundancia (Jn 10, 10). Si el sarmiento es vida como la vid misma, también nosotros somos vida de su misma vida. Y esta vida no puede morir jamás.

Jesús nos invita este Viernes Santo a mirar de frente la muerte; a decirle sin tabúes ni miedos paralizantes. Porque la muerte no es sino una forma diferente en que se expresa el Misterio que nos constituye. Sólo muere la forma efímera que tenemos, pero no la vida que somos.

El Sufismo, la corriente mística del Islam, nos dice que mientras vivimos en esta tierra estamos dormidos, pero solo cuando morimos despertamos.

 

Parábola en acción

Jueves Santo

Por: Teodoro Nieto. Burgos

Jesús se nos muestra en el Evangelio como un excelente narrador de parábolas, para ayudar a entender a la gente con lenguaje sencillo su Proyecto de Vida plena para el ser humano y para la humanidad. Pero no se limita a “contar” parábolas sólo con  palabras. Junto a estas narraciones encontramos también “parábolas en acción”, es decir, gestos simbólicos con un sentido mucho más profundo de lo que a primera vista puede aparecer.

En la Última Cena, Jesús podría haber contado a sus discípulos una parábola con palabras bonitas, hablándoles de un Dios que se rebaja hasta el extremo de hacerse esclavo. Sin embargo, él quiere escenificar, plasmar, revelar, con una acción que entra por  los ojos de cualquiera, que Jesús no se arroga el atributo de Señor dominador y autoritario, sino el de Hombre-Dios de infinita calidez y ternura, capaz de abajarse y  convertirse, no  en Señor que quiere ser  servido, sino en Servidor que entrega su vida sin reservas para la vida del mundo.

El lavatorio de los pies del primer Jueves Santo de la historia es una auténtica “parábola en acción”. Jesús no se contenta con predicar sobre el servicio sólo con palabras. El gesto de lavar los pies a sus discípulos va mucho más allá de conceptos y relatos. Esta  escena  visibiliza la actitud de Jesús como servidor, mostrándonos así que el servicio recíproco es  el único camino para crear humanidad, para construir la gran familia humana.

Los versículos 4 y 5 del capítulo 13  del Evangelio de Juan son  altamente elocuentes y solemnes porque ponen de relieve unas acciones concretas de Jesús como servidor: “se levanta de la mesa, deja el manto, se pone un delantal, se lo ata a la cintura, echa agua en la palangana, lava los pies de sus discípulos, y se los seca con el delantal que llevaba atado”. La acumulación de verbos parece expresar la trascendencia de su gesto.  El texto no dice a quién se los lava primero, porque nadie es más que nadie entre ellos. No está de más destacar que el lavado de los pies era un signo de hospitalidad y de acogida que, en una sociedad dominada por el hombre, estaba reservado a esclavos no judíos o a  mujeres.

Es también significativo que, “después de lavarles los pies, Jesús se puso de nuevo el manto” (Jn 13, 12), signo de autoridad. Pero el texto no dice que se quitara el delantal. Porque Él, más que como Señor, ha querido hacerse  Siervo y vivir como tal.

El mensaje de esta escena es una llamada de atención de Jesús a sus seguidores y seguidoras, que podríamos condensar en esta conocida frase: Quien no vive para servir, no sirve para vivir.

 

… Ven y sígueme

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

No me resulta fácil expresar en unas líneas el proceso seguido en relación al descubrimiento de Jesucristo como centro de mi vida desde muy niña, y que por las circunstancias familiares de ser hija única, perder a mi madre en la adolescencia y vivir con mi padre de cierta edad, lo viví interiormente y, a veces, expresándolo de manera clara.  Fue un camino largo, pero que me ayudó a ir forjando mi ser, con esas ansias de entrega generosa a Él y al Reino por un lado,  y por otro no exento de momentos de oscuridad y de limitaciones en el camino.

La muerte de mi madre  fue un duro golpe, pues ella era una mujer sencilla, valiente y con una religiosidad ya un poco avanzada para la época y, por supuesto, yo estaba muy unida a ella. Fue quien me enseñó el camino espiritual y los valores del Evangelio. Este acontecimiento marcó mi vida y  me ayudó a madurar como persona, debiendo tomar responsabilidades avanzadas para la edad;  aunque supuso también el que hubiera en mí algunas  lagunas que,  aunque eran suplidas por otras realidades como puede ser el aspecto religioso y mi inclinación por vivir de la vida de Jesucristo, esas lagunas crearon en mí fallos y momentos de dificultad interior que con la gracia del Señor fui superando

No podría distinguir un tiempo exacto para situar la llamada entre esos años, la juventud y el momento de concretarla en el Instituto Vita et Pax. En todos esos años jóvenes viví dentro del ámbito de la Parroquia, con el acompañamiento de sacerdotes entregados que se desvivían para que nosotras, las jóvenes, viviéramos una espiritualidad centrada en la persona de Jesucristo y que nos culturizáramos con los medios de que disponíamos: biblioteca, cine, coro parroquial, preparación litúrgica y otros medios que yo procuraba aprovechar al máximo. Con todo ello la idea de una entrega total al Señor y la Misión, no se desvanecía de mi cabeza y de mi corazón.

Quiero destacar que en esa etapa viví con profundidad el Concilio Vaticano II que supuso grandes cambios en la Iglesia, manifestados en el cómo vivir la liturgia, la espiritualidad, entender la Iglesia como Pueblo de Dios etc., etc., y que marcó también mi vida.

Con todo este bagaje llegó el momento en que, tras la muerte de mi padre, me siento en la disyuntiva de dar un paso adelante en la concreción del cómo y cuál iba a ser el cauce de mi entrega. Durante un año intenté conocer y ver cómo podría encauzar mi vida: vivir una Consagración individual o entrar en una Comunidad de Consagradas. La vida religiosa en sí no me atraía. Entonces conocí esas comunidades de consagradas en el mundo y para el mundo, que vivían con bastante normalidad en la vida. Descubrí Vita et Pax, muy conocida por sus orígenes en Pamplona, las contacté y el año 1967 entré a formar parte de este Instituto.

Después de dos años de formación fui invitada a marchar a Japón,  donde un grupo de Vita et Pax colaboraba con la Misión Jesuítica en el país del Sol Naciente. Pasé cuatro años allí  en los que fui cultivando mi Oblación al Señor, acompañada por cinco compañeras de Vita et Pax y por la comunidad de Jesuitas con los que trabajábamos.

A la vuelta de Japón concreté  mi vocación profesional en el terreno social. Realizados los estudios sociales, fui invitada de nuevo por el Instituto para trabajar en la Emigración Española en Suiza. Allí fue concretándose mi Consagración desde el servicio a los emigrantes, en aquellos años el movimiento era muy importante en Europa. Procedían de los países del sur, necesitados de trabajo y los del norte de mano de obra. Viví unos años muy felices compartiendo, desde el espacio de la Misión Católica Española en Suiza, las necesidades que el colectivo español y una parte del  latino-americano tenían y necesitaban,  tanto en el terreno social, como en el pastoral. Tengo que decir que mi vocación se reafirmó, me sentí dando una respuesta concorde con los tiempos que se vivían y con una apertura grande a todas las dimensiones que la persona humana debe vivir: la religiosa, la social, la política… en fin, allí viví los años de la madurez humana y vocacional.

La llamada del Instituto a realizar un servicio en el interior de la propia Institución, cambió mi manera de realizar la Misión. Fue un servicio hacia adentro, compartiendo con mis hermanas la Misión que cada una desarrollaba, fuera en el terreno individual como en proyectos comunitarios o en la Misión “Ad gentes”. Fue otro periodo importante en mi proceso de seguimiento de Jesucristo.

Al final de esta etapa, ya en la madurez de vida, tuve el regalo de compartir mi vida en el proyecto de Vita et Pax en Rwanda. Misión difícil por la edad que tenía y por lo que supone enfrentarte a esa realidad mundial de las diferencias sociales, económicas, culturales y en todos los campos de la vida. Contemplar y vivir de cerca la pobreza, la exclusión, las injusticias… hacen que sientas una convulsión interior que no acabas de comprender ni de asimilar. Aquí sí que me tuve que agarrar fuerte al Señor, confiar en Él.

Hoy, desde mi situación de  jubilada, sigo disponible para el servicio allí donde se me necesite. Y puedo dar gracias al Señor y decir con el salmista: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

A vueltas con el servicio, los pequeños, los últimos…

Por: MaJesúsAntón. Vita et Pax. Teruel

Domingo 29 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

El domingo pasado se puso de manifiesto que a los ricos les será difícil  entrar en el Reino de Dios.

Hoy los hijos de Zebedeo piden privilegios no quieren aceptar el sufrimiento que supone el seguimiento de Jesús. Mientras el Señor pensaba en dar la vida, sus seguidores siguen pensando en obtener privilegios, no quieren aceptar el sufrimiento que supone el seguimiento de Jesús. Como en otras ocasiones ellos no entienden, no han logrado salir de sus lógicas para comprender la lógica del evangelio. La lógica del evangelio es contraria al mundo, exige la libertad de ponerse al final, en el lugar del esclavo que sirve. Sin esta actitud consciente de renuncia y abajamiento no se puede pretender tener un puesto entre los amigos y amigas de Jesús.

“El Hijo del Hombre  no vino a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por todos”; es el Servidor sufriente, no el Mesías triunfador.

Jesús aprovecha la ocasión para  instruir a los discípulos sobre el tema del poder y del servicio, les habla del servicio como requisito fundamental para sus seguidores.

El evangelio de Marcos es un testimonio de la fragilidad de los discípulos, esa tosca arcilla que pacientemente fue moldeando Jesús. Estamos llamadas a construir comunidad humana desde el poder del servicio, y no desde el poder que abusa y oprime a los pueblos.

No debe ser lo propio de los discípulos y discípulas de Jesús el buscar puestos, poder y riquezas. El discípulo y discípula auténtica es el servidor que debe tomar distancia de las prácticas de poder propias de “los gobernantes y los potentados que dominan las naciones como si fueran sus dueños”.

La situación de los discípulos “no” es diferente a la nuestra.

Marcos subraya, a modo de denuncia profética, la incapacidad de los doce para comprender. Y surgen comentarios, actitudes, estilos de vida que se alejan de las enseñanzas de Jesús. El camino de la cruz es también el camino del discípulo o discípula. Quien busca atajos, se niega a amar apasionadamente como lo hizo Jesús. Solo resucita el que ha sabido dar la vida.

El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (y sus acompañantes tampoco).

El seguimiento de Jesús es ante todo una opción de vida y no un trampolín para obtener beneficios o privilegios y porque el camino de gloria es el camino de la cruz.

Hace unos domingos en el comentario había esta frase: “en el mundo se sube subiendo, en el evangelio se sube bajando”.

El mundo espera de nosotras otros criterios, los criterios de la sociedad siempre funcionan desde otro punto de vista. El evangelio es tajante. ¿Con qué criterios funciono yo, con los del mundo o con los del evangelio?

Estemos alertas, todos y todas en nuestra vida tenemos una parcela de poder o lo ambicionamos y todo poder tiene riesgo de dominar, ambicionar…

Los gobernantes y los poderosos utilizan el poder para abusar y oprimir al pueblo, para estar arriba o dominar. Por el contrario si por ayudar a alguien tuviéramos que rebajar nuestro nivel de vida, ¿tendríamos la libertad personal necesaria para ello?

El evangelio es justamente el servicio entregado, la donación. Las seguidoras de Jesús que pretendamos primeros puestos no podremos entender la entrega de Jesús si no cambiamos de clave, de orientación. Jesús se ha empeñado en hacernos ver que en el Reino todas somos iguales ante Dios y no hay categorías ni primeros puestos.

En el Siervo y en Jesús se cumple el plan de Dios: dignificar a los que sufren y aliviarles el sufrimiento.

“Misioneros de la fe” es el Lema este año en el día del Domund, qué mejor testimonio que estar dispuestas a gastar la vida, a dar vida y paz cada día.

Gestos de Vida

Por: Conchi Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología. Ciudad Real.

Domingo 20º del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Las lecturas de este domingo son una invitación al gran banquete de la Eucaristía. En ellas se nos ofrecen herramientas para vivir plenamente según el Señor, para que desde Él seamos nosotros/as los/as que llevemos las riendas de nuestras vidas y no sea la vida la que nos lleve.

En los textos del Antigüo y Nuevo Testamento hay algunos términos que se repiten: Sabiuría, comida, bebida, tener vida, dar vida…

Desde la vivencia reciente del fallecimiento de mi padre me cuestiono con frecuencia sobre la existencia humana, sobre la misión que desempeñamos en nuestra vida, una vida que es fugaz, que puede cambiar su rumbo en segundos… En nuestros pueblos cuando alguien fallece se dice “que sólo quedan las buenas obras, lo demás se olvida…”.

Son tiempos difíciles, ¡hay  tanto sufrimiento en nuestro mundo!,  nos levantamos por la mañana, escuchamos las noticias y no sabemos por dónde empezar, qué hacer, nos sentimos impotentes… pero está la esperanza, la fe en el resucitado, son tiempos para vivir alerta, tiempos de oración, de acción,  de crear conciencia, de despertar, de anunciar y denunciar que otras formas de vida son posibles, que en el centro del mensaje de Jesús está la persona, Él quiere que el hombre y la mujer vivan y vivan en plenitud.

Podría ser nuestra misión ofrecer nuestro ser al mundo: nuestras fuerzas, los bienes, los conocimientos, las habilidades, el tiempo, la esperanza, una sonrisa, la fe… llenar con nuestros pequeños GESTOS DE VIDA los lugares donde nos encontramos. Ser pan  crujiente, caliente para nuestro mundo; dejarnos comer y beber, gastarnos por los demás.

Tú Señor te haces pan partido y compartido y a través de él nos das la vida, la sabiduría. Nos invitas al GRAN BANQUETE de la EUCARISTÍA, nos ofreces el mejor manjar, un alimento que es la fuerza, la energía, la esperanza para nuestras vidas; un alimento que nos transforma y transforma. ¿Cómo rechazar una invitación tan generosa, somos conscientes de lo que celebramos en cada Eucaristía?…

Para la reflexión…

¿Con qué talante me acerco a la Eucaristía?

¿Cuál es mi misión en la vida?

¿Vivo mi vida como donación a la sociedad?

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