Testimonio de Carmen Benito

Por: Carmen Benito Vita et Pax – Valencia

Desde Valencia, mi actual destino, después de muchos años viviendo en el extranjero, voy a explicar en qué empleo mi tiempo, mis horas de voluntariado, en esta etapa de la vida que Dolores Aleixandre define como “… etapa diferente de las anteriores en las que, junto a evidentes pérdidas, se nos presentan nuevas oportunidades”. Y, continúa, “cómo debemos disponernos a afrontarla con radical confianza: algo así como si le firmásemos a Dios un cheque en blanco en el que expresamos que, sea como sea ese tiempo, estamos seguros de su presencia y su compañía”. 

También me parece muy importante vivir con el convencimiento de que la entrega en el servicio debe ser para una persona consagrada lo que ocupe y mueva sus proyectos de seguir trabajando por el Reino, porque la misión es de siempre y para siempre.

En la fundación Ceimigra, en Valencia, imparto clases de español tres mañanas a la semana, de octubre a junio. Ceimigra es un centro de estudios para la integración social y formación de inmigrantes. Los grupos de estudiantes siempre están compuestos por alumnos de diversas nacionalidades de Europa, Asia y África, que reciben una enseñanza gradual y utilizan un material totalmente gratuitos; cada curso se prolonga durante tres meses y los alumnos que han asistido con regularidad y aprovechamiento, reciben un Certificado académico.

Para mí, en esta etapa de mi vida de jubilada, el poder continuar en lo que ha sido mi profesión, es sumamente gratificante. Nuestros alumnos, que hoy constituyen un grupo social necesitado y, en casos, hasta marginado, son un enriquecimiento para mí con sus vidas y sus experiencias. Yo les ayudo en algo vital para ellos, como es aprender el idioma español, y ellos me aportan otros valores; en las clases no sólo se trasmiten e intercambian conocimientos sino que se comparten vivencias y experiencias de mundos y realidades tan distintos. Lo más importante es la acogida hacia ellos y entre ellos, el trato y el respeto.

Además de las clases, dedico un día a la semana a ayudar en el Cottolengo del Padre Alegre de Valencia. Otra experiencia, muy diversa a la anterior, que me hace contactar con otro mundo, el del dolor y la impotencia, de la enfermedad y la deficiencia.

Puedo decir también que, cada día, al despertar por la mañana, agradezco al Señor la nueva oportunidad de poder vivir el don de ser testigo de su Vida y de su Paz.

Carmen Benito

Carmen falleció en enero de 2011, como homenaje publicamos el testimonio que nos compartió en el año 2010.

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