Encuentros ricos y participativos

Equipo de Pamplona

Por: Rosa Mary González. Vita et Pax. Tafalla (Navarra).

Desde el Equipo de Difusión del Carisma de Vita et Pax (EDC), me llega la invitación de hacer una pequeña aportación de la experiencia de este año, en los encuentros realizados el grupo formado en Pamplona para reflexionar sobre alguno de los temas preparados desde  el propio EDC, para los grupos de Vida y Paz.

La respuesta de los dos Centros de Vita et Pax en Pamplona, para reflexionar y trabajar juntas los temas, fue muy positiva. Nos reunimos 15 personas porque las dos que llegaron de Ciudad Real y Zaragoza también están participando.

Comenzamos el mes de octubre de 2018 con los temas “VIDA” y “PAZ” desde nuestro  carisma, y actualmente estamos reflexionando sobre el “ESPÍRITU DEL SEÑOR LLENA LA TIERRA”. Todas nos hemos sorprendido de la gran riqueza de los textos: la profundización bíblica, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y todo llevado a la situación de nuestro mundo, haciendo hincapié en nuestros Estatutos y en nuestra vida.

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Las reuniones mensuales han sido unos encuentros muy participativos, comenzando con una oración preparada cada vez por una del grupo. En las reuniones hemos ido expresando nuestra reflexión sobre el tema y ha sido muy enriquecedor, tanto la reflexión personal como la puesta en común.

Agradecemos el gran trabajo del equipo de EDC y pensamos continuar aprovechando todo el material que puede servirnos para profundizar cada vez más en nuestro SER, actualizando el Carisma en el hoy de nuestra vida. También nos hace unirnos a todos los grupos de Vida y Paz que desde hace años están conociendo nuestra espiritualidad y tratar de vivirla como todas nosotras.

Nuestra resurrección a la Vida

Por: D. Cornelio Urtasun.

El primer día de la semana acompañamos, a primera hora de la mañana, a las buenas mujeres que corrían a completar su obra piadosa de ungir el cuerpo de Aquel a quien amaban. Con ellas oímos el alegre mensaje de aquel joven de deslumbrante belleza que nos decía: “No temáis; Aquel Jesús de Nazaret, crucificado, a quien buscáis, no está ya aquí ha resucitado” ¡Que encuentro el de aquella madrugada con el Dios de la Vida!

Al día siguiente nos sentamos a la mesa, con los corazones hechos ascuas de fuego, en compañía de aquellos dos buenos discípulos de Emaús. Aquel peregrino que nos acompañaba, que tenía un no sé qué… resultó ser Él. El mismo: el Amor de nuestros amores.

Qué impresión la de aquel Cenáculo iluminado con el resplandor de Aquel Sol de Justicia que había vuelto a salir después de la tormenta y daba de lleno en los ojos asustadizos de los discípulos allí reunidos, mientras se oía el alegre e inconfundible mensaje: “¡La paz, paz, la paz sea con vosotros. Hijos míos no temáis; soy Yo, soy Yo!

¡Qué horas, a la orilla del lago, comiendo el apetitoso yantar cariñosamente preparado por las manos de aquel divino y más que nunca humano cocinero, un día muerto, ahora resucitado!

Nada digamos del diálogo conmovedor entre flor (Magdalena) y Jardinero, en el jardín del sepulcro. Aquellas dos palabras que se dijeron: ¡María! ¡Maestro!, constituyeron un idilio tan maravilloso como sublime que ninguna lengua humana sabrá dignamente cantar.

Pero ya es hora de que volvamos a la normalidad de nuestra vida, ¿Qué habremos de hacer ahora para ser dignos de ese Dios de la Vida, para llevar una vida conveniente a gentes que viven ya zambullidos con Cristo, nuestra cabeza, en el seno del Padre?

Se impone una vida nueva, una vida de resucitados con Cristo: una Vida de una proyección cada vez más sincera de ese Jesucristo, nuestra Vida, que vive en nosotros.

¿En que nos habremos de fijar? ¿En la multiplicación de los panes, en la curación de las enfermedades, en la prodigiosa resurrección de los muertos?…

Si para vivir de la Vida de Jesucristo fuera necesario hacer cosas de ese calibre… ¡qué difícil, por no decir imposible, habría hecho el Maestro la imitación de su ejemplo, el vivir de su Vida, el andar por su camino!

No hermanos, no. No necesitamos hacer grandes cosas para seguir de cerca a nuestro Maestro. Nada de multiplicar panes, nada de resucitar muertos, nada de anunciar mensajes escalofriantes… Sed ingenuamente sencillos, como saben serlo los niños pequeños, que no saben más que de confiar, de descansar, de vivir santamente despreocupados.

Es conmovedor en extremo, y meditamos poco por desgracia en ello, que de la vida portentosa que el Señor nos quiso legar en su Evangelio, solo quiso ponerse como ejemplo, en el imitar su sencillez y su humildad: “Aprended a ser sencillos y humildes como Yo”.

Y por si esas sus palabras pudieran ofrecer alguna duda, bien se encargó de aclararlas de manera que nunca jamás pudieran ofrecer el menor género de duda: “Si no os hacéis como niños pequeños no entraréis en el Reino de los Cielos”.

Qué obsesión, sobre todo en estos días de nuestra Resurrección con Cristo, qué obsesión, digo, por vivir, y más vivir, de la Vida de Jesucristo. Vivimos sanamente obsesionados con estos ideales divinos. Y a trueque de hacerlos realidad en nosotros estamos dispuestos a rompernos la cabeza. Qué se yo qué no diéramos por conseguir todo eso…

Y nos olvidamos de lo único que nos exigen y está, en todo momento, al alcance de nuestras pecadoras manos: ser sencillos como los niños pequeños y como ellos confiar, confiar, confiar…

¿Qué preocupación siente un pequeño, por más seguro que se cierna el horizonte sobre él? ¿Qué falta a ese pequeño, a pesar de su despreocupación?

Tiene unos padres que cuidan de él… ¡Ya puede!

Y nosotros tenemos un Jesucristo que cuida de nosotros… ¡Qué no podremos!

Jesús, Vida mía; enséñame a vivir esos caminos de sencillez, de confianza total, de abandono completo en Ti, que tan en derechura llevan a esas cristalinas fuentes de la Vida de la que tan sedientes vivimos, después de nuestra resurrección a la Vida.

 

Este es el Día que hizo el Señor, Día de fiesta y de gozo…

Domingo de Pascua de Resurrección

Por: M. Carmen Calabuig. Vita et Pax. Valencia

Hemos vivido con el Señor, de forma intensa, en esta Semana Santa, su entrega hasta la muerte por amor… “Nos amó y se entregó por nosotros”.

Pero aquí no terminaba su camino, el Espíritu lo RESUCITÓ de entre los muertos.

Él nos reservaba su gran don, RESUCITAR CON ÉL, para vivir PLENAMENTE EN ÉL. Lo veremos cara a cara, seremos semejantes a Él…

Esta realidad que vivieron los apóstoles, nos la narran con convicción y firmeza:

“Dios lo resucitó al tercer día, nosotros somos testigos… hemos comido y bebido con Él después de su resurrección”, ES LA RAZÓN DE NUESTRA FE.

Sabemos que nuestra vida es limitada, que un día terminará aquí en la tierra, pero desde nuestro nacimiento, o más bien, desde nuestra existencia en el pensamiento de Dios, estamos destinados a vivir eternamente con Él y a vivir EN PLENITUD DE SU MISMA VIDA.

A veces, siento que nuestra confianza no es tan firme ni segura como la de los Apóstoles, aunque también a ellos les costó creer: “Hasta entonces no habían entendido la Escritura…”

María Magdalena, guiada por su amor a Jesús, fue al sepulcro, donde lo habían depositado, y no lo encontró… “no sabemos dónde lo han puesto…” y quizá entonces se tambalea la fe, nuestra confianza.

María corrió a transmitir su inquietud a Pedro, que con Juan, fue al sepulcro. Vieron los signos de la muerte: lienzos, sudarios… pero  Juan VIO Y CREYÓ.

Volvamos, como María Magdalena, a buscar al Señor al jardín, donde Él dirá nuestro nombre y le reconoceremos vivo y glorioso: “Resucitó de veras mi amor y mi esperanza. Venid a Galilea, allí el Señor aguarda, allí veréis los suyos la gloria de la Pascua”

Que la Resurrección del Señor, ilumine nuestros ojos y caldee nuestro corazón, para VERLE Y VIVIR  resucitados.

Yo me pregunto ¿los cristianos creemos verdaderamente en la resurrección? Si es así, ¿por qué tememos tanto la muerte?

Toda nuestra vida es un caminar de la mano de la vida y de la muerte, siempre vienen con nosotros las dos. A un tiempo que crecemos y maduramos, algunos aspectos de nuestra vida se van perdiendo, siempre la vida y  la muerte.

“Lucharon Vida y muerte en singular batalla y muerto el que es la VIDA, triunfante se levanta.”

Esta VIDA va penetrando nuestro ser para renovarnos cada día, hasta llegar a ser plenamente lo que Él pensó para nosotros, desde el principio.

Es importante vivir buscando “las cosas de arriba”, los aspectos que nos van haciendo más humanos, más fraternos, más creadores de vida a nuestro alrededor.

No busquemos entre los muertos al que VIVE.

Vayamos a Galilea, como TESTIGOS DE SU RESURRECCIÓN y pasemos por el mundo, como Él, haciendo el bien, creando un mundo más justo, humano y fraternal y una tierra capaz de acoger y dar vida a todos.

¡¡¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA  Y NOSOTROS RESUCITAREMOS CON ÉL!!!

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECIÓN!

Pregón Pascual 2019

Pregón Pascual 2019

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Agenda Segundo Trimestre 2019

Agenda Vita et Pax

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

  • 1 de abril: Aniversario del paso a la Vida de D. Cornelio Urtasun, fundador de Vita et Pax.

  • 3 de abril: Iniciamos la tercera parte del trabajo de preparación a la IX Asamblea General: ‘Vita et Pax, un camino de fraternidad en el mundo’.

 

 

  • Del 2 al 9 de abril: Ejercicios Espirituales en Moncada, acompañadas por José María Fernández Martos sj. Organiza Vita et Pax.

  • Del 2 al 9 de abril: Reuniones del Equipo de Consejo en Pamplona.

 

  • Del 5 al 7 de abril: Formación de Formadoras en Madrid. Organiza: Cedis.

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  • Del 1 al 2 de junio: Asamblea Cedis en Madrid

Vía Crucis de nuestra Casa Común

Vía Crucis de nuestra Casa Común

Desde la Encíclica Laudato si’

Por: Maricarmen Martín. Vita et Pax. Madrid

  • PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Nuestra casa común convertida en un gran estercolero

Los seres humanos, sobre todo, los de los países ricos, producimos cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa común, la estamos convirtiendo, cada vez más, en un inmenso depósito de porquería, un gran estercolero.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Nuestra casa común se ahoga con la contaminación

El ambiente en nuestras ciudades es cada vez más nocivo. Los índices de contaminación no paran de aumentar a causa de elevados niveles de humo que proceden de los combustibles que se utilizan para cocinar o para calentarse. A ello se suma la contaminación debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias, a los fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

El clima de nuestra casa en peligro

Existe un consenso científico que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado de un constante crecimiento del nivel del mar y desastres meteorológicos, grandes inundaciones o sequías extremas. La mayor parte del calentamiento se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Otras catástrofes provocadas por el calentamiento

A su vez, el calentamiento tiene efectos nocivos sobre el ciclo del carbono. Crea un círculo que agrava aún más la situación y que afectará los recursos como el agua potable, la energía y la producción agrícola de las zonas más cálidas y provocará la extinción de parte de la biodiversidad del planeta. El derretimiento de los hielos polares amenaza con una liberación de alto riesgo de gas metano, y la descomposición de la materia orgánica congelada podría acentuar todavía más la emanación de anhídrido carbónico.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • QUINTA ESTACIÓN: SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

Los recursos naturales se agotan

Consumimos sin freno, esto lleva al agotamiento de los recursos naturales. Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta sin que le demos tiempo a recomponerse, sin ser muy conscientes de ello, estamos dilapidando los recursos de las generaciones futuras.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO A JESÚS

Se reduce de forma alarmante la cantidad de agua

La provisión de agua permaneció relativamente constante durante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término. Grandes ciudades sufren períodos de disminución de recursos. La pobreza del agua social se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Muertes en la casa común producidas por la mala calidad del agua

Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los empobrecidos, que provoca muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes enfermedades relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera son un factor significativo de sufrimiento y de mortalidad infantil. También las aguas subterráneas, en muchos lugares, están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades agrícolas e industriales.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

La depredación llega a los recursos de la tierra

Los recursos de la tierra también están siendo depredados por la forma de entender la economía y la actividad comercial y productiva. La pérdida de selvas y bosques implica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar en el futuro recursos sumamente importantes, no solo para la alimentación, sino también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

La casa común esquilmada

No basta pensar en las distintas especies solo como eventuales recursos explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna actividad humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

La casa común despojada de su belleza

Son admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano. Pero mirando el mundo, advertimos que este nivel de intervención humana, frecuentemente al servicio de las finanzas y del consumismo, hace que la tierra en que vivimos en realidad se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris, mientras al mismo tiempo el desarrollo de la tecnología y de las ofertas de consumo siguen avanzando sin límite. De este modo, parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e irrecuperable por otra creada por nosotros.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ 

Los moradores de la casa común en peligro

El ser humano es también una criatura de la casa común y es afectado por la degradación ambiental del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas. El deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta. Los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente empobrecida. El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos pobres, en los conflictos generados por falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • DUOCÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Gemidos de la casa común y de sus moradores

Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado tanto nuestra casa común como en los últimos siglos. Pero estamos llamados a escuchar esos gemidos y ser los instrumentos del Padre-Madre Dios para que nuestro planeta sea lo que Él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

Necesitamos soluciones integrales para la casa común

Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren la conexión profunda de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

Apostar por otro estilo de vida en la casa común

Mientras más vacío está el corazón de la persona más necesita objetos para comprar, poseer y consumir. Sin embargo, no todo está perdido. No hay sistema que anule por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. Por eso, podemos asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. Está a nuestro alcance evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar solo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público, plantar árboles, apagar las luces innecesarias…

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

  • DÉCIMOQUINTA ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS

Es imprescindible que el principio del bien común rija la convivencia de nuestra casa

En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, el principio del bien común se convierte en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más empobrecidos. Hoy, desde el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. Y todos necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. En nuestra casa común no hay espacio para la globalización de la indiferencia.

“Por Él, Dios quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20).

 

Despegamos

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

En julio tendrá lugar nuestra IX Asamblea General y estamos emocionadas y a la expectativa con todos los preparativos para este acontecimiento del Espíritu; el lema que nos orienta es “Vita et Pax, un camino de fraternidad en el mundo”. Las asambleístas que van a representar a todo el Instituto ya han sido elegidas y del 22 al 24 de marzo tuvimos reunión de asambleístas en Madrid, no pudieron asistir todas pero sí que las tuvimos presentes en todo momento.

Nuestra Directora General nos dio la bienvenida y a la luz del profeta Isaías (2,3) nos decía: “Se nos ha invitado a venir, a subir al monte, para constatar una vez más nuestro caminar a lo largo de estos seis años, experimentar la fidelidad del Señor junto al que caminamos, para que nos siga enseñando sus caminos, lo bueno que quiere para nosotras hoy desde nuestra realidad y que sigamos andando por sus sendas, siendo signos de la Vida y de la Paz”.

A continuación rezamos comunitariamente y tomamos conciencia de nuestro ser asambleístas por ‘vocación’. Las compañeras nos han elegido y, a través de ellas, Dios nos envía a participar en la IX Asamblea General de Vita et Pax. Él nos llama para una misión muy concreta y puntual y todas hemos respondido afirmativamente. Diferentes relatos vocacionales iluminaron nuestro proceso y nos fortalecimos porque, a pesar de la preocupación y la responsabilidad, sentimos cerca la presencia de Dios que nos sostiene.

El sábado estuvimos acompañadas por Víctor Pidal, presbítero, que nos ayudó en la metodología a utilizar y su mística. Fue un día rico y profundo que nos  introdujo, especialmente, en la espesura de la realidad y en la mirada de Dios sobre ella. Nos invitó a partir de la vida para volver a ella con las entrañas misericordiosas de Dios.

El domingo concretamos lo del día anterior, evaluamos, celebramos gozosas la Eucaristía y con el corazón y el ánimo bien dispuesto y con energía regresamos a nuestros lugares de origen. Nos acompañan las palabras del P. Cornelio, nuestro fundador, dirigidas a la IV Asamblea y ahora a nosotras: “… hemos calentado motores, escogido la pista, control, instrumentos, despegamos… El Espíritu Santo, el primer piloto del vuelo. Buscamos lo que es bueno, lo que es recto, lo que es mejor para Vita et Pax, y sabemos que todo eso y más nos da el Espíritu Santo, dador de la Verdad completa. La Verdad del Espíritu Santo: da Vida, da Paz…”.

El Espíritu Santo en Vita et Pax

Grupo Vida y Paz de Alicante

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

El jueves nos reunimos de nuevo como todos los meses y esta vez no sólo con una invocación al Espíritu sino que íbamos a pasar todo nuestro encuentro con Él, el tema que traíamos era “el Espíritu Santo en Vita et Pax”.

Como siempre comenzamos por la invocación al Espíritu para que sea Él el que nos acompañe y nos inspire, esta vez la oración nos trajo muchos ecos de nuestra vida y fue una oración compartida y extensa. Luego pasamos al tema del Espíritu que llena nuestra tierra, la tierra de nuestro camino, a través de la lectura pudimos ver la trayectoria de D. Cornelio, y no solo leerla si no vivirla en parte, nos imaginábamos su camino y surgía muchas preguntas a las que con gusto y cariño intentábamos contestar ampliamente.

Ha sido una reunión muy compartida y muy interesante. El cómo D. Cornelio había seguido un camino marcado por ese Espíritu, el seguir “un poco” paso a paso sus dudas, su discernimiento, sus preocupaciones,… fue cómo encontrarse con la interioridad de la persona.

Al mismo tiempo nos preguntábamos cómo hacerlo en nuestra vida, cómo discernir qué es lo más importante de lo importante.

Terminamos la reunión exponiendo cada una un don del Espíritu e intentando comprender el significado de ello en la vida diaria.

Fue una reunión rica, porque el compartir es una riqueza.

El Tabor, punto de partida

Por: D. Cornelio Urtasun

El pasado domingo contemplábamos al Señor en el desierto tentado y molestado por el diablo. Hoy le vemos en el Tabor resplandeciente, hermoso, transfigurado en medio de Moisés y Elías. Él es el Hijo muy amado en quien el Padre tiene sus complacencias. Toda esta semana no ha cesado la Iglesia de exhortarnos con insistencia a la oración, al ayuno, al arrepentimiento de los pecados, a la penitencia. Tanto insiste que parece que deprime y cansa; la santidad, sin embargo, no es un conglomerado de preceptos que abruma y oprime sino vida y vida pujante, que da fuerza y vigor haciendo dulces y llevaderos todos los trabajos y sufrimientos.

Por eso, para que nuestra vida espiritual no quede anquilosada bajo el peso abrumador de la penitencia y del ayuno, sino rejuvenecida y vigorizada, para que nos animemos más y más a recorrer hasta el fin el camino comenzado, la Iglesia, siempre Madre bondadosa, pone ante nuestra consideración la escena de la Transfiguración del Señor. El Señor, hermoso y resplandeciente en el Tabor, es el símbolo y la más segura garantía de nuestra futura transfiguración. Creamos, esperemos, confiemos… La cuaresma es tiempo de generoso esfuerzo, de reforma, tiempo de tentación; todavía nos resta mucho camino que recorrer, pero no importa, creamos firmemente, más todavía que en la Transfiguración, en el Transfigurado, ya que al que cree todo le es posible. ¡Del Tabor a Getsemaní y al Calvario!

El Señor, en medio de la gloria de la Transfiguración, conversa con Moisés y Elías de su Pasión; escoge como testigos de su exaltación a los mismos que más tarde han de ser testigos de su agonía en Getsemaní. Nadie también como Él conocía la debilidad de los suyos y la necesidad que tenían de su Transfiguración para que su fe quedase robustecida.

El Tabor es como un punto de partida del camino que nos lleva a Getsemaní, al Calvario, a la Cruz, a la Pascua. Después de aquel suceso, de aquella ratificación del Padre, Jesús desciende con sus Apóstoles de la cumbre del monte y continúa su vida ordinaria con la misma sencillez y naturalidad de siempre.

La vida ordinaria, las pequeñas cosas de todos los días hechas con mucho amor, he aquí lo que constituye nuestra santificación; no nos podemos contentar como Pedro con quedarnos en la cumbre del Tabor; tenemos que descender y abandonar el punto de partida.

Todos los días en nosotros tiene lugar esta maravillosa Transfiguración, más real si se quiere que la del Tabor; el mismo Señor nos ha dicho: “Como me envió mi Padre que vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por Mí”. En el fervor de la comunión, acordémonos todos los días de la ardua tarea que vamos a comenzar, no nos contentemos solo con los goces de nuestra transfiguración, no nos olvidemos de que nuestro Amado en medio de ella, nos habla de su Pasión que es nuestra, de su sacrificio que es nuestro. La comunión más transformadora no es sino la que va acompañada de mayor sacrificio. ¡Agarrémonos fuertemente al Señor!

Señor nuestro Jesucristo, qué hermoso, qué divino, qué transfigurado te presentas hoy: Tú eres nuestro Amado y por Ti estamos dispuestos a todo. Señor: vive en nosotros, haznos transparentes como el cristal para que todos los que nos vean y oigan, Te vean a Ti y a Ti te oigan.

Testigos de Jesús y su Reino en Alboraya

Grupo Vida y Paz de Alboraya

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia

Desde Alboraya, el pueblo de la horchata, volvemos a asomarnos a esta ventana que nos comunica y abre a tanta gente.

Estamos a punto de cumplir ocho cursos de nuestra andadura como Grupo Vida y Paz y, a pocos meses de participar nuestra experiencia en la Asamblea que el Instituto va a celebrar en julio próximo, es lo que en este momento ocupa parte de nuestro interés. Se nos está pidiendo una colaboración para ser presencia en ella y aunque nos inquieta algo poder expresarnos bien, también nos llena de alegría y vamos a ponernos manos a la obra.

Acabamos de comenzar el tercer bloque de temas de formación y el Espíritu Santo nos está llenando de gozo y de entusiasmo al reconocer su obra en nuestras vidas, al ver cómo está conduciendo nuestro grupo, cómo vamos encontrando señales de su presencia entre nosotras. El mismo Espíritu nos pide coherencia de vida para poder ser testigos de Jesús y del Reino: tarea hermosa pero difícil. Tenemos seguridad de que contamos con su ayuda y energía vital.

Caminamos juntas queriendo ser parte muy activa del proyecto de Jesús y saludamos desde aquí a todas nuestras compañeras, y algún que otro compañero, que forman parte de los otros Grupos Vida y Paz. Saludos pues a Barcelona, Ciudad Real, Alicante, Guatemala y a nuestras vecinas de Valencia, Pintor López.

Abrazos y hasta otra ocasión. Buena Cuaresma.

 

 

 

 

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