¡Cambia Señor nuestro corazón indiferente por un corazón de carne!

Oración ante el Mediterráneo

Por: Equipo de Difusión del Carisma. Vita et Pax.

 

Y el día 24 de marzo llegó. Eran las siete de la tarde y poco a poco, en el lugar acordado nos fuimos congregando un grupo de personas para rezar. Sí, para rezar. Nos convocaba el Instituto Secular Vida y Paz. Este Instituto lo formamos un grupo de mujeres laicas consagradas que trabajamos por la vida y la paz para hacer un mundo más justo, humano y fraterno. Desde hacía algunos meses veníamos acariciando la idea de reunirnos y orar ante el drama de tantos hermanos y hermanas muertos en el Mediterráneo, que vieron en este mar la antesala de la libertad y de una vida más justa.

El lema escogido fue Nuestra indiferencia les ahoga. Era una oración pública, con ella queríamos visibilizar tantas vidas truncadas, tantas ilusiones ahogadas, tantas familias rotas, tanto sacrificio y tanto sufrimiento, huyendo de guerras, persecuciones, hambrunas, en medio de una sociedad que quizá se conmueva pero hace poco o nada y peor aún, que no es sensible ni ante las situaciones desesperadas de cientos y miles de mujeres, niños y hombres que buscan un sitio a nuestro lado.

Hicimos nuestras las palabras del Papa Francisco en Lampedusa, ante la gran tragedia de los inmigrantes que vienen a Europa: “Sólo me viene la palabra vergüenza. Es una vergüenza. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’: la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar”.

El coro Emaús, de la Parroquia San Vicente Ferrer de Elche puso música a este drama con la canción “El sueño de la esperanza” de Pedro Sosa: Habrá que abrir las ventanas/ para asomarse a la playa/ y hacer una red de lazos,/ y un puente brazo con brazo/ para que vengan y vayan./ Habrá que abrir las cancelas/ para acercarse a la playa,/ a ver si así se nos callan/ los gritos por los oídos/ de tanto niño perdido…/ A ver si Europa se entera/ que no hay quien ponga barreras/ al sueño de la esperanza,/ que el alma se aferra a un sueño/ y el sueño mueve las barcas./ Para vivir de rodillas,/ mejor morir en el agua./ Ahogarse en la pena hiere/ y deja llagas que sangran./ Mejor ahogarse en las olas,/ las olas no dejan marcas.

El testimonio de Ousman Ndiaye, de Senegal, puso carne, cuerpo y rostro concreto a esta tragedia. Como tantos otros, acuciado por la necesidad y el hambre de los suyos, después de una conversación con su madre, una noche cualquiera de hace once años, en plena oscuridad, se metió en un cayuco, sin ver el horizonte ni a sus compañeros de viaje, y puso rumbo “a la tierra prometida”. La de Ousman es una historia con final feliz. Él mismo nos compartió que vino a España por necesidad, ahora se queda por amor. Porque ha encontrado personas que le acogen en su casa, que lo sientan a su mesa, que come la misma comida y que lo tratan como a uno de los suyos y así se siente él.

La Palabra de Dios iluminó el corazón de la oración. Escuchamos clamar por su liberación al pueblo de Dios en el libro del Deuteronomio; asesinar hermano a hermano en el Génesis; invitar a la acogida al forastero en el Levítico. Escuchamos la huida a Egipto de José y su familia por miedo a la muerte en Mateo y también en Mateo, la propia voz de Jesús nos dijo que todo lo que hagamos a uno de esos hermanos suyos más pequeños a Él se lo hacemos.

Desde nuestra pequeñez y fragilidad elevamos nuestra plegaria a Dios pidiéndole que cambie nuestro corazón indiferente en un corazón de carne. Pedimos también por los gobernantes, por quienes tienen en sus manos la posibilidad de abrir fronteras, quitar muros, tender puentes, firmar la paz, desarrollar políticas justas, crear empleo… Y agradecimos, por todas aquellas personas, grupos e instituciones que, superando la indiferencia, se dejan tocar el corazón y acogen en sus vidas y en sus casas a las personas que llegan buscando cobijo.

Cantamos y rezamos el Padrenuestro sintiéndonos hijas e hijos del mismo Padre, hermanas y hermanos de toda la humanidad, con la conciencia de que todos y todas pertenecemos a la única familia humana. Y concluimos nuestra oración con una danza de alabanza a Dios Padre-Madre, nuestro Creador y Salvador, que nos ofreció el grupo En-danza de la parroquia San Vicente Ferrer de Elche.

Con esta plegaria íntima volvimos a nuestros quehaceres cotidianos ¡Cambia Señor nuestro corazón indiferente por un corazón de carne!

 

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies