Una búsqueda continua

Por: M. Jesús Antón. Vita et Pax. Madrid

Mirar con perspectiva la vida desde los 70 años es un buen ejercicio. No es difícil recordar “cómo apareciste en mi vida” pero sí lo es, expresarlo por escrito.  De familia religiosa, mujer entre dos varones y muy querida, fui educada en escuelas nacionales y con la suerte de tener maestras que dejaron huella. No tuve traumas en mi vida respecto a la vida religiosa, no sé si muy consciente, fui despertando y creciendo en la fe.

Me marcaron las campañas que celebrábamos cada año en la escuela: la  Santa Infancia y el  Domund. En mi juventud pertenecí a A.C. Anduve conociendo y más tarde buscando entre la vida contemplativa y las misiones. Y, de repente, a través del testimonio de una misionera seglar que estaba de vacaciones, el Señor me tocó, y comencé a tomarme más en serio mi seguimiento a Jesús con un compromiso temporal  en OCAHSA-Cristianos con el Sur. Y partí para Guatemala.

Allí, fue creciendo en mí una fe más personal, y también me nació la conciencia social descubriendo un mundo de pobreza, sufrimiento y desigualdades; también una Iglesia más viva y comprometida con esta realidad social (eran los tiempos del post-concilio, y la recién terminada 1ª Conferencia Episcopal en L. A. de Medellín, el comienzo de la Teología de la Liberación).

Sigo dando gracias a Dios que me llamó a conocerle más de cerca en una realidad tan diferente a la que yo conocía, repito muchas veces que allí aprendí a rezar el Padrenuestro y  que el seguimiento a Jesús, que pasó por la vida haciendo el bien,  ni es fácil, ni se hace de una vez para siempre, y que si estás alerta, cada día te sale al encuentro de manera diferente.

Pero yo seguía inquieta, seguía buscando algo más, parecía que Dios quería complicarme la vida y sentía que su llamada no era solo para un tiempo, y como la vida del creyente es una búsqueda continua, seguí buscando. Jesús también anduvo en su vida buscando, buscaba a los más pobres y marginados de su tiempo, a los enfermos,…y  ser fiel a su Padre.

 Todavía en Guatemala conocí otro modo de vivir el seguimiento a Jesús desde la consagración secular. Al terminar mi misión en Guatemala, entré a formar parte del Instituto Secular Vita et Pax, en él continúo inquieta y andariega, sigo teniendo mis dudas y mantengo esa búsqueda continua en nuestra Iglesia y en este mundo tan necesitado de fraternidad, para no acomodarme y me peleo conmigo misma, exigiéndome e intentando vivir la radicalidad evangélica.

Han crecido mis relaciones conociendo otras gentes, otras culturas, aprendiendo de todas y sigo dando gracias a Dios por seguir en su búsqueda, intentando cada día,  ser  VIDA y PAZ  en este mundo.

Y en estos tiempos recios que nos toca vivir, donde es necesario estar con los ojos y el corazón atento, al ver y acercarnos al sufrimiento de tantos hombres, mujeres y niños marginados de esta sociedad opulenta, sedientos de acogida, me gusta  mucho el pensamiento de Etty Hillesum “Tendremos que ayudar a Dios…”,  y desde la solidaridad y la fraternidad, dar razón de nuestra esperanza.

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