Este es el tiempo de la Misericordia

Celebración penitencial

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid.

Nos encontramos de lleno en el Año Santo de la Misericordia y, como no podía ser de otro modo, nos vamos a centrar en las entrañas del Padre de la Misericordia (Lc 15,11-32) para esta celebración de la Penitencia. ¡Qué sabida tenemos esta historia! Tal vez, por ello, no nos damos cuenta de la honda revolución que se encuentra dentro. Nos cuenta que había un hijo al que le quemaba el suelo paterno; la felicidad, según él, solo podía encontrarse fuera del hogar. Cuando partió no sabía si debía avanzar al norte o sur, este u oeste. Su brújula solo indicaba una dirección: lejos. Malgastó el dinero en simulacros de amor, incapaz de encontrar el verdadero. Acabó entre puercos, y tuvo que ser su estómago inquieto el que le recordase la inquietud del corazón: “en casa de mi padre… sí me levantaré, volveré…”.

Hay, sin embargo, en la parábola, otro corazón, el del Padre, que permanece en el hogar. Llama la atención que la palabra que más se repite a lo largo del texto es padre. No es hijo, ni hermano, ni pecado… es padre. Aparece 12 veces. El Padre dejó marchar al hijo, no se lo impidió. Le entregó lo que le correspondía de su herencia. Nos imaginamos su dolor. Y, a la vez, intuimos que, cuando firmaba los documentos que hacían a su hijo dueño del patrimonio, conservaba en secreto una esperanza. El hijo podía abandonar la casa pero no la nostalgia del Padre grabada en el fondo de su corazón, que le invitaba sin cesar a volver.

No pensemos que el Padre permaneció sin más a la vera del camino, esperando cada mañana la vuelta de su hijo. No se redujo a eso su actividad. Encontró la forma de meterse Él también en la maleta de su vástago, de colarse en el hatillo que se colgó al hombro, como una especie de GPS para que el hijo pudiese volver. Para ello grabó su propia imagen en el fondo de los deseos del hijo. Así sabía que, a través de toda su búsqueda y derroche, podía seguir atrayéndole de vuelta a casa.

Y al final de su ruta, hastiado de su vida, hambriento y sin dinero, descubre la gravedad de la ofensa al ver al Padre que le tiende los brazos. El amor, en vez de disimular la falta, de hacerla más pequeña, de justificarla, la pone de relieve. Pecar no es solo ir contra una norma, saltarse uno de los semáforos de Dios…  Quien peca hiere a un amigo, abandona a un hijo, reniega de un hogar, traiciona a un esposo, olvida a una madre, siega una vida, rompe una palabra, roba el salario del trabajador…

Al confesar el desastre en el que ha convertido su vida, el hijo pródigo proclama, también, una nueva dignidad. No culpa a nadie más, se niega a ser una víctima. Y la confesión nos prepara para la fiesta. Advirtamos que el Padre jamás le dice a su hijo: “Te perdono”. La fiesta es el perdón. Recibido por el Padre, el hijo pródigo pudo también perdonarse a sí mismo, reconciliarse con su historia extraviada. Jesús nos dice que cada vez que alguien es perdonado hay fiesta. Perdonar es una oportunidad para empezar de nuevo; una nueva posibilidad de vida nos es dada.

Había otro hijo en la parábola. Este no se marchó por los caminos; se quedó en su casa paterna. Pero hay muchas formas de estar presente. Y una puede ser la de hacer de todo en la familia – aportar el fruto del propio trabajo, tener allí comida y techo, vivir entre las mismas paredes… – y, sin embargo, no estar en el hogar.

Es este el drama del hijo mayor. Él no intercambió el amor del Padre por otros amores, como hizo el pequeño. No negó el amor con amores errados, sino con la indiferencia ante el amor. Eligió permanecer en casa, bajo apariencia de total normalidad, pero quedándose ausente, mero espectador de los afanes paternos, mercenario a su servicio. Su cuerpo estaba allí pero su corazón vagaba por otros lares.

Este es el tiempo de la Misericordia:

  • Repasa todo lo que queda en ti de hijo pequeño: ese deseo de alejarte de lo que significa vivir en fraternidad, lo que hay de vivir a tu aire, a tu gusto, sin compromisos ni tareas… gastando tus dones solo para ti…
  • Desde la experiencia de ese amor misericordioso del Padre desata los nudos que ahogan tu misericordia: las rencillas del corazón; las traiciones a las promesas dadas; el olvido de las manos tendidas en busca de ayuda; la media verdad que ensucia nuestros labios; la crítica que cosifica al otro; las huidas de casa en busca de novedades sin sustancia…
  • Nos acosa, a veces, la tentación de observar nuestras culpas desde la soledad.¡Dejemos de mirar nuestro pecado con los propios ojos! Miremos nuestro pecado desde Dios, con los ojos del Padre Misericordioso. Cuando Dios perdona nuestros pecados no está cambiando la opinión que tiene de nosotros, está cambiando la opinión que nosotros tenemos de Él. No cambia Dios, cambiamos nosotros.
  • Quizá, también, encuentres en ti algo del hijo mayor que pasa factura por los servicios, que tiene envidia de la fiesta que el Padre presta al hijo que se ha escapado… Y siente también que ese Dios-amor sale a tu encuentro en lo que hay en ti de hijo mayor para abrazarlo y para que descubras que “todo lo mío es tuyo”…
  • Contempla al Padre bueno largamente, sus entrañas misericordiosas que vuelven a engendrar vida… el perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza. Descubre lo que en ti ya hay de Padre-Madre bueno y da gracias por ello.

Lo mejor está por venir

Lo mejor..

Habrá un día en que todos, al levantar la vista,
veremos una tierra que ponga libertad.

Sonarán las campanas desde los campanarios,
y los campos desiertos volverán a granar
unas espigas altas,
dispuestas para el pan.

También será posible que esa hermosa mañana ni tú,
ni yo ni el otro la lleguemos a ver;
pero habrá que empujarla para que pueda ser.

(José Antonio Labordeta).

 

 

 

Caminos de Adviento

Caminos de Adviento

Florentino Ulibarri (Brisa y rocio. Ed.Verbo Divino)

Adviento:
una multitud de caminos de búsqueda y esperanza
para recorrerlos a ritmo ligero siguiendo las huellas
de Abrahán, nuestro padre en la fe;
de Jacob, astuto, enamorado y luchador;
de Moisés, conocedor de desiertos y guía de amotinados;
de Isaías, profeta de un mundo nuevo;
de Jeremías, sensible a los signos de los tiempos;
de Juan Bautista, precursor humilde y consciente;
de José, por la vida alterada por Dios y su amada;
de María, embarazada y llena de gracia
y con los ojos fijos en quien va a nacer en cualquier lugar y circunstancia.

Adviento,
en nuestra vida e historia, siempre es una aventura osada
que acontece en cualquier plaza, calle y encrucijada,
o en el interior de nuestra casa, o en nuestras propias entrañas.

Adviento:
tiempo y ocasión propicia para preparar el camino:
igualar lo escabroso, enderezar lo torcido, rebajar lo pretencioso,
aventar el orgullo, rellenar lo hoyos negros, despejar el horizonte,
señalar las fuentes de agua fresca, no crear nieblas ni tormentas,
sembrar verdad, justicia y amor y tener el corazón con las puertas abiertas.

Te agradecemos, Señor, la reiterada presencia del Adviento
en nuestra vida e historia.
En él, gracias a tu Espíritu y Palabra, y a nuestra humilde acogida,
despunta una nueva aurora.

Más allá

MAS ALLÁ . Gloria Estefan

Cuando das sin esperar
cuando quieres de verdad
cuando brindas perdón
en lugar de rencor
hay paz en tu corazón.

Cundo sientes compasión
del amigo y su dolor
cuando miras la estrella
que oculta la niebla
hay paz en tu corazón.

Más allá del rencor
de las lágrimas y el dolor
brilla la luz del amor
dentro de cada corazón.
Ilusión, Navidad
pon tus sueños a volar
siembra paz
brinda amor
que el mundo entero pide más.

Cuando brota una oración
cuando aceptas el error
cuando encuentras lugar
para la libertad
hay una sonrisa más.

Cuando llega la razón
y se va la incomprensión
cuando quieres luchar
por un ideal
hay una sonrisa más.

Hay un rayo de sol
a través del cristal,
hay un mundo mejor
cuando aprendes a amar.

Más allá del rencor
de las lágrimas y el dolor
brilla la luz del amor
dentro de cada corazón.

Cuando alejas el temor
y prodigas tu amistad
cuando a un mismo cantar
has unido tu voz
hay paz en tu corazón.

Cuando buscas con ardor
y descubres tu verdad
cuando quieres forjar
un mañana mejor
hay paz en tu corazón.

Más allá del rencor
de las lágrimas y el dolor
brilla la luz del amor
dentro de cada corazón.
Ilusión, Navidad
pon tus sueños a volar
siembra paz
brinda amor
que el mundo entero pide más

Convencimiento

Oración del Viernes Santo

Por: Carmen Álvarez Ricart. Vita et Pax. Valencia

¡Oh Jesús! danos luz y sensibilidad

para reconocerte en tantos crucificados hoy;

en tantas y tantos injustamente tratados,

empobrecidos, hambrientos…

No nos dejes quedar indiferentes

ante tanto dolor, mientras giramos sobre nosotros mismos,

sin tenerte en cuenta, “Cristo total”. Tú te identificas

con los sedientos, los enfermos, los encarcelados…

Que nos sea imposible no unir tu suerte a la de quienes

son emigrantes, refugiados, desplazados, perseguidos,

maltratados, privados de derechos humanos…

hasta del derecho a vivir; quienes no tienen trabajo…

Quienes viven en soledad, sin sentirse queridos,

valorados, tenidos en cuenta, comprendidos.

Señor: si separamos tu Pasión del dolor del mundo,

no te hemos entendido. ¡Ábrenos los ojos y el corazón!

Concédenos vivir en la fe, la experiencia de tu Muerte, Primogénito de entre los

muertos, Jesús muerto y sepultado. Danos el gozo de las Bienaventuranzas para que

tu Reino sea realidad , y ya que has sido levantado sobre la tierra, atrae a todos a ti y

asócianos al triunfo de tu Resurrección.

Dime cómo ser pan

DIME COMO CÓMO SER PAN.  (Soledad Arricibita)

Dime cómo ser pan, dime cómo ser pan,

cómo ser alimento que sacia por dentro que trae la paz .

Dime cómo ser pan, dime cómo ser pan,

dime cómo acercarme a quien no tiene aliento

a quien cree que es cuento el reír, el amar

 Dime cómo ser pan, dime cómo dejarme

comer poco a poco entregándolo todo y “llenándome” más.

 Dime cómo ser pan, dime cómo ser pan

cómo ser para otros en todo momento, alimento y maná (bis)

TÚ QUE ERES EL PAN DE LA VIDA

TÚ QUE ERES LA LUZ Y LA PAZ

TÚ QUE EMPAPAS LA TIERRA

CUANDO LLUEVES EL CIELO

DIME CÓMO SER PAN

TÚ QUE HACES DE MÍ TU REFLEJO

TÚ QUE ABRAZAS MI DEBILIDAD

TÚ QUE SACIAS MI HAMBRE

CUANDO VUELVO DE LEJOS

DIME CÓMO SER PAN (bis)

 Dime cómo ser pan que cura la injusticia

dime cómo ser pan que crea libertad

Necesito de Tí (Espíritu Santo)

NECESITO DE TI . (Aut.Fabiola Torrero .CD Cuando habla el corazón)

Espíritu Santo irradia en nosotros la luz de lo alto

padre de los pobres luz de corazones y dador de dones.

Consuelo completo dulce huésped nuestro dulce refrigerio

descanso en la brega brisa en la solana consuelo en el llanto

Luz gratificante llena lo más hondo de los corazones

Cuando tu no alientas nada hay en nosotros nada que esté sano.

ESPÍRITU VEN A MÍ NECESITO DE TI,

ESPÍRITU NECESITO DE TI. 

Límpianos  lo turbio riega lo que es árido y sana lo enfermo

suaviza lo rígido calienta lo frígido y orienta el desvío.

da a todos tus fieles que en ti confiamos tu caudal de dones

haz que merezcamos la patria esperada y el gozo perpetuo.

En lo profundo. Luis Guitarra

EN LO PROFUNDO. Luis Guitarra

En lo profundo
no hay nada que no sea sorprendente.
Y sin embargo
bajamos tan a poco, y pocas veces.

Acomodamos
el pulso a la presión de la rutina.
Nos distanciamos
del fondo y del origen de los días…
… y no bajamos, y no bajamos, y no bajamos.

Nos olvidamos del sentido de la Vida,
del propio barro, del primer atardecer…
Y amontonamos un sinfín de tonterías,
buscando en lo que creer.

En lo profundo
no hay nadie que no sea diferente,
pero a menudo
mostramos sólo aquello que no duele.

Desdibujados
detrás de multitud de vanidades…
Tristes, sin sueños,
ajenos al Amor… superficiales.
…y no bajamos, y no bajamos, y no bajamos.

Nos olvidamos del sentido de la Vida,
del propio barro, del primer atardecer…
Y amontonamos un sinfín de tonterías,
buscando en lo que creer.

En lo profundo
no hay nada que no sea sorprendente…

Palabra

Palabra . Ain Karem (CD A todos los pueblos)

Eres Palabra de Vida,
en Ti, la promesa ya anunciada
toma carne, y es cumplida.
Eres silencio elocuente que
sabe proclamar a gritos cuál es el querer del Padre.
En tu Palabra, Jesús,
encontramos la respuesta a tanta pregunta abierta
de tanta esperanza cierta.

Haznos contigo P-palabra,
gestada en silencio, tierna,
que se ofrece oportuna
a nuestra hermana que espera,
que se ofrece oportuna
a nuestro hermano que espera.

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