“Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-“

“Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-“

2º Domingo de Adviento, Ciclo B

Por: Rosa Ma. González Elduayen. Vita et Pax. Tafalla

En este II domingo de Adviento nos llega el primer capítulo del Evangelio de Jesucristo, según S. Marcos, con dos personajes típicos de este tiempo litúrgico: el profeta Isaías y Juan el Bautista.

La persona de Juan atrae por su austeridad de vida: en el vestir, en el comer, en su sencillez, en el cumplimiento de su misión….., pero sobre todo en el anuncio del mensaje que proclamaba:”detrás de mí viene el que puede más que yo…”. Él se sabe enviado y para qué lo ha sido. Prepara el camino del Señor, bautiza y perdona.

Hoy Juan el Bautista sigue marcándonos el camino si queremos vivir en fidelidad al Evangelio, siendo como él anunciadores de la Buena Nueva desde la sencillez, la austeridad, la verdad.

En la primera lectura el profeta Isaías nos muestra el actuar de Dios para con su pueblo y el mandato recibido de él. “Dice vuestro Dios: Consolad, consolad a mi pueblo; hablad al corazón de Jerusalén…”

Dios conoce el sufrimiento del pueblo y no empieza a recriminarle que se haya alejado de Él, sino que lo hace consolándole, hablándole al corazón. Ya llegará el momento de aclarar nuestra conducta pero primero hay que sentirse acogida, escuchada, amada. A esto mismo estamos llamados/as hoy también, a saber escuchar y hablar desde el corazón. Desde esa acogida hacemos juicios mucho más humanos y  misericordiosos.

Tarea tenemos si queremos preparar este tiempo de Adviento con todos los imperativos que trae la lectura. Llamada a ser mensajeras/os del Señor, con una misión bien clara: trabajar para que “los valles se levanten y los montes y colinas se abajen”. Y como rezamos con el salmista: “Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre”(salmo 112). Y también nos unimos a María que con el mismo mensaje proclamó:“Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”(Magnificat).

Esto significa ir totalmente a contracorriente de todo lo que vivimos y escuchamos cada día. Se busca ser cada vez más poderosos aunque los demás no tengan para vivir dignamente; arrimarse a los que tienen influencia para escalar un puesto más alto en la sociedad.

Como conocemos nuestra fragilidad, pediremos al Dios de la vida que en este  tiempo especial preparemos el nacimiento de Jesús tratando de vivir el día a día dejándonos levantar y ayudando a otros a levantarse para alcanzar la dignidad de hijos e hijas de Dios.

 

 

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